sábado, 2 de mayo de 2026

LA EXPEDICIÓN CATALANA A CÓRDOBA DEL 1010 Y LA BATALLA DE GUADIARO

 

LA EXPEDICIÓN CATALANA A CÓRDOBA DEL 1010 Y LA BATALLA DE GUADIARO

El general Wadih se trasladó a Tortosa para contactar desde allí a los condes catalanes y pedir su apoyo a favor de Muhammad. Si el bando de Sulayman había empleado a mercenarios cristianos, ¿por qué no iba a hacer lo mismo el bando de al-Mahdi? El conde Ramón Borrell de Barcelona y Ermengol I de Urgel aceptaron la propuesta, imponiendo un precio muy alto por su ayuda. Los dos condes cobrarían cien dinares de oro por cada día de campaña, y sus soldados, dos dinares al día. Las provisiones corrían a cargo de los musulmanes, y el botín quedaría reservado para los catalanes, incluidas las mujeres magrebíes capturadas. Como referencia, un soldado califal de frontera cobraba dos dinares al mes, no al día.

Antes de partir, ya fuera por acuerdo o por la fuerza, las huestes condales se apoderaron del estratégico enclave de Montmagastre para Urgel, del que hablé en el episodio anterior. La expedición catalana pasó por Zaragoza, donde ya cometieron los primeros abusos; siguieron por Medinaceli, donde profanaron la mezquita, si hacemos caso a las fuentes árabes; y finalmente llegaron a Toledo, donde estaban reunidos los apoyos a al-Mahdi. El grueso del ejército de Sulayman estaba compuesto por bereberes, y el de Muhammad II, por mercenarios de los condados catalanes. El futuro de al-Ándalus estaba en manos de soldados extranjeros.

Expedición catalana a Córdoba del 1010, por Desperta Ferro

El 2 de junio de 1010, las tropas de al-Mahdi vencieron a los bereberes y a los andalusíes de Sulayman al-Musta’in en El Vacar, cerca de Córdoba. Los amazighes lograron matar al conde Ermengol y a otros miembros destacados de la aristocracia condal. Los jinetes bereberes abrieron filas frente a la carga de la caballería pesada catalana para luego envolverlos, pero Sulayman no entendió la táctica, pese a que le habían advertido sobre ella, y al ver que los caballeros enemigos iban hacia él huyó, provocando que la retaguardia se deshiciera. Dejó a los bereberes con el culo al aire.

Según un testimonio norteafricano, murieron 10.000 magrebíes, una exageración, mientras que otras fuentes mencionan solo 300 infantes bereberes muertos y ningún jinete, algo igualmente poco creíble. Se sabe que murieron personajes importantes como los cadíes de Elvira y Tudela. Se produjo una desbandada: Sulayman al-Musta’in tomó refugio en Játiva, y los bereberes se dirigieron rápidamente a Madinat al-Zahra y a Córdoba para recoger a sus familias y evitar ser asesinados.

Josep Suñé estudió una crónica poco utilizada que relata cómo, en el pánico generalizado, todos los bereberes de Córdoba se amontonaron en una misma puerta y eso provocó una avalancha humana en la que murieron decenas de mujeres y niños. También hubo más muertes trágicas cuando algunos se ahogaron al cruzar el Guadalquivir. Los llantos fueron inevitables en el camino de huida, y esta experiencia traumática debió influir en el comportamiento vengativo posterior de los bereberes. Robaron mulas y provisiones por el camino, dirigiéndose al sur con la intención de tomar embarcaciones para regresar al Magreb y salvar sus vidas.

Por su parte, los cordobeses saquearon Madinat al-Zahra, y el califa al-Mahdi animó a su gente a matar a cualquiera que pareciera amazigh. Al entrar en Córdoba, los catalanes cometieron asesinatos, saqueos, violaciones y extorsiones económicas, además de proferir insultos contra el islam y el profeta Muhammad. Qué diferentes eran aquellos tiempos de la época de los mártires voluntarios de Córdoba, cuando ahora un cristiano podía blasfemar contra el islam sin consecuencias.

Ibn Idari recoge la historia de una hermosa hija de campesino no bereber que fue capturada por un catalán. Su padre, desesperado, primero imploró a Wadih, quien dijo que no podía hacer nada por el pacto con los cristianos. Luego, llorando, se dirigió al captor y le ofreció 400 dinares por la libertad de su hija. El malvado tomó el dinero y mató al padre. Espero que fuera de los que luego murió en la batalla posterior. Pese a sus fechorías, los cronistas mencionan que los cordobeses recibieron bien a los catalanes como la mejor fuerza para librarse de los amazighes.

Sin embargo, hay indicios que apuntan a que el odio antibereber no estaba tan extendido y que la opinión pública cordobesa estaba más dividida de lo que nos cuentan. Después de pasar varios días en Córdoba, el califa Muhammad II pagó la soldada a los catalanes tras exigir un fuerte tributo a los cordobeses, incluso requisando dinero reservado para obras caritativas de las mezquitas. Además, convenció a los catalanes para que persiguieran a los bereberes hasta Algeciras. Al-Mahdi formó de nuevo un gran ejército popular, al que se unieron miles de cordobeses y campesinos de los alrededores, en lo que consideraban la yihad más importante.

Campaña catalana del 1010, por Desperta Ferro

Mientras tanto, los supervivientes bereberes llegaron al río Guadiaro, cerca de Ronda, y allí se encontraron casualmente con una caravana enviada por al-Qasim ibn Hammud, quien más tarde se convertiría en califa. La caravana se dirigía a Córdoba para vender caballos y hacer regalos. Los bereberes requisaron las monturas para aumentar su caballería hasta los 1.000 jinetes. Tomaron una buena posición defensiva entre los bosques y montañas, pero la moral estaba muy baja. Al ver el número de enemigos, creyeron que iban a morir, pero prefirieron combatir antes que ver el destino que podía esperarles a sus mujeres e hijos.

Pero los norteafricanos interpretaron como un mal augurio para sus enemigos los problemas constantes para montar la tienda del califa al-Mahdi. Comenzaron a hacer invocaciones y a rezar a Dios en lengua amazigh, lo que Muhammad II interpretó erróneamente como una súplica de misericordia. El omeya le dijo a Wadih que quería ofrecer a los bereberes la oportunidad de jurarle lealtad y unirse a ellos para luchar contra los mercenarios catalanes, porque estaba cansado de la extorsión económica y de los abusos que estos habían cometido contra los musulmanes.

Wadih quedó perplejo ante la idea de hacer una oferta tan generosa a un pequeño contingente bereber y arriesgarse a perder. Por muchos miles de andalusíes sin experiencia militar que hubiera incorporado al ejército, estos no valían lo mismo que los mercenarios catalanes. En ese momento, Wadih debió darse cuenta de que el califa era un inútil. Los caballeros catalanes cruzaron el río y se lanzaron al ataque, pero no lograron coger desprevenidos a los norteafricanos. Los bereberes rodearon a los catalanes y coordinaron un ataque con lanzas con el que mataron a decenas de cristianos.

El terreno estrecho hacía que unos y otros estuvieran muy apretados, por lo que los bereberes optaron por abrir sus filas, haciendo que los cristianos optaran por huir hacia el río. Al darles la espalda, los amazighes los persiguieron y provocaron una matanza, y además muchos catalanes murieron ahogados en el Guadiaro. Las crónicas hablan de entre 1.300 y 1.500 cabezas cortadas, a las que habría que sumar los muertos en el río. Otras fuentes mencionan 3.000 bajas de un ejército de 9.000 catalanes, lo que representaría un tercio de las fuerzas, aunque estas cifras son a todas luces exageradas, ya que movilizar un ejército cristiano tan grande en esta época era difícil.

Los bereberes fliparon al ver que al-Mahdi y su ejército andalusí no hacían nada por ayudar a sus aliados catalanes. Era evidente que el califa quería que murieran cuantos más mejor para reducir su influencia y ahorrarse el pago de muchos dinares, y que confiaba en la victoria de su ejército popular. Sin embargo, los amazighes no habían aceptado ningún trato con al-Mahdi, y tras acabar con los catalanes, se lanzaron contra los combatientes musulmanes de Muhammad II. Las crónicas árabes guardan silencio sobre las bajas no catalanas en el bando de al-Mahdi, pero los bereberes provocaron una desbandada completa y se apoderaron del tesoro del califa y de los enseres del campamento enemigo.

El líder de la tribu de los Banu Ifran fue mortalmente alanceado al asaltar el campamento condal, pero los bereberes se enriquecieron con un enorme botín de personas, monedas, armas, caballos y otros bienes. En el reparto, a una mujer bereber le tocó un hombre corpulento, lo que podría indicar que participó en la batalla, al igual que otras mujeres guerreras amazighes, como Yamila en el siglo IX. Esto sugiere que el botín, reservado en principio a los combatientes, fue compartido con mujeres que lucharon.

Tampoco sabemos si este y otros hombres esclavizados eran musulmanes o no, porque teóricamente los musulmanes tienen prohibido esclavizar a otros correligionarios. Sin embargo, al-Mahdi y sus seguidores cordobeses ya habían esclavizado a magrebíes pese a ser musulmanes, y esto a veces lo podían justificar legalmente considerando al enemigo un apóstata. A su vez, los bereberes podrían haber hecho lo mismo con los hombres de al-Mahdi por su alianza con los cristianos y su pasividad frente a los abusos contra musulmanes.

En el discurso legitimador de Sulayman al-Musta’in y los bereberes, estos se presentaron no solo como victoriosos guerreros de la yihad contra los cristianos, sino también como los salvadores de al-Ándalus. Y es que es en esta época cuando surgen los primeros testimonios de miedo a una posible expulsión de los musulmanes si los catalanes hubieran ganado la batalla de Guadiaro. Aunque esta percepción era exagerada, ya que los cristianos del norte aún no tenían la fuerza suficiente para tal cosa, refleja un cambio en cómo se veía a los cristianos como una amenaza existencial para al-Ándalus.

En cualquier caso, entre la batalla de El Vacar y la batalla de Guadiaro, acontecida el 21 de junio del 1010, la expedición catalana perdió a muchos hombres. Murieron en batalla o posteriormente por las heridas sufridas el conde Ermengol I de Urgel, los obispos de Osona, Barcelona y Gerona, y el judío encargado del tesoro condal, entre otros personajes destacados. Según Josep Suñé, las pérdidas humanas fueron considerables en ambos bandos, y no se puede hablar de una gran victoria bélica ni para los catalanes ni para los bereberes.

Al regresar a Córdoba, los catalanes estaban llenos de rabia y masacraron a personas que parecían bereberes. Esta es la explicación que da el cronista egipcio al-Nuwayri, pero podría ocultar que fue un ataque premeditado contra los hombres de al-Mahdi y los cordobeses en general, es decir, aquellos que los habían traicionado en la batalla de Guadiaro. Pese a los ruegos del califa Muhammad II y de Wadih, los catalanes supervivientes se negaron a seguir combatiendo tras la muerte de sus principales cabecillas y por desconfianza hacia sus aliados.

Así terminó la expedición catalana a Córdoba de 1010. Para el 1 de agosto, los catalanes habían regresado a sus condados. El resultado fue agridulce: murieron muchos cristianos, pero los supervivientes regresaron cargados de oro y botín. Para el conde de Barcelona, los beneficios económicos y políticos superaban los riesgos, ya que en los años siguientes siguió interviniendo militarmente en al-Ándalus. En un escrito del 1012 se menciona que la empresa de Ramón Borrell y Ermengol I buscaba reconstruir sus territorios tras sufrir las campañas destructivas de Almanzor y al-Muzaffar.

 

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