martes, 1 de mayo de 2012

Historia de los musulmanes en al-Ándalus. Pasajes de la historia de al-Ándalus - condena de Boadbdil por los alfaquíes de Granada


PASAJES DE LA HISTORIA DE AL-ANDALUS

CONDENA DE BOABDIL

POR LOS ALFAQUÍES DE GRANADA

La trascendencia militar y sobre todo política que para los cristianos tuvo la batalla de Lucena fue puesta de relieve antes de que se apagaran los ecos que levantó hecho tan sonado. Boabdil, vencido y apresado por sus enemigos naturales, era una importante carta que los Reyes Católicos supieron mantener en reserva para jugarla a su debido tiempo.


Aunque las fuentes cristianas coetáneas están en desacuerdo sobre las circunstancias precisas de la captura de Boabdil y de la persona a quien correspondía en derecho la singular hazaña, y aunque la rivalidad y el espíritu de partido hiciesen correr, entonces y más tarde, mucha tinta, de todo ello, lo realmente importante era que la persona de Boabdil estaba en manos de los cristianos.


Del aprisionamiento de Boabdil hubo pronto noticia en todo el reino de Granada. A uña de caballo, tras haber logrado salvar la vida en la derrota sufrida por su rey, un caballero granadino llevó la nueva, y con ella la consternación, a los musulmanes. Es Andrés Bernáldez quien informa puntualmente:


El primer moro de los de a caballa que entró solo en Loxa, fue uno que se llamaba Cidi Caleb, sobrino del alfaquí mayor del Albaicín de Granada; e como lo vieron ansí solo, fue muy grande alboroto por un poco en la villa, y dixéronle: «¿caballero, dó el rey y la gente?» y él respondió: «allá quedan, que el Cielo cayó sobre ellos, e todos son perdidos e muertos». Estonce comenzaron en Loxa muy gran llanto, e muy gran lloro y tristeza, e este moro mesmo llevó la nueva a Granada, donde la gente de ella fue muy triste y cuitada, e fue muy llorada por los moros la pérdida del Rey.


Ni las fuentes musulmanas (que son pocas y parcas), ni la rica historiografía cristiana, hablan sino por encima de lo que pasó en Granada ante este colapso que supuso la captura de Boabdil. Sólo vagas referencias a lo que era fácil de prever:


Sabido por los moros este desbarato - dice Pulgar - cómo su rey era preso, algunos caualleros de aquel reyno, que le obedeçían por rey, se tornaron a la obidiençia del rey su padre.


Andrés Bernáldez es un poco más explicito:


En el dicho año de 1483, luego como los moros de Gra­nada vieron perdido a el Rey, e vieron que era tanta gente con él estragada e perdida, enviaron por el viejo a Málaga, que volviese a reynar, e vino luego, e apoderóse en Granada como antes estaba y tuvo la ciudad fasta San Juan del año de 1485 que fueron tres años, en su honra y prosperidad...


Entre las razones expuestas por el marqués de Cádiz ante el Rey Católico en el consejo celebrado en Córdoba con sus caballeros y capitanes para deliberar sobre el destino del Rey Chico, aquel prudente soldado, partidario de dejarlo libre bajo determinadas condiciones, de lo que se seguiría un mayor provecho para la causa cristiana, se refiere por dos veces a lo que sucedía mientras tanto en el reino de Granada. Oigamos sus propias palabras, recogidas fielmente por Pulgar:


Porque los moros tienen poca fe con sus reyes, e les an tan poco acatamiento, que ligeramente los fazen y desfacen estando libres; mayormente estando presos, según que en diversos tienpos lo avemos visto, e agora veemos en la prisión deste. La qual sabida, luego los más que estauan a su obidiençia tornaron a la del rey su padre, e priuaron al fijo del nonbre de rey que le avían dado.


Y más tarde:


Agora, después que este rey fue preso, algunos de los prinçipales de Granada que estauan por el fijo se an juntado con el padre, an avido lugar para defender mejor su tierra.


La primera medida, sin duda, que Abu l-Hasan se vio obligado a tomar, una vez que el azar le devolvía el poder, fue la de mostrarse clemente con los que le habían derrocado y los que se habían mantenido leales a su hijo. Las circunstancias le forzaban a descartar todo propósito de venganza, a la que habría dado rienda suelta de haberle sido más favorables. La cautela y un elemental sentido político, que las últimas experiencias habrían contribuido a afinar, le aconsejaron, pues, dictar una amnistía general, y dejar crecer su rencor para desfogarlo en mejor ocasión, si llegaba. A seguido de narrar la triste suerte de Boabdil, cautivo tras la batalla, y lo tocante a su prisión, a las conversaciones sostenidas, y a las concesiones hechas para conseguir su libertad, Hernando de Baeza pasa a hablarnos de lo que acontecía, mientras tanto, al otro lado de la frontera:


Dexemos esta ystoria en este estado, y tornemos a dezir del Rey muley abulhazen su padre, el qual, como estuuiese huido en el alpuxarra, como diximos, y supiese la prisión y captiuerio de su hijo, embió a la cibdad sus mensajeros y pregoneros, que hazia perdón general a todos quantos hizieron y dixeron algo contra su seruicio en las rrebueltas pasadas, si agora se tornasen a él... .


Como quiera que fuese, los musulmanes no tenían, de momento, otra alternativa. Si no todos, una gran parte de las gentes que contaban en Granada le reconocieron de nuevo y seguramente aceptaron con alivio una fórmula que podría haber sido muy distinta si, por ejemplo, como estuvo a punto de ocurrir, Boabdil hubiera perdido la vida en su desdichada empresa de Lucena, por lo cual - sigue diciendo Baeza -, muchos mouidos luego algaron pendones por él y le embiaron sus mensajeros para que viniese a la cibdad; lo qual él hizo luego....


No sabemos si la vuelta del rey Abú l-Hasan a Granada fue inmediata o se tomó algún tiempo antes de decidirse a ello. Lo que es más que seguro es que tuvo noticia de las conversaciones de su hijo con los Reyes Católicos, las cuales desembocaron en los acuerdos con que Boabdil firmaba la sentencia de muerte del reino de Granada, sentencia que había de cumplirse antes de una década.


Mucho después de estos acontecimientos, teniendo ya la confirmación de lo que había sido previsible, un historiador musulmán anónimo dice, al referirse a la batalla de Lucena: « Lo más afrentoso de esta derrota fue la cautividad del emir Abú ‘Abd Allah Muhammad, porque ello fue la causa de la destrucción de la patria.


Sabedor Abú l-Hasan de lo que se estaba fraguando en Córdoba, y a qué precio iba Boabdil a comprar su libertad - lo que significaba, además, que el hijo rebelde volvería por sus fueros con el auxilio de los cristianos -, su primera medida, para conjurar el grave problema que se cernía sobre Granada y sobre su propia persona, fue tratar de mermar el prestigio de Boabdil, prestigio muy venido a menos con la derrota de Lucena, y de asegurarse que sus antiguos partidarios no le apoyarían de nuevo. No tardaría en decidir cómo podría lograrlo: recurriendo a la fibra más sensible de los musulmanes, o sea a su sentimiento islámico.


Abú 1-Hasan consiguió en buena medida su propósito, y, aunque no indique las verdaderas razones, subraya el hecho el autor de la Historia de la Casa Real de Granada:


Buelto el rey Chiquito a Granada, fue tan grande el aborrecimiento que le tomaron los suyos por aber hecho pacto con los cristianos y balerse de su fabor contra su padre, que todos los pueblos y muchos caballeros de los de su bando lo desampararon. Con que se hubo de recoger en Almería, de donde con ayuda de los cristianos de las fronteras proseguía la guerra contra su padre.


Esa toma de conciencia de los granadinos se debió a un «escrito conjunto» de las mayores autoridades en materia jurídica islámica con que contaba el Islam andalusí.


El documento es una fatwá incluida en la colección que compuso el famoso jurista Abu 1-‘Abbás Ahmad ibn Yahyá al-Wansharîsî (1430-1508) y que tituló Kitáb al­mi’yâr wa al-mugrib wa-l- ÿâmi’ al-mu'rib ‘an fatâwá ahl Ifriqiya wa-1-Andalus wa-1-Magrib, editada litográficamente en Fez entre los años 1896 y 1897.


La fatwá está fechada a mediados del mes de ramadán del año 888 - 17 de octubre de 1483 - y contiene la consulta hecha a los alfaquíes de Granada acerca de la postura que debían adoptar los musulmanes con respecto a la conducta de Boabdil, alzado contra su padre Abú 1-Hasan, y sobre la cualificación de esta sublevación, a lo que sigue el correspondiente dictamen. El documento fue, pues, redactado en vida del autor de al-Mi'yâr y es, por tanto, uno de los más tardíos que figuran en su magna compilación y, desde luego, uno de los últimos emitidos por los muftíes andaluces. El copista que escribió las páginas que corresponden a este pasaje (porque son varios los que corrieron con la no floja empresa de llenar los once volúmenes) declara al margen haber dispuesto de varias copias, si es que la apostilla no pertenece en realidad al manuscrito autógrafo de al-Wansharîsî, refiriéndose a las varias copias de la fatwá en cuestión llegadas a sus manos. Es razonable suponer que abundasen ya que, sin duda, dado el carácter de la misma y por razones políticas obvias, se trataría, en su momento, de darle la mayor difusión posible.


La consulta fue inspirada tal vez por Abú 1-Hasan, o dictada a tenor de sus instrucciones, asesorado por algún prestigioso ulema de toda su confianza. No consta, en cualquier caso, el nombre de la persona o personas que plantearon la cuestión, y queda también en el anonimato su destinatario. Aunque la consulta se inicia con un vocativo (sayyidi) que presupone un solo consultante y un solo consultado, el resto del documento usa siempre el plural de primeras y segundas personas (caso, el último, que podría entenderse como un plural mayestático). La respuesta, la fatwà propiamente dicha, fue elaborada, en todo caso, según consta en el documento, por una comisión de muftíes y alfaquíes cuyo nombres figuran todos en el mismo, precediendo al texto del dictamen. Probablemente, ante la gravedad de la situación con que se enfrentaba el reino de Granada y las dramáticas consecuencias previsibles, y la incertidumbre que acosaba más y más a cualquier musulmán, la cuestión sería largamente debatida por la flor y nata de los ulemas granadinos. Lo que no suponía sólo adoptar una decisión de acuerdo con las normas de la ley islámica - para lo que contaban con precedentes inequívocos en que apoyarse -, sino definirse políticamente, optar entre Abú 1-Hasan y Boabdil, sin poder saber cuál sería el giro de los acontecimientos y las consecuencias que el día de mañana iba a tener su decisión.


¿Cuál fue 1a repercusión de la fatwà en el reino de Granada? Sin duda, se multiplicaron las copias, y los pregoneros por calles y zocos la proclamarían incansables. El sereno y lúcido análisis de la difícil situación, expuesto en la consulta, y el firme tono, de condena del partido de Boabdil (prisionero en ese momento de los cristianos), con una mesurada promesa de perdón a los arrepentidos, contenido todo ello en la respuesta, con acopio de ayas coránicas, harían profunda mella en el ánimo y la conciencia de los musulmanes. Por lo mismo que los textos árabes no hablan de nuestra fatwá, tampoco por ellos podemos saber de su eficacia. Tal vez un eco lejano del golpe que produjo sean las palabras de Hernando del Pulgar cuando, libre ya Boabdil, pinta el cambio de conducta operado en la mayor parte de los granadinos:


E en este tienpo, los moros que estauan en obidiençia del rey viejo, sabido que el rey moyo era libre, que avía demandado al Rey gente para facer guerra a los lugares que le estauan rebeldes, conçibieron grand odio contra él, porque creyan que metería cristianos en su tierra para les facer guerra. E por esta causa fue aborregido de todos los moros, no fue bien reçebido por aquellos que avían sido en su parçialidat, e de quien ésperaua ayuda.


Buena parte del éxito logrado por la fatwá hay que anotarlo a la cuenta de los ilustres ulemas que - sinceramente, o por las dramáticas circunstancias que amenazaban de muerte al Islam andalusí - se prestaron a respaldarla con el peso de sus nombres.


Fatwà emitida en la ciudad de Granada


a mediados de ramadán del año 888


(17 de octubre de 1483)


Hicieron a los alfaquíes de Granada la siguiente consulta:


Señor mío - Allah esté satisfecho de vos y mantenga el provecho que de vos se saca -, [¿Cuál es] vuestra respuesta tocante a [esta cuestión?]:


Una facción de alcaides y caballeros de al-Andalus se volvieron atrás del juramento de fidelidad prestado a nuestro señor (mawlaná) Abú 1-Hasan - Allah le defienda -; se desligaron de su obediencia, y llevaron a cabo la proclamación de su hijo, habiendo además invitado a las gentes a que le reconocieran por soberano y encontrado ayuda por parte de cuantos Allah Altísimo, ha querido, hasta que, acaecida la rota de Lucena, en la que perdieron la vida buen número de ellos, fue hecho prisionero el propio príncipe, y los que lograron salvar la vida se exiliaron de la capital y buscaron refugio cerca del señor de Castilla - Allah le aniquile -, pidiéndole ayuda, acogiéndose a los lazos de su protección, y conviniendo con él [determinadas] condiciones a que han quedado obligados. [El cristiano] les ha prometido, en connivencia con el citado príncipe, salir con él a tierras musulmanas, y ha firmado un tratado de paz con los territorios que le prestan obediencia, viéndose claramente cuáles son los propósitos que abriga el infiel - Allah le arruine -, al hacer lo que hizo.


Dignaos dar vuestro dictamen en lo tocante a la conducta de estos musulmanes y, en primer lugar, si ésta puede encontrar respaldo en la Sharia, o si se trata, por el contrario, de pura y simple rebeldía contra Allah y de desobediencia a Allah y a su Enviado. Y en caso de que Allah disponga que abandonen las tierras cristianas, obstinados como están en su ardor por provocar la guerra civil y la disensión, si le es lícito a cualquier musulmán ayudarles en su intento y colaborar en él, y si es lícito a los habitantes de cualquier ciudad o castillo darles cobijo, y cuál es la sentencia divina contra quienes lo hagan, les ayuden, se adhieran a su causa o se pongan de su parte, de corazón o, con dichos y hechos. Hacednos una declaración que baste para iluminar con su luz y guiar con su orientación, y Allah haga durar en vosotros vuestra baraka, ensalce vuestro rango entre los grandes ulemas, y sean sobre vosotros la noble paz, la misericordia y las bendiciones de Allah.


La respuesta textual es la siguiente:


En el nombre de Allah, clemente y misericordioso. Allah bendiga y salve a nuestro señor Muhammad y a sus familiares.


Dictamen emitido por los señores ulemas, ilustres y sapientísimos, guías del género humano, lámparas en las tinieblas, en la sublime corte, Granada - Allah la guarde -, con respecto a la cuestión planteada arriba.


(Estos señores son: el muftí Abú 'Abd Alláh al-Mawwáq, el cadí mayor Abú `abd Alláh Muhammad ibn al-Azraq, el muftí Abú 1-Hasan `Ali ibn Dáwúd, el muftí Abú `Abd Alláh Muhammad al-Ya'dála, el imam Abú `Abd Alláh Muhammad al-Fajjár, el shayj y háÿÿ Abú 1-Hasan 'Ali a1-Qalasádi, el shayj Abú Hámid ibn al-Hasan, el cadí Abú `Abd Alláh Muhammad ibn Sarhúna, el imam Abú `Abd Alláh Muhammad al-Masaddáli, el imam Abú Muhammad `Abd Alláh al-Zulayyi, el imam Abú `Abd Alláh Muhammad al-Haddám, el profesosr y háÿÿ Abú Ya'far Ahmad ibn `Abd al-Yalil, el profesor Abú `Abd Alláh Muhammad ibn Fath, el cadí Abu `Abd Alláh Muhammad ibn `Abd al-Barr, el profesor Abú Ya'far Ahmad al-Baqanni - Allah haga durar la baraka de todos ellos y mantenga en su grado el rango de sabios que tienen).


La violación del juramento de fidelidad prestado a nuestro señor Abú 1-Hasan - Allah le guarde - por parte de las gentes responsables, y el haber llevado a cabo la proclamación de su hijo, no encuentran el menor respaldo en la ley de Allah, ni tienen más calificación que la de puro y simple negligencia y abandono de la obediencia debida a Allah y a su Enviado - Allah le bendiga y salve -, en razón de los muchos perjuicios que han ocasionado y que desagradan a Allah: la escisión del Islam en este país, abandonado a sus propios medios (garib); la división de su poder, después de haber estado unido; encender el fuego de la guerra civil y, por su causa, sembrar la enemistad y el odio en los corazones de los musulmanes y corromper la concordia. De esto dijo el Enviado de Allah - Allah lo bendiga y salve - «No es otra cosa que la muerte», por lo que significa: destrucción de los musulmanes, incitación al enemigo a extirpar de raíz la flor y nata de los creyentes y violar sus cosas más sagradas, todo lo cual está declarado ilícito en el Libro de Allah, en la sunna de su Enviado - Allah lo bendiga y salve -, y en la opinión unánime de los ulemas, aparte otros peligros evidentes, ya que apoyarse en los no musulmanes y pedirles ayuda cae con toda evidencia bajo la amenaza contenida en las palabras de Allah Altísimo: « ¡Oh, creyentes! No toméis por amigos a los judíos y a los cristianos, porque unos son amigos de los otros. Aquel de entre vosotros que los tome por amigos se convertirá en uno de ellos. Allah no es guía de la gente injusta». Y en estas otras palabras: «Aquel de vosotros que lo hiciere, se apartaría del camino llano».


Haber prestado juramento de fidelidad al príncipe prisionero es obstinarse en los errores y hechos ilícitos a que nos hemos referido e insistir en los crímenes y maldades que ya han perpetrado. Todo aquel que les dé amparo o les ayude de palabra o de obra, presta ayuda a la rebeldía contra Allah Altísimo y se pone en contra de la sunna de su profeta. Y todo aquel que se complazca en lo que hacen, o desee su victoria, tiene el deseo de rebelarse contra Allah en la tierra de Allah con la más grave de las rebeldías. Esta es la cualificación en tanto persistan en tal conducta.


Ahora bien, si vuelven a Allah y renuncian a la disensión y a la rebeldía en que se encuentran, los musulmanes tienen el deber de aceptarlos, porque Allah Altísimo dice: «Quien después de haber cometido injusticia vuelve a Allah y se enmienda, también Allah se vuelve a él». A Allah pedimos para que nos inspire el recto camino que debemos seguir, nos libre de la maldad de nuestras almas y afiance con bien nuestra concordia. El, que puede hacerlo, nos valga en ello.


Los señores mencionados en la lista anterior han declarado lo que queda escrito, redactado según sus palabras, en respuesta a la cuestión planteada, y lo admiten y reconocen como emanado de ellos, en pleno uso de sus facultades mentales y en perfecto estado para dar testimonio.


Se consignó por escrito el contenido de esta declaración a mediados del honrado mes de ramadán - háganos Allah conocer su bien - del año 888 [= 17 de oc­tubre de 1483].



Historia de los musulmanes en al-Ándalus. Los poemas de la Alhambra



LOS POEMAS EN LA ALHAMBRA


de Ibn al-Yayyâb


Ibn Zamrak se atribuyó en un muy conocido pasaje todos los poemas epigráficos de los palacios nasríes de Granada. Cosa poco probable y veraz debido a la leve conducta moral de Ibn Zamrak que quedó al aire la venganza póstuma, de su víctima, Ibn al-Jatîb en al Dîwân, en el que recogió la poesía de su propio maestro y protector Ibn al-Yayyâb, y que fue, autor de varios poemas que aun perduran en la “más lujosa edición del mundo”, en las paredes de la Alhambra.


Abû l-Hasan, ‘Ali ibn Muhammad ibn `Ali ibn Sulaymân ibn Hasan, conocido como Ibn al-Yayyâb había sido estudiado, más que por su poesía, por su relación con Ibn al-jatib o como wazir del sultán nasrí Yusuf I. Su diwân nos lo muestra como un prolífico poeta y su biografía como un perso­naje de insólita trayectoria vital en el contexto histórico del emi­rato nasrí.


En efecto, Ibn al-Yayyâb, nacido en Granada en 1274, fue durante más de cincuenta años kâtib del Diwân al-Inshâ' (trein­ta de ellos como arráez del mismo) y nueve de Dzû 1-Wizáratayn. Murió desempeñando sus cargos, de muerte natural: la peste ne­gra de 1348. Biografía realmente rara en el emirato nasrí, donde las conspiraciones, el veneno y el puñal acababan con todas las carreras políticas.


Durante su larga trayectoria como kâtib, su actividad parece centrarse en la composición de poemas panegíricos, es decir, casidas sultániyyas. Creemos que precisamente componer estos poemas era una de las funciones de los kuttáb nasríes, pues así parece probarlo la actividad literaria de los personajes que ocu­paron este cargo, ya como arráeces del Diwân al-Inshâ', como Ibn al-Yayyáb, Ibn al-Jâtib e Ibn Zamrak, o como simples kuttâb del mismo, como Ibn Sabrin o Ibn Safwân, a lo que hay que añadir que Ibn Zamrak consideraba como servicio el haber compuesto setenta y siete de estas casidas. Ibn al-Yayyáb será el kâtib-poeta de los emires Muhammad II, Muhammad III, Nasr, Ismâ'il I, Muhammad IV y Yúsuf I. Desde su primera casida que celebra las algaras de Muhammad II contra Jaén, cuando aun era un kâtib bisoño, hasta la última dedicada a Yúsuf I y fechada en 1334, cuando ya era Dzû 1-Wizarâtayn, lbn al-Yayyâb recogerá toda la agitada existencia «oficial» del emirato en sus casidas que celebran fiestas musulmanas, victorias, alar­des, etc.


Testigo de crisis políticas, guerras y cambios dinásticos, Ibn al-Yayyâb permanece imperturbable y celebra con las mismas pa­labras a los vencedores de hoy, que a los que lo fueron ayer. Su habilidad para sobrevivir a todas las tormentas se refleja igual­mente en el momento en que le llega el visirato, tras la batalla de Tarifa. Suya es la prudente política del emirato tras la derro­ta, pues el emir Yûsuf continuaba siendo considerado como me­nor, sin poder decidir más que sobre los alimentos de su mesa, según palabras de Ibn al-Jatîb.


Solamente un hecho afecta la imperturbable serenidad de Ibn al- Yayyâb: la muerte de su hijo Abû l-Qâsim al que llora en dos desconsolados poemas. En el corazón desgarrado del padre, ocupa el lugar del hijo muerto, el discípulo: Ibn al- Jatîb, al que enseña y protege como a un heredero espiritual que le sucederá en sus cargos. E Ibn al-Jatîb guardará siempre afecto y agradeci­miento a su maestro, al que dedicará largas referencias biográficas y poéticas en sus obras, además de reunir cuidadosamente su poesía en un diwân, después de haberle pedido, sin resultado, que lo hiciese el mismo.


Ibn al- Jatîb nos da a conocer a Ibn al- Yayyâb como un pro­lífico poeta cuya producción en verso, no se agota con el panegírico. Su poesía abarca muy variados asuntos, que van desde una serie de adivinanzas hasta los temas místicos. En este campo, la poesía de Ibn al- Yayyâb ofrece rasgos peculiares.


Es, sin embargo, el panegírico el que ocupa la mayor parte de su obra, y en este tema se incluyen los poemas epigráficos, que no son otra cosa que breves composiciones a la mayor gloria de los emires y que celebran sus construcciones, lo mismo que en otros poemas sus hazañas, o los acompañan hasta la sepultura, pues suyos son también algunos de los epitafios poéticos de las tumbas reales nasríes.


Actividad poética que no es excepcional, como sabemos, ya que coincide con la de Ibn Zamrak e Ibn al-Jatîb. Pero frente a los poemas epigráficos de este último, hoy desaparecidos, los de Ibn al- Yayyâb han tenido mejor fortuna y aún podemos leer dos series de ellos en la Torre de la Cautiva y en las hornacinas del Generalife.


El problema de la identidad de estilo de los poemas de la Alhambra, debido a la identidad de estilo de los poemas epigráficos anónimos de la Alhambra y los de Ibn Zamrak, estaría ya explicada en la identidad estilística entre la poesía de Ibn al­- Jatîb e Ibn Zamrak, tan manifiesta que era susceptible de ser in­terpretada como plagio.


La explicación se encuentra pues en las relaciones de los miembros del Diwân al-Inshâ' que creemos se parecería mucho a un taller donde los kuttâb, a modo de artesanos de la poesía y de la prosa rimada, trabajaban el sutil material de la lengua árabe bajo la dirección del arráez, que corregía y pulía los trabajos torpes de los aprendices y leía sus propias obras, destinadas a ser recitadas en los momentos solemnes. Esta clase de enseñanza recibió Ibn al-Yayyâb de Ibn al-Hakîm de Ronda, arráez del Diwân al-Inshâ' cuando él ingresó como kâtib, y que perfeccionó durante cincuenta años de funcionario-poeta, siem­pre en busca de una fórmula feliz que pudiera aplicarse en di­versas ocasiones como el modelo de una instancia; fórmulas que enseñaría a su discípulo Ibn al-Jatîb y éste a Ibn Zamrak. Cade­na casi artesanal, concebible en una poesía de versificadores, no de poetas. Veamos un ejemplo significativo: Ibn al-Yayyâb uti­liza una figura poética: el itrâd, que casi se da espontáneamente en los ansâb de Muhammad III, hijo de Muhammad II, nieto de Muhammad I y tercer emir de la dinastía:


¡Oh Muhammad hijo de Muhammad, hijo de Muham­mad, sus apellidos hacen que se eclipsen la luna y el sol!


Es el Imám, hijo del Imám, hijo del Imám, el vencedor excelso, el importante.


Este verso nos trae inmediatamente a la memoria el de Ibn Zamrak, que se refiere a Muhammad V:


¡Oh hijo del Imám, hijo del Imám, hijo del Imám, hijo del Imám, dinastía cuya gloria no se oculta!


Si no conociésemos que corresponden a autor distinto, creeríamoss que son obra de un mismo poeta.


Pero esta semejanza hace inviable cualquier identificación por medio del estilo de los poemas aun anónimos de la Alham­bra, aun cuando las coincidencias sean sorprendentes. Así nos encontramos que las inscripciones de las hornacinas del salón de Comares, cuyo autor ignoramos, dicen:


Aventajo a los más hermosos con mis adornos y mi coro­na y se inclinan hacia mí las estrellas.


Los dedos de mi artífice labraron el brocado, después de ordenar las joyas de mi corona.


Y guardan una gran semejanza con algunos versos epigráficos do Ibn al-Yayyâb como:


Torre grandiosa entre las torres, corona de la que se enorgullece la Alhambra.


Encanto de los ojos es la belleza de esta corona que se parece al brocado dorado.


Pero de la misma forma que de Ibn al-Yayyâb podrían ser de Ibn Zamrak o tal vez de Ibn al-Jatîb, autor también de poe­millas epigráficos sobre hornacinas y arcos.


En el diwán, los poemas correspondientes a la Torre de la Cautiva aparecen bajo el siguiente epigrafe cada uno: « Dijo lo que se escribió en el rincón de la calahorra nueva de la Alhambra » . En efecto, la Torre contiene cuatro poemas epigrá­ficos dispuestos en forma de rectángulos en sus cuatro rincones, escritos en letra magribi con vocales. El diwân nos permite co­nocer algunos fragmentos que no se han podido leer con el solo auxilio de la epigrafía, así como reconstruir los textos desapare­cidos y hoy erróneamente restaurados.


Los poemas de la torre de la cautiva


El diwán nos da el texto correcto y nos permite corregir la lectura:


I


1. - Torre grandiosa entre las torres,


corona de la que se enorgullece la Alhambra.


2. - Calahorra que se nos muestra y aparece,


como un alcázar que brilla con su luz ardiente.


3. - En ella hay obras primorosas en las que armonizan


y combinan las piezas únicas y las emparejadas.


4. - Hay en sus paredes labores de azulejo


y su suelo parece un maravilloso bordado.


5. - Le basta la fuerza del Islam


que humilla en ella a los miserables infieles.


6. - Se cubre de un tapiz de gloria cuando aparece


en ella el nombre de nuestro señor Abú 1-Haÿÿâÿ.


7. - Poseedor de la grandeza, de la bravura y de la generosidad,


auxilio del que implora, benéfica lluvia del que espera.


8. - De la estirpe de Sa'd, de los Banú Nasr, de los que


ayudaron y dieron hospitalidad al Señor de la Escala


¡Allah le bendiga y salve!


II


1. - Nada hay semejante a esta excelsa obra,


cuya fama se divulga por todas las comarcas.


2. - ¡Por Allah! Es una torre que a un león se asemeja,


celadora y vigilante. ¡Cuidado, que acomete!


3. - Tan adornada está la Alhambra con ella,


que se pavonea con sus bellos adornos como embriagada.


4.- Calahorra que sostiene a las estrellas del firmamento


y que cruzan las constelaciones.


5.- En cuanto a su construcción y sus amplios sillares,


su factura causa toda la admiración que se ha querido.


6: - Del rostro de Yûsuf surge para nosotros un sol,


que no se oculta en el ocaso.


7. - Por él gustamos de todo el bien que nos regocija,


y por él nos defendemos de todo mal que, nos sorprende.


8. - De la estirpe de Nasr. ¡Continúe victorioso y feliz


y construya lo que quiera como quiera!


III


1. - Esta obra ha adornado la Alhambra;


es una morada para el guerrero y para el pacífico.


2.- Calahorra que defiende a un alcázar, te preguntarás


si es una fortaleza o un lugar de recreo.


3. - Un alcázar, cuyo techo, suelo y cuatro paredes


se reparten el esplendor.


4.- En el estuco y en los azulejos hay maravillas,


pero aun más extraordinario es su artesonado.


5. - Ha reunido todas estas maravillas y las ha levantado


donde tienen el más elevado lugar.


6.- Parecen figuras poéticas: paranomasias,


aliteraciones y estrofas alternadas.


7. - Nos muestra el rostro de Yúsuf como una señal


donde se reúnen todas las perfecciones.


8. - Su gloria es de la tribu de Jazraÿ, cuyas obras


en pro del Islam son una aurora que esparce luz.


IV


1. - Ha ennoblecido la Alhambra una noble torre


que en el espacio ha colocado el más noble Imâm,


2. - Calahorra que contiene un alcázar: te preguntarás


si es una fortaleza o una morada de recreo.


3. - En sus paredes hay inscripciones que sobrepasan los límites


de la elocuencia, pues su' belleza es indescriptible.


4. - ¡Mira y observa! Cada figura está proporcionada,


las hay en dobles hileras y separadas por clases.


5. - Siempre que mires, verás dibujos que parecen


que han sido bordados con oro y sobredorados.


6. - Obra maravillosa que fue producida por una sabiduría


que no es sobrepasada sino por el califa Yûsuf.


7. - Rey vencedor de reyes, cuya gloria merecería


consignarse en el Libro Sagrado.


8. - De la estirpe de los Ansâr ¡Continúe para él su reino


la victoria y avance en su esfuerzo en pro del Islam!


Las poemas de la hornacinas del Generalife


Estos poemas se encuentran rodeando las hornacinas del pórtico norte del llamado «patio de la Alberca» del Generalife. La única lectura realizada sobre ellos es la de A. R. Nykl, pues estuvieron cubiertos de cal durante mucho tiempo.


I


1. - Arco en la puerta del salón más feliz,


para servir a la Majestad como mirador.


2. - Por Allah, qué bello es, levantado


a la derecha del rey incomparable


3.- Cuando los vasos de agua aparecen en él,


son como doncellas subidas a lo alto.


4. - Regocíjate con Ismâ’il porque por él


Allah te honró y te hizo feliz.


5. - Perdure con él, el Islam con una fortaleza,


alta de poder que es la mano del trono.


II


1. - ¡Oh arco de la puerta del salón más grande,


alégrate y regocíjate con Ismâ'il


2. - Porque el Misericordioso honró tu morada,


cuando sirves la casa del rey más puro.


3. - Tú, en su servicio, estás levantado


en un mirador en el lado izquierdo.


4. - Son jarros de agua que parecen


5. - ¡Perdure por él, el Islam con una fortaleza


alta de poder, que es la mano de los tiempos.


Otros poemas epigráficos de Ibn al-Yayyáâb


Además de los que se conservan en la Torre de la Cautiva y en el Generalife, Ibn al-Yayyâb compuso otros poemas para ser grabados en los palacios, edificios y objetos de los emires nasríes, de los que nos limitaremos a dar noticia porque no se han conservado: Dos poemas que forman pareja y que se escri­bieron en los arcos (táq), derecho e izquierdo de un maÿlis de la casa real, dedicados a Ismâ`íl I; un poema grabado en un jarrón, dedicado a Ismá'il I; un poema dedicado a Yusuf I y destinado a escribirse en una qubba,; un poema dedi­cado a Yúsuf 1 y destinado a escribirse sobre el arco de la casa de la tinaja (al-jâbiya); un poema destinado a escribirse sobre un tirâç que fue regalado al sultán meriní Abû l-Hasan; dos poemas destinados a escribirse sobre el trono de una novia; y un poema destinado a escribirse sobre la puerta de la madrasa nasrí de Granada.


Los epitafios


Ibn al-Yayyáâb compuso otra serie de poemas epigráficos: los epitafios poéticos de las tumbas de los emires Muhammad II, Muhammad III, e Ismâ’il I y también del arráez Abû Sa'îd Faraÿ ibn Ismâ'il ibn Nasr y de un príncipe desconocido.


La mayor parte de las inscripciones de las lápidas funerarias han sido estudiadas hace tiempo especialmente a través de los textos de Ibn al-Jatîb, ya que éste se cuidó de recoger los dobles epitafios de los emires, uno en prosa y otro en verso, en sus respectivas biografías de la Ihâta y de la Lamha. Pero atribuyó erróneamente a Muhammad III la doble inscripción correspon­diente a la lápida de Muhammad II. El texto del Diwân co­rrige este error al atribuir a cada uno de los sultanes un epitafio poético distinto, a Muhammad II el ya conocido y a Muham­mad III, otro distinto e inédito:


- Este es el lugar de la justicia y el bien,


la tumba del Imâm, califa del Misericordioso.


- Morada del héroe, vencedor excelso,


cuyas buenas obras están en todas las bocas.


- Enseña de la buena dirección, ponzoña para el enemigo,


lluvia de la generosidad, noble rey, defensor del Islam.


- El que extrajo de la mina de la gloria


lo que anudó los lazos de la corona.


- No era sino la luz clara de la justicia,


que ilumina con sus rayos todo lugar.


- No era sino un mar pleno de generosidad,


que cubre a la humanidad con su profundidad.


- No era sino un león valeroso, encerrado en su cubil


al que arrojó al mundo la mano de la obediencia.


- ¡Qué maravilla! Una montaña de clemencia que se ha ocul­tado


en la tierra después de haberse elevado a las alturas de Saturno.


- ¡Oh tumba!, en cuyo interior está la buena


dirección de la virtud y la excelencia del poder.


- ¡Oh noble señor, que procede


de la estirpe real de Qahtáni.


- ¡Oh heredero de los Ansâr en la sincera firmeza,


de la elite escogida de `Udnân!


- ¡Oh hijo de los dos Imâm. ........


que fueron refugio del desarraigado y reposo del afligido.


- Ellos fundaron con lanzas y espadas


un reino alto y de elevados fundamentos.


- Con su dirección y su luz renacieron


los caminos para el pecador descarriado.


- Muhammad, hijo de Muhammad, hijo de Muhammad,


sus apellidos eclipsan la luna y el sol.


- De la estirpe de Nasr, de los que ayudaron a la revelación


verdadera, en los límites del Yemen, al que protege la felicidad.


- Te lloran los monumentos islámicos


y los esclarecidos edificios que construiste.


- Te lloran los ejércitos victoriosos


que tú enviaste contra las cruces.


- Te llora el que esperaba la gracia que colmase sus deseos.


y el que recogía las abundantes cosechas de tu generosidad.


- Te llora el temeroso al que habías dado seguridad


y aquél al que habías recompensado por marchar contra el enemigo.


- Te lloran amigos y parientes


que rivalizan en la apasionada tristeza.


- Si fuese posible rescatarte, lo harían los rehenes


de la pena, prisioneros desde tu pérdida.


- ¡Oh mundo! Cuando vivimos en paz, nos traes


la pena de esta pérdida, como una guerra.


- Te han olvidado pero la mano de la lluvia generosa


siempre volverá a este lugar.


- Te has rodeado de la compañía de palacios, cuya belleza


es morada de lo extraño, de lejano origen.


- Pero Allah tiene su parte y nos basta,


pues es parte justa la de Allahumma, el Juez.


Este poema nos ha hecho pensar que una lápida reciente­mente aparecida en Torrijos, pueda ser precisamente la corres­pondiente a la tumba de Muhammad III, hipótesis que se basa en los siguientes puntos:


1. - Se cree que la grafía y motivos ornamen­tales de esta lápida son semejantes a los de la Alhambra correspondientes a la primera mitad del siglo XIV, y es la lápida de Muhammad III la única de esta época cuyo texto no se conoce debido al error de lbn al-Jatîb mencionado antes, teniendo en cuenta que los fragmentos de la inscripción de Torrijos no co­rresponden a ninguno de los textos conocidos.


2. - Las pocas palabras legibles de esta lápida nos permiten asegurar que corresponden al texto en prosa del posible doble epitafio. Una comparación con las inscripciones que se conservan en los textos de Ibn al-Jatîb indica que los epitafios en prosa y verso, que iban respectivamente por las caras anterior y poste­rior de cada lápida tenían proporciones semejantes en extensión. La de Torrijos tiene exactamente 28 líneas, el mismo número de versos que el poema funerario que acabamos de dar a conocer.


3. - Las líneas 26 y 27 de la lápida de Torrijos por su posición estructural en el texto y su contenido parecen las dedicadas a las fe­chas de nacimiento, proclamación, etc. En la línea 27 creemos que podría ser la fecha de destitución de Muhammad III, ocurrida en el `Id al-Fitr del año 708 (14 de mayo de 1309).


Hemos mencionado también la existencia de un poema para el epitafio de un príncipe que aparece en el Diwân bajo el epí­grafe: «Dijo unos versos para ser escritos sobre la tumba del sultán wâli l-`ahd ....... ¡Allah tenga misericordia de él! » . No conocemos ningún personaje nasri que llevase este doble título opuesto: sultán y wáli l-`ahd, soberano y príncipe here­dero, ni siquiera tenemos noticia de ningún wáli l-`ahd en esta época que muriese antes de llegar al emirato. Una posible explicación sería que se tratase del epitafio de la tumba de Abû 1-Malik, el hijo del sultán meriní Abû l-Hasan, muerto en al-­Andalus y seguramente allí enterrado y que era señor de las fortalezas andalusíes cedidas a los meriníes y wâli l-`ahd de su padre.


En el poema del epitafio no se menciona la genealogía nasri y se le llama muÿâhid :


- Este es el lugar de la nobleza más plena,


la tumba del Imâm, el puro y el más justo.


- Islam y mundo están contenidos en el


interior de esta excelente tumba.


- Lugar de la misericordia, morada de la satisfacción,


que ha ennoblecido éste que mora en ella.


- ¿Qué es lo que reúne nobleza esclarecida


- Lápidas superpuestas sobre una montaña de prudencia


que daba firmeza a quien se tambaleaba.


- Mar de generosidad en cuya agua dulce


bebían continuamente todos los hombres.


- Aunque el sol de las alturas se oculte en el polvo,


no desaparece su luz fulgente.


- Sus obras se han divulgado entre la gente,


con un testimonio verídico que es incuestionable.


- Su conducta fue de tal modo,


que él abrió la puerta de la buena dirección.


- Combatiente en el ÿihâd por su Señor,


que extendió con una luz brillante.


- ¡Allah le envuelva con los ropajes de la satisfacción,


y le conceda sus abundantes dones!


- ¡Siga en la proximidad del Profeta de la sunna,


el mejor de los hombres, el más puro, el enviado!