martes, 5 de mayo de 2026

LAS CONCESIONES TERRITORIALES DE SULAYMAN AL-MUSTA’IN

 

LAS CONCESIONES TERRITORIALES DE SULAYMAN AL-MUSTA’IN

La victoria del omeya Sulayman al-Musta’in fue pírrica. En Córdoba todo el mundo lo odiaba por haber sometido a la ciudad a asedio, matanzas y saqueos. Fuera de ella, el control de Sulayman era débil o nulo en buena parte del territorio andalusí, y ni hablemos del Magreb omeya. Sulayman intentó que los saqaliba que habían huido a Levante regresaran a Córdoba, pero estos no respondieron a sus cartas. Uno de ellos, Muyahid de Denia, incluso proclamó, a finales de 1014, a su propio califa omeya, no para hacerse con Córdoba, sino para legitimar su poder regional y llevar a cabo conquistas marítimas.

La victoria de Sulayman era la victoria de la facción bereber, y por eso colocó a magrebíes en puestos clave de la administración. En estas condiciones era imposible restablecer un Estado omeya capaz de evitar la concentración de poder en una sola facción política. El tesoro estatal estaba agotado, y de algún modo, al-Musta’in tenía que recompensar a sus leales bereberes y extender su autoridad sobre al-Ándalus. Por eso Sulayman concedió distritos territoriales de Andalucía a tribus amazighes, de donde podían extraer tributos para el mantenimiento de los ejércitos. Estas concesiones dieron origen a numerosas taifas.

A los bereberes sinhaya, encabezados por la dinastía zirí, les concedió la provincia de Elvira, Granada; a los magrawa, el norte de Córdoba; a los Banu Birzal y Banu Ifran los distritos de Jaén, a los Banu Jizrun Arcos, y a los Banu Dammar y Banu Azdaya Medina Sidonia, Morón, y otras fortalezas. Esta situación no se mantuvo estática, pues sabemos que los Banu Birzal terminaron fundando la Taifa de Carmona, los Banu Ifran la de Ronda, y los bereberes magrawa debieron de quedar absorbidos en otras taifas. Sulayman reconoció una situación ya de hecho cuando confirmó en el gobierno de Zaragoza a Mundir ibn Yahya de la dinastía árabe tuyibí, a Ali ibn Hammud en Ceuta, y a su hermano al-Qasim en Algeciras, Tánger y Arcila.

Fragmentación del Califato de Córdoba, por Desperta Ferro.

Las concesiones territoriales otorgaban el derecho a quedarse con la mayor parte de los impuestos de la región asignada. Sin los bereberes, Sulayman al-Musta’in no habría llegado a donde llegó, y además, ni aunque hubiera querido, habría podido evitar que se adueñaran de provincias. Las concesiones bajo su dirección permitían al menos que el proceso tuviera cierto orden, y dispersar a los bereberes por las provincias le ayudaba a extender su autoridad teórica en estas.

Los bereberes ocuparon los territorios por la fuerza o la amenaza de ella, pero también con la colaboración de las élites de la administración califal de ciudades y provincias. Esta colaboración predominó en la Taifa de Granada, ya que, de otro modo, habría sido imposible llevar a cabo el traslado de la capital regional de Elvira a Granada. La unidad califal estaba solo restituida en apariencia; en realidad, la posición de Sulayman dependía de mantener esta ilusión. El control de las provincias y de sus impuestos estaba en manos de otras personas, lo que limitaba enormemente la capacidad de maniobra del califa.

 

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