MUHAMMAD XII
Muḥammad XII: Abū cAbd Allāh
Muḥammad b. Sacd b. cAlī b. Yūsuf b. Muḥammad b.
Yūsuf b. Ismācīl b. Faraŷ b. Ismācīl b. Yūsuf b. Muḥammad
b. Aḥmad b. Muḥammad b. Jamīs b. Naṣr b. Qays al-Jazraŷī al-Anṣārī, al-Gālib
bi-[A]llāh, al-Zagal (El Zagal). Granada, d.
840/1436-1437 – Tremecén (Argelia), 1.VIII.899/7.V.1494. Emir de al-Andalus,
sultán de Granada.
Sultán nazarí
Biografía
Conviene advertir antes de
iniciar la lectura de esta biografía que se trata del sultán que hasta hace
pocos años se identificaba como Muḥammad XIII, pero gracias a la información de
una fuente árabe de época nazarí escrita por Ibn cĀṣim (muerto
en 1453) se debe rectificar la anterior numeración, que también afecta al que
ahora sabemos es Muḥammad XI, Boabdil, (antes Muḥammad XII). Igualmente,
resulta necesario advertir que sobre varios aspectos de su vida existen
informaciones y datos contradictorios que recogen las distintas versiones, a
veces divergentes, de las fuentes árabes, hebreas y cristianas y que,
lógicamente, no pueden presentarse todos aquí.
Nació en una fecha
desconocida que no puede ser 1454, como se deduciría de su epitafio funerario
esculpido en el norte de África, que señala que murió con unos cuarenta años de
edad en 1494. En cambio, su nacimiento hay que situarlo después del de su hermano
mayor Abū l-Ḥasan cAlī (nacido poco antes de 840/1436-1437) y
antes —no es probable que fuera menor según el desarrollo de los
acontecimientos— que el de su hermano Yūsuf (nacido en 854/1450), quizás hacia
1440, al menos, pues ya en 1455 ejercía el gobierno de Almería y en marzo de
1464 huyó a Castilla por temor a su hermano.
Era el segundogénito del
emir Sacd (1454-1455, 1455-1462 y 1463-1464) y para distinguirlo de
su sobrino homónimo, el también emir Muḥammad XI, Boabdil (1482-1483 y
1487-1492), con el que se disputaría el trono, fue llamado por sus compatriotas
al-Zagal (o al-Zagall), “el Bravo”, “el Valiente”, “el Poderoso en armas/la
guerra”, sobrenombre muy prestigioso frente al apelativo lastimoso que
aplicaron al sobrino. El nombre se hizo tan célebre que pasó y permaneció en el
castellano, gallego y portugués.
Un cronista cristiano indica
que era de elevada estatura, proporcionado, ni flaco ni grueso, y tenía el
rostro grave, digno y de singular blancura, aunque algo pálido.
Las primeras noticias de su
vida coinciden con el inicio de su actividad política cuando aún debía de ser
muy joven, en enero de 1455, bajo Muḥammad X al-Ṣagīr, el Chiquito (1453-1454 y
1455), cuando este sultán comenzó su segundo emirato tras destronar a Sacd.
Para recuperar el Trono, Sacd se hizo vasallo del rey castellano
Enrique IV y en el vasallaje también incluyó a su segundo hijo, que ha de ser
Muḥammad y que se hallaba en Almería como gobernador de la ciudad y, por
consiguiente, de la región más oriental de al-Andalus.
Su control sobre Almería se
mantuvo y debía de ser lo bastante sólido como para que el propio emir Muḥammad
X se dirigiera personalmente a reducirlo el 24 de abril de 1455, aunque se
detuvo en una desafortunada batalla en Guadix y no se sabe si llegó hasta
Almería.
Su siguiente aparición se
produce ya al final del tercer emirato de su padre, en marzo de 1464, cuando
huyó de Granada para refugiarse en Castilla —vía Alcalá la Real y Jaén, donde
permaneció varios días— por temor a que lo detuviera su hermano Abū l-Ḥasan (el
Muley Hacén de los textos castellanos), poderoso príncipe heredero que ejercía
en la práctica funciones soberanas y estaba a punto de derrocar a su padre.
Pero una vez en el Trono,
Abū l-Ḥasan, regresó de Castilla pues en 1470 estaba en Granada o, quizás, en
Almería. Hacia los comienzos de ese año, tuvo lugar la sublevación de los
alcaides, muchos de ellos Banū l-Sarrāŷ, en respuesta a la sustitución que Abū
l-Ḥasan realizó para acabar con el excesivo poder que acaparaban. Reunidos en
Íllora y luego concentrados en Málaga, donde, con la ayuda de algunos jefes
cristianos y aprovechando la sublevación local de Çercotí/Alquirzote,
proclamaron a Muḥammad b. Sacd, que se trasladó a la ciudad
malagueña. Sin embargo, Abū l-Ḥasan logró convencer a su hermano y
reconciliarse con él, por lo que Muḥammad regresó a Granada, los sublevados
fueron amnistiados excepto algunos cabecillas, que huyeron o fueron ejecutados.
A partir de entonces,
Muḥammad b. Sacd siempre se mantuvo al lado de su hermano y
compartió su suerte hasta su segundo derrocamiento. Así, cuando a finales de
ŷumādà I de 887/mediados de julio de 1482 se sublevó contra Abū l-Ḥasan su
primogénito Muḥammad b. cAlī, Boabdil, y lo destronó
obligándole a retirarse a Málaga, Muḥammad b. Sacd lo acompañó allí.
Desde Málaga, mientras su hermano se hallaba en la comarca de Almuñécar,
Muḥammad b. Sacd al-Zagal dirigió la resonante victoria de la
Ajarquía malagueña, donde las fuerzas andalusíes locales aplastaron a un
numeroso ejército castellano, integrado por destacados nobles, el 11 de ṣafar
de 888 H./21 de marzo de 1483.
En respuesta a esta
victoria, el nuevo emir Muḥammad XI, Boabdil, también intentó obtener un éxito
militar, pero su desafortunada acción contra Lucena el 20 de abril de 1483
(rabīc I de 888) acabó con su derrota y cautiverio, lo que
permitió a Abū l-Ḥasan recuperar el trono y volver a Granada acompañado de su
hermano Muḥammad b. Sacd al-Zagal.
En este segundo emirato de
su hermano, que ya estaba afectado por una enfermedad parecida a la epilepsia
que le dejó ciego y lo incapacitó para la guerra, Muḥammad al-Zagal se encargó
del Ejército y la defensa.
Uno de los objetivos
político-militares ineludibles era recuperar la integridad territorial y
someter al rebelde Yūsuf que controlaba Almería en favor de su hermano Muḥammad
XI, Boabdil, sobre todo cuando este, una vez liberado parece que acabó
instalándose en Almería o al menos en la región oriental. Para ello, Muḥammad
al-Zagal se dirigió a dicha ciudad y consiguió apoderarse de ella hacia
[muḥarram] de 890/febrero de 1485 por sorpresa y con la colaboración de algunos
alfaquíes locales. Al-Zagal consultó a su hermano qué hacer con los rebeldes, y
este le envió la orden de ejecución de los cabecillas, incluyendo a Yūsuf, su
propio hijo, aunque según H. de Baeza, dio la orden presionado por Ṯurayyā y
esperando que al-Zagal no mataría a su propio sobrino. La madre de Yūsuf habría
sido encarcelada mientras que Muḥammad XI se libró porque se hallaba en Córdoba
solicitando más ayuda a los castellanos según las fuentes árabes, aunque
algunos cronistas indican que estaba en Almería o en Vera y huyó a Córdoba.
Aunque el mando del Ejército
andalusí en manos de Muḥammad b. Sacd al-Zagal mejoró la defensa y
aumentó la resistencia frente al enemigo, no pudo evitar que las mayores
fuerzas y artillería del Ejército castellano conquistaran Cártama y Coín en
rabīc II de 890 H./abril de 1485 y Ronda en ŷumādà I de 890/23
de mayo de 1485, entre otras plazas.
Pero, tras la pérdida de
Ronda, Muḥammad b. Sacd se dirigió a Málaga para reforzarla ante la
amenaza de que el Ejército enemigo la asediara, aunque Fernando V se retiró
finalmente. Entonces, Muḥammad regresó a Granada y en el camino se encontró,
cerca de Alhama, con un destacamento castellano que volvía de una algarada con
abundante botín. Al-Zagal se enfrentó a él, lo derrotó y recuperó el botín,
pero, además, capturó buen número de prisioneros.
Gracias a esta victoria,
cuando llegó a la capital tuvo un recibimiento triunfal que, junto al apoyo
popular por su poderosa actividad militar en defensa del pueblo andalusí, junto
a la opinión favorable de los alfaquíes ante la ceguera del emir, coadyuvado
todo ello por las maniobras del visir Abū l-Qāsim b. Riḍwān Bannīgaš, desembocó
en su proclamación como nuevo soberano el domingo 3 de ŷumādà II de 890/17 de
junio de 1485.
El nuevo emir, Muḥammad XII,
adoptó el mismo laqab (sobrenombre honorífico) que su hermano
Abū l-Ḥasan y su sobrino Muḥammad XI, Boabdil: al-Gālib bi-[A]llāh (el Vencedor
por [la gracia de] Dios), de manera que los tres últimos Soberanos tienen el
mismo, que resultaba ser, significativamente, el más simbólico de la dinastía,
conectado con el lema de la misma, sólidamente establecido y de gran tradición
y prestigio, pues lo llevó el fundador y el destacado Muḥammad IX.
A pesar de lo breve y
turbulento de su emirato, sacudido por la permanente guerra de los castellanos
y agitado por la guerra civil, intentó mantener el funcionamiento de la
administración (así lo muestra el dahír o decreto emitido el 13 de šawwāl de
890/23 de octubre de 1485) y la economía, hasta el punto de acuñar moneda con
ceca de la Alhambra e, incluso, de Guadix y Málaga, sin duda como símbolo y
ejercicio de soberanía en un trono disputado.
Inició su reinado con buen
pie, pues un mes y medio después obtuvo ya una importante victoria. Ante el
inminente ataque enemigo, Muḥammad XII al-Zagal se dirigió a Moclín para
reparar sus murallas. Estando allí, llegaron las primeras fuerzas avanzadas del
ejército castellano, dirigidas por el conde de Cabra, que fueron totalmente
derrotadas y perseguidas abandonando a los musulmanes los pertrechos y
artillería que transportaban para el asedio de Moclín. La batalla tuvo lugar el
22 de šacbān de 890/3 de septiembre de 1485 y la derrota hizo
desistir al el rey castellano del ataque previsto mientras que el prestigio del
nuevo emir aumentó aún más.
En cambio la fuerte
acometida del Rey castellano contra las aisladas fortalezas de Cambil y Alhabar
en el norte de la frontera con Jaén tuvo éxito, aunque para ello tuvo que
someter a los defensores andalusíes a un estrecho cerco de tres campamentos, un
asedio de doce días y un masivo ataque de artillería pesada que acabó con la
entrega de las fortalezas el jueves [12] de ramaḍān de 890/22 de septiembre de
1485. Su pérdida supuso el desmantelamiento de la línea defensiva más avanzada
de esta zona de la frontera andalusí pues las plazas de Arenas, Montejícar e
Iznalloz fueron evacuadas.
A pesar de estas pérdidas,
era evidente el fortalecimiento del emirato nazarí con Muḥammad XII al-Zagal,
cuyo prestigio, capacidad militar y apoyo popular lo convertían en un
contrincante peligroso que unificaba de nuevo el estado andalusí. Para evitar este
afianzamiento del Trono nazarí, el Rey castellano envió de nuevo a su emir
vasallo, Muḥammad XI, Boabdil, para que emprendiera una nueva campaña de asalto
al trono. Así, con el apoyo de Fernando V, se instaló en la región oriental de
al-Andalus ofreciendo la paz que había firmado con el castellano y que amparaba
a quienes lo reconocieran como emir. Lo acataron varias fortalezas: los Vélez
antes del 12 de octubre de 1485 y Huéscar antes del 25 de noviembre.
Su influencia siguió
extendiéndose y llegó hasta la misma capital, donde sus seguidores convencieron
a los habitantes del Albaicín, ganaderos y campesinos deseosos de paz y
tranquilidad en el territorio, para que proclamaran a Boabdil y alcanzaran así
la paz con los enemigos. Esto desencadenó la guerra civil en plena ciudad de
Granada, incluso con cañones y almajaneques utilizados por los partidarios de
Muḥammad XII al-Zagal para lanzar piedras a los del Albaicín desde las murallas
de la alcazaba.
Los seguidores de Muḥammad
XI resistieron en el Albaicín mientras esperaban su llegada, que les había
anunciado desde Vélez. La lucha se prolongó durante más de dos meses, entre el
3 de rabīc I y el 15 de ŷumādà I de 891/9 de marzo y 19 de mayo
de 1486, sin que venciera ninguno de los dos contendientes, pero los alfaquíes
los presionaron para que cesaran la lucha protestando porque el conflicto
provocaba la ruina de la nación. El acuerdo se alcanzó y Boabdil renunció a sus
pretensiones al Trono en favor de su tío y desde Vélez se trasladó a Loja.
A continuación el Rey
castellano tomó Loja a pesar de que la ciudad estaba bajo la autoridad de
Muḥammad XI y, por tanto, bajo el tratado de paz otorgado por Fernando V. Tras
la capitulación el 26 de ŷumādà I de 891/30 de mayo de 1486, Muḥammad XI —que según
algunas fuentes árabes entregó secretamente Loja como precio de su libertad y
según las crónicas cristianas traicionó el pacto con Fernando y defendió Loja—
fue apresado nuevamente y tuvo que establecer un segundo pacto con Fernando V.
Según éste pacto, el castellano, para mantener viva la guerra civil nazarí, le
concedía la región oriental de al-Andalus como señorío en vasallaje si Muḥammad
XI la tomaba en ocho meses; además, otorgó una tregua en julio 1486 por tres
años al territorio que se levantase a favor de Boabdil durante los seis meses
siguientes.
Mientras la artillería
castellana hacía capitular Elvira, Íllora, Colomera, Moclín y Montefrío con las
alquerías de la zona al mes siguiente (ŷumādà II/junio), Muḥammad XI se
estableció en Vélez y la población de la zona lo reconoció para conseguir la paz
que el tratado con los cristianos les prometía. Una vez consolidado, se dirigió
a Granada y entró secretamente en el Albaicín el 16 de šawwāl de 891/15 de
octubre de 1486. El resto de la ciudad se mantuvo fiel al emir Muḥammad XII
al-Zagal y la lucha fratricida volvió a estallar en las mismas calles de la
capital.
Para mayor intromisión
castellana en el conflicto, Muḥammad b. cAlī, Boabdil, contó
con la ayuda de tropas cristianas que entraron en el mismo Albaicín. Esto puede
explicar que fracasara un ataque general que lanzó Muḥammad b. Sacd
al-Zagal el 27 de muḥarram de 892/23 de enero de 1487, a pesar de utilizar
todas sus fuerzas y contar con el respaldo de los ulemas, que condenaron la
injerencia castellana y deslegitimaron a Muḥammad XI.
Este último seguía ganando
partidarios, pues envió a su visir a varios lugares con una copia de su tratado
de paz con Fernando V. Málaga lo reconoció por temor a los ataques castellanos,
aunque Vélez-Málaga se mantuvo fiel a Muḥammad XII al-Zagal.
Cuando el enfrentamiento se
prolongaba ya seis meses, el Rey castellano, aprovechando la guerra civil
nazarí que paralizaba cualquier respuesta militar de Muḥammad b. Sacd
al-Zagal, se dispuso a atacar Vélez-Málaga. Los alfaquíes intentaron entonces
una reconciliación o una tregua en la lucha fratricida, pero, según varias
fuentes, no lo consiguieron —un cronista castellano indica que al-Zagal llegó a
ofrecer su renuncia al Trono a cambio de ir todos a defender Vélez—. En
cualquier caso, a los diez días, al-Zagal tomó la difícil y arriesgada decisión
de salir de Granada y acudir en persona a socorrer la ciudad el sábado 26 de
rabīc II de 892/21 de abril de 1487.
La indisciplina de sus
tropas le impidió lograr su propósito y debió regresar a Granada. En el camino
recibió la noticia de que su sobrino Muḥammad XI se había apoderado de la
ciudad y había sido proclamado el domingo 5 de ŷumādà I de 892/29 de abril de 1487.
Muḥammad XII al-Zagal no
intentó recuperar la capital sino que se dirigió a las Alpujarras y a
continuación se estableció en Guadix mientras Vélez-Málaga no podía ya
prolongar su resistencia y, tras rendirse el 27 de abril, se acordaron las
capitulaciones el viernes 10 de ŷumādà I de 892/4 de mayo de 1487.
Una vez en Guadix, Muḥammad
b. Sacd al-Zagal se mantuvo independiente y consiguió que bastantes
territorios siguieran reconociéndolo. Además, a pesar de hallarse destronado,
prosiguió su actividad militar de defensa ante los ataques cristianos. Por
ello, cuando el Rey castellano comenzó el asedio a Málaga, envió tropas para
socorrerla, aunque en el camino fueron derrotadas por su sobrino Muḥammad XI,
Boabdil, que cumplía así su compromiso con los castellanos. A pesar de ello,
Muḥammad b. Sacd lo intentó de nuevo desde Adra, donde se había
refugiado entonces, y esta vez tuvo éxito, pues llegó hasta Vélez-Málaga y
aniquiló a parte de la guarnición cristiana.
La conquista de Málaga en šacbān
de 892/agosto de 1487 arrastró la de toda la región occidental (al-Garbiyya).
Parece que ello provocó que los andalusíes de Baza abandonaran el partido de
Muḥammad XII al-Zagal y se sometieran a Muḥammad XI, Boabdil, para evitar así
la tala de sus campos por los castellanos, como hicieran los de Almuñécar. Pero
esta defección fue breve pues a comienzos del año siguiente, viendo que
resultaba inútil esta protección, volvieron con al-Zagal.
De esta manera, al-Zagal
llegó a dominar Guadix, Baza, las Alpujarras y Almería, ganándose la simpatía y
el apoyo de la población por su lucha contra los cristianos. Gracias a ello,
podía disponer de las rentas de todas las poblaciones que lo reconocían, hasta
el punto de que llegó a acuñar moneda desde Guadix, a pesar de las limitaciones
para la amonetación con que contaría. Por el contrario, su sobrino Muḥammad XI
en Granada apenas podía hacer frente a los gastos de la capital y dependía del
subsidio castellano, además de verse obligado a reprimir sangrientamente las
protestas de la población.
En 1488 las tropas de
Muḥammad XII al-Zagal realizaron, entre otras muchas acciones, una incursión
victoriosa por tierras de Alcalá la Real, donde capturaron diversos cautivos.
Por su parte, Fernando V conquistó Vera el 10 de junio de 1488, que conllevó la
entrega, el mismo día, de Cuevas de Almanzora, después Mojácar y luego casi una
cincuentena de pequeñas fortalezas y poblaciones del Valle del Almanzora. La
amenaza de tala y destrucción castellana hizo capitular también en junio Vélez
Blanco, Vélez Rubio, Huéscar, Galera, Orce y Benamaurel, entre otros lugares.
La facilidad de este enorme avance se debió al deseo de paz de la población,
pero también al colaboracionismo del alcaide de Almería, Yaḥyà “Alnayar”.
A pesar de este
desmoronamiento de líneas fronterizas y comarcas enteras, Muḥammad b. Sacd
no se desanimaba y mantenía con bravura y esfuerzo la resistencia al avance
castellano, que logró frenar en una lucha enormemente desigual. Además de
acciones defensivas ante asedios enemigos, emprendió una ofensiva que le
permitió, contra todo pronóstico, conseguir que Salobreña y Almuñécar
abandonaran a Muḥammad XI y volvieran con él, reconquistar Nerja, someter
Torrox y tomar Padul y Alhendín en agosto de 1488. También asedió Cúllar y
estuvo a punto de tomarla, aparte de otras operaciones menores de saqueo y
hostigamiento contra los partidarios de su sobrino y lugares en manos de los
cristianos.
Pero el empeño de Castilla
por conquistar completamente al-Andalus era firme y el reino cristiano, unido a
Aragón, estaba en condiciones de llevarlo a cabo, por lo que la valiente y
enérgica resistencia de Muḥammad b. Sacd no podía detener el avance
enemigo. Así, aunque en 1488 el derrocado emir consiguió impedir la conquista
de Almería y grandes ciudades como Baza o Guadix, en 1489 los Reyes Católicos
pusieron en marcha toda la poderosa y pesada maquinaria bélica de Castilla para
acabar con el poder de Muḥammad XII al-Zagal, “señor de Guadix”.
Para ello, iniciaron la
campaña con el objetivo de la conquista de Baza. Tras tomar Zújar, comenzaron
el asedio en el mes de raŷab/mediados de junio. La plaza era considerada
inexpugnable y además al-Zagal, cuando supo los planes castellanos, envió refuerzos
con Yaḥyà “Alnayar” e intentó apoyar a la ciudad cuanto pudo desde el exterior.
La resistencia de los bastetanos fue valerosa, muy dura y prolongada y estuvo a
punto de hacer desistir a los sitiadores. Entre otros episodios, se produjeron
escaramuzas y combates, consultas del Rey con los Grandes sobre el abandono del
sitio, represión sangrienta por Muḥammad XI, Boabdil, de las iniciativas de
ayuda desde Granada, rendición de Canillas, Freila y Benzalema. Uno de los
factores decisivos para la resolución del asedio fueron las reservas de
alimentos, pues agotadas estas, la situación era insostenible. Los de Baza
debieron rendirse tras consultar a Muḥammad b. Sacd y cerrar las
negociaciones que mantuvo con los cristianos el alcaide Yaḥyà “Alnayar”, cuya
diligencia fue premiada por el Rey castellano-aragonés con privilegios y
concesiones acordadas previamente a la entrega. El viernes 10 de muḥarram de
895/4 de diciembre de 1489 se entregó la ciudad y su caída arrastró las de
Purchena (7 de diciembre) y otros lugares del Valle del Almanzora y la Sierra
de los Filabres.
Igualmente, todos los
lugares por los que pasó Fernando V en su camino hacia Almería fueron
sometiéndose sin resistencia. Muḥammad XII al-Zagal, consciente de que ya había
perdido la guerra y convencido por su cuñado Yaḥyà “Alnayar” —que había firmado
un acuerdo secreto con el Rey castellano—, salió de Guadix y se dirigió al
encuentro del Monarca para negociar su rendición.
Así, el 10 de diciembre de
1489 se establecieron las capitulaciones entre los Reyes Católicos y “el rey de
Guadix, Muley Abdili”, que exigían el vasallaje de este y la entrega de todas
las ciudades y plazas que dominaba, entre ellas Almería, las Alpujarras y
Almuñécar, esta última con unas capitulaciones específicas asentadas ese mismo
día. Muḥammad b. Sacd recibió a cambio un señorío que abarcaba las
tahas de Lecrín, Lanjarón, Órgiva y Andarax. Preocupado por su familia,
al-Zagal incluyó la protección de las propiedades que tenía en Granada, además
de su hermana y sobrinos, la segunda mujer de su hermano, Ṯurayyā, de cuyos
hijos se preocupó especialmente. A los pocos días, entregó Almería, el 22 de
diciembre de 1489, y Guadix, a comienzos [6] de ṣafar de 895/30 de diciembre.
Establecido en Andarax,
Muḥammad XII al-Zagal, colaboró en abortar una conspiración granadina que
pretendía entronizar al primogénito de Abū l-Ḥāsan y Ṯurayyā, Sacd,
que se hallaba en Andarax, para derrocar a Boabdil. Por orden de los Reyes
Católicos, envió a la Corte en Sevilla a los dos príncipes (Sacd y
Naṣr) hacia marzo de 1490. Meses más tarde, pasado el peligro, solicitó a los
Reyes cristianos que los devolviesen a Andarax con él o bien que fueran
enviados allende. Al poco tiempo, se marchó a Almería cuando supo que su
sobrino Muḥammad XI, Boabdil, se dirigía allí en la primera decena de šacbān
de 895/20-30 de junio de 1490, después de que este hubiera sido reconocido poco
antes en las Alpujarras a finales [30] de raíab/[19] de junio.
A mediados de šawwāl de
895/primeros de septiembre de 1490, Fernando V, tras una campaña por la Vega de
Granada, acudió a Guadix por los rumores de tratos entre los mudéjares y
Boabdil para sublevarse. Los mudéjares fueron evacuados y la alcazaba de Andarax
(que había sido recuperada por al-Zagal con ayuda de los cristianos en la
primera decena [1-10] de ramaḍān de 895/[19-28] de julio de 1490), fue
derruida.
Esta situación precaria e
incierta para los musulmanes y las sublevaciones de los territorios de Muḥammad
XII al-Zagal en favor de su sobrino debieron de decidir al primero a emigrar.
Para ello, Muḥammad b. Sacd se dirigió a Guadix, donde se encontraba
el Rey castellano del 4 al 8 de septiembre de 1490, y le solicitó y obtuvo
autorización para cruzar a África, de acuerdo con las capitulaciones que ambos
habían firmado. A cambio de la entrega de los veintitrés lugares que poseía y
sus rentas, recibió cinco millones de maravedíes, mucho menos (casi la mitad)
de lo que el rey Católico había estipulado, por lo que después envió ya desde
Tremecén un apoderado para intentar cobrar el resto de la deuda; en cuanto a las
salinas de la Malahá, de las que poseía la mitad de las rentas, renunció a
ellas en favor de su cuñado Yaḥyà “Alnayar”, que ya se había convertido al
cristianismo y prosperaba rápidamente en el Ejército y servicio del rey
castellano bautizado con el nombre de Pedro de Granada. Otras propiedades
particulares que tenía en Granada (las aguas de Jun, una almazara, varias
parcelas de secano y regadío) fueron vendidas más tarde, después de 1493,
parece que tras su fallecimiento.
Muḥammad XII se embarcó para
Orán y de allí se trasladó a Tremecén, donde se estableció y fue bien recibido.
Junto a él, también pudieron cruzar entonces otras muchas familias y musulmanes
que lo hicieron con los medios puestos a su disposición por el Monarca
castellano, de acuerdo con las capitulaciones pactadas, que les garantizaban
durante un año el paso libre y gratuito del Estrecho con todos sus bienes o con
el producto de su venta.
A primeros de enero de 1494,
casi todos los andalusíes llegados al Magrib central ya habían emigrado hacia
Oriente y Muḥammad b. Sacd se había quedado solo en Tremecén, con
diez de los suyos, “abandonado entre sus mujeres”, como reza el epitafio de su
lápida sepulcral hallada en dicha ciudad a mediados del siglo XIX, pues aunque
lo intentó no consiguió que los Reyes Católicos enviaran a Tremecén a sus
sobrinos Sacd y Naṣr. El epitafio, que fue erróneamente atribuido a
su sobrino Muḥamamd XI, Boabdil, indica que murió como extranjero, en el
exilio, después de haber luchado fuerte y valerosamente contra los enemigos
infieles y fija el lugar, Tremecén, y momento exacto de su muerte, entre las
dos oraciones de la tarde del miércoles al principio de šacbān de
899/7 de mayo de 1494. Dejó descendientes que permanecían todavía en dicha
ciudad a finales del siglo XVI y comienzos del XVII y eran conocidos como los
Banū Sulṭān al-Andalus (los hijos del sultán de al-Andalus).
Su figura ha quedado un
tanto oscurecida y en un segundo plano por la brevedad de su emirato y, sobre
todo, por pasar la mayor parte de su vida al servicio de su hermano, el emir
Abū l-Ḥasan cAlī, primero, y, luego, destronado por su sobrino
Muḥammad XI, Boabdil. Sin embargo, fue el apoyo fundamental para el éxito
militar y consiguiente prosperidad del primero (Abū l-Ḥasan) y el baluarte de
la defensa de al-Andalus en época del segundo (Boabdil), este último,
dependiente y colaborador, casi toda su vida política, de los Reyes Católicos.
Su reconocimiento y
prestigio dentro y fuera de al-Andalus, incluso en Castilla y el Magrib, se
basaron en su energía y valentía en la defensa de su pueblo, su esfuerzo,
incluso ya destronado, para mantener la resistencia frente al aplastante avance
castellano, que logró frenar a pesar de su inferioridad ante la artillería y
Ejército de Castilla y Aragón unidos. Coherente y hombre de principios, intentó
la avenencia y reconciliación con su sobrino y estuvo dispuesto a ceder el
trono a cambio de la unión y lucha frente al enemigo común, que no consiguió.
Por ello, cuando ya no pudo mantener la defensa de su tierra y su mundo
desaparecía, prefirió emigrar antes que medrar a costa de sus principios en la
sociedad que se imponía.
.
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Autor/es