Las
invasiones africanas de los siglo XI y XII (almoravide y almohade) trajeron
consigo a Al-Andalus una arquitectura y arte musulmán basados en el sillarejo o
mampostería entre hiladas de ladrillo, (aunque ésta ya se utilizó en el mundo
romano) arco polilobulado o de herradura apuntada (túmido), bóvedas de
mocárabes, y artesonados de lazo y armaduras de par y nudillo.
En
este contexto, el Imperio Almohade fijó la capital de Al-Andalus en Sevilla y
erigió una grandiosa mezquita, más grande incluso que la de Córdoba, con 17
naves y cinco cúpulas ante el mihrab.
Esta
mezquita mayor de Sevilla fue destruida para construir la catedral cristiana de
estilo gótico, respetando únicamente dos elementos musulmanes: la citada
Giralda, reconvertida en campanario cristiano y el Patio de los Naranjos.
La
Giralda, a pesar de su autonomía, ejerce la función de torre y de campanario de
la Catedral de Sevilla. Patrimonio de la Humanidad desde 1987, no sólo destaca
por su ubicación e historia, también debemos subrayar su factura
arquitectónica, su función a lo largo de los siglos y su significado dentro del
casco antiguo de la ciudad. Su base cuadrada se sitúa a 7,12 metros sobre el
nivel del mar, teniendo 13,61
metros de lado y una altura de 104,06 metros. Fue
construida en su base a imagen y semejanza del alminar de la mezquita Kutubia
de Marrakech (Marruecos), aunque el remate superior y campanario es de progenie
europeo renacentista.
El
último cuerpo de la torre almohade fue sustituido en el siglo XVI por Hernán
Ruiz mediante un remate renacentista sobre el que gira una estatua femenina de
bronce de 4 metros
de altura que representa "la fé victoriosa" llamada el
"giraldillo" que da nombre a la torre.
La
Giralda tiene la estructura clásica de los alminares almohades y que se seguirá
usando durante siglos en la mayoría de los campanarios mudéjares. Está
compuesta de un prisma central de base cuadrada, rodeada por los cuatro muros
externos. Entre ambas estructuras se situaban las rampas de subida, que en el
caso de la Giralda y por su gran tamaño, permitía incluso el acceso a caballo.
La
decoración exterior se basa en vanos bíforos o ajimeces, bien con arcos de
herradura semicirculares o polilobulados, rodeados por alfiz y acogidos por
otro gran arco lobulado apuntado (arco túmido).
En
las calles laterales hay arcos murales ciegos y se extienden paños de
"sebka" así llamada la retícula que forman dichos arcos polilobulados
cuando se extienden por amplias superficies murales y que desde lejos semejan
ser una red de rombos.
No
sólo la gran altura de este alminar hace destacar a la Giralda entre todas las
norteafricanas, sino su decoración en franjas o calles verticales le confiere
una airosidad especial.
La torre está constituida
por dos cuerpos diferentes aunque perfectamente unidos, mostrando un ejemplo
perfecto del crisol de culturas existente en la ciudad.
El cuerpo musulmán
es el más antiguo, fue iniciado en 1184
por orden de Abu Yaqub Yusuf
para ser el alminar de la mezquita almohade de Sevilla. Su
construcción se comenzó en piedra, tal y como se puede apreciar en su base, y
se emplearon los restos de algunos edificios y lápidas romanas. La muerte de
Abu Yacub trajo un cambio en la obra, al encargarse de ella Alí de Gomara,
quien contunuó la construcción en ladrillo. Se basó en el alminar de la
mezquita Kutubia (70
metros) de Marrakech, (Marruecos) y considerada obra
maestra del arte hispano-magrebí. También se la considera hermana de la gran
Torre Hasan (60 metros)
de Rabat.
Como curiosidad cabe
destacar el hecho de que la Giralda no tiene escaleras, sino 35 rampas
suficientemente anchas para permitir que el sultán subiera por ellas montado a
caballo para ver la bella estampa que se divisa.
A raíz de un terremoto
ocurrido en 1365
se perdió el yamur original, conjunto de cuatro esferas o
"mazanas" de tamaño decreciente en cobre dorado que coronaba la
torre. En aquel momento fue sustituido por una sencilla espadaña.
Posteriormente en el siglo
XVI, se añadió el actual cuerpo cristiano, el campanario que remata la
torre. La construcción de este cuerpo estuvo a cargo del arquitecto cordobés Hernán Ruiz,
encargado para realizarlo con un remate en forma de estatua que representara
la Fe.
Ya desde principios del año
1558 este arquitecto presentó ante el
Cabildo las trazas para la construcción de un modelo para el campanario, junto
con las de la Sala Capitular, sus dos obras emblemáticas para la catedral
hispalense. El conjunto fue comenzado en ese mismo año, y aunque las obras de
la catedral estaban abiertas por varios frentes (también por entonces se
trabajaba en la Capilla Real), en aquellos años la principal ocupación de
Hernán Ruiz II estaba en la realización del cuerpo de campanas de la torre,
obra que acabó en el año 1568.
El
Giraldillo, réplica ante la Puerta del Príncipe de la Catedral.
Originalmente Giralda
era el nombre que tenía la figura de la Fe, una enorme estatua realizada por el
escultor Juan
Bautista Vázquez El Viejo sobre el modelo previamente diseñado por
el pintor Luis de Vargas,
que con más de 4 m
de altura (7 con el pedestal) corona el campanario y que fue instalado en el
mismo año 1568. El nombre proviene de los giros que se producían en la figura
con los cambios de viento, pues hace las veces de veleta. Con el paso del
tiempo, ese nombre pasó a denominar a la propia torre, conociéndose la figura
como el Giraldillo.
El siguiente cuerpo que
tiene encima del de campanas es el cuerpo de las azucenas, que cuenta
con cuatro jarras de azucenas de bronce, una en cada esquina. Las actuales
azucenas son reproducciones de las antiguas, casi desaparecidas por el
deterioro del tiempo. Son obra del conocido y recientemente fallecido orfebre Fernando
Marmolejo Camargo, que incluso tuvo el honor de colocarlas por lo
que se le conoce cariñosamente como "el prioste de la Giralda". Y
encima de este existe otro cuerpo más de estilo renacentista formado por el cuerpo de
carambolas, cuerpo de estrellas, cúpula y cupulín y sobre éste la estatua de la
Fe.
Si
la arquitectura de la Giralda es interesante por su perpetuación en el mundo
mudéjar, algo similar podemos decir de su decoración exterior que veremos, más
o menos evolucionada, durante siglos en numerosos edificios mudéjares de
Aragón, Castilla y Andalucía.
El
esfuerzo de ascender por el interior de esta torre hasta el cuerpo de campanas
da oportunidad de poder observar, a muy poca distancia, los magníficos trabajos
de sus ventanales, donde se pueden admirar los propios arcos y los capiteles de
ascendencia califal.
Otro
de los alicientes de visitar la La Giralda es poder presenciar la complicada
estructura exterior de la catedral sevillana. Pocas veces se tiene oportunidad
de estudiar la compleja estructura de ventanales, bóvedas, pináculos y
arbotantes de una gran catedral gótica.