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miércoles, 2 de abril de 2025

LAS NORIAS DEL SURESTE DE ESPAÑA

 

Las norias del Sureste de España

Artículo de Abdo Tounsi

El agua forma parte de todo ser vivo, y todos necesitan de ella para seguir viviendo, por lo tanto, es un bien de vida. A lo largo de la historia el hombre buscó las formas más ingeniosas para tener, mantener y consumir este bien; una de estas formas son las norias que ayudan a elevar el agua de una parte a otra, tanto para regar campos como para uso doméstico. En el Sureste de España y gracias a su introducción por los árabes venidos del Levante árabe, podemos apreciar la presencia de estos artilugios en muchas partes de esta zona.


Las norias del Sureste de España tienen sus orígenes en la época musulmana, cuando al-Ándalus florecía como centro de innovación agraria. Estas estructuras hidráulicas utilizaban la fuerza del río Segura y sus afluentes para elevar el agua, esencial para el riego de huertas en una región árida. Construidas principalmente de madera y barro, las norias eran ejemplos de la combinación de ingeniería avanzada y conocimiento local.

Son estructuras hidráulicas de gran importancia histórica y cultural, especialmente en las provincias de Alicante, Murcia y Almería. Estas construcciones se utilizan para elevar agua desde los ríos o acuíferos hacia terrenos agrícolas, y su uso se remonta a la época andalusí, cuando se desarrollaron técnicas avanzadas de riego en la península ibérica.
Las norias son grandes ruedas de madera que giran gracias a la corriente del agua. Están equipadas con cangilones o recipientes que se llenan de agua al sumergirse en el río y que, al girar, se vacían en acequias o canales destinados al riego. Este ingenioso sistema permitió transformar el paisaje árido del Sureste español en tierras productivas, facilitando el cultivo de cereales, hortalizas y frutas, lo que a su vez sustenta la economía local.

Existen diferentes tipos de norias según su tamaño y diseño. Las más grandes, conocidas como «norias de sangre», eran utilizadas para mover grandes volúmenes de agua y se les atribuía un gran valor visual y simbólico en los pueblos. En contraste, las norias más pequeñas solían estar diseñadas para usos domésticos o jardines.
Hoy en día, muchas de estas norias han sido declaradas Bien de Interés Cultural debido a su relevancia histórica y arquitectónica. Se han convertido en un atractivo turístico que permite a los visitantes conocer una parte esencial de la vida agrícola y rural de la región. Además, algunas de ellas aún están en funcionamiento y se utilizan para la agricultura sostenible.


Las norias del Sureste de España son un claro ejemplo de cómo las innovaciones tecnológicas de hace siglos han dejado una huella profunda en el paisaje y la cultura de una región. Al visitar estas norias, no solo se aprecia su singular belleza, sino también la historia de un pueblo que ha sabido adaptarse y prosperar en armonía con su entorno natural, apreciando la gloriosa época andalusí.

• Las norias son símbolos perdurables de la identidad cultural del Sureste español. Representan una era en la que la armonía entre tecnología y naturaleza permitió el desarrollo económico y social.
• Hoy en día, muchas de estas norias han sido restauradas y declaradas bienes de interés cultural, sirviendo como recordatorio de la herencia compartida y atracciones turísticas que educan sobre el pasado de la región.
• Estas estructuras continúan siendo estudiadas y valoradas por su ingenio práctico.
• Las norias atraen a turistas que buscan comprender esta parte del patrimonio.
• Los proyectos de restauración han permitido conservar su diseño original.
• Su conservación ha impulsado iniciativas locales de desarrollo sostenible.

Las norias del Sureste de España representan un fascinante capítulo en la historia de la ingeniería hidráulica y la cultura agrícola. Estas estructuras, que han sobrevivido a la modernidad, son un símbolo de la capacidad humana para adaptarse y resolver problemas en armonía con el entorno natural. A medida que avanzamos hacia un futuro donde la sostenibilidad y la conservación del agua son cada vez más cruciales, las norias no solo nos recuerdan nuestro pasado, sino que también ofrecen lecciones valiosas para el presente y el futuro. Preservarlas es asegurar la continuidad de una tradición que ha alimentado y sustentado a generaciones.

 

domingo, 30 de marzo de 2025

LITERATURA AGRONÓMICA ANDALUSÍ

 

LITERATURA AGRONÓMICA ANDALUSÍ.

(711-1492) Al-Andalus es el nombre con el que se conoció a todas aquellas tierras, gobernadas por musulmanes, que habían formado parte del reino visigodo: la península Ibérica, la Septimania francesa y las Islas Baleares.  Su zona este se denominó Xarq al-Andalus.

La llegada de los musulmanes a partir del s. VIII marca el comienzo de un nuevo y más profundo desarrollo agrícola en la Península Ibérica.  Testimonio de la importancia que se le daba a la agricultura es, por ejemplo, Abû l-Jayr, Kitäb al-filäha, pág. 19:

«la agricultura es una ciencia bien fundada, una gracia divina y una enorme recompensa»

y en ese mismo sentido se expresan los restantes agrónomos andalusíes.

Durante la Edad Media, hubo un florecimiento de la agricultura en Al-Andalus redactándose un conjunto de obras que recogieron el legado de los tratadistas clásicos y otros autores famosos que se preocuparon también por la Botánica y la Agricultura. A partir del siglo X los científicos andalusíes comienzan a hacer aportaciones originales a la ciencia, como Avempace (Ibn Baÿÿa), nacido en la capital de la Taifa de Saraqusta (hoy es Zaragoza); Avenzoar (Ibn Zuhr), nacido el año 1073 en la localidad de Peñaflor, cerca de Išbīliya (hoy Sevilla);  Averroes (Ibn Rushd), nacido el 1126 en Qurṭuba (actual Córdoba);  el geógrafo al-Bakri de Welba (Huelva), nacido en 1014 o el oftalmólogo al-Gafiqi (?-1166) nacido en Gafiq (Belalcázar) .


Una de las primeras medidas que adoptaron los musulmanes fue la recopilaron y traducción de gran cantidad de textos antiguos sobre agricultura -la mayoría orientales-, por ejemplo, la política unificadora y universalista del Califa Abderrahmán II, cuyo nombre honorífico era: al-Nasir Li-din (el que combate victoriosamente por la religión de Alá) atrajo numerosas embajadas extranjeras, que acudían a al-Andalus con el fin de pactar o negociar con él. Fue a través de una de ellas nos llegó un tratado que habría de permitir una extraordinaria evolución en el terreno de la ciencia: el libro de «Dioscórides», donde estaban recopiladas la mayor parte de las plantas conocidas y junto a su descripción, una detallada enumeración de sus propiedades farmacológicas y alimenticias. Y en el siglo X ya surgió «La escuela agronómica andalusí», en Qurṭuba (la actual Córdoba), capital del califato occidental.


En Córdoba confluyen una serie de elementos y circunstancias que fueron el embrión de la llamada “escuela agronómica andalusí”, definida por la figura de un maestro en torno a cuyo magisterio se agrupan una serie de discípulos que, además, forman una verdadera comunidad científica, compartiendo una unidad de criterios y de esquemas de pensamiento (García-Sánchez, 1994). El hecho más decisivo en el nacimiento de esta escuela agronómica fue la redacción, por ʻArīb b. Saʻīd, del Kitāb al-Anwā’ (s. X), conocido como Calendario de Córdoba, y fuente básica de los otros dos calendarios agrícolas andalusíes conocidos: Kitāb al-Anwāʼ wal-azmina del cordobés Ibn ʻĀṣim (ss. X-XI), y el anónimo Risāla fī awqāt al-sana (s. XIII).

De la escuela agronómica andalusí conocemos un buen número de obras que sentaron las bases teóricas y prácticas de la agricultura del momento y que, lejos de quedar olvidadas tras la conquista cristiana, tuvieron una importante proyección posterior tanto dentro como fuera de la Península Ibérica hasta, incluso, el siglo XIX y primeros del XX. Durante su gran auge, en los siglos XI-XII, se escribieron numerosos tratados de agricultura, plasmándose también las costumbres comerciales agrícolas en los tratados de «Hisba» (de usos y costumbres)».


Los tratados sobre agricultura eran muy completos, con un contenido y una estructura uniformes. Describen los distintos tipos de tierra y formas para modificarla, como nivelas las para que puedan ser regadas correctamente. Distintos tipos de agua y la conveniencia de uno u otros en función del tipo de tierra y vegetales que se regarán. Abonos según la época, la tierra o las plantas. Los vegetales los estudian por grupos: cereales, hortalizas, frutas, modo de siembra, abonado cultivo, injerto, poda, modo de eliminar plagas, recolección de cosechas y modo de guardar los productos. La importancia que cada uno tiene en la alimentación teniendo en cuenta sus cualidades, composición y sabor, así como sus propiedades curativas o efectos sobre el ser humano, dando incluso recetas culinarias y médicas.

Jardines, y casas de campo, con indicación de las plantas más adecuadas para ambos casos y dando normas para emplazarlas en la mejor situación, tanto las plantas como las edificaciones. Es frecuente que la parte final de cada obra esté dedicada a los animales domésticos, sus características, cuidados y aprovechamiento, contándose entre tales animales las abejas, como productoras de miel.



Una de las principales obras agrícolas andalusíes es El Tasrïf, además de un alto valor médico y quirúrgico, interesa en nuestro caso por ser fuente para autores de textos agrícolas posteriores y confirma que la agronomía andalusí tiene sus orígenes en la medicina y en la farmacología. Su autor, Abü-l-Qäsim ibn ‘Abbäs al-Zahräwi, conocido entre los latinos como Abulcais o Albucasis, fue un gran científico de renombre, sobre todo por su obra médica, de gran altura científica, en la que se ocupa de la anatomía, la patología, la higiene, la dietética, la cosmética, la farmacología y especialmente la cirugía.


También hemos de reseñar el Kitäb tafsïl al-azmän wa-masälih al-abdän, escrita alrededor del año 962, coincidiendo con la subida al trono de al-Hakam II, y obra de otro gran personaje, médico y político afamado, e hijo de un cristiano converso Abü-l-Hasan ‘Arïb ibn Sa`ïd al Ktïb¨al-Qurtubï al-Andalisï, conocido como ‘Arïb ibn Sa`ïd. Paradigma de las que vendrán luego englobadas bajo el nombre de Calendarios, fue el Kitäb al-anwä’, tradicionalmente conocido como el Calendario de Córdoba, donde se ofrecen datos de tipo astrológico, meteorológicos, médicos, agrícolas y veterinarios, todo ello ordenado por meses.



Probablemente redactado a finales del siglo X, por lo que sería el primero de los andalusíes, contamos con un texto agronómico anónimo titulado Kitäb fï tarïb al-giräsa wa-l-magrusät (Libro del ordenamiento de los tiempos de la plantación y de los plantíos). El tratado aparece dividido en diez capítulos en los que se habla principalmente de arboricultura, jardinería y horticultura, destinándose los tres últimos a prácticas diversas, a economía doméstica y a la tala de árboles.



En el siglo XI surgió en Sharq al-Andalus un nuevo género literario que describía con júbilo los jardines y frutos de la época. El género poético sobre jardines se conoció como rawdiyyat (de rawd, ‘jardines’ en árabe). En él se aludía a los jardines en general, pero existía otro género llamado ‘poema floral’, que se conocía en árabe como nawriyyat, y se refería específicamente a las flores.

Volviendo a la botámica y a los tratados sobre agricultura, Maymü ‘fi-l-filäha (Compendio de agricultura), es el resultado de los conocimientos médicos y botánicos de su autor, Ibn Wäfïd médico de la corte de Toledo y reputado botánico conocido como Abengëfit, Aben Nufit o Abencenif. En su compendio se tratan, a grandes rasgos, las siguientes materias: aguas, tierras y estiércoles, economía doméstica y normativas sobre elección de los trabajadores y encargados de las explotaciones agrarias. Tras ello vienen los capítulos relativos a cerealicultura, arboricultura y horticultura, para finalizar con un calendario agrícola y unos breves apartados de zootecnia. Esta obra gozó de una enorme difusión y renombre en la España cristiana, como lo demuestran las traducciones que de ella se hicieron a dos de las lenguas romances peninsulares -castellano y catalán-, y su posterior influencia en la principal obra agronómica del Renacimiento, la Agricultura General de Gabriel Alonso de Herrera, redactada en 1513.

Ibn Bassäl, de nombre Abü ‘Abd Al.läh Muhammad ibn Bassäl, puede ser considerado como el maestro de la escuela andalusí del siglo XI. Autor de Kitäb al-qasad wa-l-bayän (Libro del propósito y la demostración), aunque el texto que ha llegado hasta nosotros no abarca la totalidad de su obra, consta de 16 capítulos que se ocupan de los distintos tipos de aguas, de las tierras y sus propiedades, de los abonos y estiércoles, del conocimiento de las tierras por medio de la vegetación espontánea, de las plantas cultivables y sus cuidados, los árboles sus injertos su poda y tala, el cuidado de las plantas herbáceas, las especias, el regadío, los bulbos y las raíces, verduras, plantas aromáticas, noticias referentes a los pozos, los modos de cuidar la tierra para evitar las plagas, y la conservación de frutas y frutos secos. Su tratado también se tradujo al castellano medieval, posiblemente en tiempos de Alfonso X el Sabio.

No podemos olvidar al agrónomo y experto botánco Abü-l-Jayr también conocido por su su apelativo al-Šaŷŷār, “el arboricultor” o “el botánico”; autor del Kitäb al-filäha (Tratado de Agricultura), de un Calendario andalusí, del Kitäb al-nabät, y de la magnifica obra titulada ʽUmdat al-ṭabīb fī maʽrifat al-nabāt li-kull labīb (Libro base del médico para el conocimiento de la botánica por todo experto).  En ella, a modo de diccionario alfabético, van apareciendo las distintas plantas -medicinales o no- encabezadas por su nombre más conocido en árabe clásico. A continuación, se dan los siguientes datos: género al que la planta pertenece, con sus diferentes especies y variedades; descripción morfológica; sinónimos en otras lenguas (griego clásico, griego bizantino, latín, árabe, árabe vulgar de al-Andalus, beréber, persa, siríaco y lengua romance andalusí o `aŷamiyya, de la que se distinguen a veces varios dialectos como el gallego, el de la Frontera Superior, el franco, etc.); localización geográfica de la planta en cuestión y tipos de tierra en que se da, y usos o aplicaciones del vegetal, tanto de carácter farmacológico como industrial (combustible, cosmética, textil…) y doméstico (comestible o condimento).

El agrónomo Ibn Hayyäy, perteneció a una rama de la familia visigoda descendiente de Witiza que había emparentado con una familia de origen yemení, y fue el autor de al-Muqni `fil-filäha (Lo que basta saber en torno a la agricultura).

El granadino al-Tignarï, geópono, es el autor de Zuhrat al-bustän wa-nuzhat al-adhän (Esplendor del jardín y recreo de las mentes). Al-Tignarï, fue uno de los más destacados miembros de la escuela agronómica andalusí; de nombre Abü `Abd Allah Muhammad Ibn Mälik al-Mürri, era más conocido por su nisba geográfica, al-Tignari (de la alquería de Tignar en la Vega granadina), o por al-hayy al-Garnati;  es el agrónomo andalusí del que nos han llegado más datos biográficos, junto con el almeriense Ibn Luyün. Su tratado es uno de los más ordenados y sistemáticos, y en él se aúnan la teoría con la práctica vivida y experimentada. Del texto original, incompleto, sólo se ha conservado un manuscrito, aunque del resumen que se
hizo del mismo existen numerosas copias repartidas principalmente en bibliotecas del N. de África. Tras un extenso prólogo en el que se mezclan temas diversos, especialmente de reglamentación jurídica aplicada a la agricultura, siguen otros comunes a los de los restantes tratados. Destacan, por su extensión e interés, los dedicados a la vid y al olivo y, muy especialmente, al tema de los injertos, donde introduce cuestiones novedosas desde el punto de vista técnico y lingüístico. Además, posee un mayor interés por su especial concepto de la sistemática botánica, al agrupar las distintas especies de acuerdo con un sentido utilitarista y eminentemente práctico.

Ibn al-Awwän ó Abü Zaccaria (Aben Mohamed Ben Ahmed Ebn El Awam. Sevilla finales siglo XII y comienzos del siglo XIII) es el autor de origen andalusí que con más detalle escribió sobre agronomía en su Libro de Agricultura Kitäb al-filäha. Es el único de los tratados agronómicos andalusíes que ha llegado hasta nuestros días completo. Sobrevivió al incendio que tuvo lugar en la Biblioteca del Escorial en 1671 y que destruyó tantos otros manuscritos existentes en su colección hasta esa fecha. Kitāb al-Filāḥa es conocida en algunas fuentes posteriores también como al-Filaha al-andalusiya (Agricultura andalusí). Esta obra enciclopédica recoge todo el saber agrícola y zootécnico de su época, y fue fue traducida al castellano por Don Josef Antonio Banqueri, Prior-claustral de la Catedral de Tortosa, Individuo de la Real Biblioteca de S.M., y Académico de número de la Real Academia de la Historia. Madrid en la Imprenta Real, 1802. 

El brillante botánico Ibn al-Baytär, llamado el Dioscórides español por Menéndez Pelayo, ha sido el autor de diversas obras, pero solo citaremos su Kitäb al-yämi`li-mufradät al-adwiya wa-l-agdiya donde se refiere a unos 1.400 simples, contados entre vegetales, animales y minerales, cifra que rebasa bastante la de la Materia Médica tenida entonces y siempre como modelo.

Enlazado cronológicamente con él encontramos al más importante de los geóponos andalusíes, Abü Zakariyyä, conocido como Ibn al-`Awwäm, su enciclopedia de economía rural Kitäb al-Filäha, que fue, durante bastante tiempo, la única referencia sobre la agronomía hispanomusulmana. Este tratado agrícola dividido en 34 capítulos, recoge lo mejor de cuanto se había escrito antes por griegos y árabes, además de incluir muchas ideas propias. Esta obra es de tal calidad e interés que en el siglo XVII el ministro Campomanes la consideró útil y necesaria para la agricultura española de aquel tiempo y mandó al franciscano Josef Banqueri que la tradujera al castellano. Posteriormente se publicó, en dos volúmenes en 1802, y en 1988 el Ministro de Agricultura Pesca y Alimentación costeó la edición en facsímil. También existe una versión francesa que se llevó a cabo entre 1864 y 1867.

A la segunda mitad del siglo XIV pertenece el Poema Agrícola Kitäb ibdä `al-maläha wa-inhä`al-rayäha fi usül sinä`at al-filäha (Libro del principio de la belleza y fin de la sabiduría que trata de los fundamentos del arte de la agricultura). La obra está redactada en verso y en la Escuela de Estudios Árabes de Granada, se conservan 50 folios dobles de este manuscrito escrito en verso por el almeriense Ibn Luyün.

Escuela Agronómica Andalusi. Principales autores y obras agronómicas.

Siglo X

Al Zaharawi(?)(Abulcasis)

Médico cordobés. Posible autor de un Tratado de Agricultura (Carabaza, 1995)

Arib ben Said

Historiador, agrónomo, médico y veterinario cordobés. Autor del primer Calendario Agrícola (traducción Pellat, 1961)

Anónimo andalusí

Autor de un Tratado Andalusí de Agricultura (traducción de López López, 1990)

Siglo XI

Ibn Wafid

Médico y agrónomo toledano autor de Compendio de Agricultura (traduc. de Millas Vallicrosa,1943)

Ibn Hayyay

Sevillano, autor de la obra titulada Lo que basta saber sobre Agricultura (traduc. Carabaza, 1988; estudio de Bolens, 1981)

Ibn Bassal

Agrónomo toledano, autor de un Tratado de Agricultura (traduc. Millas Vallicrosa y Azitnan, 1955)

Abu l-Jayr

Sevillano, autor de un Tratado de Agricultura (traduc. Carabaza, 1991)

Al-Tignari

Granadino, autor de la obra titulada Esplendor del jardín y recreo de las mentes (estudio y traduc. García Sánchez, 1987, 1988)

Siglo XII

Ibn al-Awwam (Abu Zacarías)

Agrónomo sevillano, autor de su Tratado de Agricultura (traduc. de Banquerí, 1802; estudio Hernández Bermejo y García Sánchez, 1988)

Siglo XIV

Ibn Luyun

Granadino, autor de su Tratado de Agricultura (traduc. E Guaras, 1975)

Ver también UN TRATADO NAZARI SOBRE ALIMENTOS: AL-KALÃM `ALÀ L-AGDIYA de al-Arbülï, científico andalusí del siglo XV, originario probablemente de Arboleas,​ en la provincia de Almería.

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

·         

    • El jardín científico. Centro Virtual Cervantes. El jardín andalusí. Instituto Cervantes (España), 2004-2019
    • Abu Zacaria Iahia. LIBRO DE AGRICULTURA «Kitäb al-filäha». Traducido al castellano y anotado por Josef Antonio Banqueri. Madrid en la Imprenta Real año de 1802.
    • Al-Arbülï. Un tratado nazarí sobre alimentos. Al-kaläm ‘alà l-agdiya de al-Arbülï. Traductor: Amador Díaz García. Colección facsímil 4.
    • Álvarez de Morales, Camilo. Magia y superstición en la literatura agrícola andalusí. En Ciencias de la naturaleza en Al-Andalus: textos y estudios III / coord. por Expiración García Sánchez, 1994, ISBN 84-00-07426-2, págs. 391-402.
    • Carabaza Bravo, Julia María. Ahmad B. Muhammad B. Hayyay al-Isbili: al-Muqni fil-Filaha. Introducción, estudio y traducción, con glosario. Tesis dirigida por José María Fórneas Besteiro y leída en la Universidad de Granada en 1987. ISBN: 8433806939
    • Emilio García Gómez. Traducciones alfonsies de agricultura árabe.1985.
    • Expiración García Sánchez. 2011. La producción frutícola en al-Andalus: un ejemplo de biodiversidad. Trabajo elaborado en el marco del Proyecto de I+D+I: “Paisajes agrícolas y forestales en al-Andalus” (FFI2009-09826), avalado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (enero 2010-diciembre 2012), dirigido por E. García Sánchez.
    • García Sánchez, Expiración. Al-Tignari y su lugar de origen. Al-Qantara – Revista de Estudios Arabes, vol.IX, pp.1-11. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España). 1988. ISSN: 0211-3589.
    • García Sánchez, Expiración. El Botánico Anónimo sevillano y su relación con la escuela agronómica andalusí. Ciencias de la naturaleza en Al-Andalus. Textos y estudios. III, editados por E. García Sánchez, Granada. 1994. ISBN: 84-00-07426-2.
    • Gracia-Mechbal, Mariam. Los Naturalistas Andalusíes y el Mediterráneo. Universidad de Granada. 27/09/2017.
    •  J. Esteban Hernández Bermejo, Expiración Garda Sánchez. Botánica económica y etnobotànica en al-Andalus (Península Ibérica: siglos X-XV): un patrimonio desconocido de la humanidad Arbor CLXVI, 654 (Junio 2000).
    •  J. Esteban Hernández Bermejo; Expiración García-Sánchez; Julia Mª Carabaza Bravo. Flora agrícola y forestal de Al-Andalus. Volumen I. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 2013. ISBN: 978-84-491-1227-0.
    • Julia María Carabaza Bravo. Las palomas en la agricultura andalusí.. BIBLID [0211-9536(2001) 21; 233-256] Fecha de aceptación: 2 de febrero de 2001
    • V. Maroto Etsia. La agricultura y sus tratados en la Edad Media (III): Abú Zacaría o Ibn Al Awam, una figura de la agricultura mundial. Número de Edición: 219. Departamento de Producción Vegetal. Universidad Politécnica de Valencia. 2010.
    • Víctor M. Barroso. Proceso de traducción de dos obras agronómicas: «AL-FILLÄHA AL-NABATYYA y KITÄB AL-FILLÄHA de IBN AL-‘AWWÄM» EEA CSIC. 2011

 

domingo, 23 de marzo de 2025

LA CIENCIA EN LA GRANADA ISLAMICA

 

-LA CIENCIA EN LA GRANADA ISLÁMICA-

La ciencia en al-Andalus, como el resto de manifestaciones culturales y artísticas, sigue un lento proceso de asimilación de unos conocimientos llegados del Oriente islámico en los que se funden la tradición indo-irania y, sobre todo, la helenística, para iniciarse a mediados del s. X como una ciencia con características y aportaciones originales.

En Granada se experimenta, sin grandes diferencias, el mismo proceso evolutivo que el resto de territorio andalusí, salvo un hecho aislado que se produce a mediados del siglo IX. En esta fecha temprana el alfaquí e historiador nacido en la cora de Ilbira, Abd al-Malik Ibn Habib, redacta un tratado de medicina considerado el más antiguo de los andalusíes conservados. La obra, pese a estar inscrita en el género de la denominada Medicina del Profeta vigente en la época, con prácticas mágico-creenciales, refleja una tímida introducción de elementos racionales derivados de las teorías hipocrático-galénicas, adquiridos por el autor durante su larga estancia en Oriente.

 


Tras este caso excepcional habrá que esperar a que la dinastía zirí, de origen beréber, se instale en Granada en el siglo XI para tener noticias de alguna actividad científica en ella. En los últimos momentos del califato de Córdoba algunos de sus científicos se refugian en la recién surgida taifa zirí, igual que en los restantes reinos de taifas expandidos por todo el territorio andalusí, entre los que destaca el matemático y astrónomo Ibn al-Samh. Este autor iniciará en la corte granadina el interés hacia la astronomía que perdurará hasta su desaparición en 1090 y se prolongará hasta el final del reino nazarí; junto a ella convivirá su manifestación práctica, la astrología. Esta inclinación es patente incluso en el último de sus monarcas, Abd Allah, en cuyas Memorias se encuentra una de las escasas referencias seguras a una concepción física del cosmos, con unas curiosas estimaciones del tamaño de los planetas, diferentes a las comúnmente aceptadas.

En los últimos años de la taifa zirí y comienzos de la época almorávide destaca la figura de al-Tignari, gran poeta y literato que, como otros muchos hombres de ciencia andalusíes, cultivó diversos campos del saber, caso de la medicina y la botánica aplicada, además de las disciplinas antes señaladas. Fue especialmente conocido por el tratado agrícola que compuso, uno de los más claros y sistemáticos de los redactados en al-Andalus, tal vez el que refleja de forma más directa y concreta la realidad agrícola andalusí y, de forma especial, la del territorio granadino, aportando una valiosa información de carácter lingüístico y botánico, junto a otra relativa a prácticas locales. Este tratado, en el que una teoría racional va acompañada de una experiencia vivida y constatada, lo dedicó al-Tignari al gobernador almorávide de Granada.

Aparte de esta figura puente entre los dos períodos históricos correlativos, no volvemos a encontrar autor ni acontecimiento científico digno de resaltar hasta alcanzar la época nazarí, pese a que la etapa almorávide y almohade fue un período particularmente activo en el campo de las ciencias.



El período que cubre el reino nazarí (s. XIII-XV), tal vez por ser más amplio temporalmente y de mayor trascendencia en numerosos aspectos, fue más rico –o al menos, más conocido- que la etapa anterior, aunque ya en él se inicia el declive de la ciencia. La materia científica que más interés suscitó en el reino granadino fue la medicina que, como en épocas anteriores y en todo el territorio andalusí, aparece estrechamente ligada a la botánica y farmacología. Le siguen la astronomía (astronomía matemática, dedicada al cálculo de las posiciones planetarias, cosmología y construcción de instrumentos astronómicos) y las matemáticas en sus diversas ramas (matemáticas en general, aritmética y geometría teórico-práctica), aunque la astronomía acabó absorbiendo como ciencias auxiliares a las matemáticas y geometría. La astrología, como sucede a lo largo de la Edad Media, va a seguir estando muy unida a la astronomía, en calidad de rama aplicada o práctica de la misma.

Son varias las causas del auge que alcanzan tanto la medicina como la astronomía en el período nazarí. En primer lugar, va ligado al interés que algunos monarcas demostraron por estas ciencias, ya dedicándose ellos mismos a su estudio, ya protegiendo a quienes las desarrollaban. Entre estos monarcas que desempeñan un mecenazgo decidido destaca Muhammad II, que protegió a médicos y astrónomos e impulsó la creación de una escuela científica en la que se forman diversos médicos que después ejercen en la corte. Las principales figuras aglutinantes que desempeñan una labor de magisterio en ésta y otras escuelas cortesanas suelen tener una formación adquirida fuera del reino nazarí, especialmente en la corte de Alfonso X, como es el caso de al-Riquti e Ibn al-Raqqan. Otros realizan sus estudios en Oriente y en el Magreb, para después instalarse en Granada.

Este decidido apoyo de determinados monarcas se plasma también en la fundación (1349), en tiempos de Yusuf I, de la madraza, en la que se imparte la medicina de modo oficial, aunque se sigue manteniendo la tradicional enseñanza de ésta y otras disciplinas en las casas y en las escuelas coránicas. Una nueva iniciativa de gran transcendencia por parte de otro soberano nazarí, Muhammad V, fue la fundación del que parece haber sido el primer maristán u hospital de al-Andalus.

Otro factor importante en el desarrollo de las ciencias fue el intercambio científico y cultural que tuvo lugar entre Granada, los reinos cristianos fronterizos, el norte de África y los países islámicos orientales. En ellos hay que destacar los que se producen con el Magreb, donde se está originando un importante desarrollo cultural y científico potenciado por las figuras que allí se refugian ante el avance cristiano. En cuanto a los contactos con Oriente, no son suficientes para introducir en el reino nazarí las aportaciones de la renovación científica que se desarrolla allí a partir del XIII; también aparecen en la Granada nazarí ciertos indicios de una influencia cultural y científica de los reinos cristianos, especialmente de la corte de Alfonso X.

La medicina existente en el reino nazarí va desde la erudita o racional que se ejerce en la corte hasta la popular, de magia y curanderismo, que se desarrollará sobre todo a partir del siglo XIV. La mayoría de los médicos comparten su interés por esta ciencia con otras materias, como sucede con Ibn al-Jatib, conocido historiador, literato, filósofo y político. En el campo de la medicina son varios los autores en los que su dedicación a ella es una tradición familiar, caso de algunas de las más destacadas figuras; como ejemplo aislado encontramos a una mujer, Umm al-Hasan, que estudió medicina en Loja.

Esta rama de la ciencia sobresalió en la Granada nazarí por la labor realizada por los médicos granadinos con ocasión de la gran epidemia de peste bubónica, la llamada Peste Negra, que se extendió por Europa en el siglo XIV. Posiblemente, la novedad más destacable fueron las medidas profilácticas a adoptar por la población propuestas por tres grandes médicos que también destacaron en otras parcelas del saber, el ya citado Ibn al-Jatib, junto a Muhammad al-Saquri e Ibn Jatima. Se recurrió, como en épocas pasadas, a las fumigaciones con diversas materias aromáticas para sanear la atmósfera, se prescribió una dieta estricta en la que se prohibían los alimentos dulces y se aconsejaba evitar la carne, al tiempo que se recomendaban las verduras y aderezar las comidas con vinagre fuerte. No obstante, los médicos nazaríes se anticiparon a los del occidente europeo al señalar la importancia del aislamiento y los peligros de la contaminación por contacto, cuya existencia había sido establecida por la experiencia. En definitiva, estos médicos granadinos dieron muestras de una innegable perspicacia, denotando un claro progreso tanto en la teoría como en la práctica de sus predecesores.

En cuanto a la segunda ciencia en importancia, la astronomía, podemos distinguir entre una astronomía teórica y la construcción de instrumentos, y otra de carácter práctico que determina la posición de los astros por medio de tablas. Destacan los astrónomos Ibn al-Arqam al-Numayri, quien introdujo en al-Andalus el astrolabio lineal, así como Muhammad Ibn al-Raqqam, autor de unas tablas astronómicas. Otras figuras importantes fueron Hasan y Ahmad Ibn Baso, padre e hijo respectivamente, astrónomos y constructores de instrumentos. Ambos desempeñaron en la mezquita aljama de Granada el cargo de muwaqqit, consistente en ocuparse de todas aquellas cuestiones astronómicas relacionadas con el culto, por ejemplo, para elaborar los calendarios que servían para indicar las horas del culto o para establecer la dirección de la alquibla.

Siguiendo la tradición agronómica iniciada siglos atrás por al-Tignari, el almeriense Ibn Luyun compuso a mediados del siglo XIV, un año antes de su muerte, una obra agrícola en verso en la que resume las obras de agrónomos anteriores, especialmente la de su predecesor granadino.

Relacionadas con la agronomía se desarrollan técnicas de regadío, con la construcción de norias y sistemas de captación de agua. En época nazarí se produce un notable auge de los textos sobre hipología, dedicados al caballo pero, a diferencia de los tratados agrícolas, que solían incorporar temas dedicados a la veterinaria, éstos estaban orientados más al arte de la guerra o de la equitación que a la veterinaria.

Dentro de la tecnología hay que destacar el uso de la pólvora en las armas defensivas, utilizándose por primera vez en al-Andalus en el sitio de la fortaleza de Huéscar, en tiempos de Ismail I en 1324. En líneas generales, el nazarí es un largo período en el que resulta fácil detectar una actividad científica que, sin embargo, va decayendo lentamente en su tramo final, el siglo XV.

Fuente: www.webislam.com

miércoles, 10 de julio de 2024

LA MUJER Y LOS ESPACIOS PÚBLICOS

 

LA MUJER Y LOS ESPACIOS PÚBLICOS.

   La mujer musulmana no disponía de libertad para ocupar los espacios públicos, aunque su grado de enclaustramiento dependía del nivel socio-económico y del estado civil. También, la obligatoriedad de llevar el velo estaba íntimamente relacionada con la calidad de la familia a la que pertenecía. Las esclavas y las campesinas no lo necesitaban. La mujeres libres debían usarlo fuera de los muros de su casa a modo de privacidad. Sin contar la visita a los familiares, eran cuatro básicamente las oportunidades de salir del domicilio y deambular por las calles que tenían las mujeres: la visita a la mezquita, a los baños, al zoco y a los cementerios. Siendo esta última una de las más propicias para el encuentro con el otro sexo.


Los cementerios andalusíes se convirtieron en lugares de paseo y recreo. Las mujeres, tras la oración del mediodía del viernes, marchaban en grupos, solas o con niños de corta edad a visitar las tumbas de sus familiares. Las mujeres que estaban de luto incluso acudían con el rostro descubierto y numerosos hombres se sentían atraídos por la seducción del encuentro con mujeres desveladas. Además, si el luto era muy reciente, algunas levantaban tiendas cerca de la tumba para poder llorar sin ser vistas aunque también se prestaban a situaciones promiscuas que ponían nerviosos a los legisladores.
   El censor Ibn Abdun , viendo estas situaciones, prohíbe la instalación de vendedores ambulantes en los cementarios porque , en su opinión, lo que van a hacer allí no es otra cosa que a contemplar los rostros descubiertos de las mujeres. Así mismo, manda tapiar las puertas y ventanas que dan a los cementerios para proteger la intimidad; e incluso, prescribe que los agentes de policía registren las acrópolis en verano a la hora de la siesta para evitar que las mujeres se diesen al comercio carnal.
   Este censor sevillano Ibn Abdun informa de que se deberían:

" suprimir los paseos en barca por el río de mujeres e individuos libertinos, tanto más cuanto las mujeres van llenas de afeites "

   Estas mujeres que salían a divertirse dando paseos por el Guadalquivir tampoco llevaban velo y mostraban su maquillaje. No eran mujeres que se tuvieran que preocupar por guardar el honor de la familia pues serían mujeres del pueblo llano, trabajadoras que así se solazaban. Este moralista quiere impedir que ambos sexos utilicen el mismo camino para cruzar el río e incluso que hombres y mujeres se sienten en el mismo sitio. Esta serie de impresiones las recoge en su tratado de hisba, unas utopías con destino a salvaguardar la moralidad de la población musulmana.
   De todos modos, son las mujeres trabajadoras y las amas de casa las que tienen que salir con mayor frecuencia del domicilio particular para realizar actividades como lavar la ropa. Los huertos también podían ser un lugar de encuentro entre hombres y mujeres dada la soledad de algunos parajes.

Ibn Abdun prohíbe que las mujeres laven en estos sitios apartados, que, a su juicio, se convertían en lupanares. (prostíbulo ).
   Otra ocasión en la que las mujeres salían de los hogares, era con ocasión del deber religioso y de peregrinar a La Meca. Desde al-Andalus el camino era muy largo y a veces, las peregrinas viajaban sin la compañía de varones lo cual les daba bastante libertad para entablar relaciones con los hombres que encontraban en su viaje. Ibn Hazn relata una anécdota protagonizada por 5 mujeres y una anciana llamada Hind que navegaban por el Mar Rojo con destino a Arabia. En el barco había un marinero especialmente atractivo de buena planta y ancho de hombros que consiguió tener relaciones sexuales con las cinco mujeres del barco e incluso con la anciana Hind:

 " La noche primera lo vi que venía hacia una de mis compañeras y que le ponía en la mano su miembro, que era muy grueso. Ella, al punto, se le entregó. En las noches siguientes fue haciendo otro tanto con las demás. Cuando ya no quedaba sino una, que era yo, me dije para mis adentros : "- Ahora las pagarás todas juntas ", tomando una navaja, la empuñé en mi mano. Por la noche vino, según tenía costumbre y, cuando quiso hacer como otras veces, vio la navaja. Se asustó y se levantó para irse; pero, al momento no enternecí y le dije, asiéndolo: " - No, no te irás hasta que tome de ti lo que me corresponde ". Entonces - concluyó la anciana - cumplió su cometido, de lo que pido perdón a Dios ".

Publicado por al-Andalus en 23:15