martes, 7 de abril de 2026

TORTITAS DE PURÉ DE PATATAS CRUJIENTES AL HORNO

 

TORTITAS DE PURÉ DE PATATAS CRUJIENTES AL HORNO

Esta receta de tortitas crujientes de puré de patatas horneadas con especias y aceite de oliva. Son perfectas como guarnición o para comer con queso crema o salsa de hierbas frescas, ¡ o incluso con mayonesa para los más golosos!

 

Ingredientes

Patatas

Cilantro

Comino

Paprika

Cebolla en polvo o deshidratada

Semillas de sésamo o ajonjolí

Sal

Pimienta negra recién molida

Aceite de oliva

 

Elaboración

Pelamos las patatas y cortamos en trozos grueso o cuadrados mas pequeños para que la cocción sea mas rápida. Cocemos en una caerlo con agua y sal unos 20 minutos.

Una vez cocidas, escurrimos muy bien las patatas y las machacamos en un bol con un tenedor o un pasapurés (según gusto), y las dejamos enfriar.

En una bandeja adecuada para el horno, la forramos con papel sulfurizado.

Para sazonar, colocamos en un mortero las semillas de comino, el cilantro, una pizca de paprika o pimentón picante, la sal y la pimienta negra recién molida, majamos bien y cuando estén bien majadas y formen una pasta, añadimos aceite de oliva, removemos bien para que se integren en el aceite de oliva todos los ingredientes.

Untamos la mezcla del mortero sobre las patatas, y mezclamos bien.

Formamos tortitas de pure de patatas y añadimos las semillas de sésamo (o ajonjolí) y espolvoreamos ligeramente con pimentón.  las colocamos en la bandeja de horno previamente forrada

En horno previamente precalentado a 180º,

Horneamos a durante 30 minutos aproximadamente.

¡Buen provecho!

 

LAS PRIMERAS MEZQUITAS DE AL-ANDALUS

 

LAS PRIMERAS MEZQUITAS DE AL-ANDALUS


En el marco del debate en torno al origen y la difusión de los primeros espacios de culto musulmanes en la península ibérica, un equipo de investigación integrado por diversas instituciones españolas ha puesto la atención en dos yacimientos arqueológicos que proporcionan algunas de las evidencias más antiguas de arquitectura religiosa islámica andalusí: El Tossal de la Vila y El Molón 


Joan Negre

Escuela de Estudios Árabes – CSIC

 Restos de la mezquita de El Tossal de la Vila


Este texto tiene como objetivo presentar, de forma resumida y divulgativa, los resultados de una reciente publicación sobre mezquitas en el temprano al-Andalus. El trabajo ha sido elaborado por un equipo de investigación integrado por diversas instituciones españolas, y trata de contribuir al debate en torno al origen y la difusión de los primeros espacios de culto musulmanes en la península ibérica. Para ello, hemos puesto la atención en dos yacimientos arqueológicos que han proporcionado algunas de las evidencias más antiguas de arquitectura religiosa islámica andalusí: El Tossal de la Vila (Serra d’en Galceran, Castellón) y El Molón (Camporrobles, Valencia).

No obstante, nuestras reflexiones pretenden ir más allá de la mera presentación de estos casos de estudio. Ambos enclaves se insertan aquí en una consideración más amplia sobre la competencia de la arqueología para abordar problemáticas de carácter transversal, tales como la aparición de las primeras mezquitas en al-Andalus, los modelos arquitectónicos que adoptaron, las funciones que desempeñaron y, en última instancia, los procesos históricos, sociales y religiosos que sustentaron su construcción.

Fuentes escritas y evidencia material: coincidencias y contradicciones 

Durante décadas, el análisis de las fuentes escritas y la investigación arqueológica han constituido las dos perspectivas más habituales para abordar el estudio de la formación del mundo islámico durante los primeros siglos tras la Hégira. Ambos enfoques han proporcionado lecturas complementarias a esta problemática, aunque tampoco ha sido extraño que surgieran contradicciones entre ellas. En este marco, la construcción de las primeras mezquitas ha sido un eje primordial de estas discusiones, preocupadas especialmente por la integración progresiva de nuevas poblaciones en el islam, tanto en su faceta religiosa, como en su lectura como fenómeno de hibridación cultural, social y económica. La adopción de nuevas creencias, normas ideológicas o incluso modelos arquitectónicos no fue un proceso lineal ni exento de conflicto, sino que implicó un diálogo asimétrico con otras religiones y grupos humanos que dio lugar, en última instancia, al nacimiento de una sociedad islámica heredera de mundos muy diversos.

En este marco historiográfico, un problema metodológico recurrente ha sido el del uso y abuso de los datos contenidos en las fuentes escritas, redactadas en ocasiones siglos después de los hechos que describen. Se trata de una cuestión que ha llevado a una profunda reflexión epistemológica desde el arabismo, que ha tratado de fijar los límites de la información manuscrita y la importancia de la crítica textual. Por ejemplo, desde esta perspectiva más cauta se ha tratado de contextualizar, dentro de un fenómeno posterior de legitimación política y proselitismo, algunos de los episodios milagrosos en los que ciertos autores árabes atribuyen la fundación de varias mezquitas tempranas a compañeros o seguidores del Profeta. Ejemplos conocidos de este tipo de narraciones en el Oriente islámico y el norte de África encuentran paralelos también en al-Andalus, donde se atribuye la fundación de las primeras mezquitas de la Península a figuras como Mūsà b. Nuṣayr o Ḥanaš b. ʿAbd Allāh.

Ante esta situación, y con la necesidad de superar enfoques circulares basados en el uso literal de las fuentes escritas para la datación de restos arquitectónicos, la arqueología debe plantearse el reto de aportar nuevos datos y lecturas al estudio de esta problemática. Un esfuerzo relevante en esta dirección ha sido la creación del corpus de acceso abierto Early Islamic Mosques Database, impulsado por la profesora Hagit Nol desde la Universidad de Frankfurt. En él, sistematiza cerca de un centenar de mezquitas excavadas y fechadas arqueológicamente con cierta seguridad entre los siglos VII y IX. A partir de las evidencias analizadas, la arqueóloga sugiere que la arquitectura religiosa temprana tuvo un desarrollo bastante acotado al mundo oriental mediterráneo y pone en duda algunas de las dataciones asociadas a ciertas plantas de grandes mezquitas orientales, tradicionalmente vinculadas a este período. Este proyecto ha permitido subrayar la necesidad de integrar críticamente fuentes escritas y datos arqueológicos, especialmente al analizar contextos de cronologías tempranas, como el que representa la formación de al-Andalus.

Desde la periferia: algunos ejemplos de mezquitas tempranas en al-Andalus 

El estudio de las mezquitas andalusíes a través de los textos ha permitido el desarrollo de una escuela historiográfica sólida y prolífica, capaz de generar un amplio corpus de casos y una reflexión epistemológica profunda, donde sobresalen los trabajos de Carmen Trillo, Alejandro García Sanjuán o Susana Calvo, entre otras. No obstante, la complejidad de esta problemática exige hoy una aproximación metodológica que integre de manera equilibrada las fuentes arqueológicas y textuales como dominios independientes y complementarios, superando los razonamientos circulares derivados del uso literal de los manuscritos árabes para fechar restos monumentales.

En cuanto a la investigación arqueológica de las mezquitas tempranas en al-Andalus, uno de sus rasgos fundamentales ha sido el dominante carácter urbano de los ejemplos estudiados. Esta tendencia responde, por un lado, al interés de la historia del arte y de la arquitectura por los grandes edificios monumentales, mayoritariamente situados en las principales ciudades, y, por otro, al desarrollo de una intensa actividad arqueológicas de carácter preventivo asociada a los procesos de urbanización contemporáneos. Así, los trabajos de arquitectos como Leopoldo Torres Balbás y Félix Hernández, así como los de historiadores del arte como Henri Terrasse y Basilio Pavón, constituyen hitos fundamentales en el estudio de los restos conservados, en muchas ocasiones acompañados de pioneras intervenciones arqueológicas.

Así sucede con el paradigmático ejemplo de la aljama de Córdoba, un caso que constituye una excepción destacada, ya que la correlación entre fuentes escritas y evidencias arqueológicas es particularmente consistente. Gracias a las actuaciones de investigadores como Félix Hernández, Pedro Marfil, Alberto León o Raimundo Ortiz, entre otros, se ha podido datar con mayor solidez la planta fundacional de este edificio, cuya construcción habría sido iniciada por el emir ʿAbd al-Raḥmān b. Muʿāwīya y finalizada por su hijo Hišām a finales del siglo VIII.

Otras grandes aljamas, como las de Sevilla, Zaragoza o Tudela, han sido objeto de estudios similares, aunque con un menor grado de precisión en sus resultados, lo que no nos permite usarlas en nuestra aproximación a la problemática de las mezquitas tempranas. Los trabajos allí realizados han combinado enfoques artísticos, arquitectónicos y, en menor medida, arqueológicos, apoyados por analogías formales procedentes de ejemplos mejor conocidos, como el cordobés. En todos estos casos, los restos exhumados de la primera fase conservada del oratorio han sido muy limitados, en varios de ellos circunscritos a unos pocos metros de alguna de sus esquinas. En este sentido, resulta apremiante rehuir el excesivamente común uso de analogías arquitectónicas por parte de algunos de estos estudios, especialmente cuando los restos conservados no permitan justificar de manera fehaciente los paralelos propuestos.

Y es que el registro arqueológico recuperado durante la excavación de estos ejemplos tampoco ha permitido asociarlos a una cronología determinada, sino que habitualmente son las fases posteriores, mejor fechadas, las que han servido para establecer un ante quem para los restos más antiguos. Es por ello por lo que, finalmente, estas excavaciones se han visto obligadas a recurrir a la información escrita, habitualmente redactada siglos más tarde que los hechos que describen, con el objetivo de situar en el tiempo aquellos escasos restos amortizados por construcciones más tardías.


Fig. 1 Mapa de distribución de las mezquitas tempranas mencionadas en el texto, diferenciando entre aquellas documentadas arqueológicamente y de las que no disponemos de clara constatación material [Imagen propia. Mapa base de Dirk Blaschta (DAI, USGS, GEBCO)]


Un ejemplo más sólido, en cambio, es el del gran oratorio identificado en el Cortijo de las Mezquitas (Antequera), objeto actualmente de un extenso proyecto de investigación arqueológico y arquitectónico dirigido por el equipo de María de los Ángeles Utrero y Angelo Castrorao, quienes fechan su fundación a finales de época emiral, con una posible reforma algo posterior. Las dimensiones, soluciones arquitectónicas, aparejo, abastecimiento de materias primas y ejecución unitaria parecen apuntar hacia una fundación urbana de carácter estatal que pudo quedar interrumpida antes de su finalización. Su estudio, además, ha permitido abordar una interesante problemática como es la del papel de estos edificios en la fundación de nuevas ciudades, como la que tal vez se quiso desarrollar sin éxito a su alrededor. También la de la transformación de centros urbanos preexistentes, como habría sido el caso de la posible mezquita de Reccopolis, identificada recientemente mediante prospección geomagnética en un proyecto dirigido por Lauro Olmo.

Sin alejarnos del ámbito urbano, cabe destacar también los ejemplos de la mezquita congregacional de la pequeña ciudad de Mértola, de cuya existencia, planta y cronología emiral debemos agradecer la noticia a Susana Gómez; o los oratorios privados de las ciudadelas de Badajoz, excavado por Fernando Valdés y atribuido a la iniciativa de ʿAbd al-Raḥmān b. Marwān al-Jillīqī, y de Mérida, ligado a la fundación del alcázar y estudiado por Miguel Alba y Santiago Feijoo. A todo ello hay que sumar un creciente interés por las pequeñas mezquitas de barrio, especialmente en Córdoba, gracias a trabajos de síntesis como los de Carmen González-Gutiérrez y a excavaciones como la de la mezquita de la Ronda Oeste, dirigida por Cristina Camacho, pero también otras algo posteriores como la de Tornerías, en Toledo, excavada por Arturo Ruiz Taboada. Estos ejemplos, a los que, a buen seguro, se sumarán nuevos casos a lo largo de la Península durante los próximos años, permitirán progresivamente ampliar el conocimiento sobre el papel articulador de las mezquitas en todos los ámbitos del mundo urbano.

Así pues, el escenario dibujado a partir de los trabajos arqueológicos que se habían realizado hasta la fecha parecía apuntar de manera decidida hacia el papel protagonista de las ciudades como vehículo inicial para la difusión de este tipo de edificios en al-Andalus. Sin embargo, más recientes estudios han identificado otras instituciones que pudieron haber desempeñado este mismo papel en zonas rurales y periféricas, tan pronto o incluso antes que los centros urbanos. Estos casos son, precisamente, los que queremos abordar a continuación.


Fortificaciones y mezquitas tempranas en el Šarq al-Andalus 

El territorio septentrional del Levante peninsular, adscrito tras la conquista a la órbita de influencia de las ciudades de Tortosa y Valencia, fue el escenario de uno de los primeros programas de construcción de fortificaciones en al-Andalus. André Bazzana fue uno de los primeros investigadores en interesarse por estos recintos, al tiempo que esbozaba distintos escenarios a los cuales podía responder su aparición: el control viario, el asentamiento de campesinos que trataban de escapar de poderes territoriales en auge o incluso el desarrollo de la actividad ganadera, entre otros. También listó ciertas características que parecían coincidir entre ellos, como las técnicas constructivas empleadas en su edificación, sus soluciones arquitectónicas o la elección de emplazamientos aislados y de difícil acceso.

Hoy, con una nómina de ejemplos notablemente más amplia gracias a recientes trabajos de prospección y excavación, el panorama que se nos presenta es ciertamente más rico en detalles y podemos diferenciar con claridad entre dos tipos diferentes de fortificaciones, ya intuidos por el investigador francés: aquellos en los que se identifican estructuras de hábitat y una mayor complejidad en su urbanismo, y otros, caracterizados como amplios apriscos sin estructuras construidas en su interior. Se trata de un conjunto aún lejos de constituir un corpus cerrado o mínimamente definitivo, pero podemos vincular cada una de estas tipologías con lo que las fuentes árabes describen como ḥuṣūn (sing. ḥiṣn), es decir, fortalezas, y marābiṭ (sing. marbaṭ), en referencia a cercados de características más sencillas. Ambas se distribuirían a lo largo de los principales caminos, en las que tropas o jinetes de diversas procedencias podrían hacer noche o incluso establecerse de manera temporal. Así se describe, de manera elocuente, en una misiva entre el gobernador de Tortosa, ʿUbayd Allāh b. Yaḥyà, y el emir de Córdoba, ʿAbd al-Raḥmān b. al-Ḥakam, fechada en el año 850 y transcrita posteriormente por Ibn Ḥayyān.

Tanto El Tossal de la Vila (Serra d’en Galceran, Castellón) como El Molón (Camporrobles, Valencia), yacimientos excavados durante más de quince años por el equipo responsable del artículo del que deriva este texto, responden en su planificación a la primera de estas categorías y presentan un conjunto de características análogas que resultan acordes a su naturaleza y funciones. Situadas en cerros a gran altura y junto a importantes ejes viarios, ambas fortificaciones muestran unas dinámicas de ocupación idénticas, que se extienden desde mediados del siglo VIII hasta la proclamación del Califato. Así lo confirman sus registros materiales y las múltiples dataciones radiocarbónicas realizadas en los restos biológicos recuperados durante su excavación.

Fig. 2 Mapa de situación de los dos yacimientos presentados dentro del contexto geográfico correspondiente al extremo septentrional del Šarq al-Andalus, con indicación de las principales vías de comunicación [Imagen propia. Obra derivada de BTN CC-BY 4.0 ign.es]

Con soluciones poliorcéticas similares y un desarrollo urbanístico muy limitado, las fases fundacionales de ambas responden a unos modelos de asentamiento en los que prima un diseño del hábitat simple y con reformas de poca entidad. Todo ello se conjuga con unas estrategias económicas en las que parece primar la subsistencia más básica y donde los productos secundarios de la cabaña priman sobre la explotación orientada al consumo, con un registro de actividad agrícola muy limitado. Además, y en relación con la problemática que ahora nos interesa, resultan de gran relevancia ciertos indicadores que apuntan hacia la descripción de sus ocupantes como poblaciones tempranamente islamizadas. Así se desprende de una ortopraxis alimenticia donde el consumo porcino es prácticamente inexistente o, especialmente, de la construcción de sendas mezquitas en cronologías muy precoces, sobre todo si atendemos a la situación periférica y marginal de ambos ejemplos.

En este sentido, los casos de El Tossal y El Molón son los primeros ejemplos conocidos de una tipología de mezquita que no había sido documentada hasta el momento en otras regiones del mundo islámico. Entre sus principales características, cabe destacar que se trata de lugares de culto con una sala de oración sin subdivisiones y paralela a la alquibla, donde se encontraría también el principal acceso a la misma. Contarían con un patio, simétrico al espacio del rezo, aunque sin una delimitación rígida o completamente cerrada. Una de sus peculiaridades más destacadas sería la existencia no de un miḥrāb, como sería habitual, sino de dos de ellos, idénticos y coetáneos, de morfología rectangular y proyectados ligeramente hacia el exterior. 


Fig. 3 Reconstrucción ilustrada hipotética del aspecto del sector sur del yacimiento de El Tossal de la Vila, presidido por la mezquita [Imagen propia. Ilustrador: Iñaki Diéguez; Asesoramiento: Joan Negre]


Sus técnicas constructivas responden a tradiciones locales de sencilla factura, mediante las cuales aprovechan mampuestos y ortostatos extraídos in situ y ligados a hueso o con tierra, para generar un zócalo sobre el cual desarrollan un alzado de tierra. La armadura de su cubierta se limita a una estructura simple de vigas entrelazadas con correas de madera, mientras que el tejado se finaliza mediante cobertura vegetal, losas de piedra y barro. Finalmente, resulta muy relevante la constatación del uso de métodos de astronomía popular, basados en la posición conocida del Sol durante los solsticios, para orientar ambas mezquitas. Una solución que, como veremos, resultará dominante entre los primeros oratorios musulmanes de al-Andalus.

Tomadas estas evidencias en consideración, y atendiendo a una cronología fundacional bien establecida en el siglo VIII mediante múltiples dataciones radiocarbónicas en contexto, planteamos la posibilidad que estas mezquitas respondan a un modelo constructivo de carácter local, que se relacionaría con las primeras manifestaciones de arquitectura religiosa islámica documentadas en estos territorios. Su ubicación, cercana a fronteras, costas y zonas en conflicto, habría resultado un aspecto clave para la instalación allí de estos grupos tempranamente islamizados.



Fig. 4 Reconstrucción 3D hipotética del aspecto del entorno de la mezquita excavada en el yacimiento de El Molón [Imagen propia. Infografía: J. Quesada; Asesoramiento: Alberto J. Lorrio y Mª Dolores Sánchez de Prado]


A modo de síntesis: características de las primeras mezquitas de al-Andalus 

Si se consideran únicamente aquellos ejemplos cuya cronología y planta fundacional han podido establecerse con seguridad mediante evidencias arqueológicas, el conjunto de mezquitas tempranas documentadas en la península ibérica se reduce a apenas una decena de casos. A pesar de la modestia de este corpus, resulta posible formular algunas reflexiones preliminares acerca de sus características fundamentales y del papel que pudieron desempeñar en el proceso histórico que dio lugar a la formación de al-Andalus.

Los dos edificios analizados en este estudio constituyen, atendiendo a su cronología, las primeras manifestaciones materiales de arquitectura religiosa islámica en la Península, incluso anteriores a la fundación de la aljama de Córdoba. Su localización en cumbres abruptas y de difícil acceso, asociadas a recintos fortificados, remite a comunidades con un cierto grado de militarización que habrían adoptado tempranamente el islam. Cabe plantear, a modo de hipótesis, que estos enclaves pudieran estar vinculados, al menos en su fase inicial, al asentamiento de grupos de voluntarios relacionados con la práctica del ribāṭ y el ŷihād, tal y como se menciona en las fuentes escritas para esta región. Mientras que el ribāṭ se asocia a funciones de defensa, vigilancia y control de fronteras, generalmente de carácter pasivo, el ŷihād incorporaría una dimensión espiritual que, en determinados contextos, podía implicar la defensa militarizada de la fe. Ambos conceptos representan modelos de praxis y comportamiento que vinculan la religión y su defensa armada dentro de un marco ideológico que ya había tomado forma en la antigüedad tardía, no solo en el ámbito musulmán, sino también en el cristiano, y que el islam incorporó y adaptó.

A estos ejemplos podrían sumarse otros enclaves citados por las fuentes, igualmente vinculados al fenómeno del ribāṭ temprano, como Kashkī, en la desembocadura del Ebro; Rūṭa, en la garganta del Guadalquivir; o Qabṭa, en la costa de Pechina, todos ellos fundados en el siglo IX según la tradición escrita. Sin embargo, la ausencia de evidencias arqueológicas impide, por el momento, confirmar la existencia de mezquitas en estos lugares o precisar su cronología. En contraste, la muṣallā de Guardamar sí ha sido objeto de excavaciones sistemáticas, lo que ha permitido situar su fundación en la segunda mitad del siglo IX, así como documentar sus posteriores transformaciones.

En el ámbito urbano, la evidencia arqueológica apunta —como sucede en otras regiones del mundo islámico— a cronologías más tardías que las propuestas por las fuentes escritas. La construcción de la mezquita aljama de Córdoba a finales del siglo VIII responde a su consolidación como capital del emirato omeya, último reducto político de la dinastía tras su caída en Oriente. Este proceso de fundación de grandes mezquitas congregacionales, que parece intensificarse a partir de inicios del siglo IX, pudo extenderse a otros centros urbanos como Zaragoza, Sevilla o Toledo. No obstante, la escasez y fragmentación de los restos arqueológicos disponibles dificultan la verificación de este escenario, al carecer en muchos casos de contextos materiales que permitan una datación precisa.

Este fenómeno se reproduce, en una fase ligeramente posterior, en centros urbanos secundarios o en nuevas fundaciones. El oratorio del Cortijo de las Mezquitas o el de Mértola constituyen ejemplos significativos en este sentido, a los que podrían añadirse otros casos conocidos por las fuentes, como Tudela, Baena o Jaén, aunque con correlatos materiales aún imprecisos. Paralelamente, y en relación con las primeras alcazabas urbanas, surgieron también oratorios privados de pequeñas dimensiones, como los documentados en Mérida o Badajoz. Además, en este momento avanzado del emirato empezamos a documentar pequeñas mezquitas de barrio en los principales núcleos urbanos, como la identificada en la Ronda Oeste de Córdoba.

En conjunto, la difusión de las primeras mezquitas en al-Andalus parece responder a un proceso gradual que, a partir del siglo IX, se manifiesta con especial intensidad en los ámbitos urbanos; en este marco, únicamente la aljama de Córdoba se adelanta ligeramente a dicha dinámica. No obstante, destaca una excepción significativa: las mezquitas asociadas a instituciones religioso-militares, levantadas en contextos alejados de la ciudad, que constituyen, hasta el momento, los testimonios más tempranos de arquitectura religiosa musulmana en al-Andalus.

Otro aspecto clave para comprender la difusión de estas primeras mezquitas es la orientación de su alquibla, una cuestión de gran relevancia en el propio proceso formativo del islam y objeto de atención desde diversas disciplinas. Entre los métodos de direccionamiento documentados en las fuentes, uno de los más extendidos consistía en orientar el muro sagrado hacia la salida de la estrella al-Qalb al-ʿAqrab (Antares), cuya posición en la Península Ibérica coincide aproximadamente con el amanecer del solsticio de invierno (c. 120°). Esta misma dirección podía también establecerse de manera inversa mediante la observación del ocaso en el solsticio de verano (c. 300°). Este criterio parece haber gozado de una amplia difusión durante el emirato, como recoge Ibn Ḥabīb (m. 853), y se observa en ejemplos como El Molón, Mértola o el Cortijo de las Mezquitas, a los que podría añadirse en el futuro el caso de Reccopolis.



Fig. 5 Diagrama de orientaciones de las mezquitas mencionadas en el texto. En azul, orientadas mediante el orto del Sol durante el solsticio de invierno; en verde, en perpendicular al orto del Sol durante el solsticio de verano o la puesta del Sol durante el solsticio de invierno; en rojo, en dirección al orto de Fomalhaut [Imagen propia]


Un segundo procedimiento consistía en tomar como referencia la estrella Suhayl (Canopus), el segundo astro más brillante del cielo. Dado que desde la latitud de la Península esta estrella no es visible, se recurrió como alternativa al orto solar en el solsticio de verano (en torno a 60°), cuya perpendicular permitía establecer esta misma dirección. Este método, documentado también en Siria, pudo haber sido introducido en al-Andalus por los omeyas tras su llegada desde Oriente, como sugiere su uso en la mezquita de Córdoba y en otros ejemplos como El Tossal de la Vila, la alcazaba de Badajoz o la muṣallā de Guardamar.

Finalmente, un tercer patrón se identifica en las mezquitas de la alcazaba de Mérida y de la Ronda Oeste de Córdoba, orientadas aproximadamente hacia un azimut de 140°. Aunque no disponemos aún de una explicación satisfactoria, se ha propuesto como hipótesis el uso de la salida de Fomalhaut (Alpha Piscis Austrini), otra de las estrellas más brillantes del firmamento. En conjunto, estos datos sugieren que, en un contexto en el que los conocimientos trigonométricos eran aún limitados, la orientación de las mezquitas pudo fundamentarse en sencillos procedimientos derivados de la astronomía popular, basados en la posición conocida de algunas estrellas, especialmente el Sol, en ciertos momentos del año.

Por último, y desde un punto de vista constructivo, los restos conservados de las primeras mezquitas permiten distinguir al menos tres grandes tipologías arquitectónicas. En primer lugar, aquellas de mayor tamaño situadas en centros urbanos, entre las que destaca la aljama de Córdoba, con su singular disposición de naves perpendiculares a la alquibla y cuyos precedentes o influencias arquitectónicas son aún objeto de debate desde el ámbito de la arqueología. También la del Cortijo de las Mezquitas, que responde a un modelo más común en el mundo islámico, con planta cuadrangular de dimensiones no superiores a los cincuenta metros de lado, entre dos y tres naves paralelas al muro sagrado, un patio -en ocasiones porticado- mayor que la sala de oración y un modesto miḥrāb proyectado al exterior.

Un segundo grupo lo constituyen pequeños oratorios asociados a alcázares, pequeñas ciudades y arrabales urbanos, caracterizados por su organización en torno a una sala de oración de una sola crujía y un patio adyacente. Estos conjuntos, de planta generalmente rectangular y dimensiones reducidas, presentan un miḥrāb sencillo y carecen, por lo general, de alminar. Ejemplos representativos se documentan en Mérida, Badajoz, Mértola o la Ronda Oeste de Córdoba.



Fig. 6 Plantas de las mezquitas tempranas documentadas, con orientación y escala ajustadas. Por tipología: A. Pequeñas mezquitas urbanas. 1, Mérida; 2, Badajoz; 3, Ronda Oeste; 4, Mértola. B. Grandes mezquitas urbanas. 5, Cortijo de las Mezquitas; 6, Aljama de Córdoba. C. Mezquitas de ribāṭ. 7, El Molón; 8, El Tossal de la Vila; 9, Guardamar [Imagen propia a partir de los originales publicados por los equipos de excavación de cada una de ellas]

Finalmente, las mezquitas de El Tossal de la Vila y El Molón permiten definir una tercera categoría, hasta ahora inédita, que podría representar un modelo específico del ámbito andalusí temprano. Aunque comparten algunos rasgos con las tipologías anteriores, como la planta rectangular paralela a la alquibla o la presencia de un patio simétrico anexo, presentan elementos singulares, como el acceso a través del propio muro de la alquibla o la presencia de dos nichos rectangulares proyectados hacia el exterior, en lugar de uno como es habitual. Desde el punto de vista constructivo, destaca el uso de técnicas vernáculas y materiales locales, en contraste con las fábricas de cantería propias de los contextos urbanos.

Esta diversidad arquitectónica refuerza la hipótesis según la cual las primeras mezquitas documentadas en áreas periféricas de la Península estuvieron vinculadas a la expansión de instituciones como el ribāṭ y el ŷihād, en un proceso que encuentra paralelos en otros contextos del Occidente islámico. Su cronología, bien establecida en torno al siglo VIII mediante dataciones radiocarbónicas y el análisis de sus contextos materiales, sugiere que nos hallamos ante un modelo arquitectónico de carácter local, asociado a las primeras manifestaciones del islam en territorios periféricos, cuyas influencias y vías de transmisión están aún por dilucidar.

Apuntes para una reflexión 

A lo largo de estos párrafos hemos subrayado la necesidad de articular una narrativa arqueológica que complemente —y en cierta medida reequilibre— el protagonismo de las fuentes escritas en el estudio de las primeras mezquitas de al-Andalus. Los textos, redactados a menudo con notable distancia temporal respecto a los hechos y con un propósito de clara legitimación política, han sido asumidos por parte de la historiografía de forma prácticamente literal, desoyendo las advertencias lanzadas de manera certera desde el arabismo.

Frente a ello, la arqueología propone una lectura más matizada, a veces incluso excesivamente cauta o garantista, pero apoyada en la evidencia material y sin renunciar al testimonio de los autores árabes. Pese a las restricciones que impone un corpus de ejemplos limitado, en este texto hemos tratado de construir un marco interpretativo que diera cabida a todos los datos de que se dispone. Sin embargo, este enfoque tropieza con los ritmos propios de la disciplina: procesos largos, acumulativos y necesariamente colectivos, poco compatibles con la inmediatez del mundo académico actual. Casos como El Tossal de la Vila o El Molón evidencian que sólo la multiplicidad de campañas permite construir un conocimiento sólido. De ahí la urgencia de apostar por la investigación y asumir, sin temor, la revisión de los paradigmas heredados.


Para ampliar:

·         Calvo, Susana. “Las primeras mezquitas de al-Andalus a través de las fuentes árabes (92/711-170/785).” Al-Qantara XXVIII (2007): 143–79.

·         Calvo, Susana. “Los inicios de la arquitectura religiosa en al-Andalus y su contexto islámico.” Studia Historica—Historia Medieval 38, no. 1 (2020): 29–57.

·         García Sanjuán, Alejandro. “Mezquitas y vida social en el Islam.” En Historia de la Provincia de Huelva, editado por J.M. Jurado y J.A. Márquez, 225-240. Huelva: Mediterráneo-Agedime, 1999.

·         González-Gutiérrez, Carmen. “Religious Buildings in Early al-Andalus: Origins, Consolidation and Prevalence in Urban Contexts.” Religions 14/1375 (2023): 1–18.

·         Negre, Joan. “Ribāṭ in the Furthermost Coasts of Early Al-Andalus.” Religions 15, no. 1 (2024): e124.

·         Negre, Joan, Alberto Lorrio, Ferran Falomir, Mª Dolores Sánchez de Prado, Marta Pérez-Polo, César Esteban y Gustau Aguilella (2025). “Early Mosques in Al-Andalus: two singular examples of eighth-century CE Muslim architecture on the margins of the Islamic world.” Journal of Medieval Iberian Studies, 1–38.

·         Nol, Hagit. “An Archaeological Independent Narrative for Early Mosques.” En Proceedings of the 13th International Congress on the Archaeology of the Ancient Near East, editado por I. Thuesen, S.D. Haddow y C. Mazzucato, 525–38. Wiesbaden: Harrassowitz, 2025.

·         Trillo, Mª Carmen. “Mezquitas en al-Andalus: un espacio entre las comunidades y el poder.” Studia historica. Historia medievalk 29 (2011): 73–98.

 

lunes, 6 de abril de 2026

CEOQUETAS CREMOSAS DE CHAMPIÑONES

 

CROQUETAS CREMOSAS DE CHAMPIÑONES



Existen muchas combinaciones de sabores diferentes, pero todas tienen algo en común; una textura crujiente por fuera y un relleno cremoso por dentro.

 

Ingredientes

¾ de taza de aceite de oliva virgen extra

1 taza de leche

¼ de taza de harina

½ taza de pan rallado

7 champiñones

½ cebolla

1 diente de ajo

1 huevo

Perejil fresco

Sal

 

Elaboración

Picamos finamente 1 diente de ajo, cortamos finamente ½ cebolla en daditos y cortamos finamente los 7 champiñones.

En juna sarten antiadherente a fuego medio añadimos 1/4 de taza de aceite de oliva virgen extra, y calentamos.

Una vez el aceite este caliente, sazonamos con sal y agregamos el ajo picado a al sarten. Después de unos 20 segundos, agregamos la cebolla picada en daditos y mezclamos.

Después de cocinar las cebollas durante 4 minutos, agregamos los champiñones picados a la sarten y mezclamos. Aproximadamente 3 minutos después de agregar los champiñones picados, agregamos una pizca generosa de perejil fresco picado y sal, mezclamos bien todos los ingredientes.

Agregamos ¼ de taza de harina a la sarten, poco a poco mientras continuamos viendo la mezcla.

Ahora tomamos 1 taza de leche y comenzamos a agregarla a la sarten, igual que la harina, poco a poco mientras continuamos revolviendo la mezcla.

Una vez que la mezcla se convierta en una pasta, apagamos el fuego y transferimos la mezcla a un recipiente y cubrimos con papel film muy pegado a la masa para que no forme costra.

Batimos el huevo en un bol.

En un recipiente aparte colocamos el pan rallado

Una vez que la mezcla de champiñones alcance la temperatura ambiente, retiramos el papel film.

Vamos cogiendo con las manos engrasadas trozos de masa y vamos formando las croquetas del tamaño deseado.

Sumergimos las croquetas una por una en el bol con huevo cubriéndolas bien, luego los pasmos por el pan rallado, cubriéndolas bien por todos lados, y colocamos en un   plato.

En una sarten calentamos a fuego medio media taza de aceite de oliva virgen extra.

Una vez que el aceite este muy caliente, comenzamos a agregar las croquetas sin amontonarlas y cocinándolas por tandas.

Después de aproximadamente 1 minutos, damos la vuelta a las croquetas para cocinarlas por todos lados, una vez que veamos que tengan un bonito color dorado, las retiramos y colocamos en un plato con papel absorbente cocina para quitar el exceso de aceite.

Una vez que todas las croquetas estén fritas, las pasamos a un plato nuevo.

¡Buen provecho!

IBRAHIM, EL ALFARERO

 

IBRAHIM, EL AFARERO..

 


Cuenta la leyenda que vivía en el pueblo de Algatocín un alfarero musulmán llamado Ibrahím. Para fabricar sus vasijas, cogía la arcilla de una cantera cercana al pueblo.
Cierto día, Ibrahím fue a buscar barro, como solía, pero al remover el terreno para recoger la tierra más limpia, tropezó con una calavera. Por lo que pudo averiguar, aquellos huesos pertenecían a una persona que murió ajusticiada. En ese momento, Ibrahím recordó que su padre –que había sido también un alfarero afamado- le había dicho en más de una ocasión que los huesos humanos, molidos y mezclados con arcilla, proporcionaban a las vasijas un brillo especialísimo y un color muy hermoso. Sin dudarlo un solo instante, cogió la calavera y se la llevó a su casa. Allí la molió hasta obtener un polvo muy fino.
Ibrahím mezcló el polvo de la calavera con la arcilla y se dispuso a realizar la mejor vasija de su vida. Cuando sacó del horno el recipiente, pudo comprobar que presentaba un colorido y un brillo extraordinarios. Tanta era la belleza de aquella pieza que el alfarero decidió llevarla a la cercana ciudad de Ronda para venderla a mejor precio. En la ciudad, la pieza causó un gran revuelo: fue admirada por mucha gente que alababa su perfección e Ibrahím consiguió venderla a muy buen precio.
A la vista del éxito obtenido con la pieza elaborada con polvo de calavera, la mujer de Ibrahím conminó a su esposo a que buscase más huesos: así podría fabricar cerámicas hermosas y aumentarían las ganancias.
Ibrahím volvió al yacimiento y removió la tierra para buscar más huesos. La suerte le fue favorable, pues encontró tres calaveras más.
Amasó bien la arcilla con el polvo de calavera, colocó la masa en el torno y en esta ocasión fabricó tres piezas diferentes. De aquellas tres vasijas, dos tenían la belleza y el brillo que esperaba. Pero la otra parecía pobre y ruin, tenía un color feo y su tacto era sumamente desagradable. El alfarero no entendía qué podía haber ocurrido, ya que había trabajado la arcilla y el hueso del mismo modo…

Un anciano del pueblo, al ver a Ibrahín en su tribulación, le comentó que aquello había sido obra del destino: Alá no quería que de una de esas calaveras saliera nada bueno. Y después le explicó por qué había ocurrido aquello con las vasijas. El anciano contó que muchos años atrás, cuando él era aún joven, en el pueblo se había cometido un horrendo crimen. La justicia detuvo a cuatro sospechosos para intentar averiguar cuál de ellos había sido el asesino. Como no se logró averiguar quién había sido el criminal, el alcaide de la localidad ordenó ejecutar a los cuatro sospechosos, a sabiendas de que tres de ellos eran inocentes.
Ibrahín comprendió que la vasija fea y tosca era la que había hecho con el polvo de la calavera del hombre culpable, mientras que las otras tres habían sido bendecidas con los restos de los hombres inocentes. Horrorizado, cogió la vasija del asesino y se dirigió a la cima más alta de los contornos y desde allí, la arrojó al vacío, quebrando el recipiente en mil pedazos. De regreso a su hogar, colocó las otras dos vasijas en el mejor lugar de su casa y las adornó con flores frescas.

Ibrahím pidió a su mujer que nunca vendiera aquellos jarrones y que los enterrase junto a él cuando muriese.

Publicado por al-Andalus 

 

viernes, 3 de abril de 2026

GACHAS DULCES

 

GACHAS DULCES

Es un plato muy típico de la gastronomía española. Este postre español de canela es una de esas recetas consideradas “ comida de pobres “, elaborada con ingredientes que eran mas modestos y comunes hace unos años.

Se considera un playo típico de Jaen, que tradicionalmente se prepara para el Dia de Todos los Santos. Existen muchas versiones de este postre con diferentes nombres según la región; por ejemplo, se llama “polea” en Cadiz y Sevilla , “talvinas” en Almería t “puches” en Toledo, Cuenca y Avila.

Se sirve con “picatostes”, unos pequeños trozos de pan frito que dan al postre un toque crujiente.

 

Ingredientes

1 L de leche

150 gr de azúcar

Ralladura de 1 limón

Ralladura de 1 naranja

1 rama de canela

80 gr de harina

1 cucharadita de matalahúva

Aceite de oliva suave

4 rebanadas de pan

Canela molida

Anis estrellado para decorar

 

Elaboración

En una cacerola, calentamos la leche, añadiendo la ralladura de limón y naranja, la rama de canela, la matalahúva y el azúcar. Removemos todo muy bien durante 5 minutos, luego retiramos del fuego y dejamos reposar unos 20 minutos para que la leche se impregne de los sabores. Colamos la infusión y reservamos.

Preparamos los picatostes: cortamos el pan en dados y freímos en una sarten con abundante aceite. Una vez fritos y dorados retiramos y dejamos sobre un plato con papel absorbente de cocina para quitar el exceso de aceite

En una sarten, tostamos ligeramente la harina con tres cucharadas de aceite de oliva, removiendo regularmente para que toda la harina se tueste por igual. Luego vertemos la leche poco a poco y cocinamos la mezcla durante 10-12 minutos, removiendo constantemente, hasta que espese. La mezcla deber quedar ligera y sin grumos.

Vertemos las gachas en recipiente individuales, añadiendo los picatostes, la canela molida y una semilla d anís estrellado.

Se puede servir caliente, tibio o frio, según el gusto de cada uno.

¡Buen provecho!

 

EMPEDRAT

 

EMPEDRAT

El empedrat, es una ensalada catalana muy tradicional de alubias con bacalao. También se puede preparar con otras verduras, pero la receta clásica lleva alubias blancas. Es una receta realmente saludable para disfrutar tanto de verduras frescas como secas. El bacalao aporta un toque interesante de sabor y sal, además de sus beneficios. Esta receta es ideal para una comida sana de verano. O para cualquier época del año.

 

Ingredientes

400 gr de alubias blancas cocidas (botes)

200 gr de bacalao desalado

4 anchoas (opcional)

1 tomate grande

1 cebolla mediana

Medio pimiento rojo

2 huevos duros

Aceitunas negras en rodajas

Sal

Aceite de oliva virgen extra

Un poco de vinagre

 

Elaboración

Desmenuzamos el bacalao desalado con las manos. Es importante hacerlo con las manos, ya que así el bacalao se deshace mejor y absorbe mejor el aceite de oliva virgen extra.

Colocamos el bacalao desmenuzado en un bol con las alubias escurridas. También podemos añadir anchoas picadas finamente.

Picamos el tomate en dados pequeños, el pimiento rojo y la cebolla. Añadimos todo al bol con el bacalao y las alubias.

Añadimos las aceitunas negras en rodajas y sazonamos con abundante aceite de oliva virgen extra y un chorrito de vinagre, pero no demasiado. Sazonamos con un poquito de sal, pero con cuidado de no pasarnos.

Removemos todo suavemente con movimientos envolventes para que todos los ingredientes se mezclen bien y cojan los sabores.

Al servir, un detalle bonito es colocar medio huevo duro, cortado por la mitad, encima de cada ración o plato. Le da un toque más elegante.

¡Buen provecho!

 

LA BATALLA DE LUCENA


BATALLA DE LUCENA


Batalla de Lucena

Parte de Guerra de Granada


Obelisco que conmemora los 500 años de la Batalla de Lucena


Fecha

Abril de 1483

Lugar

Lucena

Resultado

Victoria castellana

Consecuencias

Apresamiento de Boabdil por las tropas castellanas

Beligerantes

Comandantes

La batalla de Lucena, también llamada batalla de Martín González, fue un hecho de armas en el que se enfrentaron fuerzas cristianas de la Corona de Castilla y musulmanas del Reino nazarí de Granada. Tuvo lugar en el mes de abril del año 1483, en el transcurso de la Guerra de Granada. Durante el mismo, las fuerzas cristianas capturaron e hicieron prisionero a Boabdil el Chico.[1]

Descripción

Se libró muy cerca de la ciudad de Lucena, en la provincia de CórdobaAndalucíaEspaña, al sur de la sierra de Aras. El origen de la batalla fue la pretensión de Boabdil el Chico de tomar Lucena y realizar una razia de castigo contra los cristianos, para emular la victoria que había conseguido su competidor, El Zagal, que derrotó a las fuerzas cristianas en la Axerquía. El Reino de Granada vivía en aquellos momentos un grave conflicto interno entre los partidarios del sultán Muley Hacén y los que apoyaban a su hijo Boabdil.

Boabdil puso sitio a Lucena el 20 de abril de 1483 con ayuda de su suegro Aliatar, alcaide de Loja, conocedor de las tierras del sur de Córdoba y gran adalid de los nazaríes en cuanto a razias contra los cristianos. La ciudad de Lucena estaba defendida por el alcaide de los donceles Diego Fernández de Córdoba y Arellano y el alcaide de Lucena Hernando de Argote. El alcaide de los donceles encendió las almenaras de las torres vigías para pedir ayuda a su tío, el II conde de Cabra Diego Fernández de Córdoba y Carrillo de Albornoz, que acudió con su ejército desde la cercana Cabra. Boabdil dispuso su ejército en dirección noroeste para evitar ser cogidos por sorpresa por el ejército del conde; sin embargo, al ver que eran superados en número se retiraron a las afueras de la ciudad, donde comenzó la batalla como tal.[2]

Captura de Boabdil

En el curso de la batalla, las fuerzas musulmanas huyeron en desbandada. Aliatar, suegro de Boabdil, murió en batalla y Boabdil intentó escapar, pero su caballo quedó atascado en el fango y tuvo que esconderse entre la vegetación. No obstante, un peón de infantería lo redujo y los soldados dedujeron que se trataba de alguien importante por su vestimenta, lo que hizo posible que los cristianos capturaran a Boabdil que fue llevado prisionero al castillo de Lucena.[3] Después de tal éxito, tanto el sobrino, el alcaide de los donceles, como el tío, el conde de Cabra, comenzaron entonces una disputa para ver quién entregaba al prisionero a los Reyes Católicos. Tal fue la disputa, que Fernando el Católico ordenó que ambos lo llevaran a Porcuna donde fue encarcelado de nuevo en la torre del castillo, ahora conocida como Torre de Boabdil.[4]

La vestimenta, zapatos y espadas jinetas de Boabdil fueron regaladas como obsequio por los Reyes Católicos al alcaide de los donceles y el conde de Cabra. Actualmente todo el conjunto se conserva en el Museo del Ejército en Toledo.[5]

Referencias

1.  Granja Santamaría, Fernando de la (1999). «Condena de Boabdil por los alfaquíes de Granada»Estudios de historia de Al-Andalus. Madrid: Real Academia de la Historia. p. 291. ISBN 84-89512-51-5.

2.  «La batalla de Lucena y la captura de Boabdil | España Fascinante»España Fascinante. Consultado el 6 de junio de 2018.

3.  Calvo Poyato, José (17 de junio de 2014). «Estampas de la historia andaluza: la batalla de Lucena» (html). ABC. Consultado el 9 de agosto de 2015.

4.  «Estampas de la historia andaluza: la batalla de Lucena»sevilla. Consultado el 6 de junio de 2018.

5.  http://www.españaescultura.es/es/obras_de_excelencia/museo_del_ejercito_de_toledo/conjunto_boabdil_24902.html