miércoles, 28 de octubre de 2026

-LA CIENCIA EN LA GRANADA ISLÁMICA-

 

-LA CIENCIA EN LA GRANADA ISLÁMICA-

 

La ciencia en al-Andalus, como el resto de manifestaciones culturales y artísticas, sigue un lento proceso de asimilación de unos conocimientos llegados del Oriente islámico en los que se funden la tradición indo-irania y, sobre todo, la helenística, para iniciarse a mediados del s. X como una ciencia con características y aportaciones originales.

En Granada se experimenta, sin grandes diferencias, el mismo proceso evolutivo que el resto de territorio andalusí, salvo un hecho aislado que se produce a mediados del siglo IX. En esta fecha temprana el alfaquí e historiador nacido en la cora de Ilbira, Abd al-Malik Ibn Habib, redacta un tratado de medicina considerado el más antiguo de los andalusíes conservados. La obra, pese a estar inscrita en el género de la denominada Medicina del Profeta vigente en la época, con prácticas mágico-creenciales, refleja una tímida introducción de elementos racionales derivados de las teorías hipocrático-galénicas, adquiridos por el autor durante su larga estancia en Oriente.



Tras este caso excepcional habrá que esperar a que la dinastía zirí, de origen beréber, se instale en Granada en el siglo XI para tener noticias de alguna actividad científica en ella. En los últimos momentos del califato de Córdoba algunos de sus científicos se refugian en la recién surgida taifa zirí, igual que en los restantes reinos de taifas expandidos por todo el territorio andalusí, entre los que destaca el matemático y astrónomo Ibn al-Samh. Este autor iniciará en la corte granadina el interés hacia la astronomía que perdurará hasta su desaparición en 1090 y se prolongará hasta el final del reino nazarí; junto a ella convivirá su manifestación práctica, la astrología. Esta inclinación es patente incluso en el último de sus monarcas, Abd Allah, en cuyas Memorias se encuentra una de las escasas referencias seguras a una concepción física del cosmos, con unas curiosas estimaciones del tamaño de los planetas, diferentes a las comúnmente aceptadas.

En los últimos años de la taifa zirí y comienzos de la época almorávide destaca la figura de al-Tignari, gran poeta y literato que, como otros muchos hombres de ciencia andalusíes, cultivó diversos campos del saber, caso de la medicina y la botánica aplicada, además de las disciplinas antes señaladas. Fue especialmente conocido por el tratado agrícola que compuso, uno de los más claros y sistemáticos de los redactados en al-Andalus, tal vez el que refleja de forma más directa y concreta la realidad agrícola andalusí y, de forma especial, la del territorio granadino, aportando una valiosa información de carácter lingüístico y botánico, junto a otra relativa a prácticas locales. Este tratado, en el que una teoría racional va acompañada de una experiencia vivida y constatada, lo dedicó al-Tignari al gobernador almorávide de Granada.

Aparte de esta figura puente entre los dos períodos históricos correlativos, no volvemos a encontrar autor ni acontecimiento científico digno de resaltar hasta alcanzar la época nazarí, pese a que la etapa almorávide y almohade fue un período particularmente activo en el campo de las ciencias.





El período que cubre el reino nazarí (s. XIII-XV), tal vez por ser más amplio temporalmente y de mayor trascendencia en numerosos aspectos, fue más rico –o al menos, más conocido- que la etapa anterior, aunque ya en él se inicia el declive de la ciencia. La materia científica que más interés suscitó en el reino granadino fue la medicina que, como en épocas anteriores y en todo el territorio andalusí, aparece estrechamente ligada a la botánica y farmacología. Le siguen la astronomía (astronomía matemática, dedicada al cálculo de las posiciones planetarias, cosmología y construcción de instrumentos astronómicos) y las matemáticas en sus diversas ramas (matemáticas en general, aritmética y geometría teórico-práctica), aunque la astronomía acabó absorbiendo como ciencias auxiliares a las matemáticas y geometría. La astrología, como sucede a lo largo de la Edad Media, va a seguir estando muy unida a la astronomía, en calidad de rama aplicada o práctica de la misma.

Son varias las causas del auge que alcanzan tanto la medicina como la astronomía en el período nazarí. En primer lugar, va ligado al interés que algunos monarcas demostraron por estas ciencias, ya dedicándose ellos mismos a su estudio, ya protegiendo a quienes las desarrollaban. Entre estos monarcas que desempeñan un mecenazgo decidido destaca Muhammad II, que protegió a médicos y astrónomos e impulsó la creación de una escuela científica en la que se forman diversos médicos que después ejercen en la corte. Las principales figuras aglutinantes que desempeñan una labor de magisterio en ésta y otras escuelas cortesanas suelen tener una formación adquirida fuera del reino nazarí, especialmente en la corte de Alfonso X, como es el caso de al-Riquti e Ibn al-Raqqan. Otros realizan sus estudios en Oriente y en el Magreb, para después instalarse en Granada.

Este decidido apoyo de determinados monarcas se plasma también en la fundación (1349), en tiempos de Yusuf I, de la madraza, en la que se imparte la medicina de modo oficial, aunque se sigue manteniendo la tradicional enseñanza de ésta y otras disciplinas en las casas y en las escuelas coránicas. Una nueva iniciativa de gran transcendencia por parte de otro soberano nazarí, Muhammad V, fue la fundación del que parece haber sido el primer maristán u hospital de al-Andalus.


O
tro factor importante en el desarrollo de las ciencias fue el intercambio científico y cultural que tuvo lugar entre Granada, los reinos cristianos fronterizos, el norte de África y los países islámicos orientales. En ellos hay que destacar los que se producen con el Magreb, donde se está originando un importante desarrollo cultural y científico potenciado por las figuras que allí se refugian ante el avance cristiano. En cuanto a los contactos con Oriente, no son suficientes para introducir en el reino nazarí las aportaciones de la renovación científica que se desarrolla allí a partir del XIII; también aparecen en la Granada nazarí ciertos indicios de una influencia cultural y científica de los reinos cristianos, especialmente de la corte de Alfonso X.


La medicina existente en el reino nazarí va desde la erudita o racional que se ejerce en la corte hasta la popular, de magia y curanderismo, que se desarrollará sobre todo a partir del siglo XIV. La mayoría de los médicos comparten su interés por esta ciencia con otras materias, como sucede con Ibn al-Jatib, conocido historiador, literato, filósofo y político. En el campo de la medicina son varios los autores en los que su dedicación a ella es una tradición familiar, caso de algunas de las más destacadas figuras; como ejemplo aislado encontramos a una mujer, Umm al-Hasan, que estudió medicina en Loja



Esta rama de la ciencia sobresalió en la Granada nazarí por la labor realizada por los médicos granadinos con ocasión de la gran epidemia de peste bubónica, la llamada Peste Negra, que se extendió por Europa en el siglo XIV. Posiblemente, la novedad más destacable fueron las medidas profilácticas a adoptar por la población propuestas por tres grandes médicos que también destacaron en otras parcelas del saber, el ya citado Ibn al-Jatib, junto a Muhammad al-Saquri e Ibn Jatima. Se recurrió, como en épocas pasadas, a las fumigaciones con diversas materias aromáticas para sanear la atmósfera, se prescribió una dieta estricta en la que se prohibían los alimentos dulces y se aconsejaba evitar la carne, al tiempo que se recomendaban las verduras y aderezar las comidas con vinagre fuerte. No obstante, los médicos nazaríes se anticiparon a los del occidente europeo al señalar la importancia del aislamiento y los peligros de la contaminación por contacto, cuya existencia había sido establecida por la experiencia. En definitiva, estos médicos granadinos dieron muestras de una innegable perspicacia, denotando un claro progreso tanto en la teoría como en la práctica de sus predecesores.

En cuanto a la segunda ciencia en importancia, la astronomía, podemos distinguir entre una astronomía teórica y la construcción de instrumentos, y otra de carácter práctico que determina la posición de los astros por medio de tablas. Destacan los astrónomos Ibn al-Arqam al-Numayri, quien introdujo en al-Andalus el astrolabio lineal, así como Muhammad Ibn al-Raqqam, autor de unas tablas astronómicas. Otras figuras importantes fueron Hasan y Ahmad Ibn Baso, padre e hijo respectivamente, astrónomos y constructores de instrumentos. Ambos desempeñaron en la mezquita aljama de Granada el cargo de muwaqqit, consistente en ocuparse de todas aquellas cuestiones astronómicas relacionadas con el culto, por ejemplo, para elaborar los calendarios que servían para indicar las horas del culto o para establecer la dirección de la alquibla.

Siguiendo la tradición agronómica iniciada siglos atrás por al-Tignari, el almeriense Ibn Luyun compuso a mediados del siglo XIV, un año antes de su muerte, una obra agrícola en verso en la que resume las obras de agrónomos anteriores, especialmente la de su predecesor granadino.

Relacionadas con la agronomía se desarrollan técnicas de regadío, con la construcción de norias y sistemas de captación de agua. En época nazarí se produce un notable auge de los textos sobre hipología, dedicados al caballo pero, a diferencia de los tratados agrícolas, que solían incorporar temas dedicados a la veterinaria, éstos estaban orientados más al arte de la guerra o de la equitación que a la veterinaria.

Dentro de la tecnología hay que destacar el uso de la pólvora en las armas defensivas, utilizándose por primera vez en al-Andalus en el sitio de la fortaleza de Huéscar, en tiempos de Ismail I en 1324. En líneas generales, el nazarí es un largo período en el que resulta fácil detectar una actividad científica que, sin embargo, va decayendo lentamente en su tramo final, el siglo XV
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sábado, 24 de octubre de 2026

ABU NASR FUTUH B. ABI NUR HILAL B. ABI QURRA B. DUNAS AL-IFRANI

 

ABU NASR FUTUH B. ABI NUR HILAL B. ABI QURRA B. DUNAS AL-IFRANI

Abū Naṣr Fatūḥ b. Abī Nūr Hilāl b. Abī Qurra b. Dūnās al-Ifrānī. ?, s. XI – Ronda (Málaga), 10.II.1066. Rey de la taifa de Ronda (1058-1066).

Rey de Taifa

Biografía

Sucedió a su padre Abū Nūr, el creador del reino de los Banū Dūnās, que abarcaba Ronda y una parte del territorio cercano a Málaga, en el territorio de la antigua circunscripción de Reyyo. Este reino era uno de los resultantes de la caída del califato de Córdoba, de los formados por los bereberes inmigrados en tiempos de al-Manṣūr b. Abī ‘Āmir (Almanzor), que se aposentaron en territorios en los que las familias árabes no podían oponérseles, y estaban lo bastante cerca del norte de África como para recibir refuerzos de sus contríbulos.

Abū Naṣr no era el designado para suceder a su padre en un principio, pero el mal comportamiento de su hermano Bādīs durante la forzada ausencia de su padre al estar preso de al-Mu‘taḍid de Sevilla condujo a su ejecución, por lo que tras la muerte de Abū Nūr, acaecida poco después de la ejecución de Bādīs, ocupó el trono Fatūḥ.

El momento en que llegó al poder era adverso: la taifa de Sevilla estaba expandiéndose a costa de los pequeños reinos beréberes del Occidente de al-Andalus, por lo que las dificultades de los Ifrāníes para mantenerse eran evidentes. Una de las primeras taifas que cayeron ante los ‘abbādíes fue, precisamente, la de Ronda.

Al-Mu‘taḍid llegó a un acuerdo con uno de los guardianes de la alcazaba, Abū Ya‘qūb, para asesinar a Fatūḥ y hacerse con el poder en Ronda. Este plan tuvo éxito, y cuando el rey estaba en situación desesperada por el asedio de los compañeros de Abū Ya‘qūb, cayó desde una torre de la alcazaba, muriendo en el acto. En distintas fuentes se narra la habilidad de al-Mu‘taḍid para persuadir a los jefes militares de los reinos que fue ocupando de pasarse a su servicio.

Los ‘abbādíes de Sevilla ocuparon la ciudad de Ronda con su territorio circundante, pero los intentos de apoderarse de la región de Málaga se vieron rechazados por las ambiciones de la taifa bereber de Granada, que a la postre se adueñó de la parte oriental del reino ifrāní.

Según las fuentes andalusíes era justo y benévolo con sus súbditos y con los miembros de la familia real, pero era poco inclinado a la vida militar y mucho a la bebida y la pereza. La forma en que fue destronado así lo parecen indicar, y la falta de ayuda durante el asalto en la alcazaba por parte de Ibn Ya‘qūb muestra un cierto despego de los demás miembros de la corte y de la población de Ronda, que no prestaron apoyo alguno al régulo bereber. Algunos ifrāníes pasaron a formar parte del ejército de los ‘abbādíes de Sevilla, facilitando así la incorporación de este reino a la taifa de Sevilla.

La actuación de este régulo de tan corta trayectoria muestra las dificultades por las que las pequeñas taifas atravesaban en la segunda mitad del s. XI en al-Andalus, en un momento en que taifas más poderosas comenzaron a concentrar el poder en sus manos, anexionando las de menor peso.

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Bibliografía

Ibn al-Kardabūs, Ta’rīj al-Andalus, s. l., s. m. s. XIII (Madrid, 1971, pág. 73)

Ibn al-Jaṭīb, Kitāb a‘māl al-a‘lām, s. l., m. s. XIV (ed. de E. Lévi-Provençal, Beirut, 1956, pág. 238)

Ibn Jaldūn, Kitāb al-‘ibār, s. l., s. m. s. XIV (ed. en El Cairo, 1867, vol. IV, pág. 157; trad. fr. en Histoire des berbères, vol. III, Paris, 1982 [2.ª ed.], págs. 224-225)

Ibn ‘Iḏārī, Al-Bayān al-Mugrib, s. l., f. s. XIV (ed. de E. Lévi-Provençal, vol. III, Paris, P. Geuthner, 1930, págs. 270-273, 313-314)

Al-‘Uḏrī, Tarṣī‘ al-ajbār, Madrid, Instituto de Estudios Islámicos, 1965, pág. 108

C. Ruiz Almodóvar, “Notas para un estudio de la taifa beréber de Ronda: los Banū Ifrān”, en Andalucía Islámica: Textos y Estudios, II-III (1981-1982), págs. 95-106

F. Maíllo Salgado (est. y trad.), Crónica anónima de los reyes de taifas, Madrid, Akal, 1991, págs. 68-69

M.ª J. Viguera Molins, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 117-118

M.ª J. Viguera Molins, “Las taifas”, en La España Musulmana de los siglos XI al XV, I. Los reinos de Taifas Al-Andalus en el siglo XI, en J. M.ª Jover Zamora (dir.), Historia de España de Menéndez Pidal, t. VIII. Madrid, Espasa-Calpe, 1994, págs. 50-54

Autor/es

  • José Ramírez del Río

 

viernes, 23 de octubre de 2026

TARTA CAPRESE .

 

TARTA CAPRESE

 


Esta tarta es originaria de la isla de Capri (Italia), deliciosa tarta de chocolate y almendras

 

Ingredientes

5 huevos

50 gr de azúcar granulada

50 gr de azúcar glas para decorar

150 gr de mantequilla

200 gr de almendras molidas

200 gr de  chocolate negro

 

Elaboración

En un bol, mezclamos bien las almendras molidas y el azúcar glas para evitar grumos,

Troceamos el chocolate con un cuchillo y derretimos al baño maría con la mantequilla y mezclamos bien, suavemente.

Forramos el fondo de un molde para hornear con papel sulfurizado, y lo engrasamos con mantequilla. Vertemos la masa en el molde y horneamos a 200º durante  5 minutos, luego bajamos la temperatura a 140º en una cacerola pequeña. Retiramos del fuego , dejando la mezcla  en el baño maría.

Mientras en un bol con una batidora eléctrica, batimos los huevos con el azúcar granulada hasta obtener una mezcla suave y cremosa, procurando que doble su volumen. Incorporamos gradualmente  la harina de almendras a los huevos, removiendo suavemente con movimientos envolventes para su integración, dejando cuando la masa este homogénea. Luego añadimos la mezcla de mantequilla y chocolate y mezclamos bien.

Precalentamos el horno a 200º.

Forramos el fondo de un molde para hornear con papel  sulfurizado y engrasamos con mantequilla. Vertemos la masa en el molde y horneamos a 20º durante 5 minutos, luego bajamos a 150º la temperatura del horno, y dejamos durante 25-30 minutos, la torta debe quedar húmeda. Dejamos enfriar ligeramente antes de desmoldar.

Dejamos reposar de 2 a 3 horas antes de servir, espolvoreando con virutas de chocolate y  azúcar glas.

¡Buen provecho!

 

 

 

Esta tarta es originaria de la isla de Capri (Italia), deliciosa tarta de chocolate y almendras

 

Ingredientes

5 huevos

50 gr de azúcar granulada

50 gr de azúcar glas para decorar

150 gr de mantequilla

200 gr de almendras molidas

200 gr de  chocolate negro

 

Elaboración

En un bol, mezclamos bien las almendras molidas y el azúcar glas para evitar grumos,

Troceamos el chocolate con un cuchillo y derretimos al baño maría con la mantequilla y mezclamos bien, suavemente.

Forramos el fondo de un molde para hornear con papel sulfurizado, y lo engrasamos con mantequilla. Vertemos la masa en el molde y horneamos a 200º durante  5 minutos, luego bajamos la temperatura a 140º en una cacerola pequeña. Retiramos del fuego , dejando la mezcla  en el baño maría.

Mientras en un bol con una batidora eléctrica, batimos los huevos con el azúcar granulada hasta obtener una mezcla suave y cremosa, procurando que doble su volumen. Incorporamos gradualmente  la harina de almendras a los huevos, removiendo suavemente con movimientos envolventes para su integración, dejando cuando la masa este homogénea. Luego añadimos la mezcla de mantequilla y chocolate y mezclamos bien.

Precalentamos el horno a 200º.

Forramos el fondo de un molde para hornear con papel  sulfurizado y engrasamos con mantequilla. Vertemos la masa en el molde y horneamos a 20º durante 5 minutos, luego bajamos a 150º la temperatura del horno, y dejamos durante 25-30 minutos, la torta debe quedar húmeda. Dejamos enfriar ligeramente antes de desmoldar.

Dejamos reposar de 2 a 3 horas antes de servir, espolvoreando con azúcar glas.

¡Buen provecho!

 

POLLO CRUJIENTE A LA NARANJA

 

POLLO CRUJIENTE A LA NARANJA

 

Ingredientes

Salsa de naranja:

1 naranja

2 cucharadas de salsa de soja

60 gr de azúcar

30 gr de vinagre blanco o vinagre de arroz

Pollo:

500 gr de pechuga de pollo

Jengibre fresco

Cebolletas

25 gr de harina

60gr de maicena

Sal

Pimienta negra recién molida

Cayena en polvo

1 diente de ajo

1 huevo

1 cucharadita de aceite de sésamo o de oliva

Vinagre de sidra de manzana

Agua

Aceite de oliva para freír

Arroz basmati

 

Elaboración

Cortamos la pechuga de pollo en trozos.

Preparamos la marinada de naranja

Rallamos la piel de media naranja y luego exprimimos el jugo, sobre un bol.

Añadimos el azúcar, 30 gr de vinagre blanco, 2 cucharadas de salsa de soja y mezclamos bien para que todos los ingredientes se integren en la marinada.

Mezclamos la harina y la maicena, sobre un bol, luego rebozamos  bien los trozos  de pollo en la harina.

Batimos un huevo con una cuchara de aceite de girasol, sal y pimienta negra recién molida-

Añadimos al pollo y mezclamos, se formara una pasta alrededor de los trozos de pollo.

Calentamos el aceite para freír en una sartén,  freímos los trozos de pollo durante 3-4 minutos,  por todos lados, hasta que estén dorados.

Sacamos los trozos de pollo y colocamos sobre un plato con papel absorbente  para quitar el exceso de aceite.

En una sartén grande, calentamos 1 cucharada de aceite, machacamos el ajo y el jengibre y sofreímos durante nos segundos.

A continuación, añadimos la cebolleta picadas y la cayena en polvo al gusto.

Añadimos una cucharada de vinagre.

Transcurridos 2 minutos, añadimos la salsa de naranja preparada y dejamos cocer a fuego lento durante 2-3 minutos.

Añadimos los trozos de pollo y mezclamos bien para que queden todos cubiertos de salsa.

Disolvemos una cucharada colmada de maicena en 60 ml de agua fría, y la agregamos a la sartén, removemos bien y la salsa espesara.

Finalmente añadimos una cucharada de aceite de sésamo, removemos suavemente.

Servir caliente con arroz basmati de acompañamiento.

¡Buen provecho!

 

 

 

jueves, 22 de octubre de 2026

SOLOMILLO DE CERDO AL AJILLO

 

SOLOMILLO DE CERDO AL AJILLO

 

Este plato emblemático de la cocina española. Es uno de los más icónicos de la gastronomía española. Repleto de sabor, fácil de elaborar y listo en tan solo 30 minutos con una sola sartén. Acompañado con patatas asadas-

 

Ingredientes

1 solomillo de cerdo de unos 500 gr.  Aproximadamente

60 ml de  aceite de oliva

6 dientes de ajo con piel

8 dientes de ajo laminados

1 cucharada de harina

120 ml de vino blanco

240 ml de caldo de pollo

4 ramitas de tomillo fresco

Sal

Pimienta negra recie molida

 

Elaboración

Calentamos una sartén grande a fuego medio y añadimos el aceite de  oliva.

Hacemos un corte en los 6 dientes de  ajo con piel y agregamos a la sartén, sofreímos los ajos durante 5 minutos.

Mientras tanto cortamos el solomillo de cerdo en rodajas de 2 centímetros de grosor. Colocamos sobre papel de cocina y secamos. Luego sazonamos las rodajas de solomillos con y pimienta negra recién molida por ambos lados.

Después de sofreír los dientes de ajo durante 5 minutos. Y de que el aceite se oliva se haya infusionado, retiramos de la sartén y reservamos.

En la misma sartén y a la misma temperatura, añadimos los medallones de solomillo en una sola capa. Cocinamos en dos tandas para no sobrecargar la sartén. Freímos las rodajas de solomillo durante 2 minutos por cada lado, luego retiramos de la sartén y reservamos.

Una vez más usando la misma sartén con el mismo fuego, agregamos el ajo en laminas y mezclamos continuamente después de un minutos, agregamos la harina y mezclamos continuamente durante 1 minuto, luego añadimos el vino blanco y continuamos mezclando durante 2 minutos o hasta que e se haya evaporado el alcohol, luego agregamos el caldo de pollo y mezclamos suavemente de forma continua.

Después de 4 minutos, cuando tengamos una salsa ligeramente cremosa. Sazonamos con sal y pimienta y mezclamos. Luego volvemos a colocar los medallones de solomillo en la sartén, todos  en una sola capa, y damos la vuelta  con cuidado para que queden bien cubiertos con la salsa.

Desees añadimos los dientes de ajo  salteados, bajamos el fuego a medio-bajo y cocinamos fuego lento durante 3-4 minutos o hasta que el cerdo este completamente cocido.

Colocamos los medallones de cerdo en una fuente, y cubrimos con la salsa-

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

¿CÓMO SE PRODUJO LA CAÍDA DE AL-ÁNDALUS EN MÁLAGA?

 

¿CÓMO SE PRODUJO LA CAÍDA DE AL-ÁNDALUS EN MÁLAGA?

La caída de Málaga supuso el fin del sultanato nazarí de Granada en 1492 y el inicio de una nueva época: la vieja Hispania preparaba su unificación total para el nacimiento de un imperio de ultramar. El programa 'Arqueomanía' explica cómo se fraguó la derrota de Al-Ándalus de la mano de las tropas castellanas.

El inicio del fin: aislamiento

Para asediar completamente el territorio malagueño, los cristianos optaron por aislarlo de tierra y mar. Asentaron una flota potente en la bahía que impidió el suministro de los nazaríes por vía marítima. Al puerto de Málaga llegaron navíos italianos, castellanos, aragoneses y flamencos, junto con material armamentístico y víveres que también entraba por tierra.


Recreación gráfica del asedio a Málaga en 1492.

Con el bloqueo del muelle, la situación de los ciudadanos presos entre las murallas era angustiosa. Según explica en 'Arqueomanía el arabista Virgilio Martínez, la gente comió lo que pudo: burros, asnos y pieles de animales.

Revolución militar

El fin de Al-Ándalus como un fenómeno político, pero también militar

Martínez apunta que "muchos investigadores se refieren al fin de Al-Ándalus como un fenómeno político, pero también militar". El asalto incorporó técnicas bélicas renacentistas, distintas de los métodos medievales empleados hasta entonces. Los cristianos usaron una artillería variada procedente de diferentes lugares.


Arma renacentista expuesta en museo.

Lanzaron cadáveres de animales para introducir enfermedades infecciosas en la ciudad

El especialista en lengua y cultura árabes cuenta que Málaga fue continuamente bombardeada e incluso emprendieron una guerra química: "Lanzaron cadáveres de animales para introducir enfermedades infecciosas en la ciudad".

El ataque también contó con la participación de los Gomeres, un grupo de mercenarios que tuvieron un gran protagonismo. Primero, impusieron un régimen de terror a los habitantes malagueños. Después, fueron los que se enfrentaron más duramente con los cristianos y fueron los últimos en serderrotados y masacrados en el castillo de Gibralfaro.

El final de Al-Ándalus

Muchos ciudadanos murieron a causa de las armas o por el hambre o las enfermedades. Los que sobrevivieron fueron vendidos como esclavos y solo unos pocos afortunados pudieron liberarse gracias a rescates muy caros. Según Virgilio Martínez, los castellanos se repartieron todos los bienes de la ciudad, la cual quedó completamente devastada. En 1496, el último sultán del reino nazarí de Granada, Muhammad XII -Boabdil-, entregó las llaves de la Alhambra a las Majestades católicas. Fue el fin de Al-Ándalus.

 

miércoles, 21 de octubre de 2026

AL-QASIM B. HAMMUD

 

AL-QASIM B. HAMMUD

Al-Qāsim b. Ḥammūd: Abū Muḥammad, al-Qāsim b. Ḥammūd b. Maymūn b. Ḥammūd b. ‘Alī b. ‘Ubayd Allāh b. Idrīs b. Idrīs b. ‘Abd Allāh b. Ḥasan b. al-Ḥasan b. ‘Alī b. Abī Ṭalīb, al-Ma’mūn (El Fidedigno). Marruecos, c. 345-6/958 – Málaga, ša‘bān del año 427/VI.1036. Segundo califa ḥammūdí de Córdoba, descendiente de ‘Alī b. Abī Ṭalīb y de Fāṭima, hija del Profeta. Según Ibn ‘Iḏārī, siguiendo a Ibn Ḥayyān, su califato en dos etapas duró cuatro años y veintitrés días.

Califa hamudí

Biografía

Su padre, Ḥammūd b. Maymūn, fue un notable de la zona de Arcila de familia árabe fuertemente berberizada. Su madre se llamaba al-Bayḍā’ (Blanca) al-Qurayšiyya, hija del tío paterno de su esposo.

En las primeras semanas que siguieron al asesinato de su hermano ‘Alī b. Ḥammūd, primer califa ḥammūdí de Córdoba, y el advenimiento de al-Qāsim, se dio un pretendiente omeya —suscitado en el Levante de al-Andalus por Jayrān, señor de Almería y el tuŷībí al-Munḏir b. Yaḥyà, señor de Zaragoza, así como por otros notables—, del que esperaban los cordobeses una restauración omeya que diera nuevo esplendor al califato ya moribundo, pero no llegó a cuajar. El flamante califa omeya era un bisnieto de Abderramán III, llamado ‘Abd al-Raḥmān IV b. Muḥammad b. ‘Abd al-Malik, que se había retirado a Valencia y había sido proclamado califa bajo el nombre de al-Murtaḍà, luego del asesinato de ‘Alī b. Ḥammūd; mas viendo Jayrān y al-Munḏir que el nuevo Califa no iba a ser manejable, decidieron antes de ir a Córdoba atacar a los beréberes zīríes de Granada, a fin de deshacerse de al-Murtaḍà. Dicho y hecho, dejaron al flamante califa cuasi abandonado ante el ejército beréber, y los dos fautores califales se retiraron a Almería. Con todo, al-Murtaḍà pudo escapar y refugiarse en Guadix, donde unos sicarios de Jayrān lo volvieron a apresar y lo asesinaron.

En el ínterin, las milicias bereberes ḥammūdíes de Córdoba y Sevilla proclamaron a al-Qāsim como sucesor, vulnerando, pues, el testamento del difunto califa ḥammūdí ‘Alī, que había nombrado a su hijo mayor Yaḥyà heredero presunto y se hallaba entonces en Ceuta.

Al-Qāsim se apresuró a trasladarse de Sevilla, ciudad de la que era gobernador, a Córdoba para recibir el juramento de fidelidad de los cordobeses, que se lo prestaron el martes 4 de ḏū-l-qa‘da de 408/25 de marzo de 1018, tres días después de la muerte de su hermano menor ‘Alī. El nuevo califa había sobrepasado los 61 años de edad el día de su proclamación.

Yaḥyà, a quien correspondía la herencia de su padre, no estimó conveniente oponerse de momento a la proclamación de su tío, pero no descuidó asegurar sus dominios: Málaga, donde estaba su hermano Idrīs, y las plazas africanas. Al-Qāsim por su parte designó como heredero a su sobrino Yaḥyà y le dio a su hija Fátima como esposa. Cuando Yaḥyà más tarde reciba propuestas de los beréberes de Córdoba que el califa al-Qāsim había postergado, ofreciéndole su apoyo para ocupar el Trono, entonces Yaḥyà se desplazó a Málaga, enviando a su hermano y lugarteniente Idrīs a Ceuta.

Mientras, la capital cordobesa conoció durante tres años seguidos una verdadera paz. Al-Qāsim no estaba desprovisto de ciertas dotes políticas y su avanzada edad lo inclinaba a la moderación; de ahí que hasta gozase de cierta popularidad entre la población. Al hacerse cargo del poder decretó una amnistía general y abolió las medidas de su hermano ‘Alī, que obligaban, entre otras cosas, a la gente acomodada a pagar personalmente el equipo y el mantenimiento de un soldado. Poco a poco se ganó la animadversión de las milicias beréberes, hasta el punto de que el califa empezó a desconfiar de ellos, por lo que reclutó en el norte de África mercenarios negros que empleó como guardia de corps. Algunos le atribuían opiniones ši‘íes; pero no las dejaba transparentar. Su talante moderado atrajo a la corte a jefes esclavones amiríes de Levante, tales como Jayrān y Zuhayr, confiándoles el mando sobre sus regiones, Almería al primero, y Jaén, Baeza y Calatrava al segundo.

Con el tiempo las relaciones entre el califa y su heredero presunto, su sobrino y yerno Yaḥyà b. ‘Alī se fueron deteriorando; el segundo se había dado buena maña para acrecentar sus apoyos (Jayrān de Almería siempre dispuesto a venderse al señor del momento, le aseguró su participación). Cuando se sintió lo suficientemente fuerte, se sublevó contra su tío en Málaga, un día de rabī‘ I de 412/15 de junio de 1021, y acto seguido marchó contra Córdoba.

Su tío al-Qāsim, inseguro de los cordobeses, abandonó la capital el 22 de rabī‘II de 412/5 de julio de 1021 y se fue a refugiar a Sevilla, ciudad de la que había sido antaño gobernador. Los beréberes se fortificaron en el alcázar de Córdoba esperando la llegada de Yaḥyà b. ‘Alī, que entró sin dificultades en la ciudad y tanto los cordobeses como los beréberes se pusieron de acuerdo para proclamarlo califa. La jura tuvo lugar el primero de ŷumādā I de 412/13 de agosto de 1021.

Mientras al-Qāsim seguía titulándose califa y emir de los creyentes en Sevilla, y como tal lo reconocían sus habitantes; lo cual fue piedra de escándalo en al-Andalus ver reinar a dos califas a la vez. Pronto Yaḥyà no pudo mantenerse en Córdoba, su desmesurado orgullo le enajenó los apoyos beréberes y sintiéndose amenazado optó por huir a Málaga. Aprovechó la situación su tío al-Qāsim para volver a Córdoba de inmediato y entró en la ciudad el martes 17 de ḏū-l-qa‘da de 413/11 de febrero de 1023. Los cordobeses le renovaron el juramento de fidelidad y al-Qāsim revocó la designación de heredero que había formulado a favor de su sobrino Yaḥya, otorgando la herencia de su precario califato a su hijo Muḥammad.

El viejo califa reinó esta segunda vez siete meses y algunos días, hasta que el martes 21 de ŷumādā II de 414/9 de septiembre de 1023 la gente de la ciudad se levantó contra él y sus beréberes, a los que el califa no podía sujetar. Intentó impedir la llegada de toda clase de víveres y reducir por hambre a los cordobeses; pero al final al-Qāsim debió abandonar la ciudad para no volver el 16 de ramadán de 414/2 de diciembre de 1023.

Enseguida los cordobeses nombraron califa al omeya ‘Abd al-Raḥmān V al Mustaẓhir, hermano menor del desastroso califa Muḥammad II al-Mahdī, iniciador de la guerra civil que llevaría al califato de Córdoba a su extinción. En vano al-Qāsim buscó refugio en Sevilla, esta vez los habitantes le cerraron las puertas y expulsaron a sus familiares del alcázar; finalmente se refugió en Jerez, donde su sobrino Yaḥyà pronto vino a sitiarlo, obligándolo a capitular y desde donde sería conducido cautivo a Málaga. Permaneciendo en ese estado hasta la muerte de Yaḥyà b. ‘Alī; entonces su hermano y sucesor Idrīs mandó estrangularlo en prisión, corría el mes de ša‘bān del año 427/junio de 1036. Era por esas fechas un anciano octogenario. El cadáver fue entregado a sus dos hijos, Muḥammad y Ḥasan, que a la sazón residían en Algeciras.

 

Bibliografía

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Al-Nuwayrī, Kitāb Nihāyat al-‘arab fī funūn al-adab, ed. y trad. M. Gaspar Remiro bajo el título de Historia de los musulmanes de España y África por En-Nuguairí, t. I, Granada, Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, 1917, págs. 80-82/76-77

Ibn ‘Iḏārī, al-Bayān al-Mugrib fī [ijtṣār] ajbār mulūk al-Andalus wa l-Magrib, con título y subtítulo en francés que reza: Al-Bayān al-Mugrib. Tome troisième. Histoire de l’Espagne Musulmane au XIème siècle. Texte Arabe publié par la première fois d’après un manuscrit de Fès, ed. de E. Lévi-Provençal, Paris, Paul Geuthner, 1930, págs. 113-114, 122-124, 127-135 y 144 (trad. crítica [con centenares de correcciones, merced a la Ḏajīra de Ibn Bassām y a las “Observations sur le texte du tome III du Bayān de Ibn ‘Iḏārī”, establecidas por E. Lèvi-Provençal, en Mélanges Gaudefroy de Mombynes, El Cairo, 1935-1945, págs. 241-258] de F. Maíllo Salgado, La Caída del Califato de Córdoba y los Reyes de Taifas [al-Bayān al-Mugrib], Salamanca, Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Salamanca, 1993, págs. 103, 110-112, 114, 116-120, 126)

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Autor/es

Felipe Maíllo Salgado

 

CALAMARES RELLENOS DE CAMARONES

 

CALAMARES RELLENOS DE CAMARONES

 

Ingredientes

12 calamares de tamaño medio limpios, cuerpo y tentáculos

300 gr de camarones, pelados y desvenados

1 cucharada de ajo muy picado

2 cucharadas de cebolla finamente picada

¼ de taza de migas de panco o pan rallado

1 huevo

Harina

Aceite de oliva

½ manojo de perejil

 Muy picado

Palillos de diente

Para la salsa de tomate:

1 K de tomate triturado

2 cucharadas de pasta de tomate

¼ de taza de aceite de  oliva

1 cebolla pequeña picada

4 dientes de ajo muy picados

2 cucharadas de albahaca fresca muy picada

1 cucharada de orégano seco

1 guindilla pequeña, o cayena en polvo una pizca

1 chorrito de vino blanco

Sal

Pimienta negra recién molida

Elaboración

En una cacerola a fuego medio-alto. Agregamos aceite de oliva y cuando el aceite este caliente, añadimos la cebolla y el ajo, removemos bien y sofreímos hasta que comience a dorarse. Agregamos el tomate triturado, la pasta de tomate, el orégano seco, la albahaca , la guindilla o cayena en polvo, la sal y la pimienta negra recién molida, removemos todo muy bien, y dejamos hervir, removiendo ocasionalmente, agregamos el chorrito de vino blanco, luego reducimos el fuego a lento y cocinamos durante 10 minutos.

Para el relleno:

Picamos los camarones en dados pequeños y lo colocamos en un bol, añadimos la cebolla picada finamente, el ajo, el huevo y las migas  de panco o pan rallado, con una a espátula de silicona, mezclamos muy bien hasta que todos los ingredientes estén bien integrados en la masa. Con una cuchara pequeña, rellenamos cada calamar, empujando el relleno hasta el final de la cola, para rellenar uniformemente el cuerpo, dejando alrededor de un dedo sin rellenar y cerramos con un palillo de diente, cortando los extremos del palillo para que el calamar quede plano en la sartén..

Guardamos los tentáculos para freír o agregar a la salsa de tomate con los calamares rellenos.

Espolvoreamos los calamares rellenos con la harina, Calentamos una sartén a fuego medio-alto, agregamos suficiente aceite de oliva para cubrir el fondo y doramos los calamares por ambos lados 2-3 minutos por cada lado. Transferimos los calamares con cuidado y los tentáculos a la sartén con la salsa de tomate, cubrimos con la salsa y cocinamos a fuego lento durante 20 minutos. Verificamos que la salsa este bien de sazón, a la ver que comprobamos el espesor por si fuese necesario añadir más vino blanco.

Freímos los tentáculos enharinados con aceite de oliva durante 2-4 minutos., sacamos y escurrimos en un plato con papel absorbente de cocina.

En una fuente colocamos los calamares sobre la salsa de tomate y decoramos con los tentáculos fritos

Servir caliente.

¡Buen provecho!