miércoles, 23 de febrero de 2022

LA PRIMERA ALJAMA DE CÓRDOBA: UNA FUNDACIÓN DE LOS CONQUISTADORES

 

.LA PRIMERA ALJAMA DE CÓRDOBA: UNA FUNDACIÓN DE LOS CONQUISTADORES

 

AL-QANTARA (AQ)

XXVIII 1, enero-julio de 2007

pp. 143-179

ISSN 0211-3589

SUSANA CALVO CAPILLA

Universidad de Castilla La-Mancha

 

La tradición transmitida por algunos autores árabes sobre el repar- to de la «iglesia mayor» de Córdoba entre los musulmanes y los cris- tianos, tras la conquista de la ciudad, recuerda casos como el de Da- masco y, si bien puede tener cierta base real, como veremos después, ha sido mitificada por la historiografía. Así lo ponía de relieve Ma- nuel Ocaña en 1942, al hacer un repaso de los textos conocidos sobre Córdoba en época de la conquista de al-Andalus y ponerlos en rela- ción con los restos arqueológicos hallados en el subsuelo de la Gran Mezquita cordobesa 67. Hemos seleccionado a continuación algunas de esas noticias sobre el primer oratorio musulmán en Córdoba.

 

67 Ocaña, M., “La basílica de San Vicente”; Nieto Cumplido, M., La Catedral de Córdoba, Córdoba, 1998, 40-52.


 

Sobre la primitiva iglesia y la primera mezquita aljama de Córdo- ba 68, la referencia más antigua conocida es la fechada en el año 131/748-49, recogida por el Ajbār Maymū‘a (s. X) y el FatИ al-Anda- lus. Según estos dos autores anónimos, uno de los primeros goberna- dores de al-Andalus, al-?umayl, «degolló» a unos rebeldes musulma- nes en el interior de «una gran iglesia (kanīsa kabīra) que había dentro de la medina de Córdoba donde hoy se encuentra su mezquita aljama» 69. Ambos hablan de iglesia y no especifican que ésta se hu- biera ya islamizado, lo que, según Ocaña, significaría que la basílica de San Vicente estaba abierta todavía al culto cristiano, casi cuatro décadas después de la ocupación de la ciudad por los musulmanes 70. Si así fuera, el caso cordobés no resulta singular al compararlo con otros lugares del mundo islámico. En Jerusalén y Damasco se dan pa- recidos procesos de conquista y ocupación de la ciudad: la primera es conquistada por ‘Umar en 16/637, pero los cristianos conservan sus iglesias y los musulmanes hacen sus oraciones probablemente en al- gún lugar de la explanada del templo hasta que ‘Abd al-Malik (685-705) construye en ella la Cúpula de la Roca (hacia 72/691-2) y al-Walīd (705-717), la Mezquita al-Aq?à. Damasco, por su parte, es conquistada en 14/634-635 y su gran mezquita se levanta en torno a 714 71.

En 138/756, poco después de que ‘Abd al-Rakmān b. Mu‘āwiya (al-Dājil, «el Inmigrado») tomara la ciudad de Córdoba, tropas insu- misas atacan a su guarnición y a su jefe, Abū ‘Utmān, que «fue sitia- do en el alminar ( awma‘a) de la mezquita aljama, el cual estaba en el alcázar (fī-l-qa r) [...]» 72. Esta primitiva mezquita, situada junto al al-

 

68 La capital de al-Andalus se estableció primero en Sevilla, hasta que al-±urr (716-719) la trasladó a Córdoba.

69 Ajbār Maymū‘a, Lafuente Alcántara, 65 [61] y FatИ al-Andalus, Penelas, M., 57 y Molina, L., [n.º 59].

70 Resultaría inadmisible, en opinión de este autor, que se realizase ese acto impío en una mezquita, aunque no hubiera sido ni el primero ni el último, como indican los textos, tanto dentro como fuera de al-Andalus: Ocaña, M., “La basílica de San Vicente”, 349-51; ídem, “Precisiones”, 277; Torres Balbás, L., “Arte Califal”, HEMP, V, 340-41.

71 No sucedía lo mismo si se trataba de campamentos, transformados en ciudades cuando se fundaba la aljama y la residencia del gobernador, como Fustāt en Egipto y Qayrawān en Ifrīqiya.

72 Ajbār Maymū‘a, Lafuente Alcántara, 88-89 [93]. La versión del FatИ al-Andalus es: “‘Ubaid Allāh se refugió en el alminar de la mezquita (sawma‘at al-masyid) en la que se congregaban para la oración los cordobeses”, Penelas, M., 78 y Molina, L. n.º 22. Más adelante el autor del FatИ al-Andalus dice que la mezquita levantada por ‘Abd


cázar, no pudo estar lejos de aquella gran iglesia citada antes, por lo que la supuesta instalación musulmana en el recinto episcopal cordo- bés habría tenido lugar entre este suceso del año 138 y el anterior de 131, durante el gobierno de Yūsuf al-Fihrī (130/748-138/756) 73. Pero, hasta ese momento, ¿dónde realizaron las oraciones los musul- manes cordobeses? 74

Más interesante nos parece la noticia que de al-Rāzī facilita Ibn Hayyān, historiadores usualmente bien informados:

Dijo al-Rāzī: El emir ‘Abd al-Rakmān II b. al-±akam amplió (zāda) la mez- quita aljama de Córdoba, siendo el primer emir de los Banū Marwān que hizo esta clase de obras. Su ampliación era visible en la dirección de la alquibla para quien entrase en ella, patente entre lo que queda de la primera construcción de su bisabuelo ‘Abd al-Rakmān ibn Mu‘āwiya, el primer emir emigrado a al-Andalus, sobre los cimientos de los árabes conquistadores de la Península, que fundaron esta mezquita bendita 75.

 

Al-Rāzī, que no se hace eco del supuesto reparto de una iglesia, atribuye explícitamente «el trazado de los cimientos» de la primera mezquita (asās mujtatt al-masyid al-mubārak) a los conquistadores (al-fātiИīn), refiriéndose a los árabes llegados con Mūsà o a los prime- ros gobernadores de al-Andalus (711-755). Una noticia recogida por al-Maqqarī sobre la polémica surgida en época de al-±akam II (s. X) por la conveniencia de reformar la orientación errónea de la mezquita cordobesa habla asimismo del prestigio de esta «qibla de tiempos de la conquista» 76. Ambos pasajes sugieren que se levantó un oratorio cuyos cimientos fueron aprovechados después por ‘Abd al-Rakmān I para le-


al-Rakmān I se asentó sobre una iglesia: Penelas, M., 93-94 y Molina, L., n.º 62. La aw- ma‘a, término que designaba los alminares en el Magreb, ¿pudo ser una torre del alcázar?

73 Ocaña, M., “Precisiones”, 276-277.

74 Al igual que en Damasco, no parece lógico que los conquistadores rezaran en una

mu allà al aire libre durante cuarenta años. Burns, R., Damascus, 112.

75 Ibn ±ayyān, Muqtabis II; ídem, “Les citations du ‘Muqtabis’ d’Ibn ±ayyān relati- ves aux agrandissements de la Grande Mosquée de Cordoue au IXe siècle”, Arabica, I (1954), 89. Traducción de ‘Alī Makkī, M. y Corriente, F., Crónica de los emires AlИa- kam I y AbdarraИmān II entre los años 796 y 847 [Almuqtabis II-1], Zaragoza, 2001,

173. La noticia no fue analizada por M. Ocaña.

76 Al-Maqqarī (s. XVII), toma esta noticia de Ibn Baškuwāl (s. XII), en la que se atri- buye a los tābiūn Mū b. Nu?ayr y ±anaš al-Šan‘ānī la orientación sur de las alquiblas de al-Andalus: NafИ, Analectes I, Dozy, R. (ed.), 369, traducción de Gayangos, P., The

History of the Mohammedan Dynasties in Spain, London, 1840, I, 225-26.

vantar (ibtanā) su mezquita en torno al año 785. Su orientación «bendi- ta» fue respetada en todas las ampliaciones posteriores del oratorio.

En este punto, existe también un paralelismo con la mezquita de Damasco, donde, según dicen los textos, los Compañeros del Profeta que conquistaron la ciudad en 15/636 establecieron una primera mez- quita en el interior del temenos del templo romano; Mu‘āwiya (41/661- 60/680), el primer gobernador de la ciudad y primer califa omeya, construyó en su honor, en aquel punto, el llamado desde entonces

«mihrab de los Compañeros (del Profeta)». Sobre ese lugar, respetando aquella alquibla y el mihrab, se construyó más tarde la aljama omeya 77. La duda que plantea esta información de Ibn ±ayyān es si aquel oratorio cordobés «de los conquistadores» fue una construcción ex

novo o aprovechó un edificio preexistente en el que se marcó la direc- ción de La Meca. Tanto en un caso como en otro debió hallarse cerca del alcázar (en el que se ubicó el alminar) y de la iglesia hispano-visi- goda de San Vicente, tal vez en el interior del propio recinto episcopal cordobés. Los hallazgos arqueológicos bajo la mezquita no confirma- ron la supuesta división de una iglesia entre musulmanes y cristianos; en cambio, sugieren un reparto de ese conjunto episcopal, denomina- do kanīsa, como sugirió M. Ocaña 78. Los restos de edificios paleocris- tianos e hispanovisigodos excavados por Félix Hernández en 1932-33 son de pobre factura y de diversa orientación (N-S y NE-SO) 79: los en- contrados bajo el patio podrían corresponder a la basílica de San Vicen- te, una iglesia de tres naves, demasiado pequeña como para dar cabida a las dos comunidades, aunque sus materiales fueron en parte utilizados

 

77 Bahnassi, A., La Grande Mosquée Omeyyad à Damas, Damas, 1990, 56-57 y Burns, R., Damascus, 112. Ibn Šākir (s. XIV) aclaraba que aquel mihrab no fue un nicho cóncavo en origen.

78 L. Torres Balbás (HEMP, V, 341), pensaba que la primera mezquita pudo instalar- se en la parte expropiada a los mozárabes de su recinto religioso, junto a la iglesia encon- trada bajo el patio por Félix Hernández, y que sobre ambos edificios se construyó la gran mezquita. M. Ocaña asume que musulmanes y cristianos se dividieron el conjunto de edi- ficaciones que formaban parte de la kanīsa cristiana (“Precisiones”, 278). Conclusiones parecidas saca P. Marfil al revisar aquellos hallazgos arqueológicos a la luz de nuevos datos sobre la Córdoba preislámica, en “Córdoba de Teodosio a ‘Abd al-Rakmān III”, Anejos de Archivo Español de Arqueología (2000), 117-141.

79 Los mosaicos de pavimento hallados datarían de los s. V y VI. Éstos y las técnicas constructivas relacionan estas estructuras con la iglesia de Santa Catalina (Convento de Santa Clara) de la misma ciudad, si bien sufrieron reformas en época visigoda, según Marfil, P., “Córdoba de Teodosio”, 127-129; ídem, “Crónicas de al-Andalus: Arqueolo- gía”, Qurtuba, I (1997), 334.


 

FOTO 2.—Plano de la primera fase de la Mezquita de Córdoba (del siglo VIII) con las estructuras excavadas por Félix Hernández marcadas










en la construcción de la mezquita; en el subsuelo de la sala de oración se hallaron unas estructuras y un muro orientado al sur con un nicho de planta semicircular que se interpretó como un mihrab, lo que habría confirmado la conversión en mezquita de un edificio del complejo. Re- cientemente, sin embargo, se ha negado ese extremo puesto que el cita- do muro parece que fue amortizado ya en época visigoda 80.

La mayor parte de las crónicas de la Conquista conservadas, por lo tanto, no menciona ni directa ni indirectamente la cohabitación de ri- tos en la basílica de San Vicente de Córdoba. Es en el Bayān al-Mu- grib de Ibn ‘I ārī (s. XIV), donde encontramos la primera referencia conocida. Este autor y al-Maqqarī (s. XVII), que repite casi las mismas palabras, dicen basarse en al-Rāzī (s. X) quien, a su vez, tomaría la historia de Mukammad b. ‘Isà (m. 836):

 

 

80 Según Marfil, P., “Córdoba de Teodosio”, nota 42. Apuntaban el dato del nicho: Ocaña, M., “La basílica de San Vicente”, 361; ídem, “Precisiones”, 276-278; Torres Bal- bás, HEMP, 341, nota 13, y Gómez Moreno, Ars Hispaniae, III, 1949, 20 y 29.


 

[...] cuando los musulmanes conquistaron al-Andalus, siguieron la conducta de Abū ‘Ubayda y Jālīd, según la opinión del emir de los Creyentes ‘Umar ibn al-Jattāb, compartir con los cristianos la mitad de sus iglesias según el pacto de rendición ( ulИ), como se había hecho con la iglesia de Damasco y otras. Así, los musulmanes compartieron con los cristianos la gran iglesia de Córdoba, que esta- ba en el interior de la ciudad; los musulmanes construyeron en su parte su mez- quita aljama y quedó la otra parte para los cristianos y fueron destruidas el resto de las iglesias [...] Cuando ‘Abd al-Rakmān ibn Mu‘āwiya entró en al-Andalus y se instaló en Córdoba, decidió sobre el asunto de la mezquita para ampliarla y perfeccionarla; llamó a los cristianos de Córdoba y les pidió que le vendiesen la parte que tenían de la iglesia, compensándolos por el cambio para cumplir el pac- to que habían suscrito y les concedió que construyesen las iglesias que habían sido destruidas en los tiempos de la conquista; salieron, pues, de su parte y ésta se añadió a la mezquita 81.

 

 

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