lunes, 23 de marzo de 2026

PESCADO FRITO CRUJIENTE CON ALIOLI CASERO

 

PESCADO FRITO CRUJIENTE CON ALIOLI CASERO

En esta receta utilice filetes de bacalao congelado que luego descongele, también puedes usar cualquier otro pescado blanco de carne firme, como fletan, tilapia o incluso merluza.

Para preparar la masa es importante usar cerveza bien fría. Esto la mantendrá fría, lo que le dará al pecado esa textura ligera y crujiente al freírlo en aceite caliente. También se `puede usar agua con gas o soda si lo deseas.

 

Ingredientes

½ taza de aceite de oliva virgen extra

2 filetes de bacalao de 200 gr cada un

180 gr de harina

4 gr de levadura en polvo o (1 cucharadita)

240 ml de cerveza bien fría

2 cucharadas de perejil fresco picado

1 cucharadita de orégano seco

¼ de cucharadita de comino molido

½ cucharadita de ralladura de limón

Sal

Pimienta negra recién molida

Para el alioli casero:

120 gr de mayonesa

1 cucharadita de mostaza Dijon

1 diente de ajo rallado finamente

½ cucharadita de pimentón dulce

1 cucharadita de jugo de limón natural

1 cucharadita de aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta negra reciben molida

 

Elaboración

Colocamos los filetes de bacalao sobre papel de cocina absorbente, y le damos unas palmaditas para secarlos, luego sazonamos con sal y pimienta negra recién molida por ambo lados, y cortamos cada filete en trozos de 1,20 centímetros de grosor.

En un bol grande, añadimos la harina, junto con la levadura en polvo, mezclamos muy bien y hacemos un hueco en el centro, añadimos la cerveza helada, el perejil picado, el orégano seco, el comino m olido, la ralladura de limón y salpimentamos al gusto. Mezclamos todo muy bien hasta que todos los ingredientes estén bien integrados, sin batir en exceso. En otro bol aparte añadimos 80 gramos de harina.

Calentamos en una sarten grande, el aceite de oliva virgen extra.

Mientas se calienta el aceite, agregamos los trozos de bacalao al tazón de la harina, mezclamos suavemente, hasta que cada trozo este bien cubiertos.

Una vez que el aceite este bien caliente, agregamos los trozos de pescado, asegurándonos de sacudir el exceso de rebozado. Deben quedar todos en una sola capa y espaciados uniformemente , así lo cocinamos mejor por tandas para no sobrecargar la sarten. Freímos durante 3 minutos por cada lado o hasta que estén dorados y crujientes, luego lo transferimos a un plato con papel absorbente de cocina para quitar el exceso de aceite.

Para prepara el alioli de mayonesa, agregamos la mayonesa en un bol, junto con la mostaza Dijon, el ajo rallado (o majado), el pimentón dulce, el jugo de limón y el aceite de oliva virgen extra, salpimentamos al gusto y batimos para la integración de todos los ingredientes en el alioli.

Colocamos la mayonesa de alioli en una bol o mortero para servir y decoramos con el pescado alrededor.

Servir inmediatamente.

¡Buen provecho!

SUSPIROS DE MONJAS

 

SUSPIROS DE MONJA

Ingredientes

200 gr de mantequilla

400 gr de azúcar

5 huevos

500 ml de agua

500 gr de harina

Ralladura de limón (piel)

Aceite de oliva

Azúcar glas

 

Elaboración

En una cacerola, vertemos el agua y dejamos hervir. Agregamos la mantequilla, el azúcar y la ralladura de limón. Cuando empiece a hervir retiramos la piel de limón.

Agregamos poco a poco la harina sin dejar de remover con una cuchara de madera. Una vez vertida toda la harina, cocinamos por 15 minutos.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar. Agregamos los huevos uno a uno mientras removemos continuamente.

Amasamos la masa y extendemos sobre la superficie de trabajo. Cortamos en pequeños dados, dándoles formas redonditas con las palma s de las manos.

En una sarten calentamos el aceite de oliva, ponemos al fuego y calentamos, una vez caliente vamos sumergiendo las bolitas hasta que estén dorados por todos lados.

Retiramos y colocamos sobre un plato o fuente con papel absorbente de cocina para quitar el exceso de aceite.

Espolvoreamos con azúcar glas.

Si deseas lo puedes rellenar con crem a pastelera del sabor que desees, yo los he elaborados y rellenado con crema pastelera sabor a limón.

¡Buen provecho!

MUHAMMAD X

 

MUHAMMAD X

Muḥammad X: Abū cAbd Allāh Muḥammad b. Muḥammad b. Yūsuf b. Yūsuf b. Muḥammad b. Yūsuf b. Ismācīl b. Faraŷ b. Ismācīl b. Yūsuf b. Muḥammad b. Aḥmad b. Muḥammad b. Jamīs b. Naṣr b. Qays al-Jazraŷī al-Anṣārī, al-Manṣūr bi-[A]llāh, al-Ṣagīr (el Chiquito). Granada, c. 1428 – Granada, 1455 (emirato 1453-1454 y 1455). Emir de al-Andalus, decimonoveno sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada, precedido por Muḥammad IX y sucedido por Sacd.

Sultán nazarí

Biografía

Nació en Granada en una fecha situada entre finales de 1427 y 1430, pues su padre, Muḥammad VIII el Pequeño (1417-1419 y 1427-1430), estuvo preso en Salobreña desde que tenía unos nueve años hasta enero de 1427 y volvió a ser recluido en marzo de 1430. Durante ese mismo periodo nacería un hermano del biografiado que junto con él son los dos hijos de Muḥammad VIII el Pequeño que el emir Muḥammad IX al-Aysar (1419-1427, 1430-1431, 1432-1445 y 1447-1453) se llevó a Almería como rehenes en 1431-1432, cuando fue derrocado por Yūsuf IV Ibn al-Mawl (1432).

Nieto de Yūsuf III (1409-1417) y tataranieto del gran Muḥammad V (1354-1359 y 1362-1391), recibió el apelativo de al-Ṣagīr, el Pequeño, probablemente para distinguirlo de su homónimo y coetáneo de mayor edad Muḥammad IX, aunque algunas fuentes cristianas señalan que era para distinguirlo de Ismācīl IV (1462-1463). El apelativo fue adoptado por las fuentes cristianas traduciéndolo como el Chico, el Chiquito o el Chequillo, denominaciones que volverían aplicarse decenios después a Muḥammad XI, Boabdil.

Las primeras noticias directas sobre su vida coinciden con el inicio de su actividad política, que tuvo lugar en el cuarto emirato de Muḥammad IX al-Aysar (1447-1453). Las fuentes árabes nazaríes de la época consideran que este “príncipe victorioso” fue un don de Dios a dicho emir, que tomó la sabia decisión de designar heredero a su sobrino tercero Muḥammad (X) al-Ṣagīr o el Chiquito, que por entonces apenas alcanzaba los veinte años de edad. La elección se fundamentaba en sólidos argumentos y tuvo excelentes consecuencias: el emir no tenía hijo varón que pudiera reclamar el Trono, el Chiquito era hijo de Muḥammad VIII (que había sido ejecutado en 1431 por al-Aysar) y por esto se producía la reconciliación y se conseguía el apoyo de la oposición “legitimista” partidaria del Pequeño y hasta entonces constante amenaza al poder de al-Aysar.

Para sellar la alianza y consolidar los vínculos, Muḥammad (X) contrajo matrimonio con una de las hijas del sultán al-Aysar, Umm al-Fatḥ. Igualmente importante fue que asumió el mando del ejército. No obstante, en contra de lo que señalan las fuentes cristianas que lo llaman “rey” al mismo tiempo que a Muḥammad IX, no pudo ser proclamado sultán hasta la muerte del emir oficial, si bien ejerció muchas de sus funciones por delegación dada la avanzada edad de al-Aysar, de cuya absoluta confianza gozaba. De hecho, el papel de Muḥammad (X) al-Ṣagīr en este periodo fue fundamental para el fortalecimiento del poder central andalusí, la estabilidad política del Trono y la consecución de objetivos y triunfos militares.

Como jefe del Ejército, dirigió numerosas incursiones en territorio castellano que obtuvieron abundante botín y esclavos a lo largo de 1447 y, tras el rechazo nazarí de la solicitud de treguas por Castilla, sumida en divisiones internas, prosiguió su intensa actividad militar durante 1448 y 1449. El ejército nazarí efectuó una serie de campañas victoriosas por toda la frontera, desde Murcia (Hellín) a la zona occidental (Utrera) pasando por la septentrional (Jaén, Baena) y Antequera; además de debilitar al enemigo mediante la destrucción de campos y aldeas, obtuvo una gran cantidad de botín, ganado y esclavos.

Muḥammad (X) al-Ṣagīr realizó otra intervención importante entre rabīc II y ŷumādà I de 854/mayo y junio de 1450 cuando Juan II, incapaz de detener militar o diplomáticamente las campañas andalusíes, envió una vez más un pretendiente refugiado en la corte castellana, Ismācīl III, para provocar divisiones internas y ocupar el Trono nazarí. La reacción de al-Aysar contó con el apoyo del Chiquito y acabó con la sublevación del aspirante, que se había apoderado de Málaga y otras localidades de la región.

A partir de entonces y mientras al-Aysar seguía gobernando desde la Alhambra, Muḥammad (X), ya como gobernador de Almería —cuya alcaidía solían ocupar los príncipes herederos nazaríes en la cuarta etapa nazarí—, desarrolló una nueva serie de campañas militares que también fueron exitosas; desde su posición en la parte oriental de al-Andalus, dirigió numerosas incursiones hacia tierras murcianas y atemorizó a las comarcas valencianas más próximas a la frontera. Además de botín, en una de las expediciones, se llevó con él gran número de mudéjares del valle de Ricote.

Además, en este periodo y como gobernador de Almería, realiza cierta actividad diplomática (recibe al mismo tiempo que el emir las reclamaciones de cautivos y presos cristianos en la zona de Almería). En relación con esto, hay que destacar que también firmó, junto con Muḥammad IX, la tregua con Castilla en agosto de 1452.

Al año siguiente al-Aysar murió y fue entronizado el ya Muḥammad X, con una edad en torno a los veinticinco años. Ambas noticias fueron comunicadas por el gran visir Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ en una carta fechada el 24 de julio de 1453 y dirigida al concejo de Sevilla y otros lugares de la frontera, como Alcalá la Real.

Adoptó el sobrenombre honorífico de al-Manṣūr bi-[A]llāh (el Victorioso por Dios) y su primera actuación fue de carácter diplomático: envió la citada carta en la que manifestaba su decisión de mantener la tregua vigente e informaba de que ya había tomado las medidas oportunas para ello al tiempo que pedía lo mismo a la otra parte. Los castellanos también siguieron manteniendo la paz, tanto el rey Juan II como, posteriormente, a partir de 1454, su sucesor Enrique IV el Impotente.

A pesar de la situación de estabilidad y sucesión ordenada que había dejado el anterior emir al-Aysar, el asentamiento en el Trono de Muḥammad X fue complicado porque la mayor parte de la población estaba a favor del príncipe Sacd, nieto de Yūsuf II, hasta el punto de que, según las noticias llegadas a la frontera castellana, se preveía que hubiese algún movimiento político en Granada.

Ello no impidió que el nuevo emir se ocupara de la administración del Estado y así lo indican la acuñación de moneda que ordenó (se ha conservado un dinar de oro batido a su nombre) y los decretos que emitió, como el dahír concediendo diezmos a la población de Huércal a mediados [15] de šacbān de 857/[21] de agosto de 1453.

Las previsiones de “movimiento” se cumplieron y, en circunstancias que desconocemos, se produjo un relevo en el poder. El mismo gran visir Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ comunicó nuevamente a Sevilla la noticia, en una carta fechada el 19 de agosto de 1454 donde informaba de que Muḥammad X había abdicado en favor de Sacd.

Sin embargo, su alejamiento del poder duró muy poco tiempo y enseguida recuperó el Trono pues a finales de 1454 o, más probablemente, en enero de 1455, Sacd fue derrocado y expulsado de Granada por Muḥammad X. No se conocen las razones ni el desarrollo de los acontecimientos que desembocaron en este nuevo vuelco en la posesión de la Alhambra, aunque sí se sabe que antes del día 20 de enero de 1455 comenzó el segundo reinado de Muḥammad X.

Por su parte, Sacd se refugió en Casarabonela y se hizo vasallo del rey castellano a cambio de conseguir su ayuda para recuperar el Trono. También quedó sometido a vasallaje su hijo Muḥammad (XII), el futuro sultán al-Zagal, que se hallaba en Almería como gobernador de la ciudad y de la región oriental. Como garantía y prueba de sus buenas intenciones, Sacd envió a la corte castellana a prestar vasallaje a su otro hijo, el primogénito y heredero cAlī, a su gran visir y a otros nobles y dignatarios, como el alcaide Mufarriŷ, dos arráeces de los Banū l-Qabṣānī y diversos alcaides, como los de Íllora y Cambil; en total, fueron unos ciento cincuenta caballeros.

Muḥammad X al-Ṣagīr se apresuró a sofocar la rebeldía de Sacd, al borde de la guerra civil, y emprendió una operación contra él, para lo que no dudó en trasladarse a Málaga, en donde se hallaba el 25 de ṣafar de 859/14 de febrero de 1455 y desde cuyo alcázar continuó su actividad administrativa, como muestra un dahír de nombramiento de alcaide de Huércal.

Sacd, asediado en Casarabonela ya antes del 10 de febrero de 1455, solicitó ayuda a los castellanos en su condición de vasallo de Enrique IV. El conde de Arcos, Juan Ponce de León, remitió cartas a primeros de febrero a los fronteros andaluces para que apoyaran y defendieran al rebelde, pero parece que no se cumplieron las órdenes por el deseo de mantener la paz que tenían las poblaciones de ambos lados de la frontera. Ello obligó a Enrique IV a recordar el 5 de marzo de 1455 a los concejos de Sevilla y Jerez que debían socorrer a Sacd y que para ello pusieran sus milicias a disposición del conde de Arcos.

El 15 de marzo el rey castellano se dispuso a realizar una campaña contra el emirato nazarí y en apoyo de su vasallo; en abril entró hasta los campos de la capital granadina, pero esta se mantuvo leal a Muḥammad X y el castellano se retiró, aunque de regreso atacó Íllora y Moclín. Igualmente, a principios de mayo atacó Málaga, pero no consiguió tomarla por los refuerzos enviados (1500 caballeros) desde Granada al mando de Ibn cAbd al-Barr e Ibn Kumāša y se limitó a talar su vega. Poco después, tuvo lugar una entrevista entre Enrique IV y Sacd, tras la cual el primero regresó a Castilla dejando ya a Abū l-Ḥasan cAlī con su padre.

Mientras tanto, Muḥammad X, tras enviar los refuerzos mencionados con sus visires Ibn cAbd al-Barr e Ibn Kumāša a Málaga, antes del ataque de Enrique IV, se dirigió personalmente a Almería para someter al otro hijo de Sacd, Muḥammad (XII). Al pasar por Guadix se encontró con un grupo de almogávares giennenses contra los que estaban luchando las fuerzas musulmanas el 24 de abril de 1455. El sultán intervino en la batalla, pero los castellanos vencieron a pesar de su inferioridad numérica; los de Guadix reprocharon la derrota al emir, que intentó justificarla como una retirada para evitar daños mayores.

Nuevamente, en junio de 1455 Enrique IV entró en la Vega de Granada y aunque evitó las escaramuzas, realizó una tala de los campos a partir del 11 de junio y durante tres semanas, lo que forzó a los granadinos a negociar una tregua. El representante granadino, Ibrāhīm b. cAbd al-Barr, solicitó una paz permanente que el rey castellano rechazó e impuso exigencias demasiado altas para los nazaríes. A falta de un acuerdo, pactaron la retirada del ejército castellano el 29 de julio a cambio de unas parias y un número limitado de cautivos, para proseguir después las negociaciones de la tregua entre Diego Fernández de Córdoba, futuro conde de Cabra, y el citado visir nazarí.

Al mes siguiente, agosto de 1455, se sabe que Muḥammad X había perdido el Trono porque ya lo ocupaba Sacd. Al igual que en su primer destronamiento y en su posterior recuperación del Trono, se desconocen las circunstancias y los hechos de este segundo y definitivo derrocamiento. Según el relato del cronista castellano Hernando de Baeza, que incurre en diversos errores y confusiones, el rey castellano habría enviado cartas a Granada y el Albaicín anunciando su apoyo a Sacd, quien también envió allí seguidores suyos; la capital se habría sublevado y expulsado al emir, que se refugió en las Alpujarras.

Pero, como en la anterior pérdida del Trono y en consonancia con la inestabilidad política de la época, los granadinos partidarios de Muḥammad X le escribieron al poco tiempo solicitando su regreso. Así lo hizo el derrocado Muḥammad X, que se dirigió a la capital a través de Sierra Nevada para no ser descubierto. Sin embargo, Sacd fue informado y envió a su hijo Abū l-Ḥasan para tender una emboscada a Muḥammad X, al que capturó y llevó a la Alhambra, donde fue degollado en la sala derecha del Patio de los Leones mientras sus dos hijos de muy corta edad eran ahogados con una toalla. El final de Muḥammad X, que solo narra Baeza, puede situarse hacia finales de 1455.

 

Bibliografía

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Autor/es

  • Francisco Vidal Castro

 

YUSUF V

 

YUSUF V

Yūsuf V: Abū l-aŷŷāŷ Yūsuf b. Amad b. Yūsuf b. Muammad b. Yūsuf b. Ismācīl b. Faraŷ b. Ismācīl b. Yūsuf b. Muammad b. Amad b. Muammad b. Jamīs b. Nar b. Qays al-Jazraŷī al-Anārī, al-Mu’ayyad bi-[A]llāh. El Cojo. Granada, u. t. s. XIV – Almería, V.851/VIII.1447 (emirato 849-849 H./1445-1446). Emir de al-Andalus, decimoséptimo sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada, precedido por Muammad IX y sucedido por Ismācīl III.

Sultán nazarí

Biografía

Conviene advertir antes de iniciar esta biografía que se trata del sultán que hasta hace pocos años se identificaba, de forma provisional, como Muḥammad X el Cojo, pero gracias a la edición de una nueva fuente árabe de época nazarí, la Ŷunnat al-riḍà de Ibn cĀṣim (m. 1453), se descubre que se trata realmente de Yūsuf b. Aḥmad, al que las crónicas castellanas denominan solo como “el infante Cojo”. Su correcta identificación supone, entre otras modificaciones, la rectificación de la antigua denominación de tres sultanes posteriores: Muḥammad XI al-Ṣagīr, el Chiquito, (pasa a ser Muḥammad X), Muḥammad XII, Boabdil (pasa a ser Muḥammad XI) y Muḥammad XIII al-Zagal (pasa a ser Muḥammad XII).

Se desconoce su fecha de nacimiento, pero a través de diversos datos de la vida de su padre —nació hacia 1380 o a la largo de esa década— y la suya propia —en 1431 ya dirigió el ejército andalusí en la importante batalla de la Higueruela— cabe situarla aproximadamente en el primer decenio del siglo XV.

Aunque su padre no fue sultán, Yūsuf fue nieto y sobrino de emires. En cuanto a su padre, fue el príncipe Abū l-cAbbās Aḥmad b. Naṣr, uno de los hijos de Yūsuf II (1391-1392) y, por tanto, hermano de Muḥammad VII (1392-1408) y Yūsuf III (1408-1417) al mismo tiempo que nieto del gran Muḥammad V (1354-1359 y 1362-1391). Por lo que respecta a su madre, Fāṭima al-Ḥurra (“la Noble”, literalmente: “la libre”), era hermana de Muḥammad IX al-Aysar (1419-1427, 1430-1431, 1432-1445 y 1447-1453), quien mantenía con ella una relación muy estrecha y la distinguía con un trato que no dispensaba a nadie; ambos se profesaban un particular afecto.

De su familia también se conoce que tuvo una hermana, a la que su tío Muḥammad IX al-Aysar (el Zurdo o el Izquierdo) se llevó cuando huyó de la Alhambra ante el avance de Yūsuf IV Ibn al-Mawl (1432) en diciembre de 1431.

Su primera actuación conocida se produjo muchos años antes de ocupar el trono, en 1431, y consistió en el mando del ejército nazarí en la famosa batalla de la Higueruela en las cercanías de Granada frente al poderoso ejército castellano de Juan II.

A finales de diciembre de 1431 acompañó a su tío Muḥammad IX al-Aysar (el Zurdo o el Izquierdo) cuando este abandonó la Alhambra huyendo del avance de Yūsuf IV Ibn al-Mawl. Por tanto, también se dirigió a Almería y de allí se trasladó a la cora de Rayya, donde fueron acogidos muy favorablemente en Vélez-Málaga.

Tras ello, participó activamente en la recuperación del poder de su tío, hasta el punto de que se puede considerar que fue el artífice de la misma ya que su contribución resultó fundamental: dirigió las tropas de al-Aysar desde Málaga a Granada, entró en la capital, sitió la Alhambra y se enfrentó en las afueras de la ciudad a las fuerzas castellanas del adelantado Diego Gómez de Ribera coligadas con las de Yūsuf IV Ibn al-Mawl en marzo de 1432. Consiguió así que la capital abriera las puertas y reconociera a al-Aysar y una vez que este entró en la ciudad, siguió dirigiendo el asedio al emir Yūsuf IV hasta conseguir entrar en el Generalife y desde allí abrir las puertas de la propia Alhambra, por su parte trasera, a finales de abril.

A las pocas semanas, el verano de ese mismo 1432 y ya con su tío al-Aysar en su tercer reinado, prosiguió su actividad militar. En junio salió de Granada al mando de un contingente para reforzar las tropas de Guadix, que intentaron rechazar la incursión de tala y saqueo de la comarca guadijeña que emprendió el maestre de Calatrava, aunque fueron derrotados por este.

Yūsuf, que vivía en Granada, mantenía buenas relaciones con su tío, pero, por alguna razón, estas relaciones se enturbiaron y decidió marcharse a vivir a las cercanías de Granada, a una alquería situada a dos parasangas de la capital, Huétor Santillán (Qaryat Wād). Sin embargo, la situación no mejoró pues este distanciamiento fue aprovechado por los conspiradores —entre los que se encontraban hombres muy influyentes como el visir cAlī b. cAllāq— para fomentar más el conflicto entre tío y sobrino.

Temiendo el peligro de un desenlace desgraciado, Fāṭima al-Ḥurra medió entre su hijo y su hermano para apaciguar a este último; propuso a al-Aysar que enviara a Yūsuf a la alcazaba de Almería con el nombramiento de alcaide para apartarlo de las intrigas de la capital. Aunque el sultán se resistió en un principio, al final aceptó pues con ello alejaba de la Alhambra a un pretendiente al trono peligroso por el prestigio y popularidad que las numerosas acciones militares de Yūsuf le habían proporcionado. Es posible que esto fuera un acicate para su ambición política y la causa de su distanciamiento con su tío al-Aysar.

Los años siguientes Yūsuf fue ejerciendo su cargo de forma cada vez más independiente hasta mostrar algunos indicios de rebeldía y exigir atribuciones políticas que no le correspondían, como la acuñación de moneda a su nombre, o económicas, como los impuestos de la región. Incluso, envió sus tropas contra el alcaide de Maršāna (Santa Cruz de Marchena), al que asedió, aunque pudo resistir hasta que el sultán mandó para liberarlo al alcaide de Guadix, Muḥammad b. Muḥammad b. Salama.

Lo mismo intentó Yūsuf contra Andaraš (Laujar de Andarax), ante lo cual Muḥammad IX no pudo ignorar más la abierta rebeldía de su sobrino y al frente de su ejército, se dirigió a Almería acompañado de cadíes y ulemas que respaldaran legalmente su autoridad. Pero lejos de amilanarse, Yūsuf se hizo fuerte en la alcazaba y se proclamó sultán. Los partidarios del emir se dividieron y tras un mes de asedio Yūsuf resistió e, incluso, se atrevió a enviar un pequeño contingente contra el campamento de los sitiadores, a los que llegaron a derrotar.

El emir se vio obligado a levantar el cerco y emprender el regreso a Granada, pero la capital y Guadix se habían sublevado en favor de Yūsuf, por lo que al-Aysar se dirigió a Málaga (cabe suponer que no consiguió entrar en la capital). Sin embargo, las poblaciones de la zona se fueron sublevando contra él y reconociendo a Yūsuf: Vélez-Málaga, Coín, Ronda, la Algarbía e, incluso, la propia Málaga. Aunque al-Aysar pudo refugiarse en Álora y Casarabonela, tuvo la gran sabiduría política de renunciar al trono y abdicar en favor de su sobrino Yūsuf, consiguiendo así detener la guerra civil y beneficios para sí mismo: Yūsuf le permitió instalarse en la misma Alhambra, en la residencia llamada al-Dār al-Kabīra, la Casa Grande, y le concedió Salobreña y Motril.

De esta manera y en un periodo de unos cuatro meses, entre abril y agosto de 849/1445, el príncipe alcaide de Almería se convirtió en Yūsuf V y comenzó a organizar su gobierno, antes incluso de que hubiera abdicado Muḥammad IX hacia el mes de julio de ese año.

Con la misma kunya (prenombre de paternidad honorífico) de Abū l-Ḥaŷŷāŷ que llevaron los demás sultanes naṣríes y otros miembros de la familia real llamados Yūsuf, adoptó el título honorífico de al-Mu’ayyad bi-[A]llāh (el Apoyado por Dios), que ya había ostentado su antecesor homónimo, Yūsuf I (1333-1354), uno de los mayores sultanes de la dinastía.

En los primeros meses de su gobierno, en el mismo verano de 1445, se dedicó a organizar la administración y repartir cargos, rentas y privilegios entre sus partidarios, como señalan las crónicas nazaríes y muestra el documento de nombramiento de alcaide de Almería que Yūsuf V emitió con su firma desde la Alhambra el 12 de ŷumādà I de 849/15 de agosto de 1445.

Inmediatamente después de su entronización, tuvo que enfrentarse ya a una sublevación que encabezó un nuevo pretendiente ese mismo verano de 1445, el príncipe Abū l-Walīd Ismācīl. Este aspirante al trono era un pariente de la familia real nazarí que estaba instalado en la corte castellana, donde Juan II mantenía un grupo permanente de refugiados y disidentes granadinos que solían integrarse en la guardia morisca, pagada por el rey castellano.

Ismācīl partió de la corte castellana y se dirigió a Granada para instalarse en Cambil, plaza avanzada de la frontera andalusí. Desde allí se dedicó a provocar nuevas disensiones en el estado nazarí y suscitar la agitación en la capital. Ante ello, Yūsuf V optó por una hábil solución política: la destitución del visir cAlī b. cAllāq al-cĀmirī, responsabilizándolo de la situación, y el nombramiento en su lugar de Abū l-Qāsim Muḥammad b. Yūsuf, de la poderosa familia de los Banū l-Sarrāŷ (los célebres Abencerrajes), lo que logró apaciguar a los sublevados y partidarios de la oposición.

El sublevado Ismācīl comprendió que ya no podría alcanzar sus objetivos por el momento y regresó a Castilla. Recuperada la estabilidad, Yūsuf V no dudó en tomar represalias y detener a los caídes Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ y su compañero Yūsuf b. Faraŷ b. Kumāša, a los que encarceló y confiscó todos su bienes. Restableció en sus funciones a cAlī b. cAllāq y lo envió al mando del ejército a Guadix para asediar a su alcaide Ibrāhīm b. cAbd al-Barr, que pudo resistir con el apoyo de la población; no obstante, Yūsuf V envió de nuevo a Ibn cAllāq el 26 de ramaḍān de 849/26 de diciembre de 1445, aunque la resistencia del rebelde decidió al visir a negociar y lograr un acuerdo, que se fijó por escrito, el ejército del sultán regresó a Granada el 2 de šawwāl de 849/1 de enero de 1446.

Obtenida así una mínima estabilidad, Yūsuf V pudo recuperar numerosas plazas perdidas anteriormente ante los cristianos, como Ḥiṣn al-Naŷaš, Ḥiṣn al-Barīŷ (en el bajo Almanzora), al parecer los dos Vélez (por el visir y alcaide de Guadix, Ibn cAbd al-Barr, y el de Baza, Yūsuf b. Kumāša, reforzados por al-Aḥsan al-Šarīf), Kurtuš (Cortes de Baza), Galera, Qasṭalla (Castilléjar), Huéscar y Ḥiṣn al-Sikka, si bien existen discrepancias en la identificación y cronología de estas conquistas (aunque hay coincidencia en que fueron realizadas por Yūsuf V y en 1446 o 1447).

Sin embargo, la situación interna seguía siendo inestable. Los partidarios de Muḥammad IX intentaban restaurarlo, pero sus reticencias animaron al alcaide de Guadix, el citado IbrāhĪm b. cAbd al-Barr, a recurrir al arráez Ismācīl (el mencionado pretendiente de 1445), al que llamó a mediados [15] de ū l-qacda de 849/[12] de febrero de 1446. La llegada de Ismācīl a Guadix debió de desencadenar una sublevación generalizada pues a los tres días de ella Yūsuf V huyó de la Alhambra y se dirigió a Almería acompañado de dos príncipes primos suyos y de los dos alcaides encarcelados, Ibn al-Sarrāŷ e Ibn Kumāša. Por su parte, el depuesto Muḥammad IX se separó aquella misma noche de Yūsuf V y se trasladó a Salobreña con sus seguidores.

Mientras el nuevo sultán Ismācīl III ocupaba la Alhambra y era entronizado, el derrocado Yūsuf V junto con sus seguidores y su ministro Ibn cAllāq se hacía fuerte en Almería y desde allí lanzaba ataques contra el nuevo emir y contra la frontera castellana. Así, logró conquistar por combate en la primavera, hacia el mes de mayo, de 1446 las villas y castillos de Benamaurel y Benzalema, en poder de los castellanos. Para frenar estos ataques a su vasallo, Juan II ordenó que se le enviara apoyo el 6 de octubre de 1446 y, el 18 de diciembre, que se atacara a diversas plazas sublevadas en contra de Ismācīl III.

Esta ayuda castellana no detuvo a Yūsuf V el Cojo sino que, en una hábil maniobra, utilizó la misma estrategia que Juan II: aprovechar las discordias internas de Castilla aliándose con los nobles castellanos sublevados para atacar a Ismācīl III.

Pero, sobre todo, Yūsuf V sacó partido de las querellas dinásticas castellanas para reconquistar algunas fortalezas y plazas que los cristianos habían arrebatado a los Nazaríes un decenio antes. De esta manera y a pesar de estar destronado, continuó desde Almería sus campañas y logró, en el verano de 1447, hacia agosto, recuperar el castillo de Arenas (Campillo de Arenas), Huéscar, Vélez Blanco y Vélez Rubio —aunque la recuperación de estas tres últimas fue durante su emirato en 1446, según Ibn cĀṣim—, que el rey castellano no pudo socorrer.

Desgraciadamente, no pudo recoger los frutos de sus esfuerzos pues fue traicionado por su visir Ibn cAllāq, que lo asesinó en Almería a finales [30] de ŷumādà I de 851/[13] de agosto de 1447, cortando así la serie de campañas victoriosas que estaba realizando hasta ese momento. No obstante, su intensa labor de desgaste contra Ismācīōl III contribuyó considerablemente al derrocamiento de este, que tan solo un mes después de la muerte de Yūsuf V huía a Castilla mientras Muḥammad IX al-Aysar recuperaba el trono antes del final [29] de ŷumādà II de 851/[11] de septiembre de 1447.

 

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Autor/es

  • Francisco Vidal Castro