domingo, 6 de mayo de 2012

Historia crisol 3 culturas en al-Ándalus. Al-Ándalus: 800 años de convivencia intercultural



AL ANDALUS: 800 AÑOS DE CONVIVENCIA INTERCULTURAL





Cuando se habla de España y el Islam, se suele hacer referencia a un concepto con claro significado religioso y a otro con contenido muy directo, de carácter lingüístico. Se habla así, de España musulmana o de España árabe. Sin embargo, en términos populares, con significado antropológico físico en primer lugar, se habla de la España mora. La palabra castellana moro, viene, sin duda, del latín "maurus", y del griego "mávros", que significa "oscuro", "negro". Escritores latinos como Juvenal (60-140) y Lucano (39-65) mencionan a los mauros, también conocidos como númidas, que constituían en tiempos de lugurta (160-104) un pueblo caracterizado por su energía física y belicosidad. Recordemos a la famosa caballería númida empleada por los cartagineses en las guerras púnicas. La designación étnica en suma, es muy antigua y al principio no tuvo el carácter peyorativo, como lo adquirió después.


Parece claro que la palabra "morisco" se forma como "berberisco", y es un diminutivo cariñoso que más tarde se empleó para identificar a los hispano-musulmanes que permanecieron en la Península luego de la caída de Granada. Otros sinónimos son moruno, morería, almoraima, etc. La acepción de beréber, que es otra forma de llamar a los moros, está relacionada con la denominación utilizada por griegos y romanos para designar a los pueblos extranjeros: bárbaros. En la antigüedad clásica el norte de Africa era conocido como Berbería o país de los beréberes. El país de los mauros o mauritanos se conocía como Mauritania, que luego fue provincia romana y hoy es un estado islámico.


Los musulmanes de los siglos VII, VIII y IX aplicaron el nombre de Al Andalus a todas aquellas tierras que habían formado parte del reino visigodo: la Península Ibérica, la Septimanía francesa y las Islas Baleares. En un sentido más estricto, Al Andalus comprenderá la parte de aquellos territorios administrados por el Islam. Conforme avanzaba la conquista cristiana, su extensión se iba reduciendo progresivamente y a partir del siglo XIII designó exclusivamente al reino nazarí de Granada. La prolongada resistencia musulmana granadina contra las incursiones castellano-aragonesas permitirá que se fije el nombre de Al Andalus y se perpetúe en el actual de Andalucía.


El islamólogo holandés Reinhart Dozy (1.820-1.883), autor de la famosa obra "Historia de los musulmanes de España", impulsó la teoría que fue apoyada por muchos historiadores modernos según la cual el nombre de Al Andalus está relacionado con los Vándalos, suponiendo sin ningún fundamento que la Bética pudo llamarse en alguna ocasión Vandalicia o Vandalucía.


Nosotros compartimos la opinión del eminente filólogo español don Joaquín Vallvé, vertida en su trabajo erudito "La división territorial de la España musulmana". Éste dice que la expresión árabe Yazirat al Andalus (isla de Al Andalus) (1) es una traducción pura y simple de "isla del Atlántico" o "Atlántida" (2). Los textos musulmanes que dan las primeras noticias de la isla de Al Andalus y del mar de Al Andalus, se clarifican extraordinariamente si sustituimos dichas expresiones por isla de los Atlantes o Atlántida y por mar Atlántico. Lo mismo podernos decir del tema de Hércules y las Amazonas, cuya isla, según los comentaristas musulmanes de estas leyendas grecolatinas estaba situada en el Yauf al Andalus, lo cual cabe interpretar como "al norte o en el interior del Mar Atlántico".


La entrada de los musulmanes en la Península


La cuestión de cómo y por qué entraron los musulmanes en la Península Ibérica estuvo sustentada durante muchos siglos por mitos, leyendas y relatos históricos sumamente parciales. Gracias a la labor encomiable e imparcial de estudiosos e investigadores españoles como don Américo Castro (1.885-1.972), Julián Ribera (1.858-1.934), Julio Caro Baroja (1914-1995), y Juan Goytisolo (nacido en 1.931), hemos podido reconstruir una historia que se creía perdida para siempre. Por ejemplo, Ribera ha descubierto gran cantidad de interesante información en la crónica de Ibn Al Qutiyya, un historiador hispano-musulmán descendiente de los príncipes visigodos, cuyo nombre significa descendiente de la Goda. El análisis de los toponimios está rindiendo poco a poco información útil, y recientemente se ha podido demostrar así con casi total certeza que muchos de los beréberes que llegaron a España con los árabes musulmanes eran aun cristianos y luego, más tarde, se islamizaron.


La historia de la España musulmana comienza en el año 711, a finales de abril en que Tariq Ibn Ziad, a la cabeza de un ejército de siete mil hombres en el que domina la etnia beréber de la que él forma parte (los árabes eran menos de 300), cruza el estrecho que llevará a partir de entonces su nombre, para desembarcar en la Península Ibérica. El contingente islamo-beréber hizo la travesía a bordo de la flota del conde Don Julián, el antiguo gobernador cristiano de Ceuta que se había puesto al servicio del gobernador musulmán de la Ifriqiyah, Musa lbn Nusair, con sede en Qairauan (hoy Tunicia).


Ahora hay algo clave para contárabe: Por un lado, el conde Don Julián era un cristiano unitario, es decir un monoteísta puro, que adhería a las enseñanzas de los cristianos primitivos y de los llamados Padres y Doctores de la Iglesia, como Orígenes (185-254), Clemente de Alejandría (m. 215), Tertuliano (155-220) y Justino Mártir (100-165), y especialmente al obispo griego Arrio (256-336), nacido en Libia, todos ellos defensores de un acendrado monoteísmo que rechazaba la divinidad de Jesús. La doctrina de la Trinidad, recordemos, fue instaurada en la Iglesia Católica recién a partir del Primer Concilio de Nicea, en 325, y, produjo un gran cisma entre los cristianos de oriente, partidarios del monoteísmo, y los obispos occidentales liderados por Osio (257-358) que a través del llamado pacto constantiniano monopolizaron desde entonces la orientación y el poder de la Iglesia. El historiador español Ignacio Olagüe explica en su obra "La Revolución Islámica en Occidente", que a partir de entonces "la doctrina trinitaria fue impuesta a hierro y fuego" por todo el norte de Africa y la Península Ibérica. Eso también explica la relativa facilidad con que los musulmanes avanzaran por esas regiones, y la hospitalidad con que fueron recibidos, particularmente la de los beréberes. Luego de consolidar su dominio en la lfriqiyah (Tunicia) hacia el 670, en 701 alcanzaron el extremo occidental del Magrib (3) y en 708 entraron en Tánger.


Respecto a Musa Ibn Nusair, el historiador musulmán almohade Ibn al Kardabus, del siglo XII, nos dice que pertenecía a la escuela de pensamiento shi"i. Su padre había sido Nusair al Bakri, nacido en 640, a quien el fundador de la dinastía omeya, Mu"awyah Ibn Abu Sufián había conferido el mando de su guardia, pero él se negó a combatir contra el cuarto califa, "Ali Ibn Abu Talib (600-661). Musa Ibn Nusair haría la alianza con el arriano conde Don Julián, señor de Tánger y Ceuta. Así, en 710 envió a su lugarteniente Tarif con 500 hombres a ocupar el saliente sur de la Península donde la ciudad de Tarifa lleva su nombre y a la cual impuso un pesado tributo, o sea "la tarifa", para castigar los excesos de la gobernación visigoda contra los cristianos arrianos de la región. Vale aquí puntualizar que la población mayoritaria de la Península adhería a los principios unitarios y al arrianismo. Por el contrario, la corte y el clero visigodo respondían a los dictados de Roma y al dogma trinitarlo. La oligarquía visigoda con sede en Toledo explotaba y oprimía hasta los más crueles extremos a sus súbditos arrianos. El profesor Olagüe en la obra ya citada, muy recomendable ciertamente, brinda pormenorizados detalles de este asunto.


Volviendo a nuestro tema anterior del cruce de Taríq, éste al frente de sus hombres desembarcó en las cercanías del famoso peñón al que se dio su nombre: Yabal al Tariq, "Monte de Tariq", es decir, Gibraltárabe: El 19 de julio de ese mismo año, por las orillas del río Guadalete, logra una victoria decisiva sobre el rey visigodo Don Rodrigo. Un mes más tarde, su lugarteniente Mughit ar Rumi cerca la ciudad de Córdoba. Dice Haim Zafrani en su obra "Los judíos del Occidente Musulmán": "Durante el asedio, los judíos se encierran en sus hogares esperando impacientemente el desenlace. Contrariamente a lo que sienten por los godos y su clero, no temen en absoluto la llegada de los musulmanes en los que tienen puestas todas sus esperanzas, pues no olvidan que los reyes visigodos los han oprimido despiadadamente. Sirviéndose de estratagemas, los judíos -según narran los historiadores musulmanes y cristianos- contribuyeron a facilitar la entrada del ejército islámico a la ciudad, celebrando su victoria. Mughit los tomó a su servicio, confiándoles la guardia de la ciudad. Lo mismo ocurrió en Toledo, y en Sevilla, donde Musa Ibn Nusair dejó una guarnición judía para mantener el orden".


A partir de entonces, España entra en el seno de Dar al Islam, (la Casa del Islam), y los cristianos arrianos y judíos se integran armoniosamente en el estado musulmán que se va forjando. Así, los judíos españoles, al convertirse en miembros de un dominio que se extiende desde el Atlántico hasta la China, se reencuentran con sus hermanos de las demás comunidades judías de Oriente y de Africa del Norte, reanudando sus lazos socio-culturales y económicos. Por otra parte, los cristianos unitarios españoles consolidan y reafirman su identidad monoteísta junto con sus hermanos en la fe, musulmanes y judíos. Esta explicación de los orígenes de la España musulmana, tal vez un tanto extensa para el reducido tiempo que tenemos, la creemos necesaria para contrarrestar la historia oficial que sin fuentes ni argumentos serios afirma que España fue conquistada a sangre y fuego por los musulmanes.


Como hemos visto, la población nativa mayoritarianiente arriana y la numerosa comunidad judía recibieron a los musulmanes como libertadores y comulgaron con su fe, costumbres y tradiciones, que eran prácticamente las mismas que ellos tenían. El pueblo iberoromano, no se puede hablar de pueblo español en esa época, fue más bien cómplice que conquistado. Además, en menos de una generación, los musulmanes bereberes y árabes se integraron completamente a la población autóctona a través de múltiples matrimonios mixtos, ya que la inmensa mayoría había llegado a España sin mujeres.


Como mejor prueba de lo que aseveramos, se puede decir que los musulmanes pacificaron la Península en menos de dos años y establecieron un estado islámico integrado por cristianos y judíos que llegó a durar casi ocho siglos, hasta 1.492. Recordemos que los fenicios y cartagineses habían tratado infructuosamente de sojuzgar a los béticos y celtíberos durante cuatro siglos, y los romanos durante casi seis, provocando espantosas matanzas como aquella de la heroica Numancia, la cual resistió durante 20 años su asedio y fue destruida por las legiones de Escipión Emiliano (185-129 a.C.). Los musulmanes no destruyeron nada de lo que había, sino que reconstruyeron las antiguas obras dejadas por los romanos, como puentes y acueductos, erigiendo una "cultura del agua", y construyeron monumentos maravillosos que han sobrevivido hasta nuestros días. Hoy se puede afirmar que el 80% de los quince millones de turistas que llegan anualmente a España tienen como meta principal visitar la Giralda -la torre-campanario que fuera el minarete de la mezquita mayor de Sevilla-, la Mezquita de Córdoba y el palacio-fortaleza de la Alhambra de Granada.


Tolerancia y convivencia


Pero más allá de las obras públicas y arquitectónicas, y los prodigios científicos y culturales de Al Andalus, lo que mejor caracteriza el legado hispano-musulmán es su espíritu de la tolerancia. Si hablamos de la tolerancia del Islam, no se trata de un tópico repetido con fines propagandísticos, sino de una experiencia y una realidad histórica irrefutable. En la llamada Edad de Oro del Islam, cuando el territorio musulmán se extendía de España hasta la China, entre los siglos VIII y XIV, convivían en su seno en un ambiente de libertad y mutuo respeto cristianos arrianos, nestorianos, monofisitas y coptos, judíos, budistas, zoroastrianos, maniquéos e hinduistas, cuyas creencias y tradiciciones eran garantizadas por el Islam por el estatuto de Ahl al Dhimma, es decir, la "Gente del Pacto". Esto es algo que el Islam puso en práctica hace más de 1.400 años y que Occidente a duras penas comenzó a llevarlo a cabo a mediados del siglo XX.


Y es precisamente uno de estos pactos, el firmado entre el godo Teodomiro, gobernador de Orihuela, y "Abdul "Aziz, el hijo de Musa lbn Nusair, el 5 de abril del año 713, el que conforma el documento más antiguo de la historia andalusi (ver Apéndice). En virtud de este tratado Teodomiro quedó como gobernador inamovible y Orihuela (la de Miguel Hernández) fue un estado autónomo durante muchos años. Cuando los musulmanes llegaron a la Península, traían un concepto absolutamente revolucionario basado en el Corán y la Sunnah o Tradición del Profeta Muhammad, por el cual se trataba a los seres humanos por igual, respetando sus derechos y propiedades. El pacto entre "Abdul "Aziz y Teodomiro prueba que hace 14 siglos el Islam no sólo respetaba los derechos humanos, que Occidente recién descubrió hace menos de 300 años, sino que tenía códigos y regulaciones que las propias Naciones Unidas no son capaces de aplicar a las puertas del siglo XXI. Por eso, vale remarcar aquí que ese concepto o idea sobre "el oscurantismo de la Edad Media" tan en boga en los medios de comunicación y en la lectura de los escritores posmodernos, es algo que compete a la historia de Occidente, pero no a la del Islam. Pongamos otro ejemplo muy conocido. Después de afirmar su posición en la Península, los musulmanes escalaron los Pirineos y entraron en Francia. En 732, entre Tours y Poitiers, dos mil kilómetros al norte de Gibraltar, y a 450 kilómetros de Londres y a menos de 200 de París, fue el punto más septentrional que alcanzaron esos predicadores carismáticos. En 735 entraron en Arlés y en 737 llegaron a Aviñón, el valle del Ródano y Lyon. Y aunque en 759 se vieron obligados a retirarse del mediodía francés, sus cuarenta años de circulación por aquellas tierras contribuyeron, en el Languedoc, a la insólita tolerancia de diversas creencias, la pintoresca alegría y el amor romántico y caballeresco que desde entonces caracterizó a los lugareños.


El esplendor del Califato de Córdoba


El califato de los Omeyas (661-750), con sede en Damasco, nunca dio a España el valor que tenía. Incluso cuando en 750 éste fue reemplazado por el califato de los Abbasíes (750-1100), con capital en Bagdad, el territorio era meramente conocido como "el distrito de Al Andalus", gobernado desde Qairauán. Los triunfantes abbasíes ordenaron la muerte de todos los príncipes omeyas. Abdur Rahman (731-788), nieto del califa Hisham Ibn "Abdul Malik (691-743), fue el único omeya que consiguió escapárabe: Perseguido de aldea en aldea, cruzó a nado el ancho Eufrates, pasó a Palestina, Egipto, lfriqiyah, Marruecos y Al Andalus. Así, en 756 fue proclamado califa de Córdoba iniciando uno de los períodos más ilustres de la historia del Islam. Hacia 777, Al Andalus fue invadida por el ejército de Carlomagno (742-814), pero los francos fueron frenados en las puertas de Zaragoza por los soldados de "Abdur Rahman y su retaguardia aniquilada por una alianza de vascos y musulmanes en Roncesvalles (778), donde cayó el paladín franco Roland o Roldán que dio lugar al cantar de gesta homónimo.


Los sucesores de "Abdur Rahman I, como Hisham I (788-796), Al Hakam II (796-822), "Abdur Rahman II (822-852), Muhammad I (852-886), Al Mundhir (886-888), "Abdullah (888-912), "Abdur Rahman III (912-961) y Al Hakain II al Mustansir, propiciaron un enorme desarrollo de las ciencias y las artes que sería la base de¡ llamado Renacimiento europeo. Los romanos habían construido en Córdoba un templo a Jano; los cristianos lo sustituyeron por una catedral; "Abdur Rahman I compró el terreno a los cristianos y edificó la famosa Mezquita que con el tiempo sería la más grande de todo el Islam y que ha llegado casi intacta hasta nuestros días. La mezquita original tenía diecinueve portales, con arcos de herradura elegantemente esculpidos con pétrea decoración floral y geométrica, los cuales conducían al Patio de las Abluciones, hoy Patio de los Naranjos. En este rectángulo, pavimentado con baldosas de colores, había cuatro fuentes, cada una tallada en un bloque de mármol tan grande que se habían necesitado setenta bueyes para su transporte desde la cantera. La sala de oración era un bosque de 1.290 colunmas, que dividían el interior en once naves principales y veintiuna secundarias. De los capiteles de las columnas partía una variedad de arcos, semicirculares, apuntados, de herradura, la mayoría con dovelas alternadamente rojas y blancas. El techo de madera estaba tallado en cartelas que ostentaban inscripciones, muchas de ellas coránicas. Colgaban de él 200 candelabros que sostenían 7.000 tazas de aceite perfumado que les llegaban de depósitos constituidos por campanas cristianas invertidas, también suspendidas del techo, El historiador musulmán argelino al Maqqari (1.591-1.632) considera a la Mezquita de Córdoba "el más bello templo del Islam en el mundo".


Los historiadores musulmanes nos pintan las ciudades andalusíes como colmenas de poetas, eruditos, juristas, médicos y científicos. Al Maqqari llena sesenta páginas con sus nombres. Como cifras ilustrativas del apogeo de Córdoba durante la época islámica se afirma que ésta llegó a tener casi un millón de habitantes (hoy tiene menos de 300 mil), con 1.836 mezquitas, 800 de las cuales estaban en el arrabal de Saqunda. El número de sus baños públicos era de 700, el de sus fondas y hospederías era de 1.600 y había además 30.452 tiendas y comercios. Las escuelas públicas sumaban 25. El circuito amurallado de la ciudad tenía una superficie de 2.690 Ha. Córdoba poseía un notable y revolucionario sistema de albañales y aguas corrientes, a lo que se sumaba una red de alumbrado público y un ingenioso método de irrigación de la vega circundante a través de norias y acequias que extraían el agua del río Guadalquivir (del árabe: uadi al kabir, "el río grande"). Debe destacarse que en esa época, a mediados del siglo X, París y Londres eran aldeas casi desconocidas, y la gran mayoría de las ciudades de la Europa no musulmana se hallaban en las más absolutas condiciones de insalubridad y primitivismo.


Al Andalus llegó a contar con setenta bibliotecas públicas, ya que casi todos allí sabían leer y escribir, mientras que en la Europa cristiana, a menos que pertenecieran al clero, no sabían.


La biblioteca del califa cordobés al Hakam II llegó a contener 400.000 tomos, 44 de los cuales formaban el catálogo de los restantes. Y al Hakam los había leído todos. Un manuscrito andalusí en papel de algodón que hoy guarda la biblioteca del Escorial, del año 1.009, prueba que los musulmanes fueron los primeros en sustituir el pergamino por el papel. Las bibliotecas de la Europa no musulmana tenían menos de cien libros en esa época.


Había centenares de teólogos y gramáticos; los retóricos, filólogos, lexicógrafos, antologistas, historiadores, biógrafos eran legión. Ibn Hazm (994-1.064), el famoso autor de "El collar de la paloma", además de servir como visir (ministro) a los últimos califas cordobeses, era teólogo, exégeta del Corán e historiador de gran erudición. Su "Libro de las religiones y sectas", donde se discute el judaísmo, mazdeísmo, cristianismo y las principales escuelas de pensamiento del Islam, es uno de los primeros ensayos del mundo sobre religiones comparadas.


A pesar de esta bonanza, el califato cordobés se vio involucrado en una guerra civil que determinó su caída hacia 1.031. La España musulmana se desintegró en veintitrés taifas o ciudades-estados, demasiado atareadas con sus intrigas y luchas mezquinas para detener la gradual absorción de Al Andalus por castellanos y aragoneses. Irónicamente, cada avance de los cristianos sobre Al Andalus dejaba entrar una ola de literatura, ciencia, filosofía y arte islámico en la cristiandad. Así la captura de Toledo en 1.085 hizo adelantar inmensamente los conocimientos de los cristianos en astronomía y reveló la doctrina coránica de la esfericidad de la tierra 400 años antes de Colón. Y aquí hay que destacar el mecenazgo y la protección de este legado por Alfonso X el Sabio (véase, Francisco Marquez Villanueva: "El legado alfonsí". Madrid, 1.996).


El faro de Europa


Al Andalus contribuiría con más de mil traducciones de los clásicos griegos al árabe, luego llevadas al latín por eruditos cristianos visitantes de la España musulmana, como Gerberto de Aurillac (938-1.003), que luego fue el Papa Silvestre II; Adelardo de Bath (siglo XII), el viajero y filósofo inglés que tradujo del árabe los Elementos de Euclides; Miguel Escoto, el polímata de origen escocés, que llegó a Toledo en 1.217 y cuya primera traducción importante fue la "Esférica" de Abu Ishaq al Bitruji, el Alpetragius de los latinos, natural de Pedroche (cerca de Córdoba), que vivió en el siglo XII; y el eminente sabio y sacerdote inglés Roger Bacon (1.220-1.292), conocido como el Maestro Maravilloso (Doctor Mirabilis), quien hacia 1270 dijo: "La filosofía de Averroes -el filósofo y médico hispano musulmán Ibn Rushd (1.126-1.198)-, tiene actualmente el sufragio unánime de los doctos". Por éstas y otras afirmaciones en favor de la ciencia y la cultura del Islam, Bacon fue acusado de herejía por la Iglesia en 1278 y confinado de por vida.


Sobre otros grandes sabios andalusíes como Ibn Bayya (Avempace, 1.070-1.138), Ibn Tufail (1.110-1.185) e Ibn "Arabi de Murcia (1.165-1.240), recomendamos leer la obra de Miguel Cruz Hernández "Historia del pensamiento islámico", reeditada este año por Alianza en 3 volúmenes (Vol. 2: "El pensamiento de Al Andalus. Siglos IX-XIV").


La Europa cristiana recibió del Islam español alimentos y recetas de cocina, bebidas, fármacos y medicamentos, armas, heráldica, temas y gustos artísticos antes absolutamente desconocidos, artículos y técnicas industriales y comerciales, costumbres y códigos marítimos y a menudo palabras para estas cosas (el castellano tiene un 30% de términos derivados del árabe): naranja, limón, azúcar, jarabe, sorbete, julepe, elixir, jarra, azul, arabesco, sofá, muselina, bazar, caravana, tarifa, aduana, almacén, almirante, rambla, etc, etc. El juego de ajedrez llegó a Europa procedente de la India por la vía del Islam hispano, tomando las palabras persas en el camino; "Jaque mate" viene del persa shah mat, "el rey ha muerto". Algunos de los principales instrumentos utilizados más tarde en Occidente llevan en su nombre la prueba de su origen: laúd, guitarra, tambor, adufe. La Europa cristiana no fue invadida por alfanjes y cimitarras, sino por otros ignotos invasores como álgebra, cero, cifra, azimut, alambique, zenit, almanaque y astrolabio.


Las dinastías bereberes: Almorávides y Almohades


La pérdida de Toledo y la consecuente arremetida del rey de León y Castilla, Alfonso VI contra Al Andalus, hizo reflexionar a los príncipes de las taifas y pedir ayuda a una nueva dinastía bereber surgida en el Magrib, los almorávides o morabitos, que eran unos soldados místicos oriundos del sur marroquí. Su líder, Yusuf Ibn Tashufin, hombre de gran valor, piedad y prudencia, cruzó su ejército a través del estrecho y con los refuerzos recibidos en Málaga, Granada y Sevilla venció a las fuerzas de Alfonso en la batalla de Zalaca (23 de octubre de 1.086), cerca de Badajoz. Allí comenzó el gran renacimiento de Al Andalus que continuó con los califas de la dinastía de los almohades (al muahhidun: defensores del tauhid o monoteísmo). Los almohades fueron constructores entusiastas. Primero construyeron para la defensa y rodearon a sus ciudades más importantes con poderosas murallas y torres, como la Torre del Oro, una de un grupo de doce que guardaban al Guadalquivir en Sevilla. Luego erigieron el Alcázar en 1.181. El mismo califa Abu Yaqub Yusuf que empezó el Alcázar construyó en 1.171 la mezquita mayor de Sevilla, luego destruida por los cristianos victoriosos quienes edificaron en su lugar primero una iglesia (1.248) y luego la catedral gótica (1.401) que ha llegado hasta nuestros días. El califa almohade, para celebrar su victoria sobre Alfonso VIII de Castilla en la batalla de Alarcos (julio de 1.195), cerca de Ciudad Real, hizo erigir el magnífico alminar de la citada mezquita, torre que hoy conocemos por la Giralda (luego convertida en campanario de la catedral), y que fue terminada en 1.198. Su altura durante la época islámica era de 76 metros y el fulgor que despedían al sol las cuatro manzanas de bronce dorado de diámetro decreciente que coronaban el remate de la torre se podía divisar a 20 kilómetros de distancia y servía a los musulmanes de las comarcas aledañas como referencia para sus orientaciones hacia La Meca.


El reino nasrí o nazarí de Granada fue el único estado andalusí que sobrevivió al avance cristiano en el siglo XIII, luego de la derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (16 de julio de 1.212). Su fundador, Muhammad lbn Nasr al Ahmar ordenó en 1.239 la erección del edificio más famoso de España: la Alhambra, esto es, "La Roja" (árabe: al Hamra"), que luego se convertiría en la joya más hermosa del Islam en Europa y en una de las siete maravillas del mando moderno.


La España almohade se había quebrado en taifas que fueron conquistadas por los cristianos una a una: Córdoba en 1.236, Valencia en 1.238. Sevilla en 1.248. Los hostigados musulmanes se retiraron a Granada, donde la Sierra Nevada suministraba una defensa natural, y campos bien regados florecían en olivares y naranjales. Una sucesión de prudentes gobernantes sostuvo a Granada y sus dependencias: Jerez, Jaén, Almería y Málaga, contra repetidos ataques cristianos; revivieron el comercio y la industria, floreció el arte y las ciencias. El pequeño reino sobrevivió durante casi 260 años (1.232-1.492) como el último baluarte europeo de una civilización por la que Al Andalus, durante ocho siglos, fue un honor para la humanidad.


Mozárabes y Judíos


Son muy numerosos en un principio, los cristianos llamados mozárabes por sus compatriotas musulmanes -término que viene de musta"rab, es decir el "seudoárabe"-, puesto que en todo asemejaban a aquéllos, ya que hablaban, se vestían y vivían, en suma, de la misma manera; tan sólo eran distintos por la adscripción a otra religión. Más tarde, a partir del siglo X, muchos mozárabes se convierten al Islam, y son denominados muladíes (mual ladun), si son descendientes de matrimonios mixtos, y musalima, si se han convertido por propia convicción. Estos últimos serán cada día más, quedando los auténticos mozárabes como una minoría. El profundo respeto de la libertad religiosa contenido en la ley coránica permitió a los mozárabes gozar de una autonomía interna considerable. Administrativamente dependían de un "comes" de origen visigodo. La justicia se regía según leyes propias y los impuestos eran recaudados por un mozárabe, el "exceptor". Este espíritu de tolerancia hizo posible que mozárabes y judíos lograsen, sin demasiados obstáculos, cargos en la diplomacia, el ejército y el propio gobierno musulmán. En dos terrenos se manifiesta claramente la singularidad del estilo mozárabe: arquitectura e iluminación de manuscritos. Las características de las iglesias mozárabes, en las que se combinan elementos de la tradición visigótíca con influjos musulmanes, son los arcos de herradura, los capiteles de tipo corintio y elementos de decoración esculturada. La miniatura mozárabe, proyectada por el arte islámico, está considerada como una de las escuelas más originales de todas las que en esta especialidad produjo el arte medieval. Sobresalen ejemplares como los ilustrados del "Comentario del Apocalipsis" de Beato de Liébana (monje asturiano muerto en 798). Entre otros miniaturistas y calígrafos mozárabes, destacan Magius y Florencio.


Podemos juzgar de la atracción ejercida por el Islam en los cristianos por una carta de 1.311, que calcula la población musulmana de Granada en esa época en 200.000 habitantes, de los cuales todos menos 500 eran descendientes de cristianos convertidos al Islam (citado por Sir T. W. Arnold, "The Preaching of Islam", Nueva York, 1.913, pág. 144). Los cristianos a menudo declaraban preferir el gobierno musulmán al cristiano (citado por S. Lane-Poole, "Story of the Moors in Spain", Nueva York, 1889, pág. 47). Un autor cristiano de la época de "Abdur Rahman II, llamado Alvaro (siglo IX), en su manuscrito homónimo, dice lo siguiente: "Mís correligionarios se complacen en leer las poesías y las novelas de los árabes: estudian los escritos de los filósofos y teólogos musulmanes, no para refutarlos, sino para formarse una dicción arábiga correcta y elegante. ¡Ay!, todos los jóvenes cristianos que se distinguen por su talento, no conocen más que la lengua y literatura de los árabes, reúnen con grandes desembolsos inmensas bibliotecas, y publican dondequiera que aquella literatura es admirable. Habladles por el contrario, de libros cristianos, y os responderán con menosprecio que son indignos de atención. ¡Qué dolor!. Los cristianos han olvidado hasta su lengua, y apenas entre mil de nosotros se encontraría uno que sepa escribir como corresponde una carta latina a un amigo; pero si se trata de escribir árabe, encontrarás multitud de personas que se expresan en esta lengua con la mayor elegancia, desde el punto de vista artístico, a los de los mismos árabes" (de "El manuscrito de Alvaro, en la España Sagrada", por Flórez, Risco, etc. 2ª edición, 47 vols., Madrid, 1.754-1.850, págs. 273-275. Citado por R. Dozy, "Historia de los musulmanes de España", Turner, Madrid,1.984, Tomo 11, págs. 92 y 93).


Los judíos, como ya hemos visto, ocupan desde épocas tempranas importantes puestos en la administración y el gobierno andalusí. Ciudades como Lucena, Toledo, Córdoba y Granada, albergan importantes comunidades judías. Por ejemplo, Hasdai lbn Shaprut (915-975), médico famoso, hábil diplomático y gran traductor del griego al árabe, estuvo al servicio, en su calidad de visir (ministro), de "Abdur Rahman III, en Córdoba; Samuel Ibn Yusuf Halevi, conocido por los musulmanes por el nombre de Isma"iI lbn Nagrilah (993-1.056), llamado también Ha Nagid -el Príncipe-, fue también un gran sabio, poeta y ministro en la Granada de los ziríes hasta su muerte. Fue sucedido por su hijo Yusuf Ibn Nagrilah. Uno de los más celebérrimos del judaísmo y de Al Andalus fue el Rabí Moshe Ibn Maimón (1.135-1.204), en árabe Musa Ibn Maimun al Qurtubi ("el Cordobés"), el Maimónides de los latinos, médico, jurista, filósofo, un polígrafo por excelencia, que llegó a ser médico personal del liberador de Jerusalén, el sultán Salahuddín al Ayubi (1.137-1.193), nuestro Saladino. Maimónides junto con su conciudadano, colega y amigo Averroes, influyó notablemente en el pensamiento filosófico y religioso de la Europa cristiana, como por ejemplo en la Summa Teológica de Tomás de Aquino (1.224-1.274). Otros grandes sabios judíos andalusíes fueron el zaragozano Bahía Ibn Paqudah, moralista, cabalista y poeta (siglos XI-XII); el malagueño Salomón Ibn Gabirol (1.022-1.070), latinizado Avicebrón, poeta y filósofo; y el sevillano Ibn Sahl (1.212-1.251), notable poeta que se convirtió al Islam, destacándose en el estudio de las ciencias coránicas, llegando a ser secretario del gobernador de Ceuta. Podemos afirmar, sin temor a equivocamos, que Al Andalus no fue solamente la Edad de Oro del Islam, sino también del Judaísmo.


Mudéjares y Moriscos


Los mudéjares (del árabe: mudayyan = domesticado, domeñado), eran los musulmanes de los reinos hispanos medievales a quienes se les permitía quedarse en su lugar de residencia, bajo determinadas condiciones. Esta categoría comenzó a ser común a partir de la toma de Toledo en 1.085. A partir de ese momento existió la condición de mudéjar, pero no la denominación. En los documentos oficiales o privados, escritos en latín y en romance que hacen referencia a los mudéjares, se ignora absolutamente dicho término, se habla de forma imprecisa de moros o sarracenos. Las morerías y aljamas en ese tiempo van a ser algo así como ghettos de las ciudades cristianas, acentuándose con ello el aislamiento de los mudéjares. En el siglo XV, la política de los reyes de Castilla y Aragón se tornó violentamente represiva, especialmente con la llegada a Granada del cardenal inquisidor Francisco Jiménez de Cisneros (1.436-1.517). Cisneros impuso la cristianización de los musulmanes por la fuerza, inició persecuciones, ordenó la quema de ocho mil manuscritos islámicos en la puerta de Bibarrambla, en el acceso a la Alhambra, en 1.499, y expulsar a quienes no se convirtieran al cristianismo. Por esa época había dos clases de musulmanes: los unos eran mudéjares viejos, y los otros, los granadinos, nuevos o moriscos. El sociólogo, norteamericano Noam Chomsky, nos dice al respecto: "En1.492, la comunidad judía de España fue expulsada por la fuerza. Millones de moriscos tuvieron el mismo destino. En 1.492, la caída de Granada, que puso fin a ocho siglos de soberanía musulmana, permitió a la Inquisición española ampliar su bárbaro dominio. Los conquistadores destruyeron libros y manuscritos estimables, riquísimos testimonios del saber clásico, y destruyeron la civilización que había florecido bajo el dominio musulmán, mucho más tolerante y más culta. El camino quedó allanado para el declive de España, y también para el racismo y la brutalidad de la conquista del mundo" (Noam Chomsky, "Año 501: La conquista continúa", Libertarlas, Madrid, 1.993, pág. 12). Los conquistadores españoles repetirían esos crímenes en América contra las espléndidas y sapientísimas culturas indígenas mesoamericanas, como en el caso de la destrucción de los códices mayas por Fray Diego de Landa (1.524-1.579).


El mudejarismo será el movimiento artístico hispanomusulmán bajo dominio cristiano, que florecerá en España desde el siglo XIII al XVI, y en sus colonias hasta principios del XIX con la denominación de "Colonial". Hoy día, podemos apreciar las iglesias mudéjares a lo largo y a lo ancho de toda América Latina, desde Cuba hasta el norte argentino, como la bellísima catedral de la Virgen de la Candelaria, en la población de Copacabana a orillas del Lago Titicaca, a más de 3.800 metros sobre el nivel del mar, construida entre 1.610 y 1.620.


Viajeros y poetas andalusíes


El término arábigo rihla significa "viaje, periplo, itinerario, relato de viaje". En el siglo XII aparece algo nuevo en las letras islámicas, el género de la rihla que ocupará un destacado lugar, cuyo valor e interés radica más en su naturaleza de documento histórico que en su aspecto literario. La causa de esta aparición se debió al importante flujo de viajeros y peregrinos andalusíes que se trasladaban desde la Península y el Magrib hacia La Meca y otras ciudades santas del Islam. Es muy famosa la rihla del tangerino lbn Battutta (1.304-1.377), quien estuvo viajando por más de veinticinco años desde Al Andalus hasta la China, visitando las ciudades y los pueblos de casi todo el mundo islámico. Sin embargo, la rihla por excelencia, por su contenido literario y seriedad histórica, es la del valenciano Ibn Yubair (1.145-1.217), que pereció en uno de sus viajes. Hubo otras rihlas muy interesantes que tuvieron como protagonistas a viajeros esforzados y curiosos, como el granadino Abu Hamid (1.080-1.169), el andalusí lbn Said al Magribi (1.208-1.286), el historiador argelino Al Maqqari (1.591-1.632), y el magrebí Al Ayyasi (1.628-1.679).


Otro gran viajero andalusí fue Benjamín de Tudela (1.130-1.175), quien entre 1.159 y 1.173 realizó un extenso periplo que lo llevó de su Tudela natal, en Navarra, hasta Bagdad, y probablemente Persia y el Uzbekistán, donde conoció y estrechó lazos con todas las comunidades judías del mundo islámico, sin necesidad de pasaportes o salvoconductos, con total libertad, como si fuera un musulmán, lo cual da fe su "Libro de Viajes".


La poesía andalusí es vastísima y nuestro tiempo es dramáticamente escaso. Sin embargo, queremos hacer mención de dos grandes poetas muy representativos. Uno es el valenciano Ibn Jafaya de Alcira (1.058-1.138), que tuvo el sobrenombre de "El jardinero", porque fue especialista en describir flores y jardines. Luego de convertirse en cantor de la naturaleza y recibir el apodo ya mencionado, se hizo asceta (zahid), escribiendo numerosos poemas sobre el misticismo islámico. He aquí dos pequeñas composiciones suyas:


"Oh, tú, que de todo el reino de Cosroes (el emperador persa sasánida derrotado por los musulmanes) te contentas con un pedazo de pan, sabes que la verdadera riqueza es la eternidad, no las larguezas de Cosroes".


"Dichoso el que, por temor de Dios, reza sus oraciones cuando la noche dibuja su túnel de tinieblas".


El otro es lbn Zamrak (1.333-1.392) de la Granada nazarí, quien así habla de su querida urbe:


"Detente en la explanada de la Sabika (la ciudadela de la Alhambra) y mira a tu alrededor:



La ciudad es una dama cuyo marido es el monte.
Está ceñida por el cinturón en su garganta...
Mira las arboledas rodeadas por los arroyos: son como invitados a quienes escancian las acequias...
La Sabika es una corona sobre la frente de Granada, en la que querrían incrustarse los astros.
Y la Alhambra (¡Dios vele por ella!) es un rubí en lo alto de esa corona".


Conclusión


Los que desconocían la temática se sorprenderán de la longitud de estos comentarios sobre la civilización islámica de Al Andalus, y el erudito o el académico se lamentará de su brevedad. No quisiéramos concluir sin dejar de mencionar unas palabras que el escritor español Juan Goytisolo compuso para el prólogo de la obra "La arquitectura del Islam occidental" (Lunwerg):


"Digámoslo bien alto: el complejo de inferioridad acerca del retraso histórico y nuestro pasado árabe ha perdido su razón de ser. En la Europa Comunitaria a la que nos hemos incorporado, nuestra diferencia no ha de ser ya un recordatorio penoso ni causa de frustración: la huella musulmana en nuestro suelo, visible en todos sus ámbitos, es expresión al contrario de una riqueza y originalidad únicas. Ningún país europeo cuenta con un patrimonio como el legado de Al Andalus y ello no redunda en mengua de nuestro europeísmo. Somos europeos distintos, europeos en más.


El extraordinario patrimonio artístico y cultural de Al Andalus formó parte durante centurias del mundo occidental antes de ser desalojado de él por la nueva idea de Europa, devuelta a sus raíces helénicas sin intermediario de los árabes, forjada en el Renacimiento. Esa Europa inventada a finales del siglo XV separó brutalmente las dos orillas del Mediterráneo y repudió como ajena la realidad cultural que la alimentó durante la Edad Media. Es hora ya, próximos a entrar en el nuevo milenio, de que reíncorporemos dicho patrimonio al lugar que le corresponde, como expresión de una occidentalidad distinta, representada por Al Andalus en el terreno de la arquitectura, filosofía, ciencia y literatura.


Las grandes creaciones omeyas, almorávides, almohades y nazaríes -frutos de los trasvases y corrientes migratorias entre la Península y el actual reino de Marruecos, así como sus ramificaciones magrebies, sursaharianas y mudéjares-, han de ser vistas hoy como paradigma de una visión ecuménica que incluya a las naciones de diferencia, anomalía, mezcolanza y fecundación".


Nosotros los indohispanoamericanos, somos los herederos de esta herencia inapreciable. Aquí en América, en Argentina, las huellas de la herencia andalusí son palpables y cotidianas. Basta mencionar el gaucho (del árabe uahsh = resero indómito, montaraz) y su cultura criolla, del aljibe (árabe: al yubb = el pozo, cisterna) a la guitarra (árabe: qitar = instrumentode cuerdas). Sepamos conocerla y preservarla.


Y para terminar, nos remitimos al lema de Al Zubaidi (muerto en 989), que fuera preceptor del califa cordobés al Hakam II:


"Todas las tierras, en su diversidad, son una.
Y los hombres todos son vecinos y hermanos".


Apéndice


Texto del pacto de Teodomiro y "Abdul "Aziz lbn Musa Ibn Nusair, citado por el historiador hispano-musulmán lbn Idhari (que vivió hacia 1.270), en su obra "Al Baian al Mugrib", traducida por el profesor Felipe Maíllo Salgado, bajo el título: "La caída del califato de Córdoba y los reyes de taifas", Salamanca, 1.993:


En el Nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso.


Edicto de `Abdul "Aziz Ibn Musa Ibn Nusair a Tudmir Ibn Abdush (esto es, Teodomiro, hijo de los godos). Este último obtiene la paz y recibe la promesa, bajo la garantía de Dios y su Profeta, de que su situación y la de su pueblo no se alterará; de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; de que no se les impedirá la práctica de su religión, y de que sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto que hay en ellas; todo ello mientras satisfaga las obligaciones que le imponemos. Se le concede la paz con la entrega de las siguientes ciudades: Orihuela, Baltana, Alicante, Mula, Villena, Lorca y Ello. Además, no debe dar asilo a nadie que huya de nosotros y sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni producir daño a nadie que goce de nuestra amnistía; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos que pueda llegar a su conocimiento. Él y sus súbditos pagarán un tributo anual, cada persona, de un dinar en metálico, cuatro medidas de trigo, cebada, zumo de uva y vinagre, dos de miel y dos de aceite de oliva; para los sirvientes, sólo una medida. Dado en el mes de Rayab, año 94 de la Hégira (713 d. C.). Como testigos, "Uzman Ibn Abu `Abda, Habib Ibn Abu "Ubaida, Idris Ibn Maisara y Abul Qasim al Mazali.



Notas


1 En el uso de los árabes se llama también Yazirah (isla) a las penínsulas e incluso a territorios mesopotámicos.


2 En árabe: Yazirat al Atlasi.


3 Magrib significa en árabe "lugar o momento de la puesta del sol", es decir, geográficarnente, occidente, particularmente contemplado desde el oriente musulmán. El nombre árabe del actual Marruecos es al magrib.



Historia crisol 3 culturas en al-Ándalus. La convivencia andalusí

La convivencia andalusi

Entre el mito y la realidad


 Autor: zineb Abbaci - Fuente: Webislam
Mezquita
Mezquita


La estructura social en al Ándalus
Si consideramos los factores que condujeron a la decadencia y caída final de Al Ándalus, difícilmente podemos omitir la estructuración y composición étnica de la sociedad andaluza, (1) pues, ¿Quiénes eran los andalusíes?
En su mayoría procedían de una masa de población local que se incorporó, arabizándose e islamizándose, a una nueva sociedad compuesta de elementos de origen étnico muy diverso (árabes, beréberes), que llegaron a la península a partir de 711, incluyendo también a los esclavos, y a los autóctonos (cristianos y judíos).
La aportación externa más importante, numéricamente hablando, a esa nueva sociedad, fue la de los beréberes, aunque la minoría árabe se mantuvo como portadora de los signos de prestigio social más relevantes.(2)
El islam reconoce una clase social: la umma o comunidad de creyentes. Es imposible concebir correctamente la estructura política de Al Ándalus, como cualquier otra sociedad política islámica, sin tener una idea correcta de la “Umma” real. La comunidad islámica diseñada por la predicación vida y obra del profeta Muhámmad, que la paz sea con él, fue una sociedad para todos, cuya soberanía pertenece a Dios y que se estructura según la religión única (Din Allah). (3)
La primera estructura social de al Ándalus constaba de cinco grupos humanos que serán estudiados en su lugar:
1) los árabes: fueron la minoría dominante en el al Ándalus, como dueños y señores por derecho de conquista, y se asentaron fundamentalmente en las ciudades.
2) los beréberes: fueron la mayoría musulmana de los conquistadores, dueños por el motivo anterior, pero menos señores por estimación árabe, sin olvidar que fueron el grupo mas importante que participo en la conquista de Al Ándalus.
3) los muladíes: son la mayoría de la población andalusí, son los conversos cristianos al Islam y sus descendientes.
4) los mozárabes: se llamaron muzárabes a los hispanos romanos e hispano visigodos cristianos que vivieron bajo la dominación árabe, los muzárabes conservaron sus riquezas, sus instituciones, su nobleza y su iglesia. Utilizaron la lengua latina, romance entre ellos, y el atabe con los musulmanes.
5) los judíos: poco numerosos, con gran cohesión social, y un estatuto social propio por la misma razón que los mozárabes; vivieron en las ciudades.
Para completar el variado paisaje humano de el al Andalus, no hay que dejar de mencionar la presencia de:
— los esclavos: de orígenes muy diversos, pero sobre todo procedentes de la Europa cristiana y del África subhariana. Como el resto del Islam medieval, la esclavitud en al Ándalus era fundamentalmente de tipo doméstico o militar.
Muchas de las madres de los emires o califas andalusíes fueron esclavas rumies o beréberes; el trabajo doméstico en las casas de familias acomodadas, dependía a menudo de esclavas gallegas o francas.
— Los eslavos: fueron la población blanca y rubia de las fronteras septentrionales del imperio. Su consideración social era muy alta, tanto en su condición de esclavos como en la de libertos. (4)
Entre el mito y realidad. La tolerancia y la convivencia en al Ándalus
Como el islam se mantuvo fiel a una política de escrupulosa tolerancia en todos los países musulmanes, incluyendo al Ándalus, la población no musulmana hizo un uso pleno de las oportunidades que se le brindaban y contribuyó al desarrollo de la vida social. (5) Así, Américo Castro en su obra “Historia de España , cristianos, judíos, y moros”, explicó la idea de tolerancia: «los españoles cristianos vivían bajo un horizonte de tolerancia trazado por el Islam, y creaban su vivir en función de aquel horizonte, porque ésa era la vida dentro de la cual existían…» , además , añadió: «con el Alcorán, fruto del sincretismo religioso, era ya un momento de tolerancia, puesto que fundía las creencias islámicas con las del judaísmo y del cristianismo. (…) esta postura de tolerancia se fortifico durante la expansión del Islam, a cuyo dominio político hubieran de someterse pueblos de creencias muy diversos…» además: «la convivencia religiosa facilitaba la explotación de los países conquistados, y ofrecía horizonte amplio al musulmán cosmopolita….»
A propósito de la tolerancia del islam en el Al Ándalus, los judíos vinieron a instalarse en España soposrtando las persecuciones de los cristianos visigodos. Con los monarcas arrianos se revocaron diez de las leyes romanas que establecían las condiciones para su discriminación: el proselitismo estaba prohibido y los castigos previstos para quien convirtiera a un esclavo eran muy duros; no autorizaban la construcción de nuevas sinagogas; ningún judío podía desempeñar cargos que le permitiesen ejercer jurisdicción sobre cristianos.
Estas leyes estaban orientadas a encerrar a los judíos en un círculo de limitaciones. Pues, entre los mozárabes se conservo viva la memoria de la participación de los judíos en la pérdida de España. Para las nuevas autoridades, los judíos que se negaban a abrazar el islam, como antes habían rechazado el cristianismo, no podían aspirar sino a una generosa tolerancia (6) bajo el poder islámico en al Ándalus. Con una religión basada en el amor de Dios, que hizo decir a Ibn Arabi, el gran sufi andalusí:
Mi corazón puede tomar cualquier forma: es un pasto para gacelas y un convento para monjes cristianos. Un templo para ídolos; y para la K’aaba de los peregrinos, y para los tablas de la Tora y para el libro del Alcorán. Sigo la religión de amor, sea cual fuere el rumbo de los camellos de mi amor, allá están mi religión y mi fe. (7)
Por consiguiente, el islam no justifica una guerra agresiva o exterminadora, como hace la Tora en los primeros cinco libros de la Biblia; El islam es una religión mas realista que el cristianismo. Cuando Muhámmad, la oración y la paz sean con él, envió a Zaid como lider del ejército musulman a pelear contra los cristianos, le dijo: peleen por la causa de Dios valientemente pero haganlo humanamente, sean mas tolerantes, no debéis molestar a sacerdotes, religiosas, monjes, ni tampoco a civiles débiles o gente no apta para pelear: “no debe producirse una masacre entre los civiles ni cortar un solo árbol, ni ningún edificio se podrá destruir”(8)
Bajo el sol, o dentro de sí mismo, camina el muslim hacia lejanos y mudables horizontes, aunque bien anclando en la profundidad de su corazón, sin usar la fuerza para convertir a los cristianos visigodos ni a los judíos a su propia fe, como Dios manda en el Alcorán a los creyentes combatientes en la senda de Dios: “no hay violencia en la religión” (9)
Al Ándalus era una sociedad de pura tolerancia y hermandad y de una convivencia utópica. Así, en 863, el emir Cordobés Muhámmad I convoca un congreso para la unión y fraternidad de judíos, cristianos y musulmanes. El erudito español Torroba Bernando de Quirós nos confirma esta crónica, muy poco conocida, pero históricamente fidedigna: “…tras la ruina del estado visigodo, los israelitas irrumpen nuevamente en España de la mano de los musulmanes; comenzó entonces la época dorada de judíos españoles… se instalaron por doquier y prosperaron por todas partes. Encontraron un ambiente de tolerancia, característica de los árabes en sus conquistas.”(10)
Los ideales de la tolerancia y convivencia alcanzaron su punto más alto durante los siglos X y XI, a pesar del empuje cada vez más intenso de los conquistadores del norte. Alfonso X el Sabio crea la primera escuela de traductores que reúne a judíos, cristianos y musulmanes, aunando los esfuerzos de los sabios de las tres culturas de al Ándalus, para auspiciar lo que posteriormente se desarrolló como renacimiento de las humanidades en occidente.(11)
Como nos comenta C. Sánchez Albornoz en su obra “De la invasión Islamica al estado continental (entre la creación y el ensayo): «el convivir constante con los musulmanes, en el mismo suelo hispano, había creado en las minorías cultas de los reinos cristianos españoles un espíritu de tolerancia en Europa en los siglos medíos…»
El estado musulmán casi siempre, y desde luego en el periodo Omeya, fue de una tolerancia sorprendente con cristianos y judíos, tan vez favorable para sus intereses fiscales, (12) pero después de aquel tiempo, almorávides y almohades venidos de Africa pugnaron por introducir rigidez en la dominante laxitud. Y cuando las masas comenzaron a atropellar a los judios, éstos no podian ya cobijarse bajo la misma cúpula, porque se habia roto el orden vigente en España: el pueblo cristiano guerreaba, el moro le labraba las tierras y el judio lo señoreaba como agente del fisco y como hábil técnico. Sobre tan extraño complejo se alzaba el poder de reyes y ricos hombres, que los mantenía juntos en convivencia. (13)
A partir del siglo XIV, la idea de convivencia de las tres culturas va cediendo paulatinamente y los andalusíes pierden derechos ante el auge de la intransigencia de los ocupantes. Muchos de ellos abandonaron sus tierras y emigraron al reino de Granada. (14)
Desde fines del siglo XV, los conquistadores echaron a un lado al moro y arremetieron conta el judio. España, pues, comenzó a estar regida por una sola creencia, que había absorbido el ímpetu de las otras dos.
Coexistencia real y límites de la convivencia social
La relativa discordancia entre el ordenamiento legal y la dependencia social en al Andalus dio lugar a una falta de sincronicidad entre la coexistencia real de los grupos y su convivencia social.
La clase noble islámica, en tanto que necesitó de los mozarabes y judios como astrónomos, diplomáticos, financieros, médicos, traductores....etc, convivió socialmente con ellos. Los notables, en especial, aquellos que por sus funciones públicas trataban con la nobleza, convivieron también con las clases sociales superiores mozárabe y judía. La masa por el contrario, no pasó de una coexistencia por lo general conflictiva. Los mozárabes nobles y algunos de los letrados estuvieron también bien considerados por el establecimiento Omeya.
Si las criticas de los mozárabes integristas, como Álvaro y Eulogio, no son exageradas, dichos grupos convivían con las dos clases superiores islámicas, gozaban de bienes abundantes y seguian los costumbres y modas islámicas.
La convivencia cultural fue fructífera, bien es verdad que en provecho de la clase dominante, como sucedia en tales casos. Ni la resistencia de los mártires mozárabes cordobeses ni la rebelion y apostasía del muladí Umar b. Hafsún modificaron la tolerancia religiosa y la convivencia cultural y así, algunas de las fiestas cristianas eran celebradas tambien por los musulmanes.
La relacion social de los judios fue más limitada; la monarquía Omeya y la nobleza se limitaron la convivencia cultural en provecho propio, si bien los judíos aceptaron los vehículos culturales y lingüísticos de los musulmanes andalusíes. Pero, mientras las clases productivas judias gozaron de la convivencia cultural, los ricos fueron odiados y despreciados por las clases superiores musulmana y mozárabe, ya que ejercieron como financieros y mercaderes que, pese a tal condición, fueron tenidos por ricos acomodados que disimulaban sus riquezas ocultas, y así no alcanzaron convivencia alguna y casi siempre les fue negada una aceptable coexistencia. (15)
La intolerancia musulmana
En suma, a medida que esta población hispanorromana vaya convirtiéndose al islam como consecuencia lógica de una presión duradera desde el poder, irá constituyéndose el contigente de musulmanes de nuevo cuño -muladíes- que deberán convivir con los otros musulmanes llegados –baladíes-. Con el tiempo, la tolerancia dejará de ser necesaria al consumarse la islamizacion de Al Ándalus y así se iniciará la andadura histórica del ente andalusí. (16)


Historia de los judíos en al-Ándalus. Maimónides, un judio español en el Islám



MAIMÓNIDES, UN JUDIO ESPAÑOL EN EL ISLÁM



Médico y filósofo judío Moses ben Maimón, conocido como Maimónides entre los cristianos y como Ibn Maymún entre los árabes, en Córdoba



Autor: AIM Digital - Fuente: AIM Digital


Estos tres nombres de la misma persona revelan la posibilidad, en su tiempo y lugar indudable, de convivencia armónica de árabes, judíos y cristianos, hoy puesta en entredicho por frecuentes conflictos armados en el territorio de Palestina.


Abu Imram ben Maymún ibn Abdalá, como lo llamaban sus contemporáneos musulmanes, escribió obras que se usan para ilustrar sobre la filosofía árabe de su tiempo, en que era posible la convivencia entre cristianos, árabes y judíos.


En Fez, donde se radicó con su familia, Maimónides estudió la Biblia y sus comentarios, medicina, astronomía, matemáticas, en general toda la ciencia vigente.


Luego de largos peregrinajes que incluyen su estancia en Alejandría y en Palestina, se instala la familia en Fustat, antigua ciudad cercana a El Cairo. Allí se dedica a la profesión de médico. La fama le llegará muy lentamente. En 1185 es nombrado médico oficial del visir Al Fadil, y poco a poco, su figura se convierte en legendaria.


Maimónides recibe consultas de diverso tipo procedentes de comunidades de distintos países de Oriente y de Occidente. Tales como cuestiones legales, interpretación de pasajes religiosos, problemas teológicos e históricos, incluso asuntos corrientes y de comportamiento.


A lo largo de su vida a Maimónides le llegan numerosísimas cartas con pedidos de ayuda y esclarecimiento y sus respuestas eran recibidas como pronunciamientos de la más alta autoridad.


Maimónides dirigió a su pueblo la “Guía para los descarriados”; pero la lengua en que vertió los frutos de su luminosa inteligencia fue el árabe.


Por eso los árabes de su tiempo, que gobernaban España, lo consideraban un “Honrado” título guardado especialmente para los descendientes de profetas.


La crítica y el revisionismo histórico moderno, no han sido justos aún con el período de Alandalus, siendo la postergación y a veces la minimización de su incidencia en la historia de la humanidad, una deuda que recae sobre los historiadores: "la España de las tres culturas es de tal magnitud, que sin ella no podría comprenderse el desarrollo de occidente.


Porque el pensador judío o cristiano podría llevar a cabo su tarea en el ámbito musulmán.
En 1148 Maimónides tiene que emigrar de Córdoba por la llegada de los almohades, pero curiosamente, y un dato a investigar es el por qué de su emigración a Fez, que era justamente el centro político de esta dinastía. Posteriormente su vida transcurre en el califato fatimí de Egipto, llegando a ser médico personal de Saladino primero, hijo de Saladito el Grande.


La perspectiva de monoteísmo en los credos abrahámicos, la concepción de la divinidad, denotan sin duda su origen en común. Cada religión posee sus propias expresiones, tanto desde el punto de vista de la adoración así como también rituales que le son propios y que definen las formas de su creencia. En su caracter de hombre religioso y exégeta de las escrituras, Maimónedes expresa enunciados en sus trece artículos de fe.


En filosofía, su fuente filosófica principal es Aristóteles, al que conoció a través de Avicena y Averroes.


De todos modos se opone al estagirita en aquellos puntos en que su filosofía es irreconciliable con la fe, como lo es su concepción de la eternidad del mundo, opuesta al creacionismo bíblico.


Como más adelante lo hará Tomás de Aquino (sobre quien Maimómides ejerció una notable influencia), afirma la posibilidad de demostrar la existencia de Dios valiéndose de la idea aristotélica del motor inmóvil.


También la demuestra por la existencia de un ser necesario y de una causa primera.
Su principal escrito filosófico, “Moré Nebujim” (Guía de descarriados) fue redactado originalmente en árabe, en 1200, y traducido al hebreo bajo su supervisión. Es una obra de gran envergadura, donde se abordan los principales problemas metafísicos, antropológicos y morales, siempre al servicio de la teología.


"Si alguien te afirma que tiene prueba de su propia experiencia de algo que necesita confirmar su teoría, aún cuando sea una persona de gran autoridad, seriedad y moralidad, deberás dudar, no dejes tu mente ser arrastrada por las novedades que te cuenta sino que examina cuidadosamente sus teorías y sus creencias así como debes hacer respeto a las cosas que declara haber visto; examina el asunto sin dejarte persuadir fácilmente.


Y esto que te digo es cierto, sea que la persona en cuestión fuera un notable o uno del pueblo. Porque una voluntad fuerte puede llevar a una persona a hablar erróneamente, especialmente en una discusión..".


Maimónides, “un sefardi universal” según el libro de Mario Steiner, fue un hombre genial con un horizonte mental muy superior al de su medio y su tiempo. Quizá por eso se llevó bien con la comunidad judía a la que pertenecía. Cuenta la tradición que hicieron poner sobre su tumba la leyenda: “Aquí yace Moses ben Maimón, maldito hereje”.


En Buenos Aires, una universidad privada lleva su nombre como reconocimiento a ocho siglos de su verdadera estatura y significado.



Recetas. Ensalada con nata batida


ENSALADA CON NATA BATIDA


Ingredientes

  • 150 gramos de nata batida sin azúcar
  • 100 gramos de jamón de York
  • 4 patatas
  • 2 zanahorias
  • 2 pimientos
  • 1 cucharada de cebolla picada
  • 1 cucharada de salsa Worcester
  • Perejil  picado
  • Albahaca picada
  • ½ vaso de aceite de oliva virgen extra
  • El zumo de 2 limones
  • Sal
  • Pimienta
Elaboración

Cocer las patatas y las zanahorias en agua salada hirviendo. Dejarlas enfriar y después pelarlas y cortarlas a cuadritos. Chamuscar (asar) y pelar los pimientos y cortarlos en tiras muy delgadas. Reunir todas las verduras en una ensaladera con la cebolla, el perejil y la albahaca picada, y el jamón de York cortado en tiritas. Diluir una cucharada de salsa Worcester con el aceite y el zumo de los limones, mezclar con la nata y aderezar la ensalada con esta salsa.

Recetas. Ensalada de gambas


ENSALADA DE GAMBAS

Ingredientes

  • 2 lechugas
  • 4 patatas
  • 2 tomates
  • 300 gramos de gambas o cigalas peladas
  • 80 gramos de filetes de anchoas
  • Un puñado de alcaparras
  • 50 gramos de aceitunas negras sin hueso
  • 2 Yemas de huevo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • 1 limón
Elaboración

Hervir las patatas peladas, escurrirlas, dejarlas enfriar y cortarlas en rebanadas del grosor de un dedo. Mientas cuecen las patatas, preparar con las 2 yemas, una cucharadita de zumo de limón y el aceite, media taza de mayonesa. Echar las gambas en agua salada y acidulada con unas gotas de limón, hervirlas, escurrirlas y dejarlas enfriar. Cortar los tomates en rueda y limpiar las lechugas conservando solo los cogollos que se lavaran cuidadosamente. Preparar ahora la ensalada del siguiente modo, disponer de una capa de lechuga en el fondo de una ensaladera, otra de patatas, otra de tomates, otra de gambas, cubrir con una capa de mayonesa y adornar con unos filetes de anchoas, unas alcaparras y dos o tres aceitunas y cortarlas en dos. Repetir las capas en el orden descrito y terminar con una capa de patatas que se cubrirá enteramente de mayonesa. Servir esta ensalza bien fresca.

Recetas. Ensalada francesa


ENSALADA FRANCESA

Ingredientes

  • 1 escarola
  • 2 tomates verdes
  • 250 gramos de queso gorgonzola
  • 1 cucharada de brandy
  • ½ vaso de aceite de oliva virgen extra
  • ½ vaso de vinagre
  • Sal
  • Pimienta
  • 250 gramos de nata
Elaboración

Lavar la escarola, cortarla y secarla con una servilleta. Pelar los tomates y cortarlos en 16 gajos cada uno, eliminando las semillas. Condimentar la escarola y los tomates con aceite de oliva virgen extra, vinagre, sal y  pimienta. Colocar la escarola y los tomates en una fuente honda, disponer por encima el gorgonzola cortado en cuadritos y cubrir con la nata ala que se le habrá añadido una cucharada de brandy.

Recetas. Ensalada campesina


ENSALADA CAMPESINA

Ingredientes

  • 4 rebanadas de pan
  • 2 lechugas alargadas
  • 4 huevos
  • 20 gramos de mantequilla
  • 2 lonchas de salchichón gruesas
  • 50 gramos de queso manchego curado
  • Sal
  • Pimienta
  • 1 vaso de aceite de oliva virgen extra
  • 2 cucharadas de vinagre
  • Orégano
  • ½ limón
Elaboración


Mezclamos el aceite con el vinagre, salar ligeramente, cimentar y agregar el salchichón picado. Colocar las cuatro rebanadas de pan en un fuente ancha, espolvorearlas con un pellizco de orégano y rociarlas Con la mitad de la salsa preparada. Cocer los huevos, y cuando están duros, dejarlos enfriar y cortarlos en discos que se colocaran sobre las rebanadas de pan. Aparte, picar las lechugas tras haberlas lavado cuidadosamente y repartirlas por encima de los huevos. Aderezar con la salsa restante y por ultimo poner una capa de rebanaditas de queso. Montar la mantequilla con una espátula, agregarle el limón, sal y pimienta e ir dejando caer gotas de esta salsa sobre el queso.