viernes, 8 de marzo de 2013

Historia de los musulmanes en al-Ándalus. TARIFA, un pasado fabuloso


TARIFA: UN PASADO FABULOSO
 
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Enrique Gozalbes Cravioto

Tarifa aparece de forma reiterada en la historiografía española de los siglos XVI y XVII a partir de la atribución de un pasado fabuloso. Desde finales del siglo XV los escritores se asoman a determinadas fuentes clásicas y encuentran en ellas inspiración para la reconstrucción histórica. Pudieron entonces detectar la existencia de diversos párrafos de autores antiguos acerca de núcleos urbanos existentes en el litoral del Estrecho de Gibraltar. La interpretación de una continuidad histórica les llevó a ubicar acontecimientos con estas costas y a identificar Tarifa con una Algeciras casi despoblada, Tarifa constituía el principal centro urbano de un litoral muy amplio.

Pero,¿cómo era Tarifa en la época en que se realizó esta atribución?. Se trataba de una población modesta, comparada con otras muchas del interior, pero que ocupaba una posición céntrica en la navegación. Tenía la virtud de ser un centro portuario, de avituallamiento y conexión con plazas hispano-portuguesas del Norte de África, en especial con Tánger. Era también un núcleo urbano de una zona ganadera. Y finalmente, constituía el centro urbano en una costa bastante abandonada debido al peligro de ataque por los piratas norteafricanos.

Quizás una descripción significativa la encontramos en la obra de Rodrigo Méndez de Silva, Población General de España (Madrid, 1645). Se trata de una referencia importante dado que van a ser numerosos los geógrafos posteriores que la copian. Una prueba la encontramos en la obra de Juan Antonio de Estrada, con el mismo título de Población General de España, publicada un siglo más tarde (recientemente reeditada, en 1995, con introducción de Vicente Moga). Señalaba Méndez de Silva: Cinco leguas distante de Gibraltar está la villa de Tarifa, situada cerca del Estrecho, inclinada a Occidente, con fuertes muros, dos puertas, buen castillo, fértil de miel, pan, vino, caças, pescados y especialmente ganados bacunos en espaciosas dehessas. Tiene ochocientos vecinos y Nobleza, divididos en quatro parroquias, un convento de Frayles Trinitarios. Son sus Armas, en escudo, un castillo sobre agua, en la ventana una llave por serlo de España, otras dos a los lados, orlado destas letras, Sed fuertes en la guerra. Fundola nuestro antiguo Rey Tago, años del mundo 2128, antes de la humana Redempción, 1333, llamándose Carteia, después Tartesia, según más cierta opinión, de quien esta provincia algún tiempo fue nombrado Tarsis, memorado en las Divinas Letras, ínterpretándose Cuevas y Minas hondas halladas en sus marítimas costas.

Esta ciudad que describe Méndez Silva es en la que se van a situar hechos más o menos míticos y localizaciones de urbes de la antigüedad. La primera de ellas será puramente legendaria es la atribución de la fundación de la ciudad. Que sepamos, el dato se toma de lo escrito por Jerónimo Martel, en su Cronología Universal (1602), pero es posible que este autor a su vez lo tomaría de alguno anterior.

La fundación de Tarifa se atribuía al Rey Tago, y se daba incluso un fecha concreta para la misma: el 2128 de la creación del Mundo, es decir, el 1333 a. de C. El Rey Tago es el quinto rey de la primera dinastía legendaria de España, que habría sido encabezada por Tubal. Esta recreación, ya contestada en aquel tiempo, es realizada a partir de las tergiversaciones que introdujo el italiano Annio de Viterbo. Sobre la misma y sus derivaciones ha publicado Julio Caro Baroja, recientemente fallecido, una investigación repleta de datos interesantes, Las falsificaciones de la Historia, en relación con la de España, (Barcelona, 1992).

A continuación, Méndez Silva incorporaba toda una serie de datos sobre la antigüedad fabulosa de Tarifa, los cuales estaban muy en boga en aquellas fechas. De hecho, todas estas cuestiones del pasado fabuloso derivaban de la identificación que se hacía de Tarifa con la antigua Carteia y con Tartessos. Una identificación que había sido antes realizada por Florián de Ocampo en sus Cinco Libros de la Crónica General de España (Medina del Campo, 1553)

Esta atribución errónea conducía, naturalmente, a que se localizaran en la Tarifa antigua toda una serie de hechos de cierta importancia. La identificación de Tartessos con Carteia parte del texto de Pomponio Mela (II,96): Carteia, que algunos creen es la antigua Tartessos. Otras fuentes de la antigüedad también señalan la existencia entonces de una creencia acerca de que la mítica Tartessos se hallaba donde más tarde estaba Carteia. El primer autor que, a partir del texto de Pomponio Mela, identificó Tartessos con Tarifa fue Pedro de Medina en su Libro de las grandezas y cosas memorables de España (Sevilla, 1548).

Todas las creencias acerca de un pasado fabuloso, y la identificación de Carteia con Tarifa, son datos que iban a popularizarse al pasar a la obra principal de la historiografía española en los siglos XVI y XVII. Nos referimos a la Historia General de España (Madrid 1599) del Padre Juan de Mariana. El primero de los hechos referidos es el supuesto combate entre Gerión y Osiris: diose la batalla, que fue muy herida, en los campos de Tarifa junto al estrecho de Gibraltar, con grande coraje y no menos peligro de cada cual de las partes. La victoria y el campo, muertos y destruidos los españoles, quedó por los egipcios, el mismo Gerión murió en la batalla; su cuerpo, por mandado del vencedor, sepultaron en lo postrero de la boca del Estrecho, en lugar donde el presente se ve el pueblo dicho Barbate; allí se hizo el túmulo. (Hist. Esp. I.8).

La mitología griega tenía en su elenco la existencia de Gerión, hijo de Crisaor, y que pastaba unos enormes bueyes. El personaje de Gerión se incluyó en el ciclo de las leyendas acerca de los trabajos de Hércules. Y como tantos otros mitos griegos, a partir sobre todo del siglo V a. de C. fue desplazado en su ubicación hacia Occidente. Es Diodoro de Sicilia, a mediados del siglo I a. de C., el primero que de forma expresa sitúa a Gerión en esta zona: los bueyes de Gerión, que precisamente se hallaban paciendo en la región de Iberia confín al Océano. (Bibl. Hist. IV,17,1).

En el siglo XIII el arzobispo Ximenez de Rada, a quien siguió Alfonso X el Sabio, recogió el combate de Hércules con Gerión. No ofrece todavía una ubicación concreta a la batalla, aunque se aproxima a Tarifa dado que el héroe griego se hallaba en Cádiz (Ximenez de Rada, De Rebus Hispanias I, 4). El resultado del combate fue que mató Ercules a Gerion, e tomole los ganados todos e quanto le fallo, e entro toda la tierra e tomola e apode-rose della (General Estoria, II,171). En 1548 Pedro de Medina, en su Libro de las Grandezas, ya ubicó el mítico combate de Hércules y Gerión en las proximidades del Cabo Trafalgar.

La confusión de Hércules con el tal Osiris parte de toda la cadena de falsos cronicones, derivados de la obra de Jerónimo Nanni (Annio de Viterbo), Comentaria super opera diversorum auctorum de antiqutatibus Ioquentium (Roma, 1498). Este opúsculo estaba plagado de textos falsificados, con la creación de toda una dinastía de reyes en la España más primitiva. Como podemos observar, muchas de estas falsedades pasaron a la obra de historiadores tales como Mariana que, por cierto, a partir de otros autores renacentistas también indicaba que el sepulcro de Hércules se hallaba ubicado en Tarifa (Hist. Esp. I,9). El ya citado Pedro de Medina había considerado que la tumba era la de Gerión y que se encontraba en el cabo Trafalgar, en el mismo lugar de la batalla.

También Mariana, como Méndez de Silva, identificaba las ciudades antiguas de Tartessos y Carteia, y ubicaba ambas en Tarifa. El hecho le conducía directamente a considerar que Tarifa fue sede del mítico rey Argantonio, que Herodoto (I,163) puso en relación directa con los griegos de Focea. Ya en el s¡glo XVI diversos escritores, en especial Pedro de Medina, habían considerado que Tarifa había sido la fabulosa Corte de Argantonio, hasta donde llegaron fenicios y griegos. La ciudad se convertía en uno de los centros más ilustres del periodo de las colonizaciones.

Sin embargo, en esta misma época ni mucho menos todos los autores coincidían en la identificación de Tartessos con Tarifa. Por el contrario, todos los episodios referidos al mítico y longevo rey Argantonio, a sus devaneos políticos y comerciales con fenicios y con griegos, muchos consideraban que estaban en relación con Cádiz. Se estaba desarrollando la identificación de Tartessos con Cádiz, que con el tiempo terminaría triunfando.

La identificación de Tartessos con Cádiz la encontramos reflejada también en otros textos de la antigüedad clásica, pero la vemos reaparecer en autores renacentistas tales como Gorophius Beccano. Era éste un médico holandés, al servicio de los reyes de España, que se aficionó al estudio de la literatura antigua. En 1580 publicó su Opera en la cual, a su manera, trataba de aclarar textos antiguos referidos a los Países Bajos, Francia y España. Gorophio Becano no solamente identifica Cádiz con la antigua Tartessos sino que también, por vez primera, relacionó Tartessos con la bíblica Tarsis (Opera, VIII, p. 105). Incorporaba unos puntos de vista que trasladaba a Cádiz los nobles orígenes hasta entonces atribuidos a Tarifa.

La historiografía gaditana muy pronto utilizaría con gran decisión los argumentos utilizados por el médico holandés. Los tintes de gloria de Cádiz podían, con cierta facilidad, desplazar los que atribuían a Tarifa. Esta tendencia tendrá su primer gran representante en el sacerdote Juan Bautista Suárez de Salazar, que publicó sus Grandezas y Antigüedades de la isla y ciudad de Cádiz (Cádiz, 1.610).

Suárez de Salazar no menciona en ningún momento la ciudad de Tarifa, pero toda su argumentación busca directamente desplazar a Cádiz todas las citas acerca de Tartessos. El punto central de toda la nueva reconstrucción es la negación de la identificación de Tartessos con Carteia, si bien los argumentos en este caso no eran de mucho peso: algunos dizen que los Tartessos fue lo mesmo que Carteia, no con mas fundamento que por la conveniencia del sonido, lo qual contradize la autoridad de los más antiguos escritores (Suárez de Salazar, pág. 31).

En realidad, los autores clásicos discreparon acerca de la identificación de Tartessos, ciudad que había dejado de existir muchos siglos atrás. Así muchos de ellos identificaron Tartessos con Gades, entre los que el más clarificador es sin duda el historiador Salustio (Hist. II, 5). Pero otros como Appiano (Iber, 63) o el citado Mela, habían considerado que Carteia se levantaba en el asiento de la antigua Tartessos. Sin duda, en la antigüedad ya se tratará de buscar la desaparecida Tartessos en algunas de las principales ciudades existentes en la Hispania meridional.

Pese a la obra de Mariana, los argumentos de los escritores posteriores irán mucho más en la dirección de ubicar Tartessos en las costas atlánticas. Desde los inicios del siglo XVII se superará la identificación de Tarifa con Carteia y se relacionarán los textos clásicos con Gades. Así Cádiz desplazará a Tarifa en la grandeza de unos orígenes legendarios. El propio Ayuntamiento gaditano potenciaría este hecho y encargaría a Fray Jerónimo de la Concepción que escribiera su Emporio del Orbe, a la mayor gloria de la urbe gaditana.

La Historia de España del Padre Mariana ubicaba la ciudad de Carteia en Tarifa. Ello le conducía a aplicar a la misma algunas noticias de la antigüedad clásica, en especial lo que refiere Tito Livio (XLIII, 3, 3-4), acerca de la fundación de una colonia latina que fue la primera que hobo de los romanos en España, y por esta causa, Carteya se llamó colonia de los Libertinos. entiéndese que esta población es la que hoy se llama Tarifa. (Hist. Esp. II,26).

Sin embargo, hacia 1610, Alonso Fernández del Portillo escribió una Historia de Gibraltar que se conservó inédita, lo que no evitó una amplia utilización de la misma. El autor rechazaba que Carteia pudiera ubicarse en el lugar de Tarifa, pues en el sitio de Tarifa ni alrededor no hay edificios ni capacidad que muestren rastros de tanta vecindad y magnificencia. Por el contrario, ubicaba Carteia en las ruinas de la Torre de Cartagena que hoy aparecen perfectamente identificadas en la bahía de Algeciras.

Sin embargo, la historiografía posterior no iba a lograr desvelar la realidad del poblamiento antiguo de Tarifa. Así, una vez descartada la identificación con Carteia, diversos autores han planteado la posibilidad de que en Tarifa se encontraran otros núcleos urbanos antiguos.

Por un lado, Traducta Iulia, fundación de Augusto.Por la otra, que se tratara de la Mellaria citada por Strabon (III,1, 8), Mela (II, 96), Plinio (III, 7) y el itinerario de Antonino (407,2), entre otros.

En todo caso, la discusión a este respecto solamente podrá aclararla la investigación arqueológica. De hecho, las noticias sobre los restos pretendidamente antiguos de Tarifa nos ofrecen datos muy contradictorios.

Así en 1633, Macario Fariñas, en su Tratado de las Marinas desde Málaga a Cádiz,conservada en manuscrito en la Real Academia de la Historia, no refleja la existencia de restos antiguos en Tarifa.

Por el contrario, un siglo más tarde un viajero europeo, Udal Rhys, en su A tour through Spain and Portugal (Londres, 1760), afirmaba sobre la población de Tarifa: puede suponérsele la más grande antigüedad porque allí son evidentes las huellas de una colonia romana, no sólo en la misma estructura de las murallas de la ciudad en varios lugares, sino por algunos fragmentos nobles de arquitectura, tanto en edificios públicos como privados. Estas evidencias están reforzadas por armas, medallas e inscripciones allí encontradas (p.150).

BIBLIOGRAFÍA

(1) BLÁZQUEZ, J.M.,Gerión y otros mitos del Occidente, Gerión 1 (1983), págs. 21-38.

(2) CARO BAROJA, J., Las falsificaciones de la Historia (en relación con la de España), Barcelona, 1992.

(3) CRIADO ATALAYA, F.J. y VICENTE, J.I. de:Tarifa la Guerrera (II). Una visión de su Geografía y su Historia por Alonso Fernández del Portillo ALJARANDA, núm. 17, 1995, págs. 14-21.

(4) GOZALBES, E., Pedro de Medina localiza Tartessos en Tarifa, ALJARANDA, núm.17, 1995, págs. 11-13.

(5) SCHULTEN, A., Tartessos, segunda ed., Madrid, 1972.

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