jueves, 12 de diciembre de 2019

ALFONSO X EL SABIO (1252-1284)


ALFONSO X EL SABIO (1252-1284)

Rey de Castilla y León desde el año 1252 al 1284, hijo de Fernando III el Santo y de doña Beatriz de Suabia. Fue aspirante al trono del Sacro Imperio Romano Germánico, y uno de los reyes más importantes del medievo europeo, no sólo por su actividad política sino, sobre todo, por su gran preocupación cultural. Subió al trono a los treinta y un años, habiéndose casado al los veintitrés con Violante, hija de Jaime I de Aragón y de Violante de Hungría. Sus pretensiones a la corona imperial se basaban en los derechos de su abuelo, el duque de Suabia, que había sido reconocido como emperador de Alemania, pero finalmente fue elegido emperador Rodolfo de Habsburgo. En cuanto a política interior, tampoco fue muy afortunado. Conquistó algunas plazas en Andalucía (Jerez, Medina Sidonia, Lebrija, etc.) y sofocó la sublevación de los mudéjares murcianos y andaluces. Sin embargo tuvo que ceder el Algarve a Portugal, y fracasó en sus aspiraciones al reino de Navarra, y en sus proyectos de cruzada en África. En lo que realmente sobresalió su reinado fue en su extraordinaria labor científica y cultural. Esto fue debido al desarrollo incipiente de la joven cultura occidental, en su expresión castellana. Se considera a Alfonso X el fundador de la prosa castellana y el primer historiador que adopta una visión moderna de la ciencia histórica. Organizó el estudio de diferentes ámbitos del conocimiento: Leyes, Historia, Ciencia, y Artes Recreativas en los tres centros culturales de su reino: Toledo, Sevilla y Murcia, con la colaboración de un equipo de traductores, compiladores y autores originales. Durante esta labor se encargó de recoger y supervisar la documentación manejada por este grupo de colaboradores,por lo que a pesar de ser una tarea de equipo, destacó en ella su estilo personal.

Además de protector de las arte y el saber, cultivó como ningún otro el ideal del  imperator litteratus. Constituye el gran baluarte de las letras medievales castellanas en su época más temprana, por su interés en ennoblecer la lengua vernácula, el castellano, y dotarla de valor literario y poder como transmisora de cultura, en detrimento de la lengua latina. Asimismo, intentó lograr la paz dentro de las fronteras de sus reinos castellano y leonés, y dotar a sus posesiones de códigos legales avanzados. Por otro lado, en el terreno de la política europea, optó a la corona imperial. Junto a ello, destaca la colaboración que procuró entre las tres culturas de la España medieval  (cristiana, árabe y judía),que se fraguó en los trabajos de traducción y redacción de su scriptorium, que fue la continuación de ese fenómeno cultural que denominamos Escuela de Traductores de Toledo, extendiéndola a Sevilla y Murcia. Los hechos históricos más importantes de su reinado (al que accedió en 1252) son su labor en el proceso de reconquista, con la incorporación de Murcia a sus tierras, la firma del tratado de Almizra, la toma de Jerez, del reino de Niebla y de Cádiz, así como sus aspiraciones al imperio romano-germánico, que, desde 1256 hasta 1275 (fecha de su renuncia al mismo ante Gregorio X) le ocasionaron la enemistad de la nobleza castellana y, finalmente, la lucha con su propio hijo Sancho (futuro Sancho IV).
La obra de Alfonso X se organiza como un gran corpus dotado de pretensiones enciclopédicas y subordinado a su dimensión histórica española y europea. En él las obras históricas nacen con el intento de recuperar, en parte, el pasado hispano, en especial el visigodo, y de asentar las bases de autoridad sobre las que desplegar sus demandas a la corona imperial. Las obras jurídicas se explican dentro de su perfil hispánico, como baluartes de la paz y unidad nacionales. Sus obras científicas y didácaticas se articulan como integradoras de las culturas de la Península Ibérica. Su obra lírica rinde tributo a Dios por mediación de la Virgen María, insertando su mundo histórico de saber y actuación política en el marco apropiado de la religiosidad y la devoción medievales.
Las dos obras históricas alfoníes son la Estoria de España y la General Estoria. El proyecto de la Estoria de España parece haber recibido atención prioritaria por parte del monarca desde 1270 hasta 1275, pero al llegar a su capítulo 616 lo abandonó; no obstante, su scriptorium continuó compilando y añadiendo materiales. En la Biblioteca de El Escorial se conserva un manuscrito, E1, que recoge hasta el capítulo 565. La Estoria, hasta el capítulo 616, abarcaba desde la historia romana hasta el reinado de Alfonso II el Casto, y es la parte considerada generalmente como alfonsí; no obstante, es la segunda parte la que con más frecuencia ha atraído la atención de la crítica, pues es en ella donde aparecen los cantares de gesta prosificados que tan importantes son para conocer nuestra épica castellana medieval. El problema de las dos versiones de la leyenda de Bernardo del Carpio, asunto que se relataba en el capítulo 616, se solucionó de dos modos diferentes, dando origen a la versión regia y la versión vulgar. La primera, realizada en tiempo de Sancho IV, también se denomina Versión amplificada de 1289, y se recoge en un manuscrito lujoso denominado E2; la segunda, dividida en otros cuatro manuscritos y extendida a lo largo de otros casi doscientos capítulos, fue utilizada para la creación de las crónicas generales del siglo XIV (Crónica de tres reyes, Crónica de veinte reyes, etc.) . Alfonso X se sirve del Toledano, el Tudense, crónicas latinas, leyendas, historiadores y poetas clásicos, historiadores árabes y cantares de gesta épicos que se prosificaron en la redacción. La General Estoria se incia en 1272. Las pretensiones europeístas alfonsíes hacen que el proyecto de la historia española se abandone en detrimento de esta nueva empresa; en ella se relata la historia del  mundo, dividiéndola en seis edades,según el modelo de los Cánones de Eusebio de Cesarea, revisados por San Jerónimo. Incluye los hechos de Egipto, Asiria, de los reyes de Inglaterra, de  Babilonia, Media, Persia, Egipto, Grecia, Roma y la historia de la España anterior al  nacimiento de Cristo. La quinta parte está incompleta, así como la sexta, sólo pergeñada, y que hubiera llegado hasta los padres de la virgen María. La historia bíblica, G. de Monmouth,Lucano y Ovidio son parte de las influencias que se observan en la obra, concebida como un  conjunto orgánico y enciclopédico.
La obra jurídica alfonsí se inspira en el deseo de lograr la paz y unidad nacionales y, como la histórica, está redactada en romance. La primera obra emprendida por Alfonso fue el Setenario, comenzado a ruegos de su padre Fernando III y concluido cuando ya era rey. El libro, con rasgos claramente enciclopédicos, se estructura con acuerdo al patrón  del número siete y aborda numerosas materias de tipo eclesiástico. A ella siguió el  Fuero real (redactado hacia 1255), única obra legal que llegó a promulgarse en vida del monarca y que cuenta con una riquísima tradición manuscrita por haberse otorgado a múltiples lugares; el propósito del monarca era aquí el de abolir, mediante una única obra, la  multitud de fueros legales particulares castellanos y leoneses. El Espéculo ha hecho dudar a la crítica si se trata de una borrador de las Siete Partidas o de una obra posterior a ésta. Aunque fue enviado a todas las ciudades para que lo usaran, no se promulgó nunca en vida del monarca. Sin duda alguna, la obra jurídica de mayor importancia  de Alfonso X son las Siete Partidas, concebida como un tratado de derecho civil, penal y eclesiástico que regula todos los aspectos del vivir nacional; de la redacción  vernácula, Alfonso pensaba pasar a una versión en latín para todos sus súbditos de Europa,  algo que nunca tendría lugar al frustrarse sus aspiraciones al imperio romano-germánico. Las Partidas fueron sancionadas definitivamente por Alfonso XI en el Ordenamiento de Alcalá de Henares de  1348; desde ese momento, y en aquellas materias que sólo en este cuerpo legal se trataban, se usó comúnmente, se estudió en profundidad y se glosó. Especial  fama tuvo, por sus  títulos sobre los caballeros y el arte militar, la Segunda Partida.
Junto a la obra histórica y jurídica, Alfonso X fomentó la traducción de libros astronómicos y astrológicos, en especial de procedencia árabe y judía, traducidos por lo general al latín y  de esta lengua al castellano. Entre éstos pueden citarse los Libros del saber de astronomía y los cuatro libros astrológicos, el Libro de las cruzes,el Libro conplido en los iudizios de las estrellas,el Libro del cuadrante señero y el Picatrix, en los que se mezclan enseñanzas astronómicas,  cabalísticas, virtudes de las piedras, etc. Parecido al último título citado, cuyo original árabe  parece remontar al siglo XI, es el Lapidario, obra de Yhuda Mosca, incluye hasta cincuenta dibujos que representan figuras de animales zodiacales; en éste, la astrología aparece claramente ligada a la ciencia de las piedras y la medicina, algo propio de aquel momento. Como en el caso de las obras históricas y líricas, es difícil imaginar cuál fue la participación autorial del monarca en estas empresas. La crítica ha aceptado que su labor se  redujo, en la mayoría de las ocasiones, a la de organizador, director e inspirador del trabajo.  Sin embargo, su participación en los prólogos de las obras mencionadas parece más  personal.
Entre las obras recreativas que se escribieron por mediación de Alfonso X, destaca el Libro del axedrez, dados e tablas, en la que el monarca posiblemente participó de modo personal y que recoge el simbolismo de las figuras y movimientos del ajedrez, de origen  árabe. También vertió al castellano un tratado cinegético árabe: el Libro de los animales que  caçan, cuyo bello y temprano manuscrito principal fue adquirido por la Biblioteca Nacional de Madrid en 1984. También algunas obras didácticas fueron animadas por el Rey Sabio, la más importante de las cuales es el Calila e Dimna, una labor llevada a cabo cuando aún era  príncipe; desconocemos el grado de relación que pudo tener con obras que fueron  igualmente preparadas durante el reinado de su padre, como diversas obras encargadas  por el monarca a Juan Gil de Zamora, entre ellas un Ars  musica, obras históricas y una colección de milagros de la Virgen María; además, a Alfonso X se le debe el encargo de  las vidas de santos compiladas por Bernardo de Brihuega.
La obra literaria del monarca sabio no sólo se reduce a la prosa sino que también abarca la poesía. En este caso, siguiendo la moda de la época, su producción lírica se escribe en gallego-portugués. Las Cantigas de Santa María es una obra de colaboración pero con la huella personal y autorial del monarca; constituye un conjunto de 427 poemas, repartidos entre milagros marianos, cantigas amorosas y loores (una de cada diez, en lo que C. Nepaulsingh ha denominado una  estructura de rosario) de la Virgen. La crítica ha señalado que el poeta Airas Nunes debió de  tener una gran participación en la obra como organizador. Las Cantigas, asimismo, pensadas como un conjunto de 100 composiciones, crecieron en diversas etapas hasta  albergar el número de composiciones mencionado desde 1270 hasta 1282. Las formas métricas utilizadas son abundantes, destacando entre ellas el uso del villancico. Los cuatro  manuscritos que han conservado la obra (entre los que destaca el códice rico) nos han transmitido la música de muchas de ellas. Igualmente, estos manuscritos nos han  transmitido las miniaturas que acompañaban a estas composiciones líricas, obra primorosa  de la iluminación medieval.
Con el cuerpo de obras que acabamos de revisar la crítica, Gonzalo  Menéndez-Pidal habla de dos épocas de creación: la primera (1250-1260), volcada a la  traducción, mientras la segunda (1269-1284) corresponde a las obras originales, como sus  dos crónicas o las Cantigas de Santa María. En esta última fase, y especialmente en su obra  poética, se cree que participó más activamente el Rey Sabio, aunque por regla general su  actuación se limitase a las tareas indicadas en un célebre pasaje de la General Estoria: así como dixiemos nos muchas vezes, el rey faze un libro, non por que'l él escriua con sus manos, mas porque compone las razones dél, e las enmienda e yegua e enderesça, e muestra la manera de cómo se deuen fazer, e de sí escriue las qui él manda; pero por esto dezimos por esta razón que él faze el libro. Como quiera que sea, la empresa cultural alfonsí no resiste parangón en el siglo XIII peninsular, pues es el mensajero de un despertar cultural que continuaría, a pesar de las ideas heredadas, durante el reinado de Sancho IV.


Aspectos musicales
En el terreno musical creó la cátedra de música de la Universidad de Salamanca (1254) y fue protector y admirador de muchos trovadores, como Bonifacio Calvo, Guiraut, Riquier o Guillén de Cervera. Rey de un territorio donde convivían cristianos, judíos y musulmanes, Alfonso X, a diferencia de la gran mayoría de monarcas europeos de la época, protegió las herencias culturales de todas las culturas. El resultado musical más importante de estos esfuerzos fueron las Cantigas de Santa María, una compilación de 428 obras, la mayoría escritas en gallego, de las que se sabe que el rey compuso varias personalmente.
En esta obra se aúnan con brillantez las influencias romanas, visigóticas, árabes, hebreas y trovadorescas, se consiguen importantes innovaciones, y constituye en general una de las obras principales de la Edad Media europea. Comprenden melodías gregorianas cantadas en lengua vulgar, motetes latinos cantados polifónicamente, y su parte más importante procede directamente del folclore tradicional de los diferentes pueblos del reino de Castilla. Otras son directamente innovaciones de Alfonso X y su equipo de compositores.
La influencia de esta compilación sobre la música medieval europea fue muy grande. Han inspirado incluso obras de compositores actuales como, Julián Orbón y Mauricio Ohana.


Bibliografía
A. G. Solalinde, ed. General Estoria, I (Madrid, 1930).
A. G. Solalinde, ed. General Estoria, II (Madrid, 1957-61).
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L. A. Kasten y J. Nitti: Concordances and Texts of the Royal Scriptorum Manuscripts of Alfonso X el Sabio (Madison, 1978).
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Marc Honegger, Diccionario de la Música. Espasa Calpe, Segunda Edición. Madrid, 1993.
Federico Sopeña Ibáñez, Historia de la
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