jueves, 18 de junio de 2026

HISTORIA DE LA MÁLAGA MUSULMANA

 

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HISTORIA DE LA MÁLAGA MUSULMANA

Tras la caída del rey Rodrigo, último monarca visigodo, los musulmanes terminaron conquistando el territorio de la actual España. El general Tarik llega a principios del siglo VIII d.C. cruzando el famoso estrecho de Gibraltar acompañado de su gran ejército perteneciente al Califato Omeya, el cual estaba compuesto por bereberes en su mayoría, judíos, esclavos e incluso visigodos traidores. Sin saberlo, se da inicio a uno de los periodos más importantes de Málaga: el de su historia musulmana. Una etapa de esplendor que se convertirá en una de las más largas de toda la existencia de nuestra provincia y que dará inicio con la conocida dinastía ya mencionada de los Omeyas, familia con la que comienza nuestra islamización. Un complejo proceso de adaptación que encontraba sus detractores y resistencia en la zona norte de España, donde se mantenían aún vigentes las raíces godas.

No obstante, bien es cierto que los musulmanes supieron aprovechar la grave crisis por la que pasaban los visigodos, sustentada en una menguada y castigada población a base de numerosas epidemias y hambrunas, así como en las tradicionales disputas por la sucesión del trono. Además, la suerte estuvo también de su lado, pues la llegada tardía a oídos del Rey Rodrigo de la noticia sobre dicha conquista musulmana ayuda a acelerar la invasión sin demasiados problemas; pues él se encontraba batallando en vano en el norte peninsular. Así es como finalmente Málaga pasa a formar parte del Califato Omeya, comprendido entre los años 711 d.C. – 756 d.C.


Málaga musulmana. Fotografía propia del Portal de Andalucía

A partir de este momento, nuestra provincia cuenta con su propio gobernador dependiente de los Omeyas, y Al-Ándalus quedará dividida en provincias (o coras) con sus respectivos distritos y capitales. En nuestro caso será la llamada «Rayya» y nuestra capital pasaría a ser Archidona, si bien es cierto que Málaga capital también era muy importante gracias a su puerto y por su gran población.

De igual forma, cabe decir que se trataba de un tipo de gobierno muy inestable, cuyos habitantes se dividían entre los que se refugiaron en lo que hoy sería El Parque Natural de los Montes de Málaga, y los que terminan integrándose en la sociedad musulmana pero con cierto recelo, como los que se ven forzados a hacerlo para no pagar tributos con el fin de mantener su identidad religiosa y los bereberes. Éstos son los que darán pie a numerosas y asiduas rebeliones, que, junto con los continuos cambios de los gobernadores civiles, traerán consigo la sensación de incertidumbre e inseguridad en Málaga. Como resultado, esto se traduce en la huida de estas gentes al norte de España, lo que los cristianos aprovecharán para ir ganando terreno.


Parque Natural de Los Montes de Málaga. Fotografía del Torcal de Antequera

Mientras tanto, los Abasíes, enemigos por excelencia de los Omeyas, conseguirán usurparles el trono y pasar por cuchillo a toda la familia a excepción de Abderramán I, quien consigue huir y llegar hasta nuestro país. Este nuevo Emir termina instaurando el Emirato Independiente de Damasco, o lo que es lo mismo, el Emirato independiente de Al-Ándalus o de Córdoba, comprendido entre los años 756 d.C. y el 929 d.C., cuya capital se encontraba en nuestra provincia hermana. De esta manera, Abderramán I consigue sacar partido de la situación tan inestable ya mencionada y romper lazos con los Abasíes, manteniendo así a la dinastía Omeya aún en el candelero.

Esto da pie a que con el paso del tiempo, e incluso de emires, la provincia de Málaga (en aquel momento Rayya) fuese poco a poco incrementando su importancia en todos los ámbitos. De hecho, nuestra capital llega a convertirse inclusive en la capital de nuestra cora, arrebatándole el puesto así a Archidona.

Sin embargo, esto no significa que las revueltas cesasen, sino todo lo contrario; pues las guerras internas entre clanes y también contra los cristianos seguirán sucediéndose, como buen ejemplo es la rebelión en contra del Estado Omeya que tuvo lugar en Bobastro, la actual Ardales.

De ahí también la importancia de Abderramán III, quien consigue exterminar la amenaza de Omar Ben Hafsun, el rebelde cabecilla de Bobastro. Y es que la política de este nuevo emir se caracterizó por pactos, alianzas y sus intentos por fortalecer las defensas contra los cristianos en pro de conseguir mantenerlos a raya a ellos y las fronteras. Así es como logró apaciguar la mayoría de las revueltas internas, si bien es cierto que no terminó con todas.

No obstante, este emir marcará un nuevo hito en la historia de Al-Ándalus, ya que se autoproclamará “Califa” y con ello tendrá lugar la independencia tanto administrativa y política, como la nueva independencia religiosa. Con él será con quien comience el célebre y corto Califato de Córdoba (de principios del siglo X hasta principios del siglo XI) y prosiga con su hijo Alhakem II, una de las etapas sin lugar a dudas más prósperas para Andalucía y por supuesto, para Málaga. Esto se debe sobre todo a la importancia del comercio, de la industria y agricultura, que incrementaron la economía de la ciudad gracias en gran medida por nuestro puerto, cuya importancia trascendía más allá de nuestro país.

El problema viene cuando fallece Alhakem y le sucede su hijo Hisham II, demasiado joven para ostentar el tan complejo papel de monarca. Tanto es así que termina convirtiéndose en el títere de Almanzor, quien siempre había sido uno de los hombres de confianza de los Omeya. Sin embargo, la familia de Almanzor termina sucediéndose en el trono por propio consentimiento del rey verdadero Hisham II, de tal manera que sumen a la población en una dictadura que terminará con numerosas revueltas que desembocarán en la Fitna, es decir, una guerra civil que se desarrollará durante más de veinte años.

Nuestra ciudad fue clave durante este conflicto bélico, ya que la capital del reino musulmán pasó a trasladarse de manera temporal a Málaga.

Aun así, la situación era insostenible, por lo que dicha inestabilidad desembocará en la implantación de los famosos reinos de taifas: esto quiere decir territorios pequeños e independientes a nivel político, que tienen su propio rey y funcionan a modo de «clanes». Una época muy convulsa en la que Málaga se conformará como una de las más importantes de todo el reino gracias, sobre todo, a su condición costera y su puerto marítimo.

Precisamente en estos momentos tan controvertidos es cuando nacen gran cantidad de alcazabas para defender a los ciudadanos y los respectivos reinos, como es el caso de la Alcazaba de Málaga. .

Alcazaba de Málaga. Fotografía de Memorias de Málaga

Nuestro monumento adquiere su apariencia actual gracias al rey zirí de Granada Badí Ben Habús, quien termina arrebatando Málaga a la dinastía Hamudí procedente de Marruecos y que tanto poder tenían en nuestra tierra.

Al final, y pese a que a la muerte de Badí la ciudad de Málaga pasa a formar parte de la delegación del también zirí Tamim, los Almorávides, una especie de soldados-templarios nómadas procedentes del norte de África, serán quienes se hagan con la conquista de Al-Andalus para finales del siglo XI.

A través de su fe en el islam intentarán unificar el fragmentado reino del sur, aprovechando que la población estaba cansada de los pagos de tributos así como se alzan como respuesta ante el avance de los cristianos. Sin embargo, el problema contra los católicos no cesa, incluso salen nuevos enemigos como el famoso Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como «El Cid». Esto supone que esa promesa de eliminar impuestos se rompa; pues la financiación tan necesaria de los ejércitos ha de salir de algún lado.

Como consecuencia de estas malas gestiones políticas y económicas, los Almorávides empiezan a perder su poder y vuelven a surgir unos segundos reinos de taifas, como es el caso de Málaga, a manos de la familia Banu Hassun.

Al mismo tiempo, comienza a surgir una nueva voz: la de los Almohades, que poco a poco comienzan a coger más fuerza. Un nuevo linaje procedente de Marruecos que siguen la misma estela de sus predecesores, ya que conquistan la Península e intentan unificar el reino a través de una visión mucho más radical del islam.

Aun así, los Almohades también terminan adoptando una postura religiosa mucho más relajada de la que partieron debido a la influencia de la cultura andalusí. Es por ello que, al ver esto como una «bajada de guardia», como una debilidad, dan inicio a la «Guerra Santa».

Y aunque gracias a esto para la segunda mitad del siglo XII la gran mayoría de las localidades cayeron ante el poder almohade, los esfuerzos por mantener la unidad dentro del reino fueron inútiles; pues las sublevaciones promovidas por los antiguos gobernadores andalusíes no cesaron, apoyadas por la población ante el descontento debido a la obligación de perder sus costumbres y tan rígidas directrices religiosas.

Finalmente, el célebre conflicto de «Las Navas de Tolosa», que toma lugar en Jaén, supondrá el fin del imperio Almohade, siendo la guinda del pastel a tantas guerras internas y múltiples conspiraciones.


Cuadro de la batalla de las Navas de Tolosa, Francisco de Paula van Halen y Gil, 1864

Así pues, vuelven a surgir unos terceros reinos de taifa durante el primer tercio del siglo XIII, que dará independencia a lugares como Málaga. Y así será mientras que la dinastía Nazarí va cogiendo cada vez más peso para terminar formando el imponente Reino de Granada en 1232.

Éste fue el último Emirato musulmán unido, reflejo de lo que un día fue esta civilización. Y Málaga, gracias a su puerto, fue la joya de este reinado nazarí. El último bastión de la reconquista católica que se dará a finales del siglo XV y que se irá aprovechando poco a poco de los múltiples problemas internos de los islámicos.

 

CORONA DE ARROZ CON PORCINI

 

CORONA DE ARROZ CON PORCINI

A mi nieta Gloria, le encanta el arroz y los champiñones porcina. Le he preparado este plato sencillo que podemos hacer con cualquier tipo de champiñón.

 

Ingredientes

6-7 champiñones porcini

300 gr de arroz

Mantequilla

Sal

Pimienta negra recién molida

Unas hojas de lechuga

2 tomates

4 huevos

1 cucharada de aceite de oliva

1 cucharada de vinagre balsámico

 

Elaboración

Si los champiñones son frescos, límpialos rápidamente y cortamos en trozos pequeños.

En una sarten grande, doramos la mantequilla con unas gotas de aceite de oliva, añadimos los champiñones, salteamos y salpimentamos al gusto, cocinamos durante 30 minutos a fuego alto y tapado. Retiramos la tapa y continuamos cocinando hasta que estén bien cocidos, removiendo con frecuencia. Ajustamos la sazón al final de la cocción.

Mientras se cocinan los champiñones, cocemos el arroz,(un volumen y medio de agua por un volumen de arroz). Una vez cocidos, escurrimos muy bien.

Mientras se cocina el arroz, cocemos los huevos durante 9 minutos en agua hirviendo que seguirá hirviendo a fuego lento. Una vez cocidos y enfriados en agua fría para cortar la cocción, los pelamos.

Lavamos y cortamos los tomates en rodajas.

En un plato grande, colocamos las hojas de lechugas bien limpias, el arroz en forma de corona y en el centro los champiñones. Cortamos los huevos y los colocamos alrededor de la corona de arroz con las rodajas de tomate.

¡Buen provecho!

 

miércoles, 17 de junio de 2026

ENSALADA DE BURRATA CON MELÓN Y MIEL

 

ENSALADA DE BURRATA CON MELÓN Y MIEL

Ingredientes

1 pequeña chalota picada en juliana

1 cucharadita de vinagre de Jerez

1 melón pelado y sin semillas

2 pepinos pequeños cortados en rebanadas

2 rábanos, cortados en rodajas finas

½ radicchio ( achicoria roja o col lombarda), cortado en juliana

2 grandes bolas de burrata

3 ramitas de menta

2 cucharadas de miel caliente

1 sal al gusto

1 cucharadita de pimienta negra recién molida

 

Elaboración

En un bol, combinaos las chalotas con el vinagre de Jerez, y una pizca de sal, removemos bien y reservamos.

En una fuente grande, colocamos las rodajas de melón, el `pepino, el rábano y la mayor parte de menta, luego agregamos las chalotas.

Nos aseguramos de colocarlas de manera que cada bocado de a ensalada tenga trozos de cada ingrediente.

En el centro del plato, colocamos la burrata. Vertemos la miel caliente y el aceite de oliva sobre la ensalada. Decoramos con menta, una pizca de sal y mienta negra recién molida.

Servir inmediatamente.

¡Buen provecho!

 

 

SARDINILLAS CON GUACAMOLE EN TOSTADA

 

SARDINILLAS CON GUACAMOLE EN TOSTADA

Ingredientes

12 rebanadas de baguette tostadas

1 lata de 125 gr de sardinillas en aceite de oliva

Guacamole:

2 aguacates maduros

100 gr de cebolla roja pelada y picada finamente

1 tomate pequeño, pelado y finamente picado

½ chile (guindilla) muy picado

30 gr de hojas de cilantro picao grueso

El jugo de media lima

 

Elaboración

Preparamos el guacamole: cortamos los aguacates por la mitad y retiramos el hueso. Sacamos la pulpa con una cuchara y machacamos con un tenedor; procurando no dejaras completamente lisa, lo colocamos en un bol, incorporamos la cebolla morada, el tomate en daditos, el chile y el cilantro. Añadimos el jugo de la lima y sazonamos con abundante sal y pimienta negra recién molida. Probamos y añadimos mas jugo de lima si fuese necesario, y mezclamos todo muy bien.

Untamos con guacamole cada rebanada de pan tostado y colocamos una sardinilla encima de cada tostada.

Rociamos con unas gotas de aceite de oliva de la lata de sardinas. Sazonamos con abundante pimienta negra recién molida.-

¡Buen provecho!

Un

 

viernes, 12 de junio de 2026

.'ABD AL-RAHMAN V

 

.'ABD AL-RAHMAN V

‘Abd Al-Raḥmān V: Abū l-Muarrif, ‘Abd al-Raḥmān b. Hišām b. ‘Abd al-Ŷabbār b. ‘Abd al-Raḥmān al-Nāṣir, al-Mustaẓhir bi-llāh (El que pide ayuda de Dios). Probablemente en Córdoba más que en Madīnat al-Zahrā’, mes de ḏu-l-qa‘da de 391 H./22.VIII-21.IX.1001 – Alcázar de Córdoba, 3 de ḏu-l-qa‘da de 414 H./17.I.1024. Séptimo califa omeya de Córdoba, cuyo califato duró cuarenta y siete días exactos; era hombre de hermosas prendas naturales, de gran cultura literaria y fino poeta; hasta el punto que el literato Ibn Bassām recogería un siglo largo después sus poemas en la famosa obra de la Ḏajīra (Tesoro).

Califa omeya

Biografía

Era hermano uterino del califa Muḥammad II b. Hišām b. ‘Abd al-Ŷabbār al-Mahdī, que derrocó a los amiríes e inició la guerra civil que daría al traste con el califato cordobés. Su padre Hišām b. ‘Abd al-Ŷabbār que se había prestado a ser nombrado califa en una conjuración para derrocar a Hišām II y a su chambelán al-Muẓaffar, fue llevado el 13 de rabī‘ I de 397/4 de diciembre de 1006 a un calabozo de la cárcel de Córdoba, en el que pereció de asfixia o de inanición. Su madre fue una umm walad, una esclava concubina llamada Gāya (Perfección). Fue proclamado califa el día de la salida de al-Qasim b. Ḥammūd y de los beréberes de Córdoba, el martes 16 de ramadán del año 414/2 de diciembre de 1023.

Los cordobeses, después del fracaso de los califas ḥammūdíes, fuertemente berberizados, estaban decididos a nombrar de nuevo a un príncipe omeya. Acordaron elegir uno el 2 de diciembre de 1023 en la mezquita aljama de Córdoba. Tres descendientes de ‘Abd al-Raḥmān III se presentaron como candidatos: Sulaymān, hijo de ‘Abd al-Raḥmān IV al-Murtaḍà; Muhammad b. al-‘Irāqī, y ‘Abd al-Raḥmān b. Hišām. Pronto se vio que la mayoría de los sufragios de la elite (jāṣṣa) y de la plebe (‘āmma) en asamblea iban a recaer en su mayoría en Sulaymān, que se hallaba en la macsura de la mezquita. Cuando he aquí que apareció ‘Abd al-Raḥmān b. Hišām con gran gentío de soldados y plebe, escoltado por dos emires de la guardia, Maḥmūd y ‘Anbar, con sus espadas desenvainadas. Esto atemorizó a los visires y, llegado el último candidato a la macsura, al punto se apresuraron a besarle las manos y a prestarle juramento de fidelidad. También lo reconocieron como soberano los otros dos candidatos. Acto seguido el célebre secretario Aḥmad b. Burd raspó del acta de proclamación el nombre Sulaymān y escribió el nombre de ‘Abd al-Raḥmān, quien tomó el nombre califal de al-Mustaẓhir bi-llāh (El que pide ayuda de Dios).

Parece que este califa, pese a sus buenas intenciones y a su exquisita educación no pudo enderezar la trayectoria del califato: el tesoro estaba exhausto y, por tanto, no tenía los medios para ejercer su autoridad sobre una población tan turbulenta y dispuesta a la rebelión como la cordobesa. Cierto es que se rodeó de compañeros de intelectual valía, entre ellos, Abū ‘Amir b. Ṣuhayd, ‘Adl al-Wahhāb b. Ḥazm, y el famosísimo ‘Alī b. Ḥazm, que el gran historiador Ibn Ḥayyān, contemporáneo de los hechos, califica de “grupo de jóvenes inexpertos… muy presuntuosos”, anteponiéndolos a otros hombres de mayor autoridad política.

El califato de al-Mustaẓhir no pudo empezar peor, para procurarse dineros el nuevo califa recurrió a expedientes ilegales que le granjearon pronto la impopularidad entre las clases trabajadoras y entre el vulgo. Ibn ‘Iḏārī, recogiendo las palabras de Ibn Ḥayyān, describe así la situación: “Los engañó el brillo de la ambición en medio de una ciudad asediada, una región oprimida, una ruina continuada, y un sultán pobre en cuya mano no caía un dirhem, si no era de los restos de lo que se recogía en el interior de la ciudad o del saqueo de los víveres de los que entraban en ella, con los que prolongaba su último aliento y repartía al conjunto de los soldados que lo rodeaban y a su guardia personal, y así llegaba a cometer actos indignos y de tiranía a su grey”. Ibn Ḥayyān termina con estas lapidarias palabras: “No se mantiene un poder con el que se perjudica, se derrama sangre y se pierde la esperanza en su régimen”.

Como el nuevo califa carecía además de soldados aguerridos, acogió y honró en su alcázar a un grupo de beréberes que vinieron a proponerle sus servicios, y esta imprudencia bastó para que se desencadenase un motín en la ciudad, puesto que la población había sufrido sobremanera con la todavía reciente ocupación bereber. La población que estaba harta de los norteafricanos mató los que pudo y tomaron el alcázar de Córdoba. Los visires, notables y jeques, a quienes el califa había extorsionado dineros y mantenía presos, pidieron socorro y la plebe rompió los candados y los pusieron en libertad. Todos penetraron en el harén y lo profanaron. Al-Mustaẓhir trató de escapar del alcázar, pero al ir a salir por una puerta Maḥmūd y ‘Anbar, que días antes lo habían izado al poder, se lo impidieron. Entonces optó por esconderse en la leñera del baño con algunos beréberes. Acudió la guardia y numerosa plebe y lo sacaron de allí con la camisa ennegrecida, “en un estado horrendo”, y en ese estado fue llevado ante la persona de su primo paterno Muḥammad b. ‘Abd al-Raḥmān —que momentos antes habían hallado escondido en otro sitio del alcázar y aclamaron como califa— el futuro e incapaz al-Mustakfī bi-llāh, ya en la cincuentena (el pueblo de Córdoba lo apodaba “Miedosillo” y “Barriguita” por su poco coraje y gordura) que ordenó matarlo inmediatamente, el 3 de ḏu-l-qa‘da de 414/17 de enero de 1024. Esa fue la primera medida del nuevo soberano.

Así terminó, con 23 años, uno de los califas omeyas intelectualmente más capaces, pero que la situación y las circunstancias se aunaron para que no pudiera desarrollar sus talentos. Los efímeros califas que siguieron, ni de lejos estuvieron a su altura; pues ni fueron cultos, ni inteligentes, ni valientes.

Bibliografía

J. A. Conde, Historia de la dominación de los árabes en España, Barcelona, Imprenta de D. Juan Oliveres, Editor, 1844, t. II, págs. 146-148

Al-Nuwayrī, Kitāb Nihayāt al-arab fī funūn al-adab, ed. y trad. M. Gaspar Remiro bajo el título de Historia de los musulmanes de España y África por En-Nuguairí, Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1917, t. I, págs. 82-83/79

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtiṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, con título y subtítulo en francés que reza: Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, ed. de E. Lévi-Provençal, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 135-140 [traducción crítica (con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iḏārī”, establecidas por E. Lèvi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258) por F. Maíllo Salgado, La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas (al-Bayān al-Mugrib), Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 120-123]

R. Dozy, Histoire des Musulmans d’Espagne. Jusqu’à la Conquête de l’Andalousie par les Almoravide (711-1010), ed. E. Lévi-Provençal, Leide, Brill, 1932, t. II, págs. 321-326

Ibn Al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-a‘lām, ed. E. Lévi-Provençal bajo el título Histoire de l’Espagne Musulmane (Kitāb A‘māl al-A‘lām), Beirut, Dar al-Makchouf, 1956, págs. 134-135 (trad. de W. Hoenerbach, Islamische Geschischte Spanien. Übersetzung der A‘mal al-A‘lam und Ergänzender Texte, Zürich-Stuttgart, Artemis Verlags, 1970, págs. 272-273)

E. Lèvi-Provençal, España Musulmana hasta la caída del califato de Córdoba (711-1031 de J. C.), t. IV de la Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, 3ª ed. Madrid, Espasa-Calpe, 1967, págs. 482-483

“‘Abd al-Raḥmān V b. Hishām b. ‘Abd al-Djabbār”, en Encyclopédie de l’Islam, Leide-Paris, Brill-Maisonneuve, t. I, 1975, pág. 86

Anónimo, Ḏikr bilād al-Andalus, ed. y trad. L. Molina bajo el título de Una descripción anónima de al-Andalus, 2 vols. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1983, págs. 172-174/218-221

Autor/es

  • Felipe Maíllo Salgado

 

jueves, 11 de junio de 2026

ENSALADA DE MARISCOS Y PIPIRRANA

 

ENSALADA DE MARISCOS Y PIPIRRANA

Esta ensalada de mariscos y pipirrana es una ensalada fresca y refrescante. Para esta receta de verano, he utilizado una combinación de mariscos cocidos y verduras frescas y vibrantes, lo que la convierte en un plato saludable y refrescante. Podéis añadir los mariscos de vuestra preferencia, como mejillones, almejas, langostinos, o pulpo, para darle un toque especial a esta ensalada.

Como cabe esperar de una ensalada de verano, es saludable, baja en carbohidratos, colorida y crujiente, y lleva deliciosos trozos de mariscos con un aderezo ligeramente acido.


Ingredientes

1 pimiento verde cortado en daditos

1 pimiento amarillo cortado en daditos

1 pimiento rojo cortado en daditos

3 tomates, cortados en dados

1 cebolla roja pequeña

½ pepino, cortado en dados

400 gr de mariscos cocidos variados

Un puñado de perejil fresco picado.

2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

1 cucharadita de ajo picado

1 cucharadita de comino molido

1 cucharadita de sal

Pimienta negra recién molida al gusto

Aceitunas negras o verdes sin hueso (opcional)

Cebollitas blancas pequeñas para coctel (opcional)

Palitos de mariscos (ayudan a prolongar el sabor del marisco)

 

Elaboración

En un bol grande colocamos los pimientos cortados en daditos.

Cortamos la cebolla roja en daditos pequeños, el pepino y los tomates, añadimos todas las verduras al bol.

Agregamos los 400 gr de mariscos cocidos variados, también se puede elaborar con uno solo de ellos, es cuestión de gusto.

Añadimos un poquito de perejil picado y mezclamos bien todos los ingredientes.

Preparamos el aderezo: Añadimos todos los ingredientes del aderezo a un bol pequeño y batimos durante 1 minutos o hasta que estén bien mezclados todos los ingredientes.

Rociamos la ensalada con el aderezo y mezclamos ligeramente justo antes de servir.

Servir frio.

¡Buen provecho!

PATATAS MOZÁRABES

 

PATATAS MOZÁRABES

Esta receta de patatas mozárabes es muy fácil de elaborar, y nos acerca a nuestro acervo gastronómico de Al-Ándalus.

 

Ingredientes

2 patatas grandes, peladas y cortadas en dados

1-2 dientes de ajo picados

1-2 clavos de olor

1 cucharadita de comino molido

1 cucharadita de orégano seco

1 cucharadita de pimentón ahumado

½ cucharadita de pimienta negra recién molida

1 cucharadita de mostaza de Dijon

1 cucharada de miel

Aceite de oliva virgen extra

2-3 cucharadas de mayonesa

Sal al gusto

Perejikl fresco para decorar

 

Elaboración

En un cacerola u olla con 1 litro de agua con sal, la llevamos a ebullición.

Agregamos las patatas a la olla y dejamos hervir hasta que estén tiernas al pincharlas con un tenedor, unos 10-12 minutos.

Una vez cocidas, escurrimos el exceso de agua y reservamos.

Para preparar la salsa mozárabe: En un mortero, agregamos el ajo picado, los clavos de olor, el comino molido, el orégano seco, el pimentón ahumado y sazonamos con sal y pimienta negra recién molida. Majamos muy bien hasta que todos los ingredientes estén bien integrados y tengamos un polvo grueso; esto llevara alrededor de 1 minuto.

En un bol o directamente en el mortero, añadimos la miel, la mostaza de Dijon, la mayonesa y la mitad del aceite de oliva virgen extra, y batimos hasta que todos los ingredientes estén bien integrados en la mezcla.

Añadimos poco a poco el aceite de oliva virgen extra restante, hasta obtener una textura suave y cremosa.

La salsa debe tener un color rosa pálido. Comprobamos la sazón y añadimos sal y pimienta negra recién molida si fuese necesario.

Colocamos las patatas sobre un cuenco o cazuelita de barro poco profunda.

Rociamos con la salsa mozárabe.

Adornamos con perejil fresco picado.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

ALI B.HAMMUD

 ALI B.HAMMUD

‘Alī b. Ḥammūd. Abū l-Ḥasan ‘Alī b. Ḥammūd b. Maymūn b. Ḥammūd b. ‛Alī b. ‘Ubayd Allāh b. Idrīs b. Idrīs b. ‘Abd Allāh b. Ḥasan b. al-Ḥasan b. ‛Alī b. Abī Ṭālib, al-Nāṣir li-Dīn Allāh (El que defiende victoriosamente la religión de Dios), Mutawakkil ‘alà Allāh (El que se pone en manos de Dios). Actual norte de Marruecos, hacia 352-3 H. / 964 – Córdoba el 1º de ḏu-l-qa‘da de 408 H./22.III.1018. Primer califa ḥammūdí, y por tanto ḥāšimí, de Córdoba, descendiente de ‘Alī b. Abī Ṭālib y de Fátima, hija del Profeta. Según Ibn ‘Iḏārī, siguiendo a Ibn Ḥayyān, su califato no duró más que un año, nueve meses y nueve días.

Rey de Taifa

Biografía

 


Su padre Ḥammūd b. Maymūn fue un notable de la zona de Arcila, de una preclara familia árabe fuertemente berberizada. Su madre se llamaba al-Bayḍā’ (Blanca) al-Qurayšiyya, hija del tío paterno de su esposo. La familia empezó a adquirir relieve de nuevo con ‛Alī b. Ḥammūd. Éste, cuando se enteró de que el califa Muhammad II al-Mahdī había sido depuesto, fue con su gente a Ceuta y tomó posesión de la ciudad diciendo que el nuevo califa Sulaymān al-Musta‘īn le había concedido su gobierno. Efectivamente, Sulaymān concedió el gobierno de las plazas andalusíes de Ceuta a ‛Alī b. Ḥammūd, y Algeciras, Tánger y Arcila a su hermano mayor, al-Qāsim, adheridos hacía tiempo al partido bereber que sostenía al nuevo califa.

Hay que tener en cuenta que en los albores del siglo XI los ḥammūdíes aparecen ya establecidos en al-Andalus. Ibn Hayyān cuenta que cuando las milicias de Sulaymān al-Musta‘īn asaltaron Madīnat al-Zahrā’ el 23 de rabī‘ I del 401/4 de noviembre de 1010, el califa situó en Seqūnda a los caídes ‘alawíes con sus zanāta, ‛Alī y al-Qāsim hijos de Ḥammūd, sin parar mientes que depositaba las llaves del Estrecho en manos que no le eran adictas. La decisión del califa sorprendió a los notables bereberes que lo habían elevado al trono, los cuales le reprocharon este acto que estimaban contrario a los intereses del soberano. Los ‘alawíes no habían renunciado a sus pretensiones al califato y el buen criterio político aconsejaba relegarlos a un segundo término. ‘Abd Allāh al-Birzālī, que dominaba la comarca de Jaén increpó al califa diciéndole: “¿Acaso los ‘alawíes no son ṭālibíes?” Contestó: “Si”. Díjole: “Has dado eso a unas culebras y los has vuelto gruesas serpientes”.

Dado el desgobierno y el reparto de al-Andalus efectuado por Sulaymān al-Musta‘īn para pagar tropas con territorios, ‘Alī b. Ḥammūd se comportó como soberano independiente, con razón o sin ella pasaba por haber recibido el testamento de Hišām II, que había designado a ‘Alī como su auténtico sucesor, dada la nobleza de su origen.

Pronto el ḥammūdí se deshizo de los notables ceutíes leales al califa al-Musta‘īn, entre ellos el cadí de la ciudad y un reputado alfaquí que serían asesinados por su orden en el año 404/1013-4. Después de tener el poder asegurado en Ceuta resolvió hacerse con el califato. Enseguida recibió el apoyo de los esclavones ‘āmiríes del Levante de al-Andalus y la neutralidad de los bereberes zīríes de Granada. En el 406/1016 atravesó el estrecho y se aposentó en Málaga, en manos del gobernador ‘Āmir b. Fatūḥ, leal a su causa. Desde allí se dirigió a Almuñécar, donde se le unió Jayrān, esclavón ‘āmirí, régulo de Almería, y tomó el camino de Córdoba. Su hermano al-Qāsim quedaba en la retaguardia aposentado en Algeciras, en caso de fracasar el proyecto. Sulaymān al-Musta‘īn fue derrotado y hecho prisionero con suma facilidad en las cercanías de la capital por las fuerzas de ‛Alī; ya que por lo general los mercenarios bereberes hicieron causa común con el aspirante al trono al que consideraban uno de ellos.

Una vez en Córdoba, en la que entró el 22 de muḥarram de 407/1 de julio de 1016, lo primero que hizo fue exigir que se le entregase a Hišām II vivo o muerto, pues aunque sabía que había sido asesinado, quería legitimar así su ascensión al trono. Desenterrado el cadáver de Hišām e identificado, se le volvió a sepultar, y el propio ‛Alī b. Ḥammūd mató al depuesto Sulaymān al-Musta‘īn por su propia mano. Según el historiador Ibn al-Jaṭīb, diciendo en árabe berberizado: “El sultán no debe ser matado sino por el sultán”, ordenando acto seguido que el hermano de Sulaymān y su anciano padre fueran suprimidos. Al día siguiente 23 de muḥarram de 407/2 de julio de 1016 fue proclamado califa como legítimo sucesor de Hišām II, siendo jurado por sus partidarios y notables cordobeses en Bāb al-Sudda, una de las puertas del alcázar califal, adoptando el nombre honorífico que otrora había llevado Abderramán III: al-Nāṣir li-Dīn Allāh, así como aquel otro de Mutawakkil ‘alà Allāh. Por vez primera, desde la restauración de la dinastía omeya en al-Andalus, ocupaba el trono un soberano no marwāní.

Durante los primeros ocho meses de su reinado se aseguró la estima de sus administrados aplicando rigurosamente la ley entre los beréberes, habituados a cometer desmanes en la más absoluta impunidad, hasta el punto de mandar ejecutar a un beréber por coger un ramo de uvas de una parra ajena. Pero le sirvió de poco la estricta aplicación de la ley (šarī‘a), los cordobeses empezaron a murmurar contra él considerándolo un usurpador extranjero y manifestando abierta simpatía por el pretendiente omeya, al-Murtaḍà, o sea, ‘Abd al-Raḥmān IV b. Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. al-Nāṣir, suscitado en el Levante de al-Andalus por el esclavón Jayrān, señor de Almería, y el tuŷībí Munir b. Yaḥyà de Zaragoza, proclamándolo califa el 10 de ḏu-l-hiŷŷa de 408/29 de abril de 1018. Entonces ‛Alī b. Ḥammūd trocó su benevolencia por las gentes de Córdoba en terror, haciendo que los zanāta recobraran su inmunidad y sus privilegios, y sometiendo a la población a toda clase de impuestos, declarando a los notables cordobeses responsables de la menor agitación de la plebe.

Los cordobeses esperaban la llegada de al-Murtaḍà para levantarse contra el tirano, quien resuelto a acabar con el opositor omeya, anunció su propósito de dirigirse a tierras jienenses para atacarlo. No pudo realizar su proyecto, sin embargo, tres esclavones domésticos del alcázar (Mun’ih, Labīb y ‘A’īb) resolvieron acabar con ‛Alī b. Ḥammūd en el baño real por propia iniciativa. Le arrojaron a la cabeza un pesado cubo de cobre y lo apuñalaron, evadiéndose sin más del alcázar de Córdoba. Fueron sus mujeres, inquietas por su tardanza, las que descubrieron su cadáver nadando en un charco de sangre. Sus partidarios entonces —por más que el califa asesinado hubiera designado previamente como sucesor a su hijo Yaḥyà, que se hallaba en Ceuta— avisaron a su hermano que estaba de gobernador en Sevilla. Éste temió que fuera un ardid contra él y envió a quien examinara y verificara la autenticidad de los hechos; sólo entonces al-Qāsim b. Ḥammūd se desplazó a Córdoba, sacaron el cuerpo de su hermano, hizo los rezos preceptivos por él y envió su féretro a la ciudad de Ceuta, donde fue enterrado. Dos de los asesinos parece que fueron hallados y crucificados en el puente de Córdoba.

Los beréberes se apresuraron a proclamar califa a al-Qāsim b. Ḥammūd tres días después de la muerte de su hermano, o sea, el 4 de ḏu-l-qa‘da de 408/22 de marzo de 1018.

Bibliografía

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Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb, ed. bajo el título de Analectes sur l’Histoire et la littérature des Arabs d’Espagne, por R. Dozy, G. Dugat, L. Krehl, W. Wright, Leide, 1855, t. II, págs. 315-319 (trad. parc. P. de Gayangos, The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, New York-London, Johnson Reprint Corporation, 1964, t. II, págs. 230-233)

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‘Abd Al-Wāḥid Al-Marrākušī, Kitāb al-Mu‘ŷib fī taljīs ajbār al-Magrib, ed. R. Dozy bajo el título de History of the Almohades, Leide, 1881, reimpr. Ámsterdam, Oriental Press, 1968, pág. 35 (trad. E. Fagnan, Histoire des Almohades, Argel, Adolfo Jordán, Libraire-Éditeur, 1893, págs. 36-37 y 42-43)

Al-Nuwayrī, Kitāb Nihāyat al-‘arab fī funūn al-adab, ed. y trad. M. Gaspar Remiro bajo el título de Historia de los musulmanes de España y África por En-Nuguairí, Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1917, t. I, págs. 79-80/75

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtiṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, con título y subtítulo en francés que reza: Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, ed. E. Lévi-Provençal, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 113-114, 117-125 y 188-189; trad. crít. (con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iḏārī”, establecidas por E. Lévi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258) por F. Maíllo Salgado, La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas (al-Bayān al-Mugrib), Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 103-104, 106-112 y 160-161

R. Dozy, Histoire des Musulmans d’Espagne, ed. E. Lévi-Provençal, Leide, Brill, 1932, t. II, págs. 310-316

L. Seco de Lucena, Los Ḥammūdies, Señores de Málaga y Algeciras, Málaga, Exmo. Ayuntamiento de Málaga, 1955, págs. 13-19

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-a‘lām, ed. E. Lévi-Provençal bajo el título Histoire de l’Espagne Musulmane (Kitāb A‘māl al-A‘lām), Beirut, Dar al-Makchouf, 1956, págs. 128-129 (trad. W. Hoenerbach, Islamische Geschischte Spanien. Übersetzung der A‘māl al-A‘lām und Ergänzender Texte, Zürich-Stuttgart, Artemis Verlags, 1970, págs. 262-264)

Al-Ḥumaydī, Ŷadwat al-muqtabis fī ḏikr wulāt al-Andalus, ed. M. T. al-Tanŷī, El Cairo, al-Dār al-Miṣriyya, 1966, pág. 22

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Autor/es

  • Felipe Maíllo Salgado

miércoles, 10 de junio de 2026

ENSALADA DE JUDIAS BLANCAS

 

ENSALADA DE JUDIAS BLANCAS


Ingredientes

500 gr de judías blancas cocidas de bote

300 gr de pimiento verde

300 gr de pimiento rojo

4 huevos duros

4 tomates medianos

1 cebolla

1 zanahoria

100 gr de aceitunas negras

2 latas de atún en aceite

100 ml de aceite de oliva virgen extra

40 ml de vinagre

Sal

Perejil fresco picado

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

La preparación es extremadamente sencilla. Sacamos las judías cocidas del bote y las enjuagamos bien bajo el grifo. Escurrimos el agua en un colador y las colocamos en un bol.

Cortamos en dados pequeños todas las verduras; los pimientos,  el tomate, la cebolla y las aceitunas. Rallamos la zanahoria con un rallador. Picamos finalmente los huevos duros, y añadimos todo al bol con las judías.

Escurrimos el aceite del atún y lo agregamos al bol. Por último, añadimos el aceite de oliva virgen extra, el vinagre, la sal y la pimienta negra recién molida, removemos suavemente con movimientos envolventes. Probamos el ajuste de la sazón, y rociamos con perejil picado. Ahora solo queda dejarlos reposar en el frigorífico, para que coja todos los sabores. ¡estará mejor de un día para otro!

¡Buen provecho!