martes, 28 de abril de 2026

zoque

 

ZOQUE

La palabra “zoque” tiene su origen en el árabe “suqat” que quiere decir desecho. Quizás el nombre de zoque, fuese porque esta sopa fría se hacía con el pan duro del día anterior.

Su origen se atribuye al pueblo de Benamargosa (Axarquía)  Malaga.  Donde se atribuye el origen del zoque malagueño, en el que se hace con limones cascaruos, y sin tomates en su elaboración. Pero en Málaga el zoque malagueño, es una variante del gazpacho andaluz, pero tiene una textura más espesa; y uno de los platos más típicos en la gastronomía de Málaga

Ingredientes

3 tomates gordos

2 rebanadas de pan cateto o pan asentado del día anterior gruesas

1 diente de ajo

1 pimiento rojo pequeño

1 zanahoria

2 cucharadas soperas de vinagre

4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

½ vaso de agua

Sal al gusto.

 

Elaboración

Lavamos las hortalizas, despepitamos el pimiento, pelamos la zanahoria y el ajo.

Troceamos los tomates bien maduros, las zanahorias la limpiamos y troceamos, quitamos la piel al ajo, así como el pimiento en trozos. Colocamos en el vaso de la trituradora o batidora.

Mojamos las rebanadas de pan, y después de empapados los estrujamos para quitar el exceso de agua, y colocamos en el vaso de la trituradora o batidora.

Trituramos a máxima velocidad, hasta que todos los ingredientes formen como un pure.

A continuación, añadimos el vinagre, el agua y sal al gusto, trituramos o batimos y vamos echando poco a poco el aceite de oliva virgen extra, hasta que todo emulsione hasta desear la consistencia deseada. Si lo encuentras muy caldoso, podemos escurrirlo por un colador o un chino.

Refrigeramos hasta el momento de consumirlo-

Servimos frio, y podemos acompañarlo de gambas o jamón, según el gusto de cada uno.

¡Buen provecho!

 

 

 

 

 

 

ZAWI B. ZIRI AL-SINHAYI

 

ZAWI B. ZIRI AL-SINHAYI

Zāwī b. Zīrī al-Ṣinhāŷī. Ifrīqiya (Túnez), f. s. IV H./ f. s. X C. –, m. s. V H./ m. s. XI C. Fundador y soberano de la taifa de Granada, c. 1009 – 1020/1025.

Rey de Taifa

Biografía

Jefe del clan tribal de los Zīríes llegados a al-Andalus a principios del siglo XI; fundó la dinastía de los Zīríes, en la rama de los que fueron reyes de la taifa de Granada durante algo más de ochenta años (c. 400 H./1009 C. – 483 H./1090 C.). Los Zīríes eran beréberes Ṣinhāŷa, de la rama de los Barānis, y gobernaban Ifrīqiya desde que, a fines del siglo X, los califas Fāṭimíes se trasladaron a Egipto. Un grupo de los Zīríes pasó a al-Andalus a principios del XI, encabezados por Zāwī ibn Zīrī ibn Manād y dos sobrinos (uno de ellos, su sucesor Ḥabūs), tras querellarse contra su pariente Bādīs ibn al-Manṣūr ibn Buluggīn ibn Zīrī, señor entonces de Ifrīqiya (386 H./996 C. - 406 H./1016 C.). Después de residir en al-Andalus esos años iniciales del siglo XI, Zāwī ibn Zīrī volvió a Ifrīqiya en 410-411 H./1019-1020 C., o en 416 H./1025 C.

Desde 1009, al territorio que pronto se llamará “de Granada” afectó la guerra civil desatada en Córdoba a principios de ese año, y comenzó a mostrar una más concreta entidad geopolítica, pues la cora omeya llamada de “Elbira” (Ilbīra: por la anterior Ilíberis), que hasta entonces englobaba también tierras de Almería, se restringió a las de Granada y pasó a regirse desde esta nueva capital, elegida y alzada como sede por los beréberes Zīríes para constituir su taifa. El geógrafo almeriense de finales del siglo XI, al-cUḏrī, lo refiere así: “A principios del año 400 de la Hégira/septiembre 1009, sobrevino la guerra civil (fitna); se fragmentaron las regiones y todas las dependencias administrativas [de la cora de Ilbīra] se repartieron entre un determinado número de arráeces: la mitad [de la cora de Ilbīra] pasó a poder de los beréberes [desde Granada] y la otra mitad cayó en manos de los [eslavos] de Almería. A partir de aquel momento, el enfrentamiento [entre ambas taifas] aumentó sobremanera”.

Así empezó la entidad geopolítica de Granada, con su “nuevo” nombre de Igranāṭa o Garnāṭa, de etimología discutida, y seguramente conectada con la antigua denominación de “castillo de las granadas” (ḥisn al-rummān). El enclave fue fundado como capital, a principios del XI, por los beréberes Zīríes, según varios textos árabes, como los de el geógrafo al-Idrīsī, quien, a mitad del siglo XII, recopila la siguiente noticia: “La ciudad de Granada (Igranāṭa) fue fundada en tiempos de los alzados en taifas en al-Andalus, siendo antes la capital Ilbīra, pero ésta despoblóse pues sus habitantes se trasladaron a Granada, que fue urbanizada...”.

Los Zīríes, encabezados por Zāwī, eligieron la colina situada en la ribera derecha del río Darro, donde habría un exiguo núcleo habitado, y, enseguida, “su” Granada se expandirá hacia el llano, donde se desarrollará el núcleo urbano central con la mezquita y los zocos. Los Zīríes situaron su residencia en la “Alcazaba Vieja”, recinto seguramente anterior y por ellos rehabilitado, según restos que perduran en algún lienzo de murallas y en el palacio de la Dār al-Ḥurra.

En tiempos de al-Muẓaffar, hijo y sucesor de Almanzor (1002-1008), además de seguir llegando Zanātas, también vinieron Ṣinhāŷa de los entonces situados en la zona de Ifrīqiya o Túnez. De tales Ṣinhāŷa cruzó a al-Andalus un grupo de los contríbulos de Zīrī ibn Manād, mandados por Zāwī, valeroso guerrero, que sobresalió en varios episodios de la guerra civil andalusí y a quien se debe la fundación de la taifa de Granada; su descendiente, el emir cAbd Allāh, último soberano de esta taifa, alababa en sus Memorias (trad. de E. Lèvi-Provençal y E. García Gómez, 1980: 82) las hazañas de Zāwī como combatiente en las milicias de los cĀmiríes: “entre estos jefes beréberes, de los que tenían una inteligencia más sutil y unas miras más elevadas eran nuestro tío abuelo Zāwī ibn Zīrī, y, tras él, su sobrino Ḥabūs ibn Māksan”.

El primer califa omeya del golpe de Estado de febrero de 1009, al-Mahdī, persiguió a los partidarios del anterior régimen, como eran los eslavos y los beréberes “nuevos”, milicias poco tiempo atrás llegadas a al-Andalus. Y ambos grupos salieron de Córdoba, en busca de un territorio donde y del cual vivir, iniciando sus autonomías en taifas. Mientras, la guerra civil ardía por todo el país, girando en torno a los distintos pretendientes al Califato, algunos proclamados o apoyados por estos beréberes 'nuevos', que empezaron a constituir sus taifas (además de Granada, en Carmona, Morón, Arcos y Ronda, más Málaga y Algeciras), reconocedoras de los Califas Ḥammūdíes, primero en Córdoba (1016-1026) y luego en Málaga y Algeciras.

Al-Mahdī exacerbó a los cordobeses contra las milicias beréberes, y sobre todo contra Zāwī y los Zīríes, según cuenta el gran cronista cordobés Ibn Ḥayyān, contemporáneo de los hechos, observando que al-Mahdī “causó que todo se echara a perder, y la grande y larga guerra civil que los andalusíes llaman “fitna beréber”, aunque más justo y acertado sería que la llamaran 'fitna del Mahdī'”. Aquellos beréberes, con Zāwī a la cabeza, apoyaron a otro omeya, Sulaymān al-Mustacīn, a quien instalaron en el Califato de Córdoba, entre noviembre de 1009 y junio de 1010; expulsados entonces de la capital, volvieron los beréberes a atacar terriblemente Córdoba, hasta reimponer allí a “su” Califa al-Mustacīn en mayo de 1013.

Al-Mustacīn recompensó a quienes le apoyaban, entre ellos a los Zīríes, y así “dividió una parte del territorio de al-Andalus entre los jefes de las tribus beréberes”, según transmite el cronista Ibn cIḏārī: dio Ilbīra (pronto cambiada a Granada) a los Ṣinhāŷa, el norte de Córdoba a los Magrāwa, Jaén a los Banū Yafran y a los Banū Birzāl, y a los Banū Dammar y a los Azdāŷa Medina Sidonia y Morón, y Zaragoza al Tuŷībí Munḏir. Estas concesiones territoriales, en unos casos “legitimaron” soberanías ya iniciadas, en otros las iniciaron, y algunas no duraron. Pero es notable que el emir cAbd Allāh (trad. de E. Lèvi-Provençal y E. García Gómez, 1980: 85) no mencione esta concesión oficial, pues para explicar los orígenes de los Zīríes en Granada sólo se refiere a que fueron llamados por las gentes de Ilbīra para que les defendieran estos militarizados beréberes, los cuales “aceptaron la proposición, satisfechos de tal deferencia y contentos de apoderarse de esta ciudad mejor que de ninguna otra, viendo además que la oferta no podía encerrar engaño, ya que los habitantes de Ilbīra estaban sumamente desunidos, y que les ofrecían el poder sin tener ellos grupos étnicos o familiares de quienes fuese de temer coalición hostil”.

El reparto territorial realizado por el califa Sulaymān al-Mustacīn (asesinado en julio de 1016) señalaría que, antes de esa fecha, ya estaban los Zīríes dominando Ilbīra por concesión califal, lo cual podría estar interesado en resaltar el cronista magrebí Ibn Ḥamād, origen de la noticia, procurando así legitimar su dominio. Instalados los Zīríes en Ilbīra, y extendiéndose hasta Jaén, acordaron crear dos áreas, separadas aunque conectadas, y Zāwī quedó al frente de la de Ilbīra, mientras su sobrino Ḥabūs ibn Māksan regía el resto. Pronto, seguramente en 1013, Zāwī decidió instalarse en una sede propia, y se trasladó al cercano lugar de Granada, y “en tanto Ilbīra quedaba arruinada, comenzaron a edificar en aquel sitio, y cada uno de los hombres del grupo, lo mismo andalusí que beréber, procedió a edificar allí su casa”, según el emir cAbd Allāh (trad. de E. Lèvi-Provençal y E. García Gómez, 1980: 88).

Las taifas debían justificarse reconociendo a un Califa, y esto les llevó a alzar a unos u otros pretendientes. Los Zīríes ya “granadinos” apoyaron, con otros beréberes 'nuevos' y con algunos destacados eslavos, como Jayrān de Almería, al Ḥammūdí cAlī, y lo instalaron como Califa en Córdoba, en julio de 1016. Zāwī ibn Zīrī se opuso luego al califa omeya al-Murtaḍà, proclamado en 407 H./1016-1017 C., por las taifas de Zaragoza y Alpuente, y por los eslavos de Tortosa, Valencia, Denia y Almería, apoyado por beréberes Zanāta; este califa al-Murtaḍà fue vencido y muerto en 1019 ante las murallas de Granada, de lo cual se conservan referencias cronísticas e incluso un relato anecdótico, recordado en el siglo XIV por el literato granadino Ibn Simāk.

Zāwī ibn Zīrī destacó entre los reyes de taifas como líder del “partido beréber”, pero, por razones no bien aclaradas, quizás a causa de querellas con las taifas de Zanātas, decidió regresar a su tierra de Ifrīqiya, acompa­ñado por su familia directa y pocos más contríbulos, lo cual hizo en 410-411 H./1019-1020 C., o en 416 H./1025 C. (fecha que da Ibn al-Jaṭīb). Su sobrino Ḥabūs ibn Māksan se hizo cargo de toda la taifa, desplazando a los propios hijos de Zāwī, uno de los cuales quizás logró suceder a su padre, aunque por breve tiempo. Zāwī había ejercido su poder sin darse título alguno ni emitir moneda.

Bibliografía

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Autor/es

  • María Jesús Viguera Molins

 

TORTILLA ESPAÑOLA CON SALSA DE CEBOLLA

 

TORTILLA ESPAÑOLA CON SALSA DE CEBOLLA

Ingredientes

Para la tortilla:

90 ml de aceite de oliva

1 cebolla mediana, picada gruesamente

2 patatas medianas cortadas en trozos finos

4 huevos grandes

1 cucharada de aceite de oliva

Sal

Pimienta negra recién molida

Para la salsa de cebolla:

35 ml de aceite de oliva

1 cebolla mediana finamente picada

4 dientes de ajo picados gruesamente

1 cucharada de harina de trigo

120 ml de vino blanco

360 ml de caldo de verduras

Hebras de azafrán

1 hoja de laurel

Sal

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

Preparación de la tortilla :en una sarten antiadherente a fuego medio añadimos los 90 ml de aceite de oliva. Después de un par de minutos, agregamos la cebolla picada, mezclamos bien y cuando pasen unos 4 minutos, agregamos las patatas en rodajitas, mezclamos y removemos cada2-3 minutos.

Mientras tanto, rompemos los huevos en un bol grande, salpimentamos al gusto y batimos junto.

Una vez que las patatas estén cocidas, aproximadamente 20 minutos, podemos pincharlas con jun palillo para asegurarnos de que están listas; sazonamos con sal y pimienta negra recién molida, mezclamos muy bien, y después transferimos las patatas al bol con los huevos batidos, y mezclamos muy bien.

Calentamos la sarten a fuego medio-bajo y añadimos una cucharada de aceite de oliva.

Después de un par de minutos, agregamos la mezcla de patatas y huevos, asegurándonos de que cubra toda la superficie en una capa uniforme.

Después de 3-4 minutos, pasamos una espátula por los bordes exteriores para asegurarnos de que la tortilla no se pegue a la sarten. Colocamos un plato sobre la tortilla y, con un movimiento rápido, damos la vuelta a la sarten sobre el plato. Deslizamos la tortilla de nuevo a la sarten, compactándola desde los bordes exteriores hacia el centro y cocinamos durante 3-4 minutos o hasta que los huevos estén bien cocidos. Retiramos del fuego y reservamos.

Para la salsa de cebolla: Calentamos en una sarten grande a fuego medio y añadimos 2 cucharadas de aceite de oliva. Después de un par de minutos, agregamos la cebolla  y los ajo picados, mezclamos continuamente y después de unos 3-4 minutos, agregamos la harina de trigo mezclando continuamente durante 2 minutos, luego agregamos el vino blanco y continuamos mezclando durante 2-3 minutos,  luego agregamos el caldo de verduras, el azafrán y la hoja de laurel y mezclamos suavemente continuamente durante 4-5 minutos o hasta obtener una salsa ligeramente cremosa, salpimentamos al gusto, mezclamos bien y bajamos el fuego.

Mientras la salsa de cebolla se cocina a fuego lento, cortamos la tortilla en 4 trozos de tamaño uniforme

Agregamos los trozos de tortilla a la sarten con la salsa, asegurándonos de que estén todos en una sola capa y bien espaciados, vertemos un poco de salsa sobre cada trozo, cocinamos a fuego lento durante 2-3 minutos y luego retiramos del fuego.

Servimos directamente de la sarten o los pasamos a platos individuales.

Servir caliente.

¡Buen provecho!!

 

 

 

 

 

jueves, 23 de abril de 2026

PASTEL DE PASAS DE MALAGA

 

.PASTEL DE PASAS DE MÁLAGA

En Andalucia tenemos la suerte de contar con productos de alta calidad, como las pasas de Málaga, que además poseen Denominación de Origen Protegidas (DOP). Esta denominación abarca las pasas producidas en los municipios de Casares, y otros de la Axarquía.

Ingredientes

3 huevos

1 yogur natural

350 gr de harina para repostería

2 sobres duplo de SODA EL TIGRE  (impulsor o gasificante)

225 gr de azúcar

100 gr de pasas de málaga

125 ml de aceite de oliva

Mantequilla para engrasar el molde

 

Elaboración

Ponemos las pasas en remojo en agua tibia.

Batimos los huevos y el azúcar en un bol, con la varilla eléctrica o manual, hasta que la mezcla este pálida y espumosa y haya doblado su volumen. Vertimos el yogur y los mezclamos suavemente con la varilla.

Con la harina tamizada con los sobres de SODA EL TIGRE, la vertemos en el bol de los huevos y continuamos batiendo hasta su integración. A continuación, añadimos el aceite de oliva y seguimos batiendo hasta formar una masa con textura. Escurrimos las pasas, las pasamos por harinas y la incorporamos suavemente a la mezcla.

.Precalentamos el horno previamente a 180º.

Engrasamos un molde para pastel y vertemos la masa en él.

Metemos en el horno a media altura, y horneamos durante 40-45 minutos.

Sacamos del horno pasado este tiempo, y dejamos enfriar a temperatura ambiente. Desmoldamos una vez frio.

¡Buen provecho!

al-qasim b. hammud

 

AL-QASIM B. HAMMUD

Al-Qāsim b. Ḥammūd: Abū Muḥammad, al-Qāsim b. Ḥammūd b. Maymūn b. Ḥammūd b. ‘Alī b. ‘Ubayd Allāh b. Idrīs b. Idrīs b. ‘Abd Allāh b. Ḥasan b. al-Ḥasan b. ‘Alī b. Abī Ṭalīb, al-Ma’mūn (El Fidedigno). Marruecos, c. 345-6/958 – Málaga, ša‘bān del año 427/VI.1036. Segundo califa ḥammūdí de Córdoba, descendiente de ‘Alī b. Abī Ṭalīb y de Fāṭima, hija del Profeta. Según Ibn ‘Iḏārī, siguiendo a Ibn Ḥayyān, su califato en dos etapas duró cuatro años y veintitrés días.

Califa hamudí

BIOGRAFIA

Su padre, Ḥammūd b. Maymūn, fue un notable de la zona de Arcila de familia árabe fuertemente berberizada. Su madre se llamaba al-Bayḍā’ (Blanca) al-Qurayšiyya, hija del tío paterno de su esposo.

En las primeras semanas que siguieron al asesinato de su hermano ‘Alī b. Ḥammūd, primer califa ḥammūdí de Córdoba, y el advenimiento de al-Qāsim, se dio un pretendiente omeya —suscitado en el Levante de al-Andalus por Jayrān, señor de Almería y el tuŷībí al-Munḏir b. Yaḥyà, señor de Zaragoza, así como por otros notables—, del que esperaban los cordobeses una restauración omeya que diera nuevo esplendor al califato ya moribundo, pero no llegó a cuajar. El flamante califa omeya era un bisnieto de Abderramán III, llamado ‘Abd al-Raḥmān IV b. Muḥammad b. ‘Abd al-Malik, que se había retirado a Valencia y había sido proclamado califa bajo el nombre de al-Murtaḍà, luego del asesinato de ‘Alī b. Ḥammūd; mas viendo Jayrān y al-Munḏir que el nuevo Califa no iba a ser manejable, decidieron antes de ir a Córdoba atacar a los beréberes zīríes de Granada, a fin de deshacerse de al-Murtaḍà. Dicho y hecho, dejaron al flamante califa cuasi abandonado ante el ejército beréber, y los dos fautores califales se retiraron a Almería. Con todo, al-Murtaḍà pudo escapar y refugiarse en Guadix, donde unos sicarios de Jayrān lo volvieron a apresar y lo asesinaron.

En el ínterin, las milicias bereberes ḥammūdíes de Córdoba y Sevilla proclamaron a al-Qāsim como sucesor, vulnerando, pues, el testamento del difunto califa ḥammūdí ‘Alī, que había nombrado a su hijo mayor Yaḥyà heredero presunto y se hallaba entonces en Ceuta.

Al-Qāsim se apresuró a trasladarse de Sevilla, ciudad de la que era gobernador, a Córdoba para recibir el juramento de fidelidad de los cordobeses, que se lo prestaron el martes 4 de ḏū-l-qa‘da de 408/25 de marzo de 1018, tres días después de la muerte de su hermano menor ‘Alī. El nuevo califa había sobrepasado los 61 años de edad el día de su proclamación.

Yaḥyà, a quien correspondía la herencia de su padre, no estimó conveniente oponerse de momento a la proclamación de su tío, pero no descuidó asegurar sus dominios: Málaga, donde estaba su hermano Idrīs, y las plazas africanas. Al-Qāsim por su parte designó como heredero a su sobrino Yaḥyà y le dio a su hija Fátima como esposa. Cuando Yaḥyà más tarde reciba propuestas de los beréberes de Córdoba que el califa al-Qāsim había postergado, ofreciéndole su apoyo para ocupar el Trono, entonces Yaḥyà se desplazó a Málaga, enviando a su hermano y lugarteniente Idrīs a Ceuta.

Mientras, la capital cordobesa conoció durante tres años seguidos una verdadera paz. Al-Qāsim no estaba desprovisto de ciertas dotes políticas y su avanzada edad lo inclinaba a la moderación; de ahí que hasta gozase de cierta popularidad entre la población. Al hacerse cargo del poder decretó una amnistía general y abolió las medidas de su hermano ‘Alī, que obligaban, entre otras cosas, a la gente acomodada a pagar personalmente el equipo y el mantenimiento de un soldado. Poco a poco se ganó la animadversión de las milicias beréberes, hasta el punto de que el califa empezó a desconfiar de ellos, por lo que reclutó en el norte de África mercenarios negros que empleó como guardia de corps. Algunos le atribuían opiniones ši‘íes; pero no las dejaba transparentar. Su talante moderado atrajo a la corte a jefes esclavones amiríes de Levante, tales como Jayrān y Zuhayr, confiándoles el mando sobre sus regiones, Almería al primero, y Jaén, Baeza y Calatrava al segundo.

Con el tiempo las relaciones entre el califa y su heredero presunto, su sobrino y yerno Yaḥyà b. ‘Alī se fueron deteriorando; el segundo se había dado buena maña para acrecentar sus apoyos (Jayrān de Almería siempre dispuesto a venderse al señor del momento, le aseguró su participación). Cuando se sintió lo suficientemente fuerte, se sublevó contra su tío en Málaga, un día de rabī‘ I de 412/15 de junio de 1021, y acto seguido marchó contra Córdoba.

Su tío al-Qāsim, inseguro de los cordobeses, abandonó la capital el 22 de rabī‘II de 412/5 de julio de 1021 y se fue a refugiar a Sevilla, ciudad de la que había sido antaño gobernador. Los beréberes se fortificaron en el alcázar de Córdoba esperando la llegada de Yaḥyà b. ‘Alī, que entró sin dificultades en la ciudad y tanto los cordobeses como los beréberes se pusieron de acuerdo para proclamarlo califa. La jura tuvo lugar el primero de ŷumādā I de 412/13 de agosto de 1021.

Mientras al-Qāsim seguía titulándose califa y emir de los creyentes en Sevilla, y como tal lo reconocían sus habitantes; lo cual fue piedra de escándalo en al-Andalus ver reinar a dos califas a la vez. Pronto Yaḥyà no pudo mantenerse en Córdoba, su desmesurado orgullo le enajenó los apoyos beréberes y sintiéndose amenazado optó por huir a Málaga. Aprovechó la situación su tío al-Qāsim para volver a Córdoba de inmediato y entró en la ciudad el martes 17 de ḏū-l-qa‘da de 413/11 de febrero de 1023. Los cordobeses le renovaron el juramento de fidelidad y al-Qāsim revocó la designación de heredero que había formulado a favor de su sobrino Yaḥya, otorgando la herencia de su precario califato a su hijo Muḥammad.

El viejo califa reinó esta segunda vez siete meses y algunos días, hasta que el martes 21 de ŷumādā II de 414/9 de septiembre de 1023 la gente de la ciudad se levantó contra él y sus beréberes, a los que el califa no podía sujetar. Intentó impedir la llegada de toda clase de víveres y reducir por hambre a los cordobeses; pero al final al-Qāsim debió abandonar la ciudad para no volver el 16 de ramadán de 414/2 de diciembre de 1023.

Enseguida los cordobeses nombraron califa al omeya ‘Abd al-Raḥmān V al Mustaẓhir, hermano menor del desastroso califa Muḥammad II al-Mahdī, iniciador de la guerra civil que llevaría al califato de Córdoba a su extinción. En vano al-Qāsim buscó refugio en Sevilla, esta vez los habitantes le cerraron las puertas y expulsaron a sus familiares del alcázar; finalmente se refugió en Jerez, donde su sobrino Yaḥyà pronto vino a sitiarlo, obligándolo a capitular y desde donde sería conducido cautivo a Málaga. Permaneciendo en ese estado hasta la muerte de Yaḥyà b. ‘Alī; entonces su hermano y sucesor Idrīs mandó estrangularlo en prisión, corría el mes de ša‘bān del año 427/junio de 1036. Era por esas fechas un anciano octogenario. El cadáver fue entregado a sus dos hijos, Muḥammad y Ḥasan, que a la sazón residían en Algeciras.

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Bibliografía

J. A. Conde, Historia de la dominación de los árabes en España, t. II, Barcelona, Imprenta de D. Juan Oliveres, Editor, 1844, págs. 140-142

Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb, ed. bajo el título de Analectes sur l’Histoire et la littérature des Arabs d’Espagne, t. II, por R. Dozy, G. Dugat, L. Krehl, W. Wright, Leiden, Brill, 1855, págs. 315-319 (trad. parc. P. de Gayangos, The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, t. II, New York-London, Johnson Reprint Corporation, 1964, págs. 230, 234, 237 y 240-241)

Ibn al-Aṯīr, Al-Kāmil fī-l-ta’rīj, t. IX, ed. de C. J. Tornberg, Leiden, Brill, 1863, pág. 273

‘Abd al-Wāḥid Al-Marrākušī, Kitāb al-Mu‘ŷib fī taljīṣ ajbār al-Magrib, ed. R. Dozy bajo el título de History of the Almohades, Leiden, Brill, 1881 (trad. de E. Fagnan, Histoire des Almohades, Argel, Adolfo Jordán, Libraire-Éditeur, 1893, págs. 43-45), reimpr. Ámsterdam, Oriental Press, 1968, págs. 35-37

Al-Nuwayrī, Kitāb Nihāyat al-‘arab fī funūn al-adab, ed. y trad. M. Gaspar Remiro bajo el título de Historia de los musulmanes de España y África por En-Nuguairí, t. I, Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1917, págs. 80-82/76-77

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, con título y subtítulo en francés que reza: Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, ed. de E. Lévi-Provençal, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 113-114, 122-124, 127-135 y 144 (trad. crítica [con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iḏārī”, establecidas por E. Lèvi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258] de F. Maíllo Salgado, La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas [al-Bayān al-Mugrib], Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 103, 110-112, 114, 116-120, 126)

R. Dozy, Histoire des Musulmans d’Espagne, t. II, ed. E. Lévi-Provençal, Leiden, Brill, 1932, págs. 316-321

L. Seco de Lucena, Los Hammudies, Señores de Málaga y Algeciras, Málaga, Exmo. Ayuntamiento de Málaga, 1955

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb A‘māl al-A‘lām, ed. de E. Lévi-Provençal bajo el título Histoire de l’Espagne Musulmane (Kitāb A‘māl al-A‘lām), Beirut, Dār al-Makchouf, 1956, págs. 129-130 (trad. de W. Hoenerbach, Islamische Geschichte Spanien. Übersetzung der A‘mal al-A‘lam und Ergänzender Texte, Zürich-Stuttgart, Artemis Verlag, 1970, pág. 264)

Al-Ḥumaydī, Yaḏwat al-muqtabis fī ḏikr wulāt al-Andalus, ed. de M. T. al-Tan’ī, El Cairo, al-Dār al-Miṣriyya, 1966, pág. 22-24

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del califato de Córdoba (711-1031 de J.C.), en R. Menéndez Pidal (dir.), Historia de España, t. IV, Madrid, Espasa Calpe, 1967, págs. 479-482

A. Huici Miranda, “Hammudides”, en Encyclopédie de l’Islam, Leiden-Paris, Brill-Maisonneuve, 1975. t. III, págs. 150-151

J. M. Continente, “Los Ḥammūdíes y la poesía”, en Awrāq, 4 (1981) pág. 57-72

Anónimo, Ḏikr bilād al-Andalus, ed. y trad. L. Molina bajo el título de Una descripción anónima de al-Andalus, 2 vols. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1983, págs. 171/217

Autor/es

  • Felipe Maíllo Salgado

 

miércoles, 22 de abril de 2026

CROQUETAS DE MORCILLA DE BURGOS

 

CROQUETAS DE MORCILLA DE BURGOS

Ingredientes

½ morcilla de Burgos

Pan rallado

Huevo

40 gr de mantequilla

¾ de litro de leche entera

1 cucharada de aceite de oliva virgen extra

75 gr de harina

Nuez moscada

Sal al gusto

 

Elaboración

En una sarten, sin ningún ingrediente, doramos la morcilla de Burgos, hasta que esté bien cocida, sacamos y reservamos.

Preparamos la bechamel y una vez que la tengamos preparada, añadimos la morcilla de Burgos desmenuzada, la nuez moscada y la sal al gusto, removemos bien para su integración en la masa. Una vez en su punto la bechamel, la colocamos sobre una fuente y la dejamos enfriar a temperatura ambiente.

Una vez fría, formamos las croquetas, pasándolas primero por harina, luego por huevo batido y por último por el pan rallado.

Freímos en aceite de oliva virgen extra a temperatura media-alto.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

GAMBAS AHUMADAS CON ARROZ

 

GAMBAS AHUMADAS CON ARROZ

Ingredientes

Para el arroz:

180 gr de arroz

480 ml de agua

Una pizca de sal

Para las gambas ahumadas:

3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra,  45 ml

1 cebolla pequeña finamente picada

5 dientes de ajos picados gruesamente

1 pimiento verde picado finamente

1 cucharadita de pimentón dulce

Unas hebras de azafrán

410 gr de salsa de tomate

450 gr de gambas o camarones

Una pizca de sal

Pimienta negra recién molida al gusto

 

Elaboración

Preparamos el arroz: en una cacerola con agua, sazonamos generosamente con sal y calentamos a fuego alto. Mientras tanto colocamos el arroz en un colador fino y enjuagamos con agua- Una vez que el agua hierva, añadimos el arroz a la cacerola y removemos rápidamente, tapamos la cacerola y bajamos el fuego a medio-bajo.

Mientras se cuece el arroz, preparamos las gambas ahumadas- Calentamos una sarten grande a fuego medio y añadimos el aceite de oliva virgen extra.

Colocamos las gambas o camarones (según preferencia), una vez peladas las gambas, secamos las mismas con papel absorbente de cocina, salpimentamos al gusto.

Una vez que el aceite este caliente, agregamos las gambas a la sarten, todos en una sola capa, los cocinamos durante 30 segundos por cada lado, luego los retiramos de la sarten y reservamos.

En la misma sarten y a fuego medio, agregamos la cebolla, el pimiento verde y el ajo. Removemos continuamente. Después de 4-6 minutos, cuando las verduras estén ligeramente salteadas, agregamos el pimentón y el azafrán, mezclamos rápidamente. Luego agregamos la salsa de tomate y salpimentamos al gusto. Mezclamos muy bien y dejamos cocer a fuego lento sin remover.

Ina vez cocido el arroz a fuego lento durante 16 minutos y que esté completamente cocido, retiramos del fuego, separamos suavemente con un tenedor y lo colocamos en platos para servir.

Una vez que la salsa de tomate se haya espesado ligeramente, d después de unos 10 minutos de cocción a fuego lento, agregamos las gambas, mezclamos y cocinamos a fuego lento durante 2-3 minutos o hasta que las gambas estén bien cocidas

Luego retiramos del fuego, y colocamos las gambas y la salsa sobre cada plato de arroz.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

AL-MUNDIR

 

AL-MUNDIR

Al-Munḏir: Abū l-Ḥakam b. Muḥammad b. ‘Abd al-Raḥman b. al-Ḥakam. Córdoba, 843 – Bobastro (Málaga), 29.VI.888. Sexto emir omeya de Córdoba (independiente).

Emir omeya

Biografía

Nacido de madre beréber, de nombre Aṯl, que lo dio a luz a los siete meses de su concepción, al-Munḏir era alto, moreno, de pelo crespo y con el rostro picado de viruela. Según un relato probablemente apócrifo, su madre había mostrado desde su infancia un carácter soberbio y engreído, por lo que su familia, harta de soportar sus ínfulas, la vendió como esclava en Córdoba; la compradora fue la madre del todopoderoso visir Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz, a quien le fue regalada. Cuando el visir quiso gozar de ella, se encontró con la negativa inamovible por parte de la esclava, cuya obsesión era llegar a ser madre de un califa, algo que, a pesar de la elevada posición de Hāšim, nunca podría conseguir con él. Molesto por el rechazo de la muchacha, la golpeó con cierta dureza; ella no sólo no cedió en su postura, sino que se atrevió a amenazar a su amo advirtiéndole de que su hijo se encargaría de tomar cumplida venganza. En efecto, Aṯl consiguió la libertad, casó con el emir Muḥammad y tuvo de él un hijo llamado al-Munḏir, que acabaría siendo el sucesor de su padre y que, cuando subió al Trono, encarceló y posteriormente hizo dar muerte a Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz.

En el momento en el que se produjo el fallecimiento del emir Muḥammad, el jueves cuatro de agosto del 886, al-Munḏir se hallaba cercando Alhama de Granada, plaza donde se había hecho fuerte Ibn Ḥafṣūn en compañía del cabecilla local, Ibn Ḥamdūn. En cuanto le llegó la noticia de la muerte de su padre, regresó con rapidez a Córdoba y allí recibió el juramento de fidelidad entre el domingo y el lunes. No debía estar muy seguro al-Munḏir de su posición y por ello dio todos los pasos para asentarse en el Trono con una celeridad vertiginosa: no sólo hace el viaje de Alhama a Córdoba a uña de caballo, sino que, nada más llegar a la capital, ordena que dé comienzo la ceremonia de la jura, a la que asiste ataviado todavía con las mismas ropas con las que había efectuado el viaje y tambaleándose en algún momento por la extrema fatiga que lo embarga.

Cuando, al día siguiente, concluye el acto, al-Munḏir se encuentra con un reino en el que dos importantes personajes representan una limitación a su poder: dentro de su gobierno tiene a Hāšim b. ‘Abd al-‘Azīz, visir y general que había gozado durante el reinado del emir Muḥammad de un poder casi omnímodo; en un territorio no muy lejano a su capital tiene a un rebelde que, aunque todavía no ha adquirido la relevancia que tendrá en años posteriores, es ya una obsesión para al-Munḏir, ‘Umar b. Ḥafṣūn.

Desconocemos las razones exactas de la caída en desgracia de Hāšim, pues las explicaciones que dan los cronistas son tan poco creíbles como la historia de Aṯl —y con mucho menos encanto—. Lo cierto es que Hāšim, confirmado en un primer momento como senescal (ḥāŷib), muy pronto fue encarcelado, junto a casi todos sus hijos, y más tarde, el 26 de marzo del 887, ajusticiado.

Más problemas le planteó Ibn Ḥafṣūn. Si el reinado de al-Munḏir se inicia mientras estaba cercando al rebelde en Alhama, su punto final se escribió ante Bobastro, la capital de la revuelta, el 29 de junio del 888. En los dos años que transcurrieron entre ambos acontecimientos, casi toda la actividad de al-Munḏir estuvo centrada en los intentos por acabar con Ibn Ḥafṣūn, intentos que consiguieron relativo éxito. Logró arrebatarle castillos como Iznájar, Priego, Cabra y Archidona y lo acosó tanto que el rebelde se vio obligado a entablar negociaciones con el emir, si bien su propósito no era otro que ganar tiempo y refugiarse de nuevo en la inaccesible Bobastro. El engaño provocó las iras de al-Munḏir que en el verano del 888 puso cerco a esa fortaleza, decidido a permanecer allí hasta su capitulación, pero, tras cuarenta días de asedio, una rápida enfermedad acabó con la vida del emir. A pesar de que en el momento de su fallecimiento ya había llegado a los reales el heredero al trono, su hermano ‘Abd Allāh, las tropas omeyas emprendieron el camino de regreso a Córdoba de una forma que se asemejaba mucho a una desbandada, lo que no dejó de aprovechar Ibn Hafsun para hacer una salida y saquear el campamento semiabandonado.

Como es habitual en los casos de muerte repentina e inesperada de un soberano, los rumores sobre las causas del fallecimiento brotaban por todos lados. Los cronistas recogen la sospecha de que el sucesor de al-Munḏir, su hermano ‘Abd Allāh, había sobornado al médico del emir para que causase su muerte utilizando para sangrarlo una lanceta envenenada. El comportamiento posterior de ‘Abd Allāh durante su reinado no contribuye a juzgar descabellada esa acusación.

La brevedad de su reinado impide caracterizarlo con unos rasgos acusados. Las fuentes árabes coinciden en la apreciación de que, de haber vivido un solo año más, al-Munḏir hubiera acabado definitivamente con la revuelta de Ibn Ḥafṣūn, que se hallaba realmente en serios aprietos en el momento de la muerte del emir. Es probable que, si el cerco a Bobastro se hubiera prolongado unas semanas más, hubiera terminado por caer en manos de las tropas cordobesas, pero eso no habría significado el apaciguamiento definitivo de la disidencia. Ibn Ḥafṣūn era un problema, tal vez incluso un problema con unas raíces peculiares que lo diferenciaban en parte de la multitud de rebeldes que salpican la historia omeya de al-Andalus, pero más aún era un síntoma de una enfermedad subyacente que en unas ocasiones remitía y en otras se exacerbaba, pero que nunca llegó a curarse a lo largo de la historia de al-Andalus: el sentimiento de pertenencia a una comunidad religiosa, la islámica, no fue suficiente para aglutinar a la sociedad andalusí como comunidad política y social; los intereses locales y particulares siempre prevalecieron sobre las tibias y casi siempre retóricas proclamaciones de “andalusidad”.

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Bibliografía

Ibn el-Athir, Annales du Maghreb et de l'Espagne; traduites et annotées par E. Fagnan, Argel, Typographie Adolphe Jourdan, 1898, págs. 153-195

E. Fagnan, Histoire de l'Afrique et de l'Espagne intitulée al-Bayano 'l-Mogrib/traduite et annotée par ..., t. II, Argel, Imprimerie Orientale, 1901-1904, págs. 109-130

M. A. Abuin, “Hāšim ibn ‘Abd al-‘Azīz”, en Cuadernos de Historia de España, XVI (1951), págs. 110-129

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba (711-1031 de J.C.), t. IV. de Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Espasa-Calpe, 1976, págs. 99-122

Una descripción anónima de al-Andalus = Ḏikr bilād al-Andalus, ed. y trad. Luis Molina, t. II, Madrid, Instituto “Miguel Asín”, 1983, págs. 132-142

M. Fierro, “Cuatro preguntas en torno a Ibn Ḥafṣūn”, en Al-Qanṭara, XVI (1995), págs. 221-257

M. Acién Almansa, Entre el feudalismo y el Islam. ‘Umar Ibn Ḥafṣūn en los historiadores, en las fuentes y en la historia, Jaén, Universidad, 1997

J. Vallvé, “Omar ben Hafsún, rey de Marmuyas (Comares)”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, CCI (2004), págs. 213-303

Autor/es

  • Luis Molina Martínez