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jueves, 9 de mayo de 2019

TAIFA DE SEVILLA


TAIFA DE SEVILLA:

 Abú al-Qasim y Al-mutadid.
ABÚ AL-QASIM MUHAMMAD IBN ABBAD
(Sevilla, ? - id., 25 de enero de 1042) fue un rey taifa de Sevilla (1023-1042), de la familia de los abadíes.
Perteneciente a la familia de los abadíes, de estirpe árabe, era un cadí (juez) de Sevilla en los turbulentos años de disgregación del Califato de Córdoba. Se hizo popular entre sus conciudadanos al organizar la resistencia contra los soldados de fortuna bereberes que estaban rapiñando los fragmentos en los que se estaba deshaciendo el Califato.
Al principio prometió gobernar con la ayuda de un consejo formado por los nobles de la ciudad, pero cuando su poder estuvo establecido, se otorgó la apariencia de un título legítimo protegiendo a un impostor que afirmaba ser el califa Hisham II. A su muerte en 1042, había creado un estado que, aunque débil en comparación con el ahora difunto califato, era fuerte comparado con los reinos de taifas que lo rodeaban. Hizo también de su familia los líderes reconocidos de los musulmanes de origen árabe y muladí en contra de los elementos bereberes de al-Ándalus, cuyo jefe era el rey zirí de Granada.
Fue el fundador de una dinastía que regiría Sevilla hasta su conquista por los almorávides en 1091. Le sucedió su hijo al-Mutadid.

ABBAD IBN MUHAMMAD AL-MU´TADI.
(Sevilla,? - id., 27 de febrero de 1069). Rey taifa de Sevilla (1042-1069), de la familia de los abadíes.
Sucedió a su padre Muhammad ibn Ismail ibn Abbad, el creador de la taifa de Sevilla en 1042. Se anexionó los reinos de taifas de Mértola (1044-1045), Huelva (1051), Santa María del Algarve (hoy Faro, 1051-1052), Niebla (1053-1054), Algeciras (1055), Silves (c. 1063), Morón de la Frontera (1066), Ronda (1065), Carmona (c. 1067) y Arcos de la Frontera (1069), aunque no pudo hacerlo con el de Granada, ni con el de Badajoz. De esta forma, controló todo el territorio situado al sur de la taifa de Badajoz. Sin embargo, estas campañas militares dejaron el reino en un estado de gran debilidad, y tuvo que prestar vasallaje a Fernando I de Castilla en 1063, tras una gran incursión de éste por el valle del Guadalquivir que llegó hasta las puertas de Sevilla.
Para mantener la ficción de la continuidad de su reino con los Omeyas, mantuvo a un títere que se hacía pasar por el califa Hixam II, pero tras su sometimiento a Fernando I, conde de Castilla, la ficción era ya inútil por lo que anunció que el pretendido Hixam II había muerto.
Equiparado muchas veces a los príncipes italianos del Renacimiento, fue poeta y mecenas, pero al mismo tiempo hizo gala de extrema crueldad con sus enemigos, fue traicionero con sus fieles y utilizó con frecuencia el veneno. Aunque hizo la guerra contra todos sus vecinos, raramente aparecía en el campo de batalla, sino que dirigía a sus generales, en los que no confiaba, desde su residencia de los Reales Alcázares. Mató con sus propias manos a uno de sus hijos, que se había rebelado contra él. En una ocasión eliminó a un buen número de sus enemigos, los jefes bereberes de la taifa de Ronda, que le estaban visitando, asfixiándoles en la sala caliente de los baños del palacio. Acostumbraba a preservar los cráneos de los enemigos que había matado. Los de los enemigos de baja alcurnia los convertía en floreros, mientras que los de los príncipes eran conservados en cestas especiales.
Durante su reinado (y el de su hijo y sucesor, al-Mu'tamid), la taifa de Sevilla alcanzó su máximo esplendor.


Publicado por al-Andalus en 3:33 

viernes, 3 de mayo de 2019

BOBASTRO


BOBASTRO

Periodo
Siglos IX – X
Cultura Musulmana
Lugar
Ardales, Málaga
Coordenadas GPS
36.902222°, -4.780833°
36°54’8″N, 4°46’51″W
Mapa
Acceso
La visita es libre. También cuenta con centro de interpretación, visitas guiadas y paneles explicativos. Por algunas zonas hay que ir con cuidado debido al riesgo de extravío y por la existencia de algunos barrancos.
Descripción
Bobastro fue una ciudad fortificada medieval que se asentó durante los siglos IX y X en el norte de la provincia de Málaga, en la serranía de Ronda, a algo más de cinco kilómetros al noreste de la población de Ardales. Está situada en las inmediaciones del Desfiladero de los Gaitanes, sobre una gran meseta de areniscas sobre el rio Guadalhorce conocida como “Mesas de Villaverde”. Toda esta zona se caracteriza por su espectacular paisaje, con gran cantidad de vegetación, profundos barrancos, altos tajos y caminos estrechos.
Fue construida en el año 880 por Omar Ben Hafsún en un lugar inexpugnable para ser centro de operaciones y refugio en su rebelión contra el poder musulmán de Córdoba. Además estaba rodeada de un grupo de pequeñas fortalezas que coronaban los cerros de su alrededor y que también servían para la defensa de la ciudad. Los cronistas cordobeses llamaban a este sitio “nido de águilas” y “lugar de perdición”.
Omar Ben Hafsún nació en esta zona de la serranía de Ronda, se cree que en el municipio de Parauta, en el año 854. Descendía de una importante familia acomodada y terrateniente de nobiliarios visigodos que se había convertido al islam a partir de uno de sus abuelos. Por lo tanto era un muladí, es decir, un cristiano convertido al islam y que vivía en territorio de Al-Andalus. Sin embargo, se convirtió al cristianismo en el año 899 y se hizo llamar Samuel desde entonces. El origen de cómo se convirtió en un rebelde, parece que está en un incidente que siendo joven le ocurrió cuando descubrió que un pastor bereber le estaba robando el ganado a su abuelo. Omar Ben Hafsún se enfrentó a él, matándolo. Tras este asesinato, tuvo que huir y esconderse de los justicieros bereberes.
Junto con un grupo de muladíes como él, mozárabes (cristianos que vivían en territorio de Al-Andalus) e incluso bereberes descontentos con el poder musulmán dominante, se instala en el año 880 el fortín de Bobastro. También sirvió de refugio a la población que huía del control musulmán. Desde aquí lideró la revuelta y preparó la sublevación para derrocar al poder de Córdoba y su actividad llegó a preocupar bastante a su enemigo. Fue la rebelión más importante a la que se enfrentó el poder musulmán durante sus ocho siglos de estancia en la Península Ibérica. De hecho estuvo cerca de conseguirlo y por tanto de cambiar la historia tal como la conocemos.
Bobastro fue un lugar inexpugnable durante casi cincuenta años. La rebelión se extendió en el tiempo con el gobierno de cuatro emires musulmanes: Muhammad I, Almundir, Abd Allah, y Abderramán III. Omar Ben Hafsún era considerado un gran líder y estratega militar; a lo largo de una complicada serie de batallas, avances, retrocesos y acuerdos con el poder, incumplidos todos por alguna de las partes, llegó a ocupar gran parte de Andalucía, en muchas áreas de las provincias de Málaga, Granada, Cádiz, Jaén, Sevilla y Córdoba. Un hecho importante fue su conversión al cristianismo en el año 899, que le hizo perder apoyos, tanto de muladíes como de bereberes, y por tanto también territorios. Con la subida al poder de Abderramán III en el año 912, el territorio de Bobastro fue perdiendo gran parte de las fortalezas conquistadas y su situación fue cada vez a peor. Omar Ben Hafsún murió en el año 917 y aunque sus hijos continuaron la causa de su padre, no pudieron conseguir su propósito y Bobastro finalmente cae en el año 928. La fortaleza fue rendida por su hijo menor a las tropas dirigidas por Abderramán III después de seis meses de sitio desde una colina cercana.
Se sabe que Abderramán III estuvo en el momento de la conquista de Bobastro, arrasando la ciudad y sobre todo las iglesias que el rebelde había construido. Hizo desenterrar el cadáver de Omar Ben Hafsún, que fue colgado en una de las puertas de entrada de la ciudad de Córdoba junto a la cabeza de un cerdo. En el año siguiente a la caída de Bobastro, el año 929, Abderramán III dejó de ser emir y se hizo proclamar cáfila, es decir, pasó de tener el máximo poder político a también tener el máximo poder religioso.
En la ciudad son reconocibles restos de numerosas edificaciones: canalizaciones de agua, aljibes, silos, necrópolis, viviendas en cuevas o excavadas en roca, iglesias, murallas, torres de vigía, alcázar, etc. Uno de los lugares más emblemáticos es la iglesia rupestre excavada en roca. Está realizada a finales del siglo IX o primeros del siglo X. Posee planta basilical con tres naves, siendo la situada en el medio algo más ancha, separadas por arcos de herradura. Manteniendo la misma anchura de las naves hay un transepto también triple y tres ábsides en la cabecera. El ábside principal central es de forma de herradura y los dos ábsides laterales son de forma rectangular. La iglesia está exactamente orientada al este y tiene una longitud de 16’5 metros de largo por 10’3 metros de ancho. El nivel del suelo de las distintas zonas va descendiendo de este a oeste: 17 centímetros entre el ábside y el transepto, y otros 17 centímetros entre el transepto  y la nave, posiblemente por motivos litúrgicos. Bajo el suelo de la nave central, en el costado oeste, se encuentra la entrada a una cripta, sin terminar, horadada debajo de la iglesia; en esta cripta fue posiblemente enterrado Omar Ben Hafsún. También contiene un amplio patio en el que se conserva tallados un aljibe y otras edificaciones de servicio, como almacenes. Está rodeada de otras estructuras como silos y una pequeña necrópolis. Está realizada en una única gran roca de arenisca y se conserva parte de sus tres naves. Es la única muestra arquitectónica conocida de construcción puramente mozárabe, puesto que se trata de un templo levantado por la comunidad cristiana en el territorio de Al-Andalus durante el dominio musulmán.
La iglesia aún no se había acabado completamente cuando la ciudad fue conquistada y semidestruida por las tropas cordobesas. Esto se comprueba por ejemplo en los arcos de herradura de la nave superior, que se quedaron a medio tallar. No obstante se sabe que el templo se consagró y en él se celebraron actos litúrgicos. Estaba situada en un entorno próximo a la urbe, en la cara oeste de la montaña, relacionada con la comunidad religiosa protegida por Omar Ben Hafsún. Formaba parte de un recinto cuadrangular que albergaba a los monjes. Un convento ejecutado por y para la comunidad religiosa.
La otra iglesia que se conoce está hecha en mampostería. Tiene tres naves y planta muy similar a la anterior. Se sitúa junto al alcázar, en la zona más alta de la ciudad, claramente relacionada al cuartel general de la revuelta. En los alrededores hay algunas tumbas vinculadas al complejo eclesial. No se descarta que hubiese más iglesias. De hecho junto al desfiladero de los Gaitanes, se encuentra la Ermita de Villaverde, edificada sobre un recinto que incluía una necrópolis mozárabe.
Se calcula que pudieron habitar en este lugar unas 2.000 personas a finales del siglo IX. En Bobastro quedan todavía muchos restos por descubrir. Hasta ahora se ha excavado una pequeña parte de todo el conjunto arqueológico. Sin embargo, con el embalse del Tajo de la Encantada, construido en esta zona en el año 1978, ha desaparecido aproximadamente el 30% de los vestigios de esta antigua ciudad-fortaleza. En la localidad de Ardales hay un museo que conserva materiales procedentes de este yacimiento.

¡QUIENES ERAN LOS MORISCOS, MOZARABES, MUDEJARES Y MULADIES

¿QUIÉNES ERAN LOS MORISCOS, MOZÁRABES, MUDÉJARES Y MULADÍES?

Con estos cuatro nombres se definen a los cristianos o a los musulmanes de la Península Ibérica según habitasen los unos en los territorios de los otros conservando o no su religión, desde inicios del siglo VIII y hasta inicios del siglo XVII en caso de los moriscos. A continuación se describe a cada uno de ellos.
Moriscos
Nombre dado a los musulmanes que permanecieron en España una vez finalizada la conquista cristiana de todos los territorios peninsulares.
La conquista del reino musulmán de Granada en el año 1492 supuso la incorporación de miles de familias de esta religión a la cultura cristiana, las cuales se sumaron a la ya voluminosa población de origen musulmán que vivía en los reinos cristianos desde lejanos tiempos de la Edad Media. A principios del siglo XVI los moriscos estaban repartidos por cuatro grandes áreas: reino de Valencia, valle del Ebro, tierras de Murcia y reino de Granada. Se mostraron muy tenaces en su resistencia a abandonar su religión y cultura. Supusieron además un peligro potencial al ser vistos como un apoyo firme y favorable a las ofensivas del imperio musulmán en el mediterráneo español. Formaban, por otro lado, comunidades muy cerradas, con un elevado número de población y con una importancia económica notable. Todo ello hizo que las relaciones entre la mayoría cristiana y la minoría musulmana fueran siempre difíciles, hecho puesto en evidencia durante la rebelión de los moriscos en las Alpujarras (1568-1570), que tuvo como consecuencia la dispersión forzosa por tierras de Castilla de los musulmanes granadinos. Las medidas políticas que llevaron a cabo los reyes durante el siglo XVI para superar esta situación, siendo muy variadas, no dieron sin embargo los resultados deseados. En el año 1609, el rey Felipe III acabó por ordenar la expulsión de todos los moriscos de España, alrededor de trescientos mil, lo que supuso una fractura extraordinaria en todos los niveles y la evidencia de un fracaso.
Mozárabes
Nombre dado a los cristianos que vivían en los territorios dominados por los musulmanes tras la conquista de la Península Ibérica en el año 711.
Desde el primer momento los musulmanes mostraron un gran respeto hacia los cristianos, que eran, como ellos mismos y como los judíos, “gentes del Libro”, es decir, habían recibido la revelación divina. Como protegidos del Islam, se les garantizó la conservación de sus bienes y de sus derechos privados, así como la libertad para practicar su religión. A cambio de esta tolerancia, los cristianos tuvieron que aceptar el pago de ciertos impuestos y de la aceptación de una posición social inferior. Estaban obligados a pagar un tributo de carácter personal (yizya), que afectaba a los varones entre 20 y 50 años, y un impuesto territorial (yaray). La comunidad mozárabe conservó su organización política, eclesiástica y jurídica. Tenía sus propios condes, que eran los responsables de la comunidad ante la administración musulmana, sus jueces, que actuaban según las normas del derecho visigodo, sus recaudadores de impuestos y sus obispos. El Estado musulmán se reservó el derecho a intervenir en el nombramiento de las autoridades civiles y eclesiásticas cristianas además de convocar sus concilios. Durante el siglo VIII los musulmanes necesitaron la colaboración de los cristianos en las tareas de gobierno, por lo que no dudaron en utilizarlos como administradores y funcionarios, pero a medida que el dominio musulmán se hizo mayor los mozárabes fueron perdiendo influencia. En el siglo IX disminuyó la tolerancia de los dirigentes omeyas, debido a la participación de los mozárabes en los movimientos separatistas de las Marcas fronterizas y en las revueltas sociales. Esto hizo que el número de conversos a la religión árabe aumentara y que los que siguieron fieles al cristianismo se arabizaran para evitar su discriminación. Contra esa dependencia se levantaron, entre los años 851 y 859, los mozárabes más intransigentes, dirigidos por Eulogio de Córdoba. Buscaban de forma voluntaria el martirio, lo que se conseguía injuriando al Islam en público, algo castigado con la pena de muerte. Este movimiento dañó la convivencia entre cristianos y musulmanes, haciendo que muchos mozárabes emigrasen a los reinos hispanocristianos de norte y otros se hicieran musulmanes, con lo que a finales del siglo X la comunidad mozárabe era algo marginal en Al-Andalus. Más adelante, en los periodos de dominación de los almorávides y de los almohades, la situación de los cristianos incluso continuó deteriorándose.
Mudéjares
Nombre dado a los musulmanes que permanecieron en los territorios ocupados por los cristianos durante el periodo de la reconquista.
El avance hacia el Sur de los reinos cristianos provocó que numerosas poblaciones de credo musulmán se vieran englobadas en un sistema político cristiano: son los mudéjares. Los acuerdos pactados con las poblaciones de Al-Andalus vencidas variaron según la forma en que fueron ocupadas, pero en general se garantizó la permanencia de los musulmanes y se les permitió conservar su religión, costumbres, organización y derecho, aunque las obligaciones tributarias que mantenían con la antigua administración fueron transferidas al nuevo poder. Esta actitud de los monarcas cristianos se producía, principalmente, por la necesidad de no despoblar y mantener la vida económica de los territorios ocupados. Sin embargo, a medida que la dominación se hacía efectiva, iban aumentando en número y su condición se fue deteriorando. La presencia de mudéjares fue grande en los reinos de la Corona de Aragón, particularmente en Valencia. En su mayoría eran campesinos que dependían jurisdiccionalmente de los nobles. En la Corona de Castilla la comunidad mudéjar estuvo formada por pequeños campesinos y, sobre todo, artesanos, que vivían agrupados en barrios propios, llamados aljamas. Sin embargo, el incumplimiento de los compromisos contraídos en las capitulaciones provocó la salida de numerosos musulmanes hacia Granada, expulsados por el rey Alfonso X  después de la sublevación del año 1264. Durante el siglo XV las disposiciones legales se hicieron más restrictivas, pero a diferencia de los judíos, los mudéjares no despertaron el recelo de las masas populares cristianas. A pesar de todo, su situación se complicó después de la conquista del reino nazarí de Granada en el año 1492. Aprovechando la sublevación que protagonizaron los musulmanes granadinos en el año 1498, los Reyes Católicos obligaron a todos los mudéjares a convertirse al cristianismo. Los que tomaron esa opción pudieron quedarse en sus hogares y se les pasó a conocer como moriscos. Aunque finalmente en el año 1609 los moriscos fueron expulsados de España por el rey Felipe III. Emigraron principalmente al norte de África, en donde acabaron integrándose.
La frecuente dedicación de los mudéjares a trabajos artesanales y el gusto por la sofisticación de numerosos reyes y nobles explican que podamos hablar de un “arte mudéjar” o “mudejarismo” en la mayoría de los movimientos artísticos hispanos desde el siglo XI al XVIII. Se trata de la implantación directa de elementos, maneras y estéticas del Islam andalusí (sobre todo taifas o nazaríes) en construcciones cristianas, algo que confiere enorme personalidad a estas obras.
Muladíes
Nombre dado a los cristianos que se convirtieron al Islam después de la conquista musulmana del año 711.
Los muladíes constituyeron el grupo mayoritario de la población musulmana de Al-Andalus porque, aunque éstos no persiguieron a los cristianos ni trataron de atraerlos a su fe, la mayor parte de la población adoptó la religión islámica. Ésta conversión masiva se explica por las ventajas económicas y sociales que comportaban el ser musulmán. Para los nobles hispanovisigodos significaba la posibilidad de mantener sus propiedades y su posición de preeminencia; para el resto de la población significaba librarse del pago de los impuestos personal y territorial, que afectaba a los no musulmanes. La arabización de los muladíes fue tan profunda que externamente no era fácil distinguirlos de los árabes de nacimiento. Sin embargo, en la práctica las diferencias entre viejos y nuevos musulmanes se fueron acentuando como consecuencia de la política nacionalista practicada por los dirigentes omeyas. Esta discriminación propició la aparición de sublevaciones y revueltas en las que se mezclaban factores sociales y políticos. Los principales focos de disidencia se localizaron en las Marcas fronterizas, aunque a finales del siglo IX se extendieron por la mayor parte de los territorios de Al-Andalus. En las ciudades de Zaragoza, Toledo y Mérida el descontento de los muladíes se transformó en movimientos independistas dirigidos por las autoridades locales. Las revueltas sociales desembocaron en una sublevación general de los muladíes contra la aristocracia árabe en el año 878. Desde la fortaleza de Bobastro, situada en la serranía de Ronda, Omar Ben Hafsun, se alzó como defensor de los muladíes y aglutinó a todos los rebeldes del sur de Andalucía. El movimiento comenzó a declinar tras la conversión al cristianismo del dirigente muladí en el año 899, pero hasta la época de Abd Al-Rhaman III no se consiguió su represión total.

miércoles, 10 de abril de 2019

MUJERES DE AL-ANDALUS



MUJERES DE AL-ANDALUS

La situación de la mujer en el mundo islámico es uno de los temas más controvertidos y analizados. La causa se encuentra sin duda en las medidas fuertemente represoras que algunos países ponen en vigencia, merced a las interpretaciones que del Corán y los Hadits hacen las autoridades de unos países donde las decisiones políticas y religiosas se encuentran indisolublemente unidas.
La mujer aparece como la gran perdedora, una vez más, en el juego de la vida social, la gran víctima de las medidas que controlan los espacios y los poderes. Una y otra vez ve desaparecer sus posibilidades de seguir avanzando en una vía que le facilite el acceso a su propio papel y a ser ella misma, sin subordinaciones ni concesiones. Si el esfuerzo que, todavía hoy y después de todas las revoluciones y transformaciones, tiene que hacer la mujer en Occidente para que su condición femenina no sea una circunstancia condicionante para su quehacer en la vida social es enorme, se nos aparece como titánico y a veces heroico el que debe de aplicar la mujer en los países islámicos en general, sin más matizaciones.

No es extraño entonces que cualquier testimonio que nos aporte la historia sobre la forma positiva en que se ha resuelto el eterno dilema del papel de la mujer sea bienvenido y a veces mitificado. Tal ha sucedido con el caso de al-Andalus y la forma en que en ese espacio-tiempo casi mítico, se logró que la mujer adquiriese un protagonismo y una influencia, insólitos en aquellos siglos oscuros de la Edad Media y en aquel mundo islámico, tan condicionado por una manera de ver el mundo que interpreta el papel de la mujer como secundario y siempre supeditado al hombre.
Para algunos historiadores, la mujer al-Andalus gozaba de una libertad y una capacidad de acción casi iguales, sin precedentes y sin posible parangón en el resto de Europa. Estudios más desapasionados y menos influidos por el mito del paraíso perdido han podido determinar que tal estimación es en sí por lo menos, exagerada. El conocimiento del papel que jugó la mujer en al-Andalus se encuentra limitado por la falta de datos sobre aspectos socioeconómicos y de vida cotidiana y a la vez no se debe contemplar como un todo homogéneo, dado que existen importantes matices que diferencian, por ejemplo, el ámbito rural, el urbano, la mujer árabe o la mujer beréber, la de la clase superior o la del vulgo.
Como ha dicho Santillana, "desde el punto de vista religioso y ético, la mujer musulmana es igual que el hombre; tiene los mismos deberes morales y religiosos; en la vida futura, al hombre y a la mujer le esperan los mismos castigos y las mismas recompensas ( .. ) Pero si en el terreno religioso y moral musulmán la mujer es igual que el hombre, en el terreno civil, es decir político y jurídico, se la considera bastante inferior, tal y como señaló lbn faldum". A la vista está que las interpretaciones de los mandatos coránicos han ido recibiendo el sesgo que se les ha ido dando, inclinando la balanza la mayor parte de las veces en contra de esa consagrada igualdad entre el hombre y la mujer.
En el plano social y de la comunidad, más allá de las declaraciones de principios o de las normas dictadas, destaca un hecho que quizá explique muchos de los factores que afectan a las actuaciones femeninas en la historia de al-Andalus, aunque no con carácter exclusivo: en la concepción del mundo propia del Islam, no sólo hay una separación controlada entre el mundo femenino y el mundo masculino, sino que, previamente, existen esos dos mundos separados, con sus especificidades, sus territorios acotados, sus rituales y reglas internas de funcionamiento.

Más allá de los criterios de igualdad o superioridad que prevalezcan, a través de las interpretaciones de las escuelas jurídicas, el hecho cierto es que se concibe la existencia de un universo exclusivamente femenino, en el cual la mujer, en tanto que tal, desarrolla unas cualidades que le son propias, para las cuales está especialmente dotada y que realiza más eficazmente que el hombre. Ese mundo femenino ha sido y es en el Islam, el caldo de cultivo del que surgen las obras y las protagonistas, a veces como una manera organizada de elaborar las respuestas que la sociedad masculina requiere de las mujeres, a veces como ámbito de actuación de las mujeres mismas. Ninguna cultura como la islámica ha dedicado tanta atención a la mujer ni ha puesto tan de relieve su presencia en el complejo tejido de las relaciones sociales.
No hay que considerar que el mundo femenino islámico se encuentre como encapsulado del conjunto social, sino que es receptivo y refleja los parámetros vigentes, respondiendo a su vez con sus propias creaciones específicas De ahí que cuando citamos esos nombres femeninos singulares que destacaron en determinados campos, no debemos considerarlos aisladamente del universo exclusivo en que aparecieron, ni de su interrelación con el mundo masculino propiamente dicho, más o menos dispuesto a reconocer la significación de las obras de las mujeres.
Historiadores árabes, como lbn al-Abbar y al-Marrakusi en sus diccionarios biográficos, nos han dejado relaciones de nombres de personajes que estuvieron vinculados con algún aspecto del conocimiento, tanto por lo que se refiere a las ciencias religiosas como a las profanas. Hay también relaciones biográficas dedicadas a recoger ese protagonismo femenino en el mundo de la cultura, tales como la de Maslama b. al-Gasim y Abu Dawud al-Muqri. Dichas relaciones incluyen ciento dieciséis nombres de mujeres que "hicieron algo" en alguna de las ramas del saber: poetisas, lexicógrafas, copistas, gramáticas, ascéticas, juristas, matemáticas, médicas y astrónomas. De todas ellas, el grupo más numeroso es el de las que se dedicaron a la poesía (unas cuarenta). Las noticias que se nos dan de estas mujeres son muy limitadas y en ocasiones meramente testimoniales. Sin embargo, podemos considerar como significativo el hecho de que haya existido un empeño en reflejar las obras de estas mujeres por parte de los autores masculinos de las biografías, lo cual se justifica en una sociedad que, por lo menos, valora la presencia femenina en determinados ámbitos culturales, además de su efectiva participación. Tampoco hay que hacerse demasiadas ilusiones sobre dicha significación, pues tras el análisis de las referidas reacciones biográficas se desprende que adquirieron ese protagonismo ante la falta de hermanos varones, o siempre al amparo de padres ilustrados, y desarrollaron su actividad mayoritariamente en los círculos familiares o específicamente femeninos.

Si tenemos en cuenta el corto alcance de las conquistas femeninas en los ámbitos de la vida cultural, todavía hoy en nuestras sociedades contemporáneas, la presencia de estas mujeres en la historia de la cultura andalusí resulta especialmente significativa, más aún dentro del contexto con que enmarcamos a la sociedad musulmana medieval y sus correspondientes estereotipos, muchas veces dictados por realidades más cercanas en el tiempo y pertenecientes a ciertos países islámicos.
El caso de las poetisas de al-Andalus merece una consideración aparte, por lo que representa de aportación de las mujeres a la cultura andalusí y a la vez por resultar significativo, como florecimiento de un mundo femenino particular y vuelto sobre sí mismo. De las 116 mujeres recogidas por la profesora Mª Luisa Avih, cuarenta y cuatro cultivaron la poesía, en mayor o menor medida, con mayor o menor dedicación, dentro o fuera de un contexto de cultura literaria global. Se trata de una proporción ciertamente alta, que viene a confirmar la tradición musulmana que asigna a la mujer cualidades especiales para la práctica de la música y la poesía. En efecto, son las artes a las que más debe su esplendor la civilización islámica en general y la cultura andalusí en particular. De la mayoría apenas sí contamos con unas pocas líneas, que han quedado como testimonio de su quehacer literario. Otras han pasado a formar parte de la imagen ampliada de unas mujeres que dejaron huella en la vida cultural andalusí y sirven de referencia casi obligada, y no solamente en un contexto exclusivamente femenino, sino general.
Nació en Córdoba el año 994 y era hija del califa al-Mustakfi. Su posición privilegiada en lo social le da un carácter excepcional, aunque la personalidad de Wallada hubiese destacado de todos modos. Como apenas se conservan nueve poemas suyos, de los cuales cinco son satíricos, se ha visto rodeada de una cierta fama de atrevida y mordaz. Además algunas alusiones un poco subidas de tono, en sus versos, seguramente unidas a las represalias de sus enemigos, motivaron que pasara a la historia como inmoral y libertina, a lo cual contribuye el hecho de que no se casó nunca, y se le conocieron varios amantes. En las referencias biográficas, aunque un tanto tendenciosas, que existen sobre ella, y también por los versos de su amado, el poeta lbn Zaydun, podemos percibir una Wallada sensible y refinada, que reunía a literatos y pensadores de la Córdoba califal, con el espíritu que, varios siglos más tarde, se dio en los salones parisinos de los siglos XVII y XVIII.
Como si se tratase de una divisa, que proclamaba su independencia y sentido de libertad, llevaba estos versos suyos bordados en su túnica:
"Estoy hecha por Dios para la gloria, y camino orgullosa por mí propio camino. Doy poder a mi amante sobre mi mesilla y mis besos ofrezco a quien los desea".
Dos siglos más tarde, en Granada floreció Hafsa al-Rukkunyya, famosa por la elegancia de sus versos, y por haber protagonizado una doble historia de amor, con el poeta Abu Yaffar y con el gobernador almohade de la ciudad. Estos apasionados romances simultáneos inspiraron ingeniosos cruces de poemas, donde se asoman románticas alusiones a los celos, el secreto de los encuentros, e incluso el temor, porque uno de los dos amados de Hafsa tenía derecho de vida y de muerte sobre todos sus súbditos y la vida de Abu Yaffar corría peligro, cosa que efectivamente acabó confirmándose en un trágico destino.
La última parte de la vida de la poetisa estuvo dedicada a la enseñanza, en Marraquech, capital del imperio almohade, donde fundó una escuela en que aprendían las mujeres del harén las artes de la caligrafía y la poesía, en la corte del califa al-Mansur.

La evocación de sus amores parece reflejarse en este poema, con románticas metáforas, que tituló Relámpago:
"Preguntad al relámpago tremolante, mientras la noche está en calma, cómo es que me produce debilidad, al recordar a mis amados. Su efecto ha sacudido en mi corazón un pálpito y la abundante lluvia de su nube, me hizo llover el párpado".
La imagen de la poetisa andalusí, de corte, ilustrada, que personifica Wallada tiene su contraparte en esta granadina que vivió en el siglo XI o XII y se hizo famosa por su ingenio y su habilidad con la sátira. Nazhun mereció un elogio muy significativo por parte de sus contemporáneos, pues lbn Said, a quien debemos otras referencias de mujeres escritoras, dijo de ella que "sus poemas a veces eran superiores a los de los hombres".
La habilidad de los poetas en Al-Andalus se ponía a prueba en una costumbre que practicaban los amantes de los juegos metafóricos y el ingenio condensado en unos pocos versos. Consistía en comenzar un poema y lanzar el reto a alguien para que lo continuase. Existen numerosas anécdotas en ese sentido y de cómo tanto hombres como mujeres cultivadores de la poesía alcanzaron la fama y el prestigio por haber sabido aprovechar la oportunidad que les brindaba el destino de lucirse ante algún notable o gobernante con su pericia versificadora. Tal le sucedió precisamente a la granadina Zazhun, que supo demostrar su espontaneidad ante el gran poeta al-Kutandi, cuando éste visitó al poeta ciego al-Majzumi, que estaba dando lecciones a la poetisa. Al-Kutandi propuso al ciego que continuase este verso: "Si tú vieras a quien hablas...". Como al-Majzumi titubease y no acertase a encontrar las palabras adecuadas, Nazhun se le adelantó y siguió así el poema:
"Mudo quedarías del fulgor de sus alhajas. Brota la luna, en su cuerpo, por doquier y, en su ropaje, la rama juega".
Un verso dicho a tiempo y en un rasgo de espontánea inspiración fue el que le valió a la lavandera Rumaikyya el amor del rey de Sevilla, al-Mutamid, cuando supo acabar el poema que había iniciado el rey poeta, mientras paseaba junto a sus cortesanos, por la ribera del Guadalquivir. Al menos así lo quiso la tradición y la leyenda, consagrando una escena que resume el refinamiento culto de los tiempos dorados de al-Andalus.

- Autor: Mª Dolores Fernández Fígares - Fuente: Webislam


Publicado por al-Andalus en 3:23 


martes, 9 de abril de 2019

RELACION AFECTIVA MUJER Y HOMBRE EN AL ANDALUS


RELACIÓN AFECTIVA MUJER Y HOMBRE

En cuanto a la relación afectiva que unía a los dos sexos, hemos de señalar que en al-Andalus se alcanzó un profundo nivel amoroso. Los hombres y los jóvenes se entretenían en lugares públicos haciendo la corte a las mujeres y lanzándoles los mejores piropos.

Tampoco faltan datos sobre relaciones apasionadas, amorosas o sexuales, que se dispensaban por amor o simplemente por placer entre hombres y mujeres. Mencionaremos, a modo de ejemplo, un fragmento del jurisconsulto Ibn Hazm sobre la virilidad de algún hombre que, aunque era feo de aspecto y tenía mal carácter, más de una mujer estaba perdidamente enamorada de él. Cada vez que adquiría alguna nueva concubina, ésta no le ocultaba el odio que sentía hacia su desgraciada y poco afortunada persona. La joven mantenía durante días el sentimiento de rencor hacia su amo, hasta que éste lograba llevarla a la cama. Haciéndole el amor una vez tras otra, no tardaba en conquistar su corazón, llegando la concubina a enamorarse locamente de él. Y cuando algún amigo le preguntaba por las razones del éxito que tenía con las mujeres, él decía que: "sólo Dios sabe que soy muy lento en eyacular. En mi compañía, la mujer alcanza su orgasmo e, incluso, llega a alcanzarlo por segunda vez antes de que yo logre el mío. Una vez acabado el coito, mi órgano permanece en perfecta erección, durante un buen tiempo. En el transcurso del acto, mi pecho no aplasta el suyo, salvo si tiene como objetivo abrazarlo. Según sube mi pecho, baja mi trasero".

Disponemos de algunas referencias textuales sobre la homosexualidad (al-qatm) en al-Andalus. Notable era el número de maricones (al-qutama') y mariquitas (al-mujannathin) que había en Córdoba y Sevilla, llegando éstos a tener sus propios barrios, como el conocido con el nombre de derb Ibn Zaydun en Córdoba. Entre los célebres homosexuales de la Córdoba califal, mencionaremos al llamado al¬haydura, es decir, la alfombra de piel de borrego. En Sevilla fue célebre entre la alta sociedad literaria un chaval invertido que cobraba cincuenta dinares por hacer el acto sexual. Tampoco faltan noticias sobre el lesbianismo (al-sihq), distinguiendo entre las mujeres lesbianas que imitaban al macho de las consideradas hembras.

Dejando aparte las prostitutas contratadas en hospederías y alhóndigas, abundan las referencias que aluden a cortesanas (al-zawani), rameras (al-bagaya) y putas (al-qihab) que frecuentaban bares y lugares de placer, sin contar con las que tenían sus chulos o que entablaban amistad con vagabundos, criminales y delincuentes. Se mencionan también las salidas que hacían algunas mujeres consideradas de buenas familias para ser prostituidas.

Más datos tenemos sobre las alcahuetas y el arriesgado papel social que ejercían. En algunas descripciones poéticas se destaca su habilidad oral, con la cual casi lograban unir el agua con el fuego. Los mismos sacerdotes cristianos fueron más de una vez acusados de mantener relaciones sexuales, homosexuales o heterosexuales. En las fuentes se hace mención también al embarazo ilegal y a madres que mataron a sus bebés. Otras noticias nos acercan a la gente que carecía de afecto y a los que convivían en continua continencia sexual, así como a aquellos que llegaron a mantener relaciones sexuales con animales. Muy esclarecedor sería sacar a la luz el legado estético y pornográfico árabe medieval que permanece en buena medida en el olvido o considerado como un tema tabú, contrariamente a lo que opinaban los sabios medievales.
Publicado por al-Andalus en 9:48 

LEYENDA DELPATIO DE LOS LEONES. ALHAMBRA DE GRANADA


LEYENDA DEL PATIO DE LOS LEONES

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, llego desde África una princesa muy bella, inteligente y sensible, se llamaba Zaira, y venía acompañada por su padre que era todo lo contrario frío, cruel, tacaño y muy malvado.
La princesa venía muy ilusionada  a Al-Andalus, pero cuando llegó a la Alhambra y se alojó allí, quedó totalmente encantada con el lugar.

Andaba feliz, por sus jardines y paseos, le gustaba sentarse largas horas junto a sus fuentes y bañarse en sus albercas.
Pero su padre aborrecía todo aquello, sentía nauseas a cada paso y odiaba cada rincón, andaba farfullando palabras desagradables sobre todo y sobre todos.
Zaira estaba recluida en la Alhambra, su padre el rey no la dejaba salir a la calle ni hablar con nadie.
Además le había dado un extraño talismán que la obligaba a llevar colgado de su cuello.
Un día Zaira, se hallaba sentada en su rincón favorito de uno de los jardines, rodeado de fuentes, cuando saltó un muchacho la valla. Zaira se sobresalto pero el chico le dijo que no se asustara, que siempre la veía pasear por los jardines y que estaba perdidamente enamorado de ella.
Ella le dijo que se fuera inmediatamente que si su padre le sorprendía le cortaría la cabeza sin pensarlo, él o cualquiera de sus 11 hombres de confianza.
El chico, que se llamaba Arturo, se fue pero le prometió que volvería.
Y volvió... pero el rey le vio y le apresó encerrándolo en una mazmorra.
Zaira andaba desconsolada pensando que matarían a su único amigo, bagaba de habitación en habitación sin saber que hacer, hasta que llegó a la de su padre. Sobre la mesa, había un libro abierto.
Era un diario. Sin apenas darse cuenta comenzó a leer en una pagina cualquiera. Tenía fecha de cuando ella tenía un año y leyó sin pestañear:
  "Ya he matado al rey y a la reina. De la princesa Zaira me he apiadado. Gracias a mis 11 hombres, he conseguido ocupar el trono. Ahora creerá que yo soy su padre. Espero que la princesa no se entere nunca del maleficio de su talismán."

Zaira, confusa, llamó al rey y a sus 11 hombres y los reunió en el patio donde ella solía estar. Llorando, le preguntó al rey si aquello era verdad. El rey, convencido de que con sus 11 hombres al lado, Zaira no podía ni tan siquiera tocarlo, le dijo que era verdad. En ese mismo instante, Zaira recordó que su madre, le había echado un maleficio a su talismán: el día que Zaira supiera la verdad, al rey y a sus 11 hombres, les pasaría algo terrible. En ese momento el amuleto se activó. Zaira, sentía la rabia de un león, y eso dio lugar a que el talismán convirtiera al rey y a sus 11 hombres, en leones de piedra.
Desde entonces, a ese patio se le llama el "Patio de los Leones" y su fuente tiene 12 leones que son el malvado rey y sus secuaces.
Zaira rescató a Arturo y vivieron felices para siempre

Publicado por al-Andalus en 7:57 

ESTÉTICA Y VIDA AFECTIVA


ESTÉTICA Y VIDA AFECTIVA

Para consolidar la posición activa de la mujer dentro de la institución familiar, era costumbre entre los andalusíes otorgar a la novia regalos en forma de propiedades inmobiliarias, locales comerciales o centros artesanales mediante contratos jurídicos denominados al¬siyaqa. A continuación, el padre de la novia debía ofrecer a la recién casada los regalos matrimoniales del ajuar (al-swvar). La tradición consistía en mantener un cierto equilibrio entre lo ofrecido por el futu¬ro marido y por el padre de la novia en cuanto al valor material de sus respectivas ofrendas.

Los contratos matrimoniales no se firmaban según un modelo uniforme para toda la gente, como sucede en las actuales sociedades musulmanas, sino que se ajustaban tras llegar a un acuerdo sobre las cláusulas por ambas partes contratantes. Se trataba más bien de un acuerdo de carácter civil, cuyas condiciones debían ser respetadas durante toda la vida matrimonial bajo el control del juez.


Numerosos son los casos de mujeres que lograron repudiar a la segunda esposa con la que su marido había contraído matrimonio sin solicitar su opinión, simplemente porque habían previsto en su propio contrato matrimonial conservar dicha facultad. Tampoco carecemos de datos sobre mujeres que consiguieron repudiarse contra la voluntad de su esposo por haber incluido dicha cláusula como condición en su acta matrimonial.

Señalemos que la virginidad no figuraba normalmente como cláusula necesaria en las actas matrimoniales
. Más importancia tenía el estado jurídico de la mujer dispuesta a contraer matrimonio, como era ser soltera (bikr), divorciada o viuda. Se menciona la virginidad (al¬`udra) como condición solamente en el caso de que fuera solicitada por el marido y acordada por el matrimonio. Es cierto que los notarios so-lían distinguir en la redacción de las actas la mujer soltera (bikr) de la señora que había perdido su virginidad por un matrimonio anterior (thayyeb). Sin embargo, sólo la gente ignorante de la `amma confundía a la joven soltera que nunca había tenido marido (bikr) con la mujer que había conservado voluntariamente su virginidad ('adra'). Se trataba más bien de una discordancia conceptual del término virginidad, que aunque contenía un valor ético y social, no tenía ningún efecto legal. En numerosos casos los padres y tutores acudieron al notario para hacer constar en acta la pérdida natural o accidental de la virginidad de sus hijas preparadas para contraer matrimonio como solteras, tal como se recoge en el formulario notarial del algecireño al-Yaziri.
Produce estupor la interpretación negativa que se ha venido dando en Europa de la condición de la mujer en al-Andalus. Basta echar un breve vistazo sobre la situación de la mujer en las sociedades de Europa, incluso en los reinos cristianos del norte peninsular durante los siglos X y XI, para advertir que se trata más bien de una postura demagógica sin fundamento.

La mencionada interpretación, tan anacrónica como confusa, se empeñó en investigar el origen del adelanto social en al-Andalus a través de una lectura en los logros conseguidos por las sociedades europeas modernas, gracias a los fundamentos de la revolución francesa e industrial. Y para consolidar los resultados de esta desafortunada metodología, los mencionados ensayos se centraron en la existencia de algunos versículos del Corán y de la tradición atribuida al profeta, a través de las más oscuras interpretaciones teóricas realizadas por jurisconsultos tardíos de escasa credibilidad científica. Pocos son los trabajos de investigación sobre la historia concreta de la mujer en al-Andalus o en otros territorios de la Dar al-silm.

Las mujeres de la `amma gozaban, como los hombres, de libre acceso a los mercados, zocos, plazas y vías públicas sin prohibición alguna. Se reunían en los zocos de las telas y las hilanderías, en las orillas del río. Además, podían acceder a los baños públicos en unas horas determinadas. Tanto en Córdoba como en Sevilla, las mujeres participaban en la celebración de las fiestas y festivales y acudían a las explanadas, jardines y oratorios para disfrutar de los mejores momentos de ocio. En una noticia dada por Abu-l-Walid al-Tartusi, éste señalaba que en Córdoba los hombres salían en grupos con las mujeres para pasear. Y en Sevilla, las mujeres se reunían al borde del río para lavar la ropa y conversar en prosa, recitar poemas y contar chistes en compañía de los hombres. Mujeres y hombres paseaban con frecuencia en la prade¬ra de la plata, en el jardín de la novia y en el recreo de Alfunt, junto a la gran alberca.

Sólo las mujeres de las capas más altas de la sociedad no salían de casa. No se trataba de una cuestión religiosa, sino de tradición, según nos aclara el sabio erudito y jurisconsulto de la escuela malikí Ibn Rushd. Cuanto más categoría social tenían, más espeso era el velo con que se ocultaban al resto de la sociedad, a juzgar por una serie de datos textuales que hemos logrado recuperar. Sin embargo, la costumbre consistía en romper con esta tradición durante los días festivos, y sobre todo cuando se celebraban las fiestas mayores. Ni una mujer velada quedaba en aquellos días o noches en clausura dentro de sus casas o palacetes, según las referencias de al-Dabbi y de Ibn Jaqan.

Es cierto que una buena parte de las mujeres se inclinaba por ocultarse, por demostrar modestia, pudor y solemnidad. No obstante, la gran mayoría optó por mostrar su rostro, exponer su gallardía y dar publicidad a sus encantos. Se mostraban más bien moderadas en su forma de vestir y en su expresión corporal, tanto como en su forma de hablar. Era el comportamiento femenino denominado por la `amma como carácter al-mutamandil.

Era costumbre de aquellas mujeres presentarse en las reuniones maquilladas, adornadas y perfumadas. Las peluqueras no escatimaban ningún esfuerzo en embellecer a sus clientes, peinándolas con los mejores moños. Para sacar partido a su belleza, las mujeres se aplicaban exquisitos perfumes (al-`itr), fragancias (asnan), agua de rosas (ma'al-ward) y agua de azahar (ma'zhar). Se depilaban las cejas y las piernas y se pintaban tatuajes con una serie de utensilios como al-minsas, al-mintaj y al-minqas.


La estética rural optaba más bien por los productos naturales: el khol, para embellecer los ojos, la henna, para las manos y los pies, y al-siwak para la dentadura. Para pintar sus labios, las mujeres empleaban las cáscaras del almendro, y sobre todo la planta de al-zu`ayfira', que daba un hermoso color amarillento parecido al azafrán diluido. Las más atrevidas se pintaban con un tipo de carmín de labios de color rojo muy fuerte. Por otra parte, el autor del calendario de Córdoba (yawmiyat Qurtuba) nos aporta algunas noticias sobre el medicamento que se usaba para estrechar la vagina y mejorar la relación sexual. Cabría señalar que la estética figuraba como especialidad médica, cuyos logros reflejan el grado de interés que los andalusíes prestaron a la belleza.

Los hombres también cuidaban su aspecto físico. Utilizaban con frecuencia los productos básicos de maquillaje: el khol, al-swak y la henna. La costumbre consistía en recortar la barba y el pelo de la cabeza despejando las orejas y dejando caer el flequillo sobre las sienes. Pocos eran los que se afeitaban todo el pelo dejando la cabeza y la cara totalmente rapadas, porque aquel aspecto se consideraba como fealdad y falto de gusto. Los mozos de los pueblos se inclinaban por dejarse crecer el pelo.

Publicado por al-Andalus en 2:33 


lunes, 8 de abril de 2019

ECONOMÍA NAZARÍ


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ECONOMÍA NAZARI 

Para posibilitar su supervivencia, el Emirato hubo de hacer un importante esfuerzo para aumentar las fuentes de riqueza agraria y mercantil a través de aprovechamiento máximo de las técnicas de regadío mediante una minuciosa regulación del uso y reparto del agua en las vegas y hoyas granadinas. Así, estas proporcionaban una gran abundancia de productos hortícolas y frutícolas destinados tanto para el mercado interior como el exterior, compensando el déficit en cereales del emirato que, en ocasiones, tenían que importar. La economía se complementaba con la ganadería en las zonas montañosas, la pesca en las costeras, los recursos mineros de sureste, así como la cerámica y sobre todo la artesanía textil de la seda, base de la vida económica urbana y del comercio exterior.

Comercio

Uno de los elementos básicos de la economía granadina era el comercio. El control cristiano del Estrecho de Gibraltar desde la Batalla del Salado (1340) y la conquista de Algeciras (1344), cortó al Reino de Granada el auxilio militar desde el Norte de África, pero también estimuló un comercio entre la Europa atlántica y el Mediterráneo del que los Nazaríes se beneficiaron enormemente. Sus puertos se convirtieron en escalas básicas para los comerciantes, al tiempo que sus productos se abrieron a otros mercados: Catalanes y, especialmente Genoveses, establecieron consulados en Málaga, Almería, Adra o Almuñécar, los principales puertos del Reino. El comercio con el Magreb y el Norte de África alcanzó una gran importancia, a la que luego seguirían las redes comerciales con la Corona de Aragón: Cataluña, Valencia y Mallorca. El control castellano del Estrecho de Gibraltar revalorizó el valor de los productos granadinos, sobre todo la seda, azúcar, frutos secos y las anchovetas. A partir de entonces el comercio con la Corona de Castilla, especialmente con Sevilla, adquirió una gran importancia. La exportación de la seda, que tuvo sus principales centros en Granada, Málaga, Vélez-Málaga o Ronda, se convirtió en uno de los principales productos de manufactura, y su importancia fue tal que los Reyes Católicos establecerían después de 1492 la llamada "Renta de la seda de Granada". También se producían intercambios comerciales a lo largo de la frontera terrestre granadina, a menudo realizados de forma ilegal.

Sociedad

Columnas nazaríes del Patio de los Leones, en el Palacio de la Alhambra de Granada.
Conforme avanzaba la Reconquista cristiana, muchos musulmanes decidían huir hacia el sur de la península. Así, cuando cayeron en manos cristianas los reinos de Córdoba, Jaén, Sevilla y Murcia, algunos habitantes decidieron marcharse al Reino Nazarí de Granada. Las minorías judía y mozárabe, que habían sido abundantes en periodos anteriores en la zona del Reino Nazarí, casi habían desaparecido durante la dominación almohade. Sin embargo, tan pronto como se consolidó el Reino de Granada, volvieron los judíos, traídos por los mercaderes cristianos que establecieron sus consulados en las principales poblaciones granadinas. La presencia de mozárabes se redujo a grupos sueltos, refugiados políticos y mercaderes, que fueron autorizados a practicar su religión en privado. Se calcula en 500.000 los musulmanes que abandonaron el valle del Guadalquivir camino de Granada o hacia el Norte de África.
Se podían distinguir dos grupos principales: la vieja población autóctona y la nueva población venida de las tierras reconquistadas; y dos reducidos: los voluntarios africanos y los elches y cautivos. Las circunstancias en las que vivieron los habitantes nazaríes, hace que castellanos y aragoneses influyan sobre todo en la indumentaria, la comida y la bebida.

Publicado por al-Andalus en 23:29