'ALÍ B. YUSUF B. TASUFÍN
‘Alī b. Yūsuf
b. Tāšufīn. Ceuta (Ciudad Autónoma de Ceuta), 476 H./1083 C. – Marrakech
(Marruecos), 24 de raŷab de 537 H./11.II.1143 C. Segundo emir
almorávide de al-Andalus.
Emir almorávide
Biografía
‘Alī b. Yūsuf b. Tāšufīn nació en Ceuta, fruto de la
relación de Yūsuf b. Tāšufīn con una concubina cristiana llamada Fā’iḏ al-Ḥusn.
Se ignora el lugar que ocupaba entre la descendencia de su padre, aunque no era
su primogénito, pues entre los almorávides seguía vigente un cierto carácter
electivo que obligaba al gobernante a consultar a los principales jeques la
idoneidad de los distintos candidatos al poder soberano. ‘Alī fue proclamado
oficialmente como heredero en Marrakech en 1102 y posteriormente en Córdoba en
1103, con motivo del quinto y último viaje de Yūsuf b. Tāšufīn a al-Andalus. Al
igual que su padre, gobernó con el título de “príncipe de los musulmanes”,
aunque no llegó a obtener el reconocimiento oficial del califa abasí.
‘Alī accedió al poder a la edad de veintidós años,
ejerciéndolo durante largo tiempo, durante casi cuatro décadas, de forma que el
grueso de la Historia del Imperio almorávide la integran los más de ochenta
años durante los cuales él y su padre Yūsuf b. Tāšufīn ejercieron el poder. En
su largo período de gobierno cabe distinguir dos etapas claramente
diferenciadas y marcadas por signos opuestos, la inicial, más breve, señalada
por los éxitos, y una larga etapa, que abarca las tres últimas décadas, durante
las cuales los problemas internos y externos fueron la tónica dominante,
suponiendo el inicio del declive del Imperio almorávide.
Durante los primeros quince años posteriores a su
proclamación, ‘Alī supo continuar la trayectoria política de su padre, siendo
capaz de continuar su tarea expansiva, de tal forma que, bajo su gobierno, el
Imperio almorávide alcanzó su máxima extensión territorial. Al igual que hizo
Yūsuf b. Tāšufīn, convirtió la lucha frente a los cristianos en la península
Ibérica en una de sus principales prioridades políticas y obtuvo ante ellos
importantes éxitos. Sin embargo, aunque sus primeros años de gobierno suponen
el apogeo del poder almorávide, la segunda etapa dio lugar al inicio de su
decadencia política, provocada por la doble actuación del naciente movimiento
almohade en los territorios magrebíes y el renovado empuje de los cristianos en
la península, a lo que se debe añadir el descontento de la propia población
andalusí.
La primera fase del gobierno de ‘Alī está marcada por
el signo del éxito, llevando a sus máximas cotas el apogeo de la dinastía
almorávide. El escenario de sus principales victorias fue la península Ibérica,
donde, al igual que su padre, actuó personalmente en varias ocasiones. Su
primer desplazamiento tuvo lugar en julio-agosto de 1107, dirigiéndose a
Algeciras con la única finalidad de recibir el reconocimiento de los andalusíes
y tomar las primeras decisiones sobre futuras acciones frente a los cristianos.
A partir de este momento tuvieron lugar sus dos principales éxitos, la victoria
ante Alfonso VI en Uclés y la anexión de los últimos territorios musulmanes que
permanecían independientes del poder de los almorávides, la taifa de Zaragoza y
las islas Baleares.
La victoriosa política inicial de ‘Alī frente a los
cristianos se vio favorecida por la situación de crisis por la que atravesó el
reino castellano-leonés desde la muerte de Alfonso VI en 1109 hasta 1126, año
de la proclamación de Alfonso VII, quien hasta 1131 no pacificó completamente
el país. En estas circunstancias, tras las obtenidas por su padre en Sagrajas
(1086) y Consuegra (1097), ‘Alī se cobró la tercera gran victoria almorávide
sobre el ya anciano Alfonso VI, siempre derrotado frente a los beréberes, si
bien el emir no participó directamente en la campaña, siendo las fuerzas
musulmanas dirigidas por su hermano mayor Tamīm b. Yūsuf, gobernador almorávide
de al-Andalus. El gran objetivo era la recuperación de Toledo y el encuentro se
produjo el 14 de šawwāl de 501/27 de mayo de 1108 en Uclés,
principal baluarte defensivo cristiano en la línea del Tajo, que cayó en manos
musulmanas. El castigo sobre el Rey castellano-leonés fue doble pues, además,
la derrota fue acompañada de la muerte de Sancho, su hijo y heredero. La toma
de Uclés posibilitó, además, la recuperación de las fortalezas de Ocaña, Huete
y Cuenca, reforzando las posibilidades de volver a conquistar Toledo.
Este objetivo fue el que determinó, al año siguiente,
la segunda venida del emir a al-Andalus para dirigir su primera campaña
militar, siendo su presencia el mejor testigo de la importancia política y
militar otorgada a esta empresa. Los almorávides lograron tomar la fortaleza de
Talavera, pero Álvar Fáñez se hizo fuerte en la capital del Tajo y el emir hubo
de retirarse tras un mes de asedio sin lograr su objetivo.
Tras el fracaso de la toma de Toledo, la segunda
acción exitosa del gobierno de ‘Alī fue la conquista de la taifa de Zaragoza,
que seguía siendo tributaria de Alfonso VI, poniendo fin al último de los
reinos surgidos a comienzos del siglo XI de la desmembración del califato
omeya. La ocasión propicia fue la muerte del soberano al-Musta‘īn en 1110, cuyo
hijo y sucesor no congregó el apoyo de todos los sectores, imponiéndose la
facción partidaria de la anexión a los almorávides. El 30 de mayo del citado año
se producía la ocupación de Zaragoza. A ello se añadió, cinco años después, la
obtención del control directo sobre las Baleares, donde hasta entonces
gobernaba un antiguo cliente del señor de Denia. Aprovechando su muerte, los
catalanes ocuparon por un momento las islas, pero la presencia de la escuadra
almorávide los hizo huir precipitadamente, convirtiéndose, desde entonces, en
una porción más del Imperio.
La ocupación de Zaragoza y de las Baleares poseen una
fuerte carga simbólica, pues significa el momento de máxima expansión
territorial del Imperio almorávide, que, en ese momento, unificaba los
territorios magrebíes y peninsulares, desde el valle del Ebro hasta el Níger.
Motivado por estos éxitos, que reforzaban su poder al
convertirlo en la única autoridad islámica de la península, ‘Alī cruzó por
tercera vez a al-Andalus en 1117 con la intención de volver a dirigir el ŷihād contra
los cristianos. Su campaña, sin embargo, no fue exitosa, ya que, aunque logró
la recuperación de Coimbra, al cabo de pocas semanas la ciudad fue abandonada.
El fracaso de esta campaña anunciaba el inicio del declive almorávide y marca
el inicio de la segunda fase, que abarca la mayor parte de su gobierno. El
primer descalabro importante fue la pérdida de Zaragoza (18 de diciembre de
1118), segundo núcleo urbano relevante, tras Toledo, que pasaba a manos de los
cristianos, y primera pérdida territorial de los almorávides en la península.
Como afirma J. Bosch, Zaragoza y el año 1118 marcan el primer eslabón del
declive que acabará por llevar a los almorávides a su ruina.
Por esos mismos años comenzó a manifestarse un
fenómeno que ya venía de atrás, si bien los éxitos de los almorávides frente a
los cristianos habían provocado que permaneciese en estado latente. Se trata
del rechazo de la población andalusí al dominio político de los almorávides, en
parte producido por el fuerte contraste social y cultural existente entre la
sociedad autóctona y los beréberes norteafricanos, que convertía a estos en una
casta gobernante escasamente identificada con sus gobernados. La primera
manifestación de este fenómeno fue la revuelta de Córdoba de 1121, provocada
por un incidente puntual entre un miembro de las milicias almorávides y una
mujer cordobesa, que acabó con la expulsión del gobernador local y el saqueo de
su palacio. El emir ‘Alī no dudó en enviar un contingente contra la capital
cordobesa, pero la intervención de los alfaquíes cordobeses, que defendieron la
postura de sus conciudadanos, impidió que el asunto acabase en un baño de
sangre, dado el gran respeto de los emires almorávides a las opiniones de los
juristas mālikíes.
Hacia la misma época tuvo lugar una de las más claras
manifestaciones del poder del rey Alfonso I de Aragón, quien entre 1125-1126 y
durante quince meses realizó una profunda incursión por el territorio musulmán
sin que los almorávides fuesen capaces de repeler su presencia. Con un
contingente de unos cuatro mil caballeros y descendiendo por el Levante se
dirigió a Granada, que no logró tomar, desde donde se encaminó a la campiña de
Córdoba, en pleno corazón del dominio musulmán, donde derrotó a las tropas de
Tamīm en marzo de 1126 cerca de Lucena (Córdoba). Pese a esta demostración de
fuerza, los cristianos aún no estaban en condiciones de mantener posiciones tan
avanzadas en el territorio musulmán, por lo que Alfonso I regresó a sus bases
de partida, siendo acompañado por un importante contingente de pobladores
cristianos, que regresaron junto a él a Aragón.
Aparte de poner de manifiesto la notoria debilidad
almorávide, esta incursión tuvo graves consecuencias respecto a la población
cristiana del Sur de al-Andalus, los mozárabes. Un dictamen jurídico o fetua
del eminente alfaquí cordobés Ibn Rušd, abuelo del célebre filósofo Averroes,
sirvió de justificación legal para la deportación de muchos cristianos al Norte
de África bajo la acusación de haber suscitado y apoyado la expedición del rey
aragonés, rompiendo, así, el pacto que los unía al Estado musulmán como
“protegidos”.
La primera manifestación de descontento de la
población andalusí ante el dominio almorávide y el incremento de la presión de
los cristianos son fenómenos coetáneos a los primeros inicios del movimiento
que habrá de acabar provocando el hundimiento del Imperio almorávide. Hacia
1120 llega a Marrakech Ibn Tūmart, ideólogo y fundador del movimiento almohade,
que en poco tiempo aglutinó en torno suyo un amplio grupo de seguidores,
produciendo la aparición de un foco de disidencia interna que se convertirá en
el principal problema del emir ‘Alī b. Yūsuf. La progresión de los almohades
fue vertiginosa, pues ya en abril de 1130 Ibn Tūmart estaban en condiciones de
plantearse el asalto de la capital almorávide, a la que sometió a asedio,
encabezando su defensa el propio emir, que finalmente pudo poner en fuga a los
asaltantes, quienes se retiraron sufriendo una severa derrota. A los pocos
meses se produjo la muerte del propio Ibn Tūmart en su santuario de Tinmelal,
siendo sucedido por ‘Abd al-Mu’min, quien, a la larga, sería el encargado de
liquidar el gobierno de la dinastía almorávide.
A partir de 1132, tras la proclamación como califa
almohade de ‘Abd al-Mu’min, se inicia el proceso de lucha encarnizada entre
almorávides y almohades, que culminará quince años después con la caída de
Marrakech. Durante esos años se produce la progresiva pérdida de territorios
por parte del emir ‘Alī b. Yūsuf, incapaz de detener el avance de los
almohades. Fue en esta época, al convertirse la lucha contra los almohades en
la principal preocupación del emir almorávide, cuando surge la figura de
Reverter, el caballero catalán que actuó al servicio de ‘Alī b. Yūsuf y fue el
lugarteniente de su hijo y sucesor Tāšufīn, convirtiéndose en el principal
baluarte de su ejército.
Hacia las mismas fechas en que comienzan a
manifestarse los problemas internos se reanudó la política expansiva de los
cristianos en la península Ibérica, siendo su principal baluarte el rey Alfonso
VII, quien contó con la ayuda del señor musulmán llamado Sayf al-Dawla,
Zafadola en las crónicas cristianas, último descendiente de los Hūdíes de
Zaragoza, refugiados en la inexpugnable fortaleza de Rueda. Con ello trataba de
explotar el creciente descontento de la población andalusí hacia el dominio
almorávide, convirtiendo a Zafadola en el símbolo de su resistencia. Dicho
descontento sería tanto más profundo cuanto menos capaces se demostrasen los
almorávides de defender a los musulmanes frente a los cristianos, a lo que
responde la política de hostigamiento y las campañas y cabalgadas realizadas
por el soberano castellano-leonés por tierras andalusíes.
La intensificación de la amenaza almohade y el
consiguiente traslado a Marruecos de Tāšufīn b. ‘Alī, hijo y futuro heredero
del emir ‘Alī, que se había encargado hasta entonces de dirigir la lucha frente
a los cristianos, marca el inicio del derrumbe almorávide en al-Andalus,
jalonado por las tomas de Oreja (1139) y Coria (1142) y el abandono de Albalat,
lo que significaba el desmantelamiento de las posiciones musulmanas en la
frontera del Tajo. De esta forma, el Imperio almorávide se veía acosado simultáneamente
por dos frentes, el almohade en Marruecos y el cristiano en la península.
El emir almorávide comenzó a dar síntomas de
enfermedad ya desde el año 530/1135-1136. Las crónicas afirman que en sus
últimos tiempos y ante la creciente gravedad de los problemas, ‘Alī b. Yūsuf
tendió progresivamente a desentenderse de los asuntos de gobierno y se
entregaba cada vez con más frecuencia e intensidad a la actividad religiosa, a
la que era tan dado, pasando las noches en prácticas devotas y ayunando durante
el día. Murió finalmente en Marrakech el 24 de raŷab de 537/11
de febrero de 1143, a la edad de 56 años, si bien su fallecimiento no se
anunció públicamente hasta transcurridos tres meses.
En la práctica, su desaparición marca el final de la
dinastía almorávide, que sólo sobrevivió cuatro años más, de manera que sus
sucesores apenas ejercieron un poder efectivo. Debido a la muerte prematura del
príncipe heredero Sīr, ‘Alī fue sucedido por su hijo Tāšufīn, quien sólo
gobernó hasta 1145, y tras dos efímeros y casi nominales emires (Ibrāhīm e
Isḥāq b. ‘Alī), los almohades tomaban Marrakech en 1147 y ponían fin a al
gobierno almorávide de manera definitiva.
Bibliografía
R. Dozy, “Sur
l’expedition d’Alphonse le Batailleur contre l’Andalousie”, en R. Dozy, Recherches
sur l’Histoire et la Litterature de l’Espagne au Moyen Age, Leiden, E.
J. Brill, 1860, 2 vols., 2ª ed, I, págs. 343-360
F.
Codera, Decadencia y desaparición de los Almorávides en España,
Zaragoza, Tipografía de Comas Hermanos, 1899
A. Huici
Miranda, Colección de crónicas árabes de la Reconquista, Tetuán,
Instituto General Franco, 1952
“La batalla de
Uclés y la muerte del infante don Sancho (1108)”, en Tamuda, 2
(1954), págs. 259-286
J. Bosch
Vilà, Los almorávides, Tetuán, Editora Marroquí, 1956, págs. 99-103
(col. Instituto General Franco de estudios e investigación hispano-árabe)
A. Huici
Miranda, Historia política del Imperio almohade, Tetuán, Editora
Marroquí, 1956-1957, 2 vols. (col. Instituto General Franco de estudios e
investigación hispano-árabe)
“‘Alī b. Yūsuf
y sus empresas en al-Andalus”, en Tamuda, VII (1959), págs. 77-127
“El Rawḍ
al-qirtās y los almorávides”, Hesperis-Tamuda, I, 3
(1960), págs. 515-541
V. Lagardère,
“Communautés mozarabes et pouvoir almoravide en 519 H./1125 en Andalus”, Studia
Islamica, 67 (1988), págs. 99-119
Les
almoravides jusqu’au règne de Yūsuf b. Tāšfīn (1039-1106), París, L'Harmattan, 1989
D. Serrano,
“Dos fetuas sobre la expulsión de mozárabes al Magreb en 1126”, en Anaquel
de Estudios Árabes, 2 (1991), págs. 163-182
M.ª J. Viguera
Molins (coord.), El retroceso territorial de al-Andalus. Almorávides y
almohades (siglos XI al XIII), t. VIII/2 de Historia de España
Menéndez Pidal, Madrid, Espasa Calpe, 1997
V.
Lagardère, Les almoravides. Le djihâd andalou, París, L'Harmarran,
histoire et perspectives méditerranéennes, 1998
F. García
Fitz, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa
frente al Islam (siglos XI-XIII), Sevilla, Secretariado de Publicaciones,
Universidad de Sevilla, 2002
H. T. Norris y
P. Chalmeta, “Al-Murābiṭūn”, en VV. AA., Encyclopédie de l’Islam,
vol. VII, Leiden, E. J. Brill, 2007, págs. 584-591.
Autor/es
- Alejandro
García Sanjuán
‘Alī b. Yūsuf
b. Tāšufīn. Ceuta (Ciudad Autónoma de Ceuta), 476 H./1083 C. – Marrakech
(Marruecos), 24 de raŷab de 537 H./11.II.1143 C. Segundo emir
almorávide de al-Andalus.
Emir almorávide
Biografía
‘Alī b. Yūsuf b. Tāšufīn nació en Ceuta, fruto de la
relación de Yūsuf b. Tāšufīn con una concubina cristiana llamada Fā’iḏ al-Ḥusn.
Se ignora el lugar que ocupaba entre la descendencia de su padre, aunque no era
su primogénito, pues entre los almorávides seguía vigente un cierto carácter
electivo que obligaba al gobernante a consultar a los principales jeques la
idoneidad de los distintos candidatos al poder soberano. ‘Alī fue proclamado
oficialmente como heredero en Marrakech en 1102 y posteriormente en Córdoba en
1103, con motivo del quinto y último viaje de Yūsuf b. Tāšufīn a al-Andalus. Al
igual que su padre, gobernó con el título de “príncipe de los musulmanes”,
aunque no llegó a obtener el reconocimiento oficial del califa abasí.
‘Alī accedió al poder a la edad de veintidós años,
ejerciéndolo durante largo tiempo, durante casi cuatro décadas, de forma que el
grueso de la Historia del Imperio almorávide la integran los más de ochenta
años durante los cuales él y su padre Yūsuf b. Tāšufīn ejercieron el poder. En
su largo período de gobierno cabe distinguir dos etapas claramente
diferenciadas y marcadas por signos opuestos, la inicial, más breve, señalada
por los éxitos, y una larga etapa, que abarca las tres últimas décadas, durante
las cuales los problemas internos y externos fueron la tónica dominante,
suponiendo el inicio del declive del Imperio almorávide.
Durante los primeros quince años posteriores a su
proclamación, ‘Alī supo continuar la trayectoria política de su padre, siendo
capaz de continuar su tarea expansiva, de tal forma que, bajo su gobierno, el
Imperio almorávide alcanzó su máxima extensión territorial. Al igual que hizo
Yūsuf b. Tāšufīn, convirtió la lucha frente a los cristianos en la península
Ibérica en una de sus principales prioridades políticas y obtuvo ante ellos
importantes éxitos. Sin embargo, aunque sus primeros años de gobierno suponen
el apogeo del poder almorávide, la segunda etapa dio lugar al inicio de su
decadencia política, provocada por la doble actuación del naciente movimiento
almohade en los territorios magrebíes y el renovado empuje de los cristianos en
la península, a lo que se debe añadir el descontento de la propia población
andalusí.
La primera fase del gobierno de ‘Alī está marcada por
el signo del éxito, llevando a sus máximas cotas el apogeo de la dinastía
almorávide. El escenario de sus principales victorias fue la península Ibérica,
donde, al igual que su padre, actuó personalmente en varias ocasiones. Su
primer desplazamiento tuvo lugar en julio-agosto de 1107, dirigiéndose a
Algeciras con la única finalidad de recibir el reconocimiento de los andalusíes
y tomar las primeras decisiones sobre futuras acciones frente a los cristianos.
A partir de este momento tuvieron lugar sus dos principales éxitos, la victoria
ante Alfonso VI en Uclés y la anexión de los últimos territorios musulmanes que
permanecían independientes del poder de los almorávides, la taifa de Zaragoza y
las islas Baleares.
La victoriosa política inicial de ‘Alī frente a los
cristianos se vio favorecida por la situación de crisis por la que atravesó el
reino castellano-leonés desde la muerte de Alfonso VI en 1109 hasta 1126, año
de la proclamación de Alfonso VII, quien hasta 1131 no pacificó completamente
el país. En estas circunstancias, tras las obtenidas por su padre en Sagrajas
(1086) y Consuegra (1097), ‘Alī se cobró la tercera gran victoria almorávide
sobre el ya anciano Alfonso VI, siempre derrotado frente a los beréberes, si
bien el emir no participó directamente en la campaña, siendo las fuerzas
musulmanas dirigidas por su hermano mayor Tamīm b. Yūsuf, gobernador almorávide
de al-Andalus. El gran objetivo era la recuperación de Toledo y el encuentro se
produjo el 14 de šawwāl de 501/27 de mayo de 1108 en Uclés,
principal baluarte defensivo cristiano en la línea del Tajo, que cayó en manos
musulmanas. El castigo sobre el Rey castellano-leonés fue doble pues, además,
la derrota fue acompañada de la muerte de Sancho, su hijo y heredero. La toma
de Uclés posibilitó, además, la recuperación de las fortalezas de Ocaña, Huete
y Cuenca, reforzando las posibilidades de volver a conquistar Toledo.
Este objetivo fue el que determinó, al año siguiente,
la segunda venida del emir a al-Andalus para dirigir su primera campaña
militar, siendo su presencia el mejor testigo de la importancia política y
militar otorgada a esta empresa. Los almorávides lograron tomar la fortaleza de
Talavera, pero Álvar Fáñez se hizo fuerte en la capital del Tajo y el emir hubo
de retirarse tras un mes de asedio sin lograr su objetivo.
Tras el fracaso de la toma de Toledo, la segunda
acción exitosa del gobierno de ‘Alī fue la conquista de la taifa de Zaragoza,
que seguía siendo tributaria de Alfonso VI, poniendo fin al último de los
reinos surgidos a comienzos del siglo XI de la desmembración del califato
omeya. La ocasión propicia fue la muerte del soberano al-Musta‘īn en 1110, cuyo
hijo y sucesor no congregó el apoyo de todos los sectores, imponiéndose la
facción partidaria de la anexión a los almorávides. El 30 de mayo del citado año
se producía la ocupación de Zaragoza. A ello se añadió, cinco años después, la
obtención del control directo sobre las Baleares, donde hasta entonces
gobernaba un antiguo cliente del señor de Denia. Aprovechando su muerte, los
catalanes ocuparon por un momento las islas, pero la presencia de la escuadra
almorávide los hizo huir precipitadamente, convirtiéndose, desde entonces, en
una porción más del Imperio.
La ocupación de Zaragoza y de las Baleares poseen una
fuerte carga simbólica, pues significa el momento de máxima expansión
territorial del Imperio almorávide, que, en ese momento, unificaba los
territorios magrebíes y peninsulares, desde el valle del Ebro hasta el Níger.
Motivado por estos éxitos, que reforzaban su poder al
convertirlo en la única autoridad islámica de la península, ‘Alī cruzó por
tercera vez a al-Andalus en 1117 con la intención de volver a dirigir el ŷihād contra
los cristianos. Su campaña, sin embargo, no fue exitosa, ya que, aunque logró
la recuperación de Coimbra, al cabo de pocas semanas la ciudad fue abandonada.
El fracaso de esta campaña anunciaba el inicio del declive almorávide y marca
el inicio de la segunda fase, que abarca la mayor parte de su gobierno. El
primer descalabro importante fue la pérdida de Zaragoza (18 de diciembre de
1118), segundo núcleo urbano relevante, tras Toledo, que pasaba a manos de los
cristianos, y primera pérdida territorial de los almorávides en la península.
Como afirma J. Bosch, Zaragoza y el año 1118 marcan el primer eslabón del
declive que acabará por llevar a los almorávides a su ruina.
Por esos mismos años comenzó a manifestarse un
fenómeno que ya venía de atrás, si bien los éxitos de los almorávides frente a
los cristianos habían provocado que permaneciese en estado latente. Se trata
del rechazo de la población andalusí al dominio político de los almorávides, en
parte producido por el fuerte contraste social y cultural existente entre la
sociedad autóctona y los beréberes norteafricanos, que convertía a estos en una
casta gobernante escasamente identificada con sus gobernados. La primera
manifestación de este fenómeno fue la revuelta de Córdoba de 1121, provocada
por un incidente puntual entre un miembro de las milicias almorávides y una
mujer cordobesa, que acabó con la expulsión del gobernador local y el saqueo de
su palacio. El emir ‘Alī no dudó en enviar un contingente contra la capital
cordobesa, pero la intervención de los alfaquíes cordobeses, que defendieron la
postura de sus conciudadanos, impidió que el asunto acabase en un baño de
sangre, dado el gran respeto de los emires almorávides a las opiniones de los
juristas mālikíes.
Hacia la misma época tuvo lugar una de las más claras
manifestaciones del poder del rey Alfonso I de Aragón, quien entre 1125-1126 y
durante quince meses realizó una profunda incursión por el territorio musulmán
sin que los almorávides fuesen capaces de repeler su presencia. Con un
contingente de unos cuatro mil caballeros y descendiendo por el Levante se
dirigió a Granada, que no logró tomar, desde donde se encaminó a la campiña de
Córdoba, en pleno corazón del dominio musulmán, donde derrotó a las tropas de
Tamīm en marzo de 1126 cerca de Lucena (Córdoba). Pese a esta demostración de
fuerza, los cristianos aún no estaban en condiciones de mantener posiciones tan
avanzadas en el territorio musulmán, por lo que Alfonso I regresó a sus bases
de partida, siendo acompañado por un importante contingente de pobladores
cristianos, que regresaron junto a él a Aragón.
Aparte de poner de manifiesto la notoria debilidad
almorávide, esta incursión tuvo graves consecuencias respecto a la población
cristiana del Sur de al-Andalus, los mozárabes. Un dictamen jurídico o fetua
del eminente alfaquí cordobés Ibn Rušd, abuelo del célebre filósofo Averroes,
sirvió de justificación legal para la deportación de muchos cristianos al Norte
de África bajo la acusación de haber suscitado y apoyado la expedición del rey
aragonés, rompiendo, así, el pacto que los unía al Estado musulmán como
“protegidos”.
La primera manifestación de descontento de la
población andalusí ante el dominio almorávide y el incremento de la presión de
los cristianos son fenómenos coetáneos a los primeros inicios del movimiento
que habrá de acabar provocando el hundimiento del Imperio almorávide. Hacia
1120 llega a Marrakech Ibn Tūmart, ideólogo y fundador del movimiento almohade,
que en poco tiempo aglutinó en torno suyo un amplio grupo de seguidores,
produciendo la aparición de un foco de disidencia interna que se convertirá en
el principal problema del emir ‘Alī b. Yūsuf. La progresión de los almohades
fue vertiginosa, pues ya en abril de 1130 Ibn Tūmart estaban en condiciones de
plantearse el asalto de la capital almorávide, a la que sometió a asedio,
encabezando su defensa el propio emir, que finalmente pudo poner en fuga a los
asaltantes, quienes se retiraron sufriendo una severa derrota. A los pocos
meses se produjo la muerte del propio Ibn Tūmart en su santuario de Tinmelal,
siendo sucedido por ‘Abd al-Mu’min, quien, a la larga, sería el encargado de
liquidar el gobierno de la dinastía almorávide.
A partir de 1132, tras la proclamación como califa
almohade de ‘Abd al-Mu’min, se inicia el proceso de lucha encarnizada entre
almorávides y almohades, que culminará quince años después con la caída de
Marrakech. Durante esos años se produce la progresiva pérdida de territorios
por parte del emir ‘Alī b. Yūsuf, incapaz de detener el avance de los
almohades. Fue en esta época, al convertirse la lucha contra los almohades en
la principal preocupación del emir almorávide, cuando surge la figura de
Reverter, el caballero catalán que actuó al servicio de ‘Alī b. Yūsuf y fue el
lugarteniente de su hijo y sucesor Tāšufīn, convirtiéndose en el principal
baluarte de su ejército.
Hacia las mismas fechas en que comienzan a
manifestarse los problemas internos se reanudó la política expansiva de los
cristianos en la península Ibérica, siendo su principal baluarte el rey Alfonso
VII, quien contó con la ayuda del señor musulmán llamado Sayf al-Dawla,
Zafadola en las crónicas cristianas, último descendiente de los Hūdíes de
Zaragoza, refugiados en la inexpugnable fortaleza de Rueda. Con ello trataba de
explotar el creciente descontento de la población andalusí hacia el dominio
almorávide, convirtiendo a Zafadola en el símbolo de su resistencia. Dicho
descontento sería tanto más profundo cuanto menos capaces se demostrasen los
almorávides de defender a los musulmanes frente a los cristianos, a lo que
responde la política de hostigamiento y las campañas y cabalgadas realizadas
por el soberano castellano-leonés por tierras andalusíes.
La intensificación de la amenaza almohade y el
consiguiente traslado a Marruecos de Tāšufīn b. ‘Alī, hijo y futuro heredero
del emir ‘Alī, que se había encargado hasta entonces de dirigir la lucha frente
a los cristianos, marca el inicio del derrumbe almorávide en al-Andalus,
jalonado por las tomas de Oreja (1139) y Coria (1142) y el abandono de Albalat,
lo que significaba el desmantelamiento de las posiciones musulmanas en la
frontera del Tajo. De esta forma, el Imperio almorávide se veía acosado simultáneamente
por dos frentes, el almohade en Marruecos y el cristiano en la península.
El emir almorávide comenzó a dar síntomas de
enfermedad ya desde el año 530/1135-1136. Las crónicas afirman que en sus
últimos tiempos y ante la creciente gravedad de los problemas, ‘Alī b. Yūsuf
tendió progresivamente a desentenderse de los asuntos de gobierno y se
entregaba cada vez con más frecuencia e intensidad a la actividad religiosa, a
la que era tan dado, pasando las noches en prácticas devotas y ayunando durante
el día. Murió finalmente en Marrakech el 24 de raŷab de 537/11
de febrero de 1143, a la edad de 56 años, si bien su fallecimiento no se
anunció públicamente hasta transcurridos tres meses.
En la práctica, su desaparición marca el final de la
dinastía almorávide, que sólo sobrevivió cuatro años más, de manera que sus
sucesores apenas ejercieron un poder efectivo. Debido a la muerte prematura del
príncipe heredero Sīr, ‘Alī fue sucedido por su hijo Tāšufīn, quien sólo
gobernó hasta 1145, y tras dos efímeros y casi nominales emires (Ibrāhīm e
Isḥāq b. ‘Alī), los almohades tomaban Marrakech en 1147 y ponían fin a al
gobierno almorávide de manera definitiva.
Bibliografía
R. Dozy, “Sur
l’expedition d’Alphonse le Batailleur contre l’Andalousie”, en R. Dozy, Recherches
sur l’Histoire et la Litterature de l’Espagne au Moyen Age, Leiden, E.
J. Brill, 1860, 2 vols., 2ª ed, I, págs. 343-360
F.
Codera, Decadencia y desaparición de los Almorávides en España,
Zaragoza, Tipografía de Comas Hermanos, 1899
A. Huici
Miranda, Colección de crónicas árabes de la Reconquista, Tetuán,
Instituto General Franco, 1952
“La batalla de
Uclés y la muerte del infante don Sancho (1108)”, en Tamuda, 2
(1954), págs. 259-286
J. Bosch
Vilà, Los almorávides, Tetuán, Editora Marroquí, 1956, págs. 99-103
(col. Instituto General Franco de estudios e investigación hispano-árabe)
A. Huici
Miranda, Historia política del Imperio almohade, Tetuán, Editora
Marroquí, 1956-1957, 2 vols. (col. Instituto General Franco de estudios e
investigación hispano-árabe)
“‘Alī b. Yūsuf
y sus empresas en al-Andalus”, en Tamuda, VII (1959), págs. 77-127
“El Rawḍ
al-qirtās y los almorávides”, Hesperis-Tamuda, I, 3
(1960), págs. 515-541
V. Lagardère,
“Communautés mozarabes et pouvoir almoravide en 519 H./1125 en Andalus”, Studia
Islamica, 67 (1988), págs. 99-119
Les
almoravides jusqu’au règne de Yūsuf b. Tāšfīn (1039-1106), París, L'Harmattan, 1989
D. Serrano,
“Dos fetuas sobre la expulsión de mozárabes al Magreb en 1126”, en Anaquel
de Estudios Árabes, 2 (1991), págs. 163-182
M.ª J. Viguera
Molins (coord.), El retroceso territorial de al-Andalus. Almorávides y
almohades (siglos XI al XIII), t. VIII/2 de Historia de España
Menéndez Pidal, Madrid, Espasa Calpe, 1997
V.
Lagardère, Les almoravides. Le djihâd andalou, París, L'Harmarran,
histoire et perspectives méditerranéennes, 1998
F. García
Fitz, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa
frente al Islam (siglos XI-XIII), Sevilla, Secretariado de Publicaciones,
Universidad de Sevilla, 2002
H. T. Norris y
P. Chalmeta, “Al-Murābiṭūn”, en VV. AA., Encyclopédie de l’Islam,
vol. VII, Leiden, E. J. Brill, 2007, págs. 584-591.
Autor/es
- Alejandro
García Sanjuán
No hay comentarios:
Publicar un comentario