MUHAMMAD IX
Muḥammad IX: Abū ‘Abd Allāh
Muḥammad b. Naṣr b. Muḥammad b. Yūsuf b. Ismā‘īl b. Faraŷ b. Ismā‘īl b. Yūsuf
b. Muḥammad b. Aḥmad b. Muḥammad b. Jamīs b. Naṣr b. Qays al-Jazraŷī al-Anṣārī,
al-Gālib bi-[A]llāh, al-Aysar (el Izquierdo o el Zurdo).
Granada, c. 786 H./1384 C. – [VII.857 H.]/VII.1453 C. Emir de
al-Andalus, decimoquinto sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada.
Sultán nazarí
Biografía
Fue nieto de Muḥammad V
(1354-1359 y 1362-1391) pues su padre era Abū l-Ŷuyūš Naṣr, tercer hijo de
dicho emir, por lo que estaba emparentado con varios de los emires de su época.
Debió de nacer en Granada en un
momento que no se conoce pero que puede situarse hacia 786/1384-1385 o pocos
años antes, pues en esa fecha su abuelo Muḥammad V organizó una solemne
celebración del i‘ḏār, ceremonia de circuncisión masculina, para él
y para dos hermanos de Yūsuf III (1408-1417).
De su familia se conocen dos
esposas y tres hijas. En primer lugar, de su esposa Zahr al-Riyāḍ (Flor del
Jardín/los Jardines) (m. 835/1431-1432), hija del alcaide Abū l-Surūr Mufarriŷ,
tuvo a Umm al-Fatḥ, la mayor de sus hijas que se casaría con el futuro Muḥammad
X al-Ṣagīr, el Chiquito (1453-1454 y 1455). Su otra esposa, también llamada Umm
al-Fatḥ, era hija de Yūsuf II (1391-1392), y, por tanto, su prima hermana;
mantuvo con ella una relación muy especial, le consultaba todo y no le ocultaba
ningún secreto de Gobierno por su sabiduría y conocimiento de la política y la
sociedad. Con esta segunda sería quizás —aunque era un poco mayor—, con la que
tuvo a ‘Ā’iša y Fāṭima, la primera de las cuales (‘ Ā’iša), se
casaría con el futuro sultán Abū l-Ḥasan, Muley Hacén (1464-1482 y 1483-1485) y
sería la madre de Muḥammad XI, Boabdil (1482-1483 1487-1492), el último emir de
la dinastía y de al-Andalus.
Además de abundantes documentos
—notariales o decretos— conservados, otro testimonio de su actividad
administrativa y económica son los dinares de oro y dirhemes de plata acuñados
que han llegado hasta nuestros días.
En su juventud fue encarcelado
en el castillo de Salobreña, probablemente tras la entronización de Muḥammad
VIII (1417-1419 y 1427-1430).
Primer emirato: 1419-1427.
Su carrera política empezó con
un derrocamiento. El descontento con el visir de Muḥammad VIII el Pequeño
provocó una conspiración organizada por los alcaides de Íllora y Guadix, que se
dirigieron a Salobreña con seiscientos jinetes y el respaldo de la poderosa
familia de los Banū l-Sarrāŷ
—los célebres Abencerrajes—, liberaron a Muḥammad (IX) b. Naṣr y lo proclamaron
sultán. No obstante, cuando los sublevados llegaron a Granada, la capital se
opuso a su entrada.
Ante ello, los sublevados
solicitaron y obtuvieron una fetua que declaraba ilegítimo el emirato de
Muḥammad VIII por su minoridad. La ciudad abrió entonces las puertas al
pretendiente, que se dirigió a la Alhambra, donde el gran visir al-Amīn tuvo
que rendirse tras obtener garantía de su seguridad, pero fue ejecutado por
orden de Zahr al-Riyāḍ, la esposa del ya Muḥammad IX, para que su esposo no
violara el amán concedido al visir.
El nuevo emir envió a su
resobrino Muḥammad VIII a prisión en torno al 20 de marzo de 1419 y hacia
mediados de ese mes inició su emirato. Adoptó el laqab (sobrenombre
honorífico) de al-Gālib bi-[A]llāh (el Vencedor por [la gracia de] Dios), que
también utilizó con la variante al-Gālib bi-amr Allāh (el Victorioso por el
poder de Dios), aunque fue conocido por el sobrenombre de al-Aysar, el
Izquierdo o el Zurdo en versión de las crónicas castellanas, cabe deducir que
por poseer esta característica física.
Nombró visir Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf
b. al-Sarrāŷ, uno de los dirigentes que había organizado la sublevación para
entronizarlo y miembro de la poderosa familia de los Banū Sarrāŷ, que a partir
de entonces y hasta el final de al-Andalus ejercerían una decisiva influencia
política.
En cuanto a la política
exterior, mantuvo buenas relaciones con Castilla: confirmó la tregua vigente
que finalizaba en abril de 1421 y firmó una nueva por tres años hasta el 13 de
julio de 1424 a cambio de unas parias de trece mil doblas de oro. Ello no impidió
que se produjeran incidentes fronterizos, pero fueron resueltos por los jueces
de frontera contemplados en los tratados de tregua y no alteraron la paz
general, aunque sí fueron el origen de célebres romances fronterizos.
Finalizada esta tregua, al-Gālib
bi-[A]llāh propuso la renovación y fue aceptada por Juan II para dos años (15
de julio de 1424 a 15 de julio de 1426). A su finalización debió de renovarse
en 1426 por otros dos años, aunque no hay constancia documental de esta
renovación.
Pero Muḥammad IX también cuidó
los contactos diplomáticos con los estados islámicos norteafricanos,
especialmente con el Túnez ḥafṣí de Abū Fāris (1394-1434), que fue uno de sus
mejores apoyos en momentos difíciles, por lo que no sorprende la presencia de
un embajador extraordinario en 1421 cerca del tunecino.
Igualmente, dentro de su
política exterior y como reacción al corso portugués que castigaba las costas
nazaríes, al-Aysar intentó conquistar Ceuta (que Portugal había tomado en 1415)
en agosto y octubre de 1419, aunque sin conseguirlo.
En el interior, al-Gālib
bi-[A]llāh tuvo que hacer frente a varias revueltas. La primera, en Almería,
estuvo protagonizada por un personaje conocido como “el Santo Moro”, mezcla de
corsario, guía religioso y caudillo político que atemorizó las costas levantinas
entre 1421 y 1426. El poder e influencia de este individuo y la gravedad de sus
ataques obligaron al emir a dirigirse con su Ejército a Almería para reducirlo,
pero la ciudad le cerró las puertas y tuvo que desistir de su intento.
Otra sublevación, más peligrosa
y en la misma capital de al-Andalus, fue la de Yūsuf al-Mudaŷŷan, personaje
sufí que comenzó su propaganda religiosa en la mezquita aljama de Granada, de
donde fue expulsado por el cadí supremo Ibn Sirāŷ. Pero, en el ambiente
cultural nazarí favorable al sufismo y la veneración del Profeta, fue ganando
partidarios e incluso gozó del favor del propio emir, que le facilitó los
medios y las atarazanas para que pudiera construir barcos en los que traer a
voluntarios de allende el Estrecho para el ŷihād.
Sin embargo, cuando se hizo fuerte, se rebeló, hacia el año 834/1430 o antes,
se apoderó de algunos arrabales de Granada y del Albaicín y sus partidarios lo
proclamaron sultán, pero al-Aysar aplastó rápidamente la revuelta.
La última sublevación de este
primer reinado de Muḥammad IX fue la que lo derrocó y restauró el jueves 9 de
enero de 1427 a Muḥammad VIII el Pequeño, que se hallaba prisionero en
Salobreña. Al-Gālib
bi-[A]llāh, tras ocho años de reinado, tuvo que huir a Almería y allí se
embarcó hacia Túnez pues mantenía unas excelentes relaciones con su sultán Abū
Fāris, que lo acogió hospitalariamente en su corte y le
ofreció ayuda para recobrar el trono, objetivo que en menos de tres años
conseguiría.
No duró mucho el exilio de
al-Aysar en Túnez. Sus partidarios en al-Andalus conspiraban para restaurarlo
en el trono. Un grupo de ellos de unos treinta caballeros dirigidos por Yūsuf
b. al-Sarrāŷ, alcaide de Vera y ex-visir, huyeron de Muḥammad
VIII a Castilla. Hacia finales de 1428 o principios de 1429 dicho alcaide llegó
a la corte, en Illescas, y obtuvo el apoyo de Juan II, que, además de
prometerles su auxilio, envió un embajador a Túnez para solicitar al sultán Abū
Fāris que ayudase a Muḥammad IX a regresar.
A mediados de mayo de 1429 el
alcaide Yūsuf y otros seguidores del derrocado salieron, en una nave fletada
por el Rey aragonés, hacia Túnez, donde el sultán Abū Fāris facilitó rápidamente los medios para el regreso de
Muḥammad IX, que pronto se embarcó en Orán y llegó a Vera poco antes del 18 de
octubre de 1429.
Almería reconoció enseguida
como sultán a Muḥammad IX y, tras ella, otras zonas próximas, iniciándose así
la guerra civil. En su camino hacia Granada, al-Aysar se encontró con un
escuadrón de unos seiscientos caballeros que Muḥammad VIII había enviado al
mando de su hermano Abū l-Ḥasan ‘Alī para detenerlo; lejos de conseguirlo, la
mayor parte de los soldados granadinos decidieron unirse al pretendiente y el
resto regresó a la capital.
Al-Aysar se encontró así el
camino expedito y tras el sometimiento de Guadix, entró en la capital, donde
Muḥammad VIII se atrincheró en la Alhambra con más de quinientos hombres.
Al-Aysar asedió el recinto y, mientras tanto, iba recibiendo la adhesión de
cada vez más territorios y ciudades (Málaga, Ronda, Gibraltar).
Sin embargo, el sitiado
resistió varios meses y solicitó ayuda a Castilla en virtud de las
estipulaciones de la tregua firmada; Muḥammad IX también solicitó ayuda a Juan
II, pero mientras intentaba explotar la situación esta se resolvió: los
sitiadores excavaron una mina y cortaron el suministro de agua a la Alhambra
obligando a Muḥammad VIII a negociar su rendición, que se produjo entre
mediados y finales de marzo de 1430.
Segundo emirato: 1430-1431.
Una vez restaurado en el trono
de la Alhambra, al-Aysar, que ya actuaba como sultán emitiendo decretos desde
el 15 de rabīc II de 833/11 de enero de 1430, recluyó en la
alcazaba de Salobreña a Muḥammad VIII, derrocado por segunda vez, junto con su
hermano Abū l-Ḥasan cAlī, que había desempeñado un importante
papel en el sostenimiento de su segundo emirato (1427-1430).
Una de las cuestiones más
inmediatas era el establecimiento de un tratado de paz con Castilla, para lo
que envió una embajada a Juan II en mayo proponiéndole una tregua y
ofreciéndole ayuda militar en la lucha castellana contra Aragón y Navarra. Juan
II, que se hallaba negociando con los dos reinos cristianos, dilató su
respuesta hasta alcanzar un acuerdo con navarros y aragoneses (pacto de Majano
de 25 de julio). Entonces rechazó la propuesta andalusí y envió después un
embajador con su contrapropuesta, que era inadmisible para Granada y solo
pretendía ganar tiempo y obtener información de la situación interna del
sultanato.
El Monarca castellano empezó a
preparar la guerra y aisló a al-Gālib bi-[A]llāh internacionalmente: envió dos embajadas en diciembre
de 1430, a Abū Fāris de Túnez y a cAbd al-Ḥaqq de Fez
presionándolos para que no prestaran ayuda al emir nazarí. Por otro lado,
comenzó a hostigar la frontera andalusí; el 11 de noviembre los soldados
nazaríes cayeron en una emboscada en Colomera, aunque se resarcieron después en
Igualeja (serranía de Ronda). Mientras tanto, las relaciones con Aragón eran
cordiales y fluidas, aunque no se llegara a formalizar ningún tratado de paz.
Pasado el invierno, los
castellanos reanudaron los ataques en la primavera de 1431 y aunque el alcaide
de Baza al-Qabṣānī les infligió un fuerte descalabro el 2 de marzo,
consiguieron apoderarse de Jimena de la Frontera entre el 10 y el 13 de marzo.
Además de esta pérdida, las
escasas perspectivas de tregua y la guerra que Juan II preparaba contra
al-Andalus generaban un clima de descontento que podía desembocar en una
sublevación, sobre todo con una oposición a la espera de la ocasión para
restaurar a Muḥammad VIII el Pequeño, prisionero en Salobreña. Para al-Aysar,
el riesgo de que se repitiera su destronamiento de 1427 debía ser tan elevado
que adoptó una difícil y extremada decisión que cortaba de raíz este peligro:
ordenó ejecutar a Muḥammad VIII y a su hermano Abū l-Ḥasan cAlī
a finales de abril de 1431.
Poco después, Castilla, que
continuaba la preparación de la guerra, realizó una incursión para talar y
arrasar numerosos lugares de la Vega de Granada y Loja entre el 16 y el 22 de
mayo de 1431. Tras ello, el propio Rey castellano se dirigió con todo su ejército
contra el emirato nazarí.
Esto provocó, lógicamente, el
aumento de la tensión y malestar en el interior de al-Andalus que la oposición
a al-Aysar aprovechó para buscar un nuevo candidato al trono, que encontró en
el príncipe Yūsuf Ibn al-Mawl (Abenalmao en las crónicas castellanas). Yūsuf
era nieto materno de Muḥammad VI el Bermejo (1360-1362) y no pertenecía, por
tanto, a la línea agnaticia o masculina de los nazaríes, pero fue elegido
gracias a la campaña en su favor que organizó su cuñado Riḍwān Bannigaš, el
Gilayre de las crónicas castellanas –aunque esta identificación ha sido
cuestionada por no estar suficientemente documentada– y futuro Pedro Venegas.
Al mando del Rey, el ejército
castellano llegó el 27 de junio de 1431 a la Vega de Granada, en donde se
presentó Yūsuf Ibn al-Mawl acompañado de Gilayre, que había organizado el
encuentro; el pretendiente solicitó ayuda a Juan II para apoderarse del trono y
a cambió le ofreció su vasallaje. Esta entrevista fue el origen del celebérrimo
romance “Abenámar, Abenámar”.
El enfrentamiento general con
el ejército nazarí tuvo lugar el domingo 1 de julio de 1431, en la conocida
como batalla de la Higueruela, con resultado de una gran derrota de los
granadinos. Tras ella, el Rey castellano, acordó reconocer a Ibn al-Mawl como
sultán de Granada en vasallaje a Castilla y le ofreció su ayuda para ganar el
trono, pero no aprovechó la ventaja de su victoria puesto que pocos días
después, el 10 de julio, regresó a Castilla sin que su candidato hubiera
derrocado a Muḥammad IX al-Aysar, que seguía sin someterse a vasallaje ni pagar
parias.
Sin embargo el poder de
al-Aysar se había resentido y numerosos granadinos se unieron a Ibn al-Mawl,
que se había retirado a Córdoba con Juan II. El Rey ordenó a los capitanes de
la frontera que apoyasen militarmente la causa de Ibn al-Mawl y por ello diversas
plazas andalusíes, como Montefrío, Cambil, Alicún, Cesna, Casarabonela, Turón o
El Castellar proclamaron a Ibn al-Mawl. En Ardales, Ibn al-Mawl y el adelantado
Gómez de Ribera firmaron el acuerdo de vasallaje a Juan II, el domingo 7 de
muḥarram de 835/16 de septiembre de 1431.
El 3 de diciembre la importante
ciudad de Loja se rindió al ataque de Ibn al-Mawl. Al día siguiente, se
entregaron sin resistencia Archidona e Iznájar; finalmente, la misma capital,
reconoció a Yūsuf Ibn al-Mawl.
Al-Aysar tuvo que abandonar la
Alhambra una noche de finales de diciembre de 1431 y se dirigió a Almería,
seguido de ciento cincuenta caballeros. Se llevó consigo el tesoro real además
de una sobrina que era hermana del infante Cojo –futuro Yūsuf V– y dos hijos de
Muḥammad VIII como rehenes.
Pero enseguida comenzó su
campaña para recuperar el trono. Para ello fue decisivo el descontento y
oposición generalizada de la sociedad granadina a Yūsuf IV Ibn al-Mawl una vez
que se conocieron las tremendas condiciones impuestas por Castilla al nuevo emir.
Mientras tanto, el destronado al-Aysar, que se había refugiado en Almería
porque le era fiel, se trasladó a la cora de Rayya (Málaga) con su sobrino
Yūsuf (V) el Cojo. En Vélez-Málaga fue acogido favorablemente; luego Málaga
reconoció su autoridad y después Ronda, Setenil y Gibraltar.
Por su parte, Yūsuf IV preparó
una expedición contra su rival, para lo que solicitó la colaboración militar
castellana el 8 de febrero de 1432, pero al-Aysar se anticipó y envió a Granada
a un grupo de un millar de hombres dirigidos por su sobrino Yūsuf (V). Dicho
sobrino sitió al emir en la Alhambra y gran parte de la capital se levantó
contra Yūsuf IV; este escribió otra vez pidiendo ayuda urgente a los
castellanos y estos, junto a fuerzas leales al emir, se enfrentaron a los de
al-Aysar, pero no resolvieron la situación.
Entonces los habitantes de la
capital reconocieron a Muḥammad IX y le propusieron que volviera de Málaga, lo
que el derrocado aceptó. Tras instalarse en la alcazaba vieja, comenzó a
gobernar mientras proseguía el asedio de la Alhambra, a la que pronto entraron
sus hombres por su parte trasera y desde el Generalife. Yūsuf IV no pudo huir y
se escondió en una alacena camuflada, donde permaneció varios días hasta ser
finalmente descubierto y ejecutado.
3) tercer emirato: 1432-1445.
Iniciado entre mediados y
finales de abril de 1432, este tercero fue el más extenso de los cuatro
reinados de Muḥammad IX y en él los Banū l-Sarrāŷ volvieron a ocupar los cargos más destacados, como
el caso de Ibrāhīm b. cAbd al-Barr, gran visir, o Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ.
Durante los tres primeros años
(1432-1435), tuvo que hacer frente a una etapa de lucha fronteriza con
Castilla, que no emprendió una guerra a gran escala pero sí lanzó algaradas
contra Guadix, la vega de Málaga, Dúrcal, Alhama y conquistó Xiquena, Alicún,
Turón, Ardales, Iznájar, El Castellar, Gibraltar y Huéscar, mientras que Íllora
y Montefrío reconocieron la soberanía castellana. Por su parte, los nazaríes,
que sufrieron varias derrotas, vencieron en Coín, los dos Vélez, Vera y
Archidona, además de recuperar Gibraltar y Alicún y resistir en Álora.
A partir de 1436 se produjo un
peligroso cambio cualitativo en esta dinámica de batallas y conquistas
fronterizas: la sumisión de las propias ciudades islámicas a Castilla ante la
incapacidad de al-Aysar para proteger a sus súbditos frente a los ataques castellanos.
Estas ciudades fueron Vélez Blanco, Vélez Rubio, Galera, Castilléjar,
Benamaurel y Benzalema, todas ellas en la zona oriental de al-Andalus. Su
rendición anticipada al avance castellano les permitió ahorrarse una penosa e
inútil resistencia y obtener unas buenas condiciones a cambio de su vasallaje.
Otro golpe importante fue la
pérdida en abril de 1438 de Huelma, la plaza fuerte más importante en el sector
central de la frontera norte. En contrapartida, las tropas nazaríes obtuvieron
una aplastante victoria el 28 de julio de 1438 en Castril.
El enfrentamiento con Castilla
estaba resultando demasiado costoso y Muḥammad IX propuso una tregua que
también necesitaba el Rey cristiano por las luchas nobiliarias que agitaban su
reino. Tras seis meses de negociaciones en las que al-Aysar rechazó el vasallaje
que pretendía imponerle el Rey castellano, las treguas se acordaron por un
periodo de tres años desde abril de 1439 a cambio de unas parias de
veinticuatro mil dinares o doblas de oro, quinientos cincuenta cautivos de
guerra castellanos y el reconocimiento de la conquista castellana de algunas
localidades fronterizas.
A pesar de la tregua, el emir
nazarí era consciente de que Castilla le atacaría en cuanto pudiera, por lo que
envió una embajada al poderoso Sultán mameluco de Egipto, al-Ẓāhir Ŷaqmaq, que fue recibida en El Cairo el 23 de
raŷab de 844/17 de diciembre de 1440. Sin embargo, el soberano egipcio no
aceptó la petición de un ejército por la lejanía de al-Andalus, aunque sí envió
dinero y pertrechos.
Sin ayuda exterior, el emir de
Granada no tuvo más opción que mantener la tregua y envió a Ibrāhīm b. Sacīd al-Amīn para negociar con
Castilla la prórroga, que Juan II aceptó el 20 de marzo de 1443 por tres años
más, hasta el 15 de abril de 1446.
En cambio, la estabilidad
interior fue perturbada por una sublevación protagonizada por su sobrino Yūsuf
(V) b. Aḥmad, hijo de su hermana Fāṭima al-Ḥurra y al que las crónicas castellanas
denominan solo como “el infante Cojo” (que anteriormente los historiadores
identificaban como Muḥammad X el Cojo). Las buenas relaciones que al-Aysar
mantenía con su sobrino, cuyo prestigio había ido creciendo por sus acciones
militares, se fueron enturbiando y Fāṭima medió para que su hermano enviara a Yūsuf a
Almería como alcaide, apartándolo así de las intrigas de la capital. Pero Yūsuf
se fue haciendo cada vez más independiente y osado en Almería hasta provocar la
reacción militar de al-Aysar, que dirigió personalmente el asedio al rebelde.
La resistencia de este obligó
al Sultán a retirarse y en el camino de regreso supo que la capital y Guadix se
habían sublevado en favor de Yūsuf. Entonces al-Aysar se dirigió a Málaga, pero
las poblaciones de la zona fueron levantándose contra él y en favor del
rebelde, desde Vélez-Málaga, Coín, Ronda y la Algarbía hasta la propia capital
malagueña.
Refugiado en Álora y
Casarabonela, la sabiduría política de al-Aysar le indujo a abdicar en favor de
su sobrino Yūsuf, hacia julio de 849/1445, para detener la guerra civil. A
cambio, pudo instalarse en la Alhambra y obtuvo la concesión de Salobreña y Motril.
4) Cuarto emirato: 1447-1453.
Yūsuf V fue destronado por Ismācīl
III en 849/1446 y asesinado en Almería en 851/1447. Un mes después del crimen,
antes de que acabara ŷumādà
II/14 de agosto-11 de septiembre de 1447, Muḥammad IX recuperó el trono e Ismācīl
III se refugió en Castilla.
En este cuarto y último
reinado, al-Aysar adoptó una importante e inteligente medida política. Dado que
no tenía hijo varón, designó como heredero al príncipe Muḥammad (X) al-Ṣagīr,
“el Chiquito”, sobrino tercero suyo e hijo de Muḥammad VIII el Pequeño, al que
había destronado y ejecutado en 1431. Con ello aseguraba el apoyo de la
oposición; para consolidar el vínculo con el heredero, le concedió en
matrimonio a su hija Umm al-Fatḥ y le confirió el mando del ejército.
Con respecto a Castilla, al-Gālib bi-[A]llāh adoptó una hábil política de intervención en las
disputas internas de los castellanos y supo sacar partido de los conflictos
domésticos y exteriores apoyando a las diversas partes enfrentadas. Así, el
ejército nazarí, al mando de Muḥammad al-Ṣagīr, el Chiquito, efectuó frecuentes
incursiones en territorio cristiano que obtuvieron abundante botín y esclavos.
Juan II solicitó una tregua en octubre de 1447, que, lógicamente, Muḥammad IX
rechazó pues solo favorecía a Castilla.
De esta forma pudieron los
Nazaríes recuperar una serie de lugares que habían perdido con anterioridad,
como Gébar, Turón o Pruna. Una de las mayores victorias andalusíes se produjo
en la célebre batalla de río Verde, en al-Jazā’in (Marbella), donde los visires
Ibrāhīm b. cAbd al-Barr y Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ derrotaron
rotundamente a las tropas del alcaide de Jimena de la Frontera, Juan de
Saavedra, procedentes de Jerez, Alcalá de los Gazules, Medina Sidonia y Vejer
el domingo 11 de muḥarram de 852/17 de marzo de 1448.
El impacto de esta derrota fue
tal que, además de inspirar el conocido romance “Río Verde, río Verde”, obligó
al Rey castellano a proponer al mes siguiente otra vez treguas al emir
andalusí, que nuevamente rechazó. El acuerdo que sí firmó al-Aysar fue una
suspensión general de hostilidades con Aragón y Navarra el 25 de diciembre de
1448.
El sultán nazarí y Muḥammad
al-Ṣagīr, el Chiquito, prosiguieron sus campañas victoriosas por toda la
frontera en 1448 y 1449, desde Murcia (Hellín) a la zona occidental (Utrera)
pasando por la septentrional (Jaén, Baena) y Antequera. Igualmente, en su colaboración
con los rebeldes castellanos, un poderoso ejército nazarí, al mando de Rodrigo
Manrique, se internó profundamente en Castilla, en dirección a Montiel y saqueó
las tierras del Comendador Mayor de Castilla y todos los lugares que no eran
leales a Navarra o al citado Rodrigo Manrique. Tras ello, el ejército se
dirigió a Benzalema y la región occidental del reino, donde llegó a capturar un
botín sin precedentes de veinte mil cabezas de ganado.
Ante la imparable actividad
militar de al-Aysar, el Rey castellano, incapaz de hacerle frente mediante la
fuerza o la diplomacia, recurrió a otros medios indirectos que ya antes había
usado: la intromisión en el trono nazarí. Para ello, envió de nuevo al
derrocado Ismācīl III, que partió de Castilla y llegó a al-Andalus
en 1449. En ṣafar de 854/marzo de 1450 se estableció en la fortaleza de Comares
y la inestabilidad en las comarcas de la región propició la firma de treguas
locales entre las autoridades de ambos lados de la frontera en la zona.
Ismācīl
III, con la ayuda castellana, se apoderó de Málaga y fue proclamado allí el 19
de ṣafar de 854/2 de abril de 1450. Pero en la capital, las clases dirigentes y
el pueblo se mantuvieron leales a Muḥammad IX y los alfaquíes condenaron la
sublevación de Ismācīl III, del que habían sufrido su vasallaje a
Castilla tres años antes. Apoyado por Granada, al-Aysar, se dirigió con su
ejército y con Muḥammad al-Ṣagīr a Vélez-Málaga, que tomó a mediados [15] de
rabīc II de 854/[28] de mayo de 1450. El jueves 15 de ŷumādà I/26 de junio conquistaron Málaga forzando a Ismācīl
III a refugiarse en la Alcazaba y Gibralfaro. Las reiteradas llamadas del
rebelde a los castellanos, sin resultado efectivo, no impidieron que al-Aysar
tomara las atarazanas y negociara con los partidarios de Ismācīl III
la rendición de las dos alcazabas y Gibralfaro.
El emir subió a la alcazaba
malagueña el sábado 17 de ŷumādà
I/28 de junio acompañado de todos sus alcaides y los notables de la capital,
mientras una muchedumbre de Málaga y de su Algarbía acudía a su presencia. A la
segunda noche, Ismācīl III pereció, probablemente ejecutado por
orden de al-Aysar.
Recuperada la estabilidad,
Muḥammad al-Ṣagīr, el Chiquito, instalado en la alcaidía de Almería, efectuó
diversas campañas militares victoriosas en 1450 y 1451 por la frontera
oriental, contra tierras murcianas, mientras Muḥammad IX gobernaba desde la Alhambra
y se ocupaba de mantener la alianza con el Rey navarro y el apoyo a los nobles
murcianos partidarios de Navarra y enfrentados al Rey de Castilla.
La serie de éxitos nazaríes
acabó en 1452 con una derrota en la frontera sevillana por la traición de un
desertor y, sobre todo, con el desastre de la batalla de los Alporchones
(batalla de Lorca en las fuentes árabes) el viernes 25 de ṣafar de 856/17 de
marzo de 1452, donde cayeron los principales militares de Granada y numerosos
alcaides de ciudades como Baza, Vera, los Vélez, Purchena y Almería.
Esta derrota, junto a otras
razones, indujeron a establecer una tregua con Castilla que al-Aysar firmó
junto con su heredero Muḥammad al-Ṣagīr por cinco años, con inicio el 1 de
septiembre de 1452.
Apenas un año después, Muḥammad
IX al-Aysar falleció, según la misiva oficial del gran visir Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ fechada en 24 de julio de 1453. Murió a avanzada
edad —más de sesenta y nueve años— tras una vida agitada y prolífica, con
enemigos tan poderosos como Juan II de Castilla. A pesar de todo ello y los
tres destronamientos que sufrió, recuperó siempre el trono rápidamente, gobernó
durante casi veintinueve años en cuatro reinados y consiguió morir como emir en
el trono.
El balance global de su figura
lo sitúa como uno de los principales emires andalusíes del siglo XV y uno de
los actores influyentes en la política de la Península Ibérica de su época.
Presenta como aspecto negativo su inicial asalto al poder que provocó un
debilitamiento de la autoridad central andalusí y un desgaste de la institución
emiral con las consiguientes luchas dinásticas. Su principal logro fue mantener
en muy difíciles circunstancias la soberanía andalusí y defender los intereses
del emirato nazarí frente a Castilla, a diferencia de otros emires que, además
de someterse a vasallaje y a unas exigencias leoninas, eran meros títeres en
manos del Rey castellano, como el caso de Yūsuf IV.
Bibliografía
A. Benavides, Memoria
sobre la guerra del Reino de Granada, y los tratos y conciertos que precedieron
á las capitulaciones de la ciudad, leída en la Real Academia de la Historia por...
Madrid, Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1852, pág. 41
P. de Gayangos, “De los Beni
Nasr ó Naseríes de Granada”, en Ilustraciones de la Casa de Niebla por
Alonso Barrantes Maldonado, Memorial Histórico Español, X, Madrid, Real
Academia de la Historia, 1857, vol. II, apéndice B, págs. 554-556, 560-561
E. Lafuente y Alcántara, Inscripciones
árabes de Granada, precedidas de una reseña histórica y de la genealogía
detallada de los reyes Alahmares, Madrid, Imprenta Nacional, 1859 (ed. B.
López García, (comp.), Textos y obras clásicas sobre la presencia del
Islam en la historia de España, Cd-ROM, Madrid, Fundación Histórica Tavera,
1998), págs. 43-45, 72-73
H. de Baeza, Las cosas
que pasaron entre los reyes de Granada desde el tiempo de el rey don Juan de
Castilla [...], ed. en E. Lafuente Alcántara, Relaciones de algunos
sucesos de los últimos tiempos del Reino de Granada, Madrid, Sociedad de
Bibliófilos Españoles, 1868, págs. 1-2
J. Amador de los Ríos, Las
tréguas [sic] celebradas en 1439 entre los reyes de Castilla y de Granada...,
Madrid, 1879, [18711] (ed. facs. Valencia, 1998)
Á. García de Santa María, Crónica
de don Juan II de Castilla (1420-1434), COdOIN, 99-100, Madrid, 1891, vol.
II, págs. 30-31, 203-207, 364-366, passim
A. Giménez Soler, La
Corona de Aragón y Granada. Historia de las relaciones entre ambos reinos,
Barcelona, Imprenta Casa Provincial de Caridad, 1908, págs. 344-345
J. Ribera y Tarragó y M. Asín
Palacios, Manuscritos árabes y aljamiados de la biblioteca de la Junta,
Madrid, Centro de Estudios Históricos, 1912, págs. 261-262
Nubdat al-caṣr
fī ajbār mulūk Banī Naṣr aw taslīm Garnāṭa wa-nuzūḥ al-andalusiyyīn ilà
l-Magrib (= Fragmento de
la época sobre noticias de los reyes nazaritas o capitulación de Granada y
emigración de los andaluces a Marruecos), ed. A. al-Bustānī, trad. C. Quirós, Larache: Instituto General Franco
para la Investigación Hispano-Árabe, 1940, págs. 5/7, 76-78/[58-61]
Crónica de don Álvaro de Luna, ed. J. de M. Carriazo, Madrid, Espasa Calpe, 1940,
págs. 128-141
G. Díez de Games, El
Victorial. Crónica de don Pero Niño, conde de Buelna, ed. J. de M.
Carriazo, Madrid, Espasa Calpe, 1940, págs. 333-337
A. Bustani, “Tres cartas árabes
del último período del Reino de Granada que se conservan en el archivo del
Marqués de Campo Real de Jerez de la Frontera”, en Mauritania, 181,
(1942), págs. 370-372
E. García Gómez, “Ibn Zamrak,
el poeta de la Alhambra (siglo XIV)”, en E. García Gómez, Cinco poetas
musulmanes. Biografías y estudios, Madrid, Espasa Calpe, 19592 [19441],
pág. 221
J. de M. Carriazo, “Cartas de
la frontera de Granada”, en Al-Andalus, 11 (1946), págs. 77-83
L. Seco de Lucena Paredes, “La
familia de Muḥammad X el Cojo, rey de Granada”, en Al-Andalus, 11
(1946), págs. 379-389
P. Carrillo de Huete, Crónica
del Halconero de Juan II, ed. J. de M. Carriazo, Madrid, Espasa Calpe,
1946, págs. 70, 91, 122, passim
L. Barrientos, Refundición
de la crónica del Halconero por el Obispo don Lope Barrientos, ed. J. de M.
Carriazo, Madrid, Espasa Calpe, 1946, págs. 101, 115, 128, passim
L. Seco de Lucena Paredes, “El
baño árabe de Šawṭar en Granada”, en Al-Andalus, 12 (1947), págs.
211-213
L. Seco de Lucena Paredes, “La
sultana madre de Boabdil”, en Al-Andalus, 12 (1947), págs. 359-390
J. de M. Carriazo, “Un alcalde
entre los cristianos y los moros, en la frontera de Granada”, en Al-Andalus,
13 (1948), págs. 35-96
Crónica del rey don Juan,
segundo deste nombre en Castilla y en Leon, en Crónicas de los Reyes de Castilla desde
don Alfonso el Sabio hasta los Católicos don Fernando y doña Isabel,
ed. C.
Rosell, BAE, 68, Madrid, Atlas, 1953, vol. II, págs. 405, 449, 503, passim
M. cA. A. cInān,
“Watīqa andalusiyya qaštāliyya min al-qarn al-tāsic al-hiŷrī“,
en Revista del Instituto de Estudios Islámicos en Madrid, 2 (1954),
págs. 41-45 y 47-54
L. Suárez Fernández, Juan
II y la frontera de Granada, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas (CSIC), Valladolid, Universidad, 1954, pág. 39
cA. al-cA. al-Ahwānī, “Sifāra siyāsiyya min
Garnāṭa ilà l-Qāhira fī l-qarn al-tāsic al-hiŷrī (sanat 844)”,
en Maŷallat Kulliyyat al-Ādāb bi-Ŷāmicat al-Qāhira,
16/1 (1954), págs. 95-121 (reseña L. Seco, en Al-Andalus, 8 [1943],
págs. 239-241
reed. en Ājir ayyām,
págs. 145-168)
L. Seco de Lucena Paredes,
“Nuevas rectificaciones a la historia de los naṣrīes”, en Al-Andalus,
20 (1955), págs. 381-405
L. Seco de Lucena Paredes,
“Viaje a Oriente. Embajadores granadinos en El Cairo”, en Miscelánea de
Estudios Árabes y Hebraicos, 4 (1955), págs. 14-16
L. Seco de Lucena Paredes, “Las
campañas de Castilla contra Granada en los años 1430-1431”, Revista del
Instituto Egipcio de Estudios Islámicos en Madrid, 4 (1956), págs. 79-80,
92, 113-120
Historia de la Casa Real de
Granada, ed. J. de Mata Carriazo, “La
“Historia de la Casa Real de Granada”, anónimo castellano de mediados del siglo
XVI”, en Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, 6 (1957), págs.
7-56
F. de la Granja, “La Maqāma de
la peste del alfaquí cUmar de Málaga”, en Al-Andalus,
23 (1958), págs. 107-125 (reed. en F. de la Granja, Maqâmas y risâlas
andaluzas. traducciones y estudios, Madrid, Hiperión, 1997 [IHAC, 19761],
págs, 211-212, 216)
L. Seco de Lucena Paredes, “Más
rectificaciones a la historia de los naṣrīes. Un sultán llamado Muḥammad el
Chiquito”, en Al-Andalus, 24 (1959), págs. 275-295
J. Torres Fontes, Xiquena,
castillo de la frontera, Murcia, Academia de Alfonso X el Sabio, 1960,
págs. 53-58, 64-73
J. Torres Fontes, “Nuevas
noticias acerca de Muḥammad VIII “el Pequeño”, rey de Granada”, en Miscelánea
de Estudios Árabes y Hebraicos, 9 (1960), págs. 129-132
L. Seco de Lucena Paredes,
“Nuevas noticias acerca de los Mufarriŷ“, en Études d'Orientalisme
dédiées à la mémoire de Lévi-Provençal, París, Maisonneuve, 1962, págs.
302-303
J. Torres Fontes, “La
intromisión granadina en la vida murciana (1448-1452)”, en Al-Andalus,
27 (1962), págs. 105-154
R. Castrillo, “Salobreña,
prisión real de la dinastía naṣrī“, en Al-Andalus, 28 (1963), págs.
466-467
H. Livermore, “Notas sobre la
historia de Granada. El segundo Rey Chico, Muḥammad XI, y la sucesión de la
casa de Abū Naṣr Sacd. 1452-1456”, en Al-Andalus, 28
(1963), págs. 332-335
al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb
min guṣn al-Andalus al-raṭīb, ed. I. cAbbās, Beirut, Dār
Ṣādir, 1968, vol. IV, págs. 507-510, VI, 155-162
A. García de Santa María, Le
parti inedite della “Crónica de Juan II” di Álvar García de Santa María,
ed. D. Ferro, Venecia, Consiglio Nazionale delle Ricerche, 1972, págs. 213-214,
216, 218
R. Arié, L’Espagne
musulmane au temps des naṣrides (1232-1492), París, de Boccard, 1973,
(reimp. con addenda, 1990), págs. 131-140
L. Seco de Lucena
Paredes, Muḥammad IX sultán de Granada, ed. C. Castillo, Granada,
Patronato de la Alhambra, 1978
Ibn al-Azraq, Badāci'
al-sulk fī ṭabāci' al-mulk, ed. cA. al-Naššār,
Bagdad, 1978, vol. I, pág. 120
al-Maqqarī, Azhār
al-riyāḍ fī ajbār cIyāḏ, ed. M. al-Saqā y otros, Rabat,
Ṣundūq Iḥyā' al-Turāṯ al-Islāmī, 1978-1979 (reimp. El Cairo, 1939-1942, vols.
I-III), vol. I, págs. 50-53, 125, passim
J. Torres Fontes, “Las
relaciones castellano-granadinas desde 1416 a 1432. I. Las treguas de 1417 a
1426”, Cuadernos de Estudios Medievales, 6-7 (1978-1979), págs.
303-308, 311 [y “II. 1427-1430”, en Relaciones exteriores del Reino de
Granada. IV Coloquio de historia medieval andaluza, ed. C. Segura Graíño,
Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 1988 (=RERG), pág. 89]
M. Ibn Šarīfa
[Bencherifa], Al-Basṭī. Ājir Šucarā' al-Andalus, Beirut,
Dār al-Garb al-Islāmī, 1985, págs. 167-173
J. E. López de Coca Castañer,
“El reino de Granada (1354-1501)”, en Historia de Andalucía. III.
Andalucía del Medievo a la Modernidad (1350-1504), dir. A. Domínguez Ortiz,
Madrid, Cupsa, Barcelona, Planeta, 1980, págs. 336-347
J. E. López de Coca Castañer,
“Revisión de una década de la historia granadina, 1445-1455”, Miscelánea
de Estudios Árabes y Hebraicos, 29-30 (1980-1981), págs. 61-90
J. Abellán Pérez, “Un documento
sobre el infante granadino Yūsuf b. Muḥammad b. al-Mawl”, en Andalucía
Islámica. textos y Estudios, 2-3 (1981-1982), págs. 189-193
Ājir
ayyām Garnāṭa wa-huwa kitāb nubdat al-caṣr fī
inqiḏā'
dawlat Banī Naṣr, ed. M. R. al-Dāya, Damasco, Dār Ḥassān, 1984, págs. 46, 169, 172-174
J. E. López de Coca Castañer,
“Noticias sobre el reino nazarí de Granada en una fuente florentina: el diario
de Luca di Maso degli Albizzi (1429-1430)”, en Presencia italiana en
Andalucía. Siglos XIV-XVII. Actas del I Coloquio Hispano-Italiano, Sevilla,
Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1985, págs. 135-136
J. Abellán Pérez, “Jerez, las
treguas de 1450 y la guerra civil granadina”, en Estudios sobre Málaga
y el Reino de Granada en el V Centenario de la conquista, Málaga,
diputación Provincial, 1987, págs. 9-17
M. cA. A. cInān, Nihāyat al-Andalus wa-ta'rīj al-carab
al-mutanaṣṣirīn, El Cairo, Laŷnat al-ta'līf
wa-l-tarŷama wa-l-našr, 1987 (reimp. 19663), págs. 161-162
Ibn Furkūn, Dīwān,
ed. M. Ibn Šarīfa [Bencherifa], Casablanca, Akādīmiya al-Mamlaka al-Magribiyya, 1987, págs. 19,
171-173
al-Qaysī [al-Basṭī], Dīwān,
ed. Ŷ. Šayja y M. al-Ṭarabulsī, Túnez, Bayt al-Ḥikma, 1988, págs. 347-349,
178-179
Ibn cĀṣim, Ŷannat al-riḍà fī l-taslīm li-mā qaddara
Allāh wa-qaḏà,
ed. Ṣ. Ŷarrār, Ammán, Dār al-Bašīr, 1989, vol. I, págs. 186-189,
304-311, passim
M. Morfakidis y E. Motos
Guirao, “Un pasaje de Laonicos Calcocondylas relativo a la batalla de la
Higueruela y a sus consecuencias inmediatas”, en RERG, 1988, págs.
71-82
M. Á. Ladero Quesada, Granada.
Historia de un país islámico, Madrid, Gredos, 19893, págs.
173-184
Ṣ. Ŷarrār, “Al-awḏāc al-siyāsiyya
fī caṣr al-mu'allif [Ibn cĀṣim]”, en Ibn cĀṣim, Ŷannat
al-riḍà, vol. I, págs. 16-29, passim
L. P. Harvey, Islamic
Spain, 1250 to 1550, Chicago, London, University Chicago Press, 1990,
págs. 246-247, 250-254, 256-259
J. E. López de Coca Castañer,
“Castilla, Granada y la tregua de 1443”, en Estudios de Historia
Medieval. Homenaje a Luis Suárez, Valladolid, Universidad, 1991, págs.
301-313
Ajbār al-caṣr fī inqiḏā' dawlat Banī Naṣr, ed. H. Mu'nis, El Cairo, Al-Ŷamc al-taṣwīrī
wa-l-taŷhīz, 1991, pág. 78
J. Vallvé, “Cosas que pasaron
en el Reino de Granada hacia 1448”, Boletín de la Real Academia de la
Historia, 189 (1992), págs. 251-60
M. Charouiti Hasnaoui, “Nuevos
datos sobre los últimos naṣríes extraídos de una fuente árabe: Yunnat
al-riḍà de Ibn cĀṣim”, en Al-Qanṭara, 14/2
(1993), págs. 469-477
C. Castillo Castillo, “La
conquista de Gibraltar en el Dīwān de cAbd
al-Karīm al-Qaysī”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos,
42-43 (1993-1994), págs. 73-80
M. I. Calero Secall y V.
Martínez Enamorado, Málaga, ciudad de al-Andalus, Málaga,
Universidad-Ágora, 1995, págs. 244-245, 368-372
C. Castillo Castillo, “Más
elegías de al-Qaysī por pérdidas granadinas”, en Homenaje al Profesor
José María Fórneas Besteiro, Granada, Universidad, 1995, vol. I, págs.
112-113
M. Espinar Moreno y J. J.
Quesada Gómez, “Precisiones a las campañas de Juan II contra el Reino de
Granada (abril-julio de 1431)”, en Homenaje al Profesor José María
Fórneas Besteiro, Granada, Universidad, 1995, vol. II, págs. 735-755
M. Charouiti Hasnaoui, “La
intervención de la mujer en la vida política granadina durante la primera mitad
del siglo XV”, en Estudios de frontera. Alcalá la Real y el Arcipreste
de Hita, coord. F. Toro Ceballos y J. Rodríguez Molina, Jaén, Diputación,
1996, págs. 326-334
F. Muriel Morales, “Tres cartas
de la cancillería de Muḥammad IX de Granada”, en Al-Andalus-Magreb,
5 (1997), págs. 177-184
M. Marcos Aldón y J. Á. Marín
Ramírez, “La embajada de Diego Fernández de Zurita al sultán Muḥammad IX de
Granada”, en Al-Andalus-Magreb, 5 (1997), págs. 61-73
J. E. López de Coca Castañer,
“Acerca de las relaciones diplomáticas castellano-granadinas en la primera
mitad del siglo XV”, en Revista del Centro de Estudios Históricos de
Granada y su Reino, 12 (1998), págs. 24-30
J. E. López de Coca Castañer,
“Granada y la expansión portuguesa en el Magreb Extremo”, en Historia.
Instituciones. Documentos, 25 (1998), págs. 356-358
R. Salicrú i Lluch, El
sultanat de Granada i la Corona d'Aragó, 1410-1458, Barcelona, CSIC, 1998,
págs. 165-212, passim
J. A. García Luján, “Las
treguas con Granada de 1439”, Qurṭuba. Estudios Andalusíes, 3
(1998), págs. 39-45
Documents per a la història de
Granada del regnat d'Alfons el Magnànim (1416‑1458), ed. R. Salicrú i Lluch, Barcelona, CSIC, 1999, págs.
185, 203, 305-306, passim
J. de Arquellada, Sumario
de proezas [...], ed. E. Toral Peñaranda, Jaén, Instituto de
Estudios Giennenses, 1999, págs. 149, 155 (ed. parcial M. González
Jiménez, Anales de Jaén, Granada, Universidad, 1996, págs. 24, 34)
F. Vidal Castro, “Decadencia y
desaparición (1408-1492)” (“Historia política”, cap. IV), en M.ª J. Viguera
Molins, (coord.), El Reino Nazarí de Granada (1232-1492). Política,
instituciones. Espacio y economía, Historia de España Menéndez Pidal, vol.
VIII-III, Madrid, Espasa Calpe, 2000, págs. 156-174, 178-182
F. Vidal Castro, “Una década
turbulenta de la dinastía nazarí de Granada en el siglo XV: 1445-1455”, en C.
del Moral, (ed.), En el epílogo del Islam andalusí: La Granada del
siglo XV, Granada, Grupo de Investigación Ciudades Andaluzas bajo el Islam
(Univ. de Granada), 2002, págs. 80-99
J. E. López de Coca Castañer,
“Fernando Álvarez de Toledo, capitán de la frontera de Jaén (1434-1437)”,
en Anuario de Estudios Medievales, 33 (2003), págs. 643-666.
Autor/es