martes, 12 de mayo de 2026

AL-NASIR

 

AL-NASIR

Al-Nāṣir: Abū ‛Abd Allāh Muḥammad, al-Nāṣir. ?, 576 H./1181 C. – Marrakech (Marruecos), 10 de Ša‛bān de 610 H./25.XII.1213 C. Cuarto califa almohade.

Califa almohade

Biografía

Abū ‛Abd Allāh Muammad b. Ya‛qūb b. Yūsuf b. ‛Abd al-Mu’min fue el cuarto califa almohade y ejerció el poder durante los catorce años que median entre 595-611/1199-1213. Era bisnieto del fundador de la dinastía de los Banū ‛Abd al-Mu’min y tanto su padre como su abuelo lo habían precedido en la ostentación de la dignidad califal, manteniéndose, por lo tanto, una línea directa de sucesión dinástica que habría de romperse tras la muerte de su hijo y sucesor, Yūsuf II. Su padre, Ya‛qūb al-Manūr, había muerto el 12 de rabī‛ I de 595/12 de enero de 1199, y la sucesión se produjo según lo previsto, ya que Muammad había sido oficialmente designado heredero en vida de su antecesor, cuando contaba tan solo nueve años, siendo proclamado una semana más tarde, a finales de dicho mes, es decir, del 20 al 30 de enero de 1199. Su elevación al poder no despertó discordias entre los almohades, debido a su condición de heredero oficial desde tiempo atrás y a que la autoridad de su padre era indiscutida, si bien el califa era tan sólo un joven de apenas diecisiete años. No obstante, es cierto que ello dio lugar a que se iniciase una dinámica que, en etapas sucesivas, habría de tener una influencia en aumento, la del creciente intervencionismo de los jeques almohades, en especial los tíos del nuevo soberano, dada su inexperiencia en asuntos políticos por su juventud.

El califato de Muammad al-Nāir tiene un carácter muy relevante en la evolución del Imperio almohade, ya que marca un punto de inflexión en su trayectoria. En efecto, hasta entonces se había desarrollado la fase ascendente del dominio almohade, sólidamente asentado en sus bases magrebíes y capaz de obtener resonantes victorias en territorio andalusí frente a los cristianos, sobre todo la de Alarcos en 1195. Después de él, sin embargo, se inicia la decadencia almohade, en la que a la descomposición política interna se va a unir el progresivo desmembramiento del Imperio y el abandono de la política de ŷihād en la Península. La época de al-Nāir presenta, pues, un carácter ambivalente, ya que, junto a algunos éxitos importantes, como los obtenidos en Baleares e Ifrīqiya, se une el fracaso de la derrota de las Navas de Tolosa.

Gracias a la enérgica actuación de su padre, el vencedor de Alarcos, la situación en la Península se encontraba en calma cuando Muammad al-Nāir llegó al poder, ya que se habían firmado treguas con Alfonso VIII en 1197 por diez años, mientras que los leoneses estaban aliados a los almohades. De esta forma, el problema principal al que hubo de hacer frente al comienzo de su actuación fue el dominio de Yayà b. Gāniya en las Baleares y la extensión de su poder a toda Ifrīqiya, salvo Túnez y Constantina. El primer intento almohade por restablecer la situación, protagonizado por el gobernador de Bugía, acabó en completa derrota hacia 1200. Ello permitió a Ibn Gāniya consolidar su posición, al hacerse con el control directo del puerto de Mahdiya, hasta entonces en manos de un emir aliado suyo. Sin embargo, el califa al-Nāir logró poner fin al dominio ejercido desde décadas atrás por los Banū Gāniya en Baleares, conquistando Menorca en 1202 y al año siguiente Mallorca, siendo la cabeza de ‛Abd Allāh b. Gāniya enviada al califa en Marrakech. Sin embargo, esta gran victoria fue compensada con otra pérdida, ya que mientras los almohades se apoderaban de las Balerares, Yayà b. Gāniya logró hacerse con el dominio de Túnez en 1203. Ello determinó una respuesta almohade inmediata, que el propio califa se encargó de encabezar, dirigiendo sus contingentes hacia Ifrīqiya, de forma que en 602/1205, cerca de Gabes, Yayà fue derrotado, siguiendo a continuación la toma de Mahdiya al año siguiente, de tal forma que el dominio almohade en Ifrīqiya pudo ser completamente restablecido.

Tras la pacificación de Ifrīqiya y con la situación estabilizada en al-Andalus, gracias a las treguas establecidas en época de su padre, siguieron tres años de tranquilidad, en los que el califa pudo dedicarse a reorganizar su administración desde Marrakech y a poner orden en la administración de la Hacienda, debido a los frecuentes casos de fraude y corrupción que se producían habitualmente. No obstante, ya en 1210 las fuentes árabes nos informan de la realización de una expedición marítima contra las costas catalanas, al parecer en respuesta a una previa ofensiva aragonesa. Ello sería el preludio del restablecimiento de las hostilidades entre cristianos y almohades en la pugna por el control del territorio peninsular.

Sin duda, el episodio central de la actuación de Muammad al-Nāir fue la célebre batalla de las Navas de Tolosa, que se produjo en las estribaciones de Despeñaperros el 16 de julio de 1212. Alfonso VIII anhelaba poder vengar la dura derrota de Alarcos y, antes de que finalizasen las treguas pactadas en 1997, se decidió a atacar los territorios musulmanes, saliendo de Toledo en 1209 y dirigiéndose contra Jaén y Baeza, mientras que los caballeros de la Orden de Calatrava hacían lo propio sobre Andújar. El califa al-Nāir envió embajadores para protestar contra la violación de la tregua, pero la ruptura de hostilidades era definitiva. La victoria de las Navas vino precedida de una previa campaña almohade durante el año anterior, que era la respuesta a las algaras efectuadas por Alfonso VIII y el infante Fernando III, junto a las milicias concejiles de Madrid, Guadalajara, Huete, Cuenca y Uclés, en la zona levantina, donde arrasaron los alrededores de Játiva. En respuesta, el propio califa se puso al frente de sus fuerzas y en febrero de 1211 salió de Marrakech, llegando en mayo a Sevilla. Meses después, logró recuperar la fortaleza jiennense de Salvatierra. Fue la última vez que un califa almohade salió en campaña desde Marrakech para cumplimentar el deber del ŷihād en al-Andalus, pues sus sucesores se limitaron, como máximo, a adoptar actitudes meramente defensivas. La mala noticia de esa pérdida se acompañó de otra aún peor en el bando castellano, la muerte prematura del infante Fernando, primogénito de Alfonso VIII.

La campaña almohade de 1211 fue una demostración de fuerza que indujo a Alfonso VIII a solicitar del papado una cruzada, encontrando una respuesta favorable en Inocencio III, que en abril de 1212 ordenaba, además, a las dos máximas autoridades eclesiásticas peninsulares, los arzobispos de Toledo y Santiago, que exhortasen a los demás los soberanos a mantener las paces y treguas que tuviesen con el rey castellano mientras durase la guerra contra los infieles. De esta forma, la campaña que culminaría en la victoria cristiana de las Navas se planteó desde el comienzo como una operación conjunta destinada a asestar un golpe definitivo a los almohades, contando con la alianza de tres de los cinco soberanos cristianos peninsulares y el respaldo ideológico de la Iglesia y del Papado, dando a dicha campaña una dimensión internacional aún más relevante. Para ello, como indica de manera gráfica un cronista árabe, los contingentes se concentraron en 1212 en Toledo ‘como langostas’, mientras que Pedro II de Aragón había acudido a la cita el año anterior en Cuenca y Sancho VII de Navarra se añadió a la expedición una vez que la misma hubo partido de Toledo.

La batalla de las Navas fue uno de los principales enfrentamientos entre cristianos y musulmanes habidos en la península Ibérica durante toda la Edad Media, debido a varios motivos. La guerra medieval consistía, esencialmente, en una lucha por el control del espacio, no por destruir al enemigo, de ahí que la batalla campal fuese un hecho excepcional. En cambio, una de las causas de la singularidad del encuentro de las Navas radica en el hecho de que tuvo un significado estratégico propio, siendo el producto de una decisión determinada, pues nunca antes se había buscado de manera tan premeditada la batalla como medio de dirimir un conflicto. Por otro lado, si bien es cierto que tanto la cifra de combatientes como de víctimas que aportan las fuentes narrativas, árabes y cristianas, resultan totalmente exageradas y fantasiosas, en cambio no lo es menos que la cantidad de recursos movilizados por ambos bandos contendientes fue de una magnitud extraordinaria.

La actitud del soberano almohade ha sido interpretada como uno de los factores de la derrota musulmana, ya que, en lugar de acudir a primera línea del combate para espolear con su presencia la victoria de sus contingentes, como hizo Alfonso VIII, optó por permanecer recluido en su tienda recitando versículos coránicos, para salir huyendo en el momento en el que la jornada se declaró adversa, no conformándose con refugiarse en Sevilla, sino abandonando de manera apresurada al-Andalus para dirigirse a Marrakech, dando una imagen de total abandono y desentendimiento respecto al destino de la población andalusí. No obstante, las causas de la victoria cristiana son más profundas y se vinculan a diversos factores, tanto puntuales, la mayor eficacia táctica y estratégica de los contingentes cristianos y su mayor organización y sentido de la disciplina, como generales, de forma que el avance conquistador cristiano podía considerarse ya, a esas alturas, irreversible, de manera que el carácter ‘decisivo’ atribuido por la historiografía tradicional al encuentro es hoy día matizado por los principales especialistas.

Las fuentes árabes no dudan en señalar la importancia de la batalla de al-‛Iqāb, como la denominan, coincidiendo en indicar que fue entonces cuando se inició el declive almohade e incluso, más aún, la propia ruina de la presencia musulmana en la Península. Algunas fuentes, incluso, vinculan la propia muerte del califa, un año y medio después, al abatimiento en que se vio sumido tras la derrota. Ciertamente, aunque el califa al-Nāir intentó enmascarar la crudeza de su derrota en la carta enviada tras la batalla a la capital del Imperio dando cuenta de la misma, lo cierto es que la victoria cristiana no tuvo paliativos y, desde este punto de vista, las Navas sí podría considerarse un encuentro decisivo, como ha señalado la historiografía más clásica. Sin embargo, el epílogo de la victoria cristiana, al menos en el momento inmediatamente posterior, no fue tan relevante como pudiera, en principio, pensarse. De hecho, la derrota almohade no sólo no supuso la disgregación de sus estructuras políticas y militares, sino que, apenas mes y medio después, en septiembre de 1212, los musulmanes atacaban algunos de los castillos que los cristianos habían conquistado en Sierra Morena y los expulsaban de algunos puntos fortificados de la frontera oriental. Por su parte, las siguientes iniciativas militares cristianas no tuvieron éxito, ya que Alfonso VIII fracasó en el asedio de Baeza de 1213, mientras que Alfonso IX de León, que no había participado en la cruzada de las Navas, tampoco tuvo éxito ante Mérida.

La consecuencia estratégica más importante de la victoria cristiana fue trasladar la línea de frontera desde el Tajo hasta Sierra Morena, gracias a la toma de posesión de buena parte de las fortificaciones que vertebraban la presencia musulmana al Norte de Sierra Morena. En efecto, los cristianos se hicieron con el dominio de una decena de fortalezas situadas entre Toledo y Córdoba que jalonaban todo el territorio entre Sierra Morena y el Tajo (Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente, Caracuel, Vilches, Baños, Tolosa y Ferral). Sin embargo, lo cierto es que durante la década siguiente, entre 1212-24, la frontera apenas se movió y el dominio almohade se mantuvo estable, a pesar de que el califato había recaído, tras la muerte de al-Nāir en 1213, en un menor de edad. A pesar de la gran resonancia cronística de la victoria cristiana, durante los años siguientes el poder almohade aún mantuvo sus posiciones en la Península, de forma que las únicas pérdidas importantes experimentadas por los musulmanes tras las Navas y antes de 1224 fueron las de Alcácer do Sal (1217) y Alburquerque (1218).

La derrota de las Navas de Tolosa fue seguida, al poco tiempo, de la muerte del propio califa al-Nāir, sucedida apenas un año y medio después, en concreto el 10 de ša‛bān de 610/25 de diciembre de 1213, cuando contaba tan solo treinta y dos años de edad. Las causas de este prematuro fallecimiento no están nada claras y las fuentes árabes discrepan entre sí, ofreciendo versiones totalmente contrapuestas al respecto. Las crónicas más próximas, y por ello más fiables, sugieren la hipótesis del asesinato por envenenamiento, aunque sin una contundencia plena y dejando abierta la existencia de otras posibilidades. Tampoco cabe descartar que falleciese de manera natural, debido a un ataque de apoplejía, mientras que en cambio, otras narraciones resultan más inverosímiles, por ejemplo la que atribuye su muerte a los miembros de su guardia negra cuando estaba en los jardines del alcázar, debido a que él mismo había ordenado que se ejecutase a todo el que fuese sorprendido allí de noche y, en una ocasión que salió disfrazado para ver si sus preceptos eran cumplidos, fue alanceado por los guardias, que no lo reconocieron. No mucho más verosímil parece que su muerte fuese producida por la mordedura de un perro. En todo caso, la existencia de tantas versiones contradictorias indica con toda probabilidad que no fue una muerte natural, sino producto de intrigas políticas. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que Muḥammad al-Nāṣir dejaba una pesada herencia a su sucesor, no sólo por la derrota de las Navas, sino por lo temprano de su muerte, que iba a hacer que las riendas del poder recayesen en su hijo, un niño de entre apenas diez o quince años.

 

Bibliografía

A. Huici Miranda, Historia política del Imperio almohade, Tetuán, Editorial Marroquí, 1956-1957, 2 vols.

Mª J. Viguera, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992

M. Alvira Cabrer, “La imagen del Miramamolín al-Nāṣir (1199-1213) en las fuentes cristianas del siglo XIII”, en Anuario de Estudios Medievales, 26/2 (1996), págs. 1003-1028

M. Alvira Cabrer, “El desafío del Miramamolín antes de la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Fuentes, datación y posibles orígenes”, Al-Qantara, XVIII (1997), págs. 463-490

M.ª J. Viguera (coord.), El retroceso territorial de al-Andalus. Almorávides y almohades, siglos XI al XIII, Madrid, Espasa Calpe, 1997

F. García Fitz, Relaciones políticas y guerra. La experiencia castellano-leonesa frente al Islam. Siglos XI-XIII, Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2002

P. Cressier, M. Fierro y L. Molina, Los almohades: problemas y perspectivas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2005, 2 vols.

F. García Fitz, Las Navas de Tolosa, Barcelona, Ariel, 2005.

Autor/es

  • Alejandro García Sanjuán

 

lunes, 11 de mayo de 2026

ARROZ CREMOSO CON CARABINEROS

 

ARROZ CREMOSO CON CARABINEROS

Este arroz con carabineros es muy fácil de elaborar, si sigues todos los pasos a continuación. Sin embargo, es fundamental que los ingredientes sean de la mejor calidad. Por lo tanto, para un resultado realmente delicioso, lo ideal es prepara esta recta con gambas o carabineros de buena calidad. Vale la pena invertir un poco más.

 

Ingredientes

8 carabineros (gambas o gambón)

400 gr de arroz redondo o bomba

4 calamares pequeños

20 gambas frescas

2 cebollas

1 pimiento rojo grande

2 cucharaditas de pasta de tomate

2 litros de caldo de pescado

 

Elaboración

La clave esta en tener preparado el caldo de pescado. Es importante que el caldo este caliente antes de añadirlo al arroz.

En una acerola, agregamos un poco de aceite para cubrir el fondo. Sofreímos los carabineros y las gambas a fuego alto durante un minuto por cada lado para realzar el sabor de todo el plato.

Retiramos los carabineros y las gambas, reservamos y agregamos la cebolla y el pimiento rojo finamente picados. Sofreímos con un poco de sal durante al menos 20 minutos. Es importante que las verduras se doren bien.

A continuación, añadimos los calamares cortados en rodajas y limpios. Cocinamos durante 10 minutos a fuego medio. Para finalizar, añadimos la pasta de tomate y mezclamos bien.

Una vez listo, agregamos el arroz y luego todo el caldo de pescado bien valiente. Dejamos cocinar de 18 a 20 minutos, o hasta que el arroz este listo, agregamos los carabineros y las gambas peladas para que se cocinen bien, pero sin que se pasen de cocción.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

HUEVOS RELLENOS

 

HUEVOS RELLENOS

Los huevos rellenos, se pueden preparar de infinidad de maneras. Es una receta muy popular y apreciada, especialmente cuando llega el calor. Rápidos de elaborar deliciosos. Maravillosos y directamente del frigorífico. La receta que pongo aquí es solo una versión entre muchas.

 

Ingredientes

6 huevos duros160 gr de caballa a la plancha . También podéis usar caballa en conserva.

Mayonesa

Un poco de kétchup

Un poco de salsa Worcestershire

2 pepinillos cortados en daditos muy pequeños

Un poco de cebolla muy picada en daditos

 

Elaboración

Primero cocemos los huevos durante 8 minutos en agua hirviendo. Una vez cocidos, los sumergimos en agua muy fría y después los pelamos. Cortamos por la mitad y reservamos las yemas.

En un bol, batimos tres yemas de huevo con un tenedor, añadimos los filetes de caballa bien escurridos, el kétchup, la salsa Worcestershire al gusto, los pepinillos y la cebolla, ambos picados en daditos muy pequeños.

Luego agregamos mayonesa al gusto, pero sin excedernos. Mezclamos hasta obtener una mezcla homogénea.

Rellenamos las claras con esta mezcla y cubrimos cada mitad con la mayonesa. Finalmente, desmenuzamos la yema restante por encima-

¡Buen provecho!

 

 

viernes, 8 de mayo de 2026

LECHE DE MERENGUE

LECHE DE MERENGUE

La leche con merengue o Leche Merengada es una de las bebidas veraniegas más refrescantes y tradicionales de España. Se trata de leche aromatizada con limón y canela, a la que se le añade un poco de merengue para conseguir una textura mucho más cremosa.

Esta receta, ya aparece en la obra de Juan de La Mata, El Arte de la Repostería (1747), bajo el grandilocuente nombre de “leche helada muy exquisita”.

 

Ingredientes

750 ml de leche entera

60 gr de azúcar para la leche

La piel amarilla de 1 limón

1 rama de canela

2 claras de huevo

50 gr de azúcar para el merengue

Una pizca de canela para decorar

Elaboración

En una cacerola a fuego medio, combinamos la leche, la rama de canela partida para que libere mas sabor, la piel de limón y el azúcar. Calentamos la leche hasta que empiece a hervir,  luego tapamos la cacerola y dejamos enfriar a temperatura ambiente para que se infusione bien y coja todos los aromas. Refrigeramos durante 2 horas o hasta que esté bien fría.

Colamos la leche, para quitar la canela y la piel de limón, y volvemos a meter en el frigorífico para que se mantenga fría.

En un bol batimos las claras de huevo a punto de nieve y añadimos el azúcar. Seguimos batiendo hasta que esté bien integrado. Incorporar suavemente el merengue a la leche con movimientos envolventes suaves hasta que está integrado los ingredientes.

Colocamos la mezcla de merengue y leche en un molde grande, cubrimos y metemos en el congelador. Es importante batir la mezcla para evitar que se cristalice demasiado. Sácala del congelador dos veces en un lapso de dos horas (una vez por hora) y batimos bien hasta obtener una textura cremosa.

Servimos espolvoreada con canela molida en vaso o tazas.

¡Buen provecho!


CANELONES DE POLLO Y QUESO

 

CANELONES DE POLLO Y QUESO

Ingredientes

1 caja de láminas de canelones

180 gr de queso de cabra

180 gr de pollo cocido

1 cebolleta y media

Un par de dientes de ajo

45 gr de harina

500 ml de caldo de pollo y verduras

Medio vaso de vino dulce de Málaga

Aceite de oliva

Sal

Perejil

Lonchas de queso

 

Elaboración

Picamos en trozos muy pequeños los ajos y la cebolleta, luego lo añadimos a una sarten con el aceite de oliva virgen extra caliente a fuego medio para comenzar a pocharlos.

Cuando comiencen a pocharse, añadimos el pollo bien picadito en trozos pequeños, salpimentamos al gusto , removemos bien y agregamos el vino dulce de Málaga.

Dejamos todo en el fuego 10 minutos para que los sabores se mezclen y el relleno de los canelones quede delicioso.

Transcurrido ese tiempo, apagamos el fuego y dejaos reposar.

Para hacer la salsa bechamel, colocamos una cacerola al fuego a temperatura media, y añadimos un chorro de aceite de oliva junto con la harina, y poco a poco vamos incorporando el caldo siempre removiendo con una varilla manual para evitar que se hagan grumos.

Removemos con suavidad hasta que la salsa bechamel espese al punto que deseemos, pero cuidando que la misma no sea demasiado densa.

Una vez lista retiramos del fuego, y agregamos una pizca de sal e incorporamos el perejil bien picado.

Para `preparar las laminas de los canelones, lo mejor es seguir las instrucciones del fabricante, sin embargo, usualmente basta con añadir las láminas en un recipiente con agua muy caliente durante 10 minutos, de este modo se ablandan.

Encendemos el horno a 200º para precalentarlo mientras se termina la preparación de tus canelones de pollo.

En una bandeja apta para el horno, la frotamos con mantequilla. Y luego esparcimos harina para evitar que la pasta se pegue.

Rellenamos cada lamina de pasta con un poco de la preparación de pollo que hemos reservado y luego vamos enrolando de uno en Juno las láminas, hasta formar los canelones.

Vamos colocando los canelones , uno al lado del otro, y luego vertemos la salsa bechamel por encima para terminar con lonchas de queso de tu gusto.

Metemos en el horno a gratinar durante 20 minutos o hasta que los canelones estén perfectamente dorados. Retiramos del horno y dejamos reposar unos 5 minutos antes de servir.

Servir calientes.

¡Buen provecho!

GARBANZOS CON TOMATE Y PESCADO CRUJIENTE

 

GARBANZOS CON TOMATE Y PESCADO CRUJIENTE

Ingredientes

Para los garbanzos con tomate:

45 ml de aceite de oliva virgen extra

1 cebolla mediana picada finamente

6 dientes de ajos picados gruesamente

1 cucharadita de pimentón dulce

1 cucharadita de cilantro seco el cilantro seco

2 gr de comino molido

425 gr de salsa de tomate (1 lata)

60 ml de caldo de verduras

700 gr de garbanzos cocidos de bote

Sal

Pimienta negra recién molida

Para el pescado crujiente:

60 ml de aceite de oliva virgen extra

2 filetes de bacalao desalado de 225 gr cada uno

60 gr de harina

1 huevo grande

15 l de leche entera

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil picado para decorar

Elaboración

En una sarten grande a fuego medio calentamos el aceite de oliva virgen extra.

Después de un par de minutos, agregamos la cebolla y el ajo picado, mezclamos continuamente, después de 3-4 minutos y cuando la cebolla este ligeramente transparente, agregamos el pimentón dulce, el cilantro seco, y el dominio molido, mezclamos rápidamente, luego agregamos la salsa de tomate y el caldo de verduras y mezclamos para mezclar bien todos los ingredientes, luego agregamos los garbanzos cocidos , escurridos y bien lavados y sazonamos con sal y pimienta negra recién molida, mezclamos hasta que estén bien mezclado, luego tapamos y bajamos el fuego.

Para preparar el pescado crujiente: mientras los garbanzos se cuecen a fuego lento, colocamos los filetes de bacalao desalado sobre papel de cocina absorbente y lo secamos con palmaditas, luego lo salpimentamos por ambos lados y cortamos cada filete en 4 trozos de tamaño uniforme, para sacar un total de 8 trozos de pescado.

En un bol, agregamos la harían, cascamos un huevo en un bol aparte, agregamos la leche y salpimentamos al gusto, batimos muy bien.

Calentamos una sarten aparte a fuego medio y añadimos el aceite de oliva virgen extra.

Mientras tanto. Rebozamos los trozos de pescado, primero por harina y luego por huevo batido con la leche.

Una vez que tengamos el aceite bien caliente, agregamos los trozos de pescado, todos en una sola capa, y freímos durante 5-7 minutos o hasta que estén dorados y crujientes por todos lados, luego lo pasamos a un plato con papel absorbente de cocina para quitarles el exceso de aceite.

Tras cocer a fuego lento los garbanzos durante 10 minutos, retiramos la sarten del fuego, vertemos un poco de la mezcla en jun plato hondo o como yo, en una cazuelita de barro, y añadimos encima un par de trozos de pesca dio y rociamos con un poco de perejil picado.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

 

LA EXPULSIÓN DE LOS OMEYAS DE CÓRDOBA. ¿ABOLICIÓN DEL CALIFATO Y FIN DE LA FITNA?

 

LA EXPULSIÓN DE LOS OMEYAS DE CÓRDOBA. ¿ABOLICIÓN DEL CALIFATO Y FIN DE LA FITNA?

En junio de 1027 la aristocracia árabe y personas notables de Córdoba entronizaron al omeya Hisham III, hermano de Abd al-Rahman IV refugiado en la Taifa de Alpuente. La fragmentación política de al-Ándalus, la inestabilidad y el hecho de que Córdoba ya no era una ciudad tan deseable hicieron que Hisham III no se decidiera a entrar en ella hasta finales de 1029. Su califato fue muy impopular porque se entregó a una vida de placeres y dejó el gobierno en manos de un visir.

Este ministro, que no era de alta cuna, ignoraba la voluntad de los notables cordobeses, lo que desató una conspiración liderada por un pretendiente omeya. Los rebeldes decapitaron al visir, y el califa Hisham III, al enterarse, huyó del alcázar y se refugió en la mezquita aljama, hasta que al día siguiente fue expulsado de la ciudad. El último califa omeya se acogió a la protección del gobernador de Lérida, Sulayman ibn Hud, donde murió pocos años después.

Emires y califas omeyas de Córdoba

Ese 30 de noviembre de 1031, los notables de Córdoba convencieron a los jefes del ejército de no apoyar la candidatura del omeya que había liderado el motín. En su lugar, los cordobeses acordaron no proclamar a ningún califa más, ni omeya ni hammudí, tras tantos años de soberanos nefastos. En los zocos se pregonó que nadie debía dar cobijo a un omeya, con el fin de expulsarlos definitivamente de la ciudad. Al final, los omeyas eran los tóxicos de la relación, y los cordobeses decidieron cortar. La época gloriosa de la dinastía omeya hacía décadas que había terminado.

Córdoba pasó a estar gobernada por un consejo de ministros liderado por Abu l-Hazm ibn Yahwar, cadí y ministro fundador de su propia dinastía taifa, irónicamente descendiente de uno de los clientes que apoyaron la entronización del emir Abd al-Rahman I. Con su estirpe, Córdoba se estabilizó e inició una tímida recuperación de su prosperidad, aunque siguió siendo una sombra de lo que había sido. En Córdoba se siguieron acuñando monedas, pero a nombre de Hisham II, el último califa de consenso en al-Ándalus.

Con esto surgen dos preguntas: ¿abolieron el califato en 1031? ¿Y terminó la fitna entonces? Pues la respuesta a ambas preguntas es que no. Los cordobeses no tenían ninguna potestad para abolir una idea o institución. Tampoco una Córdoba decadente tenía el derecho exclusivo a reconocer o dejar de reconocer califas, o a ser la capital de un califato. Desde el año 1023 Málaga se convirtió en la capital del Califato hammudí, un hito poco recordado en la historia local malagueña, pero de gran trascendencia para convertir a Málaga en una gran ciudad. También se puede considerar que Sevilla fue sede califal con el falso Hisham II a partir del 1035.

Plano de la Málaga musulmana superpuesta en la actual.

Las acuñaciones de oro califales tampoco terminaron en 1031. Desde la cultura material, los investigadores han percibido que en las taifas que reconocían el califato hammudí se mantuvieron estilos continuistas en monedas, epigrafía y decoración arquitectónica respecto al periodo omeya, en contraste con las taifas que no reconocían a esta dinastía idrisí. Por tanto, 1031 marca el fin de la dinastía omeya como familia reinante y el fin del Califato de Córdoba, que hacía años que era, en la práctica, una ficción.

Sin embargo, no dejó de existir un califato en al-Ándalus, pues existía el Califato hammudí. Los hammudíes no fueron unos reyes de taifa más con pretensiones califales, fueron unos califas reconocidos por varios poderes en al-Ándalus y el Magreb. Es revelador que se proclamase un falso Hisham II para contrarrestar el poder y legitimidad hammudí, y lo hicieron desaparecer al ser depuesto el último califa hammudí en el año 1056. Tras el fin del asedio de Córdoba, los califas omeyas de la fitna carecían de bases de poder propias y eran simples títeres en manos de soberanos de taifas. En cambio, los hammudíes siempre tuvieron bases de poder propias en el área del Estrecho de Gibraltar, lo que les permitió controlar el tráfico de oro y otras mercancías entre África y al-Ándalus.

Y sobre la cuestión del fin de la guerra civil, Ibn Hayyan escribió esto tras la deposición de Hisham III: “A partir de ese momento, la fitna se hizo más amplia y profunda. Cada uno saltó sobre el poder en su lugar, y los arráeces y señores levantiscos de al-Ándalus fueron dueños absolutos del territorio y de los castillos que tenían a su alcance, ambicionando cada uno de ellos lo de los demás.” El geógrafo al-Bakri, en 1068, también afirmaba que la fitna continuaba. Así, la fitna se prolongó hasta la reunificación de lo que quedaba de al-Ándalus bajo el Emirato almorávide, entre 1090 y 1116.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

CUSCÚS DE VERDURAS

CUSCÚS DE VERDURAS


Ingredientes

1 taza de cuscús

1 taza de agua

2 dientes de ajo

½ pimiento rojo

¼ de calabacín

6 champiñones

2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

½ cucharadita de pimentón dulce

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil fresco para decorar

 

Elaboración

Poicamos finamente . los 2 dientes de ajo, cortamos en dados pequeños el ¼ de calabacín, cortamos ½ pimiento rojo en dados pequeños, y cortamos en laminas finas los champiñones.

En una cacerola a fuego medio, añadimos 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Cuando el aceite este caliente, añadimos el ajo picado, removemos unos 30 segundos, después añadimos el calabacín cortado en dados y los pimientos rojos cortados en dados y mezclamos todo.

Después de 5 minutos de cocción, agregamos los champiñones laminados, salpimentamos al gusto y mezclamos todo muy bien, cocinamos durante 2 minutos y luego agregamos ½ cucharadita de pimentón dulce, mezclamos muy bien todos los ingredientes y a continuación agregamos 1 taza de agua a la cacerola, sazonamos con un poco más de sal si fuese necesario y subimos el fuego a alto.

Una vez que hierva, agregamos la taza de cuscús a la cacerola, mezclamos ligeramente con los demás ingredientes, tapamos la cacerola y apagamos el fuego.

Después que el cuscús se cocine al vapor durante al menos 5 minutos, retiramos la tapa y esponjamos o removemos el cuscús con un tenedor.

Transferimos a un plato y servimos caliente. Decoramos con un poco de perejil fresco.

¡Buen provecho! 

TOSTADA DE ANCHOAS CON ESCALIVADA

 

TOSTADA DE ANCHOAS CON ESCALIVADA


Ingredientes

1 berenjena

1 pimiento verde

1pimiento rojo

2 tomates

2 cebollas

1 diente de ajo

8-10 anchoas saladas

Rebanadas de pan rustico

Aceite de oliva virgen extra

Ajo para frotar el pan

 

Elaboración

Primero preparamos la escalivada: Cocinamos Enel horno la berenjena, los pimientos, las cebollas y el ajo sin pelar, durante una hora en horno a 189º.ç

Cuando las verduras estén listas, dejamos enfriar. Una vez tibias, las pelamos y cortamos en rodajas muy finas. Mezclamos todo en un bol con un buen chorrito de aceite de oliva virgen extra y una pizca de sal. Dejamos enfriar esta escalivada hasta el momento de servir.

Cuando estemos listo para comer, tostamos las rebanadas de pan rustico y untamos con el tomate y el ajo restante de la lista de ingredientes. Agregamos la escalivada sobre las rebanadas de pan rustico tostado y unos buenos filetes de anchoas por encima.

Rociamos con un poco mas de aceite de oliva virgen extra para terminar.

¡Buen provecho!