DEL MINBAR AL SAGRARIO: LA
CONVENIENTE CONVERSIÓN DE LAS MEZQUITAS ANDALUSÍES
Una serie de
puertas de sagrario con decoración andalusí e inscripciones eucarísticas
latinas, conservadas en colecciones españolas e internacionales, y con origen
en las cámaras de minbar de las mezquitas, nos enseñan que la cultura material
de al-Andalus fue asimilada en los reinos cristianos ibéricos, además de por
razones de naturaleza ideológica y estética, por otras, en principio más
prosaicas, como la economía o la conveniencia política y militar
Luis Rueda Galán
Instituto de Historia-CSIC
Puerta de sagrario de la catedral de Jaén (detalle), c. 1400-50. Museo
Arqueológico Nacional, Madrid. Ángel Martínez Levas
No hace mucho,
cuando terminaba la tesis, dedicada a la conversión de las mezquitas
andalusíes, y llegada la hora temible de las conclusiones, una pregunta me
quitaba el sueño, para la cual, aún después de años sumergido en el tema, no
tenía una respuesta cierta: ¿por qué conservaron los cristianos durante siglos
los edificios de las mezquitas sin alterarlos en su esencia? Espero no quedar
en mal lugar si confieso que sigo sin tenerlo del todo claro. La sede primada
de Toledo, ciudad conquistada en 1085, bisagra del cambio de dinámicas, estuvo
dentro de una mezquita hasta muy avanzado el siglo XIII. Las magníficas
catedrales de Palma, Valencia o Murcia sustituyeron a mezquitas cristianizadas
fundamentalmente a partir del XIV. La monumental aljama del califa Yaʿqūb
al-Manṣūr en Sevilla no se derribó hasta casi mediados del XV, conservándose
hoy una parte importante. Dentro de la tan renacentista, y tan barroca,
catedral de Jaén pervivían naves de su mezquita mayor almohade en el año 1700.
Sin mentar Córdoba, caso excepcional por tantísimos otros motivos.
Se trata de
una cuestión que, más o menos directamente, ha sido abordada desde distintas
disciplinas, con enfoques teóricos y metodologías diversas, las cuales han ido
esbozando una serie de factores que ayudan a entender la conservación de las
mezquitas. El primero tiene que ver con la seguridad de los reinos cristianos,
y es de una lógica aplastante: cuanto más alejada se encontrase la frontera más
garantías se tenían de que la enorme inversión que suponía la construcción de
una gran iglesia en piedra no cayera en saco roto, puesto que podía ser
destruida en un ataque. Así, podríamos explicar por qué, por ejemplo, durante
los reinados de Fernando III y Alfonso X, a la vez que se mantenían las
mezquitas cristianizadas de Baeza, Jaén —ambas destruidas finalmente durante
incursiones nazaríes en el s. XIV—, Córdoba o Sevilla, se impulsaba la
construcción de algunas de las grandes catedrales góticas de la corona de
Castilla-León; entre ellas la de Toledo, bien asegurada ahora tras el control
del sur de la Meseta y la expansión territorial por el valle del Guadalquivir.
Otro de estos factores, explorado desde la historia del arte, está relacionado,
obviamente, con cuestiones estéticas y simbólicas. De un lado, una cierta
—aunque, en ocasiones, sobredimensionada— “maurofilia” de las élites cristianas
y el aprecio por la cultura material de al-Andalus, visible, por ejemplo, en el
empeño de los reyes castellanos, de Alfonso X a Fernando IV, en que los
cabildos catedralicio y civil de Córdoba facilitaran el empleo únicamente de
artesanos de origen andalusí en las reparaciones y mantenimiento de la mezquita
cristianizada, con el fin de preservar al máximo su imagen original.
Sobre estas
cuestiones reflexionaba al preparar mis conclusiones cuando, de repente, me
vino a la cabeza el manoseado mantra de James Carville, asesor de Bill Clinton
en su campaña presidencial de 1992: “the economy, stupid!”. Y es que es bien
cierto que la situación política y militar en la Península determinó la forma
de emplear las mezquitas convertidas. Y no lo es menos la asimilación cristiana
de la cultura andalusí, y que el uso público de las imágenes y símbolos era, y
es, una forma tremendamente efectiva de lanzar mensajes a las masas, ya que, en
el fondo, como aseguraba el historiador del arte y neosufí Titus Burckhardt,
“toda forma vehicula una cierta cualidad de ser”. Pero, por encima de estas
consideraciones, si hay un factor determinante, y a menudo olvidado desde las
historias del arte y de la cultura material —no sin cierta ironía—, es la
economía, motor primero de todo artefacto y obra de arte jamás elaborada.
Existe un
discurso todavía aceptado en la historiografía según el cual la asimilación de
la cultura material andalusí se debería a un supuesto espíritu integrador y
especialmente sensible hacia el islam de ciertas élites cristianas. La realidad
es mucho más compleja y menos literaria y sentimental. Si analizamos con cierta
deseable asepsia identitaria las fuentes y las evidencias materiales, el
interés de castellanos, aragoneses y portugueses por reutilizar lo andalusí no
parece nacer del amor filantrópico hacia el otro, aunque algo de ello se pueda
encontrar en casos puntuales, sobre todo desde posturas retóricas, sino
fundamentalmente de la necesidad política y económica, o tanto monta.
Aunque la
cultura material y la historia del arte no fuesen probablemente lo que Brian
Catlos tenía en mente cuando introdujo en el debate el término “conveniencia” —en contraposición a
la idealizada “convivencia”—, lo cierto es que, este tipo de mentalidad
pragmática de los poderes cristianos durante la conquista de al-Andalus se
ajusta como un guante a nuestro fenómeno. En mi opinión, los edificios de las
mezquitas se conservaron durante siglos fundamentalmente porque convenía a la
situación política y militar, y porque costaba mucho menos dinero que
derribarlas y levantar catedrales en su lugar. Simple y llanamente. Los
aspectos simbólicos y estéticos fueron como la guinda del pastel, el remate de
una narrativa ideológica y apologética que se iba construyendo en paralelo —y,
en muchas ocasiones, con posterioridad— al acto de la conquista de las ciudades
andalusíes porque convenía, no la causa misma de la asimilación.
No voy a
ocuparme en lo que me queda de la cristianización de las mezquitas de
al-Andalus, asunto que sobrepasaría los límites de una monografía, pero sí de
uno de sus aspectos más interesantes y que ejemplifica a la perfección la
visión de la asimilación de su cultura material que pretendo trasmitir: la
frecuente reutilización de las cámaras de minbar como sagrarios.
Minbar móvil
almorávide de la mezquita Kutubía de Marraquech, posiblemente parecido al que
existía en Córdoba. Wikimedia
Commons.
Todo parece
indicar que la costumbre andalusí de emplear manābir (minbares)
portátiles, y guardarlos los viernes tras la ḫuṭba en
estrechas cámaras adyacentes al miḥrāb, tuvo su origen, como tantos
otros aspectos, en la Mezquita de Córdoba tras la ampliación del edificio en
época de al-Ḥakam II. Si bien autores como al-Idrīsī ya dieron cuenta de su
existencia en el siglo XII, es Ibn ʿIḏārī quien fecha la terminación del nuevo
y lujoso minbar de la aljama cordobesa, ordenado construir por el propio
califa, en muḥarram de 365/975, es decir, casi diez años después de que
concluyesen las obras en la quibla. Como bien argumentó Félix Hernández, este
minbar debió de estar en origen fijo al muro de quibla —como siguió siendo
costumbre en buena parte del Oriente islámico— y convertido en móvil
posteriormente, puesto que en el proyecto de la ampliación de al-Ḥakam II no se
había previsto un lugar donde custodiarlo, de ahí que se destruyeran parte de
los mosaicos a la derecha del miḥrāb para construirle una cámara. Un hueco que
fue cegado —y los mosaicos restituidos— durante las restauraciones del edificio
en el siglo XIX. Hernández localizó el vano de acceso a esta cámara a mediados
del siglo pasado y la documentó, siendo sus dimensiones 3’95 x 0’95 m. Entender
las medidas, en esta historia, es capital. El empleo del minbar móvil se
generalizó desde entonces en al-Andalus y el Magreb, como nos indican, además
de la magnífica serie de ejemplares de los siglos X-XII conservados en
Marruecos y Argelia, la presencia de cámaras de mimbar de dimensiones análogas
en varias antiguas mezquitas en la península ibérica, especialmente de épocas
almorávide y almohade: la aljama de Sevilla —solo documentada en fuentes—, la
de Almería, la de Mértola o los restos de la mezquita conservada en el Castillo
de san Marcos en El Puerto de Santa María (al-Qanāṭir).
Una vez que se
acelera la expansión territorial de los reinos cristianos peninsulares, con más
intensidad desde principios del siglo XIII, se produce la conversión de una
gran cantidad de mezquitas aljamas —es decir, con minbar— en importantes
ciudades andalusíes. Tras la conquista, el destino de estas mezquitas era
generalmente albergar una catedral o iglesia mayor. Después de llevar a cabo
las operaciones básicas para la conversión, unas de tipo simbólico —ceremonias
de purificación, dedicación, etc.— y otras más prácticas —cambio de
orientación, situación del altar mayor, etc.—, los clérigos a cargo del
edificio debían decidir la ubicación del resto de dependencias, como capillas,
sacristía, o el lugar que albergaría los objetos más sagrados, el sagrario. En
las iglesias ibéricas antes del siglo XIII, este espacio consistía generalmente
en un hueco o armario de dimensiones no muy grandes abierto en el muro del
ábside lateralmente al altar mayor. Por ello, el lugar dedicado a tal fin en
una mezquita debía cumplir ciertos requisitos: encontrarse no muy lejos del
altar y lateralmente con respecto a él, no tener unas dimensiones excesivas y
estar decorado conforme a la dignidad que requería su contenido . Una vez que
se giraba la orientación de las mezquitas 90º para adecuarse a la liturgia
cristiana, las cámaras de minbar cumplían estos requisitos de forma general.
No nos ha
llegado ningún ejemplo de las puertas de madera que cubrían las cámaras de los
minbares de las mezquitas andalusíes, pero sí que encontramos algunos paralelos
contemporáneos en Marruecos, como en la fase de renovación almohade de la
mezquita al-Qarawiyyin de Fez. Constaban de dos hojas de madera de dimensiones
similares a las de Córdoba, con una altura que solía superar los 3’5 m y una
anchura entre los 0’75-1 m. Se decoraban con frecuencia con dos motivos
ampliamente utilizados en las artes islámicas, estrellas de lacería con
ataurique en sus espacios interiores (azafates).
Muro de quibla
de la antigua mezquita mayor de Almería, con cámara de mimbar modificada a la
derecha. Ortofoto cortesía de Yamur Arquitectura, S.L.
Aunque hay
constancia de la reutilización de las cámaras alrededor del miḥrāb en
varias grades mezquitas cristianizadas en el siglo XIII, el caso más claro lo
encontramos en la antigua mezquita mayor de Almería, cuyos restos se pueden ver
hoy en el interior de la iglesia de san Juan Evangelista. El edificio, del cual
se conserva el miḥrāb y buena parte de su muro de quibla, fue excavado y
restaurado por Leopoldo Torres Balbás entre 1934-36, y estudiado también por
Christian Ewert hacia 1970. Probablemente construida a finales del siglo X, la
mezquita sufrió diversas ampliaciones, la última, a la que correspondería la
decoración del miḥrāb, de época almohade, siendo convertida en
iglesia mayor en 1489, tras la conquista cristiana de la ciudad, y elevada a
catedral en 1492. Fue abandonada temporalmente en 1522 tras los severos daños
sufridos durante un seísmo —lo que propició la construcción de una nueva
catedral al este de la ciudad—, y reconstruida como iglesia parroquial en
estilo renacentista a partir de finales del siglo. Durante las primeras obras
de restauración, en el muro de quibla, a la derecha del miḥrāb, se
localizó otro vano de 3’95 m x 1’05 m, el cual se identificó, sin demasiadas
dudas, como una cámara de mimbar. En torno a la época de la cristianización, su
altura se había rebajado, por arriba con un nuevo dintel con arco de perfil
mixtilíneo de estilo tardogótico y, por abajo, con unos escalones desde el
nivel del suelo; además se habían construido jambas nuevas, que estrechaban
algo más la luz del vano, resultando en uno nuevo de c. 1’90 x 0’90 m.
Tabla 1.
Puertas de sagrario con decoración andalusí conocidas
|
No. |
Fecha |
Ubicación |
Origen |
Texto
epigráfico |
Medidas cm. |
|
1 |
ca.
1300-1350 |
Catedral de
Sevilla |
Sevilla |
Juan 6: 50,
56-58 |
248 x 146 |
|
2 |
ca.
1400-1450 |
Hispanic
Society of America, Nueva York (Inv. D73) |
Sevilla |
1 Corintios
11: 23-25 |
182 x 67 |
|
3 |
ca.
1450-1500 |
Perdida,
vendida en Granada ca. 1900 |
Jaén |
– |
? |
|
4 |
ca.
1450-1500 |
Museo del
Louvre, París (Inv. AD 7674 a) |
¿Sevilla? |
Juan 6: 51,
54, 56 |
178 x 91 |
|
5 |
ca.
1450-1500 |
Iglesia de
San Martín, Sevilla |
Sevilla |
Juan 6:
51-52, 56-57 |
201 x 97 |
|
6 |
ca.
1450-1500 |
Museo
Arqueológico Nacional, Madrid (Inv. 57833) |
Jaén |
Bula Transiturus
de Mundo |
210 x 98 |
|
7 |
ca.
1450-1500 |
Iglesia de
san Andrés, Jaén |
Jaén |
Oficio
Corpus Christi |
181 x 79 |
|
8 |
ca.
1400-1500 |
Perdida en
1936 |
Aracena
(Huelva) |
Juan 6:
51-53 |
? |
|
9 |
ca. 1500 |
Cleveland
Museum of Art (Inv. 1915.565) |
¿? |
– |
170 x 86 |
|
10 |
ca.
1500-1525 |
Museo
Arqueológico Nacional, Madrid (Inv. 57662) |
Jaén |
Himno
Ascensión |
190 x 84 |
|
11 |
ca.
1500-1525 |
Hispanic
Society of America, New York (Inv. D45) |
Baeza (Jaén) |
– |
201 x 97 |
|
12 |
ca.
1500-1525 |
Iglesia de
Ntra. Sª de las Nieves, Alanís (Sevilla) |
Alanís
(Sevilla) |
– |
¿? |
|
13 |
ca.
1500-1525 |
Iglesia del
Salvador, Calzadilla de los Barros (Badajoz) |
Calzadilla
de los Barros (Badajoz) |
– |
¿? |
|
14 |
ca.
1500-1550 |
Museo del
Louvre, París (Inv. AA 320 a) |
¿ ? |
– |
167 x 76 |
Estas últimas
medidas se encuentran, precisamente, en la mediana de una serie de puertas de
sagrario con decoración andalusí, construidas entre los siglos XIV y XVI, y
conservadas en diferentes colecciones españolas e internacionales. Si bien
Emilio Camps, en su estudio pionero de 1927, se ocupaba de ocho de ellas, hoy
podemos encontrar hasta 14 repartidas por iglesias españolas y museos de Europa
y EEUU (Tabla 1). Además de las medidas, comparten una serie de características
derivadas de su origen en las cámaras de minbar, como la decoración, también
con estrellas de lacería y motivos vegetales cercanos al ataurique, o la
policromía, a base de rojo, azul y verde con detalles dorados. No todas
resultan de la adaptación de una cámara de minbar, sino que la mayoría de ellas
son reiteraciones de modelos primitivos de las mezquitas convertidas, puesto
que estas últimas devenían, generalmente, en iglesias de prestigio (catedrales,
colegiatas, etc.).
Puerta de
sagrario, c. 1300-50. Catedral de Sevilla. Fotografía de J. Laurent y Cía., c.
1860-80. Fototeca del IPCE.
Lo que las
diferencia de otro tipo de puertas son las alusiones, tanto epigráficas como
decorativas, a su función eucarística. En este sentido, podemos distinguir dos
grupos, los cuales se dividen, además, por criterios cronológicos. En los
ejemplares más antiguos, desde la primera mitad del siglo XIV hasta la segunda
del XV, encontramos todo en rededor una banda epigráfica latina, la cual suele
incluir fragmentos de textos relativos a la institución de la Eucaristía o a la
fiesta del Corpus (Juan 6; 1 Corintios 11; bula Transiturus de Mundo;
oficio del Corpus, etc.). En los ejemplares más modernos, entre finales del
siglo XV y mediados del XVI, la banda epigráfica es sustituida por un marco
decorado con tallos y hojas de vid, igualmente simbólicas de la Eucaristía.
Solo una parte continúa en las mismas iglesias para las que fueron creadas,
todas, evidentemente, en el tercio sur de la Península: catedral de Sevilla,
iglesia de san Martín en Sevilla, la de san Andrés en Jaén, la de Ntra. Sª de
las Nieves en Alanís de la Sierra (Sevilla) o la del Salvador en Calzadilla de
los Barros (Badajoz). El resto, conservadas en importantes colecciones (MAN,
Louvre, Hispanic Society of America, Cleveland Museum of Art), fueron sacadas
de sus contextos —algunas de forma manifiestamente irregular— y puestas en el
mercado internacional de antigüedades a principios del siglo XX, por tanto,
desconocemos su origen preciso en gran medida.
Puerta de
sagrario de la catedral de Jaén, c. 1400-50. Museo Arqueológico Nacional,
Madrid. Ángel Martínez Levas.
Puerta de
sagrario procedente de Andalucía, c. 1450. Museo del Louvre, París. Hughes
Dubois.
Puerta de
sagrario de la catedral de Baeza, c. 1500-25. The Hispanic Society of America,
Nueva York.
Puerta de
sagrario, iglesia de Ntra. Sª de las Nieves, Alanís de la Sierra (Sevilla), c.
1500-25
Salvo en algún
muy destacado caso, como en la decoración de la puerta perteneciente a la
catedral de Sevilla, donde aparece la palabra “Allāh” grabada con caracteres
cúficos en el sino de las estrellas —más bien soles, aunque no pueda ocuparme
aquí de esta fascinante conexión alegórica y su uso en contextos cristianos—,
fue la conveniencia, la economía, el motivo por el cual comenzaron a instalarse
sagrarios en estos espacios, sin que se encuentren, por el contrario,
demasiados de naturaleza simbólica conectados a los conceptos que podía evocar
el minbar a los cristianos ibéricos del siglo XIII y que justificaran su
reutilización. En definitiva, ejemplos como este, nos muestran que la economía,
tanto en su sentido más puramente crematístico como en el de la eficacia en el
empleo de esfuerzos y recursos disponibles, fue la hoja de ruta principal que
guio la mayoría de las conversiones de grandes mezquitas andalusíes, y quizá no
tanto otras motivaciones de tipo ideológico y simbólico, las cuales, aunque sin
duda existentes —sobre todo en edificios de especial significación histórica,
como la mezquita de Córdoba—, han sido invocadas con más frecuencia desde las
historias del arte y la cultura material.
Para ampliar:
·
Camps Cazorla, Emilio (1927). “Puertas mudéjares con inscripción
eucarística”. Archivo Español de Arte y Arqueología 3 (8),
197–220. https://prensahistorica.mcu.es/es/publicaciones/numeros_por_mes.do?idPublicacion=1001582&anyo=1927.
·
Catlos, Brian A. (2020). “«Conveniencia» en tiempos de los Reinos
Taifas”, Al-Andalus y la Historia: https://www.alandalusylahistoria.com/?p=2097.
·
Ewert, Christian (1971). “El miḥrāb de la mezquita mayor de Almería”, Al-Andalus 36
(2), 391–460.
·
Hernández Giménez, Félix (1959). “El almimbar móvil del siglo X de la
Mezquita de Córdoba”, Al-Andalus 24 (2), 381-99.
·
Fierro, Maribel (2007). “The movable minbar in Cordoba: how the Umayyads of
al-Andalus claimed the inheritance of the Prophet”, Jerusalem Studies
in Arabic and Islam 33, 149-68.
·
Franco Mata, Ángela (2005). “Carpintería mudéjar: puertas de sagrario
andaluzas”. Goya. Revista de Arte 309, 354–67.
·
Rueda Galán, Luis (2023). “From the minbar to the tabernacle: the
transcultural journey of the Andalusian eucharistic doors”, Journal of
Medieval Iberian Studies 15 (1), 106-30. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/17546559.2023.2169321.
·
Torres Balbás, Leopoldo (1953). “La mezquita mayor de Almería”, Al-Andalus 18
(2), 412-30.








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