miércoles, 13 de mayo de 2026

JUDIAS BLANCAS CON ALMEJAS

 

JUDIAS BLANCAS CON ALMEJAS

Ingredientes

300 gr de judías blancas de calidad

500 gr de almejas

1 cebolla

1 pimiento verde

2 dientes de ajo

1 zanahoria

Clavos de olor

Sal

Pimienta negra recién molida

Aceite de oliva

 

Elaboración

Ponemos las judías blancas en remojo durante la noche antes de cocinarlas.

Escurrimos y lavamos con agua fría. Las ponemos en una olla y cubrimos con agua.

Añadimos la cebolla pelada, con los clavos de olor clavados.

Lavamos y pelamos la zanahoria y el pimiento sin tallo ni semillas, y lo añadimos a la olla.

Una vez que el agua esta hirviendo, bajamos la temperatura a fuego lento, y cocinamos durante 30 minutos, comprobando que las judías blancas estén tiernas, si necesita más gua, la añadimos y seguimos cocinando hasta que las judías estén lo suficientemente tiernas a nuestro gusto.

Sacamos la cebolla, la zanahoria y el pimiento y lo trituramos en el vaso de la batidora o pasapuré. Una vez trituradas, las incorporamos la mezcla a la olla con las judías.

Volvemos a poner la olla al fuego, añadimos sal y pimienta negra recién molida al gusto y esperamos a que vuelva a hervir.

Lavamos bien las almejas. Las colocamos en la olla, se abrirán en unos minutos y tu plato ya está listo para servir.

Servir caliente en platos hondos.

¡Buen provecho!

 

SOPA FRIA DE MELÓN CON JAMÓN

 

SOPA FRIA DE MELÓN CON JAMÓN

Cuando llega el verano o ahora que empieza a hacer calor, todos anhelamos platos frescos ligeros y refrescantes. Especialmente para quienes cocinan, es un placer elaborar comidas rápidas y fáciles que no requieren horno. Esta receta que comparto con vosotros cumple perfectamente con estos requisitos.

 

Ingredientes

1 melón maduro

100 ml de nata para montar

Sal

Pimienta negra recién molida

Aceite de oliva

6 lonchas de jamón ibérico

 

Elaboración

Ponemos toda la pulpa del melón, excepto las pipas en el vado de la batidora o licuadora, después de quitarle la cascara al melón.

Trituramos, muy bien y añadimos la nata, la sal y la pimienta negra recién molida al gusto, batimos y mezclamos muy bien.

Cortamos el jamón en dados pequeños para servirlos encima de la sopa. Si queremos darle un toque crujiente, freímos el jamón en una sarten o calentado lo en el microondas a máxima potencia durante 2 minutos.

Refrigeramos la mezcla del melón en el frigorífico durante 2 horas para servir la sopa fría.

Añadimos el jamón justo antes de servir y si lo deseas (opcional) un chorrito de aceite de oliva.

¡Buen provecho!

AL-QASIM B. HAMMUD

 

AL-QASIM B. HAMMUD

Al-Qāsim b. Ḥammūd: Abū Muḥammad, al-Qāsim b. Ḥammūd b. Maymūn b. Ḥammūd b. ‘Alī b. ‘Ubayd Allāh b. Idrīs b. Idrīs b. ‘Abd Allāh b. Ḥasan b. al-Ḥasan b. ‘Alī b. Abī Ṭalīb, al-Ma’mūn (El Fidedigno). Marruecos, c. 345-6/958 – Málaga, ša‘bān del año 427/VI.1036. Segundo califa ḥammūdí de Córdoba, descendiente de ‘Alī b. Abī Ṭalīb y de Fāṭima, hija del Profeta. Según Ibn ‘Iḏārī, siguiendo a Ibn Ḥayyān, su califato en dos etapas duró cuatro años y veintitrés días.

Califa hamudí

Biografía

Su padre, Ḥammūd b. Maymūn, fue un notable de la zona de Arcila de familia árabe fuertemente berberizada. Su madre se llamaba al-Bayḍā’ (Blanca) al-Qurayšiyya, hija del tío paterno de su esposo.

En las primeras semanas que siguieron al asesinato de su hermano ‘Alī b. Ḥammūd, primer califa ḥammūdí de Córdoba, y el advenimiento de al-Qāsim, se dio un pretendiente omeya —suscitado en el Levante de al-Andalus por Jayrān, señor de Almería y el tuŷībí al-Munḏir b. Yaḥyà, señor de Zaragoza, así como por otros notables—, del que esperaban los cordobeses una restauración omeya que diera nuevo esplendor al califato ya moribundo, pero no llegó a cuajar. El flamante califa omeya era un bisnieto de Abderramán III, llamado ‘Abd al-Raḥmān IV b. Muḥammad b. ‘Abd al-Malik, que se había retirado a Valencia y había sido proclamado califa bajo el nombre de al-Murtaḍà, luego del asesinato de ‘Alī b. Ḥammūd; mas viendo Jayrān y al-Munḏir que el nuevo Califa no iba a ser manejable, decidieron antes de ir a Córdoba atacar a los beréberes zīríes de Granada, a fin de deshacerse de al-Murtaḍà. Dicho y hecho, dejaron al flamante califa cuasi abandonado ante el ejército beréber, y los dos fautores califales se retiraron a Almería. Con todo, al-Murtaḍà pudo escapar y refugiarse en Guadix, donde unos sicarios de Jayrān lo volvieron a apresar y lo asesinaron.

En el ínterin, las milicias bereberes ḥammūdíes de Córdoba y Sevilla proclamaron a al-Qāsim como sucesor, vulnerando, pues, el testamento del difunto califa ḥammūdí ‘Alī, que había nombrado a su hijo mayor Yaḥyà heredero presunto y se hallaba entonces en Ceuta.

Al-Qāsim se apresuró a trasladarse de Sevilla, ciudad de la que era gobernador, a Córdoba para recibir el juramento de fidelidad de los cordobeses, que se lo prestaron el martes 4 de ḏū-l-qa‘da de 408/25 de marzo de 1018, tres días después de la muerte de su hermano menor ‘Alī. El nuevo califa había sobrepasado los 61 años de edad el día de su proclamación.

Yaḥyà, a quien correspondía la herencia de su padre, no estimó conveniente oponerse de momento a la proclamación de su tío, pero no descuidó asegurar sus dominios: Málaga, donde estaba su hermano Idrīs, y las plazas africanas. Al-Qāsim por su parte designó como heredero a su sobrino Yaḥyà y le dio a su hija Fátima como esposa. Cuando Yaḥyà más tarde reciba propuestas de los beréberes de Córdoba que el califa al-Qāsim había postergado, ofreciéndole su apoyo para ocupar el Trono, entonces Yaḥyà se desplazó a Málaga, enviando a su hermano y lugarteniente Idrīs a Ceuta.

Mientras, la capital cordobesa conoció durante tres años seguidos una verdadera paz. Al-Qāsim no estaba desprovisto de ciertas dotes políticas y su avanzada edad lo inclinaba a la moderación; de ahí que hasta gozase de cierta popularidad entre la población. Al hacerse cargo del poder decretó una amnistía general y abolió las medidas de su hermano ‘Alī, que obligaban, entre otras cosas, a la gente acomodada a pagar personalmente el equipo y el mantenimiento de un soldado. Poco a poco se ganó la animadversión de las milicias beréberes, hasta el punto de que el califa empezó a desconfiar de ellos, por lo que reclutó en el norte de África mercenarios negros que empleó como guardia de corps. Algunos le atribuían opiniones ši‘íes; pero no las dejaba transparentar. Su talante moderado atrajo a la corte a jefes esclavones amiríes de Levante, tales como Jayrān y Zuhayr, confiándoles el mando sobre sus regiones, Almería al primero, y Jaén, Baeza y Calatrava al segundo.

Con el tiempo las relaciones entre el califa y su heredero presunto, su sobrino y yerno Yaḥyà b. ‘Alī se fueron deteriorando; el segundo se había dado buena maña para acrecentar sus apoyos (Jayrān de Almería siempre dispuesto a venderse al señor del momento, le aseguró su participación). Cuando se sintió lo suficientemente fuerte, se sublevó contra su tío en Málaga, un día de rabī‘ I de 412/15 de junio de 1021, y acto seguido marchó contra Córdoba.

Su tío al-Qāsim, inseguro de los cordobeses, abandonó la capital el 22 de rabī‘II de 412/5 de julio de 1021 y se fue a refugiar a Sevilla, ciudad de la que había sido antaño gobernador. Los beréberes se fortificaron en el alcázar de Córdoba esperando la llegada de Yaḥyà b. ‘Alī, que entró sin dificultades en la ciudad y tanto los cordobeses como los beréberes se pusieron de acuerdo para proclamarlo califa. La jura tuvo lugar el primero de ŷumādā I de 412/13 de agosto de 1021.

Mientras al-Qāsim seguía titulándose califa y emir de los creyentes en Sevilla, y como tal lo reconocían sus habitantes; lo cual fue piedra de escándalo en al-Andalus ver reinar a dos califas a la vez. Pronto Yaḥyà no pudo mantenerse en Córdoba, su desmesurado orgullo le enajenó los apoyos beréberes y sintiéndose amenazado optó por huir a Málaga. Aprovechó la situación su tío al-Qāsim para volver a Córdoba de inmediato y entró en la ciudad el martes 17 de ḏū-l-qa‘da de 413/11 de febrero de 1023. Los cordobeses le renovaron el juramento de fidelidad y al-Qāsim revocó la designación de heredero que había formulado a favor de su sobrino Yaḥya, otorgando la herencia de su precario califato a su hijo Muḥammad.

El viejo califa reinó esta segunda vez siete meses y algunos días, hasta que el martes 21 de ŷumādā II de 414/9 de septiembre de 1023 la gente de la ciudad se levantó contra él y sus beréberes, a los que el califa no podía sujetar. Intentó impedir la llegada de toda clase de víveres y reducir por hambre a los cordobeses; pero al final al-Qāsim debió abandonar la ciudad para no volver el 16 de ramadán de 414/2 de diciembre de 1023.

Enseguida los cordobeses nombraron califa al omeya ‘Abd al-Raḥmān V al Mustaẓhir, hermano menor del desastroso califa Muḥammad II al-Mahdī, iniciador de la guerra civil que llevaría al califato de Córdoba a su extinción. En vano al-Qāsim buscó refugio en Sevilla, esta vez los habitantes le cerraron las puertas y expulsaron a sus familiares del alcázar; finalmente se refugió en Jerez, donde su sobrino Yaḥyà pronto vino a sitiarlo, obligándolo a capitular y desde donde sería conducido cautivo a Málaga. Permaneciendo en ese estado hasta la muerte de Yaḥyà b. ‘Alī; entonces su hermano y sucesor Idrīs mandó estrangularlo en prisión, corría el mes de ša‘bān del año 427/junio de 1036. Era por esas fechas un anciano octogenario. El cadáver fue entregado a sus dos hijos, Muḥammad y Ḥasan, que a la sazón residían en Algeciras.

Bibliografía

J. A. Conde, Historia de la dominación de los árabes en España, t. II, Barcelona, Imprenta de D. Juan Oliveres, Editor, 1844, págs. 140-142

Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb, ed. bajo el título de Analectes sur l’Histoire et la littérature des Arabs d’Espagne, t. II, por R. Dozy, G. Dugat, L. Krehl, W. Wright, Leiden, Brill, 1855, págs. 315-319 (trad. parc. P. de Gayangos, The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, t. II, New York-London, Johnson Reprint Corporation, 1964, págs. 230, 234, 237 y 240-241)

Ibn al-Aṯīr, Al-Kāmil fī-l-ta’rīj, t. IX, ed. de C. J. Tornberg, Leiden, Brill, 1863, pág. 273

‘Abd al-Wāḥid Al-Marrākušī, Kitāb al-Mu‘ŷib fī taljīṣ ajbār al-Magrib, ed. R. Dozy bajo el título de History of the Almohades, Leiden, Brill, 1881 (trad. de E. Fagnan, Histoire des Almohades, Argel, Adolfo Jordán, Libraire-Éditeur, 1893, págs. 43-45), reimpr. Ámsterdam, Oriental Press, 1968, págs. 35-37

Al-Nuwayrī, Kitāb Nihāyat al-‘arab fī funūn al-adab, ed. y trad. M. Gaspar Remiro bajo el título de Historia de los musulmanes de España y África por En-Nuguairí, t. I, Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1917, págs. 80-82/76-77

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, con título y subtítulo en francés que reza: Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, ed. de E. Lévi-Provençal, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 113-114, 122-124, 127-135 y 144 (trad. crítica [con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iḏārī”, establecidas por E. Lèvi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258] de F. Maíllo Salgado, La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas [al-Bayān al-Mugrib], Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 103, 110-112, 114, 116-120, 126)

R. Dozy, Histoire des Musulmans d’Espagne, t. II, ed. E. Lévi-Provençal, Leiden, Brill, 1932, págs. 316-321

L. Seco de Lucena, Los Hammudies, Señores de Málaga y Algeciras, Málaga, Exmo. Ayuntamiento de Málaga, 1955

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-A‘lām, ed. de E. Lévi-Provençal bajo el título Histoire de l’Espagne Musulmane (Kitāb A‘māl al-A‘lām), Beirut, Dār al-Makchouf, 1956, págs. 129-130 (trad. de W. Hoenerbach, Islamische Geschichte Spanien. Übersetzung der A‘mal al-A‘lam und Ergänzender Texte, Zürich-Stuttgart, Artemis Verlag, 1970, pág. 264)

Al-Ḥumaydī, Yaḏwat al-muqtabis fī ḏikr wulāt al-Andalus, ed. de M. T. al-Tan’ī, El Cairo, al-Dār al-Miṣriyya, 1966, pág. 22-24

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del califato de Córdoba (711-1031 de J.C.), en R. Menéndez Pidal (dir.), Historia de España, t. IV, Madrid, Espasa Calpe, 1967, págs. 479-482

A. Huici Miranda, “Hammudides”, en Encyclopédie de l’Islam, Leiden-Paris, Brill-Maisonneuve, 1975. t. III, págs. 150-151

J. M. Continente, “Los Ḥammūdíes y la poesía”, en Awrāq, 4 (1981) pág. 57-72

Anónimo, Ḏikr bilād al-Andalus, ed. y trad. L. Molina bajo el título de Una descripción anónima de al-Andalus, 2 vols. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1983, págs. 171/217

Autor/es

  • Felipe Maíllo Salgado

 

martes, 12 de mayo de 2026

ALCACHOFAS RELLENAS AL ESTILO SEVILLANO

 

ALCACHOFAS RELLENAS AL ESTILO SEVILLANO

Ingredientes

Aproximadamente 12 alcachofas grandes o 20 pequeñas

500 gr de carne de cerdo picada, ternera o pollo

3 huevos

2 dientes de ajo

Perejil picado al gusto

100 gr de pan rallado

1 cebolla

1 tomate

Un puñado de almendras frescas

Sal

Pimienta negra recién molida

Comino molido

200 ml de vino blanco

Caldo de pollo, o agua

 

Elaboración

Si compras alcachofas en conserva, es mas fácil, simplemente vaciamos la parte del corazón para hacer espacio para el relleno. Reservamos esta parte del corazón para añadirlas a la salsa.

Para preparar las alcachofas frescas, es necesario quitar las hojas y el tallo, que no son comestibles. Recortamos también la parte superior de las hojas. Retiramos el corazón de las alcachofas y reservamos para la salsa.

Es recomendable mantener las alcachofas cubiertas con agua fruía y una buena cantidad de perejil fresco esto evitara que se oxiden demasiado.

Para el relleno,  en un bol mezclamos la carne picada con los huevos, el pan rallado, el ajo y el perejil finamente picados, y un poco de sal y pimienta negra recién molida. Reservamos.

E una cacerola, sofreímos la cebolla. Añadimos un chorrito generoso de aceite de oliva y las cebollas picadas gruesas. Sofreímos bien, luego agregamos el tomate picado y cocinamos durante 10 minutos, removiendo de vez en cuando. Añadimos los corazones de alcachofas y cocinamos también.

Finalmente, añadimos el vino blanco y un poco de agua o caldo de pollo. Mezclamos muy bien la salsa en la cacerola, y con la batidora, trituramos hasta que este con la textura deseada. Salpimentamos al gusto. Agregamos las almendras picadas y una pizca de comino en polvo, mezclamos para la integración de los ingredientes.

Añadimos el relleno al centro de cada alcachofa.

Una vez preparada la salsa, añadimos las alcachofas rellenas en posición vertical a la cacerola y cocinamos durante 20 minutos. Es importante añadir suficiente caldo para cubrir tres cuartas partes de las alcachofas.

Una vez cocidas, retiramos de la salsa y colocamos en un plato.

Si lo desea, podemos reducir la salsa hasta que espese.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

AL-NASIR

 

AL-NASIR

Al-Nāṣir: Abū ‛Abd Allāh Muḥammad, al-Nāṣir. ?, 576 H./1181 C. – Marrakech (Marruecos), 10 de Ša‛bān de 610 H./25.XII.1213 C. Cuarto califa almohade.

Califa almohade

Biografía

Abū ‛Abd Allāh Muammad b. Ya‛qūb b. Yūsuf b. ‛Abd al-Mu’min fue el cuarto califa almohade y ejerció el poder durante los catorce años que median entre 595-611/1199-1213. Era bisnieto del fundador de la dinastía de los Banū ‛Abd al-Mu’min y tanto su padre como su abuelo lo habían precedido en la ostentación de la dignidad califal, manteniéndose, por lo tanto, una línea directa de sucesión dinástica que habría de romperse tras la muerte de su hijo y sucesor, Yūsuf II. Su padre, Ya‛qūb al-Manūr, había muerto el 12 de rabī‛ I de 595/12 de enero de 1199, y la sucesión se produjo según lo previsto, ya que Muammad había sido oficialmente designado heredero en vida de su antecesor, cuando contaba tan solo nueve años, siendo proclamado una semana más tarde, a finales de dicho mes, es decir, del 20 al 30 de enero de 1199. Su elevación al poder no despertó discordias entre los almohades, debido a su condición de heredero oficial desde tiempo atrás y a que la autoridad de su padre era indiscutida, si bien el califa era tan sólo un joven de apenas diecisiete años. No obstante, es cierto que ello dio lugar a que se iniciase una dinámica que, en etapas sucesivas, habría de tener una influencia en aumento, la del creciente intervencionismo de los jeques almohades, en especial los tíos del nuevo soberano, dada su inexperiencia en asuntos políticos por su juventud.

El califato de Muammad al-Nāir tiene un carácter muy relevante en la evolución del Imperio almohade, ya que marca un punto de inflexión en su trayectoria. En efecto, hasta entonces se había desarrollado la fase ascendente del dominio almohade, sólidamente asentado en sus bases magrebíes y capaz de obtener resonantes victorias en territorio andalusí frente a los cristianos, sobre todo la de Alarcos en 1195. Después de él, sin embargo, se inicia la decadencia almohade, en la que a la descomposición política interna se va a unir el progresivo desmembramiento del Imperio y el abandono de la política de ŷihād en la Península. La época de al-Nāir presenta, pues, un carácter ambivalente, ya que, junto a algunos éxitos importantes, como los obtenidos en Baleares e Ifrīqiya, se une el fracaso de la derrota de las Navas de Tolosa.

Gracias a la enérgica actuación de su padre, el vencedor de Alarcos, la situación en la Península se encontraba en calma cuando Muammad al-Nāir llegó al poder, ya que se habían firmado treguas con Alfonso VIII en 1197 por diez años, mientras que los leoneses estaban aliados a los almohades. De esta forma, el problema principal al que hubo de hacer frente al comienzo de su actuación fue el dominio de Yayà b. Gāniya en las Baleares y la extensión de su poder a toda Ifrīqiya, salvo Túnez y Constantina. El primer intento almohade por restablecer la situación, protagonizado por el gobernador de Bugía, acabó en completa derrota hacia 1200. Ello permitió a Ibn Gāniya consolidar su posición, al hacerse con el control directo del puerto de Mahdiya, hasta entonces en manos de un emir aliado suyo. Sin embargo, el califa al-Nāir logró poner fin al dominio ejercido desde décadas atrás por los Banū Gāniya en Baleares, conquistando Menorca en 1202 y al año siguiente Mallorca, siendo la cabeza de ‛Abd Allāh b. Gāniya enviada al califa en Marrakech. Sin embargo, esta gran victoria fue compensada con otra pérdida, ya que mientras los almohades se apoderaban de las Balerares, Yayà b. Gāniya logró hacerse con el dominio de Túnez en 1203. Ello determinó una respuesta almohade inmediata, que el propio califa se encargó de encabezar, dirigiendo sus contingentes hacia Ifrīqiya, de forma que en 602/1205, cerca de Gabes, Yayà fue derrotado, siguiendo a continuación la toma de Mahdiya al año siguiente, de tal forma que el dominio almohade en Ifrīqiya pudo ser completamente restablecido.

Tras la pacificación de Ifrīqiya y con la situación estabilizada en al-Andalus, gracias a las treguas establecidas en época de su padre, siguieron tres años de tranquilidad, en los que el califa pudo dedicarse a reorganizar su administración desde Marrakech y a poner orden en la administración de la Hacienda, debido a los frecuentes casos de fraude y corrupción que se producían habitualmente. No obstante, ya en 1210 las fuentes árabes nos informan de la realización de una expedición marítima contra las costas catalanas, al parecer en respuesta a una previa ofensiva aragonesa. Ello sería el preludio del restablecimiento de las hostilidades entre cristianos y almohades en la pugna por el control del territorio peninsular.

Sin duda, el episodio central de la actuación de Muammad al-Nāir fue la célebre batalla de las Navas de Tolosa, que se produjo en las estribaciones de Despeñaperros el 16 de julio de 1212. Alfonso VIII anhelaba poder vengar la dura derrota de Alarcos y, antes de que finalizasen las treguas pactadas en 1997, se decidió a atacar los territorios musulmanes, saliendo de Toledo en 1209 y dirigiéndose contra Jaén y Baeza, mientras que los caballeros de la Orden de Calatrava hacían lo propio sobre Andújar. El califa al-Nāir envió embajadores para protestar contra la violación de la tregua, pero la ruptura de hostilidades era definitiva. La victoria de las Navas vino precedida de una previa campaña almohade durante el año anterior, que era la respuesta a las algaras efectuadas por Alfonso VIII y el infante Fernando III, junto a las milicias concejiles de Madrid, Guadalajara, Huete, Cuenca y Uclés, en la zona levantina, donde arrasaron los alrededores de Játiva. En respuesta, el propio califa se puso al frente de sus fuerzas y en febrero de 1211 salió de Marrakech, llegando en mayo a Sevilla. Meses después, logró recuperar la fortaleza jiennense de Salvatierra. Fue la última vez que un califa almohade salió en campaña desde Marrakech para cumplimentar el deber del ŷihād en al-Andalus, pues sus sucesores se limitaron, como máximo, a adoptar actitudes meramente defensivas. La mala noticia de esa pérdida se acompañó de otra aún peor en el bando castellano, la muerte prematura del infante Fernando, primogénito de Alfonso VIII.

La campaña almohade de 1211 fue una demostración de fuerza que indujo a Alfonso VIII a solicitar del papado una cruzada, encontrando una respuesta favorable en Inocencio III, que en abril de 1212 ordenaba, además, a las dos máximas autoridades eclesiásticas peninsulares, los arzobispos de Toledo y Santiago, que exhortasen a los demás los soberanos a mantener las paces y treguas que tuviesen con el rey castellano mientras durase la guerra contra los infieles. De esta forma, la campaña que culminaría en la victoria cristiana de las Navas se planteó desde el comienzo como una operación conjunta destinada a asestar un golpe definitivo a los almohades, contando con la alianza de tres de los cinco soberanos cristianos peninsulares y el respaldo ideológico de la Iglesia y del Papado, dando a dicha campaña una dimensión internacional aún más relevante. Para ello, como indica de manera gráfica un cronista árabe, los contingentes se concentraron en 1212 en Toledo ‘como langostas’, mientras que Pedro II de Aragón había acudido a la cita el año anterior en Cuenca y Sancho VII de Navarra se añadió a la expedición una vez que la misma hubo partido de Toledo.

La batalla de las Navas fue uno de los principales enfrentamientos entre cristianos y musulmanes habidos en la península Ibérica durante toda la Edad Media, debido a varios motivos. La guerra medieval consistía, esencialmente, en una lucha por el control del espacio, no por destruir al enemigo, de ahí que la batalla campal fuese un hecho excepcional. En cambio, una de las causas de la singularidad del encuentro de las Navas radica en el hecho de que tuvo un significado estratégico propio, siendo el producto de una decisión determinada, pues nunca antes se había buscado de manera tan premeditada la batalla como medio de dirimir un conflicto. Por otro lado, si bien es cierto que tanto la cifra de combatientes como de víctimas que aportan las fuentes narrativas, árabes y cristianas, resultan totalmente exageradas y fantasiosas, en cambio no lo es menos que la cantidad de recursos movilizados por ambos bandos contendientes fue de una magnitud extraordinaria.

La actitud del soberano almohade ha sido interpretada como uno de los factores de la derrota musulmana, ya que, en lugar de acudir a primera línea del combate para espolear con su presencia la victoria de sus contingentes, como hizo Alfonso VIII, optó por permanecer recluido en su tienda recitando versículos coránicos, para salir huyendo en el momento en el que la jornada se declaró adversa, no conformándose con refugiarse en Sevilla, sino abandonando de manera apresurada al-Andalus para dirigirse a Marrakech, dando una imagen de total abandono y desentendimiento respecto al destino de la población andalusí. No obstante, las causas de la victoria cristiana son más profundas y se vinculan a diversos factores, tanto puntuales, la mayor eficacia táctica y estratégica de los contingentes cristianos y su mayor organización y sentido de la disciplina, como generales, de forma que el avance conquistador cristiano podía considerarse ya, a esas alturas, irreversible, de manera que el carácter ‘decisivo’ atribuido por la historiografía tradicional al encuentro es hoy día matizado por los principales especialistas.

Las fuentes árabes no dudan en señalar la importancia de la batalla de al-‛Iqāb, como la denominan, coincidiendo en indicar que fue entonces cuando se inició el declive almohade e incluso, más aún, la propia ruina de la presencia musulmana en la Península. Algunas fuentes, incluso, vinculan la propia muerte del califa, un año y medio después, al abatimiento en que se vio sumido tras la derrota. Ciertamente, aunque el califa al-Nāir intentó enmascarar la crudeza de su derrota en la carta enviada tras la batalla a la capital del Imperio dando cuenta de la misma, lo cierto es que la victoria cristiana no tuvo paliativos y, desde este punto de vista, las Navas sí podría considerarse un encuentro decisivo, como ha señalado la historiografía más clásica. Sin embargo, el epílogo de la victoria cristiana, al menos en el momento inmediatamente posterior, no fue tan relevante como pudiera, en principio, pensarse. De hecho, la derrota almohade no sólo no supuso la disgregación de sus estructuras políticas y militares, sino que, apenas mes y medio después, en septiembre de 1212, los musulmanes atacaban algunos de los castillos que los cristianos habían conquistado en Sierra Morena y los expulsaban de algunos puntos fortificados de la frontera oriental. Por su parte, las siguientes iniciativas militares cristianas no tuvieron éxito, ya que Alfonso VIII fracasó en el asedio de Baeza de 1213, mientras que Alfonso IX de León, que no había participado en la cruzada de las Navas, tampoco tuvo éxito ante Mérida.

La consecuencia estratégica más importante de la victoria cristiana fue trasladar la línea de frontera desde el Tajo hasta Sierra Morena, gracias a la toma de posesión de buena parte de las fortificaciones que vertebraban la presencia musulmana al Norte de Sierra Morena. En efecto, los cristianos se hicieron con el dominio de una decena de fortalezas situadas entre Toledo y Córdoba que jalonaban todo el territorio entre Sierra Morena y el Tajo (Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente, Caracuel, Vilches, Baños, Tolosa y Ferral). Sin embargo, lo cierto es que durante la década siguiente, entre 1212-24, la frontera apenas se movió y el dominio almohade se mantuvo estable, a pesar de que el califato había recaído, tras la muerte de al-Nāir en 1213, en un menor de edad. A pesar de la gran resonancia cronística de la victoria cristiana, durante los años siguientes el poder almohade aún mantuvo sus posiciones en la Península, de forma que las únicas pérdidas importantes experimentadas por los musulmanes tras las Navas y antes de 1224 fueron las de Alcácer do Sal (1217) y Alburquerque (1218).

La derrota de las Navas de Tolosa fue seguida, al poco tiempo, de la muerte del propio califa al-Nāir, sucedida apenas un año y medio después, en concreto el 10 de ša‛bān de 610/25 de diciembre de 1213, cuando contaba tan solo treinta y dos años de edad. Las causas de este prematuro fallecimiento no están nada claras y las fuentes árabes discrepan entre sí, ofreciendo versiones totalmente contrapuestas al respecto. Las crónicas más próximas, y por ello más fiables, sugieren la hipótesis del asesinato por envenenamiento, aunque sin una contundencia plena y dejando abierta la existencia de otras posibilidades. Tampoco cabe descartar que falleciese de manera natural, debido a un ataque de apoplejía, mientras que en cambio, otras narraciones resultan más inverosímiles, por ejemplo la que atribuye su muerte a los miembros de su guardia negra cuando estaba en los jardines del alcázar, debido a que él mismo había ordenado que se ejecutase a todo el que fuese sorprendido allí de noche y, en una ocasión que salió disfrazado para ver si sus preceptos eran cumplidos, fue alanceado por los guardias, que no lo reconocieron. No mucho más verosímil parece que su muerte fuese producida por la mordedura de un perro. En todo caso, la existencia de tantas versiones contradictorias indica con toda probabilidad que no fue una muerte natural, sino producto de intrigas políticas. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que Muḥammad al-Nāṣir dejaba una pesada herencia a su sucesor, no sólo por la derrota de las Navas, sino por lo temprano de su muerte, que iba a hacer que las riendas del poder recayesen en su hijo, un niño de entre apenas diez o quince años.

 

Bibliografía

A. Huici Miranda, Historia política del Imperio almohade, Tetuán, Editorial Marroquí, 1956-1957, 2 vols.

Mª J. Viguera, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992

M. Alvira Cabrer, “La imagen del Miramamolín al-Nāṣir (1199-1213) en las fuentes cristianas del siglo XIII”, en Anuario de Estudios Medievales, 26/2 (1996), págs. 1003-1028

M. Alvira Cabrer, “El desafío del Miramamolín antes de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Fuentes, datación y posibles orígenes”, Al-Qantara, XVIII (1997), págs. 463-490

M.ª J. Viguera (coord.), El retroceso territorial de al-Andalus. Almorávides y almohades, siglos XI al XIII, Madrid, Espasa Calpe, 1997

F. García Fitz, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2002

P. Cressier, M. Fierro y L. Molina, Los almohades: problemas y perspectivas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2005, 2 vols.

F. García Fitz, Las Navas de Tolosa, Barcelona, Ariel, 2005.

Autor/es

  • Alejandro García Sanjuán

 

lunes, 11 de mayo de 2026

ARROZ CREMOSO CON CARABINEROS

 

ARROZ CREMOSO CON CARABINEROS

Este arroz con carabineros es muy fácil de elaborar, si sigues todos los pasos a continuación. Sin embargo, es fundamental que los ingredientes sean de la mejor calidad. Por lo tanto, para un resultado realmente delicioso, lo ideal es prepara esta recta con gambas o carabineros de buena calidad. Vale la pena invertir un poco más.

 

Ingredientes

8 carabineros (gambas o gambón)

400 gr de arroz redondo o bomba

4 calamares pequeños

20 gambas frescas

2 cebollas

1 pimiento rojo grande

2 cucharaditas de pasta de tomate

2 litros de caldo de pescado

 

Elaboración

La clave esta en tener preparado el caldo de pescado. Es importante que el caldo este caliente antes de añadirlo al arroz.

En una acerola, agregamos un poco de aceite para cubrir el fondo. Sofreímos los carabineros y las gambas a fuego alto durante un minuto por cada lado para realzar el sabor de todo el plato.

Retiramos los carabineros y las gambas, reservamos y agregamos la cebolla y el pimiento rojo finamente picados. Sofreímos con un poco de sal durante al menos 20 minutos. Es importante que las verduras se doren bien.

A continuación, añadimos los calamares cortados en rodajas y limpios. Cocinamos durante 10 minutos a fuego medio. Para finalizar, añadimos la pasta de tomate y mezclamos bien.

Una vez listo, agregamos el arroz y luego todo el caldo de pescado bien valiente. Dejamos cocinar de 18 a 20 minutos, o hasta que el arroz este listo, agregamos los carabineros y las gambas peladas para que se cocinen bien, pero sin que se pasen de cocción.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

HUEVOS RELLENOS

 

HUEVOS RELLENOS

Los huevos rellenos, se pueden preparar de infinidad de maneras. Es una receta muy popular y apreciada, especialmente cuando llega el calor. Rápidos de elaborar deliciosos. Maravillosos y directamente del frigorífico. La receta que pongo aquí es solo una versión entre muchas.

 

Ingredientes

6 huevos duros160 gr de caballa a la plancha . También podéis usar caballa en conserva.

Mayonesa

Un poco de kétchup

Un poco de salsa Worcestershire

2 pepinillos cortados en daditos muy pequeños

Un poco de cebolla muy picada en daditos

 

Elaboración

Primero cocemos los huevos durante 8 minutos en agua hirviendo. Una vez cocidos, los sumergimos en agua muy fría y después los pelamos. Cortamos por la mitad y reservamos las yemas.

En un bol, batimos tres yemas de huevo con un tenedor, añadimos los filetes de caballa bien escurridos, el kétchup, la salsa Worcestershire al gusto, los pepinillos y la cebolla, ambos picados en daditos muy pequeños.

Luego agregamos mayonesa al gusto, pero sin excedernos. Mezclamos hasta obtener una mezcla homogénea.

Rellenamos las claras con esta mezcla y cubrimos cada mitad con la mayonesa. Finalmente, desmenuzamos la yema restante por encima-

¡Buen provecho!

 

 

viernes, 8 de mayo de 2026

LECHE DE MERENGUE

LECHE DE MERENGUE

La leche con merengue o Leche Merengada es una de las bebidas veraniegas más refrescantes y tradicionales de España. Se trata de leche aromatizada con limón y canela, a la que se le añade un poco de merengue para conseguir una textura mucho más cremosa.

Esta receta, ya aparece en la obra de Juan de La Mata, El Arte de la Repostería (1747), bajo el grandilocuente nombre de “leche helada muy exquisita”.

 

Ingredientes

750 ml de leche entera

60 gr de azúcar para la leche

La piel amarilla de 1 limón

1 rama de canela

2 claras de huevo

50 gr de azúcar para el merengue

Una pizca de canela para decorar

Elaboración

En una cacerola a fuego medio, combinamos la leche, la rama de canela partida para que libere mas sabor, la piel de limón y el azúcar. Calentamos la leche hasta que empiece a hervir,  luego tapamos la cacerola y dejamos enfriar a temperatura ambiente para que se infusione bien y coja todos los aromas. Refrigeramos durante 2 horas o hasta que esté bien fría.

Colamos la leche, para quitar la canela y la piel de limón, y volvemos a meter en el frigorífico para que se mantenga fría.

En un bol batimos las claras de huevo a punto de nieve y añadimos el azúcar. Seguimos batiendo hasta que esté bien integrado. Incorporar suavemente el merengue a la leche con movimientos envolventes suaves hasta que está integrado los ingredientes.

Colocamos la mezcla de merengue y leche en un molde grande, cubrimos y metemos en el congelador. Es importante batir la mezcla para evitar que se cristalice demasiado. Sácala del congelador dos veces en un lapso de dos horas (una vez por hora) y batimos bien hasta obtener una textura cremosa.

Servimos espolvoreada con canela molida en vaso o tazas.

¡Buen provecho!


CANELONES DE POLLO Y QUESO

 

CANELONES DE POLLO Y QUESO

Ingredientes

1 caja de láminas de canelones

180 gr de queso de cabra

180 gr de pollo cocido

1 cebolleta y media

Un par de dientes de ajo

45 gr de harina

500 ml de caldo de pollo y verduras

Medio vaso de vino dulce de Málaga

Aceite de oliva

Sal

Perejil

Lonchas de queso

 

Elaboración

Picamos en trozos muy pequeños los ajos y la cebolleta, luego lo añadimos a una sarten con el aceite de oliva virgen extra caliente a fuego medio para comenzar a pocharlos.

Cuando comiencen a pocharse, añadimos el pollo bien picadito en trozos pequeños, salpimentamos al gusto , removemos bien y agregamos el vino dulce de Málaga.

Dejamos todo en el fuego 10 minutos para que los sabores se mezclen y el relleno de los canelones quede delicioso.

Transcurrido ese tiempo, apagamos el fuego y dejaos reposar.

Para hacer la salsa bechamel, colocamos una cacerola al fuego a temperatura media, y añadimos un chorro de aceite de oliva junto con la harina, y poco a poco vamos incorporando el caldo siempre removiendo con una varilla manual para evitar que se hagan grumos.

Removemos con suavidad hasta que la salsa bechamel espese al punto que deseemos, pero cuidando que la misma no sea demasiado densa.

Una vez lista retiramos del fuego, y agregamos una pizca de sal e incorporamos el perejil bien picado.

Para `preparar las laminas de los canelones, lo mejor es seguir las instrucciones del fabricante, sin embargo, usualmente basta con añadir las láminas en un recipiente con agua muy caliente durante 10 minutos, de este modo se ablandan.

Encendemos el horno a 200º para precalentarlo mientras se termina la preparación de tus canelones de pollo.

En una bandeja apta para el horno, la frotamos con mantequilla. Y luego esparcimos harina para evitar que la pasta se pegue.

Rellenamos cada lamina de pasta con un poco de la preparación de pollo que hemos reservado y luego vamos enrolando de uno en Juno las láminas, hasta formar los canelones.

Vamos colocando los canelones , uno al lado del otro, y luego vertemos la salsa bechamel por encima para terminar con lonchas de queso de tu gusto.

Metemos en el horno a gratinar durante 20 minutos o hasta que los canelones estén perfectamente dorados. Retiramos del horno y dejamos reposar unos 5 minutos antes de servir.

Servir calientes.

¡Buen provecho!