GANADERÍA, CAZA Y PESCA
En las
zonas de secano imperaba el ganado lanar y
cabrío pero en la huerta el vacuno.
Todas las explotaciones agrícolas, por
modestas que resultaran, tenían un numero determinado de cabezas así como las
consabidas aves de corral que cubrían sus necesidades de carne, leche y sus
derivados, huevos…
Luego estaban las caballerías
imprescindibles para los trabajos de la agricultura y el transporte.
Durante la época musulmana y sólo para
los practicantes de esta religión, el cerdo estaba -y está- prohibido. Pero
toda la carne del resto de animales se consumía. Solo había que saber
sacrificarlos de acuerdo con cierta fórmula, por otra parte muy sencilla, como
era poner la cabeza del animal hacia el este pronunciando: Bismilah
/ en el nombre de Dios, y degollando rápidamente sin pinchar.
En los medios rurales eran muy sobrios.
Las recetas que conocemos a base de carnes o pescado eran de uso casi exclusivo
de las clases pudientes. Entre la gente modesta y en el campo, esos platos
quedaban para celebrar festividades.
La caza, aunque aprovechada por la gastronomía, se practicaba más bien
como deporte y aunque no disponían de armas de fuego, las ballestas lo suplían
en parte.
Los perros adiestrados eran fieles
colaboradores pero sobre todo el cazador recurría a toda suerte de ingenios,
como utilizar hurones, reclamos para atraer las piezas, lazos, trampas. Los
paranzas también vienen de lejos.
En los montes, pero también muy cerca,
en la Dehesa, había caza mayor y quedan registradas muchas batidas al jabalí.
También se practicaba la cetrería, aunque esto era cosa de magnates.
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