viernes, 20 de marzo de 2026

JUDIAS BLANCAS CON BACALAO

 

JUDIAS BLANCAS CON BACALAO

Para esta receta, he usado judías blancas en conserva, que son lo mismo que las de botes. Si lo deseas, también puedes usar judías blancas secas. Simplemente dejarlas en remojo en abundante agua durante la noche anterior y luego cocinar a fuego lento durante 1-2 horas, o hasta que estén tiernas.

 

Ingredientes

1-2 bote de judías blancas cocidas (700 gr)

1 cebolla mediana

2 tallos de apio

2 zanahorias

50 ml de aceite de oliva

4 dientes de ajos `picados gruesamente

1 cucharadita de vinagre de jerez

½ cucharadita de tomillo seco

1 hoja de laurel

400 gr de bacalao en 2 filetes desalados

Sal

Pimienta negra recién molida

 

 

Elaboración

Cortamos la cebolla en 4 trozos de tamaño uniforme, cortamos los tallos de apio en 3 trozos cada uno y las zanahorias en trozos pequeños.

En una olla grande, agregamos las verduras picadas y llenamos de agua la olla hasta cubrir las verduras, sazonamos con sal y cocinamos a fuego alto.

Después de 15-20 minutos, cuando las verduras estén tiernas, escurrimos en un colador fino con un recipiente resistente al calor debajo (un bol), Reservamos el caldo de cocción de las verduras.

Mientras las verduras se enfrían, escurrimos las judías en un colador y enjuagamos bien con agua bajo el grifo.

Una vez que las verduras estén suficientemente frías como para manipularlas, la colocamos en el vaso de la batidora con un puñado pequeño de judías enjuagadas y 60 ml del agua de cocción reservada de las verduras. Batimos muy bien hasta obtener un pure suave

En la misma olla, calentamos el aceite de oliva. después de un par de minutos, agregamos el ajo picado y mezclamos continuamente, después de unos 30, segundos a 1 minuto, y cuando el ajo este casi sofrito, agregamos el vinagre de Jerez y el tomillo y mezclamos rápidamente, luego agregamos el puré de verduras, las judías blancas enjuagadas y salpimentamos al gusto, mezclamos suavemente, luego agregamos 480 ml de agua de cocción reservada, la hoja de laurel y subimos a fuego alto, removiendo regularmente.

Clocamos los filetes de bacalao sobre papel absorbente de cocina y secamos con palmaditas, luego los y picamos los filetes de bacalao finamente.

Una vez que el caldo hierva, agregamos el bacalao picado, mezclamos bien para que se integre, y tapamos la olla y bajamos el fuego a medio-bajo, cocinándolo a fuego lento durante 5 minutos o hasta que el bacalao este bien cocido.

Servir en platos hondos, y si lo deseas decora con perejil picado fresco.

¡Buen provecho!

 

 

EN BUSCA DE LA TUMBA DE BOABDIL

 

EN BUSCA DE LA TUMBA DE BOABDIL.

El último rey moro de Granada, Boabdil «el Chico», murió en la ciudad marroquí de Fez en 1533, y su cadáver fue enterrado en un lugar donde ahora un equipo hispano-emiratí se propone sacarlo del subsuelo y de paso del desprecio con que la historia lo trató.

El proyecto es financiado por el emiratí Mustafá Abdulrahman y capitaneado por el cineasta español Javier Balaguer, quien prepara un documental y un largometraje de ficción sobre lo que llama «un hombre maltratado por la historia, pese a que le debemos la salvación de Granada y de la Alhambra».

Como es bien sabido, Boabdil perdió Granada en 1492, lo que significó el fin de Al Andalus, y se exilió con su familia en el vecino Marruecos, en lo que entonces era el Sultanato de Fez.

Sin mezclarse en luchas palaciegas de Fez ni desempeñar ningún cargo relevante, vivió 40 años más y murió discretamente en 1533, según refiere Virgilio Martínez Enamorado, que ha ejercido como asesor científico del proyecto hispano-emiratí.

Enterrado en una «musalla»

Fue 150 años después cuando un historiador árabe llamado Al Maqarri, que decía haber conocido a los nietos de Boabdil, reveló que el rey depuesto había sido enterrado en una «musalla» (ermita) cercana a la Puerta de la Justicia de la medina de Fez, una de las más imponentes de la ciudad antigua.


La puerta ha cambiado de nombre, ahora se llama «Puerta del Quemado», pero la ermita sigue allí, en medio de un descampado que en los últimos días ha sido tomado por Balaguer, cámara en mano, y el geofísico Luis Avial, quien ha realizado una prospección del terreno con georradar y asegura que ya ha encontrado bajo la cúpula restos humanos de al menos dos esqueletos, más dos lápidas.

Las dos lápidas parecen ser un buen indicio, pues los sultanes y solían ser enterrados junto a algún santón, y esa ermita es conocida en el barrio como «la tumba de (el santo) Sidi Bel Kasem», aunque la memoria de Boabdil se haya perdido.

La maraña burocrática ha impedido que los expertos realicen una excavación arqueológica-forense
Sin embargo, la maraña burocrática marroquí -y, concretamente, saber quién da el permiso- ha impedido que los expertos puedan realizar una excavación arqueológico-forense y extraer restos que puedan pasar los análisis de carbono 14 y datar al menos su antigüedad, así como la edad o posible enfermedad que tenían esas personas al morir.
El ayuntamiento de Fez ha conminado a los diferentes ministerios potencialmente capaces de autorizar o bloquear las excavaciones -Cultura, Asuntos Islámicos, Interior- a que den una opinión definitiva para poder empezar las excavaciones la próxima semana.

El prestigioso forense vasco Francisco Echevarría, acompañado de un equipo de cuatro arqueólogos de la Sociedad Aranzadi, se ha comprometido con Balaguer a analizar los restos si llega el permiso, y asegura que en cinco días podrían extraerse huesos o dientes y su análisis demorarse solo dos meses.

El último descendiente de Boabdil
Si se confirmara que en la ermita hay enterrado desde hace cinco siglos un varón de unos 70 años, podría entonces cotejarse su ADN con el de un hombre aún vivo y residente en México. Este hombre asegura poder demostrar que pertenece al linaje de Boabdil, a partir de una hermana o una hija del rey granadino que tuvo que cristianizarse con el nombre de Isabela para permanecer en Granada, la cual tuvo un hijo con Fernando el Católico y sus descendientes «hicieron las Américas», siempre según Balaguer.

Existe además la posibilidad de buscar más restos del padre o el abuelo de Boabdil, que se saben enterrados en el castillo de la localidad de Almuñécar, cerca de Granada, asegura por su parte Abdulrahmán.

El mecenas emiratí -y es también la idea de Balaguer- quiere reivindicar la figura de Boabdil, ya que según él fue «un hombre de Estado, no un guerrero, un gran negociador que debe pasar a la historia porque prefirió, antes que la guerra, salvar la vida de todo un pueblo».

Boabdil fue un excelente político y un negociador
Abdelramán lamenta que Boabdil -proveniente de su verdadero nombre, que era Abú Abdallah o Abdillah en dialecto granadino de entonces- haya pasado a la historia como un cobarde o hasta un traidor, famoso por una anécdota que además es falsa: la de que su madre lo reprendió por «llorar como una mujer lo que no pudo defender como un hombre».
El emiratí prefiere subrayar que fue «un excelente político y un negociador» que supo preservar los derechos de los granadinos y que se llevó con él al exilio a varios miles de los que no quisieron quedarse en la Granada «reconquistada» (incluidos dos mil judíos).

«Fue un hombre víctima de las circunstancias históricas. Sería hermoso encontrar sus restos, pero, si no lo conseguimos, al menos habremos logrado que se hable sobre lo que fue: un gran hombre».

 

HISTORIAS Y LEYENDAS DE ANALUCIA. UN FORENSE PARA BOABDIL

 

HISTORIAS Y LEYENDAS DE ANDALUCIA. Un Forense para Boabdil.

UN FORENSE PARA BOABDIL-

Después de llorar por su ciudad aquel 2 de enero de 1492, cosa que muy seguramente no hizo, a Boabdil, el último rey de Granada, le quedaba aún mucha vida por delante. E intensa. De hecho, tras dejar su reino, en lugar de desvanecerse en la historia en una nube de lágrimas y melancolía, como correspondería a la leyenda romántica del desventurado y sollozante rey Chico (o Chiquito, para más guasa), Abu Abdalla Mohamed XII (XI, según nuevas investigaciones), llamado Boabdil en una corrupción cristiana de su nombre, pasó a ocupar un feudo en las Alpujarras y, tras morir su mujer, la famosa Morayma, marchó de allí en octubre de 1493 con un numeroso séquito y su madre, la irreductible y maniobrera Aixa, a Fez. En la ciudad marroquí, lejos de Al-Andalus, vivió como príncipe huésped del sultán hasta su muerte en 1533, 40 años después.

Según algunos testimonios, en contraste con el cliché de cobardica de la vieja historiografía acartonada, Boabdil habría ayudado corajudamente a su anfitrión en sus guerras, con las armas en la mano, e incluso habría muerto en batalla, de un lanzazo y una flecha. Destino llamativo para un supuesto pusilánime que ha enriquecido nuestro imaginario con su llanto y nuestra toponimia con sus suspiros.

Fuentes de la época sitúan su lugar de entierro en una musalla (zona abierta dedicada a la oración) junto a la Bab Sharia, la Puerta de la Justicia, de la medina de Fez, hoy conocida como la Puerta del Quemado.




Fiados en estas fuentes, apoyados en una profunda labor documental y con el objetivo de resolver uno de los grandes misterios de nuestra historia —el paradero de los restos del último rey de la Granada musulmana— y, al mismo tiempo, reivindicar a Boabdil, un singular equipo multidisciplinar formado por españoles y árabes ha comenzado ya a trabajar sobre el terreno en Fez. Y están seguros de que tienen a Boabdil al alcance de la mano.

A la cabeza del grupo figuran en curiosa alianza el cineasta Javier Balaguer, ganador de un Goya, y el famoso forense Francisco Etxeberria, exhumador de fosas de la Guerra Civil y perito en casos como el de los niños de Córdoba, Ruth y José. Balaguer y Etxeberria han estado en marzo en el supuesto lugar de enterramiento, donde el equipo ha realizado una prospección arqueológica con georradar. “Estamos seguros de que es el sitio”, afirma Balaguer. El cineasta explica que dentro de una antigua qubba, un pequeño templete cuadrado con cúpula que se preserva en la musalla, hoy un parque destartalado, han localizado dos cuerpos. “Creemos que uno es él, Boabdil, y el otro, un santón cuya memoria se ha preservado, Sidi Bel Kassem”. Balaguer señala que era usual enterrar a un hombre santo junto a los reyes para evitar la profanación.

El cineasta, que está realizando un documental sobre Boabdil y prepara también un largometraje de ficción, apenas puede contener su deseo de que comience la excavación “y que Paco pueda ver los restos”. Esta fase de la investigación se encuentra paralizada de momento, a la espera de nuevos permisos de las autoridades marroquíes. Balaguer avanza que la tarea de Etxeberria no será, en cualquier caso, fácil. “Los enterramientos musulmanes no dan muchas referencias, no hay ajuar, y los cuerpos están envueltos en un simple sayo”. Vamos, que Boabdil no aparecerá, si lo hace, con la espada del islam al cinto.

“En realidad”, apunta Francisco Etxeberria, “una de sus espadas jinetas (otra está en el Museo del Ejército de Toledo) se conserva en el Museo de San Telmo en San Sebastián. Siempre me ha llamado la atención. Es una curiosa conexión donostiarra de Boabdil”. Tras la toma de Granada, los Reyes Católicos entregaron esa espada a Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla y primer alcaide de la Alhambra. Su última propietaria fue Blanca Porcel y Guirior, marquesa de San Millán (descendiente del almirante donostiarra Antonio de Oquendo), que la donó al museo en 1940.

“Va a ser complicado”, advierte el forense sobre la identificación de Boabdil. “Dependerá mucho de la preservación de los restos. En las películas siempre se resuelve el caso, pero en la realidad no es así. Trataremos de tomar muestras de ADN para cotejarlas con el de los descendientes de Boabdil, que existen, pero puede que el ADN de los restos del rey se haya degradado por las condiciones ambientales. Vamos a ver”. Esos descendientes lo son por parte de la hermana del rey, que permaneció en España y a la que se le atribuye un hijo nada menos que de Fernando el Católico.



No es la primera vez que Etxeberria se enfrenta a restos de personajes históricos, pues ha estudiado, entre otros, los de Bermudo III de León, del siglo XI. Pero el forense encuentra especialmente emocionante la pesquisa sobre Boabdil, esa investigación tipo CSI, en versión rey moro, que “nos lleva a un mundo desconocido”. El origen de la sensacional aventura que es la búsqueda del perdido rey de Granada tiene su inicio, explica Javier Balaguer, en la obsesión por el personaje de Mustafá Abdulrahman, asesor cultural de la familia real de los Emiratos Árabes Unidos y apasionado de la historia, que financia el proyecto.

El cineasta subraya que, se encuentre o no a Boabdil, la investigación es una oportunidad excepcional para mostrar al verdadero personaje más allá del arquetipo. “Es una figura maltratada por la historia, escrita por los vencedores”, denuncia Balaguer. “Rindió Granada, sí, pero gracias a su decisión la ciudad se preservó. Boabdil habría sido así el responsable de que Granada no ardiera. Como Von Choltitz, incumpliendo las órdenes de Hitler, lo fue de que no ardiera París. El cineasta subraya que, de haberse obstinado el rey en la defensa de la ciudad, los Reyes Católicos la hubieran arrasado como hicieron en 1487 con Málaga, defendida a ultranza por las cimitarras de Hamet El Zegrí y sus gomeres negros. “Fue político, negociador, entendió que era absurdo prolongar la situación sin posibilidad de recibir ayuda”.

El equipo que busca a Boabdil trata también de contar su historia a través del punto de vista árabe, mucho más favorable al rey que el español, que lo ha desacreditado sistemáticamente. “Es triste que la mayoría conozca a Boabdil por una frase inventada dos siglos después, aquello de que su madre le dijo, “llora como mujer...”, etcétera. En todo caso, el verdadero Boabdil está hecho de luces y sombras. Y no se puede negar que habrá salvado la Alhambra, pero fue un verdadero intrigante cuyas maniobras para hacerse con el poder, en riña con su padre y su tío y apoyado por su madre y la facción de los Abencerrajes, llevaron agua al molino de los cristianos.

“Soy cineasta y pretendo seguir siéndolo”, puntualiza Balaguer al preguntarle si se va a pasar al oficio de arqueólogo o historiador. De la investigación sobre Boabdil, aparezca o no, saldrá un documental, pero también está prevista una película de ficción que no tiene nada que ver, dice Balaguer, con la que proyecta Antonio Banderas —el autor de su guion, por cierto, el escritor Antonio Soler, acaba de publicar una interesante y documentada novela histórica sobre el personaje, Boabdil, un hombre contra el destino (Espasa)—.

El misterio de los restos del rey es la guinda del enigma del paradero final de toda la dinastía nazarí (y de la reina Morayma), que reinó entre 1237 y 1492 con 22 monarcas. Cuando Boabdil abandonó Granada se llevó con él los despojos de la mayoría de sus antecesores, los que estaban enterrados en la rawda, el cementerio real, de la Alhambra (en 1925 se encontraron las tumbas vacías) y, según todos los indicios, los reenterró en el cementerio musulmán (macáber) de Mondújar. Pero los restos no han aparecido. Excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar apuntan a que las sepulturas de la dinastía nazarita fueron removidas durante la construcción de la carretera de circunvalación de la localidad en 1988, y los huesos de los reyes se encuentran hoy bajo el asfalto de la autovía de Motril. Más suerte parece haber tenido el desdichado Boabdil.

 

 

jueves, 19 de marzo de 2026

BUÑUIELOS DE QUESO

 

BUÑUELOS DE QUESO

Esta receta de buñuelos de queso, esta recogida de un libro anónimo de la cocina medieval  del siglo XIII.

 

Ingredientes

190 gr de harina

120 gr de agua

2,5 gr de levadura de panadería

Queso de oveja seco

Aceite de oliva

Azúcar

 

Elaboración

En un bol, mezclamos la harina, el agua y la levadura de panadería. Mezclamos todo muy bien hasta convertirlo en una pasta homogénea.

Dejamos reposar la masa, tapada durante unos 15 minutos. Pasado este tiempo, volvemos a amasar y dejamos tapado durante aproximadamente 2 horas.

Mientras tanto quitamos la piel al queso y cortamos en rebanadas de unos 4-5 mm de grosor.

Una vez que la masa haya levado. Incorporamos las yemas de huevo (al principio será difícil combinarlas, pero con paciencia, finalmente obtendremos una mezcla suave y fluida).

En una cacerola pequeña, calentamos el aceite de oliva y freímos los trozos de queso que previamente los hemos remojados abundantemente en la mezcla de rebozado de yemas de huevo.

Freímos hasta que estén dorados y escurrimos sobre papel absorbente de cocina para quitar el exceso de aceite.

Finalmente espolvoreamos con azúcar.

Se deben comer mientras estén calientes, saben mejor.

¡Buen provecho!

 

 

HUEVOS RELLENOS AL ESTILO ANDALUSÍ

 

HUEVOS RELLENOS AL ESTILO ANDALUSÍ

Receta medieval extraída de Al-Ándalus, un libro de cocina anónimo del siglo XIII.

 

Ingredientes

4 huevos

½ cucharadita de cilantro

1 cucharadita de salsa de soja ( reemplaza a Murri*)

2 cucharaditas de jugo de cebolla

3 cucharaditas de aceite de oliva

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

Cocinamos los huevos en una cacerola con agua hirviendo. Sacamos , dejamos enfriar y retiramos las cascaras, abrimos por la mitad y retiramos las yemas, y las reservamos.

En un bol, mezclamos las yemas de huevos con el resto de los ingredientes, hasta formar una pasta.

Rellenamos las claras de huevo con la mezcla de las yemas y los demás ingredientes.

Espolvoreamos con pimienta negra recién molida-

¡Buen provecho!

 

Nota

El Murri era muy popular en la cocina árabe. Tiene un sabor amargo y probablemente se usaba para condimentar alimentaos. Originalmente, el Murri era una papilla de cebada fermentada, el equivalente oriental al garum o liquamen romano (salmuera de pescado fermentada).

SITUACION DE LA MUJER EN AL-ANDALUS

 

SITUACIÓN DE LA MUJER EN AL-ANDALUS

En al-Andalus, las mujeres de las clases superiores son las señoras de las familias principales, recluidas en sus alcázares, y que sólo se liberan del velo y enclaustramiento cuando son hijas únicas o sin hermanos varones, y permanecen solteras, como las poetisas Wallāda la Omeya y Hafsa ar-Rakūniyya, hijas únicas y solteras, que así se liberan de desaparecer literalmente tras un velo, al contraer matrimonio. Una vez casada, la mujer no podía enseñar su rostro descubierto salvo al marido y a parientes cercanos .
El ejemplo más concreto de la libertad de la mujer en la España musulmana nos la procura Wallāda. Hija de un califa, al-Mustakfī, aprovechó la muerte de su padre, que tuvo lugar tras el desasosiego provocado por la fitna, para llevar una vida libre por completo; había abierto un salón que atraía a los más altos personajes y a los más reputados hombres de letras.


Su aspecto desenfadado, su desdén por el velo, lo atrevido de su conversación y en ocasiones la excentricidad de sus actitudes, mostraban bien a las claras que se había liberado de muchos prejuicios. Que se la culminó, es natural, pero el que se le tolerara una vida de ese género implica que el Islam, tan rígido y quisquilloso en lo que concierne a las mujeres, había relajado singularmente sus rigores en Andalucía, y hemos de suponer que por influencia de la cultura cristiana se fueron suavizando algunas normas sociales musulmanas. Así la mujer gozaba

 en al-Andalus de mayor libertad que en el resto del mundo islámico, al menos entre las clases media y alta.
Esta libertad que se le permite a la andaluza en la sociedad hispano-musulmana nos permite comprender mejor la abundancia de poemas compuestos por los poetas para cantar lo mismo la belleza física que las cualidades morales de la mujer.
Las mujeres en al-Andalus recibían al menos una educación elemental semejante a la de los varones; aprendían a leer, a escribir, el Corán y algo de poesía, aunque no acudían a las escuelas como los chicos sino que recibían la enseñanza en casa; igualmente podían acceder a la enseñanza superior pero ésta casi indefectiblemente la recibían de sus familiares más allegados, y si acudían a las mezquitas era en compañía de algún pariente masculino.
Posiblemente esta educación sólo se daba en las clases acomodadas.
En al-Andalus, se enseñaba a los niños primero las reglas elementales de la lengua, y poemas, antes de iniciar el estudio del Corán con el que comenzaba el aprendizaje en otros países musulmanes. Este temprano conocimiento de la poesía árabe explica la proliferación de poetas en la España musulmana, a pesar de que la lengua de la expresión poética fuese una coiné.

 

La razón podría estar en que les estaban vedados los lugares donde la poesía se difundía: estos lugares son las recepciones palaciegas con motivo de actos oficiales; la tertulia, donde se recitaba poesía, donde las mujeres estaban excluidas con excepción de las esclavas.
Resulta por tanto sorprendente el escaso número de poetisas, sobre todo en la época de las taifas en el que


cualquiera podía hilvanar unos versos . La literatura profesional en la civilización árabe-islámica requiere una amplia formación cultural que bajo las premisas de una sociedad patriarcal, no recibía una mujer destinada exclusivamente a la función de madre.
Llama la atención que la mayoría de las poetisas profesionales de al-Andalus son hijas únicas, sin hermanos varones, de padres acomodados y cultos que les dieron la educación que le hubieses dado a sus vástagos masculinos, de tenerlos. A lo largo de toda su vida estas mujeres actuaron como varones, no sólo en su actividad literaria, sino social, actuando, por ejemplo con un desenfado sexual que sólo era permitido a los hombres y que las llevó a ser tildadas de cortesanas.
Así, si las mujeres de al-Andalus componían poemas, éstos sólo eran reconocidos por sus familiares. Resulta significativo que las dos poetisas de las que tenemos más versos sean precisamente Wallāda y Hafsa ar-Rakūmiyya, cuyas vidas y obras poéticas estuvieron ligadas a los dos poetas masculinos de importancia Ibn Zaydūn de Córdoba y Abū Ya’far ibn Sa’īd.
Así pues el conocimiento de la poesía árabe de las mujeres de al-Andalus viene condicionado por sus relaciones con el mundo de los hombres y no por su condición social, ya que un mayor estatus de la clave llevaba aparejado una mayor carga de herencia económica y de linaje, y traía aparejado un mayor enclaustramiento. El caso de la libertad de acción de Wallāda y su producción poética no se puede extrapolar de las demás mujeres de sangre real. Es significativo que haya dos poetisas de origen beréber y una de ellas Hafsa ar-Rakūniyya sea la tal vez considerada la gran poetisa de al-Andalus. Durante la dominación de al-Andalus por las dinastías beréberes, almorávides y almohades, las poetisas parecen tener mayor libertad de movimientos.


Dentro de las esclavas de al-Andalus, las más relacionadas con el ambiente literario eran las cantoras, las qiyān, que recibían una esmerada educación, ya que su función era realmente la de ser cultivadas hetairas, capaces de satisfacer al hombre física y estéticamente a modo de las geishas japonesas.
Otro tipo de esclava son las esclavas de placer: la Ŷāriya. Las esclavas cumplían por tanto su función de satisfacer sexualmente al hombre, pero eran educadas en diversas artes y habilidades para alcanzar más alto precio y dar mayor placer al hombre, artes que abarcaban muy diversas facetas: había cantoras, músicas, poetisas y hasta filólogas, como la ‘Abbādiyya, la esclava que regalara Muŷāhid de Denia a su yerno al-Mu’tadid de Sevilla . Este status de la esclava, convertida en concubina, la situaba sobre la esposa legítima, la mujer libre que no era educada más que para madre y, para ama de casa.
La voz de las mujeres de al-Andalus, con lenguaje auténtico femenino o tomado prestado de los hombres, es la primera que nos ha llegado de las muchas que resonaron en la Península Ibérica. Fue expresada en lenguas que hoy han desaparecido de nuestro suelo, pero tal vez, traducida al español, no resulte tan antigua ni tan ajena .

Autor: Cristina Lena Fombuena - Fuente: Webislam

 

YUSUF V

 

YUSUF V

Yūsuf V: Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf b. Aḥmad b. Yūsuf b. Muḥammad b. Yūsuf b. Ismācīl b. Faraŷ b. Ismācīl b. Yūsuf b. Muḥammad b. Aḥmad b. Muḥammad b. Jamīs b. Naṣr b. Qays al-Jazraŷī al-Anṣārī, al-Mu’ayyad bi-[A]llāh. El Cojo. Granada, u. t. s. XIV – Almería, V.851/VIII.1447 (emirato 849-849 H./1445-1446). Emir de al-Andalus, decimoséptimo sultán de la dinastía de los Nazaríes de Granada, precedido por Muḥammad IX y sucedido por Ismācīl III.

Sultán nazarí

Biografía

Conviene advertir antes de iniciar esta biografía que se trata del sultán que hasta hace pocos años se identificaba, de forma provisional, como Muḥammad X el Cojo, pero gracias a la edición de una nueva fuente árabe de época nazarí, la Ŷunnat al-riḍà de Ibn cĀṣim (m. 1453), se descubre que se trata realmente de Yūsuf b. Aḥmad, al que las crónicas castellanas denominan solo como “el infante Cojo”. Su correcta identificación supone, entre otras modificaciones, la rectificación de la antigua denominación de tres sultanes posteriores: Muḥammad XI al-Ṣagīr, el Chiquito, (pasa a ser Muḥammad X), Muḥammad XII, Boabdil (pasa a ser Muḥammad XI) y Muḥammad XIII al-Zagal (pasa a ser Muḥammad XII).

Se desconoce su fecha de nacimiento, pero a través de diversos datos de la vida de su padre —nació hacia 1380 o a la largo de esa década— y la suya propia —en 1431 ya dirigió el ejército andalusí en la importante batalla de la Higueruela— cabe situarla aproximadamente en el primer decenio del siglo XV.

Aunque su padre no fue sultán, Yūsuf fue nieto y sobrino de emires. En cuanto a su padre, fue el príncipe Abū l-cAbbās Aḥmad b. Naṣr, uno de los hijos de Yūsuf II (1391-1392) y, por tanto, hermano de Muḥammad VII (1392-1408) y Yūsuf III (1408-1417) al mismo tiempo que nieto del gran Muḥammad V (1354-1359 y 1362-1391). Por lo que respecta a su madre, Fāṭima al-Ḥurra (“la Noble”, literalmente: “la libre”), era hermana de Muḥammad IX al-Aysar (1419-1427, 1430-1431, 1432-1445 y 1447-1453), quien mantenía con ella una relación muy estrecha y la distinguía con un trato que no dispensaba a nadie; ambos se profesaban un particular afecto.

De su familia también se conoce que tuvo una hermana, a la que su tío Muḥammad IX al-Aysar (el Zurdo o el Izquierdo) se llevó cuando huyó de la Alhambra ante el avance de Yūsuf IV Ibn al-Mawl (1432) en diciembre de 1431.

Su primera actuación conocida se produjo muchos años antes de ocupar el trono, en 1431, y consistió en el mando del ejército nazarí en la famosa batalla de la Higueruela en las cercanías de Granada frente al poderoso ejército castellano de Juan II.

A finales de diciembre de 1431 acompañó a su tío Muḥammad IX al-Aysar (el Zurdo o el Izquierdo) cuando este abandonó la Alhambra huyendo del avance de Yūsuf IV Ibn al-Mawl. Por tanto, también se dirigió a Almería y de allí se trasladó a la cora de Rayya, donde fueron acogidos muy favorablemente en Vélez-Málaga.

Tras ello, participó activamente en la recuperación del poder de su tío, hasta el punto de que se puede considerar que fue el artífice de la misma ya que su contribución resultó fundamental: dirigió las tropas de al-Aysar desde Málaga a Granada, entró en la capital, sitió la Alhambra y se enfrentó en las afueras de la ciudad a las fuerzas castellanas del adelantado Diego Gómez de Ribera coligadas con las de Yūsuf IV Ibn al-Mawl en marzo de 1432. Consiguió así que la capital abriera las puertas y reconociera a al-Aysar y una vez que este entró en la ciudad, siguió dirigiendo el asedio al emir Yūsuf IV hasta conseguir entrar en el Generalife y desde allí abrir las puertas de la propia Alhambra, por su parte trasera, a finales de abril.

A las pocas semanas, el verano de ese mismo 1432 y ya con su tío al-Aysar en su tercer reinado, prosiguió su actividad militar. En junio salió de Granada al mando de un contingente para reforzar las tropas de Guadix, que intentaron rechazar la incursión de tala y saqueo de la comarca guadijeña que emprendió el maestre de Calatrava, aunque fueron derrotados por este.

Yūsuf, que vivía en Granada, mantenía buenas relaciones con su tío, pero, por alguna razón, estas relaciones se enturbiaron y decidió marcharse a vivir a las cercanías de Granada, a una alquería situada a dos parasangas de la capital, Huétor Santillán (Qaryat Wād). Sin embargo, la situación no mejoró pues este distanciamiento fue aprovechado por los conspiradores —entre los que se encontraban hombres muy influyentes como el visir cAlī b. cAllāq— para fomentar más el conflicto entre tío y sobrino.

Temiendo el peligro de un desenlace desgraciado, Fāṭima al-Ḥurra medió entre su hijo y su hermano para apaciguar a este último; propuso a al-Aysar que enviara a Yūsuf a la alcazaba de Almería con el nombramiento de alcaide para apartarlo de las intrigas de la capital. Aunque el sultán se resistió en un principio, al final aceptó pues con ello alejaba de la Alhambra a un pretendiente al trono peligroso por el prestigio y popularidad que las numerosas acciones militares de Yūsuf le habían proporcionado. Es posible que esto fuera un acicate para su ambición política y la causa de su distanciamiento con su tío al-Aysar.

Los años siguientes Yūsuf fue ejerciendo su cargo de forma cada vez más independiente hasta mostrar algunos indicios de rebeldía y exigir atribuciones políticas que no le correspondían, como la acuñación de moneda a su nombre, o económicas, como los impuestos de la región. Incluso, envió sus tropas contra el alcaide de Maršāna (Santa Cruz de Marchena), al que asedió, aunque pudo resistir hasta que el sultán mandó para liberarlo al alcaide de Guadix, Muḥammad b. Muḥammad b. Salama.

Lo mismo intentó Yūsuf contra Andaraš (Laujar de Andarax), ante lo cual Muḥammad IX no pudo ignorar más la abierta rebeldía de su sobrino y al frente de su ejército, se dirigió a Almería acompañado de cadíes y ulemas que respaldaran legalmente su autoridad. Pero lejos de amilanarse, Yūsuf se hizo fuerte en la alcazaba y se proclamó sultán. Los partidarios del emir se dividieron y tras un mes de asedio Yūsuf resistió e, incluso, se atrevió a enviar un pequeño contingente contra el campamento de los sitiadores, a los que llegaron a derrotar.

El emir se vio obligado a levantar el cerco y emprender el regreso a Granada, pero la capital y Guadix se habían sublevado en favor de Yūsuf, por lo que al-Aysar se dirigió a Málaga (cabe suponer que no consiguió entrar en la capital). Sin embargo, las poblaciones de la zona se fueron sublevando contra él y reconociendo a Yūsuf: Vélez-Málaga, Coín, Ronda, la Algarbía e, incluso, la propia Málaga. Aunque al-Aysar pudo refugiarse en Álora y Casarabonela, tuvo la gran sabiduría política de renunciar al trono y abdicar en favor de su sobrino Yūsuf, consiguiendo así detener la guerra civil y beneficios para sí mismo: Yūsuf le permitió instalarse en la misma Alhambra, en la residencia llamada al-Dār al-Kabīra, la Casa Grande, y le concedió Salobreña y Motril.

De esta manera y en un periodo de unos cuatro meses, entre abril y agosto de 849/1445, el príncipe alcaide de Almería se convirtió en Yūsuf V y comenzó a organizar su gobierno, antes incluso de que hubiera abdicado Muḥammad IX hacia el mes de julio de ese año.

Con la misma kunya (prenombre de paternidad honorífico) de Abū l-Ḥaŷŷāŷ que llevaron los demás sultanes naṣríes y otros miembros de la familia real llamados Yūsuf, adoptó el título honorífico de al-Mu’ayyad bi-[A]llāh (el Apoyado por Dios), que ya había ostentado su antecesor homónimo, Yūsuf I (1333-1354), uno de los mayores sultanes de la dinastía.

En los primeros meses de su gobierno, en el mismo verano de 1445, se dedicó a organizar la administración y repartir cargos, rentas y privilegios entre sus partidarios, como señalan las crónicas nazaríes y muestra el documento de nombramiento de alcaide de Almería que Yūsuf V emitió con su firma desde la Alhambra el 12 de ŷumādà I de 849/15 de agosto de 1445.

Inmediatamente después de su entronización, tuvo que enfrentarse ya a una sublevación que encabezó un nuevo pretendiente ese mismo verano de 1445, el príncipe Abū l-Walīd Ismācīl. Este aspirante al trono era un pariente de la familia real nazarí que estaba instalado en la corte castellana, donde Juan II mantenía un grupo permanente de refugiados y disidentes granadinos que solían integrarse en la guardia morisca, pagada por el rey castellano.

Ismācīl partió de la corte castellana y se dirigió a Granada para instalarse en Cambil, plaza avanzada de la frontera andalusí. Desde allí se dedicó a provocar nuevas disensiones en el estado nazarí y suscitar la agitación en la capital. Ante ello, Yūsuf V optó por una hábil solución política: la destitución del visir cAlī b. cAllāq al-cĀmirī, responsabilizándolo de la situación, y el nombramiento en su lugar de Abū l-Qāsim Muḥammad b. Yūsuf, de la poderosa familia de los Banū l-Sarrāŷ (los célebres Abencerrajes), lo que logró apaciguar a los sublevados y partidarios de la oposición.

El sublevado Ismācīl comprendió que ya no podría alcanzar sus objetivos por el momento y regresó a Castilla. Recuperada la estabilidad, Yūsuf V no dudó en tomar represalias y detener a los caídes Abū l-Qāsim b. al-Sarrāŷ y su compañero Yūsuf b. Faraŷ b. Kumāša, a los que encarceló y confiscó todos su bienes. Restableció en sus funciones a cAlī b. cAllāq y lo envió al mando del ejército a Guadix para asediar a su alcaide Ibrāhīm b. cAbd al-Barr, que pudo resistir con el apoyo de la población; no obstante, Yūsuf V envió de nuevo a Ibn cAllāq el 26 de ramaḍān de 849/26 de diciembre de 1445, aunque la resistencia del rebelde decidió al visir a negociar y lograr un acuerdo, que se fijó por escrito, el ejército del sultán regresó a Granada el 2 de šawwāl de 849/1 de enero de 1446.

Obtenida así una mínima estabilidad, Yūsuf V pudo recuperar numerosas plazas perdidas anteriormente ante los cristianos, como Ḥiṣn al-Naŷaš, Ḥiṣn al-Barīŷ (en el bajo Almanzora), al parecer los dos Vélez (por el visir y alcaide de Guadix, Ibn cAbd al-Barr, y el de Baza, Yūsuf b. Kumāša, reforzados por al-Aḥsan al-Šarīf), Kurtuš (Cortes de Baza), Galera, Qasṭalla (Castilléjar), Huéscar y Ḥiṣn al-Sikka, si bien existen discrepancias en la identificación y cronología de estas conquistas (aunque hay coincidencia en que fueron realizadas por Yūsuf V y en 1446 o 1447).

Sin embargo, la situación interna seguía siendo inestable. Los partidarios de Muḥammad IX intentaban restaurarlo, pero sus reticencias animaron al alcaide de Guadix, el citado IbrāhĪm b. cAbd al-Barr, a recurrir al arráez Ismācīl (el mencionado pretendiente de 1445), al que llamó a mediados [15] de ū l-qacda de 849/[12] de febrero de 1446. La llegada de Ismācīl a Guadix debió de desencadenar una sublevación generalizada pues a los tres días de ella Yūsuf V huyó de la Alhambra y se dirigió a Almería acompañado de dos príncipes primos suyos y de los dos alcaides encarcelados, Ibn al-Sarrāŷ e Ibn Kumāša. Por su parte, el depuesto Muḥammad IX se separó aquella misma noche de Yūsuf V y se trasladó a Salobreña con sus seguidores.

Mientras el nuevo sultán Ismācīl III ocupaba la Alhambra y era entronizado, el derrocado Yūsuf V junto con sus seguidores y su ministro Ibn cAllāq se hacía fuerte en Almería y desde allí lanzaba ataques contra el nuevo emir y contra la frontera castellana. Así, logró conquistar por combate en la primavera, hacia el mes de mayo, de 1446 las villas y castillos de Benamaurel y Benzalema, en poder de los castellanos. Para frenar estos ataques a su vasallo, Juan II ordenó que se le enviara apoyo el 6 de octubre de 1446 y, el 18 de diciembre, que se atacara a diversas plazas sublevadas en contra de Ismācīl III.

Esta ayuda castellana no detuvo a Yūsuf V el Cojo sino que, en una hábil maniobra, utilizó la misma estrategia que Juan II: aprovechar las discordias internas de Castilla aliándose con los nobles castellanos sublevados para atacar a Ismācīl III.

Pero, sobre todo, Yūsuf V sacó partido de las querellas dinásticas castellanas para reconquistar algunas fortalezas y plazas que los cristianos habían arrebatado a los Nazaríes un decenio antes. De esta manera y a pesar de estar destronado, continuó desde Almería sus campañas y logró, en el verano de 1447, hacia agosto, recuperar el castillo de Arenas (Campillo de Arenas), Huéscar, Vélez Blanco y Vélez Rubio —aunque la recuperación de estas tres últimas fue durante su emirato en 1446, según Ibn cĀṣim—, que el rey castellano no pudo socorrer.

Desgraciadamente, no pudo recoger los frutos de sus esfuerzos pues fue traicionado por su visir Ibn cAllāq, que lo asesinó en Almería a finales [30] de ŷumādà I de 851/[13] de agosto de 1447, cortando así la serie de campañas victoriosas que estaba realizando hasta ese momento. No obstante, su intensa labor de desgaste contra Ismācīōl III contribuyó considerablemente al derrocamiento de este, que tan solo un mes después de la muerte de Yūsuf V huía a Castilla mientras Muḥammad IX al-Aysar recuperaba el trono antes del final [29] de ŷumādà II de 851/[11] de septiembre de 1447.

 

Bibliografía

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Autor/es

  • Francisco Vidal Castro

 

miércoles, 18 de marzo de 2026

MAHSHI SEGÚN AL-ÁNDALUS

 

MAHSHI SEGÚN AL-ÁNALUS

Según la cocina medieval en al-Ándalus, esta receta de berenjenas, se servía como guarnición.

Ingredientes

4 berenjenas medianas

2 huevos

75 gr de queso parmesano rallado o queso de oveja seco

2 cucharadas de polvo de almendras

1 cucharada de cilantro

1 cucharada de aceite de oliva

Hojas de cilantro

Sal

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

Precalentamos el horno a 180º.

Cortamos las berenjenas por la mitad y vertemos un chorrito de aceite de oliva por dentro.

Salpimentamos y cerramos las berenjenas, colocamos sobre una fuente de hornear en la placa del horno o las rejillas. Metemos en el horno y horneamos durante 40 minutos.

Sacamos y dejamos enfriar para no quemarnos al recuperar la `pulpa de las berenjenas. Reservando la `piel de las berenjenas.

Picamos finamente la pulpa de las berenjenas en un bol y agregamos las semillas de cilantro, las almendras molidas, el aceite de oliva, los huevos y el queso. Mezclamos todo muy bien para que se integren los ingredientes.

Ponemos el relleno en la piel de la berenjena, algunas lonchas de queso y horneamos durante 5 minutos a 180º, para que se derrita el queso.

Cuando esté listo para servir, espolvorear con unas hojas de cilantro.

¡Buen provecho!

 

 

PAPAS AL AJILLO AL ESTILO DE MÁLAGA

 

PAPAS AL AJILLO AL ESTILO DE MÁLAGA

Ingredientes

480 ml de aceite de oliva virgen extra

700 gr de patatas

8 dientes de ajos

1 cucharadita de pimentón dulce

1 cucharadita de orégano

½ cucharadita de comino molido

¼ de cucharadita de chile en polvo o cayena en polvo

1 cucharada de vinagre de vino blanco

60 ml de agua

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil fresco para decorar (opcional)

 

Elaboración

Pelamos las patatas, y las cortamos en rodajas de unos 0,65 centímetros de grosor, luego colocamos las rodajas de patatas en un bol con agua y las enjuagamos durante 1 minuto o hasta que el agua salga limpia. Después colocamos las patatas sobre sobre un paño de cocina y las secamos completamente con palmaditas.

En una sarten grande, calentamos a fuego medio el aceite de oliva virgen extra.

Mientras tanto, hacemos un corte en cada diente de ajo asegurándonos de dejar la piel.

Añadimos los dientes de ajo a la sarten, sofreímos durante 5 minutos para que el aceite coja el sabor del ajo, luego lo retiramos de la sarten y reservamos.

Añadimos con cuidado las patatas en rodajas a la sarten y mezclamos suavemente para que queden bien impregnadas de aceite de oliva. Removemos cada 3-4 minutos suavemente para que se salteen de manera uniforme.

Mientras tanto,  retiramos  las cascaras de los dientes de ajo, y agregamos estos a un mortero, junto con el pimentón, el orégano, el comino molido la guindilla o cayena en polvo, la sal y la pimienta negra recién molida, y majamos todo muy bien hasta formar una pasta homogénea, luego agregamos el vinagre y el agua, y mezclamos bien para que todos los ingredientes estén bien integrados en este majado.

Después de saltear las patatas durante 20-25 minutos, hasta que estén doradas y bien cocidas, retiramos de la sarten y reservamos, sazonándolas previamente con sal.

Vertemos el aceite de oliva  de la sarten en un colador sobre una jarra o un bol debajo.

Calentamos mientras la sarten a fuego medio-bajo y añadimos 2 cucharadas de aceite de oliva reservado y colado. Añadimos con cuidado las patatas en rodajas, formando una capa uniforme, y vertemos la salsa del majado de ajo, asegurándonos de distribuirla bien. Calentamos durante 5-10 minutos, removiendo suavemente la sarten de vez en cuando. Retiramos del fuego.

Pasamos las patatas a una fuente para servir y decoramos con perejil fresco picado (opcional).

¡Buen provecho!