miércoles, 21 de octubre de 2026

AL-QASIM B. HAMMUD

 

AL-QASIM B. HAMMUD

Al-Qāsim b. Ḥammūd: Abū Muḥammad, al-Qāsim b. Ḥammūd b. Maymūn b. Ḥammūd b. ‘Alī b. ‘Ubayd Allāh b. Idrīs b. Idrīs b. ‘Abd Allāh b. Ḥasan b. al-Ḥasan b. ‘Alī b. Abī Ṭalīb, al-Ma’mūn (El Fidedigno). Marruecos, c. 345-6/958 – Málaga, ša‘bān del año 427/VI.1036. Segundo califa ḥammūdí de Córdoba, descendiente de ‘Alī b. Abī Ṭalīb y de Fāṭima, hija del Profeta. Según Ibn ‘Iḏārī, siguiendo a Ibn Ḥayyān, su califato en dos etapas duró cuatro años y veintitrés días.

Califa hamudí

Biografía

Su padre, Ḥammūd b. Maymūn, fue un notable de la zona de Arcila de familia árabe fuertemente berberizada. Su madre se llamaba al-Bayḍā’ (Blanca) al-Qurayšiyya, hija del tío paterno de su esposo.

En las primeras semanas que siguieron al asesinato de su hermano ‘Alī b. Ḥammūd, primer califa ḥammūdí de Córdoba, y el advenimiento de al-Qāsim, se dio un pretendiente omeya —suscitado en el Levante de al-Andalus por Jayrān, señor de Almería y el tuŷībí al-Munḏir b. Yaḥyà, señor de Zaragoza, así como por otros notables—, del que esperaban los cordobeses una restauración omeya que diera nuevo esplendor al califato ya moribundo, pero no llegó a cuajar. El flamante califa omeya era un bisnieto de Abderramán III, llamado ‘Abd al-Raḥmān IV b. Muḥammad b. ‘Abd al-Malik, que se había retirado a Valencia y había sido proclamado califa bajo el nombre de al-Murtaḍà, luego del asesinato de ‘Alī b. Ḥammūd; mas viendo Jayrān y al-Munḏir que el nuevo Califa no iba a ser manejable, decidieron antes de ir a Córdoba atacar a los beréberes zīríes de Granada, a fin de deshacerse de al-Murtaḍà. Dicho y hecho, dejaron al flamante califa cuasi abandonado ante el ejército beréber, y los dos fautores califales se retiraron a Almería. Con todo, al-Murtaḍà pudo escapar y refugiarse en Guadix, donde unos sicarios de Jayrān lo volvieron a apresar y lo asesinaron.

En el ínterin, las milicias bereberes ḥammūdíes de Córdoba y Sevilla proclamaron a al-Qāsim como sucesor, vulnerando, pues, el testamento del difunto califa ḥammūdí ‘Alī, que había nombrado a su hijo mayor Yaḥyà heredero presunto y se hallaba entonces en Ceuta.

Al-Qāsim se apresuró a trasladarse de Sevilla, ciudad de la que era gobernador, a Córdoba para recibir el juramento de fidelidad de los cordobeses, que se lo prestaron el martes 4 de ḏū-l-qa‘da de 408/25 de marzo de 1018, tres días después de la muerte de su hermano menor ‘Alī. El nuevo califa había sobrepasado los 61 años de edad el día de su proclamación.

Yaḥyà, a quien correspondía la herencia de su padre, no estimó conveniente oponerse de momento a la proclamación de su tío, pero no descuidó asegurar sus dominios: Málaga, donde estaba su hermano Idrīs, y las plazas africanas. Al-Qāsim por su parte designó como heredero a su sobrino Yaḥyà y le dio a su hija Fátima como esposa. Cuando Yaḥyà más tarde reciba propuestas de los beréberes de Córdoba que el califa al-Qāsim había postergado, ofreciéndole su apoyo para ocupar el Trono, entonces Yaḥyà se desplazó a Málaga, enviando a su hermano y lugarteniente Idrīs a Ceuta.

Mientras, la capital cordobesa conoció durante tres años seguidos una verdadera paz. Al-Qāsim no estaba desprovisto de ciertas dotes políticas y su avanzada edad lo inclinaba a la moderación; de ahí que hasta gozase de cierta popularidad entre la población. Al hacerse cargo del poder decretó una amnistía general y abolió las medidas de su hermano ‘Alī, que obligaban, entre otras cosas, a la gente acomodada a pagar personalmente el equipo y el mantenimiento de un soldado. Poco a poco se ganó la animadversión de las milicias beréberes, hasta el punto de que el califa empezó a desconfiar de ellos, por lo que reclutó en el norte de África mercenarios negros que empleó como guardia de corps. Algunos le atribuían opiniones ši‘íes; pero no las dejaba transparentar. Su talante moderado atrajo a la corte a jefes esclavones amiríes de Levante, tales como Jayrān y Zuhayr, confiándoles el mando sobre sus regiones, Almería al primero, y Jaén, Baeza y Calatrava al segundo.

Con el tiempo las relaciones entre el califa y su heredero presunto, su sobrino y yerno Yaḥyà b. ‘Alī se fueron deteriorando; el segundo se había dado buena maña para acrecentar sus apoyos (Jayrān de Almería siempre dispuesto a venderse al señor del momento, le aseguró su participación). Cuando se sintió lo suficientemente fuerte, se sublevó contra su tío en Málaga, un día de rabī‘ I de 412/15 de junio de 1021, y acto seguido marchó contra Córdoba.

Su tío al-Qāsim, inseguro de los cordobeses, abandonó la capital el 22 de rabī‘II de 412/5 de julio de 1021 y se fue a refugiar a Sevilla, ciudad de la que había sido antaño gobernador. Los beréberes se fortificaron en el alcázar de Córdoba esperando la llegada de Yaḥyà b. ‘Alī, que entró sin dificultades en la ciudad y tanto los cordobeses como los beréberes se pusieron de acuerdo para proclamarlo califa. La jura tuvo lugar el primero de ŷumādā I de 412/13 de agosto de 1021.

Mientras al-Qāsim seguía titulándose califa y emir de los creyentes en Sevilla, y como tal lo reconocían sus habitantes; lo cual fue piedra de escándalo en al-Andalus ver reinar a dos califas a la vez. Pronto Yaḥyà no pudo mantenerse en Córdoba, su desmesurado orgullo le enajenó los apoyos beréberes y sintiéndose amenazado optó por huir a Málaga. Aprovechó la situación su tío al-Qāsim para volver a Córdoba de inmediato y entró en la ciudad el martes 17 de ḏū-l-qa‘da de 413/11 de febrero de 1023. Los cordobeses le renovaron el juramento de fidelidad y al-Qāsim revocó la designación de heredero que había formulado a favor de su sobrino Yaḥya, otorgando la herencia de su precario califato a su hijo Muḥammad.

El viejo califa reinó esta segunda vez siete meses y algunos días, hasta que el martes 21 de ŷumādā II de 414/9 de septiembre de 1023 la gente de la ciudad se levantó contra él y sus beréberes, a los que el califa no podía sujetar. Intentó impedir la llegada de toda clase de víveres y reducir por hambre a los cordobeses; pero al final al-Qāsim debió abandonar la ciudad para no volver el 16 de ramadán de 414/2 de diciembre de 1023.

Enseguida los cordobeses nombraron califa al omeya ‘Abd al-Raḥmān V al Mustaẓhir, hermano menor del desastroso califa Muḥammad II al-Mahdī, iniciador de la guerra civil que llevaría al califato de Córdoba a su extinción. En vano al-Qāsim buscó refugio en Sevilla, esta vez los habitantes le cerraron las puertas y expulsaron a sus familiares del alcázar; finalmente se refugió en Jerez, donde su sobrino Yaḥyà pronto vino a sitiarlo, obligándolo a capitular y desde donde sería conducido cautivo a Málaga. Permaneciendo en ese estado hasta la muerte de Yaḥyà b. ‘Alī; entonces su hermano y sucesor Idrīs mandó estrangularlo en prisión, corría el mes de ša‘bān del año 427/junio de 1036. Era por esas fechas un anciano octogenario. El cadáver fue entregado a sus dos hijos, Muḥammad y Ḥasan, que a la sazón residían en Algeciras.

 

Bibliografía

J. A. Conde, Historia de la dominación de los árabes en España, t. II, Barcelona, Imprenta de D. Juan Oliveres, Editor, 1844, págs. 140-142

Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb, ed. bajo el título de Analectes sur l’Histoire et la littérature des Arabs d’Espagne, t. II, por R. Dozy, G. Dugat, L. Krehl, W. Wright, Leiden, Brill, 1855, págs. 315-319 (trad. parc. P. de Gayangos, The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, t. II, New York-London, Johnson Reprint Corporation, 1964, págs. 230, 234, 237 y 240-241)

Ibn al-Aṯīr, Al-Kāmil fī-l-ta’rīj, t. IX, ed. de C. J. Tornberg, Leiden, Brill, 1863, pág. 273

‘Abd al-Wāḥid Al-Marrākušī, Kitāb al-Mu‘ŷib fī taljīṣ ajbār al-Magrib, ed. R. Dozy bajo el título de History of the Almohades, Leiden, Brill, 1881 (trad. de E. Fagnan, Histoire des Almohades, Argel, Adolfo Jordán, Libraire-Éditeur, 1893, págs. 43-45), reimpr. Ámsterdam, Oriental Press, 1968, págs. 35-37

Al-Nuwayrī, Kitāb Nihāyat al-‘arab fī funūn al-adab, ed. y trad. M. Gaspar Remiro bajo el título de Historia de los musulmanes de España y África por En-Nuguairí, t. I, Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1917, págs. 80-82/76-77

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, con título y subtítulo en francés que reza: Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, ed. de E. Lévi-Provençal, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 113-114, 122-124, 127-135 y 144 (trad. crítica [con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iḏārī”, establecidas por E. Lèvi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258] de F. Maíllo Salgado, La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas [al-Bayān al-Mugrib], Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 103, 110-112, 114, 116-120, 126)

R. Dozy, Histoire des Musulmans d’Espagne, t. II, ed. E. Lévi-Provençal, Leiden, Brill, 1932, págs. 316-321

L. Seco de Lucena, Los Hammudies, Señores de Málaga y Algeciras, Málaga, Exmo. Ayuntamiento de Málaga, 1955

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-A‘lām, ed. de E. Lévi-Provençal bajo el título Histoire de l’Espagne Musulmane (Kitāb A‘māl al-A‘lām), Beirut, Dār al-Makchouf, 1956, págs. 129-130 (trad. de W. Hoenerbach, Islamische Geschichte Spanien. Übersetzung der A‘mal al-A‘lam und Ergänzender Texte, Zürich-Stuttgart, Artemis Verlag, 1970, pág. 264)

Al-Ḥumaydī, Yaḏwat al-muqtabis fī ḏikr wulāt al-Andalus, ed. de M. T. al-Tan’ī, El Cairo, al-Dār al-Miṣriyya, 1966, pág. 22-24

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del califato de Córdoba (711-1031 de J.C.), en R. Menéndez Pidal (dir.), Historia de España, t. IV, Madrid, Espasa Calpe, 1967, págs. 479-482

A. Huici Miranda, “Hammudides”, en Encyclopédie de l’Islam, Leiden-Paris, Brill-Maisonneuve, 1975. t. III, págs. 150-151

J. M. Continente, “Los Ḥammūdíes y la poesía”, en Awrāq, 4 (1981) pág. 57-72

Anónimo, Ḏikr bilād al-Andalus, ed. y trad. L. Molina bajo el título de Una descripción anónima de al-Andalus, 2 vols. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1983, págs. 171/217

Autor/es

Felipe Maíllo Salgado

 

CALAMARES RELLENOS DE CAMARONES

 

CALAMARES RELLENOS DE CAMARONES

 

Ingredientes

12 calamares de tamaño medio limpios, cuerpo y tentáculos

300 gr de camarones, pelados y desvenados

1 cucharada de ajo muy picado

2 cucharadas de cebolla finamente picada

¼ de taza de migas de panco o pan rallado

1 huevo

Harina

Aceite de oliva

½ manojo de perejil

 Muy picado

Palillos de diente

Para la salsa de tomate:

1 K de tomate triturado

2 cucharadas de pasta de tomate

¼ de taza de aceite de  oliva

1 cebolla pequeña picada

4 dientes de ajo muy picados

2 cucharadas de albahaca fresca muy picada

1 cucharada de orégano seco

1 guindilla pequeña, o cayena en polvo una pizca

1 chorrito de vino blanco

Sal

Pimienta negra recién molida

Elaboración

En una cacerola a fuego medio-alto. Agregamos aceite de oliva y cuando el aceite este caliente, añadimos la cebolla y el ajo, removemos bien y sofreímos hasta que comience a dorarse. Agregamos el tomate triturado, la pasta de tomate, el orégano seco, la albahaca , la guindilla o cayena en polvo, la sal y la pimienta negra recién molida, removemos todo muy bien, y dejamos hervir, removiendo ocasionalmente, agregamos el chorrito de vino blanco, luego reducimos el fuego a lento y cocinamos durante 10 minutos.

Para el relleno:

Picamos los camarones en dados pequeños y lo colocamos en un bol, añadimos la cebolla picada finamente, el ajo, el huevo y las migas  de panco o pan rallado, con una a espátula de silicona, mezclamos muy bien hasta que todos los ingredientes estén bien integrados en la masa. Con una cuchara pequeña, rellenamos cada calamar, empujando el relleno hasta el final de la cola, para rellenar uniformemente el cuerpo, dejando alrededor de un dedo sin rellenar y cerramos con un palillo de diente, cortando los extremos del palillo para que el calamar quede plano en la sartén..

Guardamos los tentáculos para freír o agregar a la salsa de tomate con los calamares rellenos.

Espolvoreamos los calamares rellenos con la harina, Calentamos una sartén a fuego medio-alto, agregamos suficiente aceite de oliva para cubrir el fondo y doramos los calamares por ambos lados 2-3 minutos por cada lado. Transferimos los calamares con cuidado y los tentáculos a la sartén con la salsa de tomate, cubrimos con la salsa y cocinamos a fuego lento durante 20 minutos. Verificamos que la salsa este bien de sazón, a la ver que comprobamos el espesor por si fuese necesario añadir más vino blanco.

Freímos los tentáculos enharinados con aceite de oliva durante 2-4 minutos., sacamos y escurrimos en un plato con papel absorbente de cocina.

En una fuente colocamos los calamares sobre la salsa de tomate y decoramos con los tentáculos fritos

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

 

 

 

 

martes, 20 de octubre de 2026

ARROZ CON LECHE

 

ARROZ CON LECHE

Ingredientes

½ Taza de arroz redondo

4 tazas de leche entera

½ taza de azúcar blanca

1 vaina de vainilla

1 rama de canela

1 cucharadita de canela en polvo

Cascara de limón o naranja (según gusto)

 

Elaboración

En una cacerola, calentamos a fuego medio las leche, la vaina de vainilla, la rama de canela y la cascara de limón o naranja.. Mezclamos todo junto.

Una vez que la leche comience a hervir ligeramente, agregamos el arroz y mezclamos todo.

Continuamos mezclando para que la leche no forme espuma y cree una película en la superficie.

 Pasado 10 minutos después de añadir el  arroz, bajamos el fuego a bajo, agregamos el azúcar blanco a la cacerola y mezclamos todo.

Continuamos mezclando para que la leche no forme espuma.

Aproximadamente 15 minutos, después de agregar el arroz, el arroz debería estar listo. Podemos comprobarlo parando la espátula por la cacerola, si puedes ver el fondo, tenemos un arroz con leche perfecto.

Apagamos el fuego y dejamos reposar el arroz con leche durante unos 5 minutos.

Quitamos la vaina de vainilla, la rama de canela y la piel de limón o naranja.

Servimos el arroz con leche en tazos pequeños.

Espolvoreamos con un poco  de canela molida y si lo deseas decora con una hoja de menta.

¡Buen provecho!

 

VIEIRAS GRATINADAS

 

VIEIRAS GRATINADAS

 

Ingredientes

8 vieras frescas o congeladas

6 cucharadas de aceite de oliva

1 cebolla finamente picada

1 diente de ajo finamente picado

1 cucharada de pimentón dulce

1 copa de vino blanco seco

2 cucharaditas de salsa de tomate

½ cucharadita de sal

½ cucharadita de pimienta negra recién molida

2 cucharadas de pan rallado

1 cucharada de perejil finamente picado

 

Elaboración

En una sartén, calentamos el aceite de oliva a fuego medio. Agregamos la cebolla y el ajo, sofreímos durante 5 minutos o hasta que estén suaves, removiendo de vez en cuando. Disminuimos el fuego a bajo y añadimos el pimentón dulce, removemos bien para que el pimentón no se queme. Agregamos el vino blanco seco y cocinamos durante unos 10 minutos o hasta que se evapore le vino. Añadimos la salsa de tomate, la sal y la pimienta negra recién molida, removemos bien y cocinamos por 2-3 minutos o hasta que se caliente por completo. Probamos la sazón y ajustamos si fuese necesario de sal y pimienta

Precalentamos el horno.

Llenamos 2 tercios de una cacerola con agua y llevamos ebullición. Agregamos las vieiras, retiramos del fuego y dejamos reposar en el agua caliente durante 5 minutos o hasta que estén  completamente abiertas. Escurrimos bien.

Colocamos la conchas en una bandeja de hornear con bordes. En cada caparazón con la carne de la vieira. . Vertimos la mezcla de tomate  uniformemente sobre las vieiras. Espolvoreamos con el pan rallado y luego el perejil.

Metemos ene l horno y asamos durante 2-3 minutos o hasta que la parte superior este dorada.

Sacamos del horno y servimos caliente.

¡Buen provecho!

HOJALDRES DE QUESO Y ALMENDRAS

 

HOJALDRES DE  QUESO Y ALMENDRAS


Ingredientes

Hojaldre de mantequilla

60 gr de almendras laminadas

50 gr de queso rallado

Un poco de sal

Un poco de pimienta negra recién molida

1 huevo batido

 

Elaboración

En un bol combinamos las almendras laminadas, el queso rallado,  la sal y la pimienta negra recién molida

Extendemos el hojaldre sobre la mesa de trabajo y untar con huevo batido.

Espolvoreamos la mezcla de almendras y queso por encima del hojaldre procurando que cubra roda la superficie,

Con una rueda corta pizza, cortamos tiras en ambas direcciones para formar cuadrados.

Metemos los cuadrados en el congelador durante 30-45 minutos, sacamos del congelador y colocamos sobre una bandeja de horno cubierta con papel sulfurizado.

Horneamos en horno precalentado a 180º, durante  15 minutos, o hasta que los veamos con color dorado bonito.

Sacamos del horno y dejamos enfriar a temperatura ambiente.

¡Buen provecho!

sábado, 17 de octubre de 2026

SULAYMAN AL-MUSTA'IN

 

SULAYMAN AL-MUSTA'IN

Sulaymān al-Musta‘īn. ?, s. m. s. X – Córdoba, 1016. Califa omeya durante el período de la guerra civil (noviembre de 1009-julio de 1016). Bisnieto del califa ‘Abd al-Raḥmān III, y miembro del clan omeya. Quinto califa omeya de Córdoba.

Califa omeya

Biografía

La trayectoria política de Sulaymān se inscribe en el turbulento comienzo del siglo XI en la capital de al-Andalus. El dominio absoluto que consiguió la dinastía ‘āmirí, fundada por Almanzor, sobre los descendientes directos del omeya al-Ḥakam II, causó que los legitimistas tuvieran que buscar candidatos adecuados al Trono entre personajes del clan omeya de ramas secundarias, lo que hizo que la familia de Sulaymān fuera una opción obvia; cuando otra familia del clan omeya alcanzó el poder y entronizó a Muḥammad II b. ‘Abd al-Ŷabbār al-Mahdī, se produjo un enfrentamiento entre las dos ramas, una apoyada por la población cordobesa y otra por los beréberes traídos del norte de África por los ‘āmiríes, a los que el gobierno intentaba arrebatar algunos de los privilegios que detentaban en época ‘āmirí. Cuando el tío de Sulaymān, Hišām, campeón de los omeyas apoyados por los beréberes y que había adoptado el sobrenombre califal de al-Rašīd, fue apresado por los partidarios de al-Mahdī, él se unió en la misma zona del arrabal de Ṣaqunda a los principales jefes beréberes huidos de la matanza perpetrada contra los norteafricanos en Córdoba (junio de 1009). Al llegar a Despeñaperros fue proclamado califa por éstos.

Sulaymān era hijo de una esclava cristiana, Zabya, y accedió al Trono con cincuenta y dos años, tras un largo período de inactividad política forzada por la vigilancia ejercida por los ‘āmiríes sobre los posibles pretendientes omeyas. Gozaba de fama como hombre instruido tanto en literatura como en historia, compuso algunos poemas que han llegado hasta nosotros gracias a Ibn Bassām, y durante su mandato favoreció a muchos poetas y a los secretarios con conocimientos literarios, en lo que se puede advertir un avance de lo que sería el siglo XI en las Cortes de los reyes de taifas.

Su actividad militar comenzó con una campaña en la zona de la Marca Media, derrotando al general al mando de esta frontera, el eslavo Wāḍiḥ, enviado del Califa, en el Jarama, cerca de la actual Alcalá de Henares; éste había intentado apresar al propio Sulaymān. Tras la derrota huyó a Córdoba, adonde lo siguió el ejército beréber. El poder real del pretendiente omeya dentro del Ejército era muy relativo, pues su fuerza dependía del apoyo de los notables de origen norteafricano, que en caso de desacuerdo con él podían optar por utilizar a otro candidato.

Entretanto, las familias de los soldados beréberes que se encontraban aún en la capital andalusí sufrieron sevicias por parte de los partidarios de al-Mahdī, lo que enconó aún más la lucha. Ante la falta de un Ejército regular con el que defenderse, Muḥammad II llamó a filas a los hombres en edad de combatir del pueblo llano, con los que configuró una tropa de muy escaso valor militar. Se encontraron los dos ejércitos en las cercanías de Córdoba, y el ejército del califa al-Mahdī fue barrido en Qantīš; pocos días después, el 5 de noviembre de 1009, la ciudad fue asaltada, el alcázar ocupado y Sulaymān proclamado califa, con el sobrenombre califal de al-Musta‘īn bi-Allāh (El que implora la ayuda de Dios); un destacamento de cien castellanos permaneció en Córdoba junto a Sulaymān. Al-Mahdī había intentado en el último momento que los jefes beréberes reconocieran a Hišām II, al que él había destronado, para llegar a un acuerdo, pero éstos no aceptaron ya componendas, seguros de su triunfo.

Al-Mahdī no fue perseguido e incluso permaneció en Córdoba varios días; finalmente consiguió huir a la Marca Media, donde se mantenían la mayor parte de sus partidarios. Los pocos soldados de caballería del Ejército del depuesto califa fueron degradados en Córdoba, y los que se resistieron a este castigo fueron ejecutados. Posteriormente Sulaymān realizó varias gestiones para conseguir la sumisión de la ciudad de Toledo y la Marca Media, que fueron infructuosas, así como la campaña que realizó hasta las mismas puertas de Medinaceli entre febrero y abril de 1010. En estas fechas adoptó otra medida que resultó impopular: la designación de su hijo Muḥammad, un niño de corta edad, como sucesor al califato, hecho que fue interpretado como poco juicioso por los notables de Córdoba.

Debido a la enemistad existente entre los beréberes recién llegados a al-Andalus, sustentadores de Sulaymān, y la población andalusí —incluso aquella de origen beréber, llegada a la Península Ibérica en la época de la conquista—, consiguió un respaldo amplio para al-Mahdī en su intento de recuperar el Trono. Con el socorro de los condes de Urgel y de Barcelona, y posiblemente de elementos del reino de Castilla, dado que se comprometió la entrega de la plaza de Medinaceli para congraciárselos; se preparó un ejército lo bastante fuerte como para atacar al de Sulaymān en El Vacar, a diez kilómetros de Córdoba, en junio de 1010. Aunque los beréberes derrotaron a los cristianos e incluso mataron al conde de Urgel, Armengod, la desbandada del ejército regular de Sulaymān, que consideró que estaban siendo derrotados, les llevó a retirarse de Córdoba. Los beréberes evacuaron sus cuarteles de Madīnat al-Zahrā’, que fue saqueada por el gentío y huyeron perseguidos de cerca por al-Mahdī, que les alcanzó en el Guadiaro, aunque pudieron rechazarlo y obtener ventajas en su enfrentamiento, que resultó desastroso para el ejército de los condes catalanes; éstos se retiraron de al-Andalus a consecuencia de estas pérdidas. Tras esta victoria, Sulaymān volvió al campo de los beréberes, que seguían reconociéndolo como califa.

Al-Mahdī no pudo disfrutar de su victoria, ya que fue asesinado por los esclavones Wāḍiḥ y Jayrān, que aspiraban a consolidar sus reinos establecidos en el Levante (julio de 1010). El depuesto Hišām II, el califa legítimo, volvió al poder, aunque los beréberes no aceptaron esta restauración proclamada por Wāḍiḥ; el propio Sulaymān condenó el asesinato de su rival e hizo llegar sus condolencias al hijo de éste, ‘Ubayd Allāh, en Toledo.

Las tropas beréberes de Sulaymān volvieron a Madīnat al-Zahrā’, asediando Córdoba, desde noviembre de 1010, un año después de su huida. El asedio duró hasta mayo de 1013, y fue motivo de un gran sufrimiento para la población, que reclamó en varias ocasiones sin éxito la ayuda de las demás regiones de al-Andalus.

Tras la rendición de la ciudad, Hišām II fue asesinado, aunque según algunas versiones pudo huir, y comenzó el segundo califato de Sulaymān, que a la postre consagraría la disgregación territorial de al-Andalus. Las circunstancias en las que fue asesinado el Califa legítimo fueron bastante oscuras y no fueron conocidas por la población andalusí, por lo que las apariciones de impostores que reclamaban ser Hišām II fueron una constante en la política andalusí de los años siguientes, en especial el surgido a iniciativa del reino lajmí de Sevilla.

Las tendencias centrífugas se habían manifestado en varias ocasiones a lo largo de la historia de al-Andalus, muy notablemente en la época del emir ‘Abd Allāh, que había estado a punto de presenciar la ruina del país, dividido en multitud de pequeños estados; sin embargo su nieto y sucesor ‘Abd al-Raḥmān III había conseguido atajar la crisis y reunificar el país. Aun así, durante las luchas para acceder al califato, los cabecillas de cada partido habían establecido un núcleo de apoyo en algún territorio concreto, que sirvió posteriormente como punto de partida de algunos de los reinos independientes, como se ha podido observar en el caso de los esclavones del Levante. En este mismo sentido se puede apreciar el hecho de que los distintos jefes del ejército beréber recibieran impuestos recaudados en algunas regiones del país durante la guerra. Al terminar la misma y a partir del año 1014, los distintos jefes militares que habían apoyado a Sulaymān recibieron la investidura del propia Califa para gobernar y recibir las rentas de las distintas provincias: así, al-Munḏir al-Tuŷibī, recibió el gobierno de Zaragoza, que ya detentaba en realidad, los ziríes recibieron el dominio de Elvira-Granada, los Magrāwa el norte de Córdoba, los banū Birzāl y los banū Yafrān Jaén, los banū Dammar y los Azdaŷa, Sidonia y Morón. La forma en que lo recibieron puede hacer pensar en el régimen de iqṭa‘, por el que recibieron unas tierras a cambio de prestar un servicio militar al estado; en la realidad fue el comienzo del fin de la unidad, pues estas concesiones excesivas sirvieron de base en los años siguientes para la creación de las taifas independientes, en la mayoría de los casos en la misma circunscripción territorial, aunque en otras ocasiones los jefes militares cambiaron de lugar, como los birzālíes, que se trasladaron a Carmona. Muchos de los antiguos gobernadores de las provincias en nombre del califato reconocieron a Sulaymān sólo tras esta victoria, hecho que el propio Califa se encargó de reprocharles en algunos escritos que se han conservado (Huesca, Albarracín...), y otros, de incierto origen, aprovecharon la coyuntura para independizarse de Córdoba en los años siguientes. Aun así, varias regiones de gran importancia dentro del califato, como Sevilla, mantuvieron la fidelidad a Sulaymān, que buscaba consolidar su poder en el resto del país.

Las dificultades que encontraba para llevar a cabo un gobierno efectivo en esas circunstancias, unido al hecho de ser considerado “el califa de los beréberes” por la mayor parte de la población andalusí, condujeron a que apenas pudiera llevar a cabo medida de ningún tipo. Sin embargo, en las pocas ocasiones en que pudo efectuarlas tampoco se mostró acertado, como demuestra su concesión del gobierno de Ceuta a ‘Alī b. Ḥammūd, que estaba junto a él en la residencia palatina de Madīnat al-Zahrā’; éste reclamaba para sí la condición de descendiente del profeta Muḥammad a través de los idrisíes del Magreb, y con sus ambiciones causó la ruina final del gobierno de Sulaymān. Sus desaciertos fueron ponderados como decisivos por parte del historiador más destacado de este período, el nada sospechoso de desafección por los omeyas Ibn Ḥayyān.

La incapacidad de Sulaymān al-Musta‘īn para hacer frente a la situación de desorden condujo a algunos intentos de sustituirlo con otro omeya, como ‘Abd Allāh al-Mu‘aṭī, en la taifa de Denia, sostenido por Muŷāhid (enero de 1014). Éste intentaba reproducir en Denia la situación de los ‘āmiríes junto a los omeyas de Córdoba en época de Hišām, por lo que en ningún momento planteó dificultades a Sulaymān en la propia capital. Sin embargo, el golpe final lo recibió Sulaymān de un supuesto aliado. ‘Alī b. Ḥammūd había guardado en secreto sus planes para rebelarse contra el Califa, y había ordenado el asesinato del juez de Ceuta, Muḥammad b. ‘Īsà y del alfaquí Ibn Yarbū’ cuando consideró que conocían sus planes y deseaban comunicárselos a Sulaymān. Una vez en su poder la entrada hacia al-Andalus desde el norte de África, ‘Alī b. Ḥammūd hizo público un escrito que, supuestamente, le había dirigido el califa Hišām II, en que le urgía a liberarle de la usurpación de Sulaymān y, en caso de no encontrarlo con vida, lo nombraba su sucesor en el califato. Desembarcó en Málaga, donde mantuvo conversaciones con Zuhayr al-‘Āmirī y con el régulo beréber Hābūs, y se dirigió contra Córdoba, de donde salió el califa para combatirle. Sulaymān al-Musta’īn fue derrotado y cayó prisionero, junto con sus hombres de confianza. El 1 de julio de 1016 ‘Alī b. Ḥammūd entraba en Córdoba y asesinaba a Sulaymān, a su padre y a su hermano ‘Abd al-Raḥmān, cuyos cuerpos fueron expuestos de forma infamante como castigo, según los ḥammūdíes, por el asesinato de Hišām II. Estos acontecimientos condujeron la crisis del califato omeya a una situación sin salida. El nuevo Califa era el primer soberano no omeya de al-Andalus desde el año 756.

Bibliografía

Ibn Baškuwāl, Kitāb al-Ṣila, p. m. s. XI (ed. de I. al-Abyārī, El Cairo-Beirut, Biblioteca Arábico Hispánica, 1990, n.º 1190)

Al-Ḍabbī, Bugyat al-multamis fī ta’rīj riŷāl al-Andalus, f. s. XII (ed. de F. Codera y J. Ribera, t. III, Madrid, Biblioteca Arábico Hispánica, 1884)

Ibn Bassām, Al-Ḏajīra fī mahāsin ahl al-Ŷazīra, p. s. XII (ed. de I. ‘Abbās, vol. I, Beirut, 1979, págs. 35-48)

Ibn al-Abbār, Al-Ḥulla al-siyarā, m. s. XIII (ed. de H. Mones, vol. II, El Cairo, 1963, págs. 5-12)

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb a‘māl al-a‘lām, m. s. XIV (ed. de E. Lévi-Provençal, Beirut, 1956, págs. 114-128)

Ibn al-Jaṭīb, Al-Iḥāṭa fī ajbār Garnāṭa, m. s. XIV (ed. de ‘Abd Allāh ‘Inān, t. I, El Cairo, 1973-1977, págs. 514-515; t. IV, págs. 56, 274-274)

Ibn ‘Iḏārī, Al-Bayān al-mugrib fī ajbār al-Andalus wa-l-Magrib, f. s. XIV (ed. de E. Lévi-Provençal, vol. III, París, P. Geuthner, 1930, págs. 83-119, 314 y trad. de F. Maíllo Salgado, La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas, Salamanca, Universidad, Estudios Árabes e Islámicos, 1993, págs. 56-82, 86-108, y Crónica anónima de los reyes de taifas, Madrid, Akal, 1991, págs. 70-71)

E. García Gómez, “Algunas precisiones sobre la ruina de la Córdoba omeya”, en Al-Andalus, XII (1947), págs. 267-293

J. Vallvé, “España musulmana en el siglo XI: aspectos económicos”, en Actas de la Jornadas de Cultura Árabe e Islámica, Madrid, Mapfre, 1981, págs. 197-204

J. Pellicer, “Suleiman Al-Mostaîn 400-1010/407-1014 (Revisión de las acuñaciones de plata a su nombre)”, en Acta Numismática, XIV (1984), págs. 143-160

J. Vallvé, El califato de Córdoba, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 260-263

M.ª J. Viguera Molins, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992

P. C. Scales, The Fall of the Caliphate, Leiden, Brill, 1994, págs. 71-93

M.ª J. Viguera Molins, “Las taifas”, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, vol. VIII. Los reinos de taifas. Al-Andalus en el siglo XI, Madrid, Espasa-Calpe, 1996, págs. 33-35 (2.ª ed.)

Autor/es

José Ramírez del Río

 

miércoles, 14 de octubre de 2026

.ALBÓNDIGAS

 

ALBÓNDIGAS

La palabra “albóndigas”, proviene del árabe “al-bunduqa”, “la bola” o al-banadiq!. Su descripción la encontramos de los siglos XII y XIII, en los escritos andaluces sobre la comida española y el historiador granadino Luis de Marmol documenta el termino en su descripción general de Arica (1573).

La  receta que pongo a continuación, se puede elaborar con cualquier tipo de carne o pescado y con la salsa que más os guste, ya que como siempre digo “la cocina es un mundo libre.

 

Ingredientes

300 gr de lomo de cerdo picado (menos grasa que la carne de salchichas)

100 gr de chorizo

3-4 dientes de ajo

Perejil fresco

3 huevos

1 o 2 rebanadas de pan duro empapado en leche

Sal

Pimienta negra recién molida

El empanado:

1 huevo

Pan rallado

Harina

Elaboración

En un bol  ponemos la carene picada, picamos el chorizo y mezclamos con la carne picada, los huevos, el ajo muy  picado, el pan empapado en leche, la sal y la pimienta negra recién molida al gusto. Mezclamos toda muy bien y dejamos reposar una hora en el frigorífico.

Pasado este tiempo, hacemos bolitas con las manos con la mezcla.

Pasamos por la harina, luego por el huevo batido y por ultimo por el pan rallado.

Freímos en abundante aceite .

¡Buen provecho!

 

viernes, 9 de octubre de 2026

'ABD AL-RAHMAN IV

 

'ABD AL-RAHMAN IV

‘Abd al-Raḥmān IV: al-Murtaḍà. ‘Abd al-Raḥmān b. Muhammad b. ‘Abd al-Malik b. ‘Abd al-Raḥmān al-Nāsir. ?, s. X – Guadix (Granada), 1018-1019. Sexto califa omeya de Córdoba.

Califa omeya

Biografía

En realidad, este omeya, bisnieto de ‘Abd al-Raḥmān III no llegó a gobernar. Vivió en la época de final del califato omeya en al-Andalus y comienzo de los reinos de taifas y fueron dos de estos régulos, aún no independizados del poder cordobés, en concreto los eslavos Jayran de Almería y Munḏir b. Yahyà al-Tuŷībī de Zaragoza, clientes ‘Amiríes, los que lo proclamaron califa con el nombre de al-Murtaḍà (el que goza de la satisfacción divina). En ese momento gobernaba en Córdoba como califa el beréber de origen africano al-Qāsim b. Ḥammūd, tras sustituir en el califato a su hermano ‘Alī, asesinado en 1018, precisamente cuando se disponía a dirigirse a Jaén para cortar el paso a al-Murtaḍà.

El levantamiento de al-Murtaḍà se produjo en el Levante de al-Andalus, adonde se había retirado en época de las revueltas habidas al final del califato de Hišam II. Desde allí salió en compañía de sus partidarios en dirección a Córdoba. Antes, decidieron pasar por Granada, donde gobernaba el beréber sinḥāŷa Zawī b. Zīrī, que había participado en el ejército y en la política cordobesa desde tiempos de Almanzor. Al acercarse a Granada, envió una misiva a Zawī, exhortándolo a sometérsele, pero Zawī respondió negativamente a esta y otras cartas que le remitió. Al-Murtaḍà, enojado, decidió atacar, pero los beréberes se habían organizado para recibirlo y tras varios días de enfrentamientos, derrotaron al pretendiente y a los ejércitos que lo apoyaban, tanto musulmanes como cristianos.

Además de poner en fuga a los adversarios, consiguieron grandes riquezas como botín, pues tan seguros de la victoria estaban los atacantes que habían acudido a la batalla con los pabellones llenos de alhajas. El primero en huir fue Munḏir, seguido de Jayrān, mientras que los ‘Amiríes con al-Murtaḍà al frente resistieron algo más. En la huida, fue traicionado por Jayrān y Munḏir, que encargaron matarlo. Mientras ellos llegaban a Almería, ‘Abd al-Raḥmān fue asesinado cerca de Guadix, sin haber reinado un solo día. Su cabeza fue enviada a los traidores, quienes, no conformes con haberlo eliminado, la escarnecieron mientras bebían de alegría por su muerte. En cuanto a su adversario Zawī, envió el pabellón real de al‑Murtaḍà a al-Qāsim b. Ḥammūd en concepto de botín. Unos años más tarde, en 1025-1026, regresó a Ifrīqiya (actual Túnez), de donde era originario y donde acabó sus días honrado por los suyos.

Al-Murtaḍà es alabado en las fuentes por sus virtudes y, como ejemplo de su austeridad, se dice que nunca se vistió de seda.

De su familia se conocen dos hermanos, al‑Ḥakam el Ciego y Hišām III. Este último, después de la batalla de Granada, en la que también participó, se refugió en Alpuente, donde residió acogido por el emir Ibn Qāsim hasta 1029, aunque en 1027 había sido proclamado califa con el nombre de al-Mu’tadd. Respecto a sus descendientes, no se menciona más que a su nieto ‘Abd al-Raḥmān b. Sulaymān b. al-Murtaḍà con el que se interrumpe su linaje.

Leer menos

Bibliografía

Ibn Ḥazm, ‘Alī b. Ahmad, Naqt al-‘Arūš, trad. L. Seco de Lucena, texto árabe C. F. Seybold, índices M.ª M. Cárcel Ortí, Valencia, Anubar, 1974

Al-Ḥumaydī, Yaḏwat al-muqtabis fī ta’rīj ‘ulamā’ al-Andalus, ed. I. al-Abyarī, 2.ª ed., Beirut, Dār al-Kitāb al-Lubnanī, [1983] 1403 de la Hégira, I, págs. 52-53

Ibn Bassām al-Šantarīnī, Al-Ḏajīra fī maḥāsin ahl al-Ŷazīra, ed. I. ‘Abbās, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 1399 h. (1979), I, pág. 453

Ibn ‘Iḏārī al-Marrākušī, Kitāb al-Bayān al-Mugrib fī ajbār al-Andalus wa-l-Magrib = Histoire de l’Afrique du Nord et de l’Espagne musulmane, ed. G. S. Colin et E. Lévi-Provençal, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 1967, III, págs. 121-122 y 125

Ibn ‘Iḏārī al-Marrākušī, La caída del Califato de Córdoba y los reyes de taifas (al-Bayān al-Mugrib), estudio, trad. y notas F. Maíllo Salgado, Salamanca, Universidad, 1993, págs. 109-110, 112-113

Ibn al-Jaṭīb, Histoire de l’Espagne musulmane: extrait du Kitāb A‘māl al-a‘lām, ed. E. Lévi-Provençal, Rabat, Moncho, 1934, págs. 152-153

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba (711-1031 de J.C.), t. IV. de Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Espasa Calpe, 1947, págs. 479-482

E. Terés, “Linajes árabes en al-Andalus según la ‘Ŷamhara’ de Ibn Ḥazm”, en Al-Andalus, XXII, 1 (1957), pág. 80

D. J. Wasserstein, The rise and fall of the party-kings: politics and society in Islamic Spain: 1002-1086, Princeton, University Press, cop., 1985, págs. 73-75

A. Uzquiza Bartolomé, “La familia omeya en al-Andalus”, en M. Marín et al. (eds.), Estudios Onomástico-biográficos de al-Andalus, vol. V, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ICMA, 1992, n.º 61, pág. 394

. Vallvé Bermejo, El Califato de Córdoba, Madrid, Mapfre, 1992, pág. 263

E. Lévi-Provençal, “‘Abd al-Raḥmān IV”, en The Encyclopaedia of Islam, 2.ª ed, en CD-Rom, Leiden, Brill, 2003, I, pág. 81b

Autor/es

  • María Luisa Ávila Navarro

 

PIMIENTOS RELLENOS DE CARNE PICADA Y ARROZ

 

PIMIENTOS RELLENOS DE CARNE PICADA Y ARROZ

Ingredientes

16 pimientos verdes

750 gr de carne picada mixta, ternera y cerdo

150 gr de arroz

2 cebollas pequeñas

4 dientes de ajo

1,5 cucharada de mostaza americana

3 cucharadas de pasta de tomate

500 ml de caldo

70 gr de nata fresca

Sal

Pimienta negra recién molida

Una pizca de cayena en polvo

Una pizca de pimentón dulce

 

Elaboración

Cocinamos el arroz según las instrucciones del paquete, una vez cocido, escurrimos y dejamos enfriar.

Lavamos y secamos los pimientos, cortándoles el tallo y sacando las semillas

Pelamos y picamos las cebollas finamente y los dientes de ajo. En un bol grande, mezclamos con la carne picada, la sal, la pimienta negra recién molida, la cayena en polvo, la mostaza americana, el pimentón y el arroz. Sazonamos al gusto y rellenamos los pimientos ahuecados para introducir el relleno.

En una sartén, sofreímos los pimientos con mantequilla o aceite de oliva (según gusto), Cuando los pimientos estén fritos por todos lados, los sacamos de la sartén y reservamos.

Añadimos la pasta de tomate en la sartén y desglasamos con el caldo, removemos bien hasta que quede suave. Condimentamos con sal y pimienta negra recién molida. Volvemos a poner los pimientos en la sartén con el caldo y cocinamos a fuego lento durante 30 minutos. Agregamos la crema y removemos suavemente.

Servir caliente.

¡Buen provecho!