martes, 1 de mayo de 2012

Historia los musulmanes en al-Ándalus. La poesia en al-ändalus



LA POESÍA EN AL-ÁNDALUS


Al mismo tiempo que las tropas musulmanas ensanchaban sus fronteras políticas hacia Occidente, donde quiera que plantaban sus estandartes penetraba la ciencia y la cultura de Oriente; pero esta cultura no quedaba anquilosada en sus moldes de procedencia, sino que recibía de las nuevas tierras sugestiones e influencias que le daban un sello personal y característico. Y esto sucede con la poesía; aquella poesía que nació en la Arabia preislámica va avanzando hacia lo que más tarde se llamaría Al-Andalus y, sin dejar sus raíces, su esquema esencial, adquirirá una personalidad propia que le hará ser igual y al mismo tiempo diferente de la poesía oriental.


El pueblo andalusí poseía una fina sensibilidad: el rey, el príncipe y el magnate, el artesano y el hombre del pueblo, todos, en general, gustaban de la poesía y llevaban dentro de sí un poeta, o quedaban extasiados ante cualquier recital poético; el obrero y el campesino buscaban en la poesía un descanso en medio de las fatigas de sus rudos trabajos; los príncipes y magnates una evasión de las preocupaciones cotidianas. No faltaron hombres que buscaron en la poesía su medio de vida, que intentaban medrar elogiando a sus mecenas.


En la poesía andalusí encontramos la más amplia gama de temas, siendo el principal de ellos el de la naturaleza, que aparece por doquier, ya sea en la descripción de sus variados aspectos, ya sirviendo de marco a otros temas muy diversos. El báquico, por ejemplo, aparece casi siempre enmarcado en ella, a orillas de un manso río, bajo un manto de estrellas, con jóvenes escanciadores de dulce mirar, de boca que semeja una flor cuyos pétalos son los dientes. También los amantes celebran sus ocultas entrevistas entre arboledas o floridos prados. Otro de los principales temas y que no puede faltar en un pueblo tan sensible, es el amoroso: junto a un amor puro, platónico, que sólo vive del espíritu, que teme hasta rozar suavemente al ser amado por temor a que se desvanezca, encontramos versos que expresan el más fuerte amor sensual, las más ardorosas pasiones. El panegírico abunda asimismo en este ambiente, en el que la adulación juega un papel importante, en el que los príncipes y magnates recompensan generosamente los elogios de quienes alaban sus palacios, sus conquistas, sus éxitos, sus favores... se canta la búsqueda de una vida suntuosa y de placer. Encontramos cantores ascéticos y místicos, y no falta tampoco el tema elegíaco, que canta el dolor y el llanto, tan frecuentes en toda sociedad y en todo tiempo. La poesía filosófica y de enigma tiene también su lugar en la exuberante producción poética de la inspi­ración andalusí.


En cualquiera de estos temas el poeta andalusí, al igual que el oriental, llenas sus casidas de abundantes metáforas; metáforas, en ocasiones bellas, pero, a veces, extrañas y hasta carentes de estética para nuestro gusto actual; algunas de fácil interpretación, pero otras, tan rebuscadas, que nos resulta difícil hallar su verdadero significado.


En el periodo comprendido entre los dos Emiratos, es decir desde el año 711 al 929, la poesía andalusí es oscura y pobre. Fue cultivada por ‘Abd al-Rahmán I y Abd al-Rahmán II, y en general, por todos los príncipes Ómeyas y los magnates, y también por hombres casi indignos de llevar el nombre de poetas. Lo más importante de este periodo lo constituye la llegada a Al-Andalus del célebre cantor oriental Ziryábz, llamado el "Pájaro Negro", expulsado de Bagdad en tiempos del legendario Harúm al-Rasid, y contra el cual escribió numerosas sátiras Yahyá ibn al-Hakam al­Bakri. Este odio contra Ziryáb fue causa de ~su destierro. Otro de los poetas en tiempos de Abd al-Rahmán II fue Bisr ibn Habib, cuya arrogancia aparece reflejada en sus versos:


Yo he de pegarle fuego al Universo entero


y he de llegar a donde no llega la propia muerte;


yo soy aquel que no tiene par en el mundo


y cuya alta calidad anda en proverbio.


En su lucha por conseguir la hegemonía de A1-Andalus, ‘Abd al-Rahmán III (912-961) se vio acompañado de una pléyade de poetas que exaltaban su poder y la magnificencia de su corte. La lírica arábigo-andaluza alcanza su apogeo en este periodo califal. El ambiente de tolerancia que se respiraba en Córdoba favorece la expansión de las letras, pues allí convivían las culturas musul­mana, cristiana y judaica, y se hablaba el árabe y el romance; Córdoba todo lo recibía, lo asimilaba y lo transformaba, creando un estilo propio y personal.


Entre los grandes poetas de la época califal podemos mencionar a Ibn ‘Abd al-Rabbihi (890-940); Ibn Háni' de Elvira (m. 973), que hubo de huir a Oriente debido a su vida licenciosa y desordenada; el romántico príncipe Taliq (963-1009), encarcelado por haber asesinado a su padre; etc. Pero cuando ya el califato marcha inexorable hacia su caída, surgen dos grandes figuras, tal vez los mejores poetas de toda la historia de Al-Andalus: uno fue Abú Amir ibn Suhayd (992-1035), autor del opúsculo titulado: Risálat al-rawábi wa-l-zawábi; que se considera como precursor de la Divina Comedia de Dante; el otro es el gran polígrafo Ibn Hazm (994-1063), cuya obra más significativa es el Tawq al-hammáma, "El collar de la paloma", tratado sobre el amor y los amantes, escrito en prosa y verso. Su importancia es tal que se ha traducido a casi todas las lenguas europeas.


Tras la caída del califato cordobés, hacia mediados del siglo XI, Al-Andalus se fragmenta en los llamados reinos de Taifas. Con la desunión y rivalidad entre los diversos príncipes, que traen consigo una decadencia política y militar, corre paralelo un gran momento de esplendor para la poesía; un "falso" esplendor en opinión de García Gómez:


“Es para mí "falso" el apogeo de la lírica en el siglo XI, porque quiebra la continuidad histórica y falsea la derecha trayectoria que hasta entonces seguía dicho género literario. Cuando estaba a punto de romper a hablar con voz nueva, de hispanizarse, de independizarse, la catástrofe política y la suicida conducta de los Taifas le hacen dar marcha atrás, y torna a esclavizarse al Oriente y a imitar con ceguera a Bagdad. Pero el que sea falso no quita que sea apogeo”.


En las cortes de Toledo, Badajoz, Zaragoza, Almería y Murcia, y especialmente en la Sevilla de los ‘Abbádies, se rinde culto a la poesía. Los poetas en número jamás igualado, llenan todo el ámbito de la Península: los reyes, príncipes, magnates, etc., se entrecruzan billetes poéticos para excusarse, invitarse, para insultarse o mandarse regalos... "¡Todo es poesía! Poesía en gran parte artificial y falsa pero en la que no dejan de aflorar de vez en cuando los más nobles y eternos sentimientos humanos"".


Como ya hemos dicho, el centro de mayor importancia para la poesía es Sevilla: su rey Al-Mu'tadid ibn ‘Abbád se hizo rodear de poetas entre los que destacan Abú-l-Walid al-Himyari, Ibn al­Qútiyya, y el célebre Ibn al- Ammár; el mismo rey, cruel, ambicioso y sin escrúpulos, gustaba componer versos. Pero la verdadera figura poética de aquella Sevilla `abbadi fue su hijo y sucesor Al-Mu'tamid, gran mecenas de la poesía, protector no sólo de los poetas de su corte, sino de los allende sus fronteras, que acudían a él buscando refugio y protección. Su vida fue pura poesía, e incluso durante su cautividad en Agmat no deja de componer los más sentidos poemas y muere evocando sus palacios y olivares sevillanos.


Contemporáneos de Al-Mu'tamid son, entre otros, los siguientes poetas: Ibn Zaydún (1003-1070), aposentado en Sevilla y cantor de su Córdoba natal; su poesía es humana, pero sobre todo fue el poeta del amor; célebres fueron sus relaciones con la princesa Walláda, que más tarde lo abandonó. Ibn al-Labbána de Denia (m.113), dulce y suave, que dejó el más conmovedor recuerdo de la caída de los `abbádíes des­cribiendo su llorada deportación a África. Poetas procedentes de Sicilia buscan refugio en la Sevilla abbadi, como Ibn Hamdis que cantó la gesta de Al-Mu'tamid frente a Alfonso VI en Zallága.


También la corte de Almería, con su rey Al-Mu'tasim, se vio concurrida de poetas, a los que el rey acogía, cualquiera que fuera su procedencia y siempre con la misma bondad, perdonando las ofensas cuando éstas eran excusadas en bellos poemas. Además de sus hijos, destaca el visir Ibn al-Haddád.


En Granada, bajo el reinado de Bádís ibn Habbús, vivieron los poetas en constante terror, por lo que aquí no brilla la poesía y los versificadores disparan sus sátiras contra los reyezuelos de esta Taifa:


¡Mundo extraño y apresurado el de este siglo XI andaluz, donde las lavanderas pasan de la orilla del río al trono, a la muerte o al destierro! Su signo es el fracaso. El lánguido rey al-Mu`tasim de Almería, pálido reflejo de Al-Mu'tamid, lo decía cuando en su propia alcoba reñían los almorávides que lo destronaban: Todo me ha fallado, hasta la muerte.


Con la llegada de los almorávides a la Península, Al-Andalus queda prácticamente convertida en provincia africana. Los nuevos dominadores, de lengua beréber, apenas si entienden la brillante cultura árabe, que parece pronta a extinguirse en medio de este ambiente hostil. Los poetas tienden a agolparse en torno a los nuevos dueños y la poesía se hace cada vez más artificiosa; es el panegírico el que cobra mayor auge. Pero hay hombres de fina sensibilidad, que, para no dejar perder el legado de sus antepasados, se dedican a recoger cuantas obras llegan a sus manos: es la época de las grandes antologías, como la Dajira, "Tesoro", de Ibri Bassám (m. 1148), los Qalá'id al-`iqyân, "Collares de oro" y el Matmah al­anfus, "Otero de las almas" de Ibn Jáqán (m. 1140).


Los poetas de esta época se adaptan, en general, a las nuevas circunstancias y entran al servicio de los dominadores. Los sucesores de Yúsuf se contagian algo del refinamiento de los andalusíes y buscan sus versificadores y secretarios entre la gente más destacada del periodo de los Taifas. Entre los más famosos de estos poetas se encuentra Ibn Jafáya de Alcira (1058-1139), que destacó sobre todo por su virtuosismo descriptivo de las flores y los jardines, lo que le valió el sobrenombre de "el jardinero". Otro gran poeta fue su sobrino Ibri al-Zaqqáq (m. 1135).


En esta época, y como reacción contra las formas aristocráticas que habían imperado anteriormente, aparece un gusto especial por lo vulgar, lo popular y lo desvergonzado; se cultivan ampliamente las sátiras violentas y las poesías inmorales y obscenas de los grandes zejeleros, entre los que destaca Ibn Quzmán (m. 1160), cuyos zéjeles, desvergonzados y satíricos, aparecen cuajados de diminutivos; es el contraste con la aristocrática poesía anterior.


Pero, mientras en Al-Andalus van surgiendo descontentos e intrigas contra los dominadores almorávides, en el Norte de África nace un nuevo movimiento de la mano de los almohades. Estos, tras conquistar Marruecos, deciden pasar a la Península, bajo el mando de su caudillo ‘Abd al-Mu'min, para ayudar a los andalusíes contra el poder almorávide.


Con ello la historia se repite de nuevo, ya que estos protectores se convierten en dominadores, y así comienza para Al-Andalus el periodo almohade (1 145-1265), periodo de paz que favorece el desarrollo de las letras, las artes y las ciencias, aunque en el fondo el Islam andaluz se va agotando lentamente, viviendo de su pasado.


Mas el entusiasmo por la poesía no decae, antes bien se acrecienta y vuelve a ser cultivada con extraordinario esplendor. En Sevilla pululan de nuevo los poetas por doquier, siendo tal vez el más famoso de ellos el judío converso al Islam Ibráhim ibn Sahl, que muere en el año 1251 ahogado en el río Guadalquivir, cuyo esplendor había cantado en sus versos.


En la escuela levantina aún persisten ecos de la poesía descriptiva con el valenciano Ibn Gálib al-Rusafí (1177), y en Murcia nace Safwán ibn Idris (1164-120 1), autor del Zád al-Musáfir o "Viático del caminante".


En la época almohade Granada ve resurgir la poesía con figuras de relevante importancia, como Ibri Mutarrifz, partidario del amor ’udri, Abú Ya’far ibn Sa’id, cuyos amores con la poetisa granadina Hafsa le llevarían a la muerte.


En este periodo brillan sobremanera el valenciano Ibn al­Abbár (m. 1260), e Ibn Sa'id al-Magribi de Alcalá la Real (1213­1286), ambos son más conocidos como historiadores, pero también cultivaron la poesía.


A pesar de este efímero esplendor, los cimientos del poderío musulmán en Al-Andalus aparecen cada vez más carcomidos; el avance cristiano va reduciendo sus fronteras y los hombres de letras dejan su patria y viajan a Oriente para difundir en la cuna del Islam la cultura andalusí; entre éstos recordaremos, por ser los más relevantes y para cerrar este breve capítulo de la poesía en al-Andalus, al gran Ibn ‘Arabi de Murcia (1165-1240) y al ya mencionado Ibn Sa'id al-Magribi.



Historia de los musulmanes en al-Ándalus. Andanzas del andalusó Mu'min Ibn Sa'id



ANDANZAS DEL ANDALUSÍ


MU'MIN IBN SA'ÎD


Al consultar los textos históricos árabes referentes al emirato andaluz, no deja de llamar la atención del lector el nombre de Mu'min ibn Sa'îd, quien se presenta, a primera vista, como un poeta revoltoso y burlón, de lengua cáustica y maligna, que vivió en Córdoba bajo el reinado del emir Muhammad. Suele aparecer como protagonista, malintencionado casi siempre, de una serie de anécdotas que, muchos años después de su muerte, aún corrían de boca en boca y se relataban con regocijo. Sus atrevidas ocurrencias, al lado de sus notables poesías, le dieron, en efecto, una gran popularidad.


Fue realmente un poeta satírico de verbo tan hiriente y violento que -habida cuenta de la tremenda violencia que siempre tuvo la sátira entre los escritores- no desmereció de los más destacados representantes del género, de tal manera que algunos antólogos le llamaron «el Di'bil de al-Andalus». El historiador Ibn Hayyán, señalando la poderosa vena de Mu'min ibn Sa'îd, nos cuenta que éste mantuvo peleas satíricas contra 18 poetas, saliendo vencedor de todos ellos.


Como una prueba más de la fuerza demoledora de las sátiras de Mu'min y del concepto en que sus contemporáneos le tenían, puede servir el testimonio de Muqaddam ibn Mu'áfá. Alguien preguntó en cierta ocasión a este poeta: «- ¿Por qué no compones sátiras contra Mu'min ibn Sa'îd? -». Y contestó: «- Yo no escribo sátiras contra un hombre tal que, si se decidiera a satirizar a las estrellas, nadie podría luego guiarse con ellas».


Estas cualidades le harían, sin duda, ser muy temido. Pero por otra parte, su mala costumbre de agraviar constantemente con sus versos y frases mordaces a toda clase de personas, dañándolas en su fama y ridiculizando sus defectos y deslices, le ocasionó serias enemistades, y al final todo el mundo cerró contra él. Como dice el cronista musulmán, «todos le dispararon con un arco único». Por último, su mala fe con respecto a una alta jerarquía del Estado le acarreó la ruina total y vino a parar en la cárcel, donde murió desesperado.


Con las medidas tomadas por el emir Muhammad para restringir los gastos generales de la corte cordobesa, se moderó en cierta medida el fausto que ésta había conocido bajo 'Abd ar-Rahmân II, pero, a pesar de todo, los literatos y hombres de ciencia seguían teniendo entrada a palacio, y en las solemnidades oficiales seguía escuchándose la declamación de versos. Los hijos del emir habían recibido una buena educación literaria y algunos de ellos no sólo cultivaban la poesía sino que cada uno tenía a su lado su poeta predilecto. Así, privado del príncipe al-Qásim fue el poeta al-`Utbi, mientras que el preferido por el príncipe Maslama era nuestro Mu'min ibn Sa'îd, tenemos noticia de que entre ambos poetas rivales -contando sin duda cada uno con la protección de su patrono- se cruzaron sátiras varias.


Estas rivalidades y querellas no podían faltar nunca en la corte, y mucho menos habiendo por medio un espíritu tan inquieto como el de Mu'min ibn Sa'îd, que en ese terreno dio numerosas señales de vida. Recordemos aquí, según datos conservados, las reiteradas afrentas que infligió, dentro y fuera de palacio, a su compañero `Abbás ibn Firnás, disparándole sátiras burlonas y escabrosas; por el mismo estilo, atacó a otros personajes con versos en los que todo el efecto de la diatriba está logrado a base de una obscenidad obsesiva; a otro poeta del círculo cortesano, llamado `Abd Alláh ibn Bakr al­Kalá'i, le puso el mote de al-Nadl («vil» o «infame»), mote que ya no se pudo quitar de encima y con el cual ha pasado a la historia. Claro es que, como contrapartida, Mu'min tuvo que soportar las réplicas furiosas de sus contrarios y enemigos, entre los cuales se encontraba también Ahmad ihn Muhammad al-Kináni, apodado Tays al-ÿinn («el Chivo de los genios »), hombre de lengua suelta y vida. disoluta.


Aparte de estas contiendas dialécticas, limitadas al círculo en que se movían sus émulos, Mu'min ibn Sa'îd hizo víctima de sus travesuras a encumbrados personajes de la sociedad musulmana de la época. Uno de estos fue el juez supremo de Córdoba, llamado 'Arar ibn `Abd Allah. Era éste un hombre de corta talla, de aspecto tan insignificante que «cuando se sentaba casi se hacía invisible», por la cual le habían puesto el apodo de al-Qub'a («la Cogujada»). Y una vez, hallándose este juez celebrando audiencia pública en la mezquita, llegó Mu'min (que la frecuentaba mucho porque vivía cerca de ella) y, al entrar, se le acercó un individuo analfabeto, rogándole que le escribiese su nombre en la cédula que, como era costumbre, tenía que pasar al juez para que le llamase al llegarle el turno. - «¿Cuál es tu nombre?» - le preguntó Mu'min. - «`Uqba» -, le contestó el otro. Entonces el poeta tomó la cédula y, en lugar de escribir en ella el nombre de `Uqba, escribió Qub'a, es decir, el apodo despectivo del juez. Cuando éste tomó la cédula en sus manos y la leyó, le produjo el efecto que es de suponer y estuvo a punto de estallar, aunque pudo reprimirse sin llegar a descomponer su continente.


Otro día, encontrándose en una reunión celebrada en la propia casa del mismo juez, tuvo Mu'min la audacia de insinuar una acusación maliciosa contra aquél, lanzándola al correr de la conversación con palabras veladas, pero que resultaban diáfanas para todos los presentes, quienes se echaron a reír estrepitosamente con el consiguiente embarazo para el juez, que quedó corrido.


Este juez, `Amr ibn `Abd Allah, era considerado como hombre de gran capacidad y prudencia; pero sentía una gran debilidad por un hijo suyo llamado Abú `Amr, sujeto de conducta desaprensiva, propicio al cohecho, y que al fin fue acusado formalmente por falsificar los documentos del juzgado de su padre para sustraer cantidades guardadas allí en depósito; se originó un gran escándalo y los poetas se cebaron en ellos, satirizando tanto al hijo, Abú `Amr, como al padre, `Amr. No podía faltar en este coro la voz de Mu'min ibn Sa'id, quien efectivamente hizo públicos entonces estos versos:


¡Por vida mía! Abú `Amr ha deshonrado a `Amr.


¿Y un hombre como Abú `Amr puede deshonrar a su padre?


Era `Amr un hombre con cuya luz se alumbraban las gentes,


pero surgió Abu `Amr eclipsando a la luna llena.


No se le conocía al corcel `Amr más tacha que esa:


¿acaso los buenos caballos están libres de tropezar?


Este poema llegó a oídos del emir Muhammad quien, considerando la gravedad del caso y el escándalo producido, destituyó al juez. Esto ocurría en el año 263 (876-7).


Dentro del ambiente palatino, Mu'min ibn Sa'îd - que, como hemos visto antes, era el poeta privado del príncipe Maslama y se hacía oír en los certámenes poéticos del alcázar cordobés - frecuentaba la sociedad de los altos dignatarios de la corte. Parece ser que tuvo amplio y continuado trato con el visir Hámid al-Zaÿÿáli, y también éste, a pesar de su elevado rango, tuvo que sufrir algún picotazo del lenguaraz poeta. Ya, las circunstancias en que ascendió al visirato suscitaron un comentario poético de Mu'min, del cual sólo se nos ha conservado un intencionado verso. Por otra parte, este visir llevaba fama de ser muy avaro, y en una ocasión ciertas personas preguntaron a Mu'min ibn Sa'îd: « - ¿Por qué no frecuentas las reuniones que organiza el visir Hámid, a pesar de que hace tanto tiempo que le conoces? En cambio vemos que sí asistes a las de los otros visires-. Y Mu'min respondió: «Ese es como el entierro de un extranjero; los que asisten a él sólo lo hacen por Allah [es decir, de balde]-. Estas palabras llegaron a oídos de, Hámid y, naturalmente, le sentaron muy mal. Sin embargo, disimuló, y, por el momento, no le hizo ningún reproche; pero un día, al salir de palacio, y como Mu'min le acompañara hasta su casa, al tiempo de despedirse dijo Hámid ceremoniosamente al poeta: « -¡Allah te recompense largamente, oh Abú Marwán, y tenga en cuenta tus buenos pasos!-» (que es la frase que se acostumbra a decir en la despedida del duelo a los que asisten a los entierros).


Todavía, y para coronar su carrera de satírico avieso y maldiciente, Mu'min ibn Sa'îd no vaciló en arremeter contra la persona que representaba, prácticamente, la más alta jerarquía de la nación, es decir, contra Háshim ibn `Abd al-'Aziz, primer ministro y privado del emir Muhammad. Este encumbrado personaje había sido protector y favorecedor generoso de Mu'min ibn Sa'îd, y precisamente en el trance más amargo de su vida fue víctima de la sátira malévola y traidora del poeta. Como es sabido, Háshim ibn `Abd al-`Aziz, en una desafortunada campaña guerrera, emprendida en el año 262 (876), cayó prisionero del rebelde Ibn Marwán al-Yilliqi, quien lo envió cautivo a Oviedo, la capital cristiana del norte, y allí permaneció dos años, hasta que pudieron pagarse los cien mil dinares que se pedían por su rescate. Pues bien, al recibirse en Córdoba la noticia del cautiverio del visir cordobés, Mu'min ibn Sa'îd, lleno de alegría por su desgracia, se dirigió a Abu Hafs, primo y enemigo de Hashim, y le dedicó una qasida que comenzaba así:


¡Brinda de mañana, oh Abú Hafs, por el cautiverio de Háshim!


¡Brinda con tres botellas y cinco jarros!


¡Y haz público lo que guardabas en secreto,


porque ya ha truncado Dios el poder de Háshim!


Esta qasida la recitó en secreto, pero, y para que se vea la doblez del poeta, luego compuso otra en el mismo metro y con la misma rima, que decía así:


¿Cuándo querrá el destino restituir el poder a Háshim?


¿Cuándo volverá a convocarnos él, luz de nobleza y generosidad?


Sin embargo, ni Háshim ni sus hijos ignoraban la existencia de aquella primera y malintencionada redacción de la qasida, y cuando el ministro fue, al fin, rescatado, y volvió a hacerse cargo de su visirato en Córdoba, puso en juego todo su poder y toda la influencia que ejercía sobre el ánimo del emir Muhammad, hasta que logró meter a Mu'min en la cárcel. Aquí no le valieron al poeta sus súplicas, que fueron muchas, tanto en verso como en prosa, dirigidas al poderoso visir; insistió después, recurriendo a la intercesión de Muhammad ibn Yahwar, abuelo de Háshim, sin que tampoco le sirviera de nada; y el poeta tornó de nuevo a redactar sátiras mordaces dominado por negros pensamientos. Aludiendo al propio Abtu Hafs, antes mencionado, decía en un poema:


He arriesgado, por amor de `Umar, mi cabeza,


¿y hay en mí algo más valioso que mi cabeza?.


En esta situación se encontraba cuando, un día, los presos forzaron la cárcel de Córdoba y se fugaron en masa. Mu'min no quiso huir con ellos, pensando que este gesto suyo sería tenido en cuenta y habría de servirle para obtener la libertad y el perdón. Por eso, cuando el visir Háshim llegó a la puerta de la prisión a fin de inspeccionar por sí mismo lo ocurrido, y tomar las medidas oportunas, Mu'min salió a su encuentro tratando de conmoverle con sus súplicas; pero el visir no se dignó mirarle siquiera y ordenó al carcelero que lo volviera a poner a buen recaudo y lo tratara con implacable rigor. Y siete días después de este suceso, el miércoles 4 de rayab del año 267 (8 febrero 880), en el mismo calabozo acabó la vida de nuestro poeta, muerto de desesperación.


A través de las líneas que anteceden, hemos podido hacernos una idea sobre el espíritu satírico que alentaba en Mu'min ibn Sa'îd, y que es, sin duda, la nota más destacada en su producción. Pero todavía queda algo por decir para comprender el alcance de la personalidad de este autor y su papel en la historia literaria de al-Andalus.


No toda su producción se redujo al género satírico. Sabemos que fue «poeta famoso y muy fecundo», y efectivamente, aunque se ha conservado sólo una parte muy exigua de su obra, al lado de los versos registrados hasta aquí, conocemos algunos más, redactados en tono distinto, que nos revelan aspectos nuevos del genio de su autor.


Mu'min ibn Sa'id, como era usual en aquel tiempo, realizó un viaje a Oriente con el fin de ampliar sus estudios; en Bagdad conoció a Abú Tammám y aprendió sus poesías, trayéndolas a al-Andalus donde se dedicó a enseñarlas a las nuevas generaciones de estudiantes. Corresponde pues a Mu'min ibn Sa'îd el mérito de haber introducido y difundido aquí una pieza de la cultura literaria árabe tan importante como la obra poética de Abu Tammám.


A propósito de esta labor suya, los cronistas nos cuentan de paso que, en una de sus clases, se estaba leyendo y comentando un verso de Abú Tammám que decía:


Era aquél un país donde me despojé de los placeres como me despojo [del anillo, y donde me divorcié de la alegría (surûr), repudiándola tres veces.


Uno de los estudiantes que escuchaban, y que no había entendido bien el sentido del verso, tomando la palabra surûr como si fuera un nombre propio de mujer, le preguntó:


- ¿Y quién era esa Surûr?


- Esa era la esposa de Abú Tammám -contestó Mu'min-; yo la conocí en Bagdad.


Con esta anécdota, quiere el cronista darnos una muestra más de aquellas «salidas» repentinas y ocurrentes de Mu'min ibn Sa'îd, frecuentes en él y que, en efecto, están en la línea de su carácter, de reflejos rápidos y agudos. Como lo está también aquella otra que nos dice cómo una noche de Ramadán, hallándose presente el visir Hámid al-Zaÿÿáli, estaba Mu'min leyendo en voz alta uno de los textos islámicos acostumbrados en tales noches y, en lugar de leer rectamente el pasaje que decía: «al adúltero y la adúltera, dadles pena de azotes», leyó: «al adúltero y la adúltera, casadlos», cosa que provocó el consiguiente y regocijado alboroto, tras el cual el visir Hámid improvisó unos versillos alusivos.


Dotado de un carácter tan ligero e incisivo, podemos figurarnos cómo se conduciría Mu'min en el ejercicio de la enseñanza, pues, como ya hemos dicho, fue maestro de poesía y literatura. Daba sus clases en un rincón de la mezquita, y en el ángulo de enfrente se instalaba el juez supremo de Córdoba, aquél a quien llamaban por mal nombre al-Qub'a, el cual dirimía allí los litigios que se le presentaban, en medio de un atento grupo de asistentes que le escuchaban con el respeto debido a su alta dignidad. En cambio, el grupo que rodeaba a Mu'min estaba compuesto por jóvenes bulliciosos y alborotadores, quienes un día promovieron tan violento altercado que una zapatilla salió volando por los aires yendo a caer en medio del corro que constituía la audiencia del solemne juez.


A pesar de todas estas notas de ligereza, y ante la carencia de mayores elementos de juicio, a la hora de juzgar la calidad poética de sus producciones tendremos que aceptar el criterio de los antólogos árabes. Ya hemos visto la energía de su vena satírica, por la que mereció el apodo de «el Di'bil de al-Andalus». Por otra parte, Ibn Hayyán le llama fahl shu'arâ' Qurtuba ", título que, como es sabido, sólo se aplica a personajes de reconocida altura poética. Además, mereció que Ibn Faraÿ de Jaén lo incluyera en su famosa antología titulada Kitáb al-Hadâ'iq, obra en la que el antólogo seleccionó las mejores producciones poéticas andaluzas con objeto de competir con autores orientales. Todo ello indica la estima en que los andalusíes tuvieron sus versos.


De estos, aparte las composiciones satíricas reseñadas en páginas anteriores, han llegado a nosotros algunos fragmentos más, casi todos ellos del género amoroso. He aquí uno, en el que se dirige a la mujer amada:


Tan sólo puedo ya mirarte; y aun esta mirada


lastima al corazón que palpita en mi pecho:


pues mis ojos, al verte, están en el Paraíso Eterno,


pero mi corazón está en el Infierno.


Ibn Hayyán nos ha conservado otro poema del género gazal que es interesante por estar dedicado a Muhammad ibn Hishám, apodado al-Qitt («el Gato»), miembro de la familia omeya, pues era descendiente del emir Hishám I, y que a su vez fue abuelo de Ahmad, personaje nombrado en la historia de al-Andalus porque fue cabeza de un curioso movimiento político y espiritual contra el emir `Abd Alláh. Este Muhammad ibn Hishám era hombre de extraordinaria hermosura, celebrada por los poetas de su tiempo, entre ellos Mu'mirt ibn Sa'îd, que compuso los siguientes versos dirigidos a su elogiada a través del cantor Mansúr:


Decidle a Mansúr: ¡Oh, Abú Nasr!


Con la infalibilidad sagrada del plectro y del laúd,


¿no has dado sentencia hoy contra la luna,


en favor del hijo de aquél que fue apodado al-Qitt?


No creó Allah Clemente, entre todas sus criaturas,


ninguna más hermosa que él, ¡oh, Abú Nasr!


¡No! ¡Lo juro por Aquél en torno al cual gira Quraysh,


en su Santo Lugar, durante diez días!


Cuando mira, parece que estuviera en su pupila


el ángel Hárút, ejerciendo su magia.


La fama de Mu'min ibn Sa'îd trascendió de al-Andalus y llegó pronto a Oriente, pues Ta'álibî, erudito oriental que escribe entre los siglos X y XI, inserta en su Yatima cuatro composiciones de nuestro autor. La primera de ellas consta de tres versos (metro ramal rima mî), de tema erótico, construidos sobre el tópico de comparar un rostro hermoso con el sol y la luna. La segunda está constituida por cuatro versos (metro kâmil, rima dî), también eróticos, de sabor arcaico, con alusión a la caravana del desierto, propia del nasîb de los antiguos poemas. La tercera se compone de otros cuatro versos, en los que alude con emoción a la Rusáfa cordobesa:


Su corazón, al recordar la Rusáfa, se llenó de nostalgia


y vertió a torrentes el agua de sus ojos.


¡Cuántos amigos agradables tengo en la Rusáfa!


¡Si no fuera por ]a ausencia, no vendría a ellos nostálgico!


¡Qué hermosa residencia, la tierra de Rusáfa,


con cuyo recuerdo el corazón siente lo que siente!


¡No censuréis mi amor por un país donde está mi gente,


pues la ausencia ha sentenciado que yo esté enamorado de él!


Por último, la cuarta composición tiene cinco versos (metro ramal, rima dî), en los que se trasluce un sentimiento de amargura:


Solamente perjudica a mi dignidad


el hecho de que yo no soy como las gentes de este país.


No hay entre ellos más que seres rencorosos


y envidiosos de los hombres de valía.


Evitan encontrarse conmigo


igual que evitarían el encuentro de un león.


Mi presencia es, ante sus ojos y sus intenciones,


más insoportable que ninguna otra cosa.


Y aunque me vieran en el fondo del mar


nadie me cogería de la mano.


Tales son los poemas recogidos por Ta'álibî secamente, sin haberse dignado dedicarles comentario alguno. Casi todos son, como se ha visto, del género amoroso y no están exentos de ternura. Ante ellos, no podemos menos que pensar, una vez más, en lo mal representados que suelen estar los autores árabes en algunas antologías, y, en consecuencia, la falsa semblanza que ofrecen de los mismos. En este caso concreto, si para conocer a nuestro poeta no tuviéramos más datos que los que nos proporcionan los versos insertos en la Yatîma, no podríamos hoy saber que Mu'min ibn Sa'îd había sido, en realidad, tan tremendo satírico como nos declaran las restantes fuentes.


Para completar la reseña de cuantos datos puedan ayudar a esclarecer la figura de nuestro biografiado, sólo nos queda hacer una breve consideración a propósito de cierta noticia recogida por Ibn Idári en el Bayán, referente a las obras realizadas por el emir Muhammad en la mezquita de Córdoba, que reza así:


«El emir Muhammad ibn `Abd ar-Rahmán hizo perfeccionar los lados de la mezquita, embelleciéndola con adornos esculpidos y mandó levantar la maqsûra en la que abrió tres puertas. Cuando se terminaron estos trabajos entró en la mezquita e hizo el salat fervorosamente con humildes prosternaciones, lo cual hizo decir a Mûsá ibn Sa'îd:


¡Por mi vida! el emir ha manifestado su humildad


y ha hecho patente, a la vez, su magnificencia y su piedad,


pues ha erigido un templo sin igual en el mundo


y ha orado, en acción de gracias, postrado ante el Señor del Trono,


¡Bienaventurado aquél por quien el emir Muhammad


haya intercedido cuando ha hecho allí su oración!.


No hemos encontrado ninguna otra referencia por la que podamos saber con certeza quién fue este poeta llamado Mûsá ibn Sa'îd, y ante esta solitaria alusión no refrendada por otros textos, se nos ocurre pensar que acaso se trate del propio Mu'min ibn Sa'id, pues la evidente semejanza gráfica de ambos nombres en árabe explicaría fácilmente el error de su lectura por los copistas o el editor. Si fuera así, tendríamos un dato más que añadir a los ya conocidos para precisar las actividades de nuestro poeta en la corte cordobesa.



Historia de los musulmanes en al-Ándalus. Maqâma de la peste


MAQÂMA DE LA PESTE

fî amr al-wabâ')

Alfaquí 'Umar de Málaga

El alfaquí y poeta y sufi 'Umar, pone en boca de Málaga una carta dirigida la la Alhambra de Granada, con el intento de que el Sultán y la corte se trasladen a aquella ciudad, por haber epidemia en la capital nazarí. El sultán aludido, al que sólo llama al-Gâlib bil-llâh, es Muhammad IX, al-Aysar, llamado el Zurdo en las crónicas castellanas. Tal vez en Granada hubiese un pequeño foco o una alarma que llegó a oídos de nuestro alfaquí, quien la toma como pretexto para escribir su maqâma. En todo caso no fue lo suficiente importante para dejar eco en las crónicas cristianas. El alfaqí 'Umar, enamorado de su patria chica, y como buen malagueño, siente celos de la capital, a la que deja en buen lugar pero rompiendo lanzas por Málaga, aunque en Granada haya intereses creados o razones políticas que impidan al sultán desplazarse a Málaga.

A la Alhambra, ciudadela del Imperio, sede inexpugnable de la gloria, donde surgen las lunas nazaríes que al aparecer hacen sonrojar a la misma luna (¡Allah la haga perdurar sobre las sucesiones del tiempo como mansión de la seguridad y morada del Islam, y permítala gozar largamente de la vida del muy feliz rey Jazraÿi!) " de la parte de Málaga, que testimonia la veneración que le debe y reconoce su mérito y su gloria (pues la luz del sol, no se oculta); la que está presta a acatar sus menores deseos -si mandas obedezco ciegamente; si llamas, escucho tu llamada -; Málaga, que se aferra a su segura protección y está pendiente de sus noticias con el anhelo con que la tierna enamorada está pendiente del arrayán de su corazón.

¡Oh señora mía, mi viático, mi tesoro, mi sostén! Allah nos permita a ti ya gozar largamente de la vida de quien nos ha liberado de las dificultades y ha trocado nuestros pasados errores en rectitud: nuestro señoor al-Galib bi-llah al que Allah ha prometido el magno triunfo y la próxima victoria cumpla Allah Su promesa!). ¡Vaya a ti un saludo cuyo aroma perfuma gracias al nombre de nuestro Señor el Príncipe de los musulmanes, y cuya fragancia se aspira como polvo de almizcle! ¡y caigan sobre ti la misericordia de Allah Altísimo y Sus bendiciones!

Después digo: Por causa tuya alabo a Allah, a quien si se pide que Su poder sea suficiente, lo es, y si se pide que Su nombre cure, cura, y si se acude a Su amplia misericordia, perdona, y bendigo a Su noble Enviado Muhammad ( ), el elegido, a sus familiares y a sus compañeros, los más nobles, puros y leales de sus fieles.

Te escribo, señora, con el alma desasosegada, insomne, desvelada, inquieta, solicita, encendida, o mejor, abrasada; y te conjuro por el Señor que te ha hecho merced de la gloria y del poder, y te ha hecho conocer tras del aprieto las dulzuras del consuelo, a que me ayudes para que se calme mi angustia y se sosiegue mi temor; para que me torne el sueño tras el insomnio; para que se satisfaga la necesidad que se ha descubierto en mi corazón; para que comprendas el objeto ,de mi alusión y la alusión que hago a mi objeto, y para que abandones el egoísmo, que es enemigo de la verdad y opuesto al recto camino.

Esta carta que te dirijo está escrita a tenor de eso que se dice: El tierno amante se imagina lo peor. Una de las mercedes que Allah ha hecho al hombre es que esté en guardia contra los peligros (¡bendito sea Allah, el Gran Dadivoso!). Como dice Mutanabbi: ¡Cuantas veces el amante aflige, [por su mismo amor], a quien ama y cuantas veces el cariño hace que se falte al deber!.

El primer símil me cuadra a , el segundo a ti (¡Allah facilite la conservación de la salud de nuestro señor, esperanza tuya y mía!).

Gran sorpresa me causa tu terquedad en que nuestro señor siga en una morada en que se propaga la enfermedad, y entre cuyos aposentos va y viene el aire malsano. Me han dicho que oír hablar del viaje a Málaga te resulta más cargante que oír hablar del espía, del censor y del chismero, y que acerca de este viaje hay opiniones encontradas, sin que se acuda al precedente de costumbres pretéritas ni a hábitos de antaño, pese a que los primeros creyentes (a quienes tenga Allah en Su misericordia) no dejaron tras de sí enseñanza que no sea útil y en todos los caminos pusieron señales que guían a la salvación. He oído también, señora, que la decisión tomada ha sido la de quedarse confiándose a Allah, lo cual está en desacuerdo con el parecer del Califa al-Rashid quien, en parecida coyuntura abandonó su residencia de Dar as-Salam, donde se hallaban los pilares y los grandes hombres del Islam. [Cito este precedente porque] he oído que entre las elegantes frases que ha pronunciado [nuestro señor] figura ésta: « Temo ser el primer Califa [que haga tal cosa].»

Yo esperaba, señora, que la epidemia se aminorase o encontrase mejoría con la entrada de la estación fría, y no escribí con esa esperanza; pero la situación se ha agravado y tú sigues en tus trece, sin que la idea de partir te pase por las mientes ni por el pensamiento. y digo yo: la obligación de someterse a los designios de Allah Poderoso y Sabio está islámicamente, establecida; pero el creyente no debe sentirse por ello completamente atado. Porque ¿qué deberá hacer el que a Allah se somete con alma y cuerpo, cuando se le dice: « Huye del león ", y lo ve venir a su encuentro y echársele encima? ¿Intentará buscar la salvación y se pondrá en guardia, o se conformará con ser desgarrado? Aquel a quien le dicen en plena noche: « Vete de este lugar para salvarte del torrente", ¿seguirá durmiendo en su lecho o se apresurará a ponerse a salvo con cuanto esfuerzo pueda? A quien le gritan: «La caballería enemiga viene algareando y los pastores buscan refugio en el monte; recoge tu ganado, antes que te lo quiten, que aún es tiempo", ¿lo dejará seguir pastando, sin moverse, o lo recogerá para salvarlo, como sabes por experiencia que se suele hacer? Cuando los arqueros enemigos están en fila y sus flechas alcanzan a millares de hombres, ¿aconsejará la razón alejarse o mantenerse a pie firme?' Cuando los terremotos se ensañan con un pueblo, y la tierra tiembla a diario, y crece la incertidumbre en los corazones de los vecinos, y las grietas ceden un día para aumentar al siguiente, y no se oye hablar de otra cosa que de muros desplomados sobre los cimientos de las casas, y de que éstas se derrumban sobre sus moradores, y de que se sacan muertos de debajo de los escombros, y de que una columna cae sobre una esclava, ¿habrá que decidirse a quedarse allí ya seguir viviendo bajo esas paredes, o habrá que ingeniarse para abandonarlas con mujeres y niños?

Señora mía, la Alhambra: Te pido que me enteres, y, si mi entendimiento está ofuscado, que me disculpes. Me ha llegado una excelsa carta del Generalife en la que me cuenta que no hay novedad en él para nuestro señor y los suyos; que la salud se respira entre ellos, junto con las auras del laurel y del arrayán, sin que haya necesidad de médico ni de llamar al sangrador para que mire en sus ampollas, ni nada que decir ni que hacer; que no hay el menor temor de que la epidemia aumente en crueldad y dureza, pues no ha caído de cuantos viven en aquel jardín, entre los servidores de nuestro señor el Sultán, más que un eunuco que no valdría diez dirhames en el zoco de esclavos; y que la salud de todos, gracias a Allah, continua siendo buena, por todos estos días. El Generalife me entera también en la carta que me ha enviado y en el mensaje que me ha dirigido como tu deseo es que nuestro Señor (¡Allah le guarde!) se traslade desde aquel aire saludable, aquellas aguas cristalinas y el aroma de aquellos jardines entre cuyos pabellones juguetea el céfiro perfumado, a Málaga, donde encontrará una atmósfera limpia, arriates que invitan a la siesta, y un reposo que, como suele decirse, se mete en las almas; donde hallará fragantes perfumes, valles serpenteantes y costas en las que se ensancha el pecho herido; donde la violeta sirve en rueda los cálices del junquillo, y los jazmines son como luceros que surgen en pleno día; donde el aroma del azahar se mezcla con el perfume de la toronja y las brisas de la mañana; donde el chirriar de las aceñas parece el suspiro de las vírgenes enamoradas; Allí, cuando se alaba a la aurora, y rompe el alba, las barquillas se colman de gente Y, los pescadores gritan: " ¡A las almadrabas! "; y luego, cuando los resplandores del Oriente van pasando a tierras de Occidente, el jefe de la tropa grita: « ¡Buenos días, montad a caballo! ", y se llegan hasta el valle grande para pescar y cazar liebres y pájaros.

¡Allah pague al Generalife sus buenos deseos e intenciones y el haber dado muestras de seguir la verdad y contradecir la pasión, de acuerdo con las noticias que de las antiguas dinastías se conservan y cuentan!

Me dice el Generalife, señora, que estás de acuerdo con el autorizado hadiz que se cita a propósito de esta enfermedad, en el que se prohíbe salir de los territorios y, sitios en que se ceba, y salir a su encuentro para combatirla y lidiar con ella. El hadiz es auténtico, y la norma que marca está claramente expuesta; pero los 'ulamas le han dedicado comentarios que sería largo analizar y que el mismo imam Ibn Rushd ha resumido y explicado en su Yami" al-bayan wa-l-tahsil. Todos están unánimes en que la prohibición que encierra este hadiz no es prohibición ex-comunicatoria, y sólo va dada como regla de buena conducta y a titulo de información y enseñanza. No hay, pues, crimen ni delito tanto en quedarse en la zona apestada como en abandonarla.

Dice " Amr ibn al-'As: " Lo mejor para los prudentes es salir [del lugar apestado] en previsión de que un estado de opinión degenere en tumulto.» Bastaría con la opinión de 'Amr ibn al- 'As como argumento para quien quiere ganar la partida, porque lo escrito sobre este tema es mucho y yo no hago más que resumirlo. Una opinión que muchos de los Compañeros del Profeta () tienen dada y tenida por mejor, merece que de ella se diga: " ¡Qué feliz y acertada es! » ¡Ojalá toda mi argumentación jurídica fuese de esta Índole y siguiera el mismo camino, apoyada siempre en la autoridad de un excelso Compañero y dejándose conducir por la ciencia y la guía más impecables, aunque sea en contra de una famosa opinión de Jalil. ¡Pero aquí cabe decir: "No hay en esta olla más que este grillo".

Señora mía, la Alhambra: Te veo en este asunto haciendo de alfaquí, desentendiéndote de lo que dejaron aclarado ulemas y sabios, y negándote a hacer cosas en que no hay delito ni error. Si te tuviera delante tendría contigo una larga conversación y te argumentaría apoyada en textos y comentarios.

He oído decir que te inquieta pensar en los grandes gastos que traería consigo este desplazamiento de la corte; pero en ello no debe haber motivo de inquietud, porque la seguridad nunca es cara y no se puede comprar por ningún tesoro ni dinero. El que merece reproche es quien prefiere algo a la salud. Si al trigo se lo come el moho y el oro puede ser sustituido por las monedillas de cobre, ¿cómo van a merecer respeto cuando se trata de poner las vidas a salvo? Sé que has dicho: " En Málaga no hay sembrados, y en espacio reducido se angustian pecho y brazo; la agricultura y la labranza no tienen allí arraigo ni variedad ». Duras me han sido estas palabras, pero las acepto y se acabó. Sé que poco valgo en comparación con lo que vale Granada; pero muchos días, en un solo instante, se me llenan de trigo playa y marina, y no se sabe que jamás hayan durado en los malos tiempos. Más de setecientos años vengo acogiéndome a la abnegación de mi voluntad en Allah, sin que en ellos haya ocupado corazón ni mente con la idea de almacenar alimentos ni acaparar trigo. Hoy y mañana confío en la provisión de Allah, que traen los vientos en sus cuellos, la lluvia cuya corriente desborda por aduanas y zocos, y es venida a buscar por amigos y enemigos por gracia del Generoso, Sabio, Donador y Proveedor.

La hormiga dice: « Mi orgullo está en mi ahorro " y el gorrión dice: «Mi confianza está en Allah ". La hormiga dice: « Me siento segura con el grano recogido " y el gorrión dice: Abnego mi voluntad en el Señor. Pero cuando cierra la noche e irrumpe el torrente, la hormiga tiene que salir a nado, dejando el grano entre el palmito, y entonces el pajarillo baja, y, dando gracias a Allah, recoge cuanto encuentra del tesoro de la hormiga, y dice: «El acaparador ha salido perdiendo; el que busca el sustento improvisado es el gananador, y el desprendido no debe ufanarse de lo que atesora."

Bien claro veo que el Visir (¡a quien Allah honre!) no tiene en todo esto nada que decir, y que para él se limita el negocio a confiar en el Señor que tiene la Fuerza y el Poder. Pero he oído decir, señora mía, que el mayor daño que trae consigo este mal es destrozar las entrañas de los niños que están entre los siete y los diez años, y que a esta edad son arrayanes fragantes y perfumados para los corazones. y esto es lo que más me ha movido a escribirte, pues los infantes son como ganado que pace y cuyo padre es el pastor, el cual no ha de dejar su ganado por donde pasa la alimaña carnicera ni cerca de un incendio . Si vemos que los pájaros mudan a sus polluelos de nido en nido y los ocultan entre los espesos árboles cuando temen la llegada de un ave rapaz o de un cazador astuto, ¿cómo no, acallaremos nuestro temor imitando la conducta de nuestros mayores, en vez de quedarnos parados ante la impetuosa avenida que a nuestros hijos se lleva? ¿Qué tienes que decir y contestar a todo esto? ¿Qué opinión o buen criterio se te ocurre? Escríbeme sobre ello una carta, que me sirva de sostén y apoyo; besa por mí la mano de nuestro señor (¡ojalá encontrara yo medio de hacerlo!), e infórmale de que estoy a su .servicio, con la mejor intención y siempre dispuesta a agradecer su favor prolongado. ¡Allah siga protegiendo tierras y personas con la guardia y vigilancia de nuestro señor, y me haga oír la buena nueva de su venida al Palacio Nuevo de Málaga desde la Alhambra de Granada: ¡Guarde Allah, con Su bondad y favor, a él, a sus hijos, al reino y al país!

Escrita el 2 de rabi' del año 844 (30 de agosto de 1440)


Historia de los musulmanes en al-Ándalus. Teoria y practica juridica del derecho islamico en al-ändalus



TEORIA Y PRÁCTICA JURIDICA DEL DERECHO


ISLÁMICO EN AL-ÁNDALUS


Ha sido frecuente entre quienes se ocuparon de la vida jurídica en Al-Andalus la afirmación de que existió una cierta dicotomía entre el Derecho malikí -teóricamente vigente- y la práctica jurídica seguida en Al-Andalus. Se insinuaba así la posibilidad de que existiera un Derecho ideal, teórico y otro real. Este Derecho, según dichos autores, sería el aplicado por los tribunales y el observado por los particulares en sus relaciones jurídicas. De acuerdo con tal tesis, únicamente el Derecho reflejado en los dictámenes jurídicos, formularios notariales o documentos de los tribunales reflejaría la auténtica vida jurídica de Al-Andalus.


Un atento análisis de la metodología jurídica islámica -común en parte a las cuatro Escuelas existentes en el Islam- obliga a rectificar el anterior juicio.


Tal intento aclaratorio debe ir precedido, ante todo, por una obligada precisión terminológica. Con frecuencia los juristas occidentales, al estudiar el Derecho Islámico, lo someten a esquemas y divisiones que no existen en aquél. Tal perspectiva etno-jurídica de Occidente dificulta muchas veces la comprensión de una realidad tan compleja como el sistema jurídico islámico. Conceptos occidentales tales como Derecho Público, Derecho Privado, la propia distinción entre norma religiosa, jurídica o moral, carecen de sentido en Derecho Islámico, donde la única división básica es la de usúl y furû' y la norma tiene el propio tiempo el sentido de precepto trascendente y moral. El laicismo occidental en materia jurídica carece de realidad en Derecho Islámico.


La parte que denominaríamos teórica o doctrinal en el Derecho Islámico son, pues, los usúl o Principios Fundamentales, que vendrían ubicados en lo que nosotros denominaríamos Ciencia Jurídica. Los usúl en Derecho Islámico abarcan la Introducción al Derecho, el estudio de las fuentes esenciales y secundarias, la calificación de los actos humanos y, finalmente, la metodología jurídica y legislativa, es decir, el iÿtihâd. La parte del Fiqh denominada furû' o ramas deriva de la imagen árabe del árbol de la Ciencia. Los furû' se dividen a su vez en 'ibâdât -normas reguladas y obligaciones del hombre hacia Allah- y mu'âmalât, que incluye las relaciones "inter vivos" y "mortis causa" entre los sujetos de Derecho.


El 'amal (pl. a'mâl) en Derecho Islámico representa un concepto intermedio entre la doctrina de los autores y la práctica jurídica. El a'mâl representa en la metodología jurídica islámica el instrumento que acomoda los grandes principios del Fiqh a las peculiaridades locales. Por tal razón, el término a'mâl desorienta en ocasiones tanto a los arabistas como a los propios jueces.


La posibilidad de lograr este principio de acomodación jurídica a las peculiaridades locales ya había sido prevista por el propio Málik b. Anas. En este sentido, como se puede ver en cualquier tratado árabe de Filosofía del Derecho, los Imanes de todas las Escuelas jurídicas acudieron a un principio corrector de la rigidez de las normas generales del Derecho. En Málik, cuyas doctrinas se aplicaron prioritariamente en Al-Andalus, este principio corrector son los llamados al-masálih al-mursala, principios generales.


El principio, de al-masâlih al-mursala era aplicado únicamente a los actos jurídicos "inter vivos" o "mortis causa", es decir, a la parte del Fiqh, que se ocupa de al-mu'âmalât, no a cuanto atañe a las normas que rigen las relaciones del hombre con Allah o 'ibâdât.


La aplicación de este principio en tiempo de Málik y con posterioridad a éste, en Medina y en los demás países donde se siguió la doctrina malikí, consigue una auténtica diversificación jurídica y a una adaptación del Derecho Islámico a las peculiaridades de cada país. Málik mismo previó tal diversidad, como comprueba en su comentario a un discípulo andalusí en cita de Al-Qaráfî, se remite en ocasiones a las peculiaridades jurídicas de Medina, algunas priman incluso sobre hadices auténticos. El principio de al-masálih al-mursala hará que en ocasiones una solución sea contraria a la opinión mayoritaria. Por otra parte, la práctica de los tribunales y los dictámenes de los muftíes se acomodaron a tal principio, conscientes de que daban con ello satisfacción e intereses generales.


Será precisamente a través de al-a'mâl, concepto que, como decimos, evoca al propio tiempo nuestra doctrina de los autores, la práctica jurídica e incluso la jurisprudencia, como se desarrollará el proceso de adaptación del Derecho a los intereses y peculiaridades de la comunidad.


En Al-Andalus, contrariamente a lo sostenido por algunos autores, existió un Derecho Islámico con peculiaridades propias, y que iban más allá de la propia doctrina malikí. Las enseñanzas jurídicas de Málik b. Anas, por el contrario, se aplicaron -tras los primeros tiempos de vigencia de otras doctrinas, como la de Al-Awzá'î `ibn Layt b. Sa'd, Al-Tawrî, etc. en toda su plenitud.


En Al-Andalus, estuvo vigente, por lo tanto, la siguiente normativa en lo que al Derecho Islámico se refiere:


a) En materia de 'ibâdât, la doctrina de Málik o de sus glosadores en forma prioritaria.


b) En materia de mu'âmalât, relaciones jurídicas "ínter vivos" o "mortis causa", se aplicó en primer lugar la normativa malikí. No obstante, en numerosas ocasiones, basándose precisamente en el principio de al­masálih al-mursala se dieron soluciones peculiares. Málik b. Anas sólo había puesto como condición para tal singularidad que las nuevas normas estuvieran inspiradas en el espíritu de Ash-Sharî' y que lo fueran por razones de necesidad, no por mero capricho. En la doctrina hanafí, por ejemplo, será el 'urf en sus dos formas -lafzî y 'amalî - interpretación terminológica y práctica judicial, los que logran la adecuación del binomio norma jurídica-sociedad.


Surge así en la práctica judicial malikí una serie de normas y soluciones que, con los únicos requisitos que hemos citado, irán completando el sistema jurídico islámico en Al-Andalus y otros países inspirados en las enseñanzas de Málik b. Anas. Esta serie de preceptos complementarios del Fiqh básico recibe el nombre de al-a'mâl y comprende tanto las opiniones de juristas renombrados como los fallos de jueces célebres e incluso los propios formularios notariales.


La normativa de al-a'mâl andalusí se encuentra, por lo tanto, en:


a) Las compilaciones de dictámenes jurídicos, denominados fatâwî, aywiba, o nawâzil. Entre los autores más renombrados en este género debemos citar a Ibn Sahl e Ibn Rushd. Son de interés, asimismo, por recoger en ocasiones opiniones de juristas andalusíes las obras de Al-Burzúlî, 'Abd al-Qádir, Al-Fási, Al-Wansharîshî, Al-Mahdi, Al-Wazánî, etc.


b) Los formularios notariales, al-wazá'iq, tales como el de Ibn Mugit, del siglo XI; el de 'Abd Allah b. 'Abd al-Wáhid al-Fihri, del siglo XI también; el del rifeño Abú-l-Hasan 'Al Yahyá b. al-Qásim, del siglo XII; el de Ibn Salmún, del siglo XIV, así como otros todavía no identificados como tales formularios.


c) En los documentos que se conservan de sentencias civiles o penales


d) En obras de juristas andalusíes o norteafricanos.


Es evidente para todos nosotros el vacío existente en la actualidad en os estudios sobre Derecho Islámico, en Al-Andalus. Salvo el esfuerzo realizado, a finales del pasado siglo y principios del actual, por los grandes arabistas de nuestro siglo XIX y por algunos juristas de gran intuición, muy pocos son los materiales útiles con los que contamos en la actualidad. Faltan monografías y estudios serios de investigación en este importante campo de nuestra Historia del Derecho.


Hasta el momento, en los programas de las Facultades de Derecho, el importante legado de nuestro Derecho histórico se estudia en cinco o seis lecciones. Se argumenta que la base confesional del Derecho Islámico impide influencias mutuas con el Derecho vigente en los reinos cristianos de la península ibérica. Aunque las conexiones son numerosas y claras, es un problema complejo y poco estudiado. La realidad es, sin embargo, que el sistema jurídico vigente en Al­Andalus es la parte menos estudiada de la cultura musulmana de la península ibérica.


Para una sistematización y análisis de este importante legado cultural es preciso disponer con toda urgencia de una serie de monografías, léxico-terminología jurídica, trabajos de investigación, etc., a realizar por departamentos universitarios, eminarios y organismos oficiales, trabajos que abarcarían:


a) Las obras básicas del malikismo -Al-Muwatta y Al-Mudawwanat al-kubrá, especialmente- así como las glosas andalusíes a éstas dos importantes obras.


b) Obras del a'mâl andalusí: compilaciones de dictámenes, formularios notariales, catálogos de documentos judiciales, disponibles en archivos.


c) Rastreo del a'mâl andalusí en compilaciones y obras jurídicas en países del Norte de África y muy especialmente de Marruecos. Hay que subrayar a este propósito que, por ejemplo, los Ulemas de Fez siguieron las soluciones de los juristas andalusíes y que el propio A'mâl al- fâsî está inspirado en parte en las doctrinas jurídicas andalusíes. Basta recordar a este propósito -como cita Louis Milliot en su Introduction á l'étude du Droit Musulman que en fecha tan próxima como el año 1911 un Dahir Visir, marroquí -el 7 de julio de 1914- , relativo a la organización judicial, ordenan los cadíes en su art. 25 seguir de una manera general la jurisprudencia andalusí o la opinión mayoritaria o mashhûr. No obstante, en caso de discrepancias, aquella y ésta, prevalecía la referida jurisprudencia andalusí. Aunque el llamado A'mâl al-Fâsî representó un notable esfuerzo de creación para los Ulemas en Fez, sin duda alguna el recuerdo de la jurisprudencia y doctrina andalusí impregnó completamente el Derecho Islámico en Marruecos.