viernes, 9 de octubre de 2026

'ABD AL-RAHMAN IV

 

'ABD AL-RAHMAN IV

‘Abd al-Raḥmān IV: al-Murtaḍà. ‘Abd al-Raḥmān b. Muhammad b. ‘Abd al-Malik b. ‘Abd al-Raḥmān al-Nāsir. ?, s. X – Guadix (Granada), 1018-1019. Sexto califa omeya de Córdoba.

Califa omeya

Biografía

En realidad, este omeya, bisnieto de ‘Abd al-Raḥmān III no llegó a gobernar. Vivió en la época de final del califato omeya en al-Andalus y comienzo de los reinos de taifas y fueron dos de estos régulos, aún no independizados del poder cordobés, en concreto los eslavos Jayran de Almería y Munḏir b. Yahyà al-Tuŷībī de Zaragoza, clientes ‘Amiríes, los que lo proclamaron califa con el nombre de al-Murtaḍà (el que goza de la satisfacción divina). En ese momento gobernaba en Córdoba como califa el beréber de origen africano al-Qāsim b. Ḥammūd, tras sustituir en el califato a su hermano ‘Alī, asesinado en 1018, precisamente cuando se disponía a dirigirse a Jaén para cortar el paso a al-Murtaḍà.

El levantamiento de al-Murtaḍà se produjo en el Levante de al-Andalus, adonde se había retirado en época de las revueltas habidas al final del califato de Hišam II. Desde allí salió en compañía de sus partidarios en dirección a Córdoba. Antes, decidieron pasar por Granada, donde gobernaba el beréber sinḥāŷa Zawī b. Zīrī, que había participado en el ejército y en la política cordobesa desde tiempos de Almanzor. Al acercarse a Granada, envió una misiva a Zawī, exhortándolo a sometérsele, pero Zawī respondió negativamente a esta y otras cartas que le remitió. Al-Murtaḍà, enojado, decidió atacar, pero los beréberes se habían organizado para recibirlo y tras varios días de enfrentamientos, derrotaron al pretendiente y a los ejércitos que lo apoyaban, tanto musulmanes como cristianos.

Además de poner en fuga a los adversarios, consiguieron grandes riquezas como botín, pues tan seguros de la victoria estaban los atacantes que habían acudido a la batalla con los pabellones llenos de alhajas. El primero en huir fue Munḏir, seguido de Jayrān, mientras que los ‘Amiríes con al-Murtaḍà al frente resistieron algo más. En la huida, fue traicionado por Jayrān y Munḏir, que encargaron matarlo. Mientras ellos llegaban a Almería, ‘Abd al-Raḥmān fue asesinado cerca de Guadix, sin haber reinado un solo día. Su cabeza fue enviada a los traidores, quienes, no conformes con haberlo eliminado, la escarnecieron mientras bebían de alegría por su muerte. En cuanto a su adversario Zawī, envió el pabellón real de al‑Murtaḍà a al-Qāsim b. Ḥammūd en concepto de botín. Unos años más tarde, en 1025-1026, regresó a Ifrīqiya (actual Túnez), de donde era originario y donde acabó sus días honrado por los suyos.

Al-Murtaḍà es alabado en las fuentes por sus virtudes y, como ejemplo de su austeridad, se dice que nunca se vistió de seda.

De su familia se conocen dos hermanos, al‑Ḥakam el Ciego y Hišām III. Este último, después de la batalla de Granada, en la que también participó, se refugió en Alpuente, donde residió acogido por el emir Ibn Qāsim hasta 1029, aunque en 1027 había sido proclamado califa con el nombre de al-Mu’tadd. Respecto a sus descendientes, no se menciona más que a su nieto ‘Abd al-Raḥmān b. Sulaymān b. al-Murtaḍà con el que se interrumpe su linaje.

Leer menos

Bibliografía

Ibn Ḥazm, ‘Alī b. Ahmad, Naqt al-‘Arūš, trad. L. Seco de Lucena, texto árabe C. F. Seybold, índices M.ª M. Cárcel Ortí, Valencia, Anubar, 1974

Al-Ḥumaydī, Yaḏwat al-muqtabis fī ta’rīj ‘ulamā’ al-Andalus, ed. I. al-Abyarī, 2.ª ed., Beirut, Dār al-Kitāb al-Lubnanī, [1983] 1403 de la Hégira, I, págs. 52-53

Ibn Bassām al-Šantarīnī, Al-Ḏajīra fī maḥāsin ahl al-Ŷazīra, ed. I. ‘Abbās, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 1399 h. (1979), I, pág. 453

Ibn ‘Iḏārī al-Marrākušī, Kitāb al-Bayān al-Mugrib fī ajbār al-Andalus wa-l-Magrib = Histoire de l’Afrique du Nord et de l’Espagne musulmane, ed. G. S. Colin et E. Lévi-Provençal, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 1967, III, págs. 121-122 y 125

Ibn ‘Iḏārī al-Marrākušī, La caída del Califato de Córdoba y los reyes de taifas (al-Bayān al-Mugrib), estudio, trad. y notas F. Maíllo Salgado, Salamanca, Universidad, 1993, págs. 109-110, 112-113

Ibn al-Jaṭīb, Histoire de l’Espagne musulmane: extrait du Kitāb A‘māl al-a‘lām, ed. E. Lévi-Provençal, Rabat, Moncho, 1934, págs. 152-153

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba (711-1031 de J.C.), t. IV. de Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Espasa Calpe, 1947, págs. 479-482

E. Terés, “Linajes árabes en al-Andalus según la ‘Ŷamhara’ de Ibn Ḥazm”, en Al-Andalus, XXII, 1 (1957), pág. 80

D. J. Wasserstein, The rise and fall of the party-kings: politics and society in Islamic Spain: 1002-1086, Princeton, University Press, cop., 1985, págs. 73-75

A. Uzquiza Bartolomé, “La familia omeya en al-Andalus”, en M. Marín et al. (eds.), Estudios Onomástico-biográficos de al-Andalus, vol. V, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ICMA, 1992, n.º 61, pág. 394

. Vallvé Bermejo, El Califato de Córdoba, Madrid, Mapfre, 1992, pág. 263

E. Lévi-Provençal, “‘Abd al-Raḥmān IV”, en The Encyclopaedia of Islam, 2.ª ed, en CD-Rom, Leiden, Brill, 2003, I, pág. 81b

Autor/es

  • María Luisa Ávila Navarro

 

PIMIENTOS RELLENOS DE CARNE PICADA Y ARROZ

 

PIMIENTOS RELLENOS DE CARNE PICADA Y ARROZ

Ingredientes

16 pimientos verdes

750 gr de carne picada mixta, ternera y cerdo

150 gr de arroz

2 cebollas pequeñas

4 dientes de ajo

1,5 cucharada de mostaza americana

3 cucharadas de pasta de tomate

500 ml de caldo

70 gr de nata fresca

Sal

Pimienta negra recién molida

Una pizca de cayena en polvo

Una pizca de pimentón dulce

 

Elaboración

Cocinamos el arroz según las instrucciones del paquete, una vez cocido, escurrimos y dejamos enfriar.

Lavamos y secamos los pimientos, cortándoles el tallo y sacando las semillas

Pelamos y picamos las cebollas finamente y los dientes de ajo. En un bol grande, mezclamos con la carne picada, la sal, la pimienta negra recién molida, la cayena en polvo, la mostaza americana, el pimentón y el arroz. Sazonamos al gusto y rellenamos los pimientos ahuecados para introducir el relleno.

En una sartén, sofreímos los pimientos con mantequilla o aceite de oliva (según gusto), Cuando los pimientos estén fritos por todos lados, los sacamos de la sartén y reservamos.

Añadimos la pasta de tomate en la sartén y desglasamos con el caldo, removemos bien hasta que quede suave. Condimentamos con sal y pimienta negra recién molida. Volvemos a poner los pimientos en la sartén con el caldo y cocinamos a fuego lento durante 30 minutos. Agregamos la crema y removemos suavemente.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

jueves, 8 de octubre de 2026

CONEJO EN SALSA DE LA ABUELA

 

CONEJO EN SALSA DE LA ABUELA

Esta receta es un tesoro culinario que ha formado parte de nuestras comidas tradicionales durante años, evocando siempre el amor y la pasión de nuestros mayores que ponían en su elaboración.

Ingredientes

1 conejo entero limpio y troceado

2 cucharadas de aceite de oliva

1 cebolla grande, finamente picada

3 dientes de ajo picados

2 zanahorias peladas y cortadas en rodajas

1 pimiento rojo cortado en tiras

1 pimiento verde cortado en tiras

1 te maduro  picado

½ taza de vino tinto

2 hojas de laurel

1 ramita de tomillo

1 ramita de romero

Sal

Pimienta negra recién molida al gusto

 

Elaboración

Lavamos bien los trozos de conejo y los secamos con papel de cocina. Sazonamos con sal y pimienta negra recién molida asegurándonos que estén bien cubiertos de la sazón.

En una cacerola grande, calentamos un poco de aceite de oliva a fuego medio-alto. Añadimos los trozos de conejo y los doramos por todos lados para sellarlo y conservar su jugo y así realzamos el sabor. Sacamos el conejo de la cacerola y reservamos.

En la misma cacerola, añadimos un, poco mas de aceite de oliva si es necesario y bajamos el fuego a medio. Agregamos la cebolla picada y sofreímos la misma hasta que este transparente y ligeramente dorada. Luego añadimos los dientes de ajo picados y sofreímos unos minutos hasta que desprendan su aroma.

Añadimos la zanahoria y los pimientos rojos y verdes, removemos bien y cocinamos todo hasta que las verduras comiencen a ablandarse. Añadimos el tomate picado removemos y cocinamos hasta que se deshaga el tomate y la mezcla adquiera una textura uniforme.

Devolvemos los trozos de conejo dorados a la cacerola junto con los jugos que hayan soltado, vertemos el vino tinto sobre el conejo y las verduras, dejando cocer unos minutos para que se evapore el alcohol

Luego añadimos las hojas de laurel, el tomillo, el romero, Vertemos suficiente caldo de pollo o de verduras para cubrir parcialmente los ingredientes. Llevamos a ebullición y luego reducimos el fuego a bajo.

Tapamos la cacerola y cocinamos a fuego lento durante 50-60 minutos, o hasta que el conejo este lo suficientemente tierno y se separe fácilmente del hueso. Removemos durante la cocción de vez en cuando y añadimos mas caldo si fuese necesario para mantener la consistencia de la salsa.

Una vez que el conejo este cocido y tierno, rectificamos la sazón con sal y pimienta negra recién molida. Retiramos las hojas de laurel, el tomillo y el romero de la salsa.

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Servimos el conejo caliente.

Podemos acompañarlo con pure de patatas o pan crujiente tostado

¡Buen provecho!

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

SOPA DE CABEZA DE RAPE, MEJILLONES, AZAFRAN Y ALMENDRAS

 

SOPA DE CABEZA DE RAPE, MEJILLONES, AZAFRAN Y ALMENDRAS


Ingredientes

Para el caldo:

1 cabeza de rape

500 gr de cabezas y cascaras de camarón, langostinos o gambas

1 cubo de caldo de pescado o fume de pescado

4 cucharadas de pure de tomate

200 ml de vino blanco

Sal

Pimienta negra recién molida

 

Para la sopa:

200 gr de merlán o cualquier pescado blanco incluido el rape

½ K de mejillones o almejas

4 cucharadas de tomate rallado

1 cebolla picada

3 dientes de ajo

2 rebanadas de pan tostado o frito

20 almendras tostadas

Unas hebras de azafrán

1 Pizca de nuez moscada

1 Pizca de canela (opcional)

2  cucharadas d aceite de oliva

 

Elaboración

En una cacerola grande, ponemos las cascaras y cabezas de camarones, el cubo de caldo de  pescado o fume de pescado, el vino blanco, sal y pimienta negra recién molida al gusto y la cabeza de rape. Cubrimos Con agua.

Llevamos ebullición y cocinamos durante unos 15 minutos.

Retiramos la carne de la cabeza de rape y la reservamos dejándola enfriar.

En una sartén calentamos el  aceite de oliva y doramos los dientes de ajos y el pan si lo deseas frito. Apartamos y reservamos.

Añadimos a la misma sartén la cebolla picada, y una vez ponchaditas,  agregamos el tomate rallado.

En un mortero majamos 2 dientes de ajo con el pan frito o tostado, hasta formar una pasta.

En una olla vertimos el caldo y añadimos el majado y la cebolla con el tomate bien sofrito.. Calentamos a fuego moderado unos minutos añadimos los filetes de merlán o el pescado blanco elegido y la carne de la cabeza de rape.

Llevamos ebullición y cocinamos a fuego lento

En un mortero o trituradora, majamos el diente de ajo con las almendras tostadas, y el azafrán, una vez majado agregamos 2 cucharadas de caldo y mezclamos bien antes de añadir a la olla.

Añadimos los mejillones o almejas, según nuestra preferencia. (a mi particularmente me gusta más con almejas)-

Dejamos cocer durante 5 minutos a fuego lento.

Servir caliente

 

¡Buen provecho!

 

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

TRABAJO DE MUJERES: AGENCIA FEMENINA Y ECONOMÍA PRODUCTIVA EN EL MUNDO NAZARÍ

 

TRABAJO DE MUJERES: AGENCIA FEMENINA Y ECONOMÍA PRODUCTIVA EN EL MUNDO NAZARÍ


¿Y si las mujeres del reino nazarí no estuvieron confinadas al ámbito doméstico, sino que fueron protagonistas clave de una economía internacional en expansión? Este artículo desmonta viejos estereotipos para sacar a la luz el papel esencial de la mujer en la producción textil, el trabajo agrícola e incluso la construcción. Desde los telares y el zoco del hilado en Granada hasta los mercados de seda italianos, las mujeres nazaríes no fueron espectadoras: fueron tejedoras, hilanderas, comerciantes y agentes económicos de pleno derecho en una cadena productiva que cruzaba el Mediterráneo.


Adela Fábregas García
Universidad de Granada



Ḥadīth Bayāḍ  wa Riyāḍ . Ms. Vat. Ar. 368, f. 15r.


Una revisión magnífica acerca de los estudios sobre mujeres en al-Andalus realizado hace pocos años por Bárbara Boloix en la revista Anaquel de Estudios Árabes, destacaba lo mucho que se ha avanzado en el conocimiento sobre la mujer andalusí. Pero también ponía de manifiesto el déficit que encontramos en el campo concreto del trabajo femenino, y lo residual, casi podríamos decir, que había sido su estudio hasta entonces. Por supuesto existen aproximaciones fundamentales, clásicas, ya, por las que cualquiera que pretenda abordar este campo debe comenzar, como los trabajos de Manuela Marín o de Maya Shatzmiller. Pero los esfuerzos por avanzar a partir de estas bases excelentes se hicieron duros durante mucho tiempo, ofreciéndose notas generales o mostrándose como referencias obligadas, aunque breves.  Afortunadamente, sobre todo en los últimos años, se están realizando esfuerzos más que notables por ofrecer aproximaciones y reflexiones elaboradas, que están marcando vías por las que seguir avanzando en este ámbito.  

Posiblemente una de las razones que puedan explicar esta tradicional falta de estudios específicos en torno al trabajo femenino en al-Andalus tenga que ver con un problema de acceso a fuentes de información fiables y de calidad. La mujer tiene un claro reflejo en las fuentes andalusíes, pero si buscamos un perfil definido como agente económico, ese reflejo disminuye drásticamente, o aparecen de manera residual.  

Familia y trabajo doméstico 

En cualquier caso, no podemos atribuir totalmente esta circunstancia de manera exclusiva a unas fuentes deficientes. No vemos el trabajo de las mujeres porque este en muchas ocasiones se hace invisible. En muchos aspectos, la mujer es una realidad escondida. Responde fielmente a un estereotipo mantenido a lo largo del tiempo que la ha relegado al ámbito doméstico, dejando el espacio público al hombre de manera casi absoluta. Como apuntaba acertadamente hace años Maribel Fierro, Corán y Hadices son bastante claros y monolíticos en lo que se refiere a las mujeres. Destacan dos ideas básicas, que obviamente tienen un impacto no menor en el desarrollo de la vida cotidiana de la mujer musulmana en la Edad Media. Por un lado, se incide en la clara diferencia entre hombre y mujer, establecida a partir de términos de superioridad e inferioridad, obviamente en detrimento de la segunda. Y por otro lado se subraya la estricta separación de ámbitos de vida, que tienen en el espacio privado, identificado mayoritariamente con el ámbito doméstico, el lugar natural de la mujer, siendo el espacio público territorio masculino. 

Así pues, tendríamos que buscar a la mujer en lo que se atribuye como su ámbito natural, que es su casa. Y por extensión se le presupone realizando tareas propias de esa esfera, que tienen que ver fundamentalmente con el mantenimiento de la casa y de la familia.  

“La cuarta utilidad del matrimonio es librar a la mente de ocuparse de la ordenación de la casa y de las tareas domésticas…Aunque careciera de deseo, sería difícil para el hombre vivir solo, porque al ocuparse de las tareas domésticas perdería la mayor parte de su tiempo y no podría ocuparse de la ciencia y el trabajo” (Al-Gazali, s. XI). 

Evidentemente es aquí, en el espacio doméstico y en las obligaciones asociadas a la mujer donde buscamos y, encontramos, a las mujeres con más facilidad. Son ellas quienes asumen esa responsabilidad siempre. Lo hace de manera directa, en la mayor parte de los casos, o bien, si la familia goza de una mejor situación económica, delegando en asistentes, criadas o esclavas, esa responsabilidad del mantenimiento de la casa, en todo caso llevada a cabo bajo la tutela de su dueña y señora.  

“Contrata Fulan (…) a Fulana (…) para el servicio en su casa, para amasar y cocinar, o para barrer, preparar las camas, traer agua, lavar la ropa, tejer y otras cosas de servicio…para un año a partir de tal fecha, por tanto y cuanto …” (Ibn Mugit al-Ṭulaytuli. Formulario notarial. Córdoba, s. XI). 

En cuanto al cuidado de los hijos, las familias pudientes acuden a nodrizas para su cría y alimentación. Esta práctica estaría tan normalizada entre algunos sectores que llegó a suscitar quejas cuando no se podía acudir a esta ayuda; y por supuesto se contempló una normativa contractual bien regulada para la contratación de criadas y asistentas de todo tipo en las tareas domésticas de las mujeres de clases sociales y económicas superiores. 




La reina de Omán dando a luz. Ḥarīrī. Maqāmāt (1237 circa). Bibliothèque  
National de France. Ms. Árabe 5847, fol. 122v .


Así que sí, el trabajo doméstico es trabajo de mujeres y el cuidado familiar su responsabilidad. Pero hay que decir que esta primera forma de trabajo restringida al ámbito exclusivamente doméstico puede tener extensiones interesantes, que muestran ya formas de participación femenina en otros sectores ajenos a la propia familia. Ocurre, por ejemplo, que la obligación de la mujer de alimentar y cuidar al marido pueda extenderse, asumiendo también la obligación de asegurar el mantenimiento de todos sus empleados o dependientes. Así se constata en el s. X, cuando se narra el paso del alfaquí del siglo X Ahmad b. ‘Abd Allah b. Sa’id, conocido como sahib al-warda, por una finca rural, donde la esposa del intendente es responsable de alimentar a todos los jornaleros de la finca, preparándoles pan, una fuente de requesón, seguramente elaborado también por ella misma, y cebolla. Otro ejemplo de extensión de tareas que en principio podrían considerarse como de ámbito doméstico tiene que ver con el trabajo textil, dedicado en principio a dotar de los tejidos necesarios la casa y la familia, que es desarrollado muchas veces en el entorno doméstico, pero cuya producción puede superarlo ampliamente. Hablaremos más delante de ello.  

Interesa subrayar ahora esa dicotomía público/privado en que se ha encerrado el universo femenino andalusí y que ha podido limitar el conocimiento de la verdadera dimensión económica de su trabajo. Es también importante aclarar que ese axioma está siendo superado de manera progresiva, lanzando miradas cada vez menos casuales a los espacios fuera del entorno doméstico, donde se van buscando, y encontrando, mujeres. Y también se está desde hace tiempo revisando ese otro principio que vinculaba el trabajo femenino con el ámbito familiar, de manera que, por ejemplo, el trabajo en el entorno doméstico se asocia también con actividades remuneradas y con tareas productivas de significado económico ajeno a la propia familia. En definitiva, se está planteando la cuestión de si todo el trabajo que desarrollan las mujeres en ámbito doméstico es un trabajo que podemos considerar orientado al mantenimiento de la familia… Y la respuesta es que posiblemente no. Todo ello está permitiendo matizar ciertas cuestiones y avanzar en el conocimiento de la verdadera dimensión del trabajo femenino en al-Andalus. 

El trabajo remunerado 

Por lo pronto queda claro ya que, aunque legalmente no parece contemplarse la capacidad de las mujeres para realizar trabajos remunerados, lo que las convertiría automáticamente en activos económicos, tampoco existe en realidad ninguna prohibición explícita para ello. Las mujeres tenían derecho a obtener ganancias, y a mantener esas ganancias bajo su propiedad. Como nos contaba Ibn Hazm, contemplamos a las mujeres como trabajadoras remuneradas y lo hacemos en todos los ámbitos, en el campo, en los entornos urbanos, con actividades asociadas a tareas artesanales e incluso comerciales, y en el sector servicios, y no solo como asistentas o criadas. Es cierto que cuentan con limitaciones, o mejor dicho con condicionantes que conviene no olvidar. Un caso bien conocido, y complejo, es el de las nodrizas. Legalmente se contempla la posibilidad de que las mujeres, mayoritariamente dentro del matrimonio, dispongan de su capacidad para amamantar a bebés ajenos como fuente de ganancias, y que no tengan la obligación de compartir esas ganancias con el marido, ya que forman parte de su patrimonio personal. Esta división estricta del patrimonio dentro del matrimonio es un principio respetado de manera escrupulosa dentro de la tradición jurídica malikí imperante en al-Andalus. Ahora bien, el hecho de que el marido no tuviera derecho a beneficiarse de las ganancias de su esposa por esta actividad no impedía que sí tuviera la capacidad de permitir o negar el contrato que estipulaba los términos en que se desarrollaría esta actividad. Y podría hacerlo en virtud del grado de afectación que esa actividad pudiera tener en su vida marital y en sus relaciones sexuales. Así que esa actividad existió, sí, estaría contemplada y protegida jurídicamente, pero presentaría limitaciones, no directas, aunque sí subsidiarias. En muchos casos, si bien no declarado de manera explícita, el intento de prohibir los maridos el trabajo remunerado a sus esposas, fuera este del tipo que fuera, tendría que ver con la consideración social negativa. En este sentido, los juristas tienden a recordar que una mujer tiene derecho a realizar un trabajo remunerado siempre y cuando este sea legal y no infrinja las leyes de la moral pública.  

Volvamos la vista a esos trabajos remunerados, que sabemos que realizaban. Podían actuar ofreciendo servicios básicos, como la asistencia en el hogar, el cuidado y alimentación de los bebés, o como el oficio extendido de peluqueras, por ejemplo, indispensables en algunos momentos. Tenían derecho a desempeñar esos oficios y protegían ese derecho incluso a través de cláusulas específicas incluidas en los contratos matrimoniales, donde se contemplaba a veces el compromiso expreso por parte del futuro marido de respetar la actividad de su esposa, al menos sobre el papel (fuera este derecho finalmente respetado o no). Pero también podemos hablar de otras actividades que requerirían mayor grado de especialización y formación y que podían tener una más alta consideración y aprecio social. Conocemos a mujeres vinculadas a la medicina, con una formación reglada, que ejercerían la profesión libremente y cobrarían unos honorarios por ello, unos honorarios altos, como los que cobra la mujer que discute en la fetua de Ibn Saḥl acerca del tratamiento médico aplicado a dos niñas. Se trataría incluso de figuras que encajarían en los niveles formativos más altos, como parece ocurrir en este caso o en el de las hija y nieta de Avenzoar, a quienes acudirían no solo mujeres, sino también hombres de la corte almohade (s. XII). Y les acompañarían otras profesionales de la salud como matronas, de amplia experiencia y buena valoración social. 

En los espacios rurales, las mujeres ya no solo mantienen y asisten a sus hombres. También aparecen desempeñando un número limitado de labores agrícolas según las fuentes escritas. Pueden aparecer vinculadas directamente con el trabajo de la tierra, eso sí, siempre dentro de la unidad productiva familiar y sin que podamos hablar, tal y como advierte Shatzmiller, de una división de género del trabajo agrícola. El formulario notarial de Ibn Salmūn nos las muestra en el siglo XIV involucradas en labores de siembra, cuidado y recolección, e incluso aparecen como aparceras, debiendo pagar el arrendamiento de la tierra de su esposo:

Se refirió ‘Isa en el Kitab al-yidar a la mujer que siembra la tierra de su marido con la simiente y los bueyes de éste, afirmando que la semilla era para la mujer si realmente aquélla declarara que la sembró para ella misma, pero tendría que pagar el arrendamiento (kirā’) de la tierra y de los bueyes, así como devolver la cantidad de semilla sembrada, que había tomado de su marido (Ibn Salmun, s. XIV. Extraído de Cano Ávila, 1987).  




Labores agrícolas. Kitāb al-Diryāq. S.XII. BNF, ms. Árabe, 2964.


Pero resulta llamativo que cuando lo hacen, aparezcan asociadas en muchos casos a tareas agrícolas vinculadas con el ciclo de trabajo textil, de manera que, tal y como nos muestra Ibn al-Awwam, aparecen tratando plantas textiles como algodón y cáñamo antes de someter las fibras al proceso de hilado (“Con él [cáñamo] hacen las mujeres las mismas maniobras que con el algodón hasta poder hilarlo, del cual se tejen lienzos…”), o bien incubando los huevos de gusanos para extraer posteriormente la seda, según se recoge en un célebre pasaje del calendario de Córdoba (“[En febrero,] las mujeres comienzan a cubrir los huevos del gusano de seda hasta que nacen”). Esta dedicación a la actividad textil es una constante en el trabajo femenino, en la ciudad y en el campo, y deja huella. Estudios de dentición llevados a cabo en los últimos años a partir de muestras amplias procedentes de la necrópolis rural de Talará muestran la presencia de dos individuos, un hombre y una mujer (aunque el número podría aumentar a partir de los nuevos estudios que se están realizando en la actualidad) con desgaste dental atribuido al desarrollo de alguna tarea artesanal, ya que se trata de surcos generados por una actividad diferente a la masticación. El hecho de que en otras ocasiones estas muescas hayan sido relacionadas con la manipulación de fibras de origen vegetal relacionadas con la producción textil, ha llevado a pensar que aquí ocurriría algo similar. Así que la dedicación al ámbito textil es patente, lleva a las mujeres hasta los campos y deja huellas en su cuerpo. 

En cuanto a la actividad femenina en ámbito urbano, podríamos decir que sigue los mismos patrones que la masculina y cuenta con un claro reflejo material.  Volvamos un momento a esos interesantísimos estudios osteoarqueológicos. El estudio de algunos huesos deja elementos de análisis sugestivos. Los huesos largos acusan el estrés que puedan recibir, ante una mayor carga mecánica, por ejemplo, desarrollando refuerzos que modifican su morfología en el punto donde reciben el mayor impacto del estrés de carga. Otro elemento objeto de análisis son las modificaciones que se puedan observar en la entesis, la cavidad en la que se insertan tendones y ligamentos de músculos en el hueso. Estas cavidades pueden verse modificadas cuando el tejido se mineraliza, o se osifica, lo que puede producirse a raíz de un trauma, de sobrecargas musculares o de desgaste mecánico. Los estudios realizados hasta el momento en ámbitos rurales y urbanos destacan la presencia de más huellas de estrés mecánico en huesos largos y desarrollo muscular en contextos urbanos de ciudades como Baza y Granada, tanto en hombres como mujeres. En el caso concreto de las mujeres presentan un desarrollo muscular más acusado en los brazos y en hombros. También se observan diferencias importantes en las mujeres en la inserción del tríceps en la entesis. Este músculo interviene en movimientos de extensión del antebrazo y participa también en la aducción y extensión del brazo en su conjunto, así como en movimientos de retroversión de la escápula. En fin, se trata de reconocer patrones generales de comportamientos, por supuesto, no de identificar actividades específicas, y lo que queda claro es que los hombres, y también las mujeres, acusarían una mayor actividad física en entornos urbanos, donde el desarrollo de trabajos vinculados con la producción industrial y comercial es marcado. Esta circunstancia se ha relacionado con un papel más activo en trabajos artesanales y comerciales (carga, acarreo) es preponderante. 

Una de las actividades que se han tratado más recientemente tiene que ver con la participación femenina en el sector de la construcción. Elena Diez Jorge ya llamaba la atención acerca de la vinculación femenina con esfuerzos constructivos, patrocinándolos, pero también el papel que podían desempeñar como proveedoras de materiales, artesanas o trabajadoras no cualificadas, algo vigente fuera de al-Andalus. Su presencia en almacenes de cal, declarada por Ibn Abdun en su Tratado de hisba redactada en la Sevilla del s. XII (“Debe impedirse que en los almacenes de cal y en los lugares vacíos se vaya a estar solos con mujeres”) puede estar en sintonía con la actividad que tuvieran como productoras de ladrillos de adobe, según nos descubre también la deliciosa anécdota del rey sevillano al Mutamid que nos cuenta al -Maqqari: su esposa, I‘timad, vio hacer a las mujeres del pueblo ladrillos amasando con sus pies la arcilla y quiso ella imitarlas, amasando con los pies un limo oloroso elaborado con grandes cantidades de azúcar, canela, jengibre y perfumes de varios tipos.  

Las mujeres producen materiales de construcción y esto refuerza el rastro que la misma profesora Díez Jorge ofrecía respecto a la gestión por parte de Isabel Robles de una fábrica de ladrillos que proveía a la Alhambra poquísimo tiempo después de la conquista castellana de Granada, en 1501. Por otro lado, Christine Mazzoli daba un paso más, abriendo la posibilidad de una intervención directa de mujeres en la ampliación de espacios domésticos, al construir habitaciones superiores como algorfas. De momento poco más podemos decir, pero muestra de nuevo la existencia de facetas desconocidas hasta hace no mucho. 

Queremos apuntar también otros ámbitos de ocupación importantes, aunque apenas estudiados, como la intervención femenina en actuaciones comerciales propiamente dichas. El reconocimiento de mujeres mercaderas no es usual, aunque existe. Pueden llegar a alcanzar posiciones económicas holgadas y una consideración social positiva. Se podía hablar de su vinculación con la industria alimentaria, preponderante en este caso, elaborando productos como vinagre, pan, dulces, algunos platos preparados para su venta… o bien comprando y almacenando bienes, como cereales, con fines especulativos; o de su calidad como propietarias de establecimientos mercantiles, como tiendas y alhóndigas. De hecho, convendría hablar también de la cuestión de la propiedad femenina, que constituye, lo sabemos, un elemento de no menor importancia a la hora de calibrar su capacidad como agentes económicos, capaces de gestionar de manera autónoma, compras, ventas, préstamos, arrendamientos… lo que llevó a las mujeres nazaríes, al menos aquí parece claro que ocurre, a presentarse como participantes activas del funcionamiento económico del emirato. Aún sin poder tratar el tema en esta ocasión, no podemos perder de vista este amplio espacio de estudio futuro.  

El sector textil 

De todos modos, por supuesto, la actividad profesional que permite calificar a las mujeres andalusíes como agentes económicos de pleno derecho se concentra principalmente en el sector textil, donde asumen un papel de primer orden. Las tareas textiles de cualquier tipo tradicionalmente se han interpretado como una extensión de sus habilidades en ámbito doméstico. Sin embargo, los caracteres de su actuación en un sector productivo fundamental en la economía de al-Andalus pueden adquirir otras dimensiones. Nos referimos a una actuación profesional, especializada, remunerada y fundamental en la industria textil vinculada a un consumo externo, en el que interviene una actuación comercial. Se trata de una ocupación de sectores sociales y económicos más necesitados, cargada de una consideración social no siempre positiva, cuando se excede el entorno estrictamente familiar, que tiene su posible origen en la concepción generalizada de la figura femenina de la que ya hemos hablado, pero también en los tintes negativos asociados al trabajo manual en el mundo islámico. 

El peso económico que asume la participación femenina en la industria textil es tan destacable como para ser protegido, a través de fetuas que permiten la continuación de la tarea de hilado a las mujeres durante el ramadán, sin que por ello se considere que están contraviniendo la norma de ayuno. Y son también objeto de control fiscal, o de intento de control fiscal, lo que puede generar dificultades, al desarrollarse muchas veces la tarea en entornos domésticos, difícilmente accesibles a los extraños. Una fetua firmada por Al-Saraqusti muestra la escena de una mujer dedicada al trabajo textil en su telar y obligada a pagar al recaudador de impuestos, para lo que se endeuda (Lagardère, 1995, 175). Desgraciadamente no disponemos de series que nos permitan hacer un seguimiento fiscal en época nazarí, aunque los estudios que se están realizando al respecto en primera época castellana podrían resultar interesantes. 




Conversaciones en una ciudad. Al-Ḥarīrī. Maqāmāt (1237 circa). Bibliothèque  
National de France. Ms. Árabe 5847, f. 138.


También en este sector por tanto cabe replantearse algunas cuestiones tradicionalmente aceptadas en su formulación actual y en las que matices y puntualizaciones a veces importantes ayudarán a recalibrar los términos de la participación femenina en la industria textil como actores económicos de primer nivel. 

Tradicionalmente, por ejemplo, se ha atribuido a la actuación femenina tareas vinculadas con las fases preparatorias y de cría del gusano de seda, hasta el hilado. En esa línea se entendía también que el trabajo masculino se centraría en las fases más avanzadas de tejido y acabado, que podía desarrollarse fuera del ámbito estrictamente doméstico. Con ello se limitaba su protagonismo en el proceso económico de producción y comercialización textil. Sin embargo, esta división tan estricta del trabajo no tendría por qué cumplirse. Lo hemos podido ver en Talará, donde los dientes desgastados por su uso en el hilado corresponden tanto a hombres como a mujeres. Por otro lado, Jorge Garrido nos muestra la existencia de hombres hiladores en la Granada del s. XIV y también de mujeres desempeñando otros oficios textiles vinculados al tejido de las fibras. Encontramos hilanderas, devanadoras, tejedoras y bordadoras, y están también implicadas en la fabricación de productos como alfombras, ropa y artículos de cuero…, de manera que su participación en la industria textil puede estar mucho más extendida que su mera implicación en las fases iniciales del trabajo. Contamos incluso con rastros de mujeres tejedoras, como María de Fez y Constanza de Fez, contratadas en 1513 en Granada por Juan Alharraz (antes Mahomad), para que enseñaran a labrar e hilar la seda a sus hijas, Leonor de 7 años y  Francisca de 11 años. 

Tampoco parece una norma la asociación estricta trabajo femenino-espacio doméstico en el sector textil. Esta actividad puede desarrollarse en el entorno doméstico, sí, pero también fuera. Encontramos espacios de reunión de las mujeres para desarrollar esta actividad, tanto en el medio rural, tal y como ocurre en los huertos de las afueras de Málaga trasladados por su repartimiento, o bien desarrollarse en locales adaptados para estos trabajos. En la tarbea granadina de Bibbalbonut, por ejemplo “texen xarga e hilan seda […]” a principios del siglo XVI…, y son diversas las ocasiones en que los mismos tratados de hisba se hacen eco de la producción textil femenina en el contexto del zoco, aludiendo además a su participación en el tratamiento de diversas fibras textiles, como seda, por supuesto, pero también lino y algodón. De hecho, podrían existir lugares específicamente destinados a desarrollar esta tarea en el espacio público, concretamente en mercados especializados, tal y como ocurre en la misma ciudad de Málaga, donde se identifica un zoco del hilado. Posiblemente estuviera situado en el corazón de la madina y próximo a otros mercados relacionados con la industria textil, como el de los sastres o alfayates y el de los pañeros. Sabemos además que en el zoco del hilado las materias primas eran la seda junto al algodón y el lino, estando además atestiguada la presencia de mujeres desde bien temprano, tal y como reflejan espontáneos poemas, como la uryuza del siglo XI firmada por al-Huhali: 

“Pero me puso a trabajar, aprovechando/mi destreza, en el zoco del hilado/diciéndome: “Si quieres cosas bonitas/comer y beber bien, y ropas nuevas, despabílate, /menea los dedos, y/echa fuera de ti los caprichos”. 

Por último, tenemos que dar una nueva dimensión a la tarea del hilado. No podemos negar la importancia de la mano femenina en este trabajo, dentro y fuera del ámbito familiar. Las mujeres que llevan a cabo esta tarea remunerada pueden trabajar por cuenta propia, vendiendo después su producto en el mercado, en cuyo caso las madejas suelen ser comercializadas por intermediarios, como familiares, comerciantes, corredores o recaudadores de impuestos: 

“…en modo ni circunstancia alguna podrán [las mujeres] poner tenderete [para la venta de su hilado] …Para la venta de su hilado, conviene que las mujeres no recurran a nadie que no sea un anciano de fiar; conocido por ser hombre piadoso y de bien. Esto es porque [dichos intermediarios] se codean con las mujeres, con las que charlan cuando la entrega o pago [de su hilado]” (Abd al-Ra’uf, s. X). 

También podrían asumir encargos con material proporcionado por terceros. Las mujeres hilan, sí. Pero es que el hilado se convierte precisamente en la actividad que reporta mayores beneficios económicos a un emirato, el nazarí, especializado en elaborar materia prima que es objeto de exportación para nutrir la naciente industria textil europea. La exportación de madejas de seda hilada constituye, de hecho, una de las principales fuentes de beneficio económico del emirato nazarí a través del comercio y de su incorporación a un espacio de crecimiento que está integrando ya mercados, procesos de trabajo y sistemas de producción preindustrial a finales de la Edad Media… 

Las madejas de seda hilada nazarí son adquiridas por mercaderes florentinos, pero sobre todo genoveses y valencianos, que llegan a pugnar por hacerse con el control monopolístico de la exportación de este artículo, y que las venden en centros textiles sederos como Lucca, Venecia y Brujas. También llega seda nazarí por esta vía a Túnez, por ejemplo. Así que cuando un mercader como Leonel Lomelín encarga a granadinas el devanado de mazos de seda que les habría entregado y por cuya desaparición serían denunciadas, está poniendo a la mujer en el centro de un proceso económico de gran calado, convirtiéndola en un agente económico fundamental y en el centro de una cadena productiva mucho mayor. Queda aún mucho por estudiar en este sentido, pero sabemos que las mujeres estarían directamente implicadas en la producción del objeto de interés comercial prioritario de los representantes del gran comercio internacional, mercaderes extranjeros que llegan a estas tierras buscando la seda hilada para nutrir la gran industria textil europea. 

A pesar de las dificultades con las que se seguirá encontrando la investigación en este campo, el desbloqueo de estereotipos puede permitir dar un nuevo impulso a estas investigaciones. Por supuesto, hay que subrayar la implicación de las mujeres en trabajos asalariados, principalmente en el sector manufacturero, con particular interés en la industria textil, y en el sector servicios, que parece amplia. Se trata de actividades que sustentan su valor como actores económicos y que cuentan con la protección jurídica, facilitando su participación en un entorno social restrictivo. Por último, su participación activa en cadenas de producción más complejas, como la que implica el trabajo textil en una dimensión asociada a dinámicas de desarrollo internacionales es también un elemento destacable. Todo ello convierte a las mujeres nazaríes y a su trabajo en agentes económicos de primer orden.


Para ampliar:

·         Boloix, B., “Los estudios sobre las mujeres en al-Andalus. Un estado de la cuestión”. Anaquel de Estudios Árabes, 32 (2021), pp. 53-84. 

·         Boloix, B., “Las mujeres nazaríes y la seda: una aproximación a su estudio”, en Artesanía e industria en al-Andalus: actividades, espacios y organización, Granada, Comares, 2023, pp. 97-114. 

·         Boloix, B., “Las mujeres del mundo rural nazarí. Vidas cotidianas, espacios y objetos domésticos según la Tufhat al-Mugtarib de Ahmad al-Qastali (siglo XIII)”. Anuario de Estudios Medievales, 53 (2023), pp. 477-514. 

·         Cano Ávila, P., Contratos conmutativos en la Granada Nazarí del siglo XIV según el formulario notarial de Ibn Salmun (m.767/1366). Tesis doctoral en acceso abierto, Universidad de Granada, 1987 (http://hdl.handle.net/10481/6446), p. 617 

·         Díez Jorge, M.E, “Mujeres en la Alhambra: Isabel de Robles y el Baño de Comares“. Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, 37 (2006), pp. 45-55. 

·         Díez Jorge, M.E., “Women and the architecture of al-Andalus (711-1492): a historiographical analysis”, en  Reassessing the roles of women as «makers» of medieval art and architecture, Leiden, Brill, pp. 479-522 

·         Fierro, M., “La mujer en el trabajo en el Corán y el Hadiz”, en La mujer en al-Andalus. Reflejos históricos de su actividad y categorías sociales. M. J. Viguera Molins ed. Madrid, 1989, pp. 35-51. 

·         Garrido López, J. “The Study of Textile Production at the End of al-Andalus and the Early Sixteenth Century: A Characterization of the Forms of Production”. Medievalista, 39 (2026), pp.325-340 

·         Lanfranchi, Z., Martín Flórez J.S, Charisi D., Jiménez Brobeil S., “Aproximación al estilo de vida en el reino de  Granada  desde  la  antropología  física: la ciudad y el campo”, Estudios sobre patrimonio, cultura y ciencias medievales, 18 (2016), pp. 659-684. 

·         Marín, M., mujeres en al-Ándalus, Madrid, CSIC, 2000. 

·         Mazzoli-Guintard, C., “Género y arquitectura doméstica en la Córdoba del siglo XI: construcción y funcionalidad de la algorfa “, en María Elena Díez Jorge et Julio Navarro Palazón (ed.), La casa medieval en la Península Ibérica, Madrid, Sílex, 2015, p. 289-306. 

·         Moreno-Narganes, J. M., “Tejiendo en casa: actividades textiles y espacios domésticos en al-Andalus (ss. XII-XIII)”, en A. Clarinda Cardoso, A. Mariani, L. Ferreira, P. Monteiro y R. F. Teixeira da Conceiçao (coords.), Incipit 9. Workshop de Estudos Medievais da Universidade do Porto, 2020. Oporto: Universidad do Porto, 2021, pp. 29-44. 

·         Shatzmiller, M., Labour in the medieval islamic world, Leiden, Brill, 1994. 

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

PASTA CON DESPOJOS DE AVE

 

PASTA CON DESPOJOS DE AVE

Las pequeña cosas, son las que marcan el gusto por la cocina. Los despojos de ave de corral se pueden reemplazar muy bien por pollo picado. En este caso, no lo cocine previamente como se menciona en la receta  de despojos de ave, si no que lo dore por más tiempo.

 

Ingredientes

300 gr de despojos de aves de corral como hígados y corazones.

1 hoja de laurel

3 clavos de olor

1 cebolla

2 cucharadas de aceite de oliva

200 gr de apio

250 gr de tomates

Sal

Pimienta negra recién molida

350 gr de pasta (macarrones o penne)

80 gr de pecorino

 

Elaboración

Enjuagamos los despojos con agua fría y luego las colocamos en una cacerola con un gran volumen de agua fría. Agregamos la hoja de laurel y los clavos de olor y llevamos a ebullición. Cocemos aproximadamente por 3 minutos y luego los escurrimos y reservamos.

Cortamos la cebolla por la mitad, luego en juliana y sofreímos a fuego lento en una sartén con el aceite de oliva. Cortamos el apio en rodajas finas, dividimos los tomates en cuartos o en octavos y agregamos todo a la cebolla.

Sazonamos con sal y pimienta negra recién molida al gusto y dejamos cocinar a fuego lento durante aproximadamente 5 minutos.

Cortamos los despojos en trozos pequeños, agregamos a la sartén, removemos bien y doramos. Ajustamos la sazón a nuestro gusto si es necesario.

Cocemos la pasta al dente en un gran volumen de agua con sal y escurrimos una vez cocidas. Acomodamos la pasta con la salsa de despojos y luego rallamos el pecorino sobre el palto.

‘Buen provecho!