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lunes, 6 de abril de 2020

ALCÁZAR DE JEREZ DELA FRONTERA


ALCÁZAR DE JEREZ DE LA FRONTERA
Conjunto Monumental del Alcázar de Jerez de la Frontera esta considerado uno de los ejemplos de arquitectura almohade que existen en la Península Ibérica.

El Alcázar de Jerez, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, está situado en el ángulo sudeste del recinto amurallado, formando con las murallas, torres y puertas un complejo sistema defensivo.
El término alcázar, procede del árabe, al-qasr y definen un conjunto de edificios, rodeado de murallas, que eran la sede del poder político y militar. Fortaleza-palacio con funcionamiento autónomo, una pequeña ciudad, sede del poder que regía la ciudad y su territorio.
El Alcázar se levantó en el siglo XII y constituye uno de los escasos ejemplos de arquitectura almohade que existen en la Península. Jerez se convierte en este siglo en una de las ciudades más importantes de la Baja Andalucía, como lo demuestra la monumentalidad de su alcázar y la extensión de la muralla, con un perímetro de 4 Kms que encerraba una ciudad de 46 hectáreas y que llegó a tener una población de 16.000 habitantes.
Del original alcázar islámico, se conservan: las dos puertas; la mezquita; los baños árabes; la torre octógona y el Pabellón del patio de Doña Blanca, ubicado a los pies de esta torre.
De etapas posteriores, destacar, la Torre del Homenaje de finales del siglo XV, y del siglo XVIII, el palacio barroco de Villavicencio y el Molino de aceite.
El recorrido de la visita, va en el siguiente orden:
1- LA PUERTA DE LA CIUDAD, ingreso original de la fortaleza y único acceso desde la ciudad al alcázar. Se trata de una característica entrada de fortaleza islámica, con ingreso en recodo. A través de un monumental arco de herradura, se entra en el espacio cubierto por un bóveda vaída.
2- LA MEZQUITA. Pequeño oratorio privado, y única mezquita conservada, de las 18 que existieron en el Jerez musulmán. Su construcción data del siglo XII y presenta los elementos característicos de estos edificios religiosos. El alminar, torre desde donde se hacía la llamada a la oración. El patio de las abluciones con una pila en el centro para realizar las abluciones previas a la entrada en la sala de oración, cuyo significado es la limpieza ritual de purificación mediante el agua. La sala de oración, presidida por el mihrab, pequeño nicho abierto en el muro de la kibla y que señala a los fieles la dirección sagrada a la Meca.
El rey Alfonso X el Sabio, conquistador de la ciudad en el 1264, consagró esta mezquita al culto cristiano, la dedicó al culto de Santa María y le dedicó dos de sus cantigas, cuyos resúmenes aparecen en dos lápidas de mármol sobre el altar.
3- EL MOLINO DE ACEITE. Dentro del plan de reformas que acometió D. Lorenzo Fernández de Villavicencio en el S. XVIII, se levantó esta antigua almazara. El cultivo del olivo tuvo una gran importancia en Jerez y su campiña, hasta la mitad de XIX, como lo demuestra la existencia de esta instalación para la molienda y prensado del aceite. En el interior pueden observar el molino propiamente dicho y la sala de la viga, donde se ubica la monumental prensa de madera para la extracción del aceite.
4- EL PATIO DE ARMAS. Este patio corresponde al periodo cristiano, y era el lugar donde se instruye y ejercita la guarnición, se realizan las revistas de la tropa y se recibe con solemnidad los actos importantes.
5- LOS JARDINES, recrean la estética de los jardines palaciegos de al-Andalus.
6- LOS BAÑOS (hammam) Eran de uso privado. Las abluciones mayores constituían un precepto religioso además de un placer para los sentidos. Herederos de las termas romanas, presentan la clásica división en tres espacios:
    La sala fría, como zona de tránsito, antes de entrar en la zona húmeda.
    La sala templada, la más amplia. Aquí se recibían los masajes y se enjabonaban los cuerpos. Destacar la belleza de las bóvedas, diferentes en cada rincón y los lucernarios abiertos en las bóvedas por donde se filtraba la luz cenital.
     La sala caliente: donde se tomaban los baños de vapor. La temperatura aquí era muy elevada por la proximidad de la caldera y por el sistema de calefacción, oculto bajo el suelo.
6- LA PUERTA DEL CAMPO. De las dos puertas del alcázar, esta es la que presentaba mayores problemas defensivos, ya que comunicaba con el exterior de la ciudad (extramuros). De ahí su estrechez, la altura de las bóvedas y su triple recodo.
7- EL PALACIO DE VILLAVICENCIO. En el 1664 la tenencia del Alcázar pasa por “juro de heredad” a D. Bartolomé de Villavicencio. Los Villavicencio, una de las familias más poderosas y de noble linaje de la ciudad, comienzan una serie de reformas en el alcázar, entre las que se incluye la construcción de este bello palacio barroco, edificado sobre las ruinas del primitivo palacio islámico. Los salones de la planta noble del palacio conservan la belleza y decoración de su ambiente original.
En la 2ª planta, está expuesta la antigua farmacia municipal del siglo XIX, con el mueble original de madera bellamente tallada y los albarelos y botamen de farmacia de la época.
En la torre del palacio se encuentra ubicada la Cámara oscura, importante atractivo turístico, que nos permitirá observar la ciudad a vista de pájaro, pero con la particularidad de ser imágenes reales y en movimiento, de Jerez, su campiña y sus monumentos, convirtiéndonos en privilegiados vigías de la ciudad y de su entorno.
8- PABELLÓN DEL PATIO DE DOÑA BLANCA (en restauración). Junto a la torre octógona, apoyado sobre la muralla y a una gran altura, se conserva en pié el único palacio almohade del primitivo alcázar. En su origen fue usado como pabellón de descanso o recreo, con pórtico de entrada y alberca en el frente del edificio. Presenta planta cuadrada cubierta por cúpula octogonal sobre trompas (idéntica a la de la mezquita), con dos alcobas laterales para el descanso.
9- TORRE OCTOGONAL (en restauración). Torre original de la fortaleza islámica, situada en el ángulo sur, en el punto más alto, por lo que constituye una magnífica atalaya para vigilar y controlar el entorno, de ahí su potencial defensivo y las vistas panorámicas que ofrece desde sus almenas.
10- TORRE DEL HOMENAJE (en restauración). D. Rodrigo Ponce de León, marqués de Cádiz, mandó construir esta torre en el 1471. Responde estructuralmente a lo que se denomina torre del homenaje, ya que en su momento estuvo rodeada de un foso que la aislaba, sirviendo tanto, como último reducto defensivo, como de vivienda. Tiene semisótano y tres plantas. Desde la 2ª planta se accede a la cámara de la torre islámica a que está anexa.
Bibliografía, Créditos y menciones
Texto .propiedad del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera.

miércoles, 1 de abril de 2020

SAMUEL EL ESPECIERO


SAMUEL EL ESPECIERO

Narciso DÍaz de Escovar

Empezaba á correr el Siglo X I y eran grandes las luchas exis - tentes entre los mismos musulmanes, provocadas por la ambición de los más y el odio feroz que tantas y tantas veces fué causa de que se ensangrentase la comarca malagueña. El guerrero que disponía de un centenar de hombres aspiraba á convertirse en gefe de una monarquía y los hermanos luchaban contra los hermanos, sin detenerse para ello en ninguna clase de obstáculos. Eslavos y bereberes, dentro de los límites de nuestra Provincia, se ensañaban de un modo horrible y conspirabati sin descanso por obtener la victoria ó perpetuar su influencia. En esta época existió en Málaga un judío, cuyo nombre ha llegado á ser célebre, no solo en la historia de Málaga, sino en la del Reino Granadino. Llamábanle el Rabí Samuel ha Levi; los hebreos y los mahometanos lo conocían por Aben Naghdela. Era dueño de una tienda humilde de especería, la cual se hallaba situada, junto á una mansión fortificada, propia de Abul Casim ben al Arif, Wazir de Habbús, Señor de Granada. (1) Era Samuel hombre enérgico, constante como casi todos los de su raza, y dotado de especiales conocimientos que en largas boras de estudio había adquirido. (1) Un ilustrado estrangero, que viene haciendo estudios históricos relativos á Málaga, dá como averiguado que la tienda del Rabí Samuel ha Levi, se hallaba no lejos de la actual calle de la Alcazabilla.
CURIOSIDADES MALAGUEÑAS ^5 Los sirvientes del Wazir granadino, aprovechando la vecindad, pasaban no poco tiempo en la casa de Samuel, entretenidos con la charla simpática é instructiva de este. Los que no sabían escribir buscaban la ocasión para que Samuel les redactara y escribiera su correspondencia, trabajo al cual se prestaba el ju - dio, no sabemos si por amistad ó por ganar algunas monedas, lo cual es má s probable dada la estrechez de su posición. El ministro de Habbús apreció en varias ocasiones las cartas que Samuel escribía. No supo qué admirar más si la letra magnífica y elegante que usaba, tan apreciada entonces, ó los conceptos admirables que revelaban el talento no común del modesto especiero. Adivinó lo que aquel judio valía, comprendió que no era el puesto que ocupaba digno de aquel hombre, y mostró deseoá de conocerlo. Fácilmente quedó satisfecha su curiosidad. Puso á pruebas el mérito de Samuel y el éxito le animó á convertir en arma de su influencia al especiero, que naturalmente aceptó cuanto se le quiso proponer. Tal vez se realizaban con ello sueños y planes, que en horas de ambición formó el judio, cauto para no darlos á conocer antes y sagaz en no desperdiciar ocasiones. Casim vió en Samuel un político hábil y un auxiliar importante. No vaciló, y haciéndole cerrar su despacho de especería lo condujo á Granada y lo presentó á sus compañeros, invistiéndolo de honores y lográndole puestos de valía. Samuel, ya entonces conocido en la corte granadina por Aben Naghdela desempeñó su papel político con la maestría que Casim ben al Arif esperaba.. Habbús no fué tampoco esquivo para el hebreo y sus consejos los oía con preferencia, estimando la adquisición de su Wazir. Murió Casim y el Señor de Granada deseó que no le reemplazase otro que Aben Naghdela. Revestido este con tan ambicionado cargo, empezó á mostrarse tal como era y á evidenciar sus energías. Dos enemigos poderosos trataron de combatir su influencia. Ambos le odiaban á muerte.'Ni hipócritamente guardaban su odio, ni les contrariaba que Aben Naghdela lo comprendiese. Era uno de estos enemigos Aben Bacanna, beréber sanguinario, que gobernaba las posesiones malagueñas de España, como Wazir de Idris I . Era el otro enemigo irreconciliable. Aben Abbás, ministro del Califa en Almería, más osado que valiente.
NARCISO DIAZ DE ESCOVAR Una noche, refiere Guillen Robles en sn notable Historia de Málaga, recibió Aben Naghdela la noticia de la muerte del vizir almeriense. Entregóse al sueño poco después y le pareció oir una voz que le recitaba tres versos hebreos, cuyo sentido era el siguiente: «Ya Aben Abbás ha perecido lo mismo que sus amigos y parciales; alabanza y santificación á Dios.» «El otro vizir que conspiraba contra él será en breve abatido y reducido á polvo.» «¡Qué se han hecho todas sus murmuraciones, todas sus maldades, todo su poder; Santificado sea el nombre de Dios!» (1) Pocos años después, esta predicción estraña, inspirada por el odio se vió cumplida. Aben Bacanna aclamó por Sultán de Málaga á Yahya, hijo del difunto IdrisI, pero al entrar en el puerto malagueño los bajeles del eslavo Nacha con el califa Hasán, huyó Bacanna y se refugió en Gomares. Un dia fué este invitado por el califa á residir en Málaga. Fióse de la palabra del soberano y no vaciló en llegar á su lado, sin ver la traición que se le urdía. El antiguo Wazir de Málaga fué inmediatamente preso y decapitado. Los asesinatos de Aben Abbás y Aben Bacanna, dejaron al malagueño Samuel libre el campo de enemigos poderosos, sin que él tuviese parte en sus fines trágicos. Algunos años más debió durar en Granada la influencia de Aben Naghdela, pero sin que la historia nos dé nuevo dato sobre su vida, ni llegue á fijar la época de su muerte.
LA MORA GARRIDA AL ESCRITOR D.JUAN DENAMIEL DE CASTRO Este nombre vá unido á una romántica aventura ocurrida durante el sitio de Antequera. El historiador D. Cristóbal Fernandez dedicó preferente atención, en el Gapítulo XVII I de su Historia de Antequera, á este ori- (1) Esta tradición la copiamos de la Historia de Málaga y su provincia, por el Académico D. Francisco Gnillen Robles, pág. 169.
 CURIOSIDADES MALAGUEÑAS g7 ginal hecho. De sus páginas copiamos, ó estractamos, cuanto vamos á referir. Deseaba con ardor el Infante D. Fernando descubrir las avanzadas de los árabes para salir al combate. El plan de ataque estaba dispuesto. Mientras se presentaban los moros gTanadinos*y se preparaban los nuestros á rechazarles, se paralizaron bastante las operaciones de guerra. Un alférez de laCompañía de D. Pedro Ponce de León, llamado Pedro Montalvo, recorricTsolo la línea de los enemigos y detenidosá los márgenes del río, entre el cerro de San Cristóbal y los peñascos donde las murallas se asentaban, se entretenía en ver los adarves, cuando le pareció divisar una hermosa mora. Como la muralla era baja por aquel sitio, á causa de que los peñascos, que la servían de cimiento, impedían la subida y la hacían inaccesible, tuvo oportunidad Montalvo para examinar detenidamente á la mora. * Favoreció ella misma su curiosidad, porque incorporándose sóbrel a superficie del muro, y descubriendo su talle, quedó perfectamente á la vista del cristiano. Montalvo despreciando el peligro atravesó el rio y se detuvo al pié de los riscos. Le dirigió la palabra en árabe y la musulmana le contestó. Supo entonces que aquella mora se llamaba Daifahalema y se le conocía por la mora Garrida. Era esposa de Alí Reduan, vecino de Antequera. El Rey de Granada Juseph la había pretendido, ofreciéndole el esplendor de una corona, sin que esta la deslumhrase. Daifahalema añadió que despreciaba la Religión del Coran, por creerla absurda y supersticiosa y en cambio era admiradora de Jesús y de sus máximas. Espuso su conformidad en huir de la plaza y su deseo de ser bautizada. Apenas había pronunciado estas palabras, cuando silbó una flecha disparada desde cercana torre. Montalvo quedó ileso, pero la mora comprendió que estaba perdida. Dirigipse entonces hacia el jarabe, fingió halagarlo para comprar su silencio y aprovechando una ocasión favorable, con increíble fuerza, arrojó al moro por la muralla al precipicio, donde se hizo pedazos. Montalvo pudo de nuevo hablar con Daifahalema y ambos convinieron en la huida de esta para la noche siguiente, en que Montalvo iría provisto de escala. § 8
NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR Cuando el noble alférez cristiano, dejando el campamento, marchó en la noche convenida hacia las murallas de Antéquera^ para librar á la esposa de Al i Reduan, se encontró en el camino á Guillermo de Renes, soldado de nuestro ejército, pero de origen francés. Renes y Montalvo se consideraban con derecho á aquella mujer. Riñeron y si Daifahalema no hubiese detenido el brazo de Montalvo mal lo hubiese pasado el francés. Acudió la ronda y apaciguando á los reñidores los llevó á la presencia del Infante. Montalvo alegó su derecho, refirió su entrevista del dia anterior y su propósito concertado con la mora de contraer matrimonio. A su vez Guillermo de Renes contó que el dia antes se apercibió del diálogo de Montalvo y Daifahalema y quiso ser su libertador, lo cual había realizado. Concluyó declarándose enamorado de la mora y pidiendo al Infante su mano. D. Fernando aplazó la contestación, hasta tanto que viese cual de los dos guerreros se distinguía más en la conquista de Antequera. Daifahalema fué bautizada con toda solemnidad por el Obispo de Falencia, siendo sus padrinos el Infante y el Almirante de Castilla D. Alonso Enriquez. Se le puso por nombre Leonor, en recuerdo de la esposa del Regente. Los pretendientes de la nueva cristiana hicieron proezas en el asalto de Antequera. Ambos se distinguieron tanto que el Infante no se atrevió á fallar y dejó la resolución á D.a Leonor. Esta escogió á Montalvo, que ascendido á Capitán, colmó su dicha llamando esposa á la bella Leonor. Esta aventura ha sido origen de romances é historietas. La musa popularla adornó de nuevos detalles y los historiadores confirmaron el relato que he apuntado. En esta aventura tuvo origen aquella quintilla de Juan Galindo que dice: Viendo cosa tan lucida toda mi vida estuviera: abajo en la descendida , vióle á raorica Garrida

LA HEROINA DE ALOZAINA


L A HEROINA D E ALOZAINA


Narciso Diaz de Escovar

 La historia de España nos dá á conocer, no una, sino muchas heroínas, cuyos nombres son orgullo y gloria de nuestra península. La sublevación de los moriscos dió celebridad á muchas humildes hijas de la provincia de Málaga, entre ellas Juana de Escalante y Maria Sagredo, modelos de valor y heroísmo. Lorenzo Alfaqui, de origen árabe y de sanguinarios instintos, reunió en las alturas de Sierra Bermeja más de tres mil moriscos de Ronda. Eran capitanes de ellos Alíbr y Yabelí. Proyectaron apoderarse de Alozaina, pueblo que sabían estaba casi deshabitado, pues sus vecinos habían ido á la siega y solo mujeres había en sus casas. Seiscientos hombres salieron para dicho pueblo y el camino lo regaron con la sangre de cuantos campesinos cristianos hallaban. Llegaron alas calles de Alozaina,donde,según Guillen,había solo siete vecinos. Los demás eran niños ó mujeres. El escudero Ginés Martín logró atravesar las filas de los moriscos, dando la voz de alarma se unió á los siete hombres y con las mujeres se guareció en el castillo, que estaba ruinoso y casi abandonado. Entonces las mujeres poniéndose las monteras, los capacetes y capotes de los hombres andaban por las almenas fingiendo que existía numerosa guarnición (1): otras tocaban á rebato volteando la campana de la capilla que existía dentro de los muros del castillo. Envalentonados los árabes, creyendo seguro el triunfo, dispa- (1) Historia de Málaga, por Guillen Robles. 6
 NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR raban contra el castillo. Uno de sus más decididos defensores Martín Sagredo Domínguez cayó gravemente herido. Tenía este una hija llamada María, de tanta hermosura como corazón, que auxiliaba á su padre. A l verlo caer, al mirar correr su sangre, aquella heroína arrancó la aljaba y ballesta de las manos del moribundo, se colocó en lo más alto del muro y defendió con incansable ardimiento , un portillo hacia el cual los moriscos se precipitaban. Cayó muerto .uno de estos, muchos se vieron heridos y los restantes se acobardaron ante la bravura de aquella cristiana. Los vecinos que estaban en el campo oyeron las campanas, el clamoreo y las descargas y unos tras otros regresaron ansiosos á sus hogares. Derrotados los muslines prendieron fuego en su huida á más de treinta casas y se refugiaron en la Sierra, dejando nuevamente Alozaina en poder de los cristianos. Medina Conde en su Diccionario Geográfico Malacitano, (1) reunió apuntes que distan algo del relato anterior. Hablando de Alozaina se dice: «que una sola mujer llamada María de Segredo la defendió de que la asaltasen los moros, pues habiéndolo avisado de que tenían una escala echada á la Torre que estaba sobre las puertas y no habiendo ni un hombre solo en el pueblo, acudió corriendo á socorrer la parte que pudiera y con efecto se asomó á la Torre y vió que por la escala iban subiendo tres moros y en el mismo sitio había unas colmenas. Se volvió y tomó un corcho muy lleno de ganado y lo tiró al primero que subía. Lo derribó y á los demás, uno encimado otros y no contenta con esto ni con haber muerto á uno de ellos del golpe, practicó la misma diligencia con otras dos colmenas que aunque ninguna les pegó se hicieron pedazos los corchos y huyendo de las abejas los veinte y dos ó veinte y tres que venían, desalojaron el pais.» El héroisrao de María Sagredo, á quien indudablemente se debió que el castillo ño fuera asaltado, se conoció en toda España. El Rey supo la hidalga y temeraria acción de la joven malagueña y quiso premiarla. Efectivamente, en nuestros archivos consta que la bondad Real concedía poco tiempo después á María Sagredo, en concepto de dote y como premio á su bravura, unos heredamientos en Torróx. (1) M. S, de la Biblioteca Episcopal.

UN WAL I DE MÁLAGA


UN WAL I D E MÁLAGA

Narciso Diaz de Escovar

La historia no ha llegado á legarnos el nombre de un Wali de Málaga, que escaló tan honorífico puesto, gracias á una casualidad y á un deseo oportunamente expresado, en sus dias de estudiante. En la época brillantísima del califato deCórdoba,asistían á una de las Escuelas de aquella ciudad, cinco jóvenes bastante aplicados, llenos de entusiasmos y ambiciones. De solo uno conocemos el nombre. Se llamaba Mohammed abi Amer, había nacido en la Provincia de Málaga, en un pueblo llamado Terquex, á orillas del Río Guadiaro, que algunos autores consideran como nuestro actual Cortes de la Frontera. Descendía del esforzado Abdelmelik, uno de los pocos asiáticos que acompañaron á Thavic ben Ziyad al posesionarse de España, aprovechando la ñaqueza y rencillas de los Godos y la falta de previsión de su Re y don Rodrigo. Otro de los estudiantes había nacido en Málaga y era un hijo orgulloso de su madre patria, á quien no deslumhraban los encantos y riquezas de la ciudad de los califas. Según refiere Dozy y traslada Guillen Robles, habían celebrado un convite bajo las enramadas de frondosos jardines. Cuando tal vez el vino había calentado sus cabezas, agigantando sus aspiraciones, tras un instante de meditación, levantóse Mohammed abi Amer y exclamó:—Compañeros, tengo la convicción de que algún dia he de ser el dueño de este país. Sonriéndose añadió. —Pedidme para entonces lo que queráis. Los cuatro amigos tomaron á risa la pretenciosa propuesta de Mohammed, pero en su broma siguiéronle la corriente y le acompañaron en sus ilusiones de estudiante soñador. El malagueño levantando su vaso dijo: 2^4 
NAKCISO DÍAZ DE ESCOVAR —Los higos que vienen de Málaga son mi mayor delicia (1) y aquella ciudad, que es mi patria, el cariño de mi alma. Hazme Wali de Málaga para que pueda vivir en ella y comer aquellos higos siempre que guste. Otro de los compañeros añadió: —¡Oh, gran Mohammed! los buñuelos que hemos comido son deliciosos y al recordarlos solo se me ocurre desear que cuando seas Señor de Córdoba me nombres Inspector del Mercado, pues con eso los comeré á pasto y de valde. El tercer estudiante, no quiso ser menos, y con tono más burlón que el de sus colegas expresó: —Estos hermosos jardines me encantan. Nómbrame Gobernador de la ciudad para que pueda gozar de ellos á mi placer. Silencioso escuchó á sus condiscípulos el cuarto estudiante y en vano esperaban aquellos que formulase su petición. Notando que seguía callando, le interpeló Mohammed. —¿Y tú eres tan resignado que nada pides? Levantándose prorrumpió: —Yo solo digo, miserable fanfarrón, que si alguna vez llegas á ser lo que tu orgullo sueña, consiento y te pido ordenes se me monte desnudo y untado de miel en un asno, para que me piquen las moscas y me hieran con sus aguijones las abejas y así me saques á la vergüenza por las calles y plazas de Córdoba. Contrarió á Mohammed aquella salida inesperada de su amigo, que puso término á la broma, y poco después regresaron á la ciudad los estudiantes. Acabados sus estudios aquellos cinco amigos se separaron. Siguiendo distintos caminos pocas veces se vieron. Mohammed logró introducirse en la corte de los califas y ayudado por su talento, solo comparable á i>u fortuna, venció difíciles obstáculos y derribó enemigos poderosos, hasta ocupar elevado puesto. En múltiples combates destrozó á sus enemigos, ondeando siempre victorioso el pendón cordobés y cubriendo de sangre las campiñas cuyos habitantes fueron hostiles. Poderosos castillos fueron asaltados por Mohammed que se hizo temible y logró gran popularidad. (1) Los higos de Málaga tuvieron gran fama en la época árabe. El li - terato Almaccasi dice que no los había mejores en toda la tierra. Se esportaban á la Arabia, á la India }' á Africa. El poeta Abul Hachag, hijo del Xeque malagueño Albalawi,les dedicó sentidas estrofas—Hist. de Málaga por Guillen, pag. 215.
 CURIOSIDADES MALAGUEÑAS 2/5 Llegó el día en que obtuvo los más altos puestos, fué Señor de Córdoba y el Consejero, siempre oido, de los Califas, respetado por los cortesanos y adorado por el pueblo. La historia le conoció y recuerda por el nombre de Almanzor, ó el Victorioso. (2) Entonces recordó aquél convite, aquella promesa y aquellos deseos de sus condiscípulos y fiel á su palabra sacó á la pública vergüenza montado en un rocín á su atrabiliario amigo, hizo usufructuario de los jardines al que se los pidió y nombró Inspector General del Mercado al aficionado á los buñuelos. No olvidó tampoco al hijo de Málaga, quien llamado á su presencia le hizo Wali de esta ciudad y le envió á posesionarse de su cargo. Esta curiosa anécdota la refieren autores de gran veracidad, entre ellos Aben Aljathib, en su Ihata (M. S. del Sr. Gayangos fólio ÍÍ7) Adehoahid,-pág-. 18 y 19 y el inolvidable Simonet en sus leyendas ärabes

viernes, 27 de marzo de 2020

EL NOMBRE DE MÁLAGA


E L NOMBRE D E MÁLAGA


NARCISO DIAZ DE ESCOBAR

 ¿Cuál es su origen? Estenso sería nuestro artículo si copiáramos cuantas opiniones se han emitido sobre este punto, absurdas algunas, con fundamento otras. Algún autor supone que Málaga era la antigua Egitiana, que menciona Strabon; otro la confundió con Mayidua (1) y más de uno la denominó Secangua. • Aben Tarif, cuya obra tradujo Miguel de Luna, relata una versión, hija sin duda de su fantasía oriental, afirmando que Málaga se llamó Villaviciosa hasta el día en que la famosa Caba se arrojó por una de sus torres. Agrega que esta desdichada exclamó: «Y en memoria de mi desdicha no se llama ya esta ciudad Villa-viciosa sino es Malaca: pues hoy se acaba en ella una mujer, la más mala que hubo en el mundo.» Y combinando las palabras Mala y Caba supone en ellas el origen de Malaca, con la mayor tranquilidad. La palabra Malaca, la derivan algunos de la griega Malakos, que significa suavidad, cuya analogía la estimaban recordando lo suave de este clima. Otros eruditos la hacían nacer del sustantivo púnico Malacsy que espresaba fundición de metales. (2) (1) Juan Lorenzo de Arania en el Tratado 1.° de su Cosmografía. (2) Gesenius: Scripturse linguse que fenicise monumenta quse supersunt (Parte 1, capítulo 4 P. XIX, pág. 312. ^4 NARCISO DÍAZ DE ESCOVAR No faltó quien buscase la raiz del nombre de nuestra ciudad en el verbo hebreo Malach, que significa Reinar, fundándose, según Pérez Báyer, en que en el texto rde Strabon se decía que Málaga ejerció supremacía sobre los pueblos de la costa. Los más se esforzaban en demostrar que Malaca venía de la espresión fenicia Malach, cuyo significado es el de la condimentación de los escabeches y salazones. Mármol, en el libro 2.° de su Historia de España, escribe que antiguamente se llamó Málaga Malache. Graciano la llama en un Decreto Malecha, como igualmente Tarrafa. (1) Sobre todas las opiniones emitidas aparece la del Sr. Rodríguez de Berlanga, (2) que acepta Guillen Robles. Opina el ilustre autor de los Monumentos Malacitanos que el nombre de nuestra ciudad procede de la divinidad tirio-fenicia Malache, que debió ser adorada en la colonia que en nuestro suelo se fundó. Esa misma divinidad se llamó en épocas remotísimas Onka, Siga y Soasis. (3) Se la veneró en las marinas mediterráneas asiáticas, europeas y africanas, dió origen á la Athene ó Minerva helénica y nombre, desde una puerta de Teba á varias de las colonias fenicias, formando parte de la Mitología délos primitivos pobladores de España. Agrega el académico autor de la Málaga Musulmana. «Llamaban los tirios á esta divinidad, la Pura, la virgen; creíanle originada por la luz solar, como hija del Sol y la representaban por el plácido astro de la noche, cuyos argentinos rayos reflejan los radiantes del astro del dia; considerábanla como Reina—Malache—de los cielos, y fué estimada cual fuente de vida intelectual. Así en antiguas monedas malagueñas aparece representada por una mujer, rodeada de destellos la cabeza; otras veces por la luna en su creciente. Dedicáronla los fenicios, como después los griegos, el olivo, al cual debe referirse la rama que orla varías de aquellas vetustas monedas.» (1) Conversaciones Malagueñas T. 1 p. 12. (2) Monumentos Malacitanos, por Rodríg

jueves, 19 de marzo de 2020

EL NIÑO ENFERMO EN LOS TEXTOS MÉDICOS. ANDALUSIES

EL NIÑO ENFERMO EN LOS TEXTOS MÉDICOS .ANDALUSIES ::'

CAMILO ALVAREZ DE MORALES"" FERNANDO GIRON IRUESTE""* AMADOR DIAZ GARCIA CARMEIS PE~A MUKOZ

El objeto de este trabajo es contribuir al conocimiento de la figura del riiño ;.oriio objeto de atención rriédica en una cultura rio suficiente- rrierite estudiada: la hispano-árabe. Para ello utilizamos textos niédicos, rriuchos de ellos inéditos, o poco conocidos los más, en un interito de corripc.ridiar los supuestos teóricos sobre la patología de la infancia y su terapkutica eri sus vertientes niágica, rriedicanientosa y quirúrgica, así corno los aspectos importantes de prevención de la enfermedad.

GOBKIENTES DE PENSAMIENTO MEDICOEN AL-ANDALUS
La niedicina que genéricariiente conocenios conio niediciria his- pario-árabe, y que ea practicada por gran parte de la población de la Pe- riírisula Ibérica entre los siglos VI11 y XV, no es sino un decantado de di- krerites corrientes rriédicas que van a cristalizar de forma única en al-Aridalus. Va a terier un vehículo de expresión: la lengua árabe v un abigarrado corijuiito de rnédicos que la practiquen: riiozárabes, riiula- día, árabes, bereberes, judíos, etcétera.
Tres son las corrit:ntes médicas que van a confluir en al-Andalus: la rriedicina rrionástica, ejercida por los rriédicos mozárabes; la riiedicina del profeta, que introducen los conquistadores que irruriiperi en la Pe- riírisula eri el año 7 1 1 y, por últirrio, la niediciria greco-helenística que, proccderite del fenórrieno de traduccióri v asimilación de la cultura occi- dcrital, perietrará eri el territorio hispan; a partir del siglo IX.
El origen de esta medicina, coriio es sabido, son los escritos del Cor- pus Hippocraticum, de Galeno, de los Alejandrinos, Bizantinos, etc. que,
"' IJri trat)ajo coi1 igual titulo, del que a1ioi.a se oli-ccr uiia sclecci¿>ii, Liic prcseiitado al
.. ,..
VI1 Coiigrcso Espatiol de Historia de la Mediciiia. Alicaiite, 1983. ".'-' Escu(~la cIc 'stu<lios Aiabcs. Graiiada. Espaiia. ... ,.< .,. .,. ., I~cp¿+rtaiiiciito d<s IIistoria tle la hlcdiciiia. Ciii\.ersidad de Graiiada. Espaila. DYKAMIS Acta IIi\panit* ad Medicinae Sciatiarumque Hütoridrn Illustrandam. Vol. 4, 1984, pp. 265-276. ISSN: 021 1-9536.

266 CAMINO ALVAREZ DE MORALES 4 I'ERNANDO GIKON
al coritrario que cri la rriediciria riioriAstica. qiic vsiri ri sc~ iriopc~rriiit(*\, c.11 cl riiurido científico árabe serári perkctanicritt. d4iriiilricio\ ('11 to(iCi $11 arriplitud y, rriás tarde, eririquccida esta por loa cstiiclitrscn (lcl iiiuiirlo isláriiico, exportada al riiurido cristiario occiriciiital a tra\ 6s dc S,il(~riio Toledo, eritre otros. ri uria cultura quc \ieii<lo \u origc*ri, ~>aratiójic.n- rrierite, ha olvidado su coiiteriido.
Tras su entrada eri la Periíiisula Ibéricx, i,ta iiiccliciiiri ~ii a d(.ipla/itr a las dos corrierites arites riiencioriadas. La riicdiciiia riioriá\tir*ri tr iiio/á sabe v la Mediciria del Profeta subvacerári excl~isivairiciitc (%ii lo, iiivc31r\ cxtracicntíficos, constituyerido el sbstrato bá5ic.o de la riicdic iiia prq~iilar eri al-hridalus.

EL ATZÑO ENFERMO EN LOS T8;XTOS MEDZCOS A;LBALC;SZES
Di las, aproxiriiadariierite, 150 ol>rac riiédicas rpc iirrs c.a>tista fiic*roii escritas por autores andalusies (l), tan sólo uria de ellas, E1 libro de lrc gene- ración delfeto ): tratamiento de embarazadas y recién nacidos sc ocupa dc rria- nera extensa del niño enfernio, bien que conipartic*rido cl escrito cori tc- nias enibriológicos y obstétricos (2). Las razories dc csrc. hecho iio cstríri suficientemente aclaradas. Por una parte, nos parece corrcctcr el cluc sc aduzca que al ser el niño de naturaleza difercritc y niás frkgil, la cura- ción sc hace difícil, siendo iriútiles cuantas riiedidas se torricri ril res- pecto. I,o que hay que procurar, se dirá, es que el niño rio salga (le su precario equilibrio. Pero creenios que esto es válido a riicdias. I,as cau- sas de por qué rio se escribe en el murido irabe rricdicval di. trriias pc*- diátricos, conio aperias se tratari los tenias de ariator~ii~i, cirugía y oirc~\, creenios que precisari de un estudio más profiiriclo.
Eii esta líiiea, ?; eri uii iiiterito de aportar algo riiás ril tcariia, rios lia ILI- rccido oporturio ofrecer una scleccióri de tc9?ittr, cii lo, quc ,iprirc*ct% ($1 iiilio eiiferiiio procedcrites de obras de autorci arid,ilu\íc~ clii(> liari iirlrr traducidos recieiiteriiente, por lo cual sori prl'tcticrtriieriw dcictrrioc id(>\. di obras uii tanto riiás conocidas, pero de las que e1 teiiia que. rio, ocii~~i ha pasado inadvertido y, por últiiiio, de esc.rito, de lo, que ,c. oficc c I3t>I pririiera vez su versióii castellana.
i 1 \eaw iiuestro trabajo. C. PE~A et ul. ,1981 . Corpus medicnruni urabicaliisparioru~r~~ en /lrurÜq, ii.oj, pp. 79-1 11. ,P: 'ARIH B. S.AcID Le 1zt.i-e de la geneac~tion rlu-foetua et le ttritte>nerzt det &rmle\ enet'tates et de, tiü~t~t~(ili-~~~\ 1 iad H Ja1iic.i \ A ho~ii eddiiic, Algc-r, 19 rib Kcsc ici tciintiitcs lia api itlo
LII~~ ti~id~iccioii cd\tell'~lld

El niño enfermo en los textos médicos andalusies 267
Esta seleccióri sc ha llcvado a cabo tras la lectura aterita de rriás de veirite obras analizadas con tal fin. Excluimos El libro de la generación del feto ... por ser extraordinariamente conocido y divulgado, así como el KitZb al 7'asrif de Abulcasis, por igual razón.
La riiediciria niozárabe, cronológicarnene la primera en aparecer, pumto que i'da que practican los habitantes del territorio ocupado, está coristituida por los restos de la rnediciria moriástica que pesvivirá entre los cristiarios, riiozárabes y entre los recién conversos, muladíes. A tra- vés de sus escritos, realizados en árabes, como ya indicarrios, laten aúri las doctririas hipocráticas o galériicas, que estereotipadas y reducidas a su expresióri rriás práctica encoritranios, por ejeniplo, en Las Etiornologíac; de Sari Isidoro de Sevilla.
1,os textos que corresponderi a esta corriente rio hari sido traduci- dos, excca~>ciórr hecha del Calendario de Córdoba del año 961 tanibiéri cono- cido corrio KitZb al-anwü' o tanibiéri Libro de la división de los tiernpoc; y de la higiene de los cuerpos, que recoge la tradición de caleridarios-santorales eri los que se iricluyeri corisejos refererites a la vida diaria, tales corrio sierri- hra de los carripos, cuidado de ariirriales y, eritre todo ello, prácticas iiié.- dicas dc carácter racional.
Uria segurida corriente médica está constituida por las prácticas que, ~)roccdcrites de la primitiva rriedicina qjercida por el pueblo árabe, nie- dic.irla arcaica v, por tanto, de tipo empírico-creencial, contenidas en los c.scritos que li~blari de la vida del profesta Muharnriiad, y que tienen uri carácter de tradicióri. De ahí su riombre: hadices. Los hadices sor1 unos relatos cri los que riarrari dichos o hechos del profeta Muhariiniad, tras uiia explicitacióri de la caderia de persoriajes conocidos que hari iiiterve- riido cri la trarismisi6n del rnericionado pasaje y que tienen corrio ú1- tirrio c~slrtbóri de la cadena, bien el propio profeta o a algún farriiliar suyo. Cuanto rriás corta es la caderia, riiás fiable resulta el hadiz.
Puesto que los consejos nikdicos a los que nos refeririios van a ser crriitidos gerieralriierite por el profeta, que rio hace sirlo recoger unos coriocirriientos latentes cri el pueblo, a esta riiediciria se le deiioiiiiiia ((Mediciria del Profeta.
Por íiltirrio, la tercera corrierite de pensariiierito riiédico es la de tipo ciciritífic.~ que., proccdcrite de las traducciones del griego o del siríaco, el Brabc, rcalizcidas fiirrdariicritalriicrite eri Oriente: Bagdad, Basora, Ale- .jaridría, Guritiisaphur, ctc., vaii a penetrar en al-Aiidalus de forriia tí- mida cari el siglo IX y rriasivanierite, iricluso cori aportaciones de traduc- ciorics propias realizadas eri la Peiiírisula, eri el siglo X.

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SELECCIOS DE TEXTOS
1. Aspectos procederites de la nicdiciria riio~ár;ik~c.: pcrtc*ii<*c.csii nl Lzbro de la dz-i:uiún de 105 tierr$os 1 Lu I-ligierie dp. 10, e~~ert',o.\, di c~2iit) b.Salid y Rabi ibri Zayd [siglo X: ;S,.
11. Textos cuyo origen es la ((Mediciria dcl Profcta)~: Tomados del Mujtasur fi l-tibb (Corr$cndio de .tleditinr¿j, partcs priiriera y tercera, de c~hd.al-hlalik t). IIal~il) 5iglo IX 1 t.
111. Textos que acusan la prí.sericia cic uiia riicdiciria rac~ioii,il: Mujtasarfi 1-tibb (Compendio de Medicina), partc scgurida 15). Kitab al-azsü$ fi l-tzbb (Libro de la alrr~ohada~, dc. Itiii 'lt-ifid ,i1- Lajrrii (siglo XI) (6). KztZb al-)%mz ' fi 1-a frzba wa-l-ma %jZn (ColecciUn dr jurabe.\ y ~lectz~rr- riosi. de <Abd al-Malik b.Zu1ir :siglo XIIY7). Kztab al-mursid fi 1-kuhl fGuzú de oculi~ticu~, dc illuharliiiind al- Gsfiqi (siglo XII) (8). Un escrito acéfalo y arióriiriio, que podría scai drttacio cii la sc*- gunda rriitad del siglo XI (9'.
1. Medzcina mozkrabe
;Sobre el nies de riiarzo;: ((Y cuando cl iiiiio es dcstc$tado cii c~c tiies no vuelve a pedir la leche» (10). (Sobre el rries de junio): «Es riialo para los que tic,ricri uria (oriiplc~xioii caliente y seca, exccpto para 104 riiiíos, ~LIV puedcri \aaportar riic*lcri c.1 (,i-
,3! 'ARIB B SA'ID, RAB~ B %AY11 Le C~ilciidr ici d~ Coicfoue CIV I',iiiiic.c Obl ti*\t ,ir al,< ( t aiiciciiric tiaciuctioii latii~<'~ 6ii R Dar- Lc\de, 157 4 4 'ABD AL-FXLIK B HABIB AL-ILBIRI ~ztÚb Zfqta~rtrJi 1-tzbb iris r1.O i9-l4iL C d(* In ~izgria al-'Ariirria. Rabat foi\ 2r a 20\ v 3% a final (3) IbCi fols 20v, línea 19, a 39v, línea 16 La traducciori cicl rrianuscr ito que (oriicritariio\ ti,i sido realizada por los autores de este trabajo. Es riuestra iriterici6ri pukjlicar t.1 t<.xtr) corii pleto en fecha próxinia 6 IB.1 LVAFID I.1 1tbrc (fe 14 ainuhada Ti,tc~uccioii (Ir C' \I\.iir/ el<- \loinl( \, 1 r)lcdo. 10x0 (7) ABC MARWANIABD AL-MALIK B ZUHR Klt& rii-J¿z!rii fl i-ciwlbi: itri-i-mrc 'ciji?i, iii\ iiu riieio 2960 dtx la Bibliotheque Nationale de Paris, fols 18% a 2011 Iidduccioii <1(- E. GI- ioii 11 ucste S .ZlOII.4MXIAD B Q,ASSOIr'L1 B .4SLA\l AL-GII.AI+IQI, cL' .llr,>,i,c~Ji' kO;:lL! m Ir gr.:ulr [l'oculistrque Tiadutcióii dc la\ partcs oít,iliiiol¿)gita~ por h1 &lc \x.i.!iof, 'Lí,i\iioit, 10 ,e; (9; SC ttnta dcl ti19 ii o 887 dr la Dibliotecd dc Saii Lotcii/o dt El 1 s<r>r 1~1. k,1 tcuto. ti adiicitlr, por Lui\a 512.laria Ai\ idc Caiiitjia, iios iiiuc\tia uiia iiitcics,aiite \c.i ic c1c «s(>\ioi~( \ II~C~IC<\\~, IX)I iydio drulas tuai-5 el aluiiiiio ,ipicii<lc iiiecii< iiia pidctic,~ ~iiiiiix $11 iiidc siir) 10 'ARIB B SA'ID, RABI B ZAE'D, Le Caleririf~ur 1) 37
El nino enfermo en los textos médicos andalusies 269
los, debido a la huiiiedad de sus cuerpos, y el frío, debido a su inteiiso ca- lor» (1 l). (Sobre el iiies de septieiiibre): «Es coiiveriiente para los niños, los que cstkii creciendo y los que tienen la naturaleza húiiiedm (12).
((Liiiiites de la edad de circuiicisióii. La iiiejor edad para la circunci- sión es aquélla en la que el iiiiio puede soportar iiiejor el dolor y los cui- dados necesarios para la curaciói!.de la llega. Para preservarlo de los peli- gros del corte, la edad debe ser entre los ocho y diez años. La época prekrible es la priiiiavera, porque es teiiiplada y está lejos de los dos ex- treiiios, e1 calor y el frío. Es iriás sano; para efectuar la circuncisió~i [es preferible] utilizar el cuchillo después de haber colocado un cordón en- tre el lugar del corte y la extreiiiidad del prepucio. Es preciso atarlo por- C~UC puede suceder que la iiiano del operador se equivoque, o que el iiiiio se iiiueva; en cuyo caso se produciría uiia herida en el glande. No deben utilizarse las ti,jeras, que son niás dolorosas y que producen, a ve- ces, uiia sección oblicua)) (13).
11. Medicina del Profeta
((Toiiiado de Abú Sa 'id al-Juzari, quien di.jo que un hombre había dicho al Enviado de.Dios; -Dios lo bendiga y lo salve-: "Mi hijo se queja del vientre". Le.dijo el ~iiv2ado de Dios: "Dale de beber iriiel". Se iiiarchó el horribre y regresó al poco tiempo diciendo: "iOh Enviado de Dios!, irii hijo se qut$8.del vientre". Le dijo, "dale de beber miel". Dijo el iioriibre, "ya lo he hecho". Repuso el Enviado de Dios: "Lo acertado es beber iriiel, el equivocado es el vientre de tu hijo, pues la miel es un re- riiedio de Dios")) (14).
«Di.jo el Enviado de Dios -Dios lo bendiga y lo salve-: "iOh mujer!, cuarido tu hijo sea alcanzado por el mal de 0.10, que haga las abluciones con riiás cuidado que el resto de la gente. Luego se lave con ello y se lo trague)) ( 1 5).
«Dijo 'Abd al-Malik: En cuanto a lo que se cuelga [del cuello] de la perioria saria, o enterrria, o los niños, cuando son cosas distintas del Li- bro de Dios, conio arriuletos, cortezas de árboles o trozos de perganiirio, que rio contengan el nombre de Dios, o algo parecido, son talismanes y los prohibió el Eriviado de Dios -Dios lo bendiga y lo salve-, pues per- tenece al politeisrrio. Lo que contiene el nonibre de Dios no son talisrria- iies y están periiiitidos por los honibres de ciencia (16).
( 1 1 ) Ibícl., 1). 60. (12) Ibíd., 1). 85. (1 S) Ibíd., pl). 83-81. (14) <ABD AL-MALIK B.HAB~B AL-ILB~R~. KitÜb Mujtasarfi 1-tibb, fols. 15v, lin. 20-21, 16r, lin. 1-13, (15) Ibz'd., l¿)l, ,4lv, Iin, 4-5. (16) Ibíd., fbl. 1fjr, 1111. 1-7.

270 CAMINO ALVAREZ DE MORALES y FERNANDO GIRON
(('I'oiiiado de Ciiiiii %iys hiiit hlii1)sriii cliiic*ii ll(*gó al Eiivi;idri (Ir3 1)ir~s -Dios lo bciitiiga y lo salvc- -, coi1 uii Iii,jo al c1iic. Ic liribiiiii iil~liratlo \iiiii giii~juclas cii el prcpuc.io. 1.c di,jo VI Eiiviado de I)io\ ~-.Dic>s lo l)viict~g~i y lo salve. -: "Os hc dic.ho c1uc iio ripliqu+is saiigiiiiiic,lah a viicstrris li~jos, que ~iti1icí.i~ :<%ii caiiibio! c.1 ágaltxco y c1iic' le <I+is ic~tc vcccs c.1 iiic*iiicx- iiiciito por Iii coiiiisura de los 1at)ios cu:iiido tctiga IIIC~I~C'SILI. y 1)01 1;i boca, eii caso cic rircuiiscisióir~ (1 7;.
(('I'oiiiacio de I;iiiiii al-Gtiliiii~ii cluit~ii di.jo: "Hice, la circ~iiic ihihii ;i iiiis tios lii,jos y fiii e11 triisc;i ctcl Eiiviado dt* Ilios -1)ios lo tictidiga y lo salve. --. 1.c cli~jc: ";Oli, Eiiviatio c1c Dios! II<~ licrlio 1;i circ.iiiicisi0ii a iiiis ctos lii,jos. ;I'ucdo apliciirlcs siiiigui.juc.las?". El rcpiisrr: "No: dct~c*s iristi- larlcs por la iiariz graiio iiipro, costo aiiiargo, ac.citc* dt* olivri y Iiazlca crr- iiicr". Ella dijo: "Me riiarclis siii al)aricitrriar iritcirioririeiitt* iiii idcsa. hasta que les apliquí. sarigiii~juelas, a c.oiisccucricia (te lo cual iiiiiric~itrri. 1)iic.s liicc corrcir la saiigrc. 1,ucgo fiii (:ii t,usc.a dc.1 Eiiviacio dc. Ilirus . Ilios lo Lciictiga y lo salve-- ., le iriforiii6 dc, la iiiucrtc rlt- ariit,rrs y (tc los qu(' 11aI1i;t 1icc.lio y di,je: iOli, Enviado di Dios!, es iiiqcir iiii dcsgrl(.6i 1101. h;iti<'i. dc- sot>cdccido ri Dios, y a su Eiivirido, que 111 p+rdida alc. iiiis 111jr)s". 1,~ dijo Eiiviatio do Dios]: "Eres uiia iiiatirc soirre cilal iio 1i;iy p("- c,ado» ( 18).
11 1. ilf edicina racional
eDi,jo 'Al~tl al-Malik: "Quic,ri tcriga vc,iitosi<l;id, y (silo ;il(~t;i c,spc*x.ial iiieiitc a los iiiños pc(l~icfios, yuc. se ;iplicliw~i s:itiuriic*rios c.ori ;illiarrii;r <*ti la ti:ik)itaciorr y c.ti la casa dorictc 1irit)ita el iiifir) 'l';iriii,i?ri S(* (*c.tia siii~ esta plarita cri el recipicritc cii el que, sc, lava e1 iiiño"n ;l!)i. «El liiiriior dc la iiifaiicia es la sarigrc, cluc cs ciilia'iitc y liliriicda, >. I;i parte del aiio cluca rriás claiio Ics causa es la pririirivc~rn, porq~i<. <~iir.ic~r.i~a VI doriiiriio de sus liurriorcs, puc:s la prirriavcra es ralieiitc y liiiriia~cia >. si fluye [algúii huiiior] distiritos de la sarigrc It* da segtiridacir) 10:.
c(I)ijo 'hbd al-h1:ilik: Ic 1rrcguritó Qi<i%rria riccSrca dcil ~,roc.c.<liiiiic~rito correcto -para la post t~ircuricisiOri: y Ic di,jo: "T'oiiia sic~tc, pic,za\ (Ir graiir, iicgro; que es e1 qctdrc!~, el cual se coloca cri el pari y se airadc iiii prrc-r, dc. arcitc-. 1,ucgo itiiiclirícalo eri uri riiortcro tiasta <]u<* tSstí. 1)icrn cIc~sriic*iiii- zado, torria uri trozo des co\to iiriiargo y riiüclrác.alta cii acc3itc. ctc* oli\;i. y siplícalo hasta que haga efecto. liicgo cclia unas gotai dt) cc*rii/;r. si c., c.ti vt:r¿irio, ciiarido e1 calor cs iriteriso: c.nhrc.10 cori iiri pocr, rlo Ic~clic* dv iriii- jcr y torrialo, pues c.110 crifiím ::21:.
8 1 I!~'ti.~ hl. 12v, lir~~ ,$-s. v 1% I~,íd., kll. 8v, lill, 6-1 t. n 10 Ibíd, f.o!, 17v, Ii11. 2-4. 120 Ibicl., Sol. :53v, 1i11. lfj-19. r21: Ibi'ci., f'ois. 3v, li11. 17-21; !Ir, Iirl. 1-2.

El niño enfermo en los textos medicos andalusies 27 1
(([Receta] para el tratamiento de un niño aquejado de diarrea aguda: Se toriia un ratl de arcilla de Arnienia tostada, se pone a rriacerar eri una cuarta parte de agua dulce y cada vez que el niño tenga sed, se le da a be- ber de este agua. Se toma luego un poco de Fawürif de rriernbrillo se di- suelve en jarabe de rosa con la citada agua y se lame el preparado. En cuanto a la nodriza del niño, se le da de comer carne de cordero asada cori f~lego de carbón, la cual se rocía, antes de ser asada, con agua de rosa y agua de niembrillo. Se deja pasar una hora para que aiiibas aguas se r~iezcleri y la carne se iriipregne de su arorria y propiedades. El par; que torne debe ser de harina de trigo y hariria de rrii.jo, este últiiiio en cantidad de una cuarta parte respecto al anterior)) (22).
(([Receta] para la tos de los niños y las personas rriaduras: Se quita la cáscara a uiia alrriendra dulce y a una nuez. Se trituran, se añade, aproxi- riiadariierite, la riiitad de manteca de vaca y se hierve en el fuego hasta que se rtiezcleri. Se larrie esta riiezcla, por la mañana y al atardecer, des- pués de haberle puesto media üqzjya de azúcar en polvo. Si quiere Dios. iErisalzado sea!» (23).
(([Receta] para el vóiriito y la diarrea infantiles: Se toriiari diez dzrhams de arcilla de Arrrienia tostada, se echan eri una cuarta parte de agua y se le da de beber esto a la nodriza y al riiño. Por otra parte se toiiiaii ocho dirhariis de ?awÜri~ de rriarizaiia, una habba de alniizcle y carne de perdiz iiiezclada cori agua de riierribrillo y agua de rosa. Se deja todo reposar un par de horas hasta que resulte uria iiiasa aromática, la cual se asa y se coriie. Si Dios quiere. iEiisalzado sea!)) (24).
((Reriiedio útil para el gusano que afecta los oídos de los niños: Se tonia alhuceriia, se tritura y se hierve en un cuarto de toriiín de vinagre &ciclo hasta que toriie la consistencia del arrope. Se desmenuza, se criba con uri cedazo de crin, se aparta y se colocan [en el oído] una o dos gotas, al irse a dormir, con lo cual muere el gusano. Con el permiso de Dios. iE~isalzado sea!» (25).
((Recetaú til para los riiños que se oriiiaii en la caiiia: Se toiiiaii cuatro dirhams, respectivariieiite, de arcilla de Ariiieiiia tostada y de simiente de verdolaga, dos de niana de baiiibú y uno de áriibar aiiiarillo. Se trituran por separado, se taniizari y se aiiiasa todo, con uiia cantidad equivalente al total de jarabe de rosa azucarado. De este preparado, que resulta pi- cante para la lengua, se tonia un dirham en la coiiiida y otro al acostarse, coi1 aguk tibia. Evita la eiiiisióii de la orina, si quiere Dios. iEiisalzado sea!» (26).
((Recera para uiia iiiiia de tres años que tenía picores: Se toiiiaii diez dirhams de niirobálano negro, se tritura y se echa en dos ratls de agua,
(22) IHN WAFII). E;/ libro de ¡[L <tl?t~ohuda, p. 202, XXIII, 9. (23) Ihíd., 1). 117, VIII, 26. (24) Ibí/l., 1). 176, X, 52. (25) Ibícl., 1). 218. XIII, 57. (26) Ibid, 1). 23 1, XV, 2.

272 CAMINO ALVAREZ ZIF: MORALES y FERNANDO GIRON
poni~titlolos a coccr tiuralltc cuatro horas. I,uc.go sc. Ic cchn a~i1c.ar y s(+ cuece coli f~~cgo suaves fnasta que tonlc la c.otlsijtc*tic~iri dc. lm ,jaral,(%\. Irtl- tonces se Ic da de t~ct,c*~.. Si Dioh cluicrc. ;E:nsalzarlur jcals !27 ,.
c(Rcc.c~a para 1111 t~iiio dc. trcs aitos cluc- tctiia gt~satlos ('11 es1 it~tc'lrtitlo: Se Ic cia de t)ct)er.jarat)c de rosas coli mvltr.c~uilla. Por otra pilt-tr. sc* tca11l;i chicoria y se Ic echa agila. Lucgo se co1oc.a al f'i~c*go y SC calic*tit;t cal \sic3t~trc3. aplicando sobre i.1 un trapo que se ira sun.!crpido c3tr agua dc. r"lliu.rlrin re3- petidas vcc.cs. Con csto sc. cura la cnli~~~lcdaein (28,.
ccReccta para un hombrc cluc tc~~ia itn Ili,jo c~o~~v:alccic:titc. dc. I;\ vituc4;i el cual tenia diarrea. ;El niiio, muri6 a consec.i~c'tl\.ia ctc la virttcdn. ,Scs tonia] uria ziqbja de jaraba de rosa ~~ucaraclo y dos dirttattts dc. tosa c,rl polvo. Se mezclali y el producto ot,tctiido s(, latnc. c.rida dos Ilerras, varias veres al dia, concrctatiicnte seis vcc.cs diarias. En cuanto a la ~iodriza del niiio sc* I(% da de I)(*t)vr c.onlitura dc. rosa v de conler niembrillo asacto, rosquillas, ycma tic. htic,vc) c.ocida. I~igacitx d;~ cordero y coraz6n asado, espolvorc*ado coti culatitro 5ca.o y tl~x?i;ido cti agua de menibrillo. [Adcmis] dot)(. lavarse sus laartcua ~latural(*a c.trli agua en la cluc ha hervido un puilado de hc),jas (te ac~lga y tomar i~ih;ilac~ic)tlc~s, con un dirham de tnatiera de ag8loc.o tierrlo y eltro dirharti dc. si~~rl;tltx. anlasado coll apla dr albahaca o agua c11 la clucs ha11 hc*t-vitto si~tlic*titcs tic, albahaca)) (29;.
((Para separar lo unido. Receta [xara la circutlc~isilrn: Sc itrilir;~ r.~tatldo no es preciso emplcar el cautcrio (-11 el niomclltr) CIC* circ.l~trc.irl;ir. Si es1 micmt)ro prcsuit¿i arcttrr c inflanlacihti j~rovoc.atlos laor el hicsrrrr. lo cunl sucede a mcnudo y c.spccialnle~ltc~ (71 i~rpatiist~nos c-lc*lic.ado$. (,s ~irc*r.iso emplcar agua y asi dcsaparcce la clttclnazhtl y ($1 ardor e11 c.1 ac.tr). SC re- fiesca el ~liiembro con agua, sc  cort;^ la sangrc y h(* rxlnlati loa rlolo~x-s. I,o mejor que !o conozco para csto, cluc* scL cnlplca al comic~lzx~ dc.1 trata- niiento, es un polvo cluc evita la I~c~norrapia y cluitn es1 rit.rlor y (*I dolor.
Esta cs s11 rcccta: Se toman dicz dir/ulvi.$ de fiuto i\(- ac'acki cluc*tllado !, lavado con agua de rosa, cnatro Irlirhrtms] de ho,jas tlo rosa. sitltialo ro,jo y tierra scllada, rcspcctiva~ncnte, trcs dc. c,oral cl11~1iriidtx y lavaelr, c.trll :igt~;i de rosa, cirico dirhams de corteza de irlcieriso, dos diskattls dc dtlil,itr ;tllla- rillo y uno de sangre de drago. Se tritura cada medicamento por scslaarado, \c. rcx'~~lc todo, Sr. t;~t~iira y se espolvorea sobrc el lugar del cortc t.11 la catitidacl clucs s(, ~ic*c~c*sitc*.
Jcrnto con este po11.o se usa estc. ullgiicSnttr: Se ttitiia 1111 fluc+\.rr fi.c'soer de gallina ,jo\.cn, que haya sido fi~cutidado por es1 g;iIlra. Se alarc+ cstr tigtta de rosa y se potle en un fuego suave hasta qucs cluc*tlt* cotiil)lct~~~~c~~~~~~ (.o- cido y se coagule. De la ycma cocida sc tonia la calttidacl clucs sc' cwa c.011-
IhU, p. 2i3. XXI. 90. ."L Ibíd., 206, XIII, 23. ;29i Ibíd., pp. 206-207. XIII, 23.
El niño enfermo en los textos' médicos andalusies 21 3
veiiicrite, se amasa cori aceite de rosa, se pone a entibiar eri un trapo de lirio usado y se coloca sobre el citado polvo en el niorriento de hacer la circuricisióri, d~járidolo en el lugar alrededor de ocho horas. Con esto desaparece el ardor y se calrriari los dolores del rriierribro, gracias sobre todo a la cocción del aceite de rosa y de la yema de huevo. Luego se lirri- pia con suavidad, se espolvorea sobre la zona afecta el ya citado polvo, en la cantidad que se juzgue necesaria, y se vuelve a colocar encima yertia de huevo cori aceite de rosa tibio, dejándolo allí un día y una rioche. Luego se liriipia el lugar operado con cuidado y se esparce el polvo ya descrito, en la cantidad que se crea oportuno. Si Dios quiere. ¡Ensalzado sea!» (30).
((Receta para un niño aquejado de cálculo: Teriia dos piedrecitas del tarriaño de uri grano de trigo, que había oririado con gran dolor. Pasados urios días se le aplicó la receta, coiisisterite eri escarificar arribos costados. Así se hizo y curó. Cori el perrriiso de Dios. iErisalzado sea!» (31).
((Receta del emplasto de palmera: Aceite de aceituna un ratlt, o bien aceite de ricino, de grasa de toro y litargirio un ratlt, de caparrosa dos - uqiyyas.
Se pulvcrizari la caparrosa y el litargirio hasta reducirlos a polvo. Se tarriizari con uri velo y se colocaii todos los iiiedicariientos eii una olla que se coloca al fuego. Se toriia la rariia de la paliiiera y se desiiieriuza uii extreriio con el cual se reiiiueve el eriiplasto. Cuando se seca el extreiiio se corta y se remueve con lo que queda y así sucesivaiiiciite hasta aprove- char toda la rariia de la paliiiera ... Si lo coiií'eccioiias para quien tieiie la carne tierna coiiio, las rriu.jeres o los niños, disiiiiiiuye la cantidad de ca- parrosa ycie paliiiera ..., los que tierieii la edad próxiiiia a la niñez y la complexión de sus naturalezas es nihs húmeda, utiliza un ungüento nienos seco» (32).
((Capítulo cuarto. Sobre las enferiiiedades oculares de los iiiiios: Sus o.jos son akctados por nuriierosas eiiferiiiedades: en priiiier lugar el ederiia, la queiriosis y el espasriio de los ojos hasta el punto de no poder- los abrir. Esto sucede, al parecer, porque las iiiujeres les ponen en la ca- beza sustancias astringentes coiiio la alheña y otros y los residuos que [bajari desde] la cabeza irritan sus o.jos. En ocasiones son afectados taiii- biéri de la separación de la pupila (es decir lo negro del ojo) por ejeiiiplo, el estrabisriio y la desviación. Aparece de forriia congénita o bien se iiia- iiifiesta después del iiaciiiiieiito».
«Tratairiieiito del edeiiia: Si ti1 observas que el niño tieiie al iiiisiiio ticiripo que ederiia un eiirojeciiiiiei-ito de la cara y de los ojos y un aii- tiierito del calor del cuerpo es necesario darle licio, colirio de celidoiiia roja y hojas de rosa a partes iguales, azafrán y sosa, la niitad de cada uria. Se mezcla todo y se compacta mediante agua de endivia y de leche

'301 Ibid, 1) 301, XXI, 128 (91) Ihit, 1) 233, XV, 7 (32) AHU MAR\lAhLt\BD AL-ELIAI.IK B ZLHR Kitzb (11 jZ»lz1 , lo1 220\, 1111 9-18
274 CAMINO ALVARESI DE MOñiiLES y I~ERNI~NI)~ GIKON
de rriu,jcr. Ciitar los o.jos y la frerite [del riifio: tr~tiirs 105 clias. Carta vci que uria parte se dcshiriclia cs ncc:rsiirio iiiiciar la iiriciiiri 1i;ista qiie S<, abran los ojos. Si los o,jos ;de los iiifiosj cstiii af¿,ctados (t(* triic.csiriii tr dc lrli*lliritis tr Iciicoiiia u otras, el trataiiiiciito a al>lic.ar es c.1 (.1ii(* alr;ir<*c.cs al Ii;i1)1;ir (t(. las eiil¿~riiic.dadcs oc.ularc*s [dr los a<litliosl, iiiis aclc*laiita..
Si al exaiiiiiiiir los o,jos iio eiicucliitras r.nior iii c~iirc!ji-ciiiiic-iitxr iii In liriitc está calieiite roiiia licio, iiiirrii, azakii~, alrlc. y iirrjas (1~ rcra\ sc- IPIII., vcrizaii y sr Ir da coiisistc.iicia coi1 gras~iroiiiitic.;i. Se III~IAII los ojcxs r.;itl;i día por la iiochr hasta que sr abraii r iiistila por la irariz iiir 1rrrc"rr ct<% :iiil.. bar gris f~irididi) eri Irclic: de rriujcr. Si los ojos. tIc~spiiCs dc aliic*rtos, apn- receri afectos dc irritacióri y tirrieri película, iiisiilalt* ctadtas los rlias <,ri los qjos leche de tiiujer, sola o cori uri poco de azafrari.
!?,ti cuarito a la dc.;vi~cióri de la 1au1~la .i derc-c ln,i c i/rluic~i<tci li~lildr (S- riios [de ello] eri la discusióri de las erifcrriic*d,idc.s oc ul,ir (3s tic* IC)~ adiil tos/ \ di~c~itirer~~c)~ ~i\iriii\nio de 11' q1irrr1051~. SI 1)ins ~~LII~T(~B 7 i .
«hcir<:a del ario: Se prestsritó iiriri rrrii,jcr y rc:firiui rliics tcaiiia tirn lrijr, pequcfio, cuyo ;irlo se lc: salía al presioriarlo. Le prc~gurití) jrrii rriaestro]: "<iSarigra?". R~sponciió Ilri rriii.jer:: "Si, y rio rctorria :a i;u iiigas] ii iio ~c~r clui, 10 erripii,je cori rrii riiario".
Di,jo: "ljiita s~i \.iciitrc. c.011 clara (tc litir~vo, Iiccyo <*sp¿ircx* srr1)rc. i'l ai,r¿iyiii raspacto, ciiif>ápalo c.oii agiiri <te iiic*iiit~iillo y iii:iintc.c a d(*i.rc*iicl;i coii iiiirl, (Ic51itrtr del baiio: dc-spucs iiic~líiiiilc~ so1ri.a. iiii rcbc.ipic*iit<s di* ¿igiiíi cii el qur Iiayaii Iiervido arrayar1 y laviiictula. Si sc* al)li<.a :iI vic~intrc* 1i;riiii;i dr arroz coii la iiiisiiia caiitidad dc. aira!~áii, sc.ivirA irara csstr. 'I'aiinl>ií~ii. si Dios quicrc., srr\.irii para la cicatiiz;tciOii des los l)ortic*s ct(s1 (.(ri.tc3 cIi.1 oiii.. bligo, si se aplic.ii brca t~laiica disuelta (;II viiiagrc:) 3 & .
((Sr ~~rcsriitir ~iii Ilo11ik)~c. coi1 uii iiiiir9. l~~fiiii'lld~~ <]U<' i'4~' \(' liil1)lll tragado iiii trozo dc rristiil. 11or lo (1iic3 (al padres sc' Lialii;t ii\ii\c;itirr. Eiitoiic~rs [iiii iiiacstroT Ir ord(.ii<i cogci. ir<%\ ,irrc~ldc~s rlcs liigcr\ \ itic+r!ic~ arrcldc dc iiiiccc~s Ilciias tic f(.riila y iiiaiid0 ílii(* (-1 iiiFiri c.tiiiiio.r~;i <I(s ;1~111('- 110, a lo largo del día. A1 (tia siguic.iite S(% prcsriiih y 1~ prc~giii:tc'r [a31 iiiac*stro: "t'l)r'rin<lr~ c*st;iii los cxcrciiiciitos del iiiiio?". Respoiidió: "Eri tiii casa, eri utia ctscu~ri<tcsa". Lr dijo: "Eclialcs agua, Iávalcs y rc~iiiiií.\x>loh hasta i1uc \\'i*;i< ('1 cristal". Así lo liizo y vol\,ió. asustado, c.oii iiii troztu rlc. crisiril w.rrridriiii- giilar. Prc'g~iiito: "<:Has visto saiigrr rii itrs t.sc~ri~iiic.~ito~:~"~

,3:1. RIOHh.ZI.LIAD B.(L4SSOI1.LI I~.I\SLAXI I\I.-Cri\I.'ICLI, cl-.\lc?r%id "i-Kiriihi,.., 111). 21'22. :Y.4: .U,\. tz. !~ :V:S7, ¿IL'$?ZG:~~C(I (it E:! ~:Jw~o:, iOI9. 5v-Or.
El niño enfermo en los textos medicos andalusies 275
Coiitcstó: "No". Le di,jo: "Tu Iiijo está curado". Iiiterrogui.: "Dios te Iioiire, Ccóiiio te diste cueiita de que esta clirado?". Rcspoiidió: "Si Iiubiese algiiii corte eii el lugar, ciitoiices los excre- iiicbiitos tciidriaii saiigre". Prcgii~ití.: "iCóiiio lo liabrías rciiiediado, si eso tiubiera sucedido?". Coiitcstó: "Toiiiaiido iiiostaza y flor de liariiia coi1 arrope dc u\.as"» (35). Se prcsent0 1111 Iioiiit~re y relirió que su lii.jo se liabía tragado uii trozo dc Iiictrro. I,e preguritó [el niaestro]: "6Estaba eriebrada la aguja con hilo, o Rcsl)oiidió: ''Hof"' Le recetó [iiii iiiacstro Maii.Ür]: "Coge uii dirharn de piedra iiiiáii y ~>ulvcrízala, luego échale cuatro oiizas de higos y aliiieiidras, lo iiiezclas todo y S<- lo das al iiiucliaclio". Yo iiic di cuciita de qiic. el lioiiibre era sastre y que su hi.jo se había crafi"(lo iliia aguja. I,c ~>rcguiitO ;el iiiacstro;: "c.:Estaba eiiebrada la agu,ja coi1 hilo o ilO?". Coi~trstO: "No". Sciitciició: "Tu lii.jo está salvado. Lc recetó el trataiiiieiito iridicado y h¿illO". Prcguiití.: "(!Y si tiubiera hat>ido hilo eri ella, Dios te hoiirc?". R(,spoiidió: "No tiabría vivido. Al iio haber hilo se.juiitaii el hierro y el iiiikii y este sale coi1 los excreiiiriitos. Si liubiera tiabido hilo este se hu- t~icse adlicri<lo al estóiiiago y al iritestirio y, eii coiisecuericia, la riatura- lcza Iiubiese rectiazado todos los aliiiiei1tos y la agu.ja habría perriiaiie- c.ido cri su sitio agu,jereáridolo o perfbráridolo, por lo cual irioriria")) (36).
'1'r.a~ la Icctura de los textos rcseñados nos parece oportuno señalar los siguicritcs aspectos eri relacióri con el tenia:
1. L>c las, aproxirriadariierite, 130 obras niédicas que se componen ctri al-i2iididus tan sólo uria, que coriozcariios, se ocupa del tertia del iiifio eriferrtio de rtianera artiplia, aunque cortipartiendo el c.serito cori la eriibriología y obstetricia.
'L. Las tiicnciories al riiño $e realizar1 de forma ocasional, dentro de tratridos gericrales de patología, terapéutica o terrias monográfi- cos coriio pueda ser la oftalrtiología.

276 CAMINO ALVAREZ DE MORALES y FERNANDO GIRON
3. En los textos procederites de uria riiediciria cic,iitífico-racioriitl sci insiste eri la difererite riaturaleza del riiño a la llora clc crifcrriiar y el trataniic>rito de la ciiferrticdad. Eri aqucllos que ~~roccdcri de escritos iiicursos en riiediciria (le tipo creericial o iric~luso rtiii- gica, tal diferericia rio se aprecia.
4. Los aspectos más tratados son aqucllos en los quc la  atolo logia iiifaiitil difiere más de la del adulto o eri prol-~leriias surgi(los coriio corisecueiicia de prácticas que sc. llcvari a cabo ixclusivtt- iiierite eri iiiiios: por ejerriplo, el tertia de las coriiplicacioiies dc la circuncisión es tratado riiílltiplcs veces, los vórtiitos v diarrea5 de los recién iiacidos le siguen cri ficcuc~iicia, los parásitos iritcs- tinales, enuresis nocturna, etc.
5. Eri cuanto a los objetos y riiétodos curativos obscrvariios uri riiayor carácter de riiediciria preveritivri cri la riicdic.iria rrio~i- sabe, uii erripleo aburidaiite de riiedicrirrieritos cori cortiporiciitc3 niágico y aíiri sir1 él, cori uri acusado richriztr dc los proccdi- rriietitos quirúrgicos en la riiediciria crcc~ricial y. por últiriio, uria utilizacióri de riiedicarrieritos y cirugía cic fi~rrtia riotak~lc v uiia ausericia total di procediriiieritos riiágic.ir5, cm la riicdiciria racioria

miércoles, 11 de marzo de 2020

REFLEJOS CRONÍSTICOS DE MUJERES ANDALUSÍES Y MAGRERIES'


REFLEJOS CRONÍSTICOS DE MUJERES ANDALUSÍES Y MAGRERÍES’

María Jesús VIGUERA MOLINS Universidad Complutense de Madrid

INTRODUCCIÓN

Empecé a ocuparme, con cierta dedicación estructurada, de la situación de la mujer en al-Andalus desde mediado el año 1984, cuando el Seminario de Estudios de la Mujer, de la Universidad Autónoma de Madrid, me encargó organizar la parte andalusí de un Congreso que proyectaban sobre «El trabajo de la mujer en la Edad Media hispánica». Solicité entonces el planteamiento de varios temas concretos a varios arabistas, de modo que pudiéramos trazar un panorama por primera vez amplio sobre la situación, con contribuciones que presentamos en Madrid, en aquel Congreso, en marzo de 1985, y que luego se publicaron en las Actas correspondientes, en 19892. No voy a ser yo, ahora, quien valore aquella empresa nuestraestudiosa sobre las mujeres de al-Andalus, aunque si quiero destacar que abrió un cauce de investigación hasta entonces relegado por el arabismo español actual 3, aunque después no haya dejado de cultivarse4, como también ahora debo reconocer que,
Expuse una primera versión de este estudio en el Curso ‘Arab and Turkish sources for the History ofwomen”, organizado por el Proyecto “Individual aM Society in the Mediterranean Muslim Worl” (European Science Foundation), el 16 de enero de 1997; sobre el tema, véase ahora: Manuela Marín, Mujeres en al-Anda/as. Madrid, 2000. 2 La mujer en ol-Andalus. Reflejos históricos de su actividady categorías sociales. Actas de las Sas. Jornadas deInvestigación delS’ de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma, (Madrid, 1985), Madrid-Sevilla. 1989, editadas con un estudio preliminar (PP. 17-34) por María Jesús Viguera. que edité el conjunto, en 231 págs., conteniendo: “La mujer y el trabajo en el Corán y el Hadiz” (M. Fieno); “La mujer en el espacio urbano musulmán” (M. de Epalza); “The image and Social Status of Urban Labour in al-Andalus” (M. Shatzmillerji; “Oficios nobles, oficiosviles” (Mi. Rubiera); ‘Acerca de la mujer musulmana en las épocas almorávid y almohade” (J.M. Férneas); “Las mujeres de las clases sociales superiores. AI-Andalus. desdela conquista hasta finales del Califato de Córdoba’ (M. Marín); “Presencia de la mujer en la Corte de al-Mutamid b. Abbád de Sevilla” y “Tres maestras sevillanas de la época del Califato Omeya” (R. Valencia); “Las mujeres ‘sabias en al-Andalus” (M. L. Avila); “Sobre las poetisas de al-Andalus’ (T. Garulo); “Las actividades de las esclavas según lbn Budán y al-Saqati de Málaga” (P. Coello): “Mujeres, campesinas,mudéjares’ (C. Barceló); y ‘Lamujer morisca: sus actividades” (A. Labarta). Algo habían escrito escrito arabistas decimonónicos, como Fi. Simonet, “La mujer arábigoespañola”, en 1891, y L. Gonzalvo, “La mujer musulmana en España”, en 1904 (véase Viguera. La mujer en al-Andaluz, p. 21). La más reciente contribución por ahora impresa es la de Rafael Valencia, “La mujer y el espacio público de las ciudades andalusíes”, en M. Isabel Calero Secalí y Rosa Francia Somalo (Coords.), Saber y vivir: mujer. antigi¿edady medievo, Universidad de Málaga, 1996, espec. págs. 115-125; entre otras, véanse especialmente la Historia de las mujeres, dirigida por O. Duby y Michelle Pen’ot, trad.
Anc.u
1ucl dc Estudios Arabes 12-200/
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a mí, aquel ya lejano encargo me abrió una ventana de reflexión’, pues llegué a la certeza de que la diferencia radical y nítida consiste en ‘ser’ o ‘no ser’ protagonista de producción-consumo, y de que la mujer andalusí no fue protagonista de producción-consumo, afinnación evidente con parcialisimas excepciones en su generalidad, sobre la que giraremos a continuación, como tajante definición de su situación y su reflejo textual.
LA RESTRICCIÓN DEL PROTAGONISMO FEMENINO
La restricción del protagonismo de producción-consumo de la mujer en alAndalus, es decir,con otras palabras, su mayoritatio ocaracterístico confinamiento en el espacio de lo familiar, de lo privado, como en otras sociedades tanto islámicas, y dentro de ellas la sociedad andalusí, como otras cristianas, antiguas, medievales, modernas y contemporáneas, está condicionada de modo general por el nivel de un determinado desarrollo económico incardinado, con todas sus consecuencias, entre ellas las culturales e ideológicas, en su correspondiente estructura social, todo lo cual restringe, más o menos, el número de tales protagonismos, limitándolos principalmente por medio de unas concretas condiciones de sexo (sí hombres; no mujeres) 6, edad (límites de la mayoría de edad y de la senectud), y condición de libertad o no (que excluye de tal protagonismo social a los esclavos), todo lo cual lleva ayproduce una determinada ordenación social, como es el caso andalusí, claramente definible como patriarcal y agnática, en que la mujer está supeditada a su parentela masculina. Así, para un primer balance de esta situación femenina supeditada voy a recurrir a la formulación de tan prestigioso arabista como fue Robert Brunschvig, a quien nadie podrá tildar de subjetivo ‘feminista’ para intentar aguar o menoscabar la evidencia de su discurso7; decía: «Cuanto más abajo en la escala
española, Madrid, 1991 y ss. donde se han añadido importantes capítulos sobre la mujer andalusí (en el vol. II. por M. Marín) y sobre la mujer morisca (en el vol. III, por II. Vincent), y las Actas del Congreso organizado sobre Historia de la mujer en la Universidad de Granada: C. del Moral (Ed.), Arabes,judías y cristianas. Mujeres enla España medieval, Granada, 1993; véanse además en Estudios Onomóstico-Biogrdflcos deal-A ndalsss, VIiI: Biografias y g¿nero biogr4ficoen el Occidente islámico, ed. ML. Avila y M. Marín Madrid 1997, los artículos de M. Marín: “Una vida de mujer: Subh” (págs. 425-445), y de V. Aguilar: “Mujeres y repertorios biográficos” (págs. 127-138). Ampliadas en: Mt 1. Viguera, “Reflexiones históricas sobre la mujer en al-Andalus”, Nueva Lectura de la mujer: crítica histórica. cd. y, Alfaro Bech y L. Taillefcr de Haya, Universidad de Málaga, 1995, 63-84. 6 Avner Giladi, “Gender differences in child rearingand education: some preliminary observations wisli reference to Medieval Muslim thought”, AI-Qaniara, 16(1995)291-308. En su gran libro La Berbérie Orienta/e sous les Hafrides des origines ñ la fin du Kl/e siécle, París, 1947. II. p. 175: “Plus on dcscendait dans léchelle sociale. Alaville comme A la campagne, plus la femme pouvait librement, dans uncenain rayon autour de sí demeure, aller et venir: cétait souvent une nécessité pour son travail. La claustration dans le gynécée, la surveillance stricic et continue,
Reflejos cronísticos de mujeres andalusíes y magrebíes 831
socíal, tanto en la ciudad como en el campo, más podía la mujer ir y venir libremente, en un cierto radio alrededor de su casa: esto solía ser necesario para su trabajo. Su reclusión en el gineceo, su vigilancia estricta y continua, su indolencia ociosa sólo se daba en las familias de notables, o de burgueses. Pero, fuerancuales fueran las diferencias de condición, hay que concluirque la sociedad actuante sobre ramas enteras de la vida económica, la sociedad dirigente desde el punto de vista político, intelectual y religioso, era esencialmente una sociedad masculina, de la cual el elemento femenino estaba casi enteramente excluido». Este análisis de Brunschvig está referido, en concreto, a otro de los ámbitos medievales islámicos, el Túnez hafsí de laBaja EdadMedia, y puede aplicarse por completo a al-Andalus, como a cualquier otro circulo patriarcal agnático, a cualquier otra sociedad de predominancia masculina, donde el protagonismo de producción-consumo del varón se manifiesta en acciones de todo tipo (políticas, religiosas, sociales, económicas, culturales...)en que él tiene lacapacidad directiva y ejecutora esencial, con papel más o menos exclusivo, y además está sancionado, tal protagonismo, por la ordenación de los valores, por leyes y estructuras, por 8 ideales y prototipos
PROTAGONISMOS PÚBLICOS
Para plantear cómo funciona esa ordenación de los valores en el contexto araboislámico, del cual al-Andalus es una parte, podemos recurrir a recordar cuáles son Los prototipos del protagonismo social, digamos público, en ese ámbito 9, y cómo lo reflejan y lo sancionan las fuentes textuales, y entre ellas, comienzo por advertir, las crónicas, per se consagradas al poder soberano. Ese protagonismo social lo representan, como bien reflejan los textos, quienes han anunciado la palabra divina, quienes defienden el Islam, quienes rigen su política, quienes lo conocen y lo enseñan, quienes lo practican con devoción y quienes lo enriquecen, es decir: profetas, guerreros, soberanos, sabios, santos, y entre los últimos, especialmente los comerciantes. Estos seis conspicuos personajes, que llenan el escenario social y acaparan actividad y prestigio públicos, ocasionaron una galería completa y numerosa de profetas, guerreros, soberanos, sabios, santos y comerciantes, caracterizados como eximios varones. Las mujeres les quitan muy poco de aquel escaparate, pues otra
l’indolence oisive n’¿saient de mise que dans les familles degrands, ou de bourgeois. Mais, quelles qu’aient ¿té les différences de condition, il faut poser que la société agissante dans des branches enti&es de la vie ¿conomique, la société dirigeante au point de vuepolitique, intellectuelet religieux, césa’u essentiellesnens une société masculine, duns léI¿ment féminin ¿Saltpresqsae entitTement excio’. Susan L. Smith: TAse Power ofWomen: A Topos in Medieval Art and Lites-ature, Universiy of Pennsylvania Press, 1995, espec. págs. 22 y ss. Másreferencias en MU. Viguera, “El héroe en el contexto arabo-islámico”, Ponencia presentada al Seminario Loshéroesmedievales, Universidad deLa Laguna. 1993 lActaspublicadas en Cuadernos del CEMYR. 1: Los Héroes medievales, Universidad de la Laguna, 1994. 53-74.
832 María Jesús Viguera Molins
cosa ida en contradicción con la sociedad patriarcal agnática, tan persistente en la historia de la humanidad, y con usos ni mucho menos exclusivos del contexto arabo-islámico, en que la mujer no es, en esencia (aunque pudiera serlo en ciertas excepcionales contingencias), como empecé diciendo, pues es fundamental, protagonista de producción ni de consumo. Y, en verdad, poco papel público queda sin reconocimiento de ese papel protagonista. Desde luego, la mujer del contexto arabo-islámico no esprofetisa, ni soberana, ni guerrera, para todo lo cual se requería más o menos explícita y legalmente la condición de varón (dukariyya), aunque haya habido alguna soberana musulmana (en circunstancias limitadas, o en momentos y/o territorios más o menos atípicos; nunca en al-Andalus ni el Magreb) como las dos sultanas turco-mamelucas Radiyya («Gozo») y ~a5’aratal-Durr («Arbol de perlas»), algunas jdtan mongolas y varias reinas de las islas Maldivas e Indonesia, más las reinas del Yemen, formando parte todas ellas de la docena, o poco más, de las «Sultanes oubliées» cuya trayectoria excepcional —y siempre restrictiva— ha analizado Fatima Mernisi’ 0, en relación con el contexto arabo-islámico. También de forma esporádica existió, en este contexto arabo-islámico, alguna mujer guerrera, de forma tan excepcional que las fuentes la mencionan, singularmente «por su bravura, valentía y dotes caballerescas famosa, y por salir al encuentro de los caballeros y competir con ellos en el ejército», como destaca con énfasis extraordinario Ibn Hazm en su tratado genealógico del siglo XI”, cuando habla de la familia BanU Tarlf de Osuna, a la que pertenecía esa guerrera mujer llamada Yamila, de familia de origen beréber, aunque asentada en alAndalus y por tanto ya incluida en el notable proceso de arabización andalusí, y cuya actuación ha de ponerse en relación con el relativo mayor grado de protagonismo social que se capta en las fuentes árabes en relación con la mujer beréber, empezando por la famosa Káhina, heroína de la resistencia beréber norteafricana contra la expansión árabe a finales del siglo VII d. J.C., y continuando por otras mujeres beréberes destacadas, como la Zaynab que, ya en el siglo XI, casó con varios emires beréberes, y entre ellos con el primer emir almorávide de al-Andalus, Yíisuf b. Tá~ufTn, haciéndose notar tanto en la esfera política, esta Zaynab y otras del período almorávide, que los enemigos de aquella dinastía, atrincherados en la historiografía pro-almohade, acusarán a ese imperio almorávide, precisamente, de dejarse pervertir por dar poder a las mujeres’2. Ya veremos esto con más detalle. No es profetisa, no es soberana, no es guerrera la mujer arabo-islámica, en general, ni concretamente la andalusí y la magrebí (serlo por excepción, como un
O Sultanes aublítes. Femmeschefs désní en islam, París, 1990.
lbn l’lazm. Vamharar ansdb al-’arab, El Cairo, 1961, p. 500. [2 fi s del ¡¡ColoquioHispano‘lsmatDanda~, “Adwár siyásiyyaIl-nisá’ dawlat al-murábit¡n”, Acta Marroquí de Ciencias históricas: ‘Historia, ciencia y sociedad’, Madrid, 1992, pp. 49-65. Y el precioso libro de GabrielCamps. L ‘Afrique de Nord auféminin. Héroi’nes du Maghreb er <¡u Sahara, París, 1992, espec. pp. 140-t50.
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caso raro, limitado en todos los sentidos, marginal, o de muy aislada pervivencia de substrato, no es serlo), ni tampoco en realidad comerciante, pues las normas éticas casi tampoco le dejaban actuación en este campo, incluida esta limitación en la restriccifon de que deambularan demasiado por el espacio público, pues advertían los tratadistas de hisba que las que fueran al zoco (implícitamente no muy lejos) a vender sus hilados sólo trataran con comisionistas de confianza, en ‘3lugares seguros Pero, eso sí, por contraste virtual, dentro de la onomástica femenina puede encontrarse el apelativo simplemente halagtleño’ 4, y no de ejercicio verdadero, de «Señora de los comerciantes» (Sitj al-tui9jidr), como también el de «Señora del poderreal» (SitÉ al-mu¡k), este último llevado poruna mujer que fue hija, hermana y tía de tres sucesivos califas fatimíes, en Egipto, destacando circunstancialmente por su influjo para-soberano, pero jamás mencionado su reconocimiento en las monedas ni en las invocaciones oficiales, pese a que durante cuatro años ejerció defacto la soberanía, aunque a la sombra, manteniendo la minoría de edad de su sobrino Califa, entre 1020 y 1024, en imprevista ‘regencia’, ni siquiera como tal plenamente manifestada’5. Sólo queda espacio, algo comparable al masculino, de ‘publicidad’’6 femenina para las sabias’7 y las santas. Entre las 116 mujeres sabias que tenemos documentadas en al-Andalustt, ninguna sobrepasó un tono discreto, cobijada en ambientes cultos familiares’9; tampoco las poetisas de al-Andalus20, como el
“ M. 1. Viguera, “La censura de costumbres en lbn alMunásif, Actas de las II Jornadas de Cultura Arabe e Islámica (1980), Madrid, 1985, p. 598. “ Sobre la enonne y significativa difusión de este tipo de galanterías, también enotros ámbitos: K. Whinnom, The Spanish Sentimental Romance 1440-1550.’ a crirical bibliography, Londres, 1983, ti” 83. “Laura Bariani, Sitt aI-Mu/k. Signora delregno, signora delpotere(359-415i970-1024-25), Tesis de Licenciatura, Pontificio Istituto di Studi Arabi e díslamistica (Roma, 1990), trabajo inédito; y de ella misma,“Parentela e potere: uso cd abuso. Indagine sulle ‘madri’ del califfo alHáJcim bi-Amr AllM~ al-Fátimt. AI-Qantara, XVI (1995), 357-367. ‘6Recuérdese el siempre citado contraste entre las expresiones hombre público’ y “mujerpública’, respectivamente definidos (por ej. en el Diccionario dc uso del español de M. Moliner, It, 57 y II): “el que interviene activamente en la política”, aplicándose al hombre tal connotación positiva, frente a la connotación negativa sobre la mujer pública, asociada a “mujer del punto; mujer de la vida; prostituta”. Sobre otras consideraciones significativas y muy generalizadas, ya desde la Antiguedad Clásica, respecto a las representaciones del restringido acceso femenino a lo público véase el estudio de Deborah Levine (jera, en su edición y traducción TAse Anonymus Tractatus De Mullen bus, Leiden, 1997. “Aspectos generales interesantes en Ronald E. Surtz: Writing Women in Late Medieval and Etas-/y Modern Spain: TAse Morhers ofSainz Teresa ofAvila, Univcrsity of PhiladelphiaPreas, 1995. ‘M’ Luisa Avila, “Las mujeres ‘sabias’ en al-Andalus’, en Viguera, La mujer en al-A ndalus, pp. 139-184; sobre la cuestión ofrece importantes precisiones Manuela Marín, “Parentesco simbólico y matrimonio entre los ulemas andalusíes”, AI-Qantara, XVI (1995), 335-356; además, en general: R. Roded, Women in ¡siamie Riographical Collecrions. From Ibn Sa”d to WHo’s Whos, Londres, 1994. ‘~ Similares situaciones las documenta con precisición Femando R. Mediano, ‘Una sociabilidad oblicua. Mujeres en el Marruecos moderno”, Al-Qantara, XV] (19%), 385.402.
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resto de mujeres, sin capacidad estmctural jurídica, social ni económica, inmersas en las condiciones de las mentalidades imperantes, a pesar de una figurada iniciativa emancipada que muestran unas decenas de versos que de ellas nos han quedado, evidencian una especial emancipación, sino tan sólo un pseudo2’ protagonismo, de juego social y de adorno estético Sólo una proyección pública de especial relevancia, comparable en calidad a la proyección masculina, pero menos numerosa, detectamos en algunas místicas del contexto arabo-islámico, como aquella «Sol, la Madre de los pobres» quevivía en Marchena de los Olivos, y de quien su asiduo visitante, el suf(i Ibn ‘Arabi, a comienzos del siglo XIII, recordaba 22: «No he encontrado, entre los hombres de Dios, quien se asemejara a esta mujer en el fervor con que mortificaba su propia alma. Fue grande en sus ejercicios ascéticos y en sus revelaciones místicas. Mujer fue de corazón fuerte...». El análisis de esta situación pública excepcional de las místicas23, apuntado ya en algunos estudios por A. Schimmel24, J. Elias25, G. López de la Plaza26, N. y L. Amri2’, y G.Scattolin2’, muestra el precio que Ibn ‘Arabi hubo de pagar, la acusación de heterodoxia, entre otras cosas, por «su no exclusión del género femenino ni de los niveles superiores de lajerarquía sufí ni de la esencia teológica fundamental»29. Para entender mejor qué es lo que reflejan las Crónicas, debemos insistir algo más en precisar el general apartamiento femenino de lajerarquía pública. Voy a citar un apunte ajeno, de nuevo, para esquivar la sonrisa recelosa; un pasaje, ahora, de D. Santillana, en sus lstituzioni di dir¡tto matichita30: «Si en el terreno religioso y moral musulmán la mujer es igual que el hombre, en el terreno civil, es decir político y jurídico, se la considera bastante inferior, tal y como ya señaló Ibn Jaldiin... Y especialmente en el derecho público: de acuerdo con los málikíes
Mahmud Sobh. Poetisas arábígo~andaluzas, Granada, [19851, y2 cd., 1995; Teresa Garulo, Drwan de las poetisas de al-Andalus, Madrid, 1986, y trad. árabe A. A. DadOr,Sdira¡ al-Andalus, El Cairo, 1996; M. Jesús Rubiera Mata, Poesíafemeninahispanoárabe, Madrid,1990; sobre el mareo general, incluyendo algo de las jarchas y de lo andalusí: Lucy A. Sponsler, Women in the Medieval Spanish Epic ¿zndLyric Traditions, University Press ofKentucky, 1975; Doris Earnshaw, The Female Voice in Medieval Romance Lyric, Nueva York, 1988; Pilar Lorenzo Gradín, La canción de mujer en la lírica medieval, Santiago de Compostela, 1990. 2[ M.J. Viguera, “Así ului hl-ma’ Mr On the Social Status ofAndalusí Women”, en 5K. al-Jayyusi (Ed.), The Legacy ofMuslim Spain, Leiden, 1992, 709-724. 22 Vidas de santones andaluces, traducción y estudio por Miguel Asín Palacios, Madrid, 1935; reimpresión Madrid, 1981, Pp. 180-181. 23 Aspectos generales en Barbara Newman: From Virile Woman to Woman (2/iris:: Siudies ín Medieval Religion and Literature, University of Philadelphia Press, 1995. ~ “Women in Mystical Islam”, en A. al-FIibri (Ed.), Women and Islam, Oxford, 1982, espec. págs. 146-152. “ “Female and Feminine in Islamie Mysticism”, Tje Muslim World, 78 (1988), 209-224. ‘~ al-Andalus: mujeres, sociedad y religión, Universidad de Málaga, 1992. 27 Lesfe,nmes soufies ou la passion de Dieu, St-Jean-de-Braye, 1992. ~‘ La mujer en eí ,nisricis,no islámico, en Encuentro, t 282 (octubre, 1995). ~‘ O. Lópezde la Plaza, op. cit., espec. pág. 93. ~ Roma, 1926. espee. págs. 96-97.
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y los ~áfi’íes,la mujer queda excluida, como regla, no sólo del poder supremo, sino de todos los oficios públicos; una mujer no puede ser juez, ni dirigir la oración, ni ser predicador, ni tutor matrimonial; sí puede ser tutora de los hijos, pero sólo cuando el padre la haya llamado para la tutela».
PROTAGONISMOS Y REFLEJOS TEXTUALES
Profetas, guerreros, soberanos, sabios, santos y comerciantes conocieron —en el registro culto— la plasmación por escrito de sus acciones sobresalientes en varios géneros literarios clásicos, en prosa y verso, como Crónicas, Repertorios biobibliográficos y Bellas Letras, sobre todo, que exaltaban las mentalidades al uso y difundían sus modelos, como ocurre en toda sociedad ideológica. Entre las demás fuentes textuales, las Crónicas no son excepción, y no incurren, claro está, en otorgar inexistentes protagonismos públicos a las mujeres. Las Crónicas, precisamente, se consagran a referir los actos del soberano y de los estamentos que controlan el poder público, de los dirigentes sociales, y de esta actuación, como señalamos y como es innegable, están ausentes las mujeres, reservadas al espacio privado 3t. Las Crónicas atienden de forma axiomática a los actores de la sociedad, a los hombres, y las mujeres sólo aparecerán en este tipo de textos en función de ellos, y en papeles asumidos de no protagonismo, realzándose en este tipo de fuentes textuales, especialmente, su siempre aludida carencia de preparación, condiciones y de vías de manifestación activa en esa escena pública. En significativo contraste con esta limitativa estipulación de las Crónicas, algún autor andalusí saltó tal barrera, para planteársela críticamente32. Así, y sobre todo, un pasaje del gran filósofo cordobés Averroes (m. 1198), que nos ofrece —en su extraordinario juicio contrastivo— toda la dimensión del nulo ‘protagonismo público de la mujer andalusí, pues se cuestiona»: «Si existen mujeres cuyas naturalezas se asemejan a las de cada una de las clases de ciudadanos.. o si la naturaleza de las mujeres es diferente de la de los varones. Si fuera de aquel otro modo, y desde el punto de vista de las actividades de la comunidad, la mujer debería gozar de la misma situación que el varón en este orden de cosas y así podrían ser guerreros, filósofos, jefes, etc. Si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma... resulta evidente que en dicha sociedad la mujer debe realizar las mismas labores que el varón... Sin embargo, en estas sociedades nuestras se desconocen las habilidades de las mujeres, porque en ellas sólo se utilizan para la procreación, estando por tanto destinadas al servicio de sus
N Rasssvn, ‘Women antA Domestie Poses in Moroceo”, International .Journal ofMidále Fas: SIudies, 12 1 9~O), 1711 <2 Véase es’ general: Alcain Blamires (MI Woman Dejamedaed Wo,nan Dejertded: An Mt:hotogy
cj Medieval leves, OxÑ,rd, 199% Averroes, Pixpo~ici6n de la ‘República de plutó,~, trad. y cstudiu por M, Cruz Hernández, Madrid: Íecnos,l987, págs. 57.59.
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maridos y relegadas al cuidado de la procreación, educación y crianza. Pero esto inutiliza sus otras posibles actividades. Como en dichas comunidades las mujeres no se preparan para ninguna de las virtudes humanas, sucede que muchas veces se asemejan a las plantas en estas sociedades, representando una carga para los hombres, lo cual es una de las razones de la pobreza de dichas comunidades, en la que llegan a duplicar en número a los varones, mientras que al mismo tiempo y en tanto carecen de formación no contribuyen a ninguna otra de las actividades necesarias, excepto en muy pocas, como son el hilar y el tejer, las cuales realizan la mayoría de las veces cuando necesitan fondos para subsistir». Interesantísimo texto de Averroes, cuyo, bueno, digamos ‘feminismo’ 34, quizás mejor llamarlo ‘humanismo’, es muy notable, y además nos sirve de neta confirmación acerca de cómo la actuación de la mujer en el Islam medieval, en al-Andalus en concreto, como también en el Magreb, se desenvolvíaesencialmente en la esfera privada, dentro del ámbito familiar, y que siendo la célula de la sociedad, precisamente, la familia, ésta estaba además «bajo dominio de los hombres», según puntualizó Claude Caben3>.
MUJERES EN CRÓNICAS
¿Qué reflejan las Crónicas sobre estos seres carentes de real protagonismo público? Por un lado, este tipo de fuentes consagrado al escenario cortesano, mencionan, sí, a algunas de las mujeres que allí concurren y que forman el entomo familiar, y/o el decorado lujoso o estratégico de un soberano o de un personaje. Manuela Marín lo expuso muy bien en su estudio sobre «Las mujeres de las clases sociales superiores. AI-Andalus, desde la conquista hasta finales del Califato de Córdoba»36, y asimismo Rafael Valencia puntualizó con acierto esta figuración prestada en «Presencia de la mujer en la Corte de al-Mutamid b. ‘Abbád de Sevilla»37. Así, por el mero hecho de figurar en tal entorno, conocemos al menos los nombres de esposas y concubinas, madres, hijas, a veces abuelas, nietas y hermanas de los sucesivos soberanos andalusíes: Omeyas de Córdoba38, régulos
M. ‘A, Makkí, “Contribución de Averroes a la ciencia jurídica musulmana”. Al encuentro de Averroes, ed. A,. Martínez Lorca, Madrid, 1993, Pp. 37-38; se han fijado además en ese pasaje de Averroes M. 1. Viguera. “Reflexiones históricas sobre la mujer en al-Andalus” Nueva Lectura de la mujer: crítica histórica, cd. V, Alfaro Bech y L. Taillefer de Haya. Universidad de Málaga, t995. 6384; y R. Valencia, “La mujer y el espacio público de las ciudades andalusíes”, en Ml. Calero y R. Francia, Saber y vivir: mujer. antigiledaul y medievo, Universidad de Málaga, 1996, 118-119. “ El Islam. 1: Desde los orígenes hasta el comienzo del Imperio otomano, trad, española, Madrid, 1972, pp. 122-123. 36 En Viguera (Ed,), La mujer en al-Andalus. 105-127. >‘ Ibidem, 129-139. >~ Joaquín ValIvé. “Sobre demografíay sociedad enal-Andálus (siglos VIII-XI)”, Al-A,~dal us, XLII (1977), 323-340.
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de taifas, Almorávides, Almohades y Nazaríes, y asimismo sabemos los nombres de algunas, en proporción mucho menor, mujeres de grandes familias. En general, aparte de sus nombres, poco más sabemos de ellas, a no ser que concurran determinadas circunstancias, que podemos calificar de ‘extraordinarias, y entonces, entre los resquicios de las estructuras públicas, que reglan a suimagen los hombres, alguna de estas mujeres de la Cortellegara a protagonizar algún acto en la escena política. Esa actuación medio protagonista e insólita se presenta en las Crónicas, unas veces, como una influencia notable de la mujer fascinante en el ánimo de su esposo, como fue el caso de I’timád con al-Mu’tamid, a quien —según Ibn alAbbár en su Crónica de al-Hulla al-siyará’ 39— «dominaba»; o como fue el caso del califa de Córdoba al-MustakfT, criticado porque —según el historiador cordobés Ibn Hayyán en su Mati»”0— «se dejaba mandar por una mujer perversa». Otras veces, la connotación de desorden4’ con que este hacerse notar femenino se refleja en los textos, se agudiza al presentarse pugnas entre varias mujeres del entorno de un personaje, como cuando Ibn Hayyán en el Muqtabis-02 transmite los ardides de harén para ganarse la voluntad del regio esposo, en este caso el califa ‘Abd al-Rahmán al-Násir, por cuya preferencia rivalizaron sus esposas Fátima y Mar9án, ésta última madre precisamente del heredero al-l-Iakam II, contándonos el cronista, con delectaci{on, el guirigay promovido por amor al gran Califa y al premio de su distinción, con términos significativos; dice: «Pero la maledicencia de sus esclavas-madres puso a Mar9án tras Fátima, la cual laabrumó calumniándola con envidia ahincadamente, mas, habiendo aquélla advertido lo pagada de su persona que estaba... se puso al acecho para tenderle en tal punto la trampa, humillándose para atraerle el desprecio de su señor». No pueden, como vemos, acumularse más referencias al actuar trapacero. Resulta, desde luego, que cuando estas mujeres actúan en la escena política, como tal actuación no está institucionalizada, ha de resultar y presentarse, precisa e inevitablemente, como anti-institucional, pues las Crónicas tienden a calificarías de «intrigas». Sobre las «intrigas femeninas» advierten, claro está, los tratadistas políticos, como Algacel43. Parte de estas denominadas «intrigas», en cuya descalificación suelen cebarse las Crónicas, consistieron en procurar alguna madre la sucesión soberana para un hijo propio, con juego político especialmente criticado si lo realizan las mujeres, como la sultana TarÚb y sus esfuerzos por
“Ed. H. Mu’nis, El Cairo, 1963, II. 62. Recogido por tbn ‘Iéaai, al-Rayan al-mugribilí, ed. E. L¿vi-Proven9aJ, Paris, 1930,111, 141; trad. F. Mailo, La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas, Salamanca, 1993; y por lbn Bassán,, al-DajrraJtmahdsin ahí al-?ctzfra, ed. 1. Abbás, Beirut, 1979, 8 vols, 1, 433. “ iacoWLassner: De,nonizíng rAse Queen of SAseba: Boundaríes of Gender and Culture in PostbiblicalJudaism ciad Medieval ls/am, University ofChicago Press, 1993. 42 Trad. y anotación por MS. Viguera y F. Corriente, Zaragoza-Madrid, 1981, espec. págs. 13-14. ~ E. Laoust, La pohirique de (jardín Paris, 1970, espec. págs. 151- t52.
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llevar al emirato cordobés, en pleno siglo fluX, a suhijo el emir ‘Abd Alláh
4t o los de la mujer de Almanzor, al-DalfW, calificada de «conspiradora» por actuar a favor de la carrera política de su hijo al-Muzaffar45, o las instigaciones de Qamar, concubina del emir almorávide ‘Alt b. Yñsuf, para que éste designara heredero a su hijo Sir, en 52211]28t La crítica más característica a la relativa aparición en la escena política de las mujeres se alcanza alrededor de la especial situación de la mujer almorávide, y su censura en fuentes posteriores contrarias aesa dinastía. Talcierto relieve femenino en el escenario histórico de aquella dinastía beréber se inició con Zaynab47, esposa del emir Ytisuf b. Tá~uffn, y ex-esposa del desposeído emir de Ágmát y también del emir almorávide Abú Bakr. La importancia política de esta mujer, y otros restos de matriarcalismo, fueron interpretados por fuentes almohades como fatal dejadez masculina: el Mu 9ibdel cronista pro-Almohadeal-Marráku~¡, desde su posición oficial contraria a los Almorávides4’, reprocha al emir ‘Alt no poder dominar a «los personajes almorávides que se hacían independientes.., mientras las mismas mujeres adquirían prerrogativase intervenían en los asuntos, y las más destacadas de las tribus de Lamtñna y Masúfa daban protección a cualquier provocador, malvado,bandido, dueño de taberna o de burdel. Y el descuidode los musulmanes crecía y sudebilidad aumentaba». La terminología de referencia no puede ser más expresiva, como también lo es la conexión entre «debilidad» y «poder femenino», aludido en ese pasaje cronístico recién citado, y también funcionaen otras ocasiones en que las Crónicas relacionan soberano débil con presencia notable de una madre fuerte. Ocurre en el caso del emir de la taifa de Granada, ‘Abd Alláh, el papel de cuya madre a su lado nos desvela él mismo en su Crónica autobiográfica del Tibydn49, contándonos el influjo destacado de ella, y el control y acceso que esta sultana tenía sobre el Tesoro Real; dice ‘Abd Alláh: « ‘Si el Emir [de los Almorávides] me permite ir a buscar todo en persona, lo haré, y, si no, ahí tenéis a mi madre que se encargará de ello, en compañía de hombres de confianza del soberano, a fin de que no se os escape ni una hilacha’ », añadiendo: «A continuación ordenó
Ibn Hayyán, al-Muqtabas, cd. M. ‘A. Makki, Beirut, 1973, espec. pág. 114. ~‘ Ibn ‘Idáui, al-Baydn a/-mugrih, Ití, 52-53 y 63-64. ~ Ibo al-Jailb, ¡hata, cd. M. ‘A. A. ‘Inán, El Cairo, 1973, 1, 447. ~‘ ‘A. al-Hádí al-TAu. Femmes célebres de l’Occident musulman, Casablanca, 1991; G. Camps, LAfrique du Nord auféminin. Héroi’nes du Maghreb et ch, Sahara, Paris, t992, espec. 140-150; ‘Zeíneb des Almoravides”. 48 aI-Mu’5ib, 127-128 (cfr. M.J.Viguera, I..os reinos de taifas y las invasiones magrebles. Madrid, 1992, espec. p. t86); ‘Ismat Dandat, “Adwár siyásiyya linisá’ fi dawlat al-Murábitin’, Actas del II Congreso Hispano-Marroqul(Granada. ¡989).Madrid, 1992,49-65(reprod. ensu libro: Adwd’jadFcIa ‘alá 1-marabitín, Beirut, 1991, 163-185; y de ella misma: al-Andalus ff nihayal al-murdbictn vamustajihí al-muwahhidi’n. Mr al-tawd’ifal-~dnr SIO-546/1116-i 151,Beirut, 1988, por ejemplo p. 377 (sobre Tá9 al-Nis&), y pp. 29, 316, 436 (sobre Tamima). ~ ‘Abd Alláh, El siglo XI en Ipersona. Trad. E. L¿vi-Proven9al (ob. 1956) y E. García Gómez Madrid, 1980, espec. págs. 271-275.
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a mi madre que subiera al alcázar para proceder a retirar los tesoros»; la importancia de su progenitora la remata contando cómo «Al salir de Granada, en efecto, la idea de que podía ser encarcelado me hizo temer yerme separado de mi madre, si la dejaba en el alcázar, y salí con ella sin cuidarme de la suerte de nadie más». Otra ocasión de evidente hiperactuación política materna fue la de Subh con su hijodisminuido el Califa de Córdoba Hi~am fl. Tambiénalguna Crónica refiere cómo esta sultana podía disponer a su antojo del Tesoro Real’ 0. Notemos que el entorno de dificultades de otro soberano, también final de su dinastía, y más final aún por ser el último de al-Andalus, Boabdil, permite asimismo el raro realce político de su madre”, que según el significativo tópico le recriminó por llorar como mujer al perder el poder que no supo defender como hombre. En proximidad a estas cargas negativas, está laaparición ‘agorera de la mujer de algún soberano ante una derrota, además evocada con la antipatía con que se recibe al portador de malas nuevas: la Gran Crónica de Alfonso X’2, cuenta con sospechosa parsimonia «vnas visiones que vido la rreyna doña Fatima, que llamauan lahorra, muger del rey Alboa9en. E otro si vos contara la historia como esta vision desta rreyna departio el moro Clarife el alarave, e como despues salio verdadero», refiriendo cómo el «rrey de Benamarin» pasó una velada hablando sobre el rey Alfonso XI, preguntando a un musulmán de su entorno, antes cristiano, que alabó al rey castellano, «E quando fue la noche e hora de dormir, echose el rrey [Abñ 1-Hasan] e la rreyna doña Fatima su muger. E la rreyna, yaziendo durmiendo, soño que yua vn leon e que entraua al rreal e que coma contra el rrey de Benamarin». Así participa, pues, con la mala fama del portador de desgraciadas noticias. Ni siquiera en las Crónicas se incluirá peregrina referencia, incluso legendaria, a la mujer guerrera sín cargar tales referencias de ciertas connotaciones de desprestigio”, como ocurre con el legendario pasaje de las mujeres arqueras que según la Primera Crónica General de España, en su capítulo 956M, estaban mandadas por una mora «tan aper9ebida et tan maestra de tirar del arco torqui, que era maraauilla, et por esta razon diz que llaniauan los moros en arauigo nugeymarh turquía, que quiere dezir ‘estrella de los arqueros de Turqula’» [en
Laura Bariani, “Sobre las relaciones entre Subh y Mubammad tbn Abi ‘Amiral-Mansúr, con particular referencia a su ruptura en 386-388/996-998”, Qufluba, t (1996), 39-57. “ Emilio de Santiago, ‘El final del Islam granadino”, en E. Sarasa (Edj, Fernando II de Aragón. El rey Católico, Zaragoza, 1995, 509-518, espec. p. 510, nota 3. 52 EtA. crítica por D. Catalán, Madrid, 1976, 2 vols., II. 355-361, capItulo CCXCVIII. »Reminiscencia quizás deheroicidades combatientes de mujeres almorávides, como aquellaFanníl que murió defendiendo el Qasr aI-ha5ar frente al último y definitivo ataque almohade a Marrakech, según lo cuenta al-Baydaq, Kied1.’ Ajbñr al-Mahdfwa-beidñ’dawiatai-muwahhidrn, ed. y trad. E. L¿viProvenQal, Documenís inédits dHistoire almohade, ParIs, 1928: 103 (arabie text) and 170 (french trans.). ‘~ L. P. Harvey. “Nugeyma Turquia: Primera Crónica General, Chapter 956”. Jaurnal ofSemiric Studies. XIII (1968), 232-241.
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realidad su nombre dice: «Estrellita la Tuaregs>], pero lo más significativo en todo este relato legendario es que estas doncellas guerreras son descritas como «mujeres negras, de cabellos rapados» con imagen opuesta al tipo convencional femenino del medievo cristiano, y que frente a ellas los cristianos son «todos más blancos que una nieve». Es decir, en esta descripción utilizada por los cristianos del Norte peninsular, la mujer guerrera magrebí, que figuradamente lucha contra los cristianos ante los muros de Valencia, aparece caracterizada como extraña y anormal protagonista. Pero ni siquiera el protagonismo negativo ocupa mucho espacio; son pocas las figuras femeninas que las Crónicas toman como ejemplos de ese protagonismo negativo, para amonestar sobre sus peligros, y ayudar con su discurso crítico a mantener los valores imperantes; la mayoría de las veces, estas mujeres mencionadas en las Crónicas aparecen, sencillamente, como desdibujadas comparsas del gran personaje, a quien acompañaban de modo oficial en las guerras (como las setenta mujeres que llevó Sanchuelo, hijo de Almanzor, en una campaña”), o en fiestas, adonde concurren, como no se olvida de realzar el 56 cronista , «con trajes de gala», porque el lujo —según alude Ibn Jaldún, desvelándonos la clave del planteamiento 51— «amplía la fuerza de una dinastía», y las mujeres debían exhibirlo. Poseían bienes58, contribuyendo a que sus linajes quedaran mejor representados ante la posteridad con aquellos monumentos, aspecto que también advierte Ibn Jaldñn’9. Y este papel decorativo lo cumplen también algunas servidoras y esclavas llamativas, que completan el entorno grato de los grandes personajes, y por ello las recuerdan a veces algunas Crónicas, también. Una observación más: las Crónicas enaltecen, precisamente, el protagonismo supeditado de la mujer, como fue el caso de una Zaynab, hermana del Mahdí almohade Ibn laman, el cual, gracias al trabajo de ella, hilandera, pudo subsistir, corno Las fuentes enaltecen~, convirtiéndola así en modelo femenino del auto sacrificio en pro de un próximo varón. Las Crónicas, pues, no son una excepción en sus reflejos motivados sobre la mujer, y, como el resto de la producción textual, contribuyen a mantener yajustificar la situación privada femenina, su no capacidad, ni medios, ni marco institucional, ni posibilidades, ni decoro... respecto
lbn ‘Idárí, op. cil>, U!, 72. ‘~ J. Vailvé, “Una fuente importantede la historia de al-Andalus: la ‘Historia’ deIbn ‘Askar’. AlAndalus, XXXI (1966), espec. pág. 252. “ Viguera, introd. a La mujer en al-Andalus. p. 32. nota 94. Joaquina Albarracín, “Un documento granadino sobre los bienes de la mujer de Boabdil en Mondtijar’, Actas dell Congreso de Historia de Andalucía (1976), Córdoba. 2 etA., 1982, espec. págs. 341-342; Maya Shatzmilíer. “Women and Property Rights in al-Andalus and tl,e Maghrib: Social Panenis antA Legal t)iscourse’, Islamic Lay’ onel Sociery, 23(1995), 219-257. “Viguera. introd. a La mujer en al-Andalus. p. 32, nota 97. 40 Viguera, La mujer en al-Anda&s, p. 27.
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a la actuación pública que osen emprender; por eso, el espacio que dedican a las mujeres es sólo un espacio prestado 6’.
6’ Recuérdese el certero articulo de F. Rosenthaí, ‘Fiction antA reality: Sources for the role ofsex