lunes, 2 de febrero de 2026

CORTE, PUERTAS, CORONAS, TURBANTES Y TRONOS: INSIGNIAS, MODELOS Y RITUALES DESDE EL REINO VISIGODO HASTA AL-ANDALUS


CORTE, PUERTAS, CORONAS, TURBANTES Y TRONOS: INSIGNIAS, MODELOS Y RITUALES DESDE EL REINO VISIGODO HASTA AL-ANDALUS

Elsa Cardoso

En este artículo

ABSTRACTO

Este artículo aborda cómo el recién establecido poder imperial islámico, con su nueva identidad religiosa, adaptó o rechazó rituales, insignias y representaciones cortesanas de la Antigüedad Tardía en la Península Ibérica. El artículo se centra especialmente en las fuentes que abordan estas representaciones bajo el Emirato y Califato Omeya (756-1031). Emplea una perspectiva comparativa con el Reino Visigodo de Toledo (mediados del siglo VI-711) para evaluar la adopción, reevaluación o rechazo de modelos previos. También considera casos ejemplares que tuvieron lugar después de la conquista islámica del 711 hasta el llamado período de los gobernadores (711-756). Basándose en fuentes escritas y materiales, como representaciones pictóricas, monedas, cerámicas, marfiles, coronas votivas y textiles, el artículo evalúa el contexto peninsular anterior a la llegada del Islam y el desarrollo de estos modelos a lo largo del período Omeya.

Introducción

El ceremonial y el ritual transmiten no solo un lenguaje protocolario, sino también la puesta en escena de un lenguaje religioso-político. No es casualidad que, cuando el gobernador de al-Ándalus, 'Abd al-'Azīz b. Mūsā b. Nuṣayr (m. 717), fue persuadido por su esposa para que llevara una corona ( tāj ), fuera denunciado y condenado a muerte. Según la versión de este episodio relatada en el Akhbār majmūʿa fī fatḥ al-Ándalus [Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Ándalus] (una fuente cuya autoría aún es discutible, y que pudo haberse originado en cualquier momento entre los siglos VIII y XIII),Nota1 La esposa de 'Abd al-'Azīz, Ayla (Egilona) o Umm 'Āṣim, viuda del último rey visigodo de Toledo, Rodrigo, convenció al gobernador de al-Ándalus, hijo del conquistador musulmán Mūsā b. Nuṣayr, para que llevara corona, pues asociaba eltajcon una insignia superior de realeza y poder. En consecuencia, le explicó a su esposo que un rey sin corona era un rey sin reino. El gobernador (o el rey, a ojos de Umm 'Āṣim) se negó inicialmente, invocando la prohibición de la corona en el islam. Llegaron a un acuerdo: llevaría la corona en la intimidad de su hogar. Sin embargo, tras ser visto por un visitante, fue acusado de apostasía del islam y asesinado en el año 717.Nota2 Según la versión de este episodio relatada por Ibn 'Abd al-Ḥakam, la esposa de 'Abd al-'Azīz (aquí la hija y no la viuda de Rodrigo) sentía que su esposo no ritualizaba su gobierno según los estándares de la corte de su padre, ya que sus súbditos no se postraban al entrar en su presencia (lā yasjudūna laka, “no se postran ante ti”). Por esta razón, elemirconstruyó una puerta baja en su palacio, que obligaba a quienes entraban a inclinarse. Mientras su esposa afirmaba que tal ritual fortalecía su poder, la élite musulmana lo acusó de haberse convertido al cristianismo, por lo que fue acusado del delito de apostasía y asesinado, significativamente, dentro de una mezquita.Nota3

Las versiones de este episodio,Nota4, a la que volveremos más adelante, revela la asociación de las insignias y gestos rituales con una lengua imperial religiosa específica, concretamente la de la Antigüedad Tardía, presente en la Iberia visigoda. Como ha señalado Maribel Fierro, este relato revela no solo la superposición de identidades religiosas y políticas, sino también una gran preocupación, durante el primer período del Islam, por subrayar la diferencia entre las características religiosas de los nuevos conquistadores y las tradiciones previas.Nota5 'Abd al-'Azīz no fue juzgado por el uso de una corona per se. El simbolismo del uso de la corona subrayó un marco político-religioso mucho más complejo que el simple uso de una insignia ajena al contexto árabe. Implicaba el uso de un lenguaje ceremonial que revelaba un significado religioso dentro del nuevo contexto político de la Península Ibérica. También sabemos que los rituales imperiales utilizados antes de la conquista islámica se integraron en el lenguaje ceremonial del Califato Omeya de Córdoba. Por ejemplo, como veremos más adelante, la postración se convirtió en un saludo ritual estándar cuando tributarios tanto cristianos como musulmanes se presentaron ante el califa omeya.Nota6

Este artículo pretende demostrar cómo el nuevo poder imperial, con su nueva identidad religiosa, recibió, adaptó o rechazó los rituales y ceremonias anteriores en la Península Ibérica. El lenguaje ceremonial de la realeza en el Mediterráneo tardoantiguo y medieval temprano se moldeó por un simbolismo compartido; sin embargo, su expresión distaba mucho de ser uniforme, variando entre sistemas políticos y períodos en respuesta a las cambiantes configuraciones políticas, religiosas y culturales. Cronológicamente, me centraré en el período posterior a la conquista islámica de 711, pasando por el período de los gobernadores (711-756), y especialmente el Emirato Omeya (756-912) y el posterior Califato (912-1031). Por lo tanto, el artículo explora enfoques comparativos que permiten evaluar la persistencia de un lenguaje ritual imperial preexistente y su desarrollo durante la época islámica. Dado que precede al período islámico y a la conquista de Iberia, el reino visigodo de Toledo (mediados del siglo VI-VII) se considerará desde una perspectiva comparativa con los modelos cortesanos de la Antigüedad Tardía. Desde el principio, es importante destacar que el término corte corresponde a un concepto occidental que no encaja plenamente en las sociedades medievales islámicas. Si bien existen lenguajes, estructuras y continuidades rituales comunes en el Mediterráneo, cada sociedad y su dinámica son distintas. Un vocabulario conceptual específico configura lo que llamamos corte en el contexto omeya, como veremos en este artículo. Las fuentes introducen una terminología específica para las sociedades cortesanas musulmanas medievales, con sus propios conceptos y características arquitectónicas y administrativas.Nota7

Investigaciones previas han estudiado los conceptos omeyas de corte, califa, palacio y su séquito, considerando la construcción de una terminología específica y elaborada, teorizada en fuentes árabes andalusíes. Al mismo tiempo, el campo de los estudios cortesanos continúa en desarrollo, especialmente en el período medieval islámico.NotaLa terminología occidental aún desempeña un papel normativo en la percepción de las cortes extranjeras. En el caso específico del Califato Omeya de al-Ándalus, la entrada a la corte,la sumisión al califa y la representación de su poder suelen expresarse comoBāb Suddat al-Khalīfa(“La puertaSuddadel califa”) —en referencia a la puerta principal de la ciudad de Córdoba— o simplemente comoBāb, que se convirtió en el concepto más emblemático para nombrar el palacio omeya y su sociedad.Nota9

El estudio de los conceptos omeyas de corte, soberano y palacio puede ampliar nuestra comprensión de la simbología del poder, compuesta por insignias, rituales y otras representaciones poderosas del estado, la dinastía y el gobernante. Este artículo desarrollará un enfoque comparativo entre los símbolos de poder visigodos y andalusíes, como las coronas votivas, el qalansuwa , los turbantes, los tronos y el gesto de postración. Estos objetivos se alcanzarán mediante una selección de símbolos y rituales califales y reales, recurriendo no solo a fuentes escritas, sino también a muestras de cultura material como monedas, cerámica, marfiles, coronas votivas y textiles. Los rituales y las insignias de poder transmiten no solo un protocolo y un lenguaje cortesano, sino también un lenguaje religioso-político. ¿Influyó la religión en el ritual imperial? ¿Dictó la religión qué ceremonias se aprobaban o rechazaban, o se adaptó a los rituales y símbolos existentes? ¿Qué papel desempeñaron las diferencias religiosas en las culturas cortesanas islámicas y cómo se articularon y expresaron? La justificación religiosa a menudo funcionaba como un elemento dentro de una matriz más amplia de fuerzas interactuantes: culturales, geográficas, políticas y simbólicas. En lugar de tratar la religión como un factor explicativo singular, considero cómo se movilizaron el lenguaje y la autoridad religiosos para autorizar la innovación, la continuidad o la ruptura ceremonial. Este enfoque destaca la negociación continua entre las tradiciones heredadas y las formas emergentes, articuladas dentro de un lenguaje simbólico compartido, aunque fluido. Estas preocupaciones pueden resumirse mejor en una pregunta orientadora más amplia: ¿Cómo negociaron los gobernantes y las élites cortesanas las formas ceremoniales heredadas para construir nuevas reivindicaciones de legitimidad, y qué recursos retóricos y simbólicos —ya sean religiosos, imperiales o regionales— movilizaron en el proceso?

Patio y puertas

El Bāb Suddat al-Khalīfa expresa una triple simbología de los Omeyas de Córdoba. Primero, el Bāb como la puerta de la sumisión y el castigo simbolizaba la dinastía como la representación suprema del poder. Segundo, su definición espacial como el qaṣr [palacio] del gobernante transmitía también el significado abstracto de la corte. Por último, pero no menos importante, el hecho de que constituyera el acceso al palacio subrayaba cómo el Bāb era la representación máxima del poder y del gobernante. Al mismo tiempo, el Bāb Suddat al-Khalīfa también enfatizaba la inaccesibilidad de la figura del califa, casi como una Sublime Puerta Omeya . La representación del Bāb al-Sudda de Córdoba y la réplica de su modelo arquitectónico en todo el territorio Omeya y sus fronteras enfatizarían aún más la naturaleza omnipresente del concepto del Bāb. Esta representación y su simbolismo eran evidentes incluso cuando el gobernante no estaba físicamente presente, y mientras la figura del califa se hacía cada vez más inaccesible debido a la complejización de la burocracia y el ceremonial, la reproducción arquitectónica del Bāb y el arco de herradura califal en las murallas y fortalezas andalusíes creaba la impresión de que el califa era omnipresente. Al evocar la figura del califa, su estado y la corte , el Bāb invitaba a súbditos, tributarios y enemigos, tanto cristianos como musulmanes (en los casos de espacios fronterizos como la fortaleza de Gormaz o la ciudad de Ceuta) a recordar o a prestar juramento al poder central.Nota10

El concepto de Qaṣr al-Khilāfa , empleado en las fuentes omeyas andalusíes, tenía un significado arquitectónico más concreto. Mientras que Bāb Suddat al-Khalīfa , Bāb al-Sulṭān (la puerta del poder) o Bābihi (su puerta, es decir, la del califa) pretendían subrayar el simbolismo de la sumisión al califa y la idea abstracta de su corte y séquito, el término Qaṣr al-Khilāfa se asociaba a menudo con la ubicación y la arquitectura del palacio.Nota11 Por ejemplo, cuando el gobernador de Zaragoza, Muḥammad al-Tujībī, fue recibido en Córdoba en 938 para someterse a la autoridad califal, el historiador cordobés Ibn Ḥayyān (987-1076) afirmó que acudió alBāb Suddat al-Khalīfa. (La obra de Ibn Ḥayyān sobre la historia de al-Ándalus, compilada a partir de textos preexistentes, sigue siendo nuestra principal fuente para la historia del califato omeya cordobés).Nota12 La puerta no sólo presenciaba la entrada de tributarios o embajadores, sino que también era el escenario en el que el califa y su heredero presidían la presentación de las tropas antes de partir en campañas militares, supervisaban el reparto de limosnas y organizaban torneos.Nota13 La puerta, como máxima representación del poder, también fue testigo de su manifestación más extrema: la aplicación de la pena de muerte, algunas de ellas presididas por el propio califa. Un ejemplo de ello fue la crucifixión y muerte de los oficiales acusados ​​de traición tras la batalla de Simancas (939), perdida ante una fuerza cristiana conjunta liderada por Ramiro II de León.Nota14

Oleg Grabar subrayó cómo “las entradas tienen prototipos obvios en una larga tradición de puertas en todo el Cercano Oriente y el Mediterráneo”, y cómo la simbología de las puertas en Oriente se remonta a características arquitectónicas de los imperios sasánida y bizantino que fueron reutilizadas por los poderes califales.NotaEn el Imperio romano, la puerta y su vestíbulo poseían claros rasgos simbólicos (salutatio adventus[saludo de advenimiento], apariciones y adoración). Algunos de estos rasgos fueron adoptados también por las potencias islámicas, que los asimilaron en un lenguaje específico identificado con sus propias dinastías. También después de Grabar, el uso del Bāb comoelemento ceremonial ya se encuentra en la Biblia, como un rasgo similar al uso del velo o pantalla delante del gobernante.Nota16 Grabar también destacó la importancia de la puerta para los omeyas de Damasco, ya que «la puerta era el lugar de saludo, donde, al llegar, el rey o el emperador era recibido y aclamado», así como «un lugar de apariciones, donde el gobernante se aparecía a su pueblo». Para el escritor persa del siglo XI, 'Abd al-Malik b. Muḥammad al-Thaʽālibī (961/2–1037), elBābera la parte ceremonial más importante del palacio, junto con eldār[la residencia] (en el sentido del palacio del gobernante) y elmajlis[la sala de recepciones].Nota17 Además, la tipología de las puertas omeyas como una sala abovedada con dos medias torres a los lados, como en Khirbat al-Minya (Galilea),Nota18 Al parecer, el modelo también se siguió en al-Andalus, por ejemplo en laBāb al-Suddade Córdoba y luego en la ciudad-palacio de Madīnat al-Zahrā' y en la puerta monumental de Gormaz.Nota19 Si bien la simbología visual y arquitectónica de las puertas prevaleció desde la Antigüedad hasta el período islámico, en el caso particular de los Omeyas de Córdoba esta simbología dio un paso más: se desarrolló conceptualmente y la puerta se convirtió en el símbolo tanto arquitectónico como terminológico de la dinastía.

La monumental Puerta Calca bizantina de Constantinopla también tenía características ceremoniales importantes, como sabemos por el Libro de Ceremonias .Nota20 En cuanto a los visigodos, los restos arqueológicos de Recópolis, ciudad construida por el rey Leovigildo (r. 568/9-586), muestran que una puerta monumental o arco de triunfo conecta la calle principal de la ciudad con el complejo palatino, un recorrido que Lauro Olmo ha identificado como en armonía con los modelos seguidos por el imperio bizantino en Constantinopla y la puerta de Chalke.Nota21 Si bien los restos arqueológicos indican que las puertas de la Iberia visigoda tenían importantes características ceremoniales, como sugiere la puerta de Recópolis, el término que se refiere a la corte como séquito del poder suele serpalatioen las fuentes escritas. Sin embargo, se encuentra más comúnmente en plural, como enprimatum palatii[los dignatarios del palacio] oseniores palatii, así como en la referencia espacial depalatinum officium.Nota22 Además, los términosofficium palatinum[responsables de los departamentos burocráticos] yAula Regia[consejeros del rey] suelen interpretarse como sinónimos, una confusión que surge de las fuentes. Por ejemplo, en 653, el rey visigodo Receswinto (r. 653-672) se dirigió a los obispos y magnates que asistían a un concilio celebrado en Toledo de la siguiente manera: «A vosotros, hombres ilustres [illustres viros], a quienes una antigua costumbre ha elegido de entre elOfficium Palatinumpara asistir a este santo sínodo, quienes os adornáis con una nobleza ilustre y un sentido de equidad, os elijo como cabezas del pueblo». Luego se dirigió a la misma élite como: «dignos representantes de los ministros competentes del culto divino y de los gobernadores del palacio [aula regia rectoribus]».Nota23 Este ejemplo quizás también refleja dos percepciones diferentes de la terminología relacionada con la corte: una que se relaciona más estrictamente con la espacialidad del palacio, elpalatium, y otra que aborda una referencia abstracta al séquito del gobernante, llamadoaula regia, un término que también se refería a aquellos consejeros que podrían no ser funcionarios administrativos. Como se mencionó anteriormente, la identificación del palacio como una referencia estrictamente espacial es evidente en el caso omeya. Mientras que la referencia abstracta a la corte y palacio omeyas se limitaba a la expresiónBāb al-Suddat al-Khalīfao simplementeBāb, la espacialidad del palacio se abordaba exclusivamente comoqaṣr, por ejemplo al referirse al palacio omeya de Córdoba comoQaṣr al-Khilāfa,el Palacio del Califato.Nota24

El Palatium parece haber sido adoptado desde la época visigoda por la época islámica temprana, si seguimos la narrativa del Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus], cuya redacción, todavía debatida, se ha datado en períodos que van desde el siglo VIII al XIII, como se ha mencionado anteriormente.Nota25 A pesar del debate en torno a su composición, que podría plantear cuestiones sobre el origen de la terminología empleada en la fuente, elAkhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus[Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus] relata que elbalāṭ[palacio] de Córdoba fue ocupado tras la conquista de 711 por Mughīth al-Rūmī, el conquistador de la ciudad. Este relato muestra cómo los conquistadores recién llegados percibieron el alto estatus de este espacio áulico. Este espacio fue reutilizado y resignificado, conservando al mismo tiempo el prestigio y las características jerárquicas asociadas alpalacio. Según elAkhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus[Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus],Mughīth al-Rūmī tuvo que abandonar elbalāṭpor orden de Mūsā b. Nuṣayr, gobernador de al-Andalus, quien consideró que elpalatiumera una residencia más adecuada para elwālī[gobernador] de Córdoba. Mughīth se trasladó a otro palacio, situado cerca de la puerta de Algeciras, en el puente de Córdoba. Este palacio empezó a llamarsebalāṭMughīth [el palacio de Mughīth]; según la fuente, había pertenecido al rey visigodo Rodrigo (r. 710-711).Nota26 María Jesús Viguera ya ha destacado cómo el relato delAkhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus[Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus] ejemplifica claramente los usos jerárquicos de los espacios visigodos, pues elbalāṭopalatiumse percibía como una entidad espacial distinguida que no podía ser ocupada por un funcionario de bajo rango. De hecho, mientras que en los primeros años tras la conquista se convirtió en el palacio residencial del gobernador de al-Andalus, cuando se estableció en Córdoba el emirato independiente (756) de los omeyas cordobeses, la entidad espacial de la sede del poder se trasladó delbalāṭ [palatium]alqaṣr.Nota27 El uso del términobalāṭpara el palacio visigodo y la posterior adopción del mismo término para referirse a la residencia del conquistador musulmán, Mughīth, es notable, especialmente durante los primeros años del Islam en Iberia. El uso de este término en este contexto específico también apunta a su especificidad intencionada, en contraste con la elección del términoqaṣr, que siempre se utiliza en Ibn Ḥayyān para referirse al palacio omeya. Así, mientras quebalāṭse utilizaba para una entidad espacial claramente identificada, en el período de transición, con el poder cristiano visigodo, la entidad espacial (y el concepto) de poder articulado en el discurso del nuevo período e identidad islámicos se estableció comoqaṣr.Si bien la terminología cambió desde la Antigüedad tardía hasta el período islámico, no solo en al-Andalus sino en todo el Imperio islámico, vale la pena mencionar quebalāṭes el término comúnmente utilizado hoy en día por los historiadores árabes para referirse a la corte, incluso si las fuentes islámicas no lo mencionan.Nota28 Según Nadia Maria El Cheikh, 'las fuentes abasíes son más propensas a referirse a la corte comoDār al-Khilāfao laResidencia del Califato,que es también el concepto utilizado, por ejemplo, en uno de los manuales de ceremonial más importantes, elRusūm Dār al-Khilāfa[Las reglas de la casa del Califato], de Hilāl al-Ṣābi'.Nota29

Postración ( sujūd )

Ahora volvemos a los relatos del asesinato de 'Abd al-'Azīz. Según el anónimo Fatḥ al-Andalus , Umm 'Āṣim o Ayla (Egilona) intentó convencer a su marido para que exigiera a sus súbditos realizar el sujūd . En un relato que revela la fuerte demonización de la viuda de Rodrigo, el Fatḥ al-Andalus destaca cómo Ayla dominó al gobernador de al-Andalus. A pesar de que este le había respondido que la postración no era un ritual acorde con su religión, ella insistió. Como probablemente no podía exigir directamente a sus súbditos que se postraran, recurrió a un "ardid": ordenó la apertura de una pequeña puerta dentro del majlis [salón de recepciones] donde celebraba sus audiencias, para que todo el que entrara en su presencia tuviera que inclinarse y así realizar el sujūd [postración].Nota30

Esta situación quizá sugiera un topos en la historiografía andalusí, pues también se menciona la construcción de una pequeña puerta cuando el poeta al-Ghazāl, actuando como embajador de 'Abd al-Raḥmān II, fue recibido en Constantinopla por el emperador Teófilo. Después de que los cortesanos del emperador advirtieran a al-Ghazāl que se esperaba que se postrara a los pies de Teófilo, el poeta les informó que no lo toleraría. El emperador se vio así obligado a recurrir a un truco: ordenó construir una pequeña puerta en el salón de recepción para que el embajador tuviera que postrarse. Sin embargo, al-Ghazāl entró de espaldas y así evitó el sujūd , un truco que le valió los elogios del emperador.Nota31 Estas situaciones, anecdóticas o no, revelan la percepción de gestos rituales que se consideraban parte de tradiciones preexistentes. Además, también revelan cómo la cultura cortesana se percibía como algo perverso y reprensible, al menos a nivel retórico, durante el primer período del Islam. En este relato, laproskynesis, como se conocía a la postración en la Antigüedad, se considera claramente una tradición asociada con el orden anterior, el de los visigodos, representado aquí, como era de esperar, por una mujer malvada y manipuladora, la viuda de Rodrigo.

Según el anónimo Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus] —cuya fecha de composición es discutible, pero que parece estar basada en relatos anteriores de los siglos XI y XIINota32 —Ayla se sintió satisfecha por haber convencido a su esposo de seguir su consejo. De esta manera, pensó, finalmente había elevado su estatus al de los reyes. Sin embargo, en su opinión, a 'Abd al-'Azīz aún le faltaba otra de las insignias del rey: la corona [tāj]. En este caso, su esposo también se negó al principio, ya que este tocado no estaba permitido por el Islam. Pero debido a su insistencia, consintió en usar la corona mientras estaban en su palacio. Sin embargo, una vez fueron sorprendidos por la esposa de Ziyād b. al-Nābigha al-Tamīmī, quien estaba de visita en Umm 'Āṣim y más tarde le habló a su esposo sobre la corona.Nota33 Según Ibn al-Qūṭiyya yFatḥ al-Andalus[La conquista de al-Andalus], cuando amaneció, 'Abd al-'Azīz abandonó la iglesia de Rubīna/Rabīna de Sevilla (Iglesia de Santa Rufina), donde —quizás de manera significativa para este relato— vivía con Umm 'Āṣim, y se dirigió a la mezquita adyacente, también conocida como Rubīna, para realizar sus oraciones.Nota34 Este detalle, si bien ilustra la hibridez de al-Ándalus, especialmente en esta época, también pretende subrayar la superioridad del islam, ya que la iglesia quedó en desuso y sirvió como palacio del gobernador de al-Ándalus. Al mismo tiempo, el detalle apunta a la hibridez religiosa y, quizás como consecuencia, pretende revelar la volatilidad de la religiosidad de 'Abd al-'Azīz, considerado "dominado" por su esposa cristiana. Sin duda, el gobernador de al-Ándalus no se había convertido al cristianismo y, por lo tanto, no apostató deliberadamente del islam. Sin embargo, se había adherido a tradiciones asociadas con el cristianismo y rechazadas por el islam, bajo la influencia de su esposa cristiana, quien representaba el epítome de la élite visigoda: en algunas fuentes es la viuda de Rodrigo y en otras su hija. Estos relatos enfatizan cómo los modelos y rituales cortesanos anteriores deberían ser superados por el islam, ya que las fuentes parecen separar las tradiciones de la nueva religión de la vanidad de la corte. Como el emir había demostrado su consideración por la población cristiana y circulaba el rumor de que se había convertido al cristianismo, los oficiales del ejército acordaron ejecutarlo. Por lo tanto, el asesinato del gobernador debía ejecutarse como castigo ejemplar dentro del espacio sagrado de una mezquita.

Ambas fuentes describen a 'Abd al-'Azīz realizando sus oraciones cuando estaba a punto de ser asesinado. Según Fatḥ al-Andalus [La Conquista de al-Andalus] , se dirigió al miḥrāb [lugar de oración] y recitó la Fātiḥa [La Apertura, primera sura del Corán]. Después, mientras comenzaba a recitar la sura 69, al-Ḥāqqa [La Hora Inevitable], fue asesinado por Ziyād b. 'Udra al-Balawī.Nota35 Si seguimos elTa'rīkh iftitāḥ al-Andalus[Historia de la conquista de al-Andalus] de Ibn al-Qūṭiyya (m. 977), tras leer laFātiḥa, 'Abd al-'Azīz estaba leyendo la sura 56,al-Wāqi‛a[Lo inevitable], cuando fue asesinado, y luego le cortaron la cabeza para enviársela al califa Sulayman, quien se la mostró a Mūsā b. Nuṣayr, el padre de 'Abd al-'Azīz. Mūsā reprochó al califa que ordenara la muerte de su hijo mientras rezaba y ayunaba.NotaAmbos pasajes coránicos evocan el desafortunado destino y castigo de 'Abd al-'Azīz, pues se refieren a la hora inevitable y al Juicio Final, que recompensará o condenará a los creyentes. Según la versión de Ibn al-Qūṭiyya, la sangre de 'Abd al-'Azīz aún era visible dentro de la mezquita durante su época.Nota37

Como señalamos anteriormente, las versiones de este episodio revelan cómo las tradiciones rituales anteriores fueron percibidas como extrañas y rechazadas por el nuevo imperio debido a prácticas religiosas y simbolismo. La proskynesis [postración] era una tradición cortesana persa que posteriormente se extendió al mundo griego, aparentemente tras las conquistas de Alejandro Magno.Nota38

Al igual que en el Oriente abasí, la postración no fue aceptada al principio en la corte omeya de Córdoba y se entendió como una práctica ajena a las tradiciones cortesanas andalusíes.Nota39 Según el historiador oriental Hilāl al-Ṣābi', no era costumbre que un alto dignatario se postrara como saludo al califa, y aunque se introdujo en la corte, algunos funcionarios se negaron a adoptarla. Según al-Ṣābi', antes de su época, quienes entraban en presencia del califa lo saludaban diciendo: «La paz sea contigo, oh Comandante de los Creyentes, y que la misericordia y las bendiciones de Alá sean contigo». Además, en el pasado, el califa solo permitía que unos pocos le besaran la mano, cubierta por la manga para «protegerla de ser tocada con la boca o los labios». Sin embargo, en vida de al-Ṣābi', esta práctica fue reemplazada por besar el suelo. Después de al-Ṣābi', a los funcionarios de rango medio y a los de rango inferior, así como al público en general y a las personas sin estatus social, no se les concedió el honor de besar el suelo.Nota40

De manera similar, en el Al-Andalus omeya la postración se convirtió gradualmente en un saludo ritual estándar, especialmente cuando los estados tributarios cristianos y musulmanes entraron en presencia del califa omeya.Nota41 Pero besar la mano también era un saludo habitual en las recepciones oficiales. Por ejemplo, cuando Ordoño IV, el depuesto rey de León, fue recibido en Córdoba por al-Ḥakam II en 962, realizó elsujūdhacia el califa. Al entrar en el Salón Oriental [al-Majlis al-Sharqī] de la ciudad-palacio omeya de Madīnat al-Zahrā', se postró en el suelo durante un rato, repitiendo el gesto varias veces mientras se movía entre las filas de funcionarios estatales formadas en la sala de recepción, hasta llegar finalmente alsarīr[trono] del califa. A cierta distancia, y después de que Ordoño extendiera la mano, el califa le dio la suya para que la besara, tras lo cual el rey cristiano ocupó el asiento especialmente preparado para él, caminando de espaldas, para no darle la espalda al gobernante.Nota42 Representantes de otros estados tributarios de los Omeyas de Córdoba, tanto del norte cristiano como del norte de África, se postraban ante el califa al-Ḥakam II: por ejemplo, Ja'far b. 'Alī al-Andalusī, el antiguo gobernador fatimí de Masīla, su hermano Yaḥyā y el Banū Khazar (septiembre de 971), quien, durante una ceremonia de sumisión cuidadosamente planeada y realizada, se dice que besó elbisāṭ[umbral, escalón] varias veces al entrar enal-Majlis al-Sharqī[el Salón Oriental], un acto que ciertamente implicaba postración.Nota43

Sin embargo, no se tiene constancia de que otros enviados cristianos cuyos gobernantes no fueran tributarios del Califato de Córdoba realizaran el sujūd . Este es el caso no solo de los embajadores bizantinos recibidos por 'Abd al-Raḥmān III en 949, sino también de Juan de Gorze, embajador ante el rey de Francia Oriental en Italia, que se convertiría en Imperator Romanorum como Otón I (r. 936-973). Según el biógrafo de Juan de Gorze, cuando fue recibido por el primer califa, 'Abd al-Raḥmān III, el soberano le dio la palma de su mano para que la besara. El biógrafo, Juan de San Arnouil, coincide con Hilāl al-Ṣābi' al atribuir a este gesto características exclusivas de las clases altas. Ser autorizado a besar la mano del califa se consideraba un favor otorgado solo a aquellos considerados de alto rango y a quienes el califa recibía con pompa.Nota44

En cuanto al acto de postración entre las altas esferas del califato omeya, sabemos que bajo el califato de al-Ḥakam II (r. 961-976), súbditos distinguidos de al-Ándalus besaban los pies del califa o el suelo ante él. Por ejemplo, según Ibn Ḥayyān, en 973, en una situación raramente relatada, el califa al-Ḥakam II se encontró con súbditos de la ciudad de Lérida mientras cabalgaban hacia Madīnat al-Zahrā'. Este relato nos permite reconstruir representaciones rituales incluso en escenas públicas. En esta ocasión, el califa fue recibido por unos trescientos jinetes leridanos. Ordenó a los altos dignatarios [ akābir al-fityān ] que lo acompañaban que se detuvieran, mientras permitía solo a los más importantes de estos súbditos descender de sus caballos y besarle el pie. Estos súbditos alababan al califa y eran atendidos por los fityān [eunucos].Nota45 Aunque el texto menciona que solo a los más importantes de estos hombres se les permitía besar el pie del califa —ya que este era un honor otorgado a unos pocos—, podemos suponer que debieron inclinarse o arrodillarse, como podría haber implicado el gesto de besar el pie del califa, que montaba a caballo. Ibn Ḥayyān nos informa además que en una solemne cabalgata [rukūb an ḥāfil an ] dirigida por el califa al-Ḥakam II (r. 961-976), acompañado por el heredero aparente y futuro califa, Hishām, los altos dignatarios [akābir rijāl al-dawla] de los Omeyas, que también iban a caballo, desmontaron y besaron el suelo. El heredero, que encabezaba la procesión, fue saludado al aparecer poral-wazīr al-kātib ṣāḥib al-madīna[visir secretario, intendente jefe de la ciudad] de Córdoba, Jaʽfar b. 'Uthmān, quien descendió de su caballo, seguido por los demás dignatarios. A continuación, procedieron a saludar al califa besando el suelo ante él [bāsū al-arḍ bayna yadayhi].Nota46 Si bien estas dos situaciones rituales no erande majlis(audiencia), su ritualización es evidente, lo que indica que dichas prácticas estaban bien establecidas como saludos estándar hacia el califa. Además, mientras que laaudienciaceremonial era un tipo de ceremonia exclusiva, a la que asistían y celebraban solo unos pocos, lapúblicadebe entenderse como una representación al público general de la corte, con su jerarquía y sumisión al gobernante.

No sabemos con certeza si la proskynesis se realizaba en la corte del reino visigodo de Toledo. Javier Arce ha señalado que es difícil concebir la presencia de la proskynesis en la corte de Leovigildo. Arce enfatiza que el texto de Isidoro de Sevilla, que afirma que Leovigildo fue el primero de los visigodos en vestir vestimentas reales y sentarse en un trono [ solio ], ha sido interpretado por los historiadores como atribuyéndole a Leovigildo la introducción de rasgos imperiales y ceremoniales romanos/bizantinos orientales. Sin embargo, este topos historiográfico no puede ser corroborado por este pasaje de Isidoro, aunque la cultura material, como las coronas visigodas, podría sugerir una influencia mutua.Nota47

Curiosamente, en el segundo concilio de Braga de 572, bajo el reinado del rey suevo Mirón (r. 570-583), se establece que los creyentes deben abstenerse de doblar la rodilla, en el contexto del establecimiento de los rituales que deben observarse los domingos. El documento respalda esta regla, afirmando que, según la tradición apostólica contenida en un antiguo canon, se prescribía que los domingos y desde Pascua hasta Pentecostés, las oraciones deben realizarse «sin postración ni humillación» [ non prostrati neque humiliate ], sino con la cabeza en alto, mirando a Dios. Es notable cómo la postración se percibía en esta fuente como una humillación, incluso si se realizaba para Dios.Nota48 ElLiber Ordinum[Libro de la Liturgia], un tratado del siglo X sobre los servicios religiosos de los visigodos a lo largo del año litúrgico, también atestigua, en un pasaje que describe los detalles observados cuando el rey visigodo partía para la batalla, que se postraba para orar al entrar en la iglesia.Nota49 Desconocemos si la postración era un gesto ritual realizado por cortesanos o súbditos del rey visigodo. Sin embargo, este relato revela que era una práctica que se realizaba en algunas ocasiones rituales, como la entrada del rey a una iglesia. Las descripciones delDe Ceremoniis[Libro de Ceremonias] prescritas para las procesiones a la iglesia de Constantinopla también revelan que el emperador bizantino realizaba una triple reverencia y se quitaba la corona al entrar por las puertas santas de la gran iglesia de Santa Sofía.Nota50 Esta triple reverencia también está atestiguada en otras ocasiones religiosas ritualizadas que tenían lugar dentro de otros espacios sagrados, como la Iglesia de los Santos Apóstoles.Nota51

Fue el Imperio Romano el que introdujo la práctica de la postración. Probablemente se consolidó bajo Diocleciano (r. 293-305) y consistía en la adoratio [homenaje o adoración],Nota52, lo que hace plausible que también existiera bajo los reyes visigodos, si nos atenemos a las fuentes árabes que la asocian con las tradiciones visigodas. En Roma, al igual que en al-Ándalus, la práctica fue una innovación extranjera, introducida tras las campañas persas. Michael McCormick ha estudiado laprofectio bellica[la ceremonia que precede a la partida para la batalla], que comenzaba cuando el rey visigodo llegaba al umbral de la iglesia y era convocado por el clero, siguiendo la tradición imperial. Entonces entraba en la iglesia y se postraba en oración silenciosa.Nota53 Las insignias reales y los estandartes del ejército eran entregados a sus portadores y después un diácono levantaba la cruz de guerra dorada del rey y la entregaba al obispo.Nota54 Independientemente de si se asociaba o no con la humillación, la postración la realizaba el propio rey mientras rezaba por la victoria o la celebraba en la iglesia, donde era guiado por el obispo. Este hecho refuerza la hipótesis de que algunos de sus súbditos podrían haberla realizado durante las ceremonias reales en palacio. La adopción del ceremonial real por parte del rey Leovigildo ya es untema centralen los estudios visigodos, y si bien no es posible determinar si Leovigildo realmente estaba adoptando los rituales bizantinos,Nota55 Seguramente estaba modelando su corte según rasgos del último imperio romano, tal como Isidoro de Sevilla lo presentaba como el “restaurador de la romanidad”.Nota56

El rechazo de este gesto durante los primeros años de la conquista islámica y bajo el Emirato Omeya es evidente. Si seguimos los casos ejemplares de 'Abd al-'Azīz y de al-Ghazāl en Constantinopla, percibimos el desarrollo de prácticas ritualizadas previamente rechazadas, como el sujūd [postración], especialmente en el período del Califato Omeya, cuando los altos dignatarios también lo adoptaron, al menos bajo el gobierno del segundo califa, al-Ḥakam II. Sin embargo, en algunas ocasiones, el rechazo de este saludo durante las recepciones ceremoniales sugiere que aún se percibía como extraño, especialmente bajo el califato del padre de al-Ḥakam II, 'Abd al-Raḥmān III. Por ejemplo, cuando 'Abd al-Raḥmān III recibió a embajadores de Constantinopla en Córdoba (949), no se menciona ninguna postración.Nota57 Como se mencionó anteriormente, Juan de Gorze, embajador de Otón I, solo besó la palma de la mano de 'Abd al-Raḥmān III, y no se relata ninguna postración. Además, enel Libro de Ceremoniasno se menciona que los embajadores musulmanes en Constantinopla la realizaran.Nota58 Al parecer, los embajadores bizantinos recibidos en Bagdad en 917 no estaban obligados a realizarel suyūd, al igual que en Constantinopla este acto tampoco era obligatorio para los embajadores abasíes. De hecho, se dice que la postración les estaba prohibida, por lo que se seguía una especie de reciprocidad en ambas cortes.Nota59 Como se mencionó anteriormente, Hilāl al-Ṣābi' también afirma cómo la postración fue inicialmente rechazada y luego incorporada al ceremonial abasí. Por ejemplo, se dice que el emir búyida 'Aḍud al-Dawla se postró ante el califa abasí al-Ṭā'iʽ li-llāh, oculto tras unsitr(cortina, velo) para que su humilde gesto no fuera visto.Nota60 

Aunque desconocemos si la postración ante el califa se realizaba durante el reinado de 'Abd al-Raḥmān III, este acto se describe como común durante el reinado de su heredero e hijo, al-Hakam II, no solo en recepciones diplomáticas, como las de los tributarios del norte de Iberia y el norte de África, sino también por altos dignatarios. Los embajadores que llegaban de Barcelona a la corte de al-Hakam II en 971 se postraban a los pies del califa.Nota61 Mientras que en el mismo año, Ja‛far b. 'Alī al-Andalusī, su hermano Yaḥyā y el Banū Khazar besaron el umbral o escalón [al-bisāṭ] de la puerta delmajlis[salón], lo que implicaba agacharse o postrarse.Nota62

La Corona [tāj]

La corona es quizás la insignia que más claramente distingue a los gobernantes cristianos de los musulmanes. En los casos en que algunos soberanos musulmanes la adoptaron, a menudo se consideraba un símbolo extranjero. El tāj , al igual que su nombre, proviene originalmente de Persia, y la captura de la corona de Cosroes II por los árabes en Ctesifonte se hizo famosa.Nota63 Maribel Fierro ha enfatizado cómo las coronas se identificaban como las insignias más importantes para la realeza no árabe-musulmana, y dos de los relatos que mejor indican esta percepción son los de 'Abd al-'Azīz y del presumible hallazgo de coronas visigodas por el conquistador de al-Ándalus, Mūsā b. Nuṣayr. Tras conquistar Toledo, se dice que Mūsā encontró dentro de "la casa de los reyes" veinticinco coronas, el mismo número de los reyes que habían gobernado previamente Iberia. Se dice que Mūsā entregó estas coronas al califa omeya de Damasco como parte del saqueo del reino visigodo, un acto que tiene el claro propósito de someter estas insignias imperiales al poder y la sumisión omeyas.Nota64

El simbolismo de las coronas también está representado en el interior de la Cúpula de la Roca en Jerusalén, donde se representan coronas sasánidas.Nota65 La simbología asociada a la sumisión de los poderosos imperios a los nuevos gobernantes islámicos también está presente en el fresco de los seis reyes del palacio oriental omeya de Quṣayr 'Amra (Jordania), en el que se han identificado las representaciones del emperador bizantino, el emperador sasánida, el emperador de China, Najashi de Abisinia, el rey Rodrigo de Hispania y elkhāqānde los turcos.Nota66 A pesar de los graves daños sufridos por los frescos, debido a los intentos de retirarlos de su ubicación original, es posible identificar al rey Rodrigo con una corona o tiara. De hecho, el tocado de Rodrigo es uno de los pocos elementos aún visibles, con una forma ovalada que sugiere similitudes con la tiara papal, según Alexander Bronisch. Sin embargo, no es posible determinar si la representación era históricamente fiable o se basaba en la fantasía.Nota67 Además, eltājestá asociado con una de las ceremonias no islámicas más emblemáticas, a saber, la coronación, que se distingue delbay'a[juramento de lealtad].Nota68 A pesar del uso de la palabratājpara describir el tocado de los abasíes, y más frecuentemente de los califas fatimíes, hay características distintivas, más típicas de un tipo de turbante oqalansuwa[gorro] adornado con joyas.Nota69

En cuanto a la representación de tocados visigodos en fuentes árabes, los relatos escritos más detallados describen al rey Rodrigo en la batalla de Guadalete contra el ejército de Ṭāriq b. Ziyād, en la que se perdió la soberanía visigoda sobre Iberia y Rodrigo presumiblemente murió. El Fatḥ al-Andalus [La Conquista de al-Andalus] lo describe sentado en un trono, con la corona en la cabeza, sus guanteletes en las manos y las joyas que lo conferían poder.Nota70 Para Ibn 'Abd al-Ḥakam, Rodrigo estaba investido con los adornos y joyas propios de un rey y llevaba una diadema en la cabeza. Como ha destacado Fierro, Ibn Ḥabīb describe a Rodrigo como líder de su ejército y lo representa en su trono [sarīr], cubierto por un dosel [qubba] adornado con perlas, jacinto y ámbar negro, que era transportado entre dos mulas.Nota71 Es evidente cómo estos rasgos distintivos impactaron a los nuevos conquistadores, y las descripciones casi míticas que rodean la figura de Rodrigo en la Batalla de Guadalete dan testimonio de esta fascinación. La falta de información sobre la muerte del rey avivó aún más el interés en torno a su figura y sus insignias. La versión deFatḥ al-Andalussostiene que Rodrigo escapó de la batalla e intentó cruzar el río Guadalete, dejando atrás uno de sus zapatos, bordado con perlas y jacintos, que fue encontrado tras su huida de la batalla.Nota72

Aunque no se sabe mucho sobre la vestimenta o tocados califales de los Omeyas de al-Ándalus, la descripción de una procesión califal del año 996, organizada por el hajib [chambelán] al-Mansur, nos permite vislumbrar algunos detalles. El califa Hisham II (r. 976-1009, 1010-1013) aparece montado a caballo, luciendo magníficas vestimentas y un turbante anudado alrededor de un qalansuwa con una pluma colgando.Nota73 También sabemos que el emir 'Abd al-Raḥmān II (r. 822–852) siempre vestía de blanco con un turbante del mismo color en la cabeza, según al-Maqqarī.NotaAl mismo emir también se le atribuye la introducción de rasgos rituales y, según la misma fuente, comenzó a cubrirse con velo cada vez que salía.Nota75

McCormick ya ha señalado que las coronaciones y apariciones reales en los concilios eclesiásticos nacionales encabezan la lista de ceremonias visigodas registradas.Nota76 PD King señaló que quizás Leovigildo fue el primero en llevar corona, aunque la única evidencia de ello sería la representación en monedas del rey con diadema. Que los reyes visigodos aparezcan en monedas con diadema podría significar únicamente que seguían modelos numismáticos romanos tardíos, en lugar de adoptar la corona como tocado.Nota77 Además, como señala Arce, tras PD King, el acto de coronación no está claramente atestiguado en ningún período del Reino Visigodo. Más bien, es posible comprender fuentes en las que las fórmulas terminológicas de «coronación» se utilizan como metáfora del inicio del reinado. Una de ellas fue el ritual de la unción, que, según Arce, fue establecido por el IV Concilio de Toledo en 633, de acuerdo con la doctrina del Antiguo Testamento (relativa a David), y que se desarrolló aún más bajo el reinado de Wamba (r. 672-680).Nota78 Con o sin coronación, como en la ceremonia islámica delbay‛a[juramento de lealtad],Nota79. Los visigodos consideraban inviolable la lealtad jurada al rey. El IV Concilio de Toledo estableció un anatema contra quienes cometieran el delito de infidelidad al rey, ya que el juramento prestado al rey se consideraba un juramento a la fe cristiana.Nota80

Por otro lado, bajo los visigodos, la simbología de la corona parece en algunas ocasiones estar asociada a un atributo pagano de poder. En el Concilio de Elvira (siglo IV), las prescripciones para los sacerdotes gentiles que solo usaban coronas, pero no sacrificaban ni daban dinero a los ídolos, estipulaban que podían recibir la comunión después de dos años.Nota81 El uso de la corona y el acto mismo de la coronación de los reyes son objeto de controversia. Sin embargo, también es significativo que la corona funcione como metáfora del poder, como lo atestiguan varias referencias de los concilios. Por ejemplo, el Concilio de Toledo elogió la legitimidad del rey Recaredo (r. 586-601) como verdadero rey católico y preguntó retóricamente: «¿A quién [es] la corona eterna [aeterna corona], sino al verdadero y ortodoxo rey Recaredo?».Nota82

La metáfora también se repite en el Liber Iudiciorum [El Libro de las Leyes], un corpus de leyes visigodas establecido por el rey Receswinto (r. 649-672), que nos informa que “el buen príncipe, gobernando los asuntos internos y conquistando los externos, mientras afirmaba la paz en casa (…) fue aclamado como gobernante por los ciudadanos y victorioso por sus enemigos; obteniendo después del transcurso del tiempo el descanso eterno; después del oro despreciable, el reino celestial, después de la diadema y la púrpura, la corona de gloria [ diadema et purpuram gloriam et coronam ]…”.Nota83 Es interesante que mientras que la diadema y la púrpura se consideran símbolos reales del poder del rey terrenal, la corona de gloria estaba reservada para el mundo celestial.

Según representaciones en manuscritos, los reyes visigodos usaban algún tipo de tocado, como se muestra, por ejemplo, en el Códice Albeldense, una colección de documentos del siglo X sobre la historia de la Península Ibérica, recopilada en el monasterio de San Martín de Albelda (La Rioja, España). Aunque datan del siglo X,Nota84 Estas representaciones probablemente fueron copiadas de modelos anteriores.NotaSegún Bronisch, los reyes se representan con un tipo de tocado ornamental de forma cónica con tiras que cuelgan a ambos lados. En otras representaciones, el tocado parece ser una especie de capucha. Estos dos tipos de tocado se han identificado como una corona y un aura, respectivamente .Nota86 En elCódice Emilianense,también una compilación del siglo X posterior alCódice Albeldensey producida en el monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja, España), los reyes también se representan con un sombrero hemisférico con tres esferas en el centro, un modelo que los historiadores han atribuido a orígenes persas, quizás como una representación del mundo. Por otro lado, el tipo de tocado con capucha se ha asociado con la simbología bizantina. Sin embargo, el hecho de que obispos, clérigos y magnates también se representen usándolo hace que esta sugerencia sea inverosímil para Bronisch. Su investigación ha apuntado hacia dos tipos de tocados "reales": uno con forma cónica, a modo de tiara, siguiendo modelos persas, y otro, con forma de cúpula, siguiendo el modelo de los cascos romanos. Las monedas visigodas son otra fuente de información, representando al rey visigodo con un tipo de tocado de forma cónica, pero sin otras características detalladas.Nota87

Para Bronisch, la mitra visigoda, también representada en los frescos de Quṣayr 'Amra, en las monedas visigodas y en las miniaturas del siglo X, sería así similar a la tiara papal.Nota88 Además, los gobernantes bizantinos, suevos y visigodos aparecen en las ilustraciones sin atributos reales distintivos, a veces llevando las mismas insignias que los obispos, como el cetro.Nota89 Como señala Arce, los emperadores romanos de Constantinopla ya habían introducido el uso de la corona, que no era una diadema sino lastemma[guirnalda] dorada que rodeaba la cabeza, decorada con joyas y perlas, con una gema mayor en el centro y con una cruz encima, junto con un colgante que caía sobre la oreja a cada lado.Nota90

Aunque no hubiera ceremonia de coronación o el tocado de los reyes visigodos no presentara rasgos claros que lo distinguieran de la mitra de los obispos, la importancia de la corona como insignia real está atestiguada en fuentes escritas, y no solo como metáfora. Julián de Toledo (m. 690), obispo y cronista, relata que el rebelde Pablo se atrevió a llevar en la cabeza la corona que Recesvinto había donado a la iglesia de San Félix de Narbona, y que tras ser derrotado se vio obligado a asistir al triunfo del rey Wamba (r. 672-680) coronado.Nota91 A pesar de la importancia otorgada a las coronas como símbolos del poder real en las cortes occidentales posteriores, Bronisch también ha destacado que quizás en la Iberia visigoda esta insignia no tuviera la misma importancia. Si observamos las insignias reales que Isidoro de Sevilla (m. 636) atribuyó al rey Leovigildo (r. 568-586), a quien consideraba quien había introducido ciertos elementos del poder real, estos incluían el cetro, la capa y el trono, pero no una corona, diadema ni tiara.Nota92 Este hecho podría verse además sostenido por un pasaje de Isidoro de Sevilla en el que el cronista señala cómo algunos gobernantes germánicos y el emperador romano llevaban coronas de oro, como ha observado Arce.Nota93

A pesar de estos argumentos y de la descripción que Isidoro hace de Leovigildo, las crónicas árabes incluyen la corona entre los atributos reales visigodos, como ya hemos descrito. Si consideramos la representación de las coronas en los manuscritos del siglo X como insignias inventadas, esta premisa debería aplicarse también a otras insignias. Además, las coronas del famoso tesoro de Guarrazar, a pesar de no ser tocados, sino coronas votivas suspendidas, también representan una insignia de poder, ya que eran percibidas como ofrendas por los reyes visigodos y servían como objetos litúrgicos en las iglesias.Nota94 Así pues, aunque no es posible constatar la existencia de la ceremonia de coronación bajo los visigodos y el uso de la corona también es cuestionable,Nota95 fuentes escritas y materiales aún nos dan algunas pistas sobre un ritual e insignias que quizás se estaban desarrollando lentamente en Iberia. Si bien no es posible determinar si los visigodos usaban corona, estas fuentes, ya sean metáforas o representaciones en monedas, nos muestran cómo la corona era percibida como un rasgo real, tanto por los visigodos como por los herederos de su poder después de la conquista islámica. El uso metafórico de la corona también se explica en fuentes omeyas. No es casualidad que esta metáfora parezca estar asociada con la representación más importante de la dinastía omeya de al-Ándalus, la Bāb al-Sudda [La Puerta de al-Sudda]. Esta es la puerta principal de Córdoba, que llegó a designar la sumisión y la entrada a la presencia del califa y su corte,como se mencionó anteriormente. Según Ibn Ḥayyān, 'Abd al-Raḥmān II colocó elsaṭḥ[terraza, apartamentos superiores] sobre “la mayor de las puertas del palacio califal, la primera y la más meridional llamada Bāb al-Sudda, disponiéndola [elsaṭḥ] como una corona sobre ella”.Nota96

Curiosamente, aunque las fuentes árabes reconocen los orígenes humildes del rey Rodrigo, afirmando que “no era de linaje real ” [ laysa min bayt al-mulk ],Nota97 Sin embargo, lo representan en la batalla de Guadalete portando lo que los conquistadores asociaban con insignias cristianas, incluida la corona. En otras palabras, tanto los relatos visigodos como los islámicos revelan cómo la corona y su significado evolucionaron y cambiaron con el tiempo.

El Trono [sarīr]

Si nos atenemos a las descripciones árabes, otra de las principales insignias del rey Rodrigo era su trono. En la batalla de Guadalete se le describe sentado en un trono llevado por dos mulas.Nota98 Para Isidoro, el rey Leovigildo no sólo fue el primero de su pueblo en vestir vestiduras reales, sino también el primero en sentarse en un trono [solio resedit].Nota99 Durante la época visigoda, el trono es tanto una metáfora como una insignia real, según las fuentes. En el séptimo Concilio de Toledo, Receswinto declaró que el Creador de todas las cosas lo había colocado en el trono [in regni sede], indicando además que el trono era la sede del poder.Nota100 El trono real también es visto como proveniente directamente de Dios.Nota101 Según el análisis de Bronisch de las representaciones de los visigodos, el trono habría tenido forma de caja, como lo muestran algunas representaciones.Nota102 Cuando el usurpador Pablo fue capturado, fue llevado ante el trono de Wamba. Según Julián de Toledo, una vez allí, se inclinó a los pies del rey, mientras era declarado culpable ante todo el ejército.Nota103

Michael McCormick ha señalado que, aunque Isidoro de Sevilla atribuyó a Leovigildo la introducción del uso de túnicas reales y un trono, Sidonio Apolinario, el escritor del siglo V y obispo de Clermont, había descrito previamente cómo Teodorico II (r. 453-466), rey visigodo de Toulouse, recibía a los visitantes en la sala de audiencias de su palacio sentado en un trono [ sella, solium ], velado por una cortina, flanqueado por guardaespaldas armados que estaban fuera de la cortina pero dentro de la barrera del presbiterio que separaba el trono del resto de la sala.Nota104 Esta información contradiría aún más a Isidoro, indicando que el trono había estado en uso mucho antes.

En cuanto a la insignia omeya, el concepto de Bāb Suddat al-Khalīfa también incluía la simbología del trono. Según Ibn Ḥayyān, 'Abd al-Raḥmān II colocó el saṭḥ (terraza, apartamento superior) sobre el Bāb al-Sudda, «disponiéndolo [el saṭḥ ] como una corona sobre él» [ ṣayyarahu fawqahu ka-l-tāj ].Nota105 Elsaṭḥdel Bāb al-Sudda del palacio de Córdoba era también el lugar donde el heredero del gobernante, o uno de sus hijos, residía en representación de su poder mientras el soberano se encontraba en campaña militar. También era el lugar donde el gobernante colocaba a su heredero al prever su propia muerte. Cuando el emir al-Ḥakam I (r. 796-822) se encontraba en su lecho de muerte, su hijo y heredero, 'Abd al-Raḥmān II, se trasladó al Bāb al-Sudda, en un acto cargado de significado para la transferencia de poder, asegurando que el pueblo prestara juramento al heredero.Nota106 Bajo el Califato de Córdoba, la Sudda también se convirtió en la sede delṣāḥib al-madīna[magistrado de la ciudad] en Córdoba y en Madīnat al-Zahrā', donde se situaba sukursī[asiento, silla], también en representación del asiento del gobernante.Nota107 

Las fuentes escritas no describen las características del sarīr de los omeyas de Córdoba. Según al-Maqqarī, cuando los embajadores bizantinos fueron recibidos en el Majlis al-Khilāfa [El Salón del Califato] de Madīnat al-Zahrā' en 949, encontraron allí “el sarīr califal adornado ”.Nota108 El biógrafo de Juan de Gorze, embajador del rey Otón I en Córdoba, describió alrex[rey] “reclinado sobre un cojín [thoro], pues no usan tronos [soliis, sing.solidos] ni sillas [sellis, sing.sellos] como las demás personas, sino camas [lectis,lectus] y cojines [thoris,thoro] donde se reclinan, cruzando una pierna sobre la otra, ya sea para comer o para hablar”.Nota109 Hay una clara distinción con el tipo de tronos a los que el embajador estaba acostumbrado en la corte de Otón I. Seguramente pretendía subrayar las diferencias entre un trono musulmán y uno cristiano.

Otras representaciones aportan más información sobre el trono omeya. El cofre de marfil de Leyre representa una figura gobernante con las piernas cruzadas. Se ha identificado con el califa, sentado en un trono elevado sostenido por dos leones.Nota110 como una especie de plataforma elevada, donde el califa podía cruzar las piernas y reclinarse. Este tipo de trono también está representado en la cultura material del califato omeya oriental. La estatua del califa de pie (mediados del siglo VIII, Museo Rockefeller, Jerusalén) del palacio de Khirbat al-Mafjar, conocido como Qaṣr Hishām (Jericó, Palestina), también representa al califa de pie sobre una plataforma sostenida por dos leones. La representación de figuras gobernantes en elalmazara[velo] de Hishām II, representadas sentadas sobre cojines, refuerza la descripción escrita del trono por Juan de Saint-Arnoul con motivo de la recepción de Juan de Gorze en Madīnat al-Zahrā'. En cuanto al trono representado en la túnica de Oña, según Miriam Ali-de-Unzaga, el califa se representa sentado en un trono perlado.Nota111 en lo que parece ser una especie de plataforma elevada con cojines sostenida por dos patas.

Joseph Sadan ha destacado el uso del término sarīr en la época preislámica para designar las sedes reales de las culturas sedentarias. Según él, este sarīr era un lit-trône , una especie de sofá o diván, término que se encuentra en el Corán.Nota112 Este tipo desarīrfue adoptado posteriormente por los conquistadores, quienes lo desarrollaron como un «siège-trône», de forma alargada. Este tipo de trono fue utilizado por los omeyas de Damasco y los abasíes, quienes tenían la costumbre de invitar a sus invitados a sentarse en elsarīr.Nota113 Mientras que Sadan señala quesarīrpodría referirse a cualquier tipo de sofá/diván y no exclusivamente al trono del gobernante,Nota114 Para los omeyas de al-Ándalus, el término«sarīr»parece estar reservado exclusivamente para la sede del soberano. Al mencionar otras sedes, las fuentes emplean otra terminología, como, por ejemplo, la sede delṣāḥib al-madīna, denominadakursīomaqʽad[silla, asiento].Nota115

Los hallazgos arqueológicos de la sala principal de recepción de Madīnat al-Zahrā', al-Majlis al-Sharqī [La Sala Oriental], podrían atestiguar la existencia de una plataforma elevada, que estaría fijada al suelo y a la pared. Las marcas en el suelo de mármol y en la pared cerca del arco de herradura donde se ubicaría el sarīr podrían demostrar la existencia de una estructura fija.Nota116 Según las descripciones escritas mencionadas anteriormente y la evidencia arqueológica del salón de recepción, el tipo desarīrde los omeyas de Córdoba podría haber sido un trono o plataforma con forma de cama, donde el gobernante se sentaba sobre cojines, probablemente de ricos textiles bordados, con patrones similares a los que se han conservado, como la túnica de Oña. Elsarīrquizás estaba decorado con figuras zoomorfas, algunas de las cuales quizás funcionaban como patas o sostenían el trono. En este sentido, no debemos olvidar el trono bizantino ubicado en la Sala Magnaura del palacio de Constantinopla, cuyas descripciones han sobrevivido tanto enDe Ceremoniis[El Libro de Ceremonias] como en fuentes latinas, como en la famosa descripción de laAntapodosisescrita por Liutprando de Cremona, datada en el siglo X. El trono recibió el evocador título de Trono de Salomón, en recuerdo del mítico soberano modelo.Nota117 Segúnel Libro de Ceremonias, dispositivos mecánicos artificiales que representaban leones rodeaban el trono del Salón Magnaura. Los efectos mecánicos de estos autómatas...Nota118 tenían como objetivo inspirar admiración entre los embajadores, ya que, segúnDe Ceremoniis[El Libro de Ceremonias], los leones rugían y se erguían una vez dirigidas las preguntas habituales a los embajadores que recibían los emperadores. Al mismo tiempo, pájaros mecánicos, también presentes en el trono, cantaban. Solo tras el intercambio de saludos entre el emperador y los embajadores, los leones dejaban de rugir y se sentaban en su base.Nota119 A pesar de la experiencia de Liutprando en rituales y ceremonias cortesanas, su descripción transmite el asombro que causaba un trono mecánico, que se elevaba y descendía por sí solo. Según él, el trono estaba flanqueado por «leones de inmenso tamaño», hechos de madera o latón y revestidos de oro. Como si custodiaran al emperador, abrían la boca para rugir con lenguas temblorosas, mientras golpeaban el suelo con la cola. Sin embargo, Liutprando no sintió «miedo ni admiración especiales», pues ya había sido informado de la existencia de los leones. Dos eunucos lo condujeron al trono, apoyándose en sus hombros. Tras postrarse por tercera vez a los pies del emperador, levantó la cabeza, y el emperador, a quien había visto sentado en un modesto trono elevado, de repente vestía ropas diferentes y estaba elevado casi hasta el techo.Nota120 A pesar de que se desconoce la presencia de un autómata o leones en las recepciones ceremoniales omeyas andalusíes, como hemos visto anteriormente, el cofre de marfil de Leyre nos muestra unsarīrsostenido por dos leones. Si las fuentes escritas solo constatan algunas características, como un trono bajo con cojines, como en la descripción de la embajada de Juan de Gorze, sabemos que quizás este modelo sobrevivió en el diseño de los tronos castellanos, como lo demuestran la iconografía y la numismática.Nota121

Estos desarrollos —que comienzan con el rechazo, siguen con la aceptación parcial o total, y finalmente con la adopción o transformación de los rituales, insignias y gestos cortesanos— dan testimonio de un entorno transcultural en la Península Ibérica, especialmente en los primeros años tras la conquista musulmana. Estas tradiciones y rituales debieron ser debatidos incluso en tiempos de los califas omeyas. Este entorno queda atestiguado por la élite visigoda, que presumiblemente pactó con las élites musulmanas y cuyo estatus continuó siendo apreciado por los conquistadores, como confirma la historia de Ayla (viuda o hija de Rodrigo). Estas élites seguramente desempeñaron un papel en la transmisión, adaptación y transformación, así como en el rechazo, de tradiciones y rituales previos. Este entorno se ejemplifica aún más en figuras como Artobás (Arṭabās), uno de los tres (presuntos) hijos del rey visigodo Witiza, quien solía sentarse en una silla [ kursī ] bañada en plata y oro, según Ibn al-Qūṭiyya, que sin duda era un símbolo de su alto estatus. En una ocasión, recibió la visita del abuelo de los dos porteros [ al-bawwābīn ] de los Omeyas, Maymūn de los Banū Ḥazm, a quien Artobás ofreció su asiento; pero Maymūn se negó, afirmando que no podía sentarse en ese kursī , y se sentó en el suelo.Nota122 Esto muestra cómo la élite musulmana percibía el trono (o un tipo de trono): por un lado, era una insignia prohibida, mientras que por otro servía para conferir estatus.

Conclusiones

Para retomar la pregunta planteada en la introducción de este artículo: ¿Influyó la religión en el ritual imperial? Como demuestran los relatos de 'Abd al-'Azīz, especialmente en sociedades donde la religión, la política y la tradición estaban intrínsecamente conectadas y no se percibían como aspectos sociales diferentes, la religión, al menos en el imaginario de los nuevos conquistadores y sus cronistas, determinaba la aprobación o el rechazo de los gestos o insignias reales. Independientemente de si los relatos de estas percepciones se basan en la realidad o en la fantasía, revelan la asociación de la cultura cortesana con algo perverso y reprobable, especialmente en el primer período del Islam en al-Ándalus, pero también en el Oriente abasí, como demuestra el relato de Hilāl al-Ṣābi.

En la Península Ibérica, los actos de postración o el uso de una corona se consideraban, por lo tanto, tradiciones previas asociadas a los visigodos, representados, por ejemplo, por la viuda/hija de Rodrigo, o por Artobás, hijo de Witiza. Otro elemento de los relatos que hemos analizado se refiere a los sentimientos dobles y a veces paradójicos que expresan los actos narrados. Si bien, por un lado, existe una clara intención de subrayar cómo las tradiciones previas no se ajustaban al islam, por otro lado, también existe una fascinación subyacente por las tradiciones de la élite visigoda. El estatus social atribuido a la élite visigoda por las fuentes árabes demuestra la existencia de esta fascinación. El matrimonio de 'Abd al-'Azīz con Ayla es también otro elemento de esta dualidad, seguido de los detallados relatos del uso de la corona o el acto de postración por parte del gobernador de al-Ándalus. Esta dualidad se hace mucho más evidente cuando Mughīth al-Rūmī tuvo que abandonar el balāṭ por orden de Mūsā b. Nuṣayr, alegando que su inferior estatus no le daba derecho a vivir en un palacio tan prestigioso, que se dice que perteneció al rey visigodo y era más acorde con el estatus de Mūsā. Sin embargo, las tradiciones previas debían ser superadas por las tradiciones virtuosas de la religión de los nuevos conquistadores, alejadas de la vanidad de la corte. 'Abd al-'Azīz no solo estaba casado con una cristiana que representaba el epítome de la élite visigoda; también vivía en una antigua iglesia y cumplía con las tradiciones asociadas con la apostasía del islam. Por lo tanto, el asesinato del gobernador debía llevarse a cabo como castigo ejemplar dentro del espacio sagrado de una mezquita. Como hemos visto, los relatos de los visigodos y su iconografía también muestran que la aceptación o adaptación a algunos rasgos romanos es discutida, como por ejemplo la asociación del acto de postración con la humillación o la representación ambigua del tocado real y sus diferencias con el de otras categorías de la élite, como los obispos.

Tanto en la época visigoda como en la musulmana, la incertidumbre y la dualidad de las tradiciones previas persistieron, lo que apunta a una hibridez típica de los períodos de transición entre dos imperios y culturas. En ambos casos, las fuentes escritas y la cultura material sugieren que, con el tiempo, se adoptaron y transformaron los rituales e insignias preexistentes, otorgándoles un nuevo significado y características que los hicieron identificables con el nuevo poder. La incorporación del sujūd [postración] y del trono son ejemplos de la inaccesibilidad de la figura del gobernante. De hecho, la asociación en las fuentes árabes de insignias como la corona o el gesto de postración con los visigodos también muestra que el Reino de Toledo se había adaptado a algunas características imperiales romano-bizantinas, aunque su uso por parte del propio rey fuera discutible. Si bien el uso de la corona por parte de los visigodos es motivo de controversia, como hemos visto anteriormente, las coronas se utilizaban en la liturgia, mostrándose en las iglesias como símbolo de su poder, como lo demuestran las coronas votivas del tesoro de Guarrazar.

De la misma manera que el Reino Visigodo de Toledo había adoptado los modelos imperiales romanos, el Imperio Islámico hizo lo mismo al conquistar y transformar las potencias anteriores y sus insignias, tanto en Oriente como en Occidente. Estos procesos se caracterizan por la existencia de un lenguaje simbólico común compartido. Si bien las potencias concurrentes y sucesivas de la Antigüedad Tardía y la Edad Media mediterráneas compartían un lenguaje y una matriz ceremoniales comunes, no obstante, diferentes prácticas e insignias se integraron en este marco compartido, distinguiendo a las potencias emergentes de sus predecesoras. Los rasgos ceremoniales innovadores o heredados, a menudo imbuidos de significados reutilizados, permitieron la identificación con una entidad política particular, al tiempo que participaban en una cultura y un vocabulario simbólico compartidos más amplios. Aunque múltiples factores contribuyeron al surgimiento de formas ceremoniales y rituales distintivas, la religión, central para el orden social, político y simbólico, a menudo sirvió como justificación clave para la adopción o el rechazo de elementos específicos asociados con tradiciones religiosas concurrentes, como en el caso de ʿAbd al-ʿAzīz. Observaremos justificaciones similares en otros contextos, particularmente en sociedades donde las distinciones entre los ámbitos religioso, social y político eran inexistentes.

En conclusión, quizás uno de los ejemplos más convincentes de este lenguaje ceremonial compartido sea el simbolismo del águila imperial, que encapsula la dinámica simbólica entre visigodos y omeyas que se explora en este artículo. El uso del águila por parte del reino visigodo de Toledo está documentado por la arqueología. La historiografía tradicional ha considerado el águila una insignia específica de los godos, pero cuyos orígenes deben buscarse en la representación del águila en los estandartes romanos, un símbolo adoptado posteriormente por los godos.Nota123 Quizás los ejemplos más destacados sean las llamadas fíbulas de águila, adornos para sujetar la capa, como las fíbulas de Guadalajara (Museo Arqueológico Nacional, España), probablemente utilizadas por miembros destacados de la élite visigoda, con rasgos simbólicos relacionados con el poder.

El águila como símbolo de poder también está documentada en fuentes escritas y materiales que describen las insignias de poder omeyas. Por ejemplo, en la píxide de marfil de al-Mughīra, hijo del primer califa 'Abd al-Raḥmān III (968, Museo del Louvre, Francia), varios medallones representan el águila o halcón omeya tradicional. Una de las representaciones más importantes de la píxide está tallada en un medallón que muestra tres nidos de águilas, cuyos huevos están siendo robados por dos personajes sobre dos figuras caninas, lo que se ha interpretado como una advertencia a al-Mughīra, uno de los aspirantes al califato omeya. Además, siguiendo a Ibn Ḥayyān, sabemos que el primer califa omeya, 'Abd al-Raḥmān III, habría utilizado por primera vez el estandarte del águila [ al-'uqāb ], símbolo que evocaba, según Maribel Fierro, uno de los estandartes del profeta Mahoma.Nota124

El ejemplo de la simbología del águila subraya aún más el primer rechazo, y luego el ajuste y transformación, de las insignias de la Antigüedad tardía, atribuyéndoles nuevos significados y especificidades que hicieron posible su identificación como típicamente visigodas u omeyas al incluir estas insignias como parte de una “cultura compartida de objetos”.Nota125

Declaración de divulgación

El/los autor(es) no informaron de ningún posible conflicto de intereses.

Información adicional

Fondos

Este trabajo fue apoyado por el Ministerio de Ciencia e Innovación [número de subvención RYC2022-037715-I]; Universidad de Hamburgo.

Notas sobre los colaboradores

Elsa Cardoso

Elsa Cardoso es investigadora titular Ramón y Cajal en la Escuela de Estudios Árabes (EEA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Granada. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Lisboa en 2020. Fue investigadora postdoctoral del DFG Center RomanIslam, en la Universidad de Hamburgo (2021-2022), y investigadora postdoctoral (Juan de la Cierva) en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC) del CSIC, en Madrid (2022-2024). Su investigación se centra en la historia del Islam y la historia de al-Ándalus. Ha trabajado y publicado sobre la corte, la diplomacia, la política y el ceremonial de los Omeyas de Córdoba, considerando una perspectiva comparada dentro del Mediterráneo. También desarrolla su investigación sobre la historiografía de al-Ándalus, así como sobre la historia del Gharb al-Ándalus. Es autora del libro La Puerta del Califa. Conceptos de la Corte en el Califato Omeya de al-Ándalus (2023) , publicado por Routledge, que analiza en particular el concepto de Bāb Suddat al-Khalīfa —una referencia a la puerta principal de la ciudad de Córdoba—, el término más representativo de la corte, la soberanía y la obediencia al califa entre los omeyas de al-Ándalus.

Notas

1 Sobre el Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Colección de Anécdotas sobre la Conquista de al-Andalus] véase Molina, “Los Ajbār Maŷmū‛ay la historiografía árabe sobre el periodo omeya en al-Andalus”; Oliver, “Los autores del Ajbār Maŷmū‛a: ¿los Tammām b. ‛Alqama?” [Los autores del Akhbār Majmūʿa: Tammām b. ‛¿Alqama?].

Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Colección de Anécdotas sobre la Conquista de al-Andalus], ed. y trad. Emilio Lafuente Alcántara, 19–20 (árabe), 31–32 (traducción).

3 Ibn 'Abd al-Ḥakam, Historia de la conquista de Egipto, el norte de África y España , 212–13.

Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus], 19–20 (árabe), 31–32 (traducción); Ibn 'Abd al-Ḥakam, Historia de la conquista de Egipto, el norte de África y España , 212–13; Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus], ed. Luis Molina, 42–43; La conquista de al-Andalus [La conquista de al-Andalus], trad. Mayte Penelas, 32–33.

5 Fierro, “Pompa y ceremonia en los califatos del occidente islámico (s. II/VIII-IX/XV)”, 128.

6 Cardoso, La Puerta del Califa , 196 ss.

7 En el caso del califato omeya de al-Andalus, he demostrado en otra parte que la corte omeya de Córdoba solía denominarse Bāb Suddat al-Khalīfa [La puerta de la Sudda del califa], una referencia al simbolismo atribuido a la puerta principal de la ciudad de Córdoba, o simplemente Bāb : Cardoso, La Puerta del Califa.

8 Para enfoques terminológicos y conceptuales de los tribunales islámicos, véase, por ejemplo, El Cheikh, “Corte y cortesanos”, 80-90; Von Hees, “Guía para reinos”, 370-82; Sanders, Ritual, política y la ciudad en El Cairo fatimí ; Naaman, Literatura y la corte islámica ; Peacock y Yıldız, Los selyúcidas de Anatolia. Corte y sociedad en el Oriente Medio medieval ; Mauder, En el salón del sultán .

9 Cardoso, La Puerta del Califa , 89–126.

10 Cardoso, La Puerta del Califa , 125–26.

11 Cardoso, La Puerta del Califa , 126–37.

12 Ibn Ḥayyān, Al-Muqtabas li-Ibn Ḥayyān al-Qurṭubī (al-juz' al-khāmis). Al-Muqtabas (V) [Los Muqtabis de Ibn Ḥayyān al-Qurṭubī (quinta parte). Al-Muqtabis V], ed. Pedro Chalmeta, Federico Corriente y Maḥmūd Ṣubḥ, 423; Ibn Ḥayyān, Crónica del Califa 'Abdarraman III an-Nasir entre los años 912 y 942 [al-Muqtabis V ] [Crónica del Califa 'Abd al-Rahman III an-Nasir entre los años 912 y 942], trad. María Jesús Viguera y Federico Corriente, 316.

13 Cardoso, La Puerta del Califa , 106, 124; Cardoso y Albarrán, “De puertas, banderas y súplicas a Dios: ceremonial y guerra santa en al-Andalus (s. X)” [Sobre puertas, estandartes y súplicas a Dios: ceremonia y guerra santa en al-Andalus (siglo X)]; Ibn Ḥayyān, Al-Muqtabis fῑ akhbār balad al-Andalus [Al-Muqtabis: Cuentas de la Tierra de al-Andalus], ed 'Abd al-Raḥmān 'Alῑ al-Ḥajjῑ, [al-Muqtabis VII] , 221, 223, 233; Ibn Ḥayyān, Anales Palatinos del Califa de Córdoba al-Hakam II, por 'Isa Ibn Ahmad al-Razi [Anales Palatinos del Califa de Córdoba al-Hakam II, por 'Isa Ibn Ahmad al-Razi], trad. Emílio García Gómez, al-Muqtabis VII trad. , 261, 264, 275–76.

14 Cardoso, La puerta del Califa, 215 y sigs. Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis V , 445–47; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis V, traducción . , 334–35.

15 Grabar, La formación del arte islámico , 148–49, 166–67.

16 Oleg Grabar, “Ceremonial y arte en la corte omeya”, 94.

17 Grabar, “El arte ceremonial en la corte omeya”, 126–27.

18 Grabar, “Ceremonial y arte en la corte omeya”, 135.

19 Cardoso, La Puerta del Califa , 120.

20 Calahorra, “Una aproximación digital a la bizantinística: el caso de la puerta Chalke”, 1848.

21 Olmo et al., Recópolis, un paseo por la ciudad visigoda, 56-57.

22 Concilios visigóticos e hispano-romanos, ed. y trad. J. Vives, Concilio Toledo VI [Concilio de Toledo VI], 241; McCormick, Victoria eterna , 315.

23 Díaz, “El reino visigodo en vísperas del 711”, 32; Concilios visigóticos e hispano-romanos [Concilios visigodos e hispano-romanos], Concilio Toledo VIII [Concilio de Toledo VIII], 265.

24 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis V , 16; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis V traducción, 22.

25 Molina, “Los Ajbār Maŷmū‛ay la historiografía árabe sobre el periodo omeya en al-Andalus”; Oliver, “Los autores del Ajbār Maŷmū‛a: ¿los Tammām b. ‛Alqama?” [Los autores del Akhbār Majmūʿa: Tammām b. ‛¿Alqama?].

26 Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus], (árabe), 33 (traducción al español).

27 Viguera, “En el alcázar de Córdoba”, 125–26, 129.

28 El Cheikh, “La 'Corte' de al-Muqtadir”, 319, 325, 327; El Cheikh, “La Corte y los Cortesanos”, 80–82.

29 Hilāl al-Ṣābi', Rusūm Dār al-Khilāfa [Las reglas de la Casa del Califato], ed. Mīkhā'īl 'Awād; Hilāl al-Ṣābi', Rusūm Dār al-Khilāfa. Las reglas y regulaciones de la Corte Abasí [Las reglas de la Casa del Califato], trad. Elie A. Salem.

30 Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 42–43; La conquista de al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 32–33.

31 Los detalles de esta embajada me he ocupado en otros lugares: Cardoso, “Embajadores, misivas e incidentes diplomáticos” [Embajadores, Cartas e Incidentes Diplomáticos]; Cardoso, “La poética de la escenografía del poder”; Ibn Ḥayyān, Al-Sifr al-thānī min Kitāb al-Muqtabas li-Ibn Ḥayyān al-Qurṭubī [al-Muqtabis II] [La segunda parte del Libro de los Muqtabis de Ibn Ḥayyān al-Qurṭubī], ed. Maḥmūd 'Alī, 430–35; Ibn Ḥayyān, Crónica de los emires al-Hakam I y 'Abd ar-Rahman II entre los años 796 y 847 [al-Muqtabis II-1] [Crónica de los emires al-Ḥakam I y ʿAbd al-Raḥmān II entre los años 796 y 847], trad. Mahmud 'Ali Makki y Federico Corriente, 228–44.

32 Sobre la fecha y autoría de la redacción de la Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus] véanse las hipótesis del editor de la fuente, Luis Molina, y su traductora, Mayte Penelas: Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus] , XXXI-XXXIII; La conquista de al-Andalus [La conquista de al-Andalus].

33 Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 42–43; La conquista de al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 32–33.

34 Fatḥ al-Andalus [La Conquista de al-Andalus], 43; La conquista de al-Andalus, 33; Ibn al-Qūṭiyya, Ta'rīkh iftitāḥ al-Andalus (Historia de la conquista de España de Abenalcotia el Cordobés) [Historia de la Conquista de al-Andalus, Historia de la Conquista de España de Ibn al-Qūṭiyya], ed. y trad. Julián Ribera, 11 (árabe), 8 (traducción).

35 Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 42–43; La conquista de al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 32–33.

36 Ibn al-Qūṭiyya, Ta'rīkh iftitāḥ al-Andalus [Historia de la Conquista de al-Andalus], 11 (árabe), 8 (traducción al español).

37 Viguera, “La conquista de al-Andalus según Ibn al-Qutiyya (siglo X)” [La conquista de al-Andalus según Ibn al-Qūṭiyya].

38 Scott, “El gesto de la proskynesis”, 403.

39 Cardoso, La puerta del Califa , 197ss,; Fierro, “Pompa y ceremonia”.

40 Hilāl al-Ṣābi', Rusūm Dār al-Khilāfa [Las reglas de la Casa del Califato], 31–32; Hilāl al-Ṣābi', Rusūm Dār al-Khilāfa [Las reglas de la Casa del Califato], trad., 29–30.

41 Cardoso, “La escenografía del poder en al-Andalus y los ceremoniales abasíes y bizantinos”.

42 Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb min ghuṣn al-Andalus al-raṭīb wa dhikr wazīrihā Lisān al-Dīn b. al-Khaṭīb [El aliento de perfume de la rama del floreciente Al-Andalus y recuerdos de su visir Lisān al-Dīn b. al-Khaṭīb], ed. R. Dozy y otros, vol. Yo, 252–53; Al-Maqqarī, La historia de las dinastías mahometanas en España. Nafḥ al-ṭīb [El aliento del perfume], trad. Pascual de Gayangos, vol. II, 162.

43 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII, 52; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII trad., 70.

44 Juan, Abad de San Arnulfo, “La embajada del emperador de Alemania Otón I al califa de Córdoba Abderrahmán III” [La Embajada del emperador alemán Otón I ante el Califa de Córdoba ʿAbd al-Raḥmān III] ed. y trad. Paz y Meliá, 279.

45 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII , 151–52; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII trad., 192.

46 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII , 212–15; Ibn Ḥayyān, traducción de al-Muqtabis VII , 252–55.

47 Isidoro de Sevilla, Las historias de los godos, vándalos y suevos de Isidoro de Sevilla [Las historias de los godos, vándalos y suevos de Isidoro de Sevilla] trad. Cristóbal Rodríguez, 258–59; Arce, Insignia dominación. Símbolos de poder y rango del emperador romano en la Antigüedad tardía . Símbolos de poder y rango del emperador romano en la Antigüedad tardía]; Arce, “Leovilgidus rex y el ceremonial de la corte visigótica” [El rey Leovigildo y el Ceremonial de la Corte Visigoda], 79–92.

48 Concilios visigóticos e hispano-romanos [Concilios visigodos e hispano-romanos], 100.

49 Liber Ordinum Episcopal [Libro Episcopal de Liturgia] (Cod. Silos, Arch. Monástico, 4 ), ed. José Janini, 146–48.

50 Constantino VII Porphyrogennetos, De Ceremoniis [El Libro de Ceremonias], 15.

51 Constantino VII Porphyrogennetos, De Ceremoniis [El Libro de Ceremonias], 533.

52 Arce, Insignia dominationis [La insignia del poder], 44.

53 McCormick, Victoria eterna , 308–309.

54 Liber Ordinum Episcopal [Libro episcopal de liturgia], 149–50.

55 McCormick, Victoria eterna , 298–99.

56 Arce, Insignia dominationis [La insignia del poder], 104.

57 Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb II [El aliento del perfume II] trad . , 141; Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb I [El aliento del perfume I], 234.

58 Constantino VII Porphyrogennetos, De Ceremoniis [El Libro de Ceremonias], 570–88.

59 Kennedy, Cuando Bagdad gobernaba el mundo musulmán , 153–55.

60 Hilāl al-Ṣābi', Rusūm Dār al-Khilāfa [Las reglas de la Casa del Califato], 80–82; Hilāl al-Ṣābi', Rusūm Dār al-Khilāfa [Las reglas de la Casa del Califato] trad . , 64–65.

61 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII trad., 46.

62 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII , 52; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis VII trad., 70.

63 W. Björkman, “Tāj” [Corona], 57–58.

64 Fierro, “Pompa y Ceremonia”, 126–27; Ibn Ḥabīb, Kitāb al-Ta'rīkh [El Libro de la Historia] ed. Jorge Aguadé, 140. Sobre las insignias que lució Rodrigo, véase también Ibn al-Qūṭiyya, Ta'rīkh iftitāḥ al-Andalus [La Historia de la Conquista de al-Andalus], 122 (árabe), 106 (traducción al español).

65 Fierro, “Pompa y Ceremonia”, 126-27.

66 Grabar, “Ceremonial y arte en la corte omeya”, 245; Fowden, Quṣayr 'Amra , 203.

67 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], pp. 96-97. Agradezco a Alexander Bronisch por compartir conmigo los resultados de su investigación y explicar las representaciones con más detalle.

68 Cardoso, La Puerta del Califa , 170–75.

69 Fierro, “Pompa y Ceremonia”, 123; Canard, “Le cérémonial fatimite et le cérémonial byzantine” [El ceremonial fatimí y el ceremonial bizantino], 374.

70 Fatḥ al-Andalus [La Conquista de al-Andalus], 18; La conquista de al-Andalus, 12.

71 Fierro, “Pompa y Ceremonia”, 126; Ibn Ḥabīb, Kitāb al-Ta'rīkh [El libro de la historia], 137–38.

72 Fatḥ al-Andalus [La conquista de al-Andalus], 19–20; La conquista de al-Andalus, 13.

73 Fierro, “Pompa y Ceremonia”, 149-150. En esta descripción, el califa también sostenía un cetro en la mano, lo cual se considera una distinción exclusiva del califa. Sin embargo, no se dan más detalles sobre esta insignia.

74 Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb II [El aliento del perfume II] trad., 87.

75 Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb II [El aliento del perfume II], trad . , 125.

76 McCormick, Victoria eterna , 302.

77 Arce, Insignia dominationis [La insignia del poder], 106-107.

78 Arce, Insignia dominationis [La insignia del poder], 107.

79 La violación del juramento de lealtad podría ser vista como un acto de apostasía, ya que los califas representaban el pacto de Dios en la tierra: Marsham, “Ejecución pública en el período omeya”.

80 Concilios visigóticos e hispano-romanos, 189.

81 Concilios visigóticos e hispano-romanos, 11.

82 Concilios visigóticos e hispano-romanos [Concilios visigodos e hispano-romanos], 116.

83 El Libro de los Juicios (Liber Iudiciorum) [El Libro de las Leyes] , ed. y trad. Pedro Ramis Serra y Rafael Ramis Barceló, I, 49.

84 Arce, Insignia dominationis [La insignia del poder], 111.

85 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 84.

86 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 84.

87 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 83–107.

88 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 101.

89 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 84.

90 Arce, “El conjunto votivo de Guarrazar”, 350.

91 Sánchez Albornoz, “La 'ordinatio principies' en la España goda y postvisigoda” [La sucesión de los príncipes en la España visigoda y posvisigoda], 1176.

92 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 83–107.

93 Arce, “El conjunto votivo de Guarrazar”, 350.

94 Sobre las coronas votivas de Guarrazar véase, por ejemplo, Perea, ed., El Tesoro visigodo de Guarrazar.

95 Arce, “El conjunto votivo de Guarrazar”, 351.

96 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 , 280; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 trad . , 172; Cardoso, La puerta del Califa , 95–96.

97 Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Colección de anécdotas sobre la conquista de al-Andalus] , 5 (árabe), 19 (traducción al español).

98 Fatḥ al-Andalus [La Conquista de al-Andalus], 18; La conquista de al-Andalus [La conquista de al-Andalus] , 12.

99 Arce, Dominaciones de Insignias [Las Insignias del Poder]; Isidoro de Sevilla, Las historias de los godos, vándalos y suevos de Isidoro de Sevilla, 258–59.

100 Concilios visigóticos e hispano-romanos [Concilios visigodos e hispano-romanos], 228.

101 Concilios visigóticos e hispano-romanos [Concilios visigodos e hispano-romanos], 487.

102 Bronisch, “Die iberische Herrschertiara” [La tiara del gobernante ibérico], 88–89.

103 Julián de Toledo, “Historia del Rey Wamba”, ed. y trad. Pedro Rafael Díaz y Díaz, 105.

104 McCormick, Victoria eterna ”, 298–99.

105 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 , 280; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 trad., 172; Cardoso, La puerta del Califa , 95–96.

106 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 , 185; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 trad., 91.

107 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 , 185; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 trad., 91; Herrero, El perdón del gobernante, 398–99; Cardoso, La puerta del Califa , 94–95.

108 Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb I [El Aliento del Perfume I], 234; Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb II [El Aliento del Perfume II], trad . , 141. La traducción menciona que para esta ocasión se erigió en el salón de recepción «un trono resplandeciente de oro y reluciente de gemas». Sin embargo, que yo sepa, esta referencia no se encuentra en la edición árabe del texto.

109 Juan, Abad de San Arnulfo, “La embajada del emperador de Alemania Otón I al califa de Córdoba Abderrahmán III”, 147; Cardoso, “La escenografía del poder en al-Andalus y los ceremoniales abasíes y bizantinos”, 25. La traducción es mía.

110 Sobre el ataúd de Leyre, véase Navascués, “Una joya del arte hispanomusulmán en el camino de Santiago”, 239-46.

111 Ali-de-Unzaga, “Política bordada”, 4.

112 Sadan, Le Mobilier au Proche-Orient médiéval [Mobiliario en el Cercano Oriente medieval], 32–33.

113 Sadan, Le Mobilier au Proche-Orient médiéval [Mobiliario en el Cercano Oriente medieval], 33, 35–36.

114 Sadan, Le Mobilier au Proche-Orient médiéval [Mobiliario en el Cercano Oriente medieval], 38.

115 Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 , 185; Ibn Ḥayyān, al-Muqtabis II-1 trad., 91.

116 Cardoso, La Puerta del Califa , 188.

117 Sobre el uso arquitectónico de la simbología de Salomón como soberano-constructor, en relación con el uso de tronos, véase María Jesús Rubiera, “La mesa de Salomón”; Francisco Juez, “Símbolos de poder en la arquitectura de al-Andalus”, vol. 1, 66-68. La mitología que rodea a la figura de Salomón también dio lugar a la famosa historia de la mesa de Salomón que presumiblemente se conservó en Iberia como reliquia tras el saqueo de Roma por los visigodos. Véase Ibn 'Abd al-Ḥakam, Historia de la conquista de Egipto, África del Norte y España , 207-208 (árabe); Fatḥ al-Andalus , 21-22, 45-46; La conquista de al-Andalus [The Conquest of al-Andalus], 16, 27–28; Akhbār majmū'a fī fatḥ al-Andalus [Collection of Anecdotes on the Conquest of al-Andalus] , 12, 19 (arabic), 27, 39 (traduction).

118 Los autómatas también fueron desarrollados en la corte abasí de Bagdad, como por ejemplo por los famosos hermanos de los Banū Mūsā: Dolezal y Mavroudi, “Descripción de Theodore Hyrthakenos del Jardín de Santa Ana y la Ekphrasis de los Jardines”.

119 Constantino VII Porphyrogennetos, De Ceremoniis, 197–98.

120 Liutprando de Cremona, Obras completas de Liudprando de Cremona , trad. Paolo Squatriti, 197–98.

121 Nogales, “La usanza morisca: el modelo cultural islámico y su recepción en la corte real de Castilla”, 52.

122 Ibn al-Qūṭiyya, Ta'rīkh iftitāḥ al-Andalus [La Historia de la Conquista de al-Andalus] , 38 (árabe), 30 (traducción).

123 von Rummel, "L'aquila gotica. Sull'interpretazione di un símbolo" [El águila gótica: sobre la interpretación de un símbolo]. Sobre nuevas interpretaciones, véase también Barroso y Morín de Pablos, “Insignia de poder imperial, signo de identidad gótica”.

124 Cardoso y Albarrán, “De puertas, banderas y súplicas a Dios”, 227; Fierro, Abderramán III y el califato omeya de Córdoba ['Abd al-Raḥmān III y el califato omeya de Córdoba], 53 y sigs.

125 Grabar, “La cultura compartida de los objetos”.

 

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