Mostrando entradas con la etiqueta Historia de Al-Andalus: El legado Científico y Cultural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia de Al-Andalus: El legado Científico y Cultural. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de enero de 2026

ESTANDARTES Y DIVISAS ANDALUSÍES EN EL ARTE DE LOS FREINOS CRISTIANOS (SIGLOS X-XIII) PARTE II

 

ESTANDARTES Y DIVISAS ANDALUSÍES EN EL ARTE DE LOS REINOS CRISTIANOS (SIGLOS X-XIII) (PARTE II)


Los estandartes andalusíes tuvieron un considerable impacto en los reinos del norte peninsular, como atestiguan algunas representaciones guerreras de los siglos X a XIII. Las divisas aparecen como los elementos distintivos de cada bando, existiendo determinados motivos como los crecientes lunares, las estrellas y las águilas asociados al ejército musulmán en el arte cristiano


Inés Monteira Arias
Universidad Nacional de Educación a Distancia

Beato de Silos, conservado en la British Library de Londres, Ms. Add 11695, fol. 223v.


Las divisas de los estandartes andalusíes: el creciente lunar 

El cuarto creciente lunar y la estrella son las divisas que aparecen de manera más asidua en las banderas de los combatientes musulmanes representados en pinturas y relieves cristianos de esta época. Con frecuencia, los motivos que decoran los estandartes son también los que aparecen en los escudos de los caballeros. El conocido como pendón de las Navas de Tolosa reúne ambos motivos. Esta gran bandera almohade está presidida por una estrella de ocho puntas y recorrida en su borde curvilíneo por cuartos crecientes lunares creados a partir de la superposición de dos círculos, el segundo descentrado e inferior en tamaño. En la catedral de Toledo se exponen otros dos pendones de procedencia meriní del siglo XIV decorados igualmente con crecientes lunares.  

Las medias lunas aparecen también en la iconografía de las Cantigas de Santa María, como observamos en varias ilustraciones del Códice Rico que las asocian a las huestes norteafricanas y nazaríes. Mientras que en la gran mayoría de las representaciones bélicas de este manuscrito los ejércitos cristianos decoran sus escudos y pendones con franjas geométricas sencillas y bícromas, los estandartes de los musulmanes presentan mayor variedad, combinándose las grandes banderas de letreros dorados sobre fondo rojo, con otras más pequeñas decoradas por estrellas y lunas. 

Las lunas aparecen en las cantigas 63, 83, 126 y 187 del Códice Rico. La Cantiga 187, ya mencionada en la primera parte de este artículo, resulta representativa. En ella se narra el intento fallido del rey de Granada por tomar el castillo de Chincoya, protegido por la imagen de la Virgen. En las viñetas centrales encontramos las medias lunas sobre fondo blanco o amarillo identificando al ejército atacante, junto a las estrellas de seis puntas, tanto en escudos como en banderas.


Viñeta inferior de la Cantiga CLXXXVII; Códice Rico fol. 247r. Fotos: © Patrimonio Nacional


Cantiga LXIII; Códice Rico fol. 92r; Cantigas de Santa María por Alfonso X (1280-1284), Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Fotos: © Patrimonio Nacional


Las lunas crecientes parecen tener un origen preislámico, pues la adoración lunar fue una práctica consolidada en la península arábiga y una de las divinidades veneradas en la Ka`ba se identificaba con este símbolo. Javier Albarrán ha propuesto que el islam pudo apropiarse de esta imagen para evocar la victoria sobre el paganismo y que quizá tuvo este sentido al ser situado en lo alto de los alminares. Lo cierto es que el creciente lunar es un motivo poco estudiado para esta época y está necesitado todavía de investigación. Aunque el hilal se convierte con el paso de los siglos, y especialmente en el ámbito otomano, en un emblema islámico contrapuesto frecuentemente al de la cruz, en esta cronología y en el contexto andalusí estamos ante un elemento equiparable al de la estrella, que parece actuar más como divisa que como emblema del islam. Algunos autores sitúan su aparición en el siglo XIII, fecha del Pendón de las Navas, o incluso después. Pero tenemos indicios textuales e iconográficos que revelan el uso anterior del creciente lunar. 

En la Crónica de ‘Abd al-Rahman III, Ibn Hayyan se refiere a un regalo que el califa mandó a su aliado beréber Musà b. Abi l-‘Afiya, gobernante del Magreb, describiendo pormenorizadamente cuatro banderas con los animales y las inscripciones que las decoraban, mencionando “un cuarto estandarte rojo con letreros de plata por los tres lados y dos espadas y dos crecientes pintados en dorado…”.  

En cuanto a los testimonios iconográficos, los más antiguos que incorporan el creciente lunar asociado a al-Andalus se encuentran en el arte cristiano, en la representación de la Prostituta de Babilonia de algunos beatos como el de Magius (Pierpont Morgan Library, M. 644). En su folio 194v la Ramera apocalíptica (Apocalipsis 17:1-3) aparece como una metáfora del califa de Córdoba, adoptando los atributos que este recibe en la iconografía omeya, según han estudiado varios especialistas. Entre ellos está el trono a modo de estrado (arika), la forma de sentarse a la turca y la copa. Como personificación de la ciudad de Babilonia/Córdoba la figura porta una corona almenada con un creciente lunar en medio, orientado hacia abajo. 

Algunos relieves de iglesias románicas también reproducen la luna creciente con la aparente intención de identificar a los musulmanes. Son famosas las escenas que decoran el dintel del tímpano izquierdo de la portada de la catedral de Angulema en Francia, esculpida hacia 1125. El pasaje representado ha sido interpretado como una escena del Cantar de Roldan, aunque un trabajo más reciente lo relaciona con el ciclo de Guillermo de Orange, que aludiría igualmente a un combate legendario contra el islam ibérico por las tropas de Carlomagno. En el extremo derecho del dintel aparece el jefe enemigo derrotado ante un edificio de tejado cónico decorado con un creciente lunar. Interpretado tradicionalmente como la ciudad de Zaragoza a la que regresa el rey Marsiles, lo cierto es que esta estructura recuerda a la qubba o pabellón característico que era el emblema del poder soberano en el campamento andalusí. 



Detalle del extremo derecho del dintel del tímpano izquierdo de la portada de la Catedral de San Pedro de Angulema, Charente. Foto: autora


El creciente lunar aparece ocasionalmente también decorando el escudo de uno de los contendientes en escenas de combate del románico hispánico. Es el caso de un capitel de la puerta de la iglesia de Santiago de Agüero en Huesca, del último tercio del siglo XII. En él se representa la lucha entre dos peones provistos de cota de malla, escudos y espadas. La superficie del escudo de la izquierda está decorada con pequeños crecientes lunares en relieve, lo que podría ser un elemento destinado a identificar al musulmán. En las iglesias románicas suele distinguirse a los contendientes por sus armas y la decoración del escudo, sirviendo la cruz para identificar al cristiano.


Capitel situado a la izquierda de la portada de iglesia de Santiago de Agüero en Huesca. Foto: autora


La estrella en las enseñas guerreras y la exhibición de trofeos 

Como hemos indicado, la estrella es un elemento repetido en los estandartes y los escudos del ejército andalusí en las ilustraciones de las Cantigas de Santa María, donde tienen generalmente seis puntas y son estrellas formadas por el cruce de aristas, a partir de dos triángulos superpuestos.  

La estrella de ocho puntas, que es la que encontramos en el Pendón de las Navas,  por su parte, aparece con frecuencia como distintivo del caballero musulmán que se enfrenta al cristiano en algunos capiteles del románico hispánico. Un ejemplo famoso es el capitel situado en la fachada del Palacio de los Reyes de Navarra en Estella, donde se representa el enfrentamiento entre el héroe cristiano Roldán y Ferragut, un gigante sarraceno de tradición

legendaria.




Dos vistas del capitel de la fachada del Palacio de los Reyes de Navarra en Estella, último tercio del siglo XII Foto: autora


En el lado izquierdo de la cesta del capitel aparece el musulmán a punto de ser derrotado, con un escudo decorado por un florón de ocho pétalos, mientras su acompañante lleva una estrella de ocho puntas en su rodela y una lanza con bandera plegada. El héroe cristiano en este capitel también se distingue por la divisa de su escudo, decorado con la cruz.  

La estrella aparece también de modo distintivo en las pinturas murales procedentes de la casa dels Caldes en Barcelona, que narran la toma de Mallorca por Jaime I. Conservadas en el MNAC y fechadas a finales del siglo XIII, reproducen un pendón con la estrella de ocho puntas coronando una de las torres, motivo que se repite en los estandartes llevados por los soldados de Abû Yahya de estos frescos y que mantiene estrechas similitudes con el pendón almohade de las Huelgas.  

De nuevo estamos ante una enseña que parece haber tenido una tradición anterior en al-Andalus, ya que tanto la estrella de seis puntas (hexalfa) como la de ocho (octalfa) se encuentran en un número considerable de amuletos de plomo monetiformes andalusíes de los siglos X y XI hallados en distintas excavaciones del espacio peninsular. Eran amuletos con una función protectora, generalmente llevados al cuello, probablemente también por soldados. La estrella de seis puntas era la más habitual, formada por la intersección de dos triángulos equiláteros, que se corresponde con el denominado Sello de Salomón, un símbolo popular entre los musulmanes peninsulares que sólo más tarde acabó convertido en distintivo del judaísmo y denominado estrella de David. La estrella octogonal se considera como un trasunto o copia de la hexalfa y tenía el mismo valor profiláctico en estos amuletos. Además, el dinar bilingüe de al-Hurr, la primera acuñación monetaria de al-Andalus realizada hacia 716-717, ya incluía una pequeña estrella de ocho puntas, que parece haber sido el símbolo geográfico de Hesperia, la denominación griega de la península. 

En la emblemática fortaleza de Gormaz en Soria, ampliada durante el califato, encontramos tres estelas en relieve que contienen estrellas de seis puntas formadas por el cruce de líneas. Estas estelas están insertas en la torre oeste del castillo, y aunque la del centro es un expolio romano reaprovechado, los trabajos arqueológicos han demostrado que fueron insertadas en el momento de construirse este muro. Son relieves de carácter protector orientados a repeler al enemigo y preservar a los habitantes de este importante castillo de frontera. 


Estelas en relieve decoradas con estrellas de seis puntas, torre del espolón oeste del Castillo de Gormaz, Soria, ampliado en época califal c. 965. Foto: Antonio García Omedes. Web: arquivoltas.com


Recientemente se ha hallado en la localidad soriana de Andaluz, durante la excavación para una obra, un canecillo románico decorado con una estrella de ocho puntas formada también por entrelazo o cruce de líneas:



Canecillo hallado en Andaluz (Soria), en el año 2022 y que podría pertenecer a la iglesia románica de San Miguel de esta localidad, donde hoy se expone, consagrada en 1114. Foto: autora


Las aristas de la estrella se entrecruzan con cierta complejidad como en una trama de lacería que recuerda a algunos paneles y celosías andalusíes, pero la asimetría del relieve apunta a la imitación de un modelo geométrico más que al trabajo de un escultor experimentado en la elaboración de estos motivos. 

Teniendo en cuenta que el pueblo de Andaluz está a escasos 20 km de la fortaleza de Gormaz podemos suponer que esta estrella buscaba reproducir el repetido símbolo profiláctico andalusí. El canecillo perteneció probablemente a la iglesia de San Miguel de esta localidad, consagrada pocos años después de la conquista cristiana, en 1114. En todo caso, este relieve resulta singular y no he encontrado otro similar en el románico peninsular, a pesar de contener un motivo muy extendido en el arte andalusí.  

Cabe preguntarse por qué los promotores de esta iglesia, erigida en una población recién ocupada y que siguió siendo fronteriza por mucho tiempo, decidieron introducir este símbolo en un canecillo. Estas piezas que sujetaban el peso del tejado solían reproducir figuras profanas y representaciones de pecados, situadas en el exterior del templo. En ocasiones vemos objetos procedentes del campo de batalla como tambores, cuernos o añafiles esculpidos en los canecillos, de hecho en la propia iglesia de San Miguel de Andaluz tenemos un canecillo con dos cornetas.  

Muchas otras iglesias reproducen los característicos atabales usados por las huestes andalusíes, cuyo estruendoso ritmo animaba a los soldados e infundía terror en el adversario. Estos relieves reproducen objetos que sabemos fueron colgados y exhibidos como trofeos en el interior de la iglesia. En el mismo sentido podemos interpretar también las cabezas de negro ocasionalmente cinceladas en canecillos y ménsulas, y que parecen reflejar la práctica de exhibir en lo alto de puertas y murallas las cabezas cortadas del enemigo. Teniendo en cuenta estos testimonios, el canecillo recientemente hallado en Andaluz podría estar reproduciendo la estrella presente en estandartes, escudos y amuletos de los soldados musulmanes, tratándose de un símbolo conocido en regiones fronterizas.  







De arriba a abajo: Canecillo con un añafil de la iglesia románica de San Martín de Artáiz, Navarra. Finales del s. XII. Capitel reproduciendo un atabal en San Salvador de Leyre, c. 1060, Navarra. Cabeza de Negro en la ménsula interior de la iglesia de San Miguel del Valdenoceda, Burgos. Tercer cuarto del siglo XII. 

Fotos: autora


La divisa del águila 

La divisa más celebrada por las fuentes árabes peninsulares fue, sin duda, la del águila, empleada en los estandartes guerreros durante el califato. El cronista Ibn Hayyan describe el emblema del águila que el primer califa Abd al-Rahman III usó “en territorio infiel” con motivo de la campaña contra Osma en 934, siendo este símbolo “inventado, pues ningún sultán la tuvo antes”. Añadía además que la insignia suscitó gran “curiosidad y delicia” en la gente por tan “ingeniosa adopción”, e inspiró numerosos poemas de alabanza. Esta bandera llamada “del águila” (alam al-‘uqab) rememoraba el estandarte que el Profeta Muhammad había empleado en batalla, considerada, por ello, como portadora de victoria.  

Por su parte el cronista del gobierno de al-Hakam II, Isa ibn Ahmad al-Razi, mencionaba esta enseña militar añadiendo un importante detalle, ya que hablaba de “águilas abatiéndose sobre la presa” en las banderas exhibidas en un alarde militar de 971.  

Lo cierto es que la figura del águila, con o sin presa entre las garras, empieza a aparecer de manera muy frecuente en el arte andalusí desde el califato, existiendo un cierto consenso entre los especialistas sobre el hecho de que este ave representa el poder soberano y al propio gobernante. Así queda reflejado en las producciones cerámicas de lujo y en sedas bordadas.  

El águila con alas desplegadas representa también al soberano en diversos marfiles califales y en las pilas amiríes, llegando incluso a evocar la victoria sobre los cristianos en algunos ejemplos que incluyen a la presa debajo, como se ha estudiado respecto a la pila de Abd al-Malik y la Arqueta de Leyre.





De arriba a abajo: Pila de Almanzor, 988. Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Inv. 50428. Capitel interior de la iglesia de San Claudio de Olivares, Zamora. Mediados del siglo XII, Águila bicéfala en un capitel de la ventana exterior, ábside de la iglesia de San Miguel de Ayllón, Segovia, de mediados del siglo XII. Fotos: autora


No conservamos representaciones de águilas directamente reproducidas sobre estandartes o escudos de escenas guerreras en el arte cristiano de los siglos X a XIII. Pero sí encontramos con frecuencia representaciones de águilas en capiteles y canecillos románicos que parecen emular la estética andalusí. Sorprende encontrar relieves con águilas que reproducen todas las modalidades formales halladas en el arte omeya: en disposición frontal y con la cabeza ladeada, con cuerpo ladeado y alas frontales, en parejas siguiendo un esquema simétrico y las águilas bicéfalas. 

Tanto en el arte andalusí como después en el románico, existe una variante de este motivo que presenta al águila en una actitud más agresiva, abalanzándose sobre su presa en posición de ataque, con la cabeza agachada para devorarla con su pico. Este águila aparece de perfil en lugar de frontalmente y surge en al-Andalus a inicios del siglo XI en marfiles y en la pila de Játiva. Suele presentarse a estas aves depredadoras por parejas, dispuestas simétricamente, siendo la presa frecuentemente una liebre.



Arriba: Relieve en un lado corto de la Pila de Xàtiva, Museo Municipal del Almodí, Xátiva, Valencia. Foto: Mado Requena. Abajo: Ventana exterior del ábside de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción en Sequera del Fresno, en Segovia. Finales del siglo XII. Foto: autora


Estas águilas devoradoras son muy habituales también en la escultura románica, cuya representación se concentra en mayor medida en la región fronteriza del Alto Duero. Las encontramos, por ejemplo, en una ventana de la iglesia de Sequera del Fresno, donde la presa atacada por dos águilas simétricas es de nuevo una liebre, disponiéndose junto a un tímpano de temática guerrera. 

Se trata, así, de un tema muy difundido en el arte peninsular de los siglos centrales de la Edad Media, donde parece evocar la victoria militar. En un trabajo reciente analizo cómo los canecillos y capiteles románicos con águilas depredadoras se concentran en mayor medida en áreas de frontera, en iglesias situadas entre el Duero y el Tajo, donde cohabitan frecuentemente con representaciones de temática guerrera. Tanto el contexto geográfico como iconográfico del águila en el románico apunta a que el motivo también apeló a un imaginario bélico en el mundo cristiano. Podemos suponer que en estas zonas fronterizas la población había contemplado durante décadas la imagen del águila en los estandartes de las huestes cordobesas y en sus lujosos objetos: eran emblemas califales de victoria muy conocidos. La imagen del águila victoriosa sobre su presa como metáfora de la victoria militar también se encuentra en las fuentes escritas árabes y latinas de esta época. 

El auge de la heráldica y la proliferación de ciclos guerreros en la pintura gótica introducirá importantes cambios en la representación de estandartes desde finales del siglo XIII, pues vemos aparecer divisas figurativas en las armas de los soldados cristianos y musulmanes en ciclos murales de Castilla y Aragón, como los de Valbuena, Alcañiz o Barcelona. De hecho, algunos motivos como las medias lunas y las águilas empezarán a aparecer también entre los emblemas cristianos, pues serían progresivamente adoptados en los reinos del norte. 

En este breve recorrido hemos comprobado que los motivos presentes en los estandartes fueron reproducidos en otros medios artísticos y soportes materiales ya en el ámbito andalusí. Estos temas también viajaron de un contexto cultural a otro, y encontramos la reproducción de las divisas destinadas a identificar a los contendientes en las escenas guerreras del arte cristiano. Constatamos igualmente la incorporación de temas emblemáticos en algunos relieves románicos, como la estrella y el águila, en un juego de apropiación figurativa que se asemeja a la exhibición de estandartes y trofeos guerreros en las iglesias. 

Comprobamos que los estandartes andalusíes tuvieron un impacto visual que fue mucho más allá del momento de la batalla: si ya gozaban en al-Andalus de una particular significación política antes de la contienda, alcanzaron después una nueva dimensión simbólica al ser expuestos públicamente en el norte. Su representación en el arte cristiano pone de manifiesto la existencia de unos códigos visuales asociados a la guerra que fueron empleados y conocidos tanto en al-Andalus como en los reinos cristianos. Puede decirse, por ello, que los emblemas guerreros conformaron un imaginario simbólico de poder y conquista que estuvo muy presente en la sociedad peninsular. 


Para ampliar:

·         Albarrán, Javier. Ejércitos benditos. Yihad y memoria en al-Andalus (siglos X-XIII). Granada: Ediciones Universidad de Granada, 2020 (esp. págs. 84-102; 302-327).  

·         Hurtado Maqueda, Jorge (2023). Vexicología medieval hispánicaEl uso civil y militar de las banderas en la Edad Media. Madrid: Ministerio de Defensa.  

·         Monteira, Inés (2025). “Eagles and Peacocks in tenth to twelfth century Iberian Art”, en The Visual Culture of al-Andalus in the Christian Kingdoms of Iberia: Ninth to Thirteenth Centuries. I. Monteira (ed.). Nueva York y Londres: Routledge, pp. 47-79.

·         Monteira, Inés (2012). El enemigo imaginado. La escultura románica hispana y la lucha contra el islam. Toulouse : CNRS- Université de Toulouse-Le Mirail, 2012 (esp. págs. 304-327).  

·         Rodríguez Pérez, Ramón. (2014): “Acerca de algunos símbolos y «signos mágicos» representados en amuletos monetiformes andalusíes” OMNI 1, pp. 65-78. 

·         Valdés Fernández, Fernando. (2015): “Precisiones cronológicas sobre los relieves profilácticos de la fortaleza de Gormaz (Soria)” Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid 6, pp. 177-187.  

FUENTES CITADAS 

·         Ibn Ḥayyān (ed. 1981). Crónica del califa ʿAbdarraḥmān III an-Nāṣir entre los años 912 y 942 (Kitab al-Muqtabis fi-ahbar al-Andalus V), trad. Mª Jesús Viguera y Federico Corriente. Zaragoza: Anubar, 238-239/264-5. 

·         Isà ibn Aḥmad al-Rāzī (ed. 1967). Anales Palatinos del Califa de Córdoba al-Ḥakam II, por ʿIsà ibn Aḥmad al-Rāzī (360-364 H. = 971-975 J.C.), trad. Emilio García Gómez. Madrid: Sociedad de Estudios y Publicaciones.

 

viernes, 26 de diciembre de 2025

ESTANDARTES Y DIVISAS ANDALUSÍES EN EL ARTE DE LOS REINOS CRISTGIANOS /SIGLO X A XIII (PARTE I)


ESTANDARTES Y DIVISAS ANDALUSÍES EN EL ARTE DE LOS REINOS CRISTIANOS (SIGLOS X A XIII) (PARTE I)


Los estandartes textiles conocieron un gran desarrollo en al-Andalus a partir del califato. Además de cumplir una función militar, tuvieron un marcado significado político al ser expuestos públicamente, antes y después de la batalla. Estas insignias aparecen representadas en escenas guerreras del arte cristiano peninsular de los siglos X a XIII, reflejando cómo fueron percibidas en los reinos cristianos


Inés Monteira Arias
UNED

Miniatura de la Cantiga CLXXXVII; Códice Rico fol. 247r; Cantigas de Santa María por Alfonso X (c.1280-1284), Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Foto: © Patrimonio Nacional.


Los estandartes militares empezaron a emplearse en la antigua Mesopotamia y en Egipto, tratándose de emblemas rígidos portados sobre un asta. Es la Persia aqueménida donde parecen surgir los estandartes textiles unidos a una pértiga, que alcanzarían después un papel importante en la antigua Roma, destacando el vexillum: una bandera cuadrangular que colgaban verticalmente desde un travesaño horizontal e identificaba a cada cohorte de la legión. Estas insignias, que habían recibido desde tiempos remotos un significado mágico-religioso, pasaron a servir como emblemas de poder de la autoridad política.

Tanto en Occidente como en Bizancio, los reinos cristianos altomedievales se sirvieron con frecuencia de un estandarte rígido en forma de cruz. Algunos textos de la Hispania visigoda mencionan también la bandera empleada para señalar el lugar donde estaba el rey en el combate, lo que apunta a un uso más limitado que el de la cruz. Lo cierto es que sabemos poco sobre las insignias textiles y flameantes en el mundo cristiano hasta el siglo XII, y es en las fuentes árabes peninsulares donde encontramos más referencias. Las banderas parecen haber conocido un especial desarrollo en el ámbito islámico, y particularmente en al-Andalus, donde alcanzan una gran profusión y variedad desde el siglo X.

Los estandartes andalusíes en las fuentes escritas

A grandes rasgos podemos distinguir dos tipos de banderas: los estandartes de gran tamaño, que eran emblemas principales del ejército, y las pequeñas banderas bajo las que luchaban los diferentes conjuntos tribales o unidades. Estas segundas parecen ser las más comunes y abundantes, consistiendo en un tiraz o tira de tela alargada con una inscripción bordada o pintada con el nombre del soberano, que era anudado al extremo de una lanza. Los grandes estandartes, por su parte, estaban generalmente confeccionados con ricos tejidos, a menudo de seda bordada con versículos del Corán.

Las fuentes andalusíes hablan, no obstante, de varios tipos de banderas con distintas formas, divisas y funciones. El cronista del califa al-Hakam II Isa ibn Ahmad al-Razi menciona cinco tipologías de banderas, que designa como raya, alam, liwa‘, band y uqda. Las de menor importancia parecen ser las llamadas uqda (atadura, nudo), tratándose de bandas de tela anudadas a una lanza. Las más grandes serían la raya —capaz de agrupar a entre 10.000 y 5.000 hombres— y la a’lam —para un contingente de 1.000 soldados—, destinándose la liwa‘ a 400-200 hombres, el band a tan sólo 40-10 y la uqda a pequeños grupos de 8.

Ibn Hayyan también da cuenta de la importancia que los estandartes adquieren en el califato, describiendo en detalle la bandera del águila empleada por Abd al-Rahman III en la campaña contra Osma de 934, sobre la que volveremos en la segunda parte de este artículo, y que parece corresponderse con el prototipo de banderas de tamaño superior.

Tenemos menos información sobre los estandartes empleados en las épocas taifa y almorávide, existiendo noticias dispersas como la que habla de la bandera verde con orla blanca empleada por al-Mu‘tasim en la Almería del siglo XI, o la referencia a los estandartes rojos con figuras impresionantes llevados a la batalla de Sagrajas en 1086. Las banderas negras y blancas también aparecen mencionadas en la fuentes árabes y latinas entre las insignias andalusíes. El negro fue el color distintivo de la autoridad abasí mientras el blanco representaba a la dinastía omeya. Los almohades retomaron después el blanco para sus insignias, lo mismo que el rojo característico que había sido empleado durante el califato, especialmente en la tienda de campaña del soberano.

En el periodo almohade volvemos a encontrar relevantes testimonios, destacando además un significativo resto material como es el famoso pendón conservado en el monasterio de las Huelgas y denominado de las Navas de Tolosa.


Asalto al castillo de Chincoya por el rey de Granada. Dos últimas viñetas de la Cantiga CLXXXVII; Códice Rico fol. 247r; Cantigas de Santa María por Alfonso X (c.1280-1284), Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Foto: © Patrimonio Nacional.


Diversas fuentes cronísticas y poéticas árabes altomedievales ofrecen escueta información sobre los colores y las divisas que decoraron los estandartes. Sin embargo, los textos rara vez describen la forma de las banderas empleadas en el Oriente y el Occidente islámico. Para suplir esta carencia contamos con testimonios figurativos que permiten reconstruir el aspecto que tuvieron las insignias militares, ofreciendo valiosa información.

La forma de los estandartes en las fuentes iconográficas: las banderas triangulares

Las fuentes iconográficas tanto islámicas como cristianas revelan la existencia de, al menos, tres tipologías de banderas según su forma: las banderas triangulares, los estandartes cuadrangulares y las tiras alargadas que fueron anudadas a las lanzas. A diferencia del vexillum romano, las triangulares parecen unirse a un vástago vertical y no a un travesaño horizontal.



Plato abasí con portaestandarte, siglo X. Museo del Louvre, MAO 23. Foto: © Musée du Louvre.


Las banderas triangulares aparecen desde época temprana en el mundo islámico, como acredita el extraordinario cuenco cerámico abasí conocido como plato del portaestandarte, procedente de Irak y fechado a inicios del siglo X. El estandarte ocupa gran parte del plato y se decora con motivos geométricos y epigráficos, presidido por un gran círculo central y la inscripción al-Mulk (el poder/la soberanía).

Del siglo X son también los primeros testimonios iconográficos cristianos que parecen reproducir los estandartes andalusíes, concretamente en las ilustraciones de los Beatos. Según ha estudiado recientemente Peter Klein, es en los ejemplares ilustrados del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana, creados a partir de 940, donde encontramos referencias visuales al califato de Córdoba. En las representaciones correspondientes al asedio de Jerusalén por los babilonios del Libro de Daniel (1, 1), se incorporan elementos figurativos que identifican a este ejército bíblico con las huestes andalusíes. Así se observa, por ejemplo, en el Beato Morgan (New York, Pierpont Morgan Library, M. 644, fol 241r), donde los soldados adoptan elementos propios de la caballería califal, y portan un gran estandarte naranja y triangular ondeante en una lanza. El Beato de Girona, terminado en 975, ilustra también el cerco de Jerusalén por el ejército de Nabucodonosor con ambientación guerrera contemporánea y equiparando a los babilonios con las tropas cordobesas de la época. Los soldados que aparecen tomando la ciudad están armados con escudos redondos, un arco árabe de gran tamaño y jabalinas que eran asociadas al ejército califal. Los asaltantes aparecen sosteniendo dos grandes estandartes sobre Jerusalén, uno triangular y otro cuadrangular. En este caso, la bandera triangular presenta la forma de un cuarto de círculo. El pendón rectangular acaba en dos flámulas o apéndices, añadidos textiles que parecen haber servido para indicar el número de unidades bajo la jurisdicción de la bandera en cuestión. Klein indica que estas imágenes habrían servido al propósito ideológico de demonizar al adversario político para equipararlo con el ancestral enemigo del pueblo de Dios mencionado en la Biblia.


Cerco de Jerusalén, Beato de Tábara o de Girona, fol. 242 r. Tesoro de la Catedral de Girona, Inv. 7 (11). Foto: Facsímil nº 0135, Edilan, 1975.


Por su parte, en el Beato de Silos, de época ya románica, encontramos un llamativo estandarte de gran tamaño que preside la escena del cerco a Jerusalén, representada a doble página. Concluido en 1109, este manuscrito reproduce una bandera triangular unida a una lanza, probablemente tensada por un travesaño. Lo más llamativo de este gran estandarte es la cuadrícula que lo decora, que algunos estudiosos han relacionado con la bandera denominada al-Satranyel ajedrez, mencionada en los Anales palatinos del Califa de Córdoba al-Hakam II por ‘Isa ibn Ahmad al-Razi como uno de los estandartes de mayor importancia. Cabe suponer, no obstante, que aquella bandera era una cuadrícula bicolor y el estandarte del Beato de Silos no tiene alternancia cromática de ajedrezado. Por otro lado, en el folio adyacente de este beato (223v) encontramos a Nabucodonosor entronizado bajo la ciudad asaltada, y sosteniendo una rama en su mano. Este elemento parece proceder igualmente de la iconografía cordobesa, tratándose de un atributo de poder propio de las representaciones del califa, como veremos a continuación.


Estandarte con trama de retícula. Beato de Silos, conservado en la British Library de Londres, Ms. Add 11695, fol. 223v.


Sin embargo, las enseñas triangulares no parecen haber sido exclusivas del ejército andalusí, pues se conserva una moneda vikinga que reproduce en su reverso una bandera triangular similar a la que encontramos en los beatos, aunque con una cruz en el centro y otra coronando el asta.



Bandera vikinga, reverso de una moneda procedente de York c. 939-944, reinado de Gael Olaf Sihtricson. The Swedish History Museum, Estocolmo. Foto: Wikipedia, Public Domain [04/07/2024]


No tenemos certeza, por ello, de que los beatos reproduzcan únicamente enseñas andalusíes al ilustrar el Libro de Daniel, aunque el contexto iconográfico sí parece querer establecer vínculos entre los hombres de Nabucodonosor y las huestes califales por medio de distintos detalles figurativos.

Las banderas cuadrangulares y su resignificación en los reinos cristianos

De las banderas cuadrangulares existen tanto testimonios iconográficos como vestigios materiales. Algunas piezas de marfil reúnen en su programa figurativo los símbolos de poder distintivos del soberano. Es el caso de la arqueta de Leyre, realizada para Abd al-Malik hacia 1005 tras su victoria sobre los cristianos en la capital leonesa. La cara frontal de la caja presenta tres medallones lobulados decorados con distintas escenas palaciegas, disponiéndose el soberano rodeado de dos asistentes en el de la derecha. Es una imagen importante porque el gobernante aparece portando los atributos de su poder: el anillo y la redoma en su mano izquierda, y la rama de su derecha —símbolo de la inmortalidad del monarca y del árbol de la Vida—, a los que se suma el abanico que sostiene el asistente de la derecha. Este objeto aparece minuciosamente definido, formado a partir de cintas entretejidas que crean una trama. Noelia Silva ha observado que este abanico cuadrangular podría estar evocando el estandarte, teniendo en cuenta la presencia de otros importantes símbolos de mando en esta pieza y, entre ellos, la única representación gráfica conocida del jatam o anillo real. Tanto el estandarte como el anillo fueron atributos privativos del soberano, por lo que podríamos estar ante una alusión en pequeño formato a la insignia militar cuya emisión fue privilegio exclusivo del gobernante.




El soberano con sus atributos de poder. Detalle de la arqueta de Leyre, c.1005, Museo de Navarra, Pamplona. Foto: autora.


El soberano con sus atributos de poder. Detalle de la arqueta de Leyre, c.1005, Museo de Navarra, Pamplona. Foto: autora.


Sin duda alguna, el estandarte cuadrangular mejor conservado es el conocido como pendón de las Navas de Tolosa, un tejido almohade de seda, bordada con hilos de oro y plata, atesorado aún hoy en el monasterio de las Huelgas en Burgos. Con un tamaño imponente propio de una raya (3,3x2m), presenta decoración vegetal, geométrica, zoomorfa y epigráfica. Este pendón ha sido considerado tradicionalmente como un trofeo arrebatado al califa almohade Muhammad an-Nasir en la trascendente batalla de las Navas de Tolosa (1212). Diversos especialistas consideran más factible, sin embargo, que hubiera sido obtenido dos décadas después en alguna de las campañas emprendidas con éxito por Fernando III de Castilla y donado por él al monasterio en el momento de encargar las obras del claustro.

Si muchos ricos objetos andalusíes fueron susceptibles de ser percibidos con cierto triunfalismo al ser apropiados, atesorados y reutilizados en los reinos cristianos, tanto más lo serían los estandartes guerreros, convertidos en la expresión misma de la victoria. Estos emblemas del poder islámico peninsular se exhibieron en las iglesias, convertidos en testimonios de la conquista y del descalabro enemigo. Algunos pendones singulares fueron incluso enviados a Roma y exhibidos por el papa en la basílica de San Pedro. Así ocurrió en 1212, tras la batalla de las Navas cuando Inocencio III recibió en la Santa Sede la tienda de seda y el estandarte perdidos por el rey almohade, según el testimonio de un cronista de la época. De manera habitual las banderas, las armas y los escudos del enemigo fueron donados a los tesoros de las iglesias para agradecer la ayuda divina tras una victoria señalada. Estos pendones también jugaron un papel importante en los desfiles propiciatorios que, en ocasiones, se celebraron en los reinos del norte peninsular antes de las batallas.

El conocimiento que tuvieron los cristianos sobre la ritualización del yihad a través de estos objetos y símbolos contribuyó, seguramente, de manera decisiva a su resignificación como emblemas triunfales del cristianismo sobre el islam. Resulta, por ello, esencial, conocer la función que los estandartes tuvieron en al-Andalus para comprender el significado que adoptaron después, al cambiar de manos.

Las banderas antes de la batalla: el significado político de los estandartes en al-Andalus

No cabe duda de que las banderas cumplieron funciones prácticas en la guerra, como indicar la dirección a seguir por el ejército, marcar los puntos de concentración en los repliegues y señalar la resistencia en una posición o su cambio de manos. Pero las banderas se exhibieron también antes y después de las batallas, y fue ahí cuando adquirieron un marcado significado político, alcanzando su mayor repercusión social. Se consideraba que los blasones eran portadores de la victoria y venían a manifestar el auxilio divino. Eran susceptibles también de representar la derrota, ya que su pérdida o rotura se consideraba una señal de mal agüero.

La exhibición pública de estandartes constituyó una parte esencial del ceremonial de propaganda de la guerra santa en al-Andalus desde el siglo X. Estos rituales fueron esencialmente dos: el alarde y la ceremonia del anudamiento de banderas. El primero consistió en una exhibición de armas y soldados ricamente engalanados que generaba una enorme expectación social. Su finalidad era claramente propagandística, pues buscaba trasladar el mensaje de que el gobernante cumplía con la obligación de defensa de la comunidad y que él mismo conducía el yihad. Era un ceremonial solemne y de propósito principalmente simbólico, ya que se celebraba hasta 30 días antes de la contienda y no parece haber tenido una finalidad logística. Por su parte, la ceremonia del anudamiento de banderas tenía lugar poco antes de la partida de los soldados, que recibían tiras de tela con lemas escritos y cuya entrega representaba la misión que se les encomendaba. Algunas de las más rememoradas ceremonias de anudamiento de banderas se hicieron ante la mezquita aljama de Córdoba, incorporando recursos que permitieron sacralizar las acciones bélicas. Así lo han indicado Elsa Cardoso y Javier Albarrán, quienes observan algunos paralelismos entre estos rituales y los que tuvieron lugar en los reinos cristianos, donde la sacralización de la guerra se manifestó en la bendición de soldados y armas en la iglesia antes de la contienda, y en el uso de la cruz como estandarte. Estos autores hablan de la existencia de un lenguaje ceremonial transcultural de guerra santa en todo el espacio peninsular.

Podemos suponer que los estandartes andalusíes elaborados para el yihad, lo mismo que los cristianos, no sólo tuvieron un alcance interno, pues también estaban dirigidos al enemigo. Las fuentes árabes y las latinas refieren el terror que sus enseñas infundían a los adversarios infieles en el campo de batalla. En la segunda parte de este artículo profundizaremos en las divisas que decoraron las banderas andalusíes y cómo aparecen reflejadas en el arte de los reinos cristianos.

Para ampliar:

·         Cardoso, Elsa y Albarrán, Javier. (2021): “De puertas, banderas y súplicas a Dios. Ceremonial y guerra santa en al-Andalus (S. X)”, Intus-legere: historia, 15-2, pp. 216-256, https://intushistoria.uai.cl/index.php/intushistoria/article/view/459.

·         Klein, Peter K. (2025): “Anti-Islamic Elements in Tenth Century Beatus Manuscripts”, en The Visual Culture of al-Andalus in the Christian Kingdoms of Iberia: Ninth to Thirteenth Centuries. I. Monteira (ed.). Londres y Nueva York: Routledge, pp. 3-26.

·         Millán Crespo, Juan Antonio. (1987): “Estandartes medievales hispanos a través de las fuentes iconográficas y escritas”, en Arqueología Medieval española: II Congreso, vol. 3, pp. 13-21.

·         Silva Santa-Cruz, Noelia. (2013): La eboraria andalusí. Del califato omeya a la Granada nazarí. Oxford: BAR International Series nº 2522.