A la muerte de Abd al-Malik, su
hermano, Abd al-Rahman " Sanchuelo " se aferró al poder en Córdoba.
Muy poco duró esta "regencia " del tercer amiri, tras la que se
desencadenó una crisis política sin precedentes en al-Andalus. Duraría veinte
años y produciría la caída definitiva del califato omyeya en Occidente. Estalló
la guerra civil que se extendió hasta a las regiones más remotas de las Marcas.
La sangre corrió a raudales, en una época de caos y de anarquía. La fitna, que
es como designa en árabe la revolución andaluza de los inicios del siglo XI,
destrozó al país y ya jamás volvería a recuperarse por completo.
Sanchuelo nacido entre 983 y 986, era hijo de ibn Abi Amir
al-Mansur, el Almanzor de las crónicas, y Abda, nombre árabe que adoptó una de
las esposas del caudillo amirí, hija de Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca
Fernández. Se dice que el parecido físico con su abuelo hizo que le denominaran
Sanchuelo.
Era todavía muy joven, quizás unos 25 años, cuando decide que será el sucesor
de su hermano. Almanzor sabía muy bien cómo era su hijo y nunca se hizo
demasiadas ilusiones sobre sus aptitudes y sus capacidades. Era un ser mediocre
y, como todos los mediocres, vanidoso y dado a la vida desordenada. Sin
embargo, Hisham II y Sanchuelo parecían tener muchas cosas en común, y de hecho
se entendían de
maravilla. Ambos eran de madres vasconas y esto
parecía que era un nexo de unión entre ellos. Les gustaba divertirse juntos, en
fiestas en las que se bebía en abundancia, entre danzantes, bufones e
invertidos, y que duraban, a veces, días y noches enteras. Esta actitud
disgustaba enormemente al pueblo que, además, cada día se sorprendía con las
insólitas iniciativas del nuevo mandatario. Pero la mayor de estas sorpresas
llegó cuando Hisham II, en un acta que contaba con todos los requisitos
legales, designaba heredero del reino de al-Andalus a Sanchuelo.
Ni Almanzor ni Abd al-Malik jamás se hubieran atrevido a tanto.
Claro que la inteligencia política de ambos les había puesto en sobreaviso que,
una medida así, podría muy bien soliviantar a toda la población musulmana que
los respetaba. Sanchuelo carecía de ese talento, pero se aseguró el concurso de
dos altos personajes del Estado que, hacía tiempo, estaban, de manera
incondicional, al lado de los amiríes: el gran visir de la capital y el
secretario oficial.
Hisham II no tenía hijos que pudieran sucederle, pero parece que
esta petición de Sanchuelo le causó tanto estupor como molestia, pero los
alfaquíes, previamente comprados y elegidos cuidadosamente para que fuesen
proclivea a los deseos de Sanchuelo, lograron disipar los escrúpulos del califa
con respecto a una decisión tan grave para el porvenir de la dinastía omeya. Se
redactó un acta de investidura y se leyó, solemnemente, en la sala de honor del
Alcázar cordobés, siendo firmada por todos los dignatarios presentes.
El decreto califal dice que deseando el califa despejar la
incógnita de su sucesión, dando así tranquilidad a su pueblo, ha elegido a Abd
al-Rahman Sanchuelo porque no encuentra a nadie tan digno como él para ocupar
tan alto puesto. Su espíritu, que ha procedido a esta elección libremente,
basándose en la inspiración divina, no le ha permitido elegir entre sus
parientes marwaníes.
Pero esta extraña elección no fue
ratificada por el pueblo. Los descendientes de Abd al-Rahman III, que eran
muchos, alimentaron el malestar que ya bullía en la población, esperando el
momento oportuno para dar un golpe de Estado. Llegados a este punto, Sanchuelo
hubiera podido obrar con discreción, intentando congraciarse con los
descontentos, pero hacía todo lo contrario, con medidas ridículas, absurdas,
preludio de la catastrófica situación que se avecinaba.
La ocasión esperaba por los que se oponían a Sanchuelo y a la
designación de Hisham no tardó en presentarse. Además, en la España cristiana
se estaba al cabo de la calle de lo que sucedía en Córdoba, y Sancho García, el
conde de Castilla, no ocultaba su desprecio por Sanchuelo, al que consideraba
un verdadero inútil, según había podido comprobar personalmente. En pleno
invierno, cuando los caminos estaban intransitables por las lluvias y el lodo,
decidió Sanchuelo ponerse en campaña contra los cristianos, a pesar de las
advertencias de los oficiales eslavos que tenían pruebas de que en Córdoba se
preparaba alguna sublevación.
al-Andalus....libro de Concha Masiá.


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