LOS JUDÍOS BAJO LA DOMINACIÓN MUSULMANA
LOS JUDÍOS EN LA ZONA DE DOMINIO MUSULMÁN (756 – 1086).
La llegada de los árabes a la península supuso una liberación para
los judíos que colaboraron activamente en la ocupación. De hecho, tras la
conquista participaron en la custodia de algunas ciudades importantes como
Sevilla, Granada, Córdoba o Toledo. En la Edad Media era opinión común entre
los cristianos que los judíos habían colaborado con los musulmanes, por ejemplo
que les habían entregado la ciudad de Toledo. En realidad, durante la época de
las cruzadas, toda la cristiandad creía en un entendimiento entre árabes y
judíos, lo que hizo nacer una fobia que sería un claro antecedente del
antisemitismo moderno; los cruzados, por ejemplo, veían a los judíos como muy
parecidos a los musulmanes en costumbres y creencias: el culto a un sólo Dios
en templos desprovistos de símbolos e imágenes, la práctica de la circuncisión,
el asco a la carne de cerdo, la preocupación por la higiene, etc. Tanto como la
execración del pueblo deicida, el tema de la confabulación entre moros y judíos
es uno de los elementos que determinaron el odio a los segundos en la España
medieval y moderna Con los árabes cesaron las persecuciones y fueron
reconocidos como portadores del Libro Revelado, lo cual convertía a su religión
en lícita. A partir de entonces nuevos contingentes de judíos vinieron a
instalarse en la península y los conversos forzosos que habían producido las
persecuciones visigodas, volvieron a la antigua fe. Durante el período del
califato se les concedió el mismo estatuto que a los cristianos. Este status de
protegido (hdimmi) implica que deben pagar un impuesto especial y aceptar
ciertas condiciones, como llevar vestidos, sombreros, cabalgaduras y hasta
nombres distintos de los musulmanes. Pero, a cambio, gozan de la protección y
la hospitalidad de la comunidad musulmana, se les garantiza la vida, la
libertad de culto y la propiedad de sus bienes; además, como grupo social,
disponen de una autonomía bastante amplia: tienen sus propios jefes, sus
tribunales que juzgan conforme a sus leyes y costumbres; en breves palabras, se
toleraba a los judíos -y a los cristianos- e incluso se les garantizaba la
seguridad personal y el desarrollo de una actividad profesional con tal que no
dispusieran de autoridad sobre los creyentes El pacto de la dhimma [con los
musulmanes] permitió la formación de muchísimas comunidades judías que, en
ciertos casos, alcanzaron un gran nivel de importancia y actividad. En la
segunda mitad del X la comunidad judía de Córdoba se había convertido en las
más relevante de AlAndalus. En el IX se tenía a Lucena como una ciudad judía.
También Sevilla contaba con una judería importante y Granada y Tarragona eran
designadas por los geógrafos árabes de los siglos X al XII como ciudades
judías. Otras de cierto relieve eran Almería, Jaén y Calsena, y más al oeste,
Mérida y Beja, en Portugal. Al norte, Toledo conservaba abundante población
judía. En lo que luego sería Aragón destacan las de Zaragoza y Calatayud y
también la de Tudela. En la parte oriental de la península destacarían
Barcelona, Tarragona y Tortosa. Los príncipes musulmanes utilizaron a los
judíos para sus fines personales lo que les permitió alcanzar posiciones
económicas y sociales de gran relieve, llegando a cortesanos del Califa. En
poco tiempo, la brillantez alcanzada por los hispano-judíos en el saber
rabínico acabaría haciendo de Al-Andalus el centro del pueblo judío y su guía
espiritual. La pléyade de poetas, gramáticos, filósofos y científicos que, a
partir de este momento se sucedieron entre los judíos españoles, elevó a muy
altas cotas la cultura judía y la literatura hebraico-española, hasta el punto
de conocerse el período de entonces como la Edad de Oro de literatura hebrea
post bíblica. A comienzos del siglo XI, el califato de Córdoba estalló hecho
pedazos, dando lugar a los reinos de Taifas. El trato que recibieron los judíos
en las Taifas varió. En muchas de ellas los judíos fueron apoyo fiel de los
reyes y constituyeron auténticos focos culturales. En el siglo XI la mayoría de
las ciudades de relieve de la España musulmana tenían judería. La situación de
los judíos en Al-Andalus cambió totalmente con la llegada de los Almorávides y
luego de los Almohades. El fanatismo religioso de los nuevos invasores hizo
difícil su vida en aquellos reinos y muchos judíos escogieron el camino de la
huida hacia el norte cristiano. El centro de la vida judía pasaría así a los
reinos de Castilla y Aragón. Así que en la historia del judaísmo en Al-Andalus
hay dos etapas: antes de 1086 que es la época de los Omeyas (emirato de 756 a
912 y califato de 912 a 1031) y de los primeros reinos de Taifas. En 1086 se
inician las invasiones de la Almorávides (1086-1145) y de los Almohades
(1146-1232). El emirato nazarí comienza en 1232 al acabar la autoridad de los
Almohades y llegará hasta 1492. Hasta 1086 los judíos pudieron vivir sin
problemas en Al-Andalus por el pacto de la dhimma, pero después de esa fecha,
primero los almorávides y con más intensidad los Almohades procuraron imponer
la ortodoxia islámica y la pureza de las costumbres. A partir de aquí sólo una
minoría de judíos permanecerá en Al-Andalus, el resto huirá hacia el norte. El
centro de la vida judía pasará entonces a los reinos de Castilla y Aragón.
Texto elaborado a partir de: Joseph
Pérez. María Antonia Bel Bravo. José Luis Lacave
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