BUFONES Y
MASCARADAS EN LA CÓRDOBA OMEYA
La presencia
de bufones en los entornos cortesanos es bien conocida. En su tiempo de ocio,
no pocos soberanos omeyas o ʿabbāsíes utilizaron
a los bufones que parodiaban a las autoridades políticas y
religiosas
Ilustración de
las Maqamat de al-Hariri, Biblioteca Nacional de Francia,
ms. Arabe 6094, f. 126r
En su Muqtabis,
obra cumbre de la historiografía andalusí, recogió Ibn Ḥayyān (m. 1076) un
largo fragmento de la obra histórica de Ibn Ḥazm, Naqṭ al-ʿarūs. Se
trata de un texto muy conocido y ampliamente citado, ya que supone, entre otras
cosas, un raro ejemplo de censura dirigida contra uno de los príncipes omeyas
más importantes de la dinastía cordobesa: nada menos que ʿAbd al-Raḥmān III, el
primero de ellos que adoptó el título califal.
No voy a
entrar en las razones que llevaron a Ibn Ḥazm a denunciar la conducta desalmada
del califa y su inclinación hacia el desenfreno y el libertinaje. Cabe señalar,
con todo, que el propio Ibn Ḥazm, en otra de sus obras —la más famosa de
todas, El collar de la paloma—, hace constar que podría
incluir en ella muchos relatos sobre las relaciones amorosas de los omeyas,
pero que, precisamente por su estatus como defensores de la fe, considera que
no deben airearse estas cosas fuera de su círculo íntimo. No tuvo Ibn Ḥazm esa
reserva cuando escribió el Naqṭ al-ʿarūs, pero, en cualquier
caso, lo que cuenta allí sobre ʿAbd al-Raḥmān III —y que sólo se ha conservado
en la recopilación historiográfica de Ibn Ḥayyān— tiene el interés evidente de
desmarcarse de la historiográfica áulica y sus usuales retratos laudatorios de
los soberanos. Quisiera referirme aquí, por otra parte, a un aspecto muy
concreto de ese relato acusador, que presenta rasgos particulares y aún no
resueltos.
El texto, que Ibn Ḥazm presenta con garantías de veracidad, apoyada en informaciones de personas cercanas a la dinastía omeya, se articula en torno a una serie de sucesos en los que el califa actuó con manifiesta brutalidad: la ejecución de dos esclavas, en dos escenas diferentes, aunque ambas de una crueldad fuertemente teñida de sadismo; la utilización de leones para aterrorizar a los delincuentes y el “uso” de esclavos negros como arcaduces de la noria palatina, provocando así su muerte. Las escenas de las muertes de las esclavas contienen detalles realmente truculentos, no siendo el menor de ellos el hecho de que el verdugo del califa, según se afirma en el texto,
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siempre cerca de él, de noche o de día, presto para cumplir sus órdenes.
Cualquiera de
estos actos, a los que se solía añadir el consumo de alcohol por parte del
califa, bastaría para condenar su conducta, como lo hace Ibn Ḥazm. Lo que
sorprende más es la inserción de otro cargo, que se hace constar tras la
mención del episodio de los esclavos negros: “hizo cabalgar a su impúdica
bufona Rasīs en cortejo, con espada y bonete, siendo así que era una vieja
malvada desvergonzada”.
Ilustración de
las Maqamat de al-Hariri, Biblioteca Nacional de Francia,
ms. Arabe 6094, f. 75v
Es decir: que
para Ibn Ḥazm la presencia de esa mujer, vestida de manera estrafalaria, en el
séquito del califa, era una más de las muestras de impiedad de ʿAbd al-Raḥmān
III, a la altura de su cruel conducta respecto a los servidores del palacio,
tanto hombres como mujeres. Dejaré aquí este último tema, que requeriría más
espacio, para centrarme en la aparición pública de Rasīs y su posible
significado.
La repulsa
indignada de Ibn Ḥazm hacia esa imagen tan transgresora podría haberse fundado
en la utilización grotesca y paródica de dos objetos con alto contenido
simbólico: la espada, como representación del poder militar, y el bonete (qalansuwa),
característico tocado de los ulemas y alfaquíes. Pero esta interpretación deja
sin resolver el quid de la cuestión: ¿por qué habría decidido el califa incluir
a Rasīs, así ataviada, en su cortejo?
Para empezar
por el principio, como siempre debe hacerse, se puede recurrir a la
terminología empleada en el texto. Ibn Ḥazm llama a Rasīs “impúdica bufona”,
según interpretan la expresión árabe al-māŷina muḍḥikatu-hu los
traductores de este volumen del Muqtabis, María Jesús Viguera
y Federico Corriente. La equivalencia entre muḍḥika y “bufona”
es evidente; otra cosa es lo que representa la voz māŷina, sobre la
que habrá que volver. Los traductores del texto de Ibn Ḥazm señalaron, a la
vez, en una nota, la existencia de otra persona que ejercía las mismas o
parecidas tareas que Rasīs. Se trataba de un hombre ciego, llamado Abū ʿImrān
b. Abī ʿUmar, que, al parecer, se empleaba en entornos cortesanos y llegó a
merecer el favor del califa cordobés, que lo hacía llamar para divertirse con
él en sus ratos de asueto. El texto que se ocupa de este personaje aparece en
la obra de Ibn ʿIḏārī, al-Bayān al-mugrib, y allí, para
describir su oficio, se le califica de mutaṭayyib (el que dice
bromas o bufonerías).
La voz muḍḥik parece
haber sido la más utilizada, al menos en al-Ándalus, para referirse a los
bufones. Aparece, por ejemplo, en un texto relativo a Sanchuelo (ʿAbd al-Raḥmān
b. Muḥammad b. Abī ʿĀmir), que gustaba de rodearse de “cuentistas, cantores y
bufones” (al-jayyāliyīn wa-l-muganniyīn wa-l-muḍḥikīn), tal como se
dice, de nuevo, en al-Bayān al-mugrib y recoge Eduardo Manzano
en un artículo citado en la bibliografía final, donde se encontrará otro, de
Teresa Garulo, en el que hay referencias a los “bufones profesionales” (muḍḥik),
como el que acompañaba al príncipe omeya Sulaymān b. al-Murtaḍà b.
Muḥammad b. ʿAbd al-Malik b. al-Nāṣir. Es lógico este uso, ya que muḍḥik quiere
decir, precisamente, “el que hace reír”.
La presencia
de bufones, personas ingeniosas y divertidas, en los entornos cortesanos, es
bien conocida, y no sólo en el islam medieval. No pocos soberanos omeyas o
ʿabbāsíes —que tanto influyeron sobre la cultura de corte en la Córdoba omeya—
utilizaron a los bufones en su tiempo de ocio, formando parte de su círculo
íntimo junto a poetas, músicos o esclavas cantoras. La aparición de Rasīs en el
séquito del califa de Córdoba no debería, por tanto, crear escándalo; si lo
hace, es porque Ibn Ḥazm se siente ofendido por su atavío y por el lugar que
ocupa, siendo mujer, en el séquito del califa.
No está de más
hacer aquí un breve comentario a los calificativos con que Ibn Ḥazm describe a
Rasīs: una vieja malvada desvergonzada (ʿaŷūz sawʾ fāŷira). Es imposible
saber cuál era la edad de Rasīs y si realmente se trataba de una mujer de edad
avanzada. Las ancianas, en todo caso, se veían con recelo y el propio Ibn Ḥazm
alertaba, en El collar de la paloma, sobre el peligro que
representaban para los hombres, porque, al haber perdido ya la esperanza en sus
relaciones con ellos, se dedicaban a proteger y cuidar a las mujeres jóvenes y
guardar sus secretos. Algunos proverbios andalusíes expresan el desprecio social
hacia las ancianas, ignorantes y sin seso, como puede verse, por ejemplo, en el
refranero del granadino Ibn ʿĀṣim (m. 1453): “Como una vieja para decir
necedades”. Calificar de vieja a una mujer equivalía, por tanto, a denigrarla.
En cuanto a la maldad de Rasīs, el término utilizado (sawʾ) formaba
parte del repertorio misógino empleado por un autor como ʿAbd al-Mālik b. Ḥabīb
(m. 853) que, en su tratado sobre el decoro de las mujeres, opone el modelo de
la mujer virtuosa al de la malvada (al-marʾa al-sawʾ) que habría de
causar innumerables desdichas a quien tuviera la desgracia de desposarla. En
cuanto al último rasgo con el que Ibn Ḥazm obsequia a Rasīs (fāŷira), su
significado no ofrece dudas y apunta a un libertinaje desenfrenado que
desprecia todas las normas religiosas y sociales.
Se ha visto
antes que la expresión al-māŷina muḍḥikatu-hu, que sirve para
introducir a Rasīs y situarla certeramente en su contexto, se había traducido
por “su impúdica bufona”. Es, sin duda, una buena traducción; pero la palabra
árabe —māŷina— contiene otras evocaciones muy difíciles, por no
decir imposibles, de traducir. Māŷina remite, obviamente,
a muŷūn; y dará idea del problema de su traducción el que en el
estudio más amplio y reciente sobre muŷūn, que se debe al
investigador húngaro Zoltan Szombathy, se haya conservado en el título el
original árabe, seguido de un subtítulo explicativo (Libertinism in Medieval
Muslim Society and Literature).
Como dice
Szombathy, en una definición que él mismo admite como deliberadamente
ambigua, muŷūn es cualquier texto o actitud que pretenda
constituir una ruptura de las normas ordinarias de escritura o de conducta o
que sea percibido como tal y que tenga un propósito humorístico, o sea
percibido como tal. Teresa Garulo es más específica y afirma que en el concepto
de muŷūn confluyen “la burla, la ironía, el humor y la réplica
cortante, junto con cierto grado de licencia en la conducta y las palabras”. Y,
aunque hay muchas clases de muŷūn, puede identificarse como
una mezcla de humor y obscenidad que fue cultivada tanto por grandes poetas
como por bufones, y que halló su hueco en la cultura popular y en la cortesana.
Cuando Ibn Ḥazm califica a Rasīs de māŷina está, por tanto,
acentuando su carácter libertino, pero al mismo tiempo la sitúa en una
tradición literaria jocosa y provocadora que fue acogida sin dificultad en los
ambientes cortesanos de Bagdad o de Córdoba.
Queda la
cuestión del atavío de Rasīs. La indignación de Ibn Ḥazm no parece de difícil
explicación: debió de tomarse como un insulto personal que la mujer fuera
tocada con el bonete (qalansuwa) que era propio de los letrados y ulemas
andalusíes, así como de los altos funcionarios de la administración califal y
palatina. A eso se añadía la espada, símbolo evidente del poder militar y
político, de modo que su utilización por una persona de las características de
Rasīs suponía, en efecto, una absoluta subversión de lo que significaban ambos
objetos, avalada por la autorización del propio califa. Más allá, incluso, de
este nivel de interpretación, que seguiría la línea trazada por Ibn Ḥazm, podría
intuirse en los actos del califa —pues a él corresponde la inclusión de Rasīs
en el cortejo— la voluntad de proclamar su autoridad suprema sobre el ejército
y los ulemas.
Cabe añadir, a
estas posibles vías de entendimiento de un texto tan singular, otra que lo
encaja en la tradición arriba apuntada, de la literatura de muŷūn,
transgresora y popular. Existe otro texto, mucho más largo y detallado, que
puede ponerse en relación con la “actuación” de Rasīs, y al que se ha prestado
muy poca atención, aunque creo que la merece de sobra.
Se trata de
una anécdota que forma parte de la biografía del juez Aḥmad b. Baqī b. Majlad
(m. 937), tal como se ha conservado en el diccionario biográfico compuesto por
el Qāḍī ʿIyāḍ, Tartīb al-madārik wa-taqrīb al-masālik, en el
que se recogen biografías de ulemas norteafricanos seguidores de la doctrina
jurídica de Mālik b. Anas, entre ellos, naturalmente, los andalusíes. Aḥmad era
hijo de Baqī b. Majlad (m. 889), un prestigioso ulema que había introducido en
al-Ándalus la ciencia de las tradiciones proféticas y él mismo fue juez de
Córdoba durante el califato de ʿAbd al-Raḥmān III; de hecho, cuando ejercía el
cargo de director de la oración en la mezquita aljama, fue el primero que
mencionó, en enero de 929, la condición califal del hasta entonces emir.
Ilustración de las Maqamat de al-Hariri, Biblioteca Nacional de Francia, ms. Arabe 6094, f. 64v
La larga
biografía de Aḥmad b. Baqī contiene una serie de anécdotas que muestran su
carácter benévolo y enemigo de ejercer una justicia excesivamente punitiva,
como había sido el caso de otros jueces cordobeses. A este respecto se
describen algunas escenas en las que el juez se muestra tolerante hacia el
consumo de alcohol, actitud que no fue excepcional entre los jueces andalusíes,
pero que se manifiesta de forma más intensa en la biografía de Aḥmad b. Baqī.
Para completar esta imagen de permisividad, el biógrafo del juez registra otra
de sus actuaciones, cuyo comienzo merece ser reproducido:
“Iba [el juez]
caminando por la parte oriental de Córdoba, acompañado de algunos de sus amigos
alfaquíes y otras personas cuando encontraron, en el patio de una casa, un
grupo que celebraba una boda. Había una gran multitud, con músicos para
entretenerlos entre los que había también un bufón. Este estaba escenificando
el juego llamado de ʿAbd al-Jāliq; iba tocado con turbante sobre el bonete,
llevaba una barba postiza blanca y abundante, se envolvía en un manto y se
apoyaba en un bastón, mientras iba contando chascarrillos”.
Esta
introducción a la anécdota tiene, evidentemente, un interés especial para el
tema que se está aquí tratando. Las fiestas de boda, en al-Ándalus, y por lo
poco que se sabe de ellas, tenían un componente musical en el que participaban
agrupaciones de instrumentistas y cantantes, tanto hombres como mujeres. En el
grupo que se describe aquí aparece también un bufón, calificado como muḍḥik;
y ya no nos sorprende comprobar que el tal bufón va caracterizado como un ulema
o alfaquí de edad provecta, como prueba su abundante barba —postiza— blanca,
además de su manto y su bastón. Se trata de la personificación paródica del
prototipo de letrado religioso, que divierte a la audiencia con su labia
chistosa y, quién sabe, algo atrevida e incluso descarada, con alusiones de un
erotismo acorde con la festividad que se celebra.
Ilustración de
las Maqamat de al-Hariri, Biblioteca Nacional de Francia,
ms. Arabe 3929 f. 76v
De ello no se
sabe nada, por supuesto; pero la sola presencia de este breve texto ilumina
aspectos de la vida cotidiana en la Córdoba del siglo X que permanecen ocultos
en otra clase de documentos. Gracias a la biografía del juez Aḥmad b. Baqī se
sabe, en cualquier caso, que las bodas se celebraban en la ciudad con algo que
se asemeja mucho a ciertas representaciones carnavalescas, en las que se
trastoca el orden social imperante y se provoca la risa de la audiencia con la
inversión de los roles de autoridad. Algo no muy diferente de lo que hacía ver
la bufona Rasīs al salir tras el califa en su cortejo.
Esta clase de
representaciones de carácter popular debieron de existir en otros espacios y
sólo el azar historiográfico ha hecho que se conservaran datos sobre algunas de
ellas en el mismo lugar y tiempo —la Córdoba capital del califato omeya en la
primera mitad del siglo X—. Los dos textos aquí examinados dan cuenta, por otro
lado, de la conexión entre determinados aspectos de la cultura de la corte y la
popular, que precisarían de un estudio más detallado. Aquí se han mostrado como
ejemplo de la necesidad de poner en relación fuentes documentales diversas que
pueden contribuir a crear contextos y hallar sentido a conductas aparentemente
enigmáticas. Para terminar, no estará de más un ejercicio de funambulismo
cronológico y detenernos, siquiera brevemente, en la obra del orientalista
colonial francés Auguste Mouliéras (1855-1931), que, en 1899 publicó una de sus
obras más apreciadas, Le Maroc inconnu, en la que se ocupaba de las
regiones del Rif y Ŷebala, principalmente. La credibilidad de los datos
reunidos por Mouliéras, que no había visitado en persona esas zonas, se ha
puesto a menudo en cuestión, pero se considera por algunos, como el antropólogo
marroquí Abdellah Hammoudi, que, al menos en el tema de que aquí se trata, no
hay razones de importancia para descartarlos.
Pues bien, en
esa obra de Mouliéras se describen con detalle los personajes que intervienen
en una mascarada típica de la región marroquí de Ŷebala, en el norte del país.
Se trata, en especial, de agentes de la autoridad, como el caíd y sus
auxiliares, el jefe local de la comunidad, el almuédano o el juez. Este último
participa en las representaciones tocado con un enorme turbante; lleva un
rosario hecho con conchas de caracoles y un pedazo de corcho bajo el brazo
—supuestamente, un ejemplar del Corán—. Durante el tiempo de la representación,
en la que todos los “actores” pasean por el pueblo, el caíd blande su espada,
signo de su poder y su ferocidad, en tanto que el juez va dando juicios
absurdos basados, según dice, en el libro sagrado. Las mujeres y los judíos
participan igualmente en la sucesión de pequeñas anécdotas teatrales que
contienen no escasas dosis de obscenidad.
No trato de
establecer una relación entre performances documentadas en el
siglo X andalusí y mascaradas del norte marroquí en el XIX; es tentador, sin
embargo, ver en estas representaciones, ligadas a festejos populares y
celebraciones carnavalescas, una comunidad de intención, una parodia de quienes
ejercen el poder y no pueden ser criticados abiertamente, si no es bajo capa de
la chanza y el juego, en un espacio de límites muy específicos, pero no por
ello menos llamativo: en la Córdoba omeya agrupaba el entorno del califa y la
celebración de unas bodas populares.
Fuentes:
·
Ibn ʿĀṣim, Ŷunnat al-riḍāʾ, ed. Ṣalāḥ Ŷarrār, Amman, 1989.
·
Ibn Ḥayyān, AI-Muqtabas V, ed. Pedro Chalmeta, Federico
Corriente, Mahmud Sobh, Madrid: Instituto Hispano-Árabe de Cultura, 1979.
Trad. María Jesús Viguera y Federico Corriente, Crónica del califa
ʿAbdarraḥman III an-Nāṣir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V). Zaragoza:
Anubar Ediciones, Instituto Hispano-Árabe de Cultura, 1981.
·
Ibn Ḥazm, El collar de la paloma (el collar de la tórtola y la
sombra de la nube), trad. y notas Jaime Sánchez Ratia, Madrid:
Hiperión, 2009.
·
Ibn ʿIḏārī, Al-Bayān al-mugrib fī ajbār al-Magrib, Beirut:
Dār Ṣādir, 1950.
·
Ibn ʿIḏārī, Al-Bayān al-Mugrib, ed. BaššārʿAwwād y Maḥmūd
Baššār, Tūnis: Dār al-Garb al-Islāmī, 2013.
·
Qāḍī ʿIyāḍ, Tartīb al-madārik wa-taqrīb al-masālik li-maʿrifat
aʿlām maḏhab Mālik, ed. Muḥammad Benšarīfa, Rabat: Wizārat al-Awqāf,
s.f.
Bibliografía:
·
Fierro, Maribel, ʿAbd al-Rahman III. The First Cordoban Caliph,
Oxford: Oneworld, 2005.
·
Garulo, Teresa, “Notas sobre muŷūn en al-Andalus. El
capítulo VII del Nafḥ al-ṭīb de al-Maqqarī”, Anaquel
de Estudios Árabes, 26 (2015), 93-120.
·
Hammoudi, Abdellah, La victime et ses masques. Essai sur le
sacrifice et la mascarade au Maghreb, Paris: Seuil, 1988.
·
Manzano Moreno, Eduardo, “De almunia en almunia. Fiestas y juergas en la
Córdoba omeya”, Al-Kitāb. Juan Zozaya Stabel-Hansen, ed.
Carmelo Fernández Ibáñez, Madrid: Asociación Española de Arqueología Medieval,
2019, 325-330.
·
Marín, Manuela, Individuo y sociedad en al-Andalus, Madrid:
Fundación Mapfre, 1992.
·
Mouliéras, Auguste, Le Maroc inconnu. Étude géographique et
sociologique. II. Exploration des Djebala, Paris: Augustin Challamel,
1899.
·
Szombathy, Zoltan, Mujūn. Libertinism in Medieval Muslim Society
and Literature, Exeter: Gibb Memorial Trust, 2013.




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