sábado, 10 de enero de 2026

IBN 'AMMAR


IBN 'AMMAR

Ibn Ammār: Abū Bakr Muḥammad b. ‘Ammār b. Ḥusayn b. ‘Ammār. Silves (Portugal), 422 H./1031 C. – Sevilla, 479 H./18.IV.1086-7.IV.1087 C. Literato y visir de la corte abadí de Sevilla.

MilitarPoeta, tisaRey de TaifaVisir

Biografía

Abū Bakr Muḥammad b. ‘Ammār es, sin duda, uno de los personajes más célebres del período taifa. Al igual que otras relevantes figuras de su época, destacó en los ámbitos de la política y de las letras, habiéndose conservado parte de su producción poética. Su importante papel en ambos terrenos se combina con una trayectoria personal muy agitada, llena de vicisitudes, en la que se suceden momentos de auge y de completa postración, todo lo cual genera un perfil biográfico de tintes casi novelescos. La actuación de Ibn ‘Ammār está marcada por su relación personal y política con el soberano abadí al-Mu‘tamid y destaca por su enorme ambición política y su afán por emprender arriesgadas aventuras y empresas personales que acabaron suponiendo su final.

Ibn ‘Ammār era natural de una pequeña localidad rural cercana a la ciudad hoy portuguesa de Silves, la aldea de Šannabūs. Sus orígenes no hacían presagiar, en absoluto, su destino, ya que procedía de una familia humilde y sin antecedentes en el ámbito de la política, carente por completo de relevancia social y económica. Tras iniciar su formación en Silves, marchó a Córdoba, donde completó sus destrezas poéticas, dando, desde entonces, rienda suelta a su vocación literaria, dedicándose a recorrer la Península ganándose la vida con su talento, el cual le abrió las puertas de la carrera política, pues la poesía cortesana era entonces una de las principales vías de propaganda para los soberanos y de promoción personal para los vates. Su golpe de fortuna le vino gracias a una casida compuesta en alabanza del soberano abadí al-Mu‘taḍid, en la que elogiaba la derrota que había infligido a los beréberes, siendo desde ese momento inscrito entre los poetas cortesanos oficiales. A partir de entonces se inicia su ascenso, muy ligado a su estrecha amistad con el príncipe heredero abadí, que gobernaría más tarde como al-Mu‘tamid, personaje, asimismo, de fuerte vocación poética. Como indica metafóricamente una crónica árabe, Ibn ‘Ammār llegó a estar más unido a al-Mu‘tamid que los pelos de su pecho y más cercano a él que las venas de su cuello.

Dentro de su trayectoria política se pueden distinguir dos etapas, separadas por el acceso al poder de su amigo y mentor al-Mu‘tamid en 461/1069. El imparable ascenso de Ibn ‘Ammār se inicia antes de su proclamación y se sitúa hacia el año 455/1063, cuando Silves fue conquistada y anexionada a la taifa sevillana. El soberano al-Mu‘taḍid otorgó el gobierno de la ciudad a su hijo y heredero, quien se llevó consigo a Ibn ‘Ammār. Pero al-Mu‘taḍid no veía con buenos ojos la enorme influencia del visir sobre su hijo, por lo que decidió apartarlos, siendo desterrado Ibn ‘Ammār, que buscó refugio en Zaragoza. No pudo regresar hasta que en el año 461/1069, al-Mu‘tamid sucedió a su padre y desde entonces ganó tal confianza que, como señala el cronista al-Marrākušī, “lo hizo participar en lo que no hace uno participar a su hermano ni a su padre”.

Se inicia a partir de entonces la ascendente carrera de Ibn ‘Ammār, que dio comienzo en su tierra natal, pues en principio eligió convertirse en gobernador de Silves, si bien no permaneció allí mucho tiempo, siendo pronto requerido por al-Mu‘tamid, quien lo convirtió en su primer ministro. Ibn ‘Ammār se hizo imprescindible por su sagacidad, reflejada en la célebre anécdota en la que se cuenta cómo libró los dominios abadíes de la presión de Alfonso VI ganándole una partida de ajedrez.

Pero su sagacidad se tornó pronto en audacia, lo que acabó produciendo la ruptura entre el soberano y su visir y, finalmente, selló el destino de éste. Su afán de protagonismo lo llevó a tratar de ampliar los dominios abadíes como forma de promoción personal, si bien sus empresas no culminaron con éxito y, a la postre, fueron la causa de su muerte. Completada en la etapa de al-Mu‘taḍid la anexión de los territorios del Occidente andalusí, las miras de Ibn ‘Ammār se dirigieron a la zona del Levante, donde sus objetivos principales fueron Granada y Murcia, pero en ambos fracasó, a pesar de que no dudó en aliarse con el enemigo cristiano para lograr sus metas. El rey zirí ‘Abd Allāh nos ofrece en sus Memorias un detallado relato del fracasado empeño de Ibn ‘Ammār por adueñarse de Granada, ofreciéndonos una pésima imagen del visir sevillano, criticando su desmedida ambición y su afán por lograr un dominio personal, traicionando, así, a su soberano.

La negativa de ‘Abd Allāh de pagar parias a Alfonso VI fue el momento propicio aprovechado por Ibn ‘Ammār para entablar relación con el rey cristiano y pactar con él la conquista de Granada, para lo cual acordaron construir una fortaleza desde la que hostigarla, eligiendo el emplazamiento de Belillos, desde el que podían fácilmente atacar y devastar la rica vega granadina. La empresa, sin embargo, no prosperó, pero Ibn ‘Ammār había empeñado su compromiso y debía grandes sumas a Alfonso, por lo que siguió excitando su codicia para adueñarse de la ciudad del Darro, hasta que, finalmente, el rey ‘Abd Allāh se vio forzado a aceptar el pago de parias a Alfonso VI como única forma de subsistir. Ello lo libraba de la amenaza cristiana mientras que Ibn ‘Ammār, en cambio, no pudo ver cumplido su objetivo de tomar Granada.

Seguidamente dirigió su atención hacia Murcia, de la que trató de apoderarse en dos ocasiones, aunque de nuevo sin éxito. La primera vez buscó la alianza de Ramón Berenguer II, conde de Barcelona, a quien prometió una alta suma a cambio de su ayuda, poniendo como garantía del pago a al-Rašīd, hijo y heredero de al-Mu‘tamid. Las tropas sevillanas y catalanas salieron en expedición y atacaron Murcia, pero, al no llegar el dinero prometido, tanto Ibn ‘Ammār como al-Rašīd fueron presos por el conde, aunque finalmente liberados, a cambio del pago de un fuerte rescate por al-Mu‘tamid. La segunda tentativa de tomar Murcia la llevó a cabo con la ayuda de Ibn Rašīq, gobernador de la fortaleza de Bal’ (Vilches o Vélez). Ambos se apoderaron de Mula, población clave en el abastecimiento de Murcia, que cayó al poco tiempo en manos de Ibn Rašīq, mientras que Ibn ‘Ammār ya había regresado a Sevilla. Contando con apoyos internos, lograron apresar al señor murciano, Ibn Ṭāhir, y seguidamente Ibn Rašīq hizo proclamar al soberano abadí. Era el año 1079-1080 y Murcia pasaba a engrosar los dominios de la taifa sevillana. Allí se trasladó Ibn ‘Ammār, quien pronto comenzó a mostrar veleidades de independencia, como revela con contundencia el relato de las Memorias del soberano zirí, que resulta muy elocuente de la actitud del visir sevillano y de sus veleidades en Murcia:

“La conducta seguida por Ibn ‘Ammār en Murcia fue desastrosa: su altanería para con las gentes, su vida libertina y su pasión por el vino le enajenaron el afecto de los habitantes. Su actitud para con Mu‘tamid era una fingida obediencia que frisaba en la rebeldía. Llegó incluso a herir públicamente su honor, satirizándolo por cosas de que Dios había librado al príncipe. Obró, pues, como los hombres más bajos y ruines”.

De esta forma, Ibn Rašīq supo hacerse pronto con el dominio de la situación, aprovechando para ello la salida de Ibn ‘Ammār de la ciudad en embajada hacia Alfonso VI “con el pretexto de ocuparse de la suerte de los territorios de Levante vecinos al suyo, por si podía apoderarse de ellos (por ejemplo, de Santa María de Albarracín), y para ver si contrarrestaba el daño que le infería Ibn Rašīq”, según el testimonio del emir granadino. En esta situación, Ibn Rašīq se apoderó de Murcia, tras haberse ganado a sus habitantes, de forma que, enemistado con al-Mu‘tamid por su actitud y privado de Murcia, Ibn ‘Ammār hubo de buscar nuevos apoyos, encontrando acogida junto a Ibn Hūd de Zaragoza, ciudad en la que había estado cuando fue desterrado por al-Mu‘taḍid.

A partir de entonces se inicia la fase descendente de la carrera política de Ibn ‘Ammār. En sus Memorias, el emir granadino explica la enemistad entre él y al-Mu‘tamid como consecuencia del trato desdeñoso del visir hacia al-Rašīd, el heredero abadí, No obstante, su trágico final se vincula al asunto de Segura, cuya toma ofreció Ibn ‘Ammār a Ibn Hūd cuando se acogió a él tras perder el control de Murcia a manos de Ibn Rašīq. La ciudad había estado hasta entonces en manos de al-Mu‘tamid, que la había evacuado, detentando su control un esclavo de Sirāŷ al-Dawla, hijo de ‘Alī b. Muŷāhid, señor de Denia, el cual pretendía entregarla al soberano abadí. Para atraerlo al lado de Ibn Hūd, Ibn ‘Ammār se fue a hablar con dicho esclavo, pero lo que éste hizo fue apresarlo y enviárselo a al-Mu‘tamid.

Uno de los hijos del soberano abadí, al-Rāḍī, fue el encargado de trasladarlo, siendo llevado a Córdoba, donde estaba entonces al-Mu‘tamid, cargado de cadenas y montado en una mula, para servir de escarnio al pueblo, “humillado, temeroso y pobre, sin poseer más que la ropa puesta”, como afirma con elocuencia el cronista al-Marrākušī. Una vez en la capital hispalense fue encarcelado en el alcázar al-Mubārak, lo cual hizo alimentar su esperanza de poder recuperar la libertad y ganar de nuevo la confianza de al-Mu‘tamid, especialmente tras entrevistarse con el soberano. Sin embargo, Ibn ‘Ammār precipitó los acontecimientos, ya que, adelantándose a los actos del soberano abadí, divulgó desde su encierro la conversación entre ambos, manifestando su confianza en ser pronto liberado. Encolerizado, al-Mu‘tamid asesinó en persona a su visir a golpes de hacha, como narra de manera pormenorizada el cronista al-Marrākušī, tras lo cual ordenó enterrarlo en el propio alcázar. Era el año 479/18 de abril de 1086-7 de abril de 1087.

Bibliografía

Al-Marrākušī, Lo admirable en el resumen de las noticias del Magrib, trad. de A. Huici Miranda, Tetuán, Editora Marroquí, 1955 (Colección de Crónicas Árabes de la Reconquistas, 4), págs. 87-100

Ch. Pellat, “Ibn ‘Ammār”, en Encyclopédie de l’Islam, vol. III, Leiden, E. J. Brill, 1971, págs. 727-728

Abd Allah b. Buluggin, El siglo XI en 1ª persona. Las “memorias” de ‘Abd Allāh, último rey zirí de Granada, destronado por los almorávides (1090), trad., intr. y notas de E. Lévi-Provençal y E. García Gómez, Madrid, Alianza Editorial, 1980, págs. 154, 157-162 y 165-168

R. P. Dozy, Historia de los musulmanes de España, vol. IV, Madrid, Turner, 1983, págs. 113-155

H. Pérès, Esplendor de al-Andalus: la poesía andaluza en árabe clásico en el siglo XI: sus aspectos generales, sus principales temas y su valor documental, Madrid, Hiperión, 1983

D. Wasserstein, The Rise and Fall of the Party Kings. Politics and Society in Islamic Spain, 1002-1086, Princeton, University Press, 1985

M. Benaboud, Sevilla en el siglo XI. El reino Abbadí de Sevilla (1023-1091), pról. de M. González Jiménez, glosario por R. Valencia, Sevilla, Ayuntamiento, 1992

M.ª J. Viguera, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes (Al Andalus del XI al XIII), Madrid, MAPFRE, 1992, págs. 77-80

M.ª J. Viguera (coord. y pról.), Los reinos de taifas. Al-Andalus en el siglo XI, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, vol. VIII-I, Madrid, Espasa Calpe, 1996, pág. 97-98 y 112

F. Clément, Pouvoir et légitimité en Espagne musulmane à l’époque des taifas (Ve-XIe siècle). L’imam fictif, pról. de P. Guichard, París, L’Harmattan, 1997

Autor/es

  • Alejandro García Sanjuán

 

viernes, 9 de enero de 2026

'ABDUN BJIZRUN

 

'ABDUN B. JIZRUN

‘Abdūn b. Jizrūn: ‘Abdūn b. Muḥammad b. Jizrūn. ?, s. XI – Sevilla, 1053-1054. Rey de la taifa de Arcos (1029-1053 o 1054).

Rey de Taifa

Biografía

Segundo gobernante, con el título de ḥāŷib, de la dinastía jizrūní de la taifa de Arcos. Este grupo de procedencia bereber, de la tribu Yarniyyān, pertenecientes al gran grupo Zanāta, se asentó en al-Andalus al mando de Muḥammad b. Jizrūn para engrosar el gran contingente de tropas bereberes enrolado por al-Manṣūr b. Abī ‘Āmir. Tras la guerra civil y el subsiguiente hundimiento del califato de Córdoba, los jizrūníes se apoderan de la región de Sidonia, incluyendo Qalšāna (Calcena), Cádiz, Jerez y Arcos (c. 1012). Debido a la extraordinaria posición defensiva de esta última plaza y a la inestabilidad política imperante, trasladaron la capitalidad del territorio a Arcos.

 ‘Abdūn sucedió a su padre en el trono en el año 420/1029-1030. Las crónicas andalusíes, siguiendo el criterio establecido por Ibn Ḥayyān, describen de manera muy desfavorable a ‘Abdūn: blando, afeminado y cobarde, astuto y traicionero. Sin embargo, los hechos parecen contradecir esta descripción, pues sus súbditos estaban muy satisfechos de él, cosa muy poco común entre los reyes de taifas y su muerte no parece corresponder con la de una persona astuta.

Mantuvo una política de alianzas con los bereberes de al-Andalus, tanto con los del occidente de al-Andalus (Carmona, Morón y Ronda) como con el gran reino bereber de Granada, principal valedor de los primeros ante la expansiva taifa de Sevilla, y no reconoció al falso califa Hišām cuando los ‘abbādíes de Sevilla intentaron utilizarlo como medio de expandir su influencia; en cambio reconoció como califa a Muḥammad al-Qāsim b. Ḥammūd al-Mahdī (439/1039-1040), hecho que podemos inscribir en la pertenencia de este personaje al partido bereber de al-Andalus.

Tras varios años de combates intermitentes entre los sevillanos y los reinos bereberes, el rey al-Mu‘taḍid  los invitó a acudir a Sevilla, para afianzar la paz, y una vez allí los agasajó y los hizo asesinar emparedándolos en un baño (445/1053-1054), en una narración con indudable sabor literario, muy posiblemente con antecedentes orientales. Su cabeza quedó expuesta por al- Mu‘taḍid en su alcázar, y no recibió sepultura hasta la conquista de Sevilla por los almorávides (1091).

La desaparición de los régulos de Morón y Ronda condujo a la entrega de ambas poblaciones al Rey de Sevilla. A ‘Abdūn le sucedió su hermano Muḥammad, que mantuvo las hostilidades con la taifa de Sevilla, en las que no llevó la mejor parte.

La obra de ‘Abdūn es difícil de evaluar, pues las fuentes apenas nos dan pie a ello. Sin embargo, el hecho de que sólo su reino se mantuviera a su muerte, y gozara del respaldo de la población local, indica un grado de integración extraordinario en el territorio bajo su gobierno, que fue en muchas ocasiones el punto débil de los reinos beréberes, como señaló en su día el rey Bādīs de Granada.

Fuentes

Ibn Bassām, Al-Ḏajīra fī mahāsin ahl al-Ŷazīra, p. s. XII (ed. de I. ‘Abbās,  vol. III, Beirut, 1979, págs. 28, 39-40)

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb a‘māl al-a‘lām, m. s. XIV (ed. de E. Lévi-Provençal, Beirut, 1956, págs. 238-240)

Ibn ‘Iḏārī, Al-Bayān al-Mugrib, f. s. XIV (ed. de E. Lévi-Provençal, vol. III, Paris, 1930, págs. 206, 215, 220, 230, 231, 271, 273)

Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb, p. s. XVII (ed. de I. ‘Abbās, vol. I, Beirut, 1968, pág. 429)

Bibliografía

J. Vallvé, La división territorial de la España musulmana, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1986, pág. 325

J. Sánchez Herrero, Cádiz, la ciudad medieval y cristiana, Cádiz, Cajasur, 1986, págs. 26 y ss.

F. Maíllo (est. y trad.), Crónica anónima de los reyes de taifas, Madrid, Akal, 1991, págs. 27, 67

Mª. J. Viguera Molins, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 121-123

F. Maíllo (est. y trad.), La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, Salamanca, Universidad, 1993, págs. 174, 180, 184, 192, 225

Mª. J. Viguera Molins, “Las taifas”, en La España Musulmana de los siglos XI al XV, I. Los reinos de Taifas Al-Andalus en el siglo XI, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. VIII. Madrid, Espasa Calpe, 1994, págs. 42, 50-52

Autor/es

  • José Ramírez del Río

 

IBN TAYFUR

 

IBN TAYFUR

Ibn Ṭayfūr. ?, f. s. X – ?, m. s. XI. Señor de la ciudad de Mértola hasta el año 436 H./1044. (Ibn Bassām, que por lo general se basa en el fiable historiador Ibn Ḥayyān, curiosamente, da la fecha de 439 H./1047-1048 C.).

Rey de Taifa

Biografía

Se ignora casi todo acerca de este personaje, pues raramente aparece nombrado en las crónicas. No lo menciona Ibn ‘Iārī ni Ibn al-Jaṭīb, cronistas esenciales para el periodo de las taifas. Aun así sabemos que cuando el cadí de Sevilla Abū l-Qāsim Muḥammad b. Ismā‘īl b. ‘Abbād empieza a dirigir de forma independiente la taifa sevillana en el año 414/1023 —inicialmente en un triunvirato con otros dos notables, Ibn Yarim e Ibn al-Zubaydī, a los que apartaría después— Ibn Ṭayfūr se hizo independiente por entonces en la ciudad de Mértola con sus aledaños; pues al-‘Urī, en efecto, lo atestigua diciendo que al comienzo de su gobierno, refiriéndose al cadí sevillano, “apareció en el Algarve, en el castillo (ḥiṣn) de Mértola, un rebelde salteador de caminos. Sembró el terror matando a los viajeros que encontraba y a los ámeles que iban en su busca y a quienes vencía”. Aunque este geógrafo almeriense, contemporáneo de los hechos, lo vea como un bandido, en realidad hay atisbos para pensar que sería algún notable de la ciudad de Mértola. Ya que cuando el cadí sevillano mostró sus ambiciones territoriales, luego de varias correrías —una de las cuales le llevó a territorios entre el Duero y el Móndego— con el principal objeto de reclutar hombres para su ejército, musulmanes o cristianos, intentó hacerse con la ciudad de Beja, perteneciente a los afṭasíes de Badajoz. Ibn Ṭayfūr entonces envió una tropa de socorro al príncipe que más tarde sería rey de la taifa pacense, Muḥammad b. ‘Abd Allāh, conocido como al-Muẓaffar; aunque eso de nada sirvió al príncipe, ya que fue hecho prisionero y la ciudad de Beja tomada por el sevillano. Tuvo mejor suerte, con todo, que el hermano de Ibn Ṭayfūr, jefe del destacamento enviado desde Mértola, pues mientras el futuro al-Muẓaffar de Badajoz fue llevado a Carmona por el aliado del cadí sevillano, Muhammad b. ‘Abd Allāh al-Birzālī, señor de esa taifa, tratando con respeto y consideración al ilustre cautivo, a quien terminaría por poner en libertad; el de Mértola fue llevado a Sevilla y crucificado, según Ibn Bassām. Es muy probable que la noticia de al-‘Uḏrī se refiera a este hermano de Ibn Ṭayfūr, al que se le trata de salteador, si bien la acción en su relato se desarrolla en una incursión en las cercanías de Sevilla, en la que el de Mértola, rodeado por arráeces sevillanos es “apresado vivo y conducido a Sevilla, donde el cadí Muḥammad b. ‘Abbad mandó crucificarlo a orillas del río”.

A raíz de esta derrota, acaecida hacia el año 421/1030, junto con la pérdida de su hermano y de una tropa de sus mejores guerreros, Ibn Ṭayfūr “quedó muy debilitado”, según asegura Ibn Ḥayyān, contemporáneo de los hechos.

Ibn Ṭayfūr, no obstante, pudo mantenerse independiente en Mértola casi catorce años más, preservando su alianza con los afṭasíes de Badajoz. Mas cuando el estado de guerra entre el rey al-Mu‘taḍid de Sevilla y al-Manṣūr de Badajoz creció, el belicoso rey sevillano invadió el pequeño señorío de Mértola por su alianza con el afṭasí, lo cual no era más que una disculpa, puesto que había decidido ya engullirse las pequeñas taifas vecinas. Además, Mértola era una plaza muy atractiva por la situación estratégica privilegiada y por lo económicamente rentable, pues los barcos podían llegar hasta la misma ciudad remontando el Guadiana. Así lo cita de Yāqūt, “Mirtula: fortaleza de los distritos de Beja, es el más inaccesible de los castillos del Magrib y el mejor defendido”. Mértola fue la primera en caer, en el año 436/1044-45, y de nada le valió su famosa posición geográfica, “tenida por inexpugnable”, según al-‘Urī, y ser “tan conocida por la bondad de sus fortificaciones”, en palabras de al-Idrīsī.

Ignoramos qué fue de Ibn Ṭayfūr entonces, pues desaparece en la densa oscuridad que rodeó su vida, no volviendo a aparecer en crónica alguna cuando emerge el nombre de la ciudad de Mértola involucrado en relatos de hechos posteriores.

Bibliografía

Ibn Ḥayyān apud Ibn Bassām, al-Ḏajīra (ed. parcial de R. P. A. Dozy, Scriptorum Arabum loci de Abbadidis, t. I, Lugduni Batavorum, S. y J. Luchtmans, 1846, págs. 223-224; t. II, de E. J. Brill, 1853, págs. 211)

Al-‘Umarī, Masālik al-abṣar, trad. parcial de F. Fagnan, Extrait inédites relatifs au Maghreb, Argel, J. Carbonel, 1924, pág. 86

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtiṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, ed. de E. Lévi-Provençal con tít. Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 202-203 (trad. crít. de F. Maíllo Salgado [con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iārī”, establecidas por E. Lévi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258], La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas [al-Bayan al-Mugrib], Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 170-171)

al-‘Urī, Tarṣī‘ al-ajbār wa tanwī‘ al-āṯār wa l-bustān fi garā’ib al-buldān wa l-masālik ilà ŷamī‘ al-mamālik, ed. de ‘A. ‘A. al-Ahwānī, Madrid, Instituto de Estudios Islámicos, 1965, pág. 107 [trad. parcial de R. Valencia, “La cora de Sevilla en el Tarṣī‘ al-ajbār de Aḥmad b. ‘Umar al-‘Urī”, en Andalucía Islámica, IV-V (1986), pág. 138]

al-Idrīsī, Kitāb Nuzhat al-mustāq fī ijtirāq al-āfāq, ed. y trad. parcial de R. Dozy y M. J. de Goeje, Description de l’Afrique et de l’Espagne, Leide, Brill, 1968, págs. 179/217

G. ‘Abd al-Karīm, “Mu‘ŷam al-Buldān (Diccionario de los países), La España musulmana en la obra de Yāqūt (s. XII-XIII)”, en Cuadernos de Historia del Islam, 6 (1974), pág. 295

Autor/es

  • Felipe Maíllo Salgado

 

lunes, 5 de enero de 2026

MERLUZA CON ALMEJAS EN SALSA VERDE

 

MERLUZA CON ALMEJAS EN SALSA VERDE

Esta receta es una de las pioneras de la cocina tradicional vasca. La salsa verde aparece en muchos platos: con almejas sola, con rape o bacalao fresco, o con una combinación de almejas y merluza, como en esta receta. La merluza, un pescado noble y caro cuando se pesca en las aguas de Cantabria y en el Golfo de Vizcaya, …… La merluza vasca es mejor si la puedes encontrar: la pulpa es más firme y sabrosa.

Pero como siempre digo, la cocina es un mundo libre y debemos cocinar lo que nos de nuestro mercado, o las tiendas de congelados de nuestra zona.

 

Ingredientes

24 almejas

1 cucharada de sal gruesa

4 tazas de agua

1/3 de aceite de oliva

2 dientes de ajos, finamente picados

1 guindilla o cayena en polvo (opcional)

1 cucharada de harina

1 y ½ cucharadita de sal

2 cucharadas de perejil fresco picado

½ taza de vino blanco seco

1 K de merluza cortada en rodajas

Sal

4 espárragos blancos (de bote), cortados por la mitad en forma transversal

2 huevos duros, pelados y cortados en cuartos a lo largo para decorar

Perejil fresco para decorar

 

Elaboración

Frotamos las almejas con agua corriente fría, , En un bol grande combinamos las almejas con la sal gruesa y el agua hasta cubrir y dejamos reposar durante unos 30m minutos u hasta que suelten toda la arena atrapada en sus conchas. Sacamos pasado ese tiempo y escurrimos.

En una cacerola grande, ponemos las almejas con las 4 tazas de agua y dejamos hervir a fuego medio-alto. Tapar y cocinamos durante 5 minutos, o hasta que las almejas se abran. Mientras se cocinan las almejas, destapamos la cacerola de vez en cuando y removemos con una cuchara de madera para que se abran todas aproximadamente al mismo tiempo. Escurrimos las almejas, reservando el líquido de cocción. Desechando las almejas que no se hayan abierto.

En una cazuela grande, calentamos el aceite de oliva a fuego alto, agregamos el ajo y la guindilla, si lo usas, y freímos removiendo con frecuencia durante 1-2 minutos, o hasta que el ajo comience a dorarse. Espolvoreamos con harina sobre el ajo y removemos con una cuchara de madera hasta que la mezcla este bien mezclada e integrados todos los ingredientes. Agregamos 3 tazas de líquido de la cocción de las almejas reservado y la sal, el perejil y el vino blanco seco. Disminuimos el fuego a medio y dejamos hervir, removiendo ocasionalmente, durante 5 minutos, o hasta que la salsa espese un poco. Agregamos mas liquido de cocción si prefiere una salsa más fina. Giramos la cazuela con movimientos circulares sobre la hornilla para mezclar todos los ingredientes y dejamos hervir suavemente durante 2 minutos. O hasta que la salsa se mezcla y luzca un color verde blanquecino.

Espolvoreamos las rodajas de merluza con sal y colocamos en una sola capa en la salsa. Cocinamos volteando una vez durante 2 minutos por cada lado, o hasta que este opaco el centro al probarlos con la punta de un cuchillo. Agregamos las almejas y los espárragos, agitamos la cazuela suavemente para evitar que se peguen y cocinamos a fuego lento durante 2 minutos más para calentar todos los ingredientes.

Adornamos con los gajos de huevo y espolvoreamos con perejil fresco.

Servir inmediatamente.

¡Buen provecho!

 

 

 

 

 

sábado, 3 de enero de 2026

IDRIS III


IDRIS (III)

Idrīs [III]: Idrīs b. Yaḥyà b. Idrīs b. ‘Alī b. Ḥammūd, al-Sāmī, y /o al-Muwaffaq. ?, p. t. s. XI – Málaga o Ceuta, 444-445 H./1053 C. Califa de al-Andalus, rey taifa de Málaga.

Rey de Taifa

Biografía

Idrīs III b. Yaḥyà b. Idrīs b. ‘Alī b. Ḥammūd era hijo del que fuera durante cuatro meses califa, Yaḥyà II b. Idrīs (431/1040). Sucedió en el califato a su tío Muḥammad [I] b. Idrīs al-Mahdī en Málaga, cuando éste fue envenenado por orden del emir Bādīs b. Ḥabbūs de Granada, a causa de su política contra los bereberes (444 o 445/1053). Al ser proclamado califa, Idrīs III tomó el título de al-Muwaffaq billāh (el Secundado por Allāh), según Al-Maqqarī, y el de al-Sāmī (el Sublime), según Ibn ‘Iārī, aunque es probable que no llegara a ser invocado como Califa en las mezquitas. Este último autor refiere que, muy poco tiempo después de subir al poder, dejó Málaga y, haciéndose pasar por comerciante, se dirigió al Rīf de Gumāra, en el Magreb. Allí fue reconocido, capturado y llevado a Ceuta donde le mató el gobernador de la ciudad, Suqqūt Sawāŷŷāt al-Bargawātī, partidario de su tío el califa Idrīs II b. Yaḥyà al-‘Ālī, expulsado años antes de Málaga, la capital ḥammūdí (438/1047). Sin embargo, según al-Maqqarī, fue el mismo Idrīs II el que se dirigió desde Comares contra su sobrino, entrando en Málaga sin resistencia y deponiéndole inmediatamente después de su proclamación. Así Idrīs II gobernaría en Málaga por segunda vez, poniendo fin al efímero califato de Idrīs III al-Sāmī. [...]


Bibliografía

Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb, vol. I, Leiden, E. J. Brill, 1855

F. Codera, “Estudio crítico sobre la historia y monedas de los Hammudíes de Málaga y Algeciras”, en Miscelánea de Estudios Árabes, VIII (1877), págs. 427-466

Al-Qalqašandī, Ṣubḥ al-A‘šā, El Cairo, 1913-1919 (ed. trad. por L. Seco de Lucena, vol. V, Valencia, 1975, págs. 211-272 [col. Textos Medievales, vol. 40])

Ibn ‘Iḏārī al-Marrākušī, Al-Bayān al-Mugrib fi ajbār mulūk al-Andalus wa-l-Magrib, ed. Lévi-Provençal, vol. III, París, 1930

L. Seco de Lucena, Los Ḥammūdíes, señores de Málaga y Algeciras, Málaga, Ayuntamiento, 1955

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-A‘lām fi-man būyi‘a qabla al-iḥtilān min mulūk al-Islām. Histoire de l’Espagne Musulmane, ed. de E. Lévi-Provençal, Beyrouth, Dar al-Makchouf, 1956

G. Robles, Málaga Musulmana. Sucesos, antigüedades, ciencias y letras malagueñas durante la Edad Media, Málaga, Imprenta de Enrique Montes Oliver, 1957

H. Roger Idris, “Les Zīrīdes d’Espagne”, en Al-Andalus, XXIX (1964), págs. 70-71 [32-33]

Ibn Ḥazm, Naqṭ al-‘Arūs, trad. de L. Seco de Lucena, Valencia, 1974

R. P. Dozy, Historia de los Musulmanes de España, IV. Los Reyes de Taifas, Madrid, Turner [1984]

Crónica Anónima de los Reyes de Taifas, introd., trad. y notas de F. Maillo Salgado, Madrid, Akal, 1991

M.ª J. Viguera Molíns, Los Reinos de Taifas y las invasiones Magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992

D. J. Wasserstein, The Caliphate in the West. An Islamic Political Institution in the Iberian Peninsula, Oxford, Clarendon Press, 1993

La caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas (al-Bayān al-Mugrib), est. trad. y notas de F. Maillo Salgado, Salamanca, Universidad, Estudios Árabes e Islámicos, 1993

M.ª J. Viguera Molins, “Historia política”, en Historia de España Menéndez Pidal, VIII-1. Los Reinos de Taifas. Al-Andalus en el s. XI, Madrid, Espasa Calpe, 1994, págs. 31-129

F. Clément, Pouvoir et légitimité en Espagne musulmane à l’époque des taifas (Ve-Xie siècle), Paris, l’Harmattan, 1997

M. Acién Almansa, “Los ḥammūdíes, califas legítimos de Occidente en el siglo XI”, en Actas del Congreso De Toledo a Huesca. Sociedades medievales en transición a finales del siglo XI (1080-1100), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1998, págs. 45-59

Autor/es

  • Almudena Ariza Armada

 

viernes, 2 de enero de 2026

ISHAQ B. MUHAMMAD B. 'ABD ALLAH

 

ISHAQ B. MUHAMMAD B. 'ABD ALLAH

Isḥāq b. Muḥammad b. ‘Abd Allāh. Al-Birzālī (al-Ra’īs). ¿Carmona (Sevilla)?, p. m. s. XI – Carmona (Sevilla), 444 H./1052-1053 C. Segundo rey de la taifa beréber de Carmona, que algunas crónicas llaman al-ra’īs, “jefe, arráez”.

Rey de Taifa

Biografía

Efectivamente ascendió al trono tras la muerte de su padre Abū ‘Abd Allāh Muḥammad b. ‘Abd Allāh, en el año 434/1042-3. El historiador Ibn Ḥayyān, su contemporáneo, nos hace la semblanza de este personaje a través de Ibn al-Jaṭīb: “Isḥāq fue arráez a la muerte de su padre, cuando frisaba la madurez. Era reputado por la firmeza, la suficiencia, la valentía y la caballerosidad. Redactaba con cierta elegancia, tenía algunos conocimientos de cálculo y leía obras usuales. Sin la dureza ni la crueldad de su padre Muḥammad, era más llevado que él, sin embargo, a los excesos del espíritu de clan (aṣabiyya). Ambos eran celebrados por la continencia, la moderación y el alejamiento de las vergonzosas torpezas de los Reyes; pese a ser notorio que ambos se desviaban de la comunidad ortodoxa y seguían la doctrina de los nākiríes, una de las sectas de los jāriŷíes ibāḍíes. Ambos habían escogido ese credo, así como sus gentes los Banū Birzāl”.

En el año 439/1047-1048, Isḥāq b. Muḥammad formó parte de una gran coalición beréber en la que participaban los señores de Morón, de Arcos, de Granada, de Badajoz y otros en apoyo del califa ḥammūdí al-Mahdī, proclamado en Algeciras. Todos juntos intentaron frenar al Rey de Sevilla y sus afanes de expansión; pero esta poderosa coalición se dislocó sin obtener grandes resultados.

En estas hostilidades incesantes entre reinos de taifas, el Rey de Sevilla, campeón del “partido andalusí”, chocaba con el “partido beréber” al que pertenecían los Banū Birzāl de Carmona. En 442/1050-1051 el Rey de Sevilla invadió tierras de Badajoz, el ra'īs de Carmona entonces envió un ejército de socorro a su aliado Ibn al-Afṭas, encargando a uno de sus hijos del mando de la caballería. Contra el parecer de los birzālíes el Rey de Badajoz lanzó sus tropas al combate, pereciendo el hijo de Isḥāq b. Muḥammad en la refriega, siendo enviada su cabeza, así como la del primo del Rey pacense y señor de Évora, al rey de Sevilla al-Mu‘taḍid. No mucho más se sabe de los hechos del reinado de Isḥāq b. Muḥammad, tan sólo que murió en fecha cercana al año 444/1052-1053, plausiblemente afectado por la muerte de su hijo, que a buen seguro había nombrado su heredero.


Bibliografía

Ibn Jaldūn, Kitāb al-Ibar, ed. de Būlāq, 1867, t. VI, pág. 54 (trad. parcial de [M. G.] de Slane, Histoire des Berbères, nueva edición de P. Casanova, París, Paul Geuthner, 1982, t. III, pág. 293)

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-a‘lām, ed. de E. Lévi-Provençal bajo el título Histoire de l’Espagne Musulmane (Kitāb A‘māl al-A‘lām), Beirut, Dār al-Makchouf, 1956, pág. 237 (trad. de W. Hoenerbach, Islamische Geschichte Spanien. Übersetzung der A‘māl al-A‘lām und Ergänzender Texte, Zürich-Stuttgart, Artemis Verlag, 1970, pág. 428)

H. R. Idrīs, “Les Birzālíes de Carmona”, en Al-Andalus, XXX (1965), págs. 56-57

C. López Morillas, “Los beréberes zanata en la historia y la leyenda”, en Al-Andalus, XLII (1977), págs. 307-308

R. Le Tourneau, “Birzal, banū”, en Encyclopédie de l’Islam, t. I, Paris-Leide, Brill-Maisonneuve, 1978, págs. 1275-1276

J. Bosch-Vilá, “Karmuna”, en Encyclopédie de l’Islam, t. IV, Paris-Leide, Brill-Maisonneuve, 1978, pág. 692

R. Arié, “Aperçus sur les royaumes berbères d’al-Andalus au Vème/XIème siècle”, en Instituto de Estudios Islámicos, XXIII (1985-1986) págs. 153-154

F. Maíllo Salgado, Crónica Anónima de los Reyes de Taifas, Madrid, Akal, 1991, pág. 64-65, notas 169 y 172

M.ª J. Viguera Molins, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 128-129

Autor/es

  • Felipe Maíllo Salgado

 

ESTANDARTES Y DIVISAS ANDALUSÍES EN EL ARTE DE LOS FREINOS CRISTIANOS (SIGLOS X-XIII) PARTE II

 

ESTANDARTES Y DIVISAS ANDALUSÍES EN EL ARTE DE LOS REINOS CRISTIANOS (SIGLOS X-XIII) (PARTE II)


Los estandartes andalusíes tuvieron un considerable impacto en los reinos del norte peninsular, como atestiguan algunas representaciones guerreras de los siglos X a XIII. Las divisas aparecen como los elementos distintivos de cada bando, existiendo determinados motivos como los crecientes lunares, las estrellas y las águilas asociados al ejército musulmán en el arte cristiano


Inés Monteira Arias
Universidad Nacional de Educación a Distancia

Beato de Silos, conservado en la British Library de Londres, Ms. Add 11695, fol. 223v.


Las divisas de los estandartes andalusíes: el creciente lunar 

El cuarto creciente lunar y la estrella son las divisas que aparecen de manera más asidua en las banderas de los combatientes musulmanes representados en pinturas y relieves cristianos de esta época. Con frecuencia, los motivos que decoran los estandartes son también los que aparecen en los escudos de los caballeros. El conocido como pendón de las Navas de Tolosa reúne ambos motivos. Esta gran bandera almohade está presidida por una estrella de ocho puntas y recorrida en su borde curvilíneo por cuartos crecientes lunares creados a partir de la superposición de dos círculos, el segundo descentrado e inferior en tamaño. En la catedral de Toledo se exponen otros dos pendones de procedencia meriní del siglo XIV decorados igualmente con crecientes lunares.  

Las medias lunas aparecen también en la iconografía de las Cantigas de Santa María, como observamos en varias ilustraciones del Códice Rico que las asocian a las huestes norteafricanas y nazaríes. Mientras que en la gran mayoría de las representaciones bélicas de este manuscrito los ejércitos cristianos decoran sus escudos y pendones con franjas geométricas sencillas y bícromas, los estandartes de los musulmanes presentan mayor variedad, combinándose las grandes banderas de letreros dorados sobre fondo rojo, con otras más pequeñas decoradas por estrellas y lunas. 

Las lunas aparecen en las cantigas 63, 83, 126 y 187 del Códice Rico. La Cantiga 187, ya mencionada en la primera parte de este artículo, resulta representativa. En ella se narra el intento fallido del rey de Granada por tomar el castillo de Chincoya, protegido por la imagen de la Virgen. En las viñetas centrales encontramos las medias lunas sobre fondo blanco o amarillo identificando al ejército atacante, junto a las estrellas de seis puntas, tanto en escudos como en banderas.


Viñeta inferior de la Cantiga CLXXXVII; Códice Rico fol. 247r. Fotos: © Patrimonio Nacional


Cantiga LXIII; Códice Rico fol. 92r; Cantigas de Santa María por Alfonso X (1280-1284), Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Fotos: © Patrimonio Nacional


Las lunas crecientes parecen tener un origen preislámico, pues la adoración lunar fue una práctica consolidada en la península arábiga y una de las divinidades veneradas en la Ka`ba se identificaba con este símbolo. Javier Albarrán ha propuesto que el islam pudo apropiarse de esta imagen para evocar la victoria sobre el paganismo y que quizá tuvo este sentido al ser situado en lo alto de los alminares. Lo cierto es que el creciente lunar es un motivo poco estudiado para esta época y está necesitado todavía de investigación. Aunque el hilal se convierte con el paso de los siglos, y especialmente en el ámbito otomano, en un emblema islámico contrapuesto frecuentemente al de la cruz, en esta cronología y en el contexto andalusí estamos ante un elemento equiparable al de la estrella, que parece actuar más como divisa que como emblema del islam. Algunos autores sitúan su aparición en el siglo XIII, fecha del Pendón de las Navas, o incluso después. Pero tenemos indicios textuales e iconográficos que revelan el uso anterior del creciente lunar. 

En la Crónica de ‘Abd al-Rahman III, Ibn Hayyan se refiere a un regalo que el califa mandó a su aliado beréber Musà b. Abi l-‘Afiya, gobernante del Magreb, describiendo pormenorizadamente cuatro banderas con los animales y las inscripciones que las decoraban, mencionando “un cuarto estandarte rojo con letreros de plata por los tres lados y dos espadas y dos crecientes pintados en dorado…”.  

En cuanto a los testimonios iconográficos, los más antiguos que incorporan el creciente lunar asociado a al-Andalus se encuentran en el arte cristiano, en la representación de la Prostituta de Babilonia de algunos beatos como el de Magius (Pierpont Morgan Library, M. 644). En su folio 194v la Ramera apocalíptica (Apocalipsis 17:1-3) aparece como una metáfora del califa de Córdoba, adoptando los atributos que este recibe en la iconografía omeya, según han estudiado varios especialistas. Entre ellos está el trono a modo de estrado (arika), la forma de sentarse a la turca y la copa. Como personificación de la ciudad de Babilonia/Córdoba la figura porta una corona almenada con un creciente lunar en medio, orientado hacia abajo. 

Algunos relieves de iglesias románicas también reproducen la luna creciente con la aparente intención de identificar a los musulmanes. Son famosas las escenas que decoran el dintel del tímpano izquierdo de la portada de la catedral de Angulema en Francia, esculpida hacia 1125. El pasaje representado ha sido interpretado como una escena del Cantar de Roldan, aunque un trabajo más reciente lo relaciona con el ciclo de Guillermo de Orange, que aludiría igualmente a un combate legendario contra el islam ibérico por las tropas de Carlomagno. En el extremo derecho del dintel aparece el jefe enemigo derrotado ante un edificio de tejado cónico decorado con un creciente lunar. Interpretado tradicionalmente como la ciudad de Zaragoza a la que regresa el rey Marsiles, lo cierto es que esta estructura recuerda a la qubba o pabellón característico que era el emblema del poder soberano en el campamento andalusí. 



Detalle del extremo derecho del dintel del tímpano izquierdo de la portada de la Catedral de San Pedro de Angulema, Charente. Foto: autora


El creciente lunar aparece ocasionalmente también decorando el escudo de uno de los contendientes en escenas de combate del románico hispánico. Es el caso de un capitel de la puerta de la iglesia de Santiago de Agüero en Huesca, del último tercio del siglo XII. En él se representa la lucha entre dos peones provistos de cota de malla, escudos y espadas. La superficie del escudo de la izquierda está decorada con pequeños crecientes lunares en relieve, lo que podría ser un elemento destinado a identificar al musulmán. En las iglesias románicas suele distinguirse a los contendientes por sus armas y la decoración del escudo, sirviendo la cruz para identificar al cristiano.


Capitel situado a la izquierda de la portada de iglesia de Santiago de Agüero en Huesca. Foto: autora


La estrella en las enseñas guerreras y la exhibición de trofeos 

Como hemos indicado, la estrella es un elemento repetido en los estandartes y los escudos del ejército andalusí en las ilustraciones de las Cantigas de Santa María, donde tienen generalmente seis puntas y son estrellas formadas por el cruce de aristas, a partir de dos triángulos superpuestos.  

La estrella de ocho puntas, que es la que encontramos en el Pendón de las Navas,  por su parte, aparece con frecuencia como distintivo del caballero musulmán que se enfrenta al cristiano en algunos capiteles del románico hispánico. Un ejemplo famoso es el capitel situado en la fachada del Palacio de los Reyes de Navarra en Estella, donde se representa el enfrentamiento entre el héroe cristiano Roldán y Ferragut, un gigante sarraceno de tradición

legendaria.




Dos vistas del capitel de la fachada del Palacio de los Reyes de Navarra en Estella, último tercio del siglo XII Foto: autora


En el lado izquierdo de la cesta del capitel aparece el musulmán a punto de ser derrotado, con un escudo decorado por un florón de ocho pétalos, mientras su acompañante lleva una estrella de ocho puntas en su rodela y una lanza con bandera plegada. El héroe cristiano en este capitel también se distingue por la divisa de su escudo, decorado con la cruz.  

La estrella aparece también de modo distintivo en las pinturas murales procedentes de la casa dels Caldes en Barcelona, que narran la toma de Mallorca por Jaime I. Conservadas en el MNAC y fechadas a finales del siglo XIII, reproducen un pendón con la estrella de ocho puntas coronando una de las torres, motivo que se repite en los estandartes llevados por los soldados de Abû Yahya de estos frescos y que mantiene estrechas similitudes con el pendón almohade de las Huelgas.  

De nuevo estamos ante una enseña que parece haber tenido una tradición anterior en al-Andalus, ya que tanto la estrella de seis puntas (hexalfa) como la de ocho (octalfa) se encuentran en un número considerable de amuletos de plomo monetiformes andalusíes de los siglos X y XI hallados en distintas excavaciones del espacio peninsular. Eran amuletos con una función protectora, generalmente llevados al cuello, probablemente también por soldados. La estrella de seis puntas era la más habitual, formada por la intersección de dos triángulos equiláteros, que se corresponde con el denominado Sello de Salomón, un símbolo popular entre los musulmanes peninsulares que sólo más tarde acabó convertido en distintivo del judaísmo y denominado estrella de David. La estrella octogonal se considera como un trasunto o copia de la hexalfa y tenía el mismo valor profiláctico en estos amuletos. Además, el dinar bilingüe de al-Hurr, la primera acuñación monetaria de al-Andalus realizada hacia 716-717, ya incluía una pequeña estrella de ocho puntas, que parece haber sido el símbolo geográfico de Hesperia, la denominación griega de la península. 

En la emblemática fortaleza de Gormaz en Soria, ampliada durante el califato, encontramos tres estelas en relieve que contienen estrellas de seis puntas formadas por el cruce de líneas. Estas estelas están insertas en la torre oeste del castillo, y aunque la del centro es un expolio romano reaprovechado, los trabajos arqueológicos han demostrado que fueron insertadas en el momento de construirse este muro. Son relieves de carácter protector orientados a repeler al enemigo y preservar a los habitantes de este importante castillo de frontera. 


Estelas en relieve decoradas con estrellas de seis puntas, torre del espolón oeste del Castillo de Gormaz, Soria, ampliado en época califal c. 965. Foto: Antonio García Omedes. Web: arquivoltas.com


Recientemente se ha hallado en la localidad soriana de Andaluz, durante la excavación para una obra, un canecillo románico decorado con una estrella de ocho puntas formada también por entrelazo o cruce de líneas:



Canecillo hallado en Andaluz (Soria), en el año 2022 y que podría pertenecer a la iglesia románica de San Miguel de esta localidad, donde hoy se expone, consagrada en 1114. Foto: autora


Las aristas de la estrella se entrecruzan con cierta complejidad como en una trama de lacería que recuerda a algunos paneles y celosías andalusíes, pero la asimetría del relieve apunta a la imitación de un modelo geométrico más que al trabajo de un escultor experimentado en la elaboración de estos motivos. 

Teniendo en cuenta que el pueblo de Andaluz está a escasos 20 km de la fortaleza de Gormaz podemos suponer que esta estrella buscaba reproducir el repetido símbolo profiláctico andalusí. El canecillo perteneció probablemente a la iglesia de San Miguel de esta localidad, consagrada pocos años después de la conquista cristiana, en 1114. En todo caso, este relieve resulta singular y no he encontrado otro similar en el románico peninsular, a pesar de contener un motivo muy extendido en el arte andalusí.  

Cabe preguntarse por qué los promotores de esta iglesia, erigida en una población recién ocupada y que siguió siendo fronteriza por mucho tiempo, decidieron introducir este símbolo en un canecillo. Estas piezas que sujetaban el peso del tejado solían reproducir figuras profanas y representaciones de pecados, situadas en el exterior del templo. En ocasiones vemos objetos procedentes del campo de batalla como tambores, cuernos o añafiles esculpidos en los canecillos, de hecho en la propia iglesia de San Miguel de Andaluz tenemos un canecillo con dos cornetas.  

Muchas otras iglesias reproducen los característicos atabales usados por las huestes andalusíes, cuyo estruendoso ritmo animaba a los soldados e infundía terror en el adversario. Estos relieves reproducen objetos que sabemos fueron colgados y exhibidos como trofeos en el interior de la iglesia. En el mismo sentido podemos interpretar también las cabezas de negro ocasionalmente cinceladas en canecillos y ménsulas, y que parecen reflejar la práctica de exhibir en lo alto de puertas y murallas las cabezas cortadas del enemigo. Teniendo en cuenta estos testimonios, el canecillo recientemente hallado en Andaluz podría estar reproduciendo la estrella presente en estandartes, escudos y amuletos de los soldados musulmanes, tratándose de un símbolo conocido en regiones fronterizas.  







De arriba a abajo: Canecillo con un añafil de la iglesia románica de San Martín de Artáiz, Navarra. Finales del s. XII. Capitel reproduciendo un atabal en San Salvador de Leyre, c. 1060, Navarra. Cabeza de Negro en la ménsula interior de la iglesia de San Miguel del Valdenoceda, Burgos. Tercer cuarto del siglo XII. 

Fotos: autora


La divisa del águila 

La divisa más celebrada por las fuentes árabes peninsulares fue, sin duda, la del águila, empleada en los estandartes guerreros durante el califato. El cronista Ibn Hayyan describe el emblema del águila que el primer califa Abd al-Rahman III usó “en territorio infiel” con motivo de la campaña contra Osma en 934, siendo este símbolo “inventado, pues ningún sultán la tuvo antes”. Añadía además que la insignia suscitó gran “curiosidad y delicia” en la gente por tan “ingeniosa adopción”, e inspiró numerosos poemas de alabanza. Esta bandera llamada “del águila” (alam al-‘uqab) rememoraba el estandarte que el Profeta Muhammad había empleado en batalla, considerada, por ello, como portadora de victoria.  

Por su parte el cronista del gobierno de al-Hakam II, Isa ibn Ahmad al-Razi, mencionaba esta enseña militar añadiendo un importante detalle, ya que hablaba de “águilas abatiéndose sobre la presa” en las banderas exhibidas en un alarde militar de 971.  

Lo cierto es que la figura del águila, con o sin presa entre las garras, empieza a aparecer de manera muy frecuente en el arte andalusí desde el califato, existiendo un cierto consenso entre los especialistas sobre el hecho de que este ave representa el poder soberano y al propio gobernante. Así queda reflejado en las producciones cerámicas de lujo y en sedas bordadas.  

El águila con alas desplegadas representa también al soberano en diversos marfiles califales y en las pilas amiríes, llegando incluso a evocar la victoria sobre los cristianos en algunos ejemplos que incluyen a la presa debajo, como se ha estudiado respecto a la pila de Abd al-Malik y la Arqueta de Leyre.





De arriba a abajo: Pila de Almanzor, 988. Museo Arqueológico Nacional de Madrid, Inv. 50428. Capitel interior de la iglesia de San Claudio de Olivares, Zamora. Mediados del siglo XII, Águila bicéfala en un capitel de la ventana exterior, ábside de la iglesia de San Miguel de Ayllón, Segovia, de mediados del siglo XII. Fotos: autora


No conservamos representaciones de águilas directamente reproducidas sobre estandartes o escudos de escenas guerreras en el arte cristiano de los siglos X a XIII. Pero sí encontramos con frecuencia representaciones de águilas en capiteles y canecillos románicos que parecen emular la estética andalusí. Sorprende encontrar relieves con águilas que reproducen todas las modalidades formales halladas en el arte omeya: en disposición frontal y con la cabeza ladeada, con cuerpo ladeado y alas frontales, en parejas siguiendo un esquema simétrico y las águilas bicéfalas. 

Tanto en el arte andalusí como después en el románico, existe una variante de este motivo que presenta al águila en una actitud más agresiva, abalanzándose sobre su presa en posición de ataque, con la cabeza agachada para devorarla con su pico. Este águila aparece de perfil en lugar de frontalmente y surge en al-Andalus a inicios del siglo XI en marfiles y en la pila de Játiva. Suele presentarse a estas aves depredadoras por parejas, dispuestas simétricamente, siendo la presa frecuentemente una liebre.



Arriba: Relieve en un lado corto de la Pila de Xàtiva, Museo Municipal del Almodí, Xátiva, Valencia. Foto: Mado Requena. Abajo: Ventana exterior del ábside de la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción en Sequera del Fresno, en Segovia. Finales del siglo XII. Foto: autora


Estas águilas devoradoras son muy habituales también en la escultura románica, cuya representación se concentra en mayor medida en la región fronteriza del Alto Duero. Las encontramos, por ejemplo, en una ventana de la iglesia de Sequera del Fresno, donde la presa atacada por dos águilas simétricas es de nuevo una liebre, disponiéndose junto a un tímpano de temática guerrera. 

Se trata, así, de un tema muy difundido en el arte peninsular de los siglos centrales de la Edad Media, donde parece evocar la victoria militar. En un trabajo reciente analizo cómo los canecillos y capiteles románicos con águilas depredadoras se concentran en mayor medida en áreas de frontera, en iglesias situadas entre el Duero y el Tajo, donde cohabitan frecuentemente con representaciones de temática guerrera. Tanto el contexto geográfico como iconográfico del águila en el románico apunta a que el motivo también apeló a un imaginario bélico en el mundo cristiano. Podemos suponer que en estas zonas fronterizas la población había contemplado durante décadas la imagen del águila en los estandartes de las huestes cordobesas y en sus lujosos objetos: eran emblemas califales de victoria muy conocidos. La imagen del águila victoriosa sobre su presa como metáfora de la victoria militar también se encuentra en las fuentes escritas árabes y latinas de esta época. 

El auge de la heráldica y la proliferación de ciclos guerreros en la pintura gótica introducirá importantes cambios en la representación de estandartes desde finales del siglo XIII, pues vemos aparecer divisas figurativas en las armas de los soldados cristianos y musulmanes en ciclos murales de Castilla y Aragón, como los de Valbuena, Alcañiz o Barcelona. De hecho, algunos motivos como las medias lunas y las águilas empezarán a aparecer también entre los emblemas cristianos, pues serían progresivamente adoptados en los reinos del norte. 

En este breve recorrido hemos comprobado que los motivos presentes en los estandartes fueron reproducidos en otros medios artísticos y soportes materiales ya en el ámbito andalusí. Estos temas también viajaron de un contexto cultural a otro, y encontramos la reproducción de las divisas destinadas a identificar a los contendientes en las escenas guerreras del arte cristiano. Constatamos igualmente la incorporación de temas emblemáticos en algunos relieves románicos, como la estrella y el águila, en un juego de apropiación figurativa que se asemeja a la exhibición de estandartes y trofeos guerreros en las iglesias. 

Comprobamos que los estandartes andalusíes tuvieron un impacto visual que fue mucho más allá del momento de la batalla: si ya gozaban en al-Andalus de una particular significación política antes de la contienda, alcanzaron después una nueva dimensión simbólica al ser expuestos públicamente en el norte. Su representación en el arte cristiano pone de manifiesto la existencia de unos códigos visuales asociados a la guerra que fueron empleados y conocidos tanto en al-Andalus como en los reinos cristianos. Puede decirse, por ello, que los emblemas guerreros conformaron un imaginario simbólico de poder y conquista que estuvo muy presente en la sociedad peninsular. 


Para ampliar:

·         Albarrán, Javier. Ejércitos benditos. Yihad y memoria en al-Andalus (siglos X-XIII). Granada: Ediciones Universidad de Granada, 2020 (esp. págs. 84-102; 302-327).  

·         Hurtado Maqueda, Jorge (2023). Vexicología medieval hispánicaEl uso civil y militar de las banderas en la Edad Media. Madrid: Ministerio de Defensa.  

·         Monteira, Inés (2025). “Eagles and Peacocks in tenth to twelfth century Iberian Art”, en The Visual Culture of al-Andalus in the Christian Kingdoms of Iberia: Ninth to Thirteenth Centuries. I. Monteira (ed.). Nueva York y Londres: Routledge, pp. 47-79.

·         Monteira, Inés (2012). El enemigo imaginado. La escultura románica hispana y la lucha contra el islam. Toulouse : CNRS- Université de Toulouse-Le Mirail, 2012 (esp. págs. 304-327).  

·         Rodríguez Pérez, Ramón. (2014): “Acerca de algunos símbolos y «signos mágicos» representados en amuletos monetiformes andalusíes” OMNI 1, pp. 65-78. 

·         Valdés Fernández, Fernando. (2015): “Precisiones cronológicas sobre los relieves profilácticos de la fortaleza de Gormaz (Soria)” Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid 6, pp. 177-187.  

FUENTES CITADAS 

·         Ibn Ḥayyān (ed. 1981). Crónica del califa ʿAbdarraḥmān III an-Nāṣir entre los años 912 y 942 (Kitab al-Muqtabis fi-ahbar al-Andalus V), trad. Mª Jesús Viguera y Federico Corriente. Zaragoza: Anubar, 238-239/264-5. 

·         Isà ibn Aḥmad al-Rāzī (ed. 1967). Anales Palatinos del Califa de Córdoba al-Ḥakam II, por ʿIsà ibn Aḥmad al-Rāzī (360-364 H. = 971-975 J.C.), trad. Emilio García Gómez. Madrid: Sociedad de Estudios y Publicaciones.