miércoles, 27 de mayo de 2026

CANNONCINE SALADO CON JAMÓN Y ATÚN

 

CANNONCINI SALADO CON JAMÓN Y ATÚN

Los cannoncini salados son una sencilla y sabrosa comida para picar. Aperitivo codiciosos y versátiles, os ofrezco dos versiones, una con atún y otra con jamón cocido. La base esta hecha de queso cremoso, pero se puede sustituir por otros quesos, como el mascarpone, la rabiola o, por que no, el pure de patatas. Mientras que el envoltorio está elaborado con una base de hojaldre, enriquecido y alegre con semillas de sésamo y amapola. Estos cañones salados, realmente muy versátiles, se pueden rellenar de infinitas formas, con crema de tomates secos, con hierbas aromáticas picadas, con salmón ahumado, con patatas y Speck, con mortadela o con gorgonzola, o con hummus de garbanzos. Podemos preparar el relleno con mucha antelación y rellenar los cannoncini justo antes de servirlos para que queden crujientes y desmenuzables.

Ingredientes

Hojaldre rectangular , 230 gr

250 gr de queso para untar

100 gr de jamón cocido

100 gr de atún en aceite

1 cucharada de alcaparras

1 huevo

Mantequilla , solo la suficiente

Sal, una pizca

Pimienta negra recién molida al gusto

Semillas de sésamo (ajonjolí)

Semillas de amapolas

 

Elaboración

Precalentamos el horno a 200º.

Licuamos la mitad del queso crema con el jamón cocido, sal y pimienta negra recién molida en una licuadora o batidora.

Limpiamos la batidora y licuamos el queso restante con el atún bien escurridizo, las alcaparras la sal y la pimienta negra recién molida al gusto, y licuamos hasta que este cremoso.

Rellenamos las mangas pasteleras con los rellenos y metemos en el frigorífico hasta que estén listas para rellenar los cannoncini.

Cortamos el hojaldre frio en tiras de unos 2 centímetros de ancho. Engrasamos los cilindros de acero c donde los vamos a enrollar con el hojaldre, con mantequilla, enrollamos una tira de hojaldre en cada cilindro para obtener una espiral.

Cepillamos los cannoncini con huevo batido, decoramos con semillas de sésamo y semillas de amapola. Finalmente colocamos gradualmente en una bandeja para hornear forrada con papel sulfurizado.

Horneamos los cannoncini durante 10 minutos o hasta que empiecen a dorarse en la superficie, luego sacamos del horno y dejamos enfriar completamente antes de sacarlos del cilindro.

Rellenamos con los rellenos preparados a la hora de servirlos

¡Buen provecho!

 

LOS AMIRÍES: SUCESORES DE ALMANZOR. ABD AL-MLIK AL-MUZAFFAR.

 

LOS AMIRÍES: SUCESORES DE ALMANZOR. ABD AL-MLIK AL-MUZAFFAR.

 

Abd al-Mlik   al-Muzaffar.

Tras la muerte de Almanzor, su sucesor fue su hijo predilecto, Abd al-Malik, que ya había dado pruebas de su buen hacer, tanto en las luchas contra los cristianos, como cuando fue virrey en tierra magrebíes. Se encontraba junto a su padre, cuando éste murió en Medinaceli y a él le transmitió su testamento político, dictado en plena lucidez. En este testamento, anima a su hijo a seguir el camino que él le ha trazado; le deja una hacienda próspera; la aristocracia ha sido relegada a un segundo plano, cuando no aniquilada, y ya no puede hacer uso de sus antiguas prerrogativas militares; los recursos del Estado no deben ser malgastados y los agentes fiscales vigilados muy de cerca. Almanzor aconseja a su heredero que cuide bien de Hisham II, especialmente de cara al exterior, pues nada tiene que temer de él, si le mantiene en su puesto y le hace sentirse como un califa ante él mismo y los demás,  ro que tenga cuidado con la camarilla  que le rodea que pueden utilizar el nombre del califa para sus manejos. Si no se sale de los términos de fidelidad jurada a Hisham, su posición sera siempre sólida. Por último le encarga que trate con benevolencia a su hermano Abd Al Rahman, más pequeño que él y peor dotado, y a todos los clientes en Córdoba como en las peligrosas fronteras con tierras cristianas.

Abd al-Mali no tenía la talla de su padre, pero poseía algunas de sus cualidades y fue un digno sucesor, al que su prematura muerte no permitió ir más allá. Respetó las instrucciones que le diera su progenitor, y tanto su celo religioso como su valor en el combate, le granjearon el respeto de sus súbditos.
Hisham II ratificó la sucesión de Abd al-Malik al frente del Estado. El califa sólo quería vivir tranquilo, y le entregó un decreto en el que le confería las mismas prerrogativas que a su padre. Este decreto fue leído desde el minarete de la mezquita mayor. Los que había tomado sus posiciones de oposición al nuevo regente, fueron desterrados a Ceuta y el traspaso de poderes, de padre a hijo, se realizó sin sobresaltos. Abd al-Malik parece que sintió agradecimiento hacia el califa por haber accedido tan pronto y tan bien a confirmarle como regente y le tratará mejor aún que su padre. Incluso a veces le invitará a fiestas en al-Zahira, pero eso sí, lo sacará del Alcázar, disfrazado y por calles desiertas para que no pueda mantener ningún contacto con su pueblo. El caso es tenerlo entretenido y que no piense en nada que tenga que ver con el gobierno o con el Estado. También tendrá buen cuidado Abd al-Malik en congraciarse con las mujeres de palacio, siempre inquietas y aburridas. Las príncesas se vuelven locas por los objetos originales, por productos exóticos, por las joyas de ensueño... y llevadas de este afán y de su credulidad, avispados mercaderes y anticuarios sin escrúpulos, les venderán planchas de madera del arca de Noé y otros elementos igual de falsos y sorprendentes. Y el nuevo regente no escatimará recursos, salidos de las arcas del Estado, para que satisfagan todos los caprichos.


 De todas formas, nunca se vio en Córdoba un lujo más desenfrenado. Se vivía el presente como si se presagiara que ese " estado de bienestar " no iba a ser duradero. Cualquier actividad que tuviera que ver con mercancías elegantes y costosas, nunca se había visto favorecida con tan numerosa clientela. El propio Abd al-Malik hacía alarde de una ostentación, en el vestido y en las joyas, que admiraba y sorprendía. Pero hay que reconocer que a pesar de estos alardes, el hijo de Almanzor también sabe acercarse, en un gesto de humildad, a los eremitas, a los cárceles para conocer su funcionamiento y que los presos no cumplan más pena que a la que han sido condenados. Al igual que su padre, se preocupará de los literatos, poetas, astrólogos, y jugadores profesionales de ajedrez, que se mueven en su entorno, reciban pagas y gratificaciones. Con todo, Abd al-Malik, es y se siente un soldado, y en ningún lugar está tan a gusto como rodeado de sus tropas, de sus oficiales con los que, con frecuencia, se entrega, con demasiada pasión, a los placeres del vino. Aunque todos conocían este defecto, grave en un musulmán, todos callan, pues al llegar al poder, Abd al-Mali, ha reducido en una sexta parte el total de las contribuciones del pueblo.
   A su lado, la personalidad del hermano, Abda al-Rahman, queda bastante desdibujada, así como su papel en la corte. Entre el alto personal del Estado, los dos primeros son el esclavo Tarafa  el visir Ibn al-Qatta. Otro de sus protegidos será Isa ben Sa´id, en el que confiaba tanto que hasta llegó a otorgarle la mano de una de sus hermanas, pero todos participarían en conjuras contra aquel al que debían buena parte de su fortuna.
   Ibn al-Qatta se dio cuenta de que Abd al-Malik no tenía el carácter de su padre y decidió tomar sus propias decisiones. Molestó a los eslavos e intentó introducir en los cuadros del ejército a clientes árabes. Isa, por su parte, tramó un complt para asesinar, de una sola tacada, a Hisham y a Abd al-Malik, para colocar en su lugar a un nieto de Abd al-Rahman III. El regente no dio crédito a las denuncias que recibió hasta que su propia madre le puso en alerta. No tuvo tiempo para concretar sus planes, pues fue apresado y muerto en el propio palacio ante Abd al-Malik. En cuanto al pretendiente fue encarcelado, tres días después, y murió en la cárcel, no se sabe si estrangulado o de inanición.


   Poco después de estos hechos, Abd al-Malik volvió de una expedición victoriosa contra la plaza de Clunia, y obtuvo el permiso de Hisham para usar el titulo de al-Muzaffar,  " el Triunfador ", por el que los historiadores árabes le nombrarán casi siempre. Pero poco tiempo iba a disfrutar de este título honorífico. Comenzó a sufrir una enfermedad en el pecho que lo mató en un año, cuando salía para una campaña invernal contra Sancho García. Murió junto al convento cristiano de Guadalmellato, el 20 de octubre de 1008. Algunos cronistas apuntan,  y según Levi Provençal puede que acierten, que el segundo hijo de Almanzor, Abd al-Rahman Sanchuelo puedo tener algo que ver en la muerte prematura de su hermano, que dejó este mundo con sólo 33 años. Lo cierto es que , tras la muerte de al-Muzaffar, se iba a desencadenar la terrible época de la fitna, mientras que comenzaba la agonía del califato andalusí.
   Abd al-Malik supo mantener la hegemonía militar de Córdoba frente a los reinos cristianos, todavía sumidos en luchas intestinas, e incapaces de hacer frente , unidos, a su tradicional enemigo musulmán. Castigará a aquellos que rompan las treguas firmadas, como en el caso del conde franco de Barcelona, pero se avendrá a nuevos pactos en el conde castellano Sancho García.
   También intervendrá como árbitro en la querella del conde Sancho García con el conde gallego Menendo González, tutor del rey leonés Alfonso V. La madre del pequeño era hermana del conde castellano y éste quería quitar de en medio al gallego y ejercer él mismo la regencia del reino de León. Abd al-Malik les envió al juez de los mozárabes de Córdoba que se pronunció a favor del Menendo González que conservará la tutela del joven hasta su asesinato en 1008.


   Sancho, molesto con el fallo del juez, rompió la tregua con al-Andalus, pero no tardó en darse cuenta de su error y en ofrecerse a colaborar en las campañas de Abd al-Malik, si bien el conde castellano firmaba tantas treguas como prisa se daba en romperlas , y al-Muzaffar tuvo que combatirle en varias ocasiones, con suerte diversa.
   En el año 1006, estando el regente en Medinaceli, recibió a un embajador bizantino que traía un mensaje del emperador Basilio II, y que parece que llevaba con él a cierto número de marinos andaluces, apresados en las costas de Cerdeña y Córcega, mientras ejercían la piratería. Posiblemente se tratase de un intercambio de cautivos, pero fue y a la última vez que un embajador bizantino se presentó en la Península Ibérica ante un jefe del Estado musulmán.

Libro al-Andalus de Concha Masiá.

 

MUHAMMAD II

 

MUHAMMAD II

Muḥammad II. al-Mahdī: Abū l-Walīd Muḥammad b. Hišām b. ‘Abd al-Ŷabbār b. ‘Abd al-Raḥmān, al-Mahdī. Córdoba, m. s. x – 23.VII.1010. Cuarto califa omeya de Córdoba.

Califa omeya

Biografía

Bisnieto de ‘Abd al-Raḥmān III. Su padre, Hišām b. ‘Abd al-Ŷabbār, fue asesinado al conocerse la conjura para colocarlo en el Trono en lugar de Hišām II, organizada por el visir ‘Īsà b. Sa‘īd al-Yaḥşūbī, a fin de deshacerse de ‘Abd al-Malik al-Muẓaffar. Su madre fue una esclava llamada Muzna, conocida por la Coja.

Físicamente era de piel clara, rubio, de ojos azules y pupilas negras, de elevada estatura, aunque encorvado, y hermoso cuerpo.

El reinado del califa Hišām II se había caracterizado por la nula intervención de éste en los asuntos de Gobierno y por haber delegado el poder en sus chambelanes, primero Almanzor y luego los hijos de éste, ‘Abd al-Malik al-Muẓaffar y ‘Abd al-Raḥmān Sanchuelo.

La designación en 1008 del ‘āmirí Sanchuelo como sucesor de Hišām II, que suponía el traspaso del título califal de la dinastía omeya a la ‘āmirí, provocó el descontento general en Córdoba y dio paso a la época de la fitna, caracterizada por continuas revueltas y levantamientos.

Los omeyas, para quienes era una afrenta el nombramiento de Sanchuelo, se confabularon contra el ‘āmirí y propusieron a un bisnieto de ‘Abd al-Raḥmān III, Muḥammad b. Hišām b. ‘Abd al-Ŷabbār para encabezar el golpe de Estado. Se supone que éste recibió la ayuda de al-Ḏalfā’ la madre de al-Muẓaffar, que deseaba vengar la muerte de su hijo, a la que creía que no era ajeno Sanchuelo. Con su fortuna ayudó a Ibn ‘Abd al-Ŷabbār, que empleó el dinero recibido en ganarse al populacho.

Los conjurados aprovecharon una campaña militar de Sanchuelo en territorio enemigo para el levantamiento. Lo primero que hicieron fue asaltar el alcázar. Hišām II, temeroso, cerró la puertas y subió a la azotea con dos servidores que portaban sendos ejemplares del Corán, esperando el apoyo del pueblo, pero, no obteniendo el resultado previsto, se encerró y envió un emisario a Muḥammad prometiéndole deshacerse de los ‘Āmiríes y nombrarlo sucesor. Éste no aceptó la propuesta y Hišām hubo de rendirse. Esa misma noche abdicó y tuvo lugar la investidura de Muḥammad, que tomó el título honorífico de al-Mahdī. Según dice Ibn ‘Iḏārī, nunca un omeya había utilizado el título de Mahdī y su adopción por parte de Ibn ‘Abd al-Ŷabbār fue el primero de sus actos reprobables. Hay que tener en cuenta que Al-Mahdī significa “el bien guiado” (por Dios), como delegado directo suyo, y que la adopción de este nombre por Ibn ‘Abd al-Ŷabbār tal vez fuera un intento de legitimación del poder que había usurpado. Tuvo Muḥammad al-Mahdī otro apodo, el Mangas (al-Manqaš), éste otorgado por el pueblo, debido a su “blandura, inconstancia y ligereza” (Bayān, tr. F. Maíllo, pág. 56).

Madīnat al-Zāhira, la residencia de los ‘Āmiríes y centro del poder desde época de Almanzor, fue asaltada y sólo la rendición de sus moradores puso punto final a los saqueos que se estaban produciendo. No obstante, al-Mahdī se apropió del tesoro que allí se guardaba y lo trasladó al alcázar califal.

Abandonado por sus oficiales beréberes, Sanchuelo encontró su fin antes de llegar a Córdoba a manos de las tropas de al-Mahdī. Fue decapitado el 4 de marzo de 1009, y la misma suerte corrió su aliado el conde cristiano Ibn Gómez. Posteriormente le unieron la cabeza al cuerpo, que fue clavado en un alto madero en la puerta de la Azuda.

Nada más hacerse con el poder, al-Mahdī empezó a tomar medidas para consolidar su situación, es decir, asegurarse la fidelidad de sus partidarios y deshacerse de todo el que supusiera una amenaza. En primer lugar, fingió la muerte de Hišām II, a quien ocultó, mientras exponía el cadáver de un cristiano o judío que se le parecía y convocaba a los visires y servidores para que lo vieran. El cuerpo fue reconocido como el del depuesto califa, sin que nadie objetara nada, ni siquiera su primo Hišām b. ‘Abd Allāh b. al-Nāsir; tampoco habló el cadí Ibn Ḏakwān y el falso Hišām fue enterrado como al-Mu’ayyad. Ocurrió esto el 25 de abril de 1009.

Wāḍiḥ, jefe de la frontera y de Medinaceli, que había enviado su sumisión a al-Mahdī, recibió en pago grandes riquezas y fue confirmado en el mando de toda la frontera. Otros no corrieron la misma suerte, pues el 28 de marzo de 1009 al-Mahdī expulsó a un grupo de esclavos ‘āmiríes a los extremos de al-Andalus, donde posteriormente fundarían sus propios reinos.

Con todo, fueron los beréberes los que llevaron la peor parte. Zāwī b. Zīrī, jefe şinhāŷa cuya familia dominaba el norte de África, fue humillado y, no sólo eso, sus casas y las de los Banū Māksan y otros beréberes fueron desvalijadas, sin que el nuevo Califa hiciera nada para impedirlo, debido a su odio a los beréberes.

Se dice que su vida depravada, con borracheras continuas y otros actos considerados ilícitos, fue una causa más del levantamiento que finalmente tuvo lugar y que agrupó a esclavos ‘āmiríes, beréberes y otros de la plebe que habían sido recientemente licenciados, en torno a Hišām b. Sulaymān, nieto de ‘Abd al-Raḥmān III, al que llamaron al-Rašīd (“el bien dirigido”).

Bajo su mando se dirigieron al alcázar y lo asediaron durante un día y una noche, tras la cual, al-Mahdī atacó. Hišām b. Sulaymān fue apresado y matado en presencia de al-Mahdī y los beréberes fueron perseguidos. Se ofreció recompensa por sus cabezas, se saquearon sus casas, se cautivó a sus mujeres y hubo una gran matanza por parte de la plebe. Los beréberes tuvieron que ocultarse hasta que se prohibió hacerles daño mediante un pregón.

Los que habían huido se refugiaron en Secunda, agrupándose en torno a Sulaymān b. al-Ḥakam, un sobrino de al-Rašīd, al que proclamaron califa con el título de al-Musta‘īn bi-llāh (“el que busca la ayuda de Dios”) el 24 de junio de 1009. Marcharon con él a Calatrava hacia el 27 de junio de 1009 y allí los alcanzó ‘Abbās al-Birzālī enviado por Ibn ‘Abd al-Ŷabbār con un amán para que volvieran a la obediencia. Ellos rechazaron el perdón y marcharon contra Guadalajara, que tomaron por la fuerza, y luego a Medinaceli, donde estaba Wāḍiḥ. Tras vanos esfuerzos de negociar, entablaron combate con él, venciéndolo en Qal‘at ‘Abd al-Salām, cerca de Alcalá de Henares (agosto de 1009).

Mientras, Córdoba se preparaba para la llegada de los beréberes. Muḥammad III cavó un foso alrededor, dejó salir a los beréberes que habían quedado, aunque éstos prefirieron refugiarse en sus casas, y dispuso a los hombres en las entradas de los arrabales, puertas y murallas. Contaba además con Wāḍiḥ, que había llegado con cuatrocientos hombres desde Medinaceli.

Sulaymān al-Musta‘īn, con la ayuda de Sancho García, conde de Castilla, al frente de un gran Ejército cristiano, atacó el sábado 5 de noviembre de 1009, logrando la victoria sobre los cordobeses en la batalla de Qantīš. Los beréberes provocaron el terror en Córdoba, la ciudad fue saqueada y murieron miles de cordobeses (se dice que diez mil). Al-Mahdī se vio obligado a huir y de nada le sirvió su intento de reponer a Hišām.

La jura del nuevo Califa tuvo lugar en noviembre de 1009. Reinó Sulaymān al-Musta‘īn desde el 8 noviembre de 1009 hasta el 29 de mayo de 1010, en total siete meses.

En esas fechas tuvo lugar el segundo enfrentamiento. Al-Mahdī había huido a Toledo. Mientras, Wāḍiḥ logró aliarse con Ramón Borrell III, conde de Barcelona, y Ermengol I, conde de Urgel, quienes, a cambio de una gran suma de dinero, más víveres y otras concesiones territoriales, accedieron a acompañarlo a Córdoba para apoyar a Ibn ‘Abd al-Ŷabbār. Se enfrentaron las tropas “francas”, como las llaman las fuentes árabes, y las beréberes en la batalla del Vacar (23 de mayo de 1010) y Sulaymān, al ver avanzar al enemigo, huyó a Játiva. Ante la huida de su jefe, los beréberes marcharon a Madīnat al-Zahrā’ para intentar salvar familias y bienes.

Al-Mahdī volvió a reinar en Córdoba, después de recibir el juramento de fidelidad. El primero en prestarlo fue Hišām II. Este segundo reinado duró aún menos que el primero, pues Wāḍiḥ, que había sido nombrado ḥāŷib, lo odiaba por lo que había hecho a los ‘āmiríes y por haberse entregado de nuevo a la depravación y al vino, y se alió con un grupo de esclavos ‘āmiríes para matarlo. El encargado de su ejecución fue un esclavo de al-Ḥakam II llamado al-Šafaq. Después de degollarlo, su cabeza fue enviada a los beréberes (23 de julio de 1010).

Reinó Muḥammad II al-Mahdī, pues, dos veces, la primera desde el destronamiento de Hišām II el 14 de enero de 1009 (según otras fuentes, 16 de febrero) hasta ser depuesto por Sulaymān al-Musta‘īn el domingo 6 de noviembre de 1009, durando este primer reinado nueve meses. El segundo reinado, tras al-Musta‘īn, duró tan sólo cuarenta y nueve días.

No tuvo más descendientes que un hijo y una hija. Ésta se casó con Muḥammad b. ‘Abd al-Ŷabbār b. ‘Abd al-‘Azīz b. ‘Abd al-Ŷabbār b. al-Nāşir. El hijo, llamado ‘Ubayd Allāh, que a la muerte de su padre contaba dieciséis años, huyó a Toledo, donde se dice que sus partidarios lo nombraron emir. También se dice que fue quien mató a Hišām II. A él lo mató Wāḍiḥ.

Bibliografía

Ibn al-Jaṭīb, Histoire de l’Espagne musulmane: extrait du Kitāb A‘māl al-a‘lām, texte arabe publié avec introduction et index par E. Lévi-Provençal, Rabat, Moncho, 1934, págs. 126-132 y 134-136

E. Lévi-Provençal, España musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba (711-1031 de J. C.), en Historia de España de Menéndez Pidal, t. IV, Madrid, Espasa Calpe, 1947, págs. 457-470

E. Terés, “Linajes árabes en al-Andalus según la ‘Ŷamhara’ de Ibn Ḥazm”, en Al-Andalus, XXII, 1 (1957), pág. 79

‘Abd al-Wāḥid al-Marrākušī, Kitāb al-Mu‘ŷib fī taljīş ajbār al-Magrib, ed. M. S. al-‘Uryan, El Cairo, 1963, págs. 88-89 (trad. al español de A. Huici Miranda, Colección de crónicas árabes de la reconquista, vol. IV, Tetuán, 1955, págs. 33-36)

Ibn al-Abbār, Kitāb al-Ḥulla al siyarā’, vol. II, ed. Ḥ. Mu’nis, El Cairo, Al-Šarika al-‘Arabiyya li-l-Ţibā‘a wa-l-Našr, 1963, págs. 5-7

M. ‘A. A. ‘Inān, Dawlat al-Islām fī l-Andalus, vol. II, El Cairo, Maktabat al-Jānŷī, 1964-1969, págs. 632-638 y 642-650

Ibn ‘Iḏārī al-Marrākušī, Kitāb al-Bayān al-Mugrib fī ajbār al-Andalus wa-l-Magrib = Histoire de l’Afrique du Nord et de l’Espagne musulmane, nouvelle édition publié d’aprés l’édition de 1848-1851 de R. Dozy par G. S. Colin et E. Lévi-Provençal, t. III, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 1967, págs. 50-100

Al-Maqqarī, Nafḥ al-ṭīb min gusn al-Andalus al-raṭīb, ed. I. ‘Abbās, t. I, Beirut, Dār Ṣādir, 1968, págs. 426-428

Ibn Ḥazm, Naqţ al-‘Arūš, trad. L. Seco de Lucena, texto árabe C. F. Seybol, índices M.ª M. Cárcel Ortí, Valencia, Anubar, 1974

J. Vallvé, “España musulmana en el siglo XI: aspectos económicos”, en VV. AA., Actas de las Jornadas de Cultura Árabe e Islámica, 1978, págs. 197-204

Ibn Bassām al-Šantarīnī, Al-Ḏajīra fī maḥāsin ahl al-Ŷazīra, ed. I. ‘Abbās, vol. I, Beirut, Dār al-Ṯaqāfa, 1979, págs. 35-36

Al-Ḥumaydī, Ŷaḏwat al-muqtabis fī ta’rīj ‘ulamā’ al-Andalus, ed. I. al-Abyārī, vol. I, Beirut, Dār al-Kitāb al-Lubnānī, 1983, págs. 47-49

Una descripción anónima de al-Andalus = Dikr bilad al-Andalus, ed. y trad. L. Molina, Madrid, Instituto Miguel Asín, 1983, I, págs. 199-201 (texto árabe), y II, págs. 209-212 (trad. española)

D. J. Wasserstein, The rise and fall of the party-kings: politics and society in Islamic Spain: 1002-1086, Princeton, University Press, cop. 1985, págs. 55-66

Ibn Jaldūn, Kitāb al-‘Ibar, t. IV, Beirut, Dār al-‘Ilm li-l-Ŷamī‘ 1988, págs. 149-150

J. Vallvé Bermejo, El Califato de Córdoba, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 259-262

A. Uzquiza Bartolomé, “La familia omeya en al-Andalus”, en M. Marín et al. (eds.), Estudios onomático-biográficos de al-Andalus, t. V, Madrid, CSIC, ICMA, 1992, pág. 411, n.º 241

bn ‘Iḏārī al-Marrākušī, La caída del Califato de Córdoba y los reyes de taifas (al-Bayān al-Mugrib), estudio, trad. y notas por F. Maíllo Salgado, Salamanca, Universidad, 1993, págs. 56-92

Autor/es

  • María Luisa Ávila Navarro

 

viernes, 22 de mayo de 2026

MAGDALENAS DE NARANJA

 

MAGDALENAS DE NARANJA

Ingredientes

4 huevos grandes

2 cucharadas de agua de azahar

100 gr de nata liquida

175 gr de aceite de girasol75 gr de zumo de naranja

250 gr de azúcar

La ralladura de una naranja

1 sobre de levadura en polvo

350 gr de harina

 

Elaboración

En un bol grande, mezclamos los huevos y el azúcar. Batimos hasta que doble su volumen los huevos y tengan un color blanquecino, , Agregamos la ralladura de naranja y batimos para su integración, así como el agua de azahar y batimos para su integración.

Añadimos la nata liquida, el aceite y el zumo de naranja, mezclamos muy bien.

Añadimos la harina tamizada con la levadura en polvo y mezclamos suavemente con movimientos envolventes hasta obtener una masa homogénea. Dejamos reposar unos 10 minutos.

Preparamos los moldes de papel y vertemos la masa en cada uno, con cuidado de rellenarlos solo las tres cuartas partes de las capsulas de papel.

Espolvoreamos cada magdalena con azúcar y dejamos reposar durante otros 20 minutos.

En horno previamente calentado a 200º, metemos en el horno y cocinamos durante 15-20minutos aproximadamente- Salieron deliciosas.

Sacamos y dejamos enfriar.

¡Buen provecho!


Ingredientes

4 huevos grandes

2 cucharadas de agua de azahar

100 gr de nata liquida

175 gr de aceite de girasol75 gr de zumo de naranja

250 gr de azúcar

La ralladura de una naranja

1 sobre de levadura en polvo

350 gr de harina

 

Elaboración

En un bol grande, mezclamos los huevos y el azúcar. Batimos hasta que doble su volumen los huevos y tengan un color blanquecino, , Agregamos la ralladura de naranja y batimos para su integración, así como el agua de azahar y batimos para su integración.

Añadimos la nata liquida, el aceite y el zumo de naranja, mezclamos muy bien.

Añadimos la harina tamizada con la levadura en polvo y mezclamos suavemente con movimientos envolventes hasta obtener una masa homogénea. Dejamos reposar unos 10 minutos.

Preparamos los moldes de papel y vertemos la masa en cada uno, con cuidado de rellenarlos solo las tres cuartas partes de las capsulas de papel.

Espolvoreamos cada magdalena con azúcar y dejamos reposar durante otros 20 minutos.

En horno previamente calentado a 200º, metemos en el horno y cocinamos durante 15-20minutos aproximadamente-

Sacamos y dejamos enfriar.

¡Buen provecho!

MACARRONES CON CHORIZO

 

MACARRONES CON CHORIZO


Ingredientes

300 gr de macarrones

100 gr de chorizo

1 loncha gruesa de jamón serrano

599-699 gr de salsa de tomate

1 cebolla

1 pimiento rojo mediano

1 pimiento verde mediano

1 cucharadita de pimentón dulce

Vino tinto

Queso rallado

Aceite de oliva

 Sal

 

Elaboración

Para ahorrar tiempo, cocemos los macarrones al dente. Mientras tanto, picamos finamente la cebolla y los pimientos. En una sarten con aceite de oliva, sofreímos la cebolla y los pimientos hasta que estén dorados y bien sofritos.

Añadimos el chorizo cortado en rodajas , el jamón serrano cortado en trozos pequeños (dados), el pimentón dulce, removemos bien y añadimos un vasito de vino tinto, cocinamos hasta que el vino se reduzca. Retiramos la cebolla y los pimientos de la sarten y, una vez escurridos los macarrones, los añadimos a una cacerola con un poco de aceite de oliva y salteamos 1 minutos . Por último, agregamos el tomate, el sofrito y mezclamos bien todos los ingredientes.

Servimos con queso rallado por encima.

¡Buen provecho!

 

EL FIN DE SANCHUELO.

 

EL FIN DE SANCHUELO.


   Los omeyas, que se habían visto relegados del trono, encontraron un aliado singular: la madre del difunto Abd al-Malik al-Muzaffar, llamada al-Dhalfa. Sospechaba la mujer que su hijo había sido envenenado a instancias de Sanchuelo y deseosa de vengar su muerte se alió con los descendientes de al-Nasir, prometiéndoles ayuda material, pues era inmensamente rica, si emprendian alguna acción contra el hijo pequeño de Almanzor. Eligieron para el golpe de Estado a un descendiente omeya, bisnieto de Abd al-Rahman III, Muhammad ben Hisham ben Abd al-Chabbar. A pesar de la nobleza de su linaje, Muhammad tenía un aire plebeyo y se encontraba a sus anchas entre el populacho más bajo de la ciudad de Córdoba. Tal vez por eso le eligieron para dar ese golpe de mano. Con el dinero de al-Dhalfa, se dedicó a comprar voluntades con lo que el número de sus adeptos se multiplicó. Sólo se esperaba que Sanchuelo llegase al confín más alejado, dentro de la Península, para proceder a desencadenar la revuelta.

   El regente había dejado al-Zahira a cargo de tres personas de toda su confianza: el visir, el secretario de Estado y el prefecto de su residencia. Pero lo primero que hizo Muhammad ben Hisham fue atacar el Alcázar, donde se encontraba el califa. El 15 de febrero de 1009, los correos trajeron noticias de que Sanchuelo entraba en territorio enemigo, lo que fue aprovechado por los conjurados para rodear el palacio califal. Las cárceles se abrieron y todos los condenados se unieron al movimiento de los sublevados.
   Hisham II comprendió que estaba en peligro y mandó cerrar las puertas del Alcázar, mientras se exhibía desde una terraza. Pensaba que su presencia, entre ejemplares del Corán, impondría respeto y cordura, pero fue acogido entre burlas. Se retiró a su oratorio privado, dando órdenes de que no se disparase sobre los amotinados. El jefe de la rebelión, por su parte, ordenó que el Alcázar se tomase lo antes posible. Con escalas sujetas a los muros, las masas fueron entrando en el palacio por los tejados, sin que nada contuviese su avance. Los asaltantes se hicieron con los depósitos de armas y comenzaron el saqueo. El califa, sintiéndose perdido, envió un mensaje a Muhammad por el que se comprometía a quitar el poder a los amiríes, devolverlo a los omeyas y designarle heredero. Muhammad, dueño de la situación, le hizo llegar a Hisham otro mensaje, en el que él imponía sus condiciones al califa, que no tuvo más remedio que aceptar. El Alcázar quedó abierto y Muhammad se instaló en el salón del trono, donde pasó la noche dictando consignas a sus ardientes partidarios.


   Estas noticias llegaron a al-Zahira, que se puso en sobre alerta para defender la residencia amirí. Los primeros revoltosos fueron rechazados por una salida de la guarnición, pero como anochecía, las hostilidades quedaron suspendidas hasta el día siguiente.
   Las primeras medidas que tomó Muhammad fueron muy acertadas. Hizo que la multitud abandonara el Alcázar y que se protegiese la entrada del harén. Envió un eunuco a Hisham, que continuaba refugiado en su oratorio privado, para invitarle a que abdicara en su favor. El califa lo aceptó y, esa misma noche, fueron convocados todos los altos dignatarios y todos los alfaquíes para que jurasen al nuevo soberano. Dos notarios recogieron la renuncia de Hisham II y se invistió a Muhammad con arreglo a la tradición, con el mismo ceremonial con el que se designaba a los califas. El nuevo califa adopto el sobrenombre de al-Madhí bi-allah, " el bien dirigido por Dios ".
   Al día siguiente Muhammad dio la oportunidad a toda la plebe de incorporarse al ejército, en gratitud por haberle ayudado a acceder al trono con tanta facilidad, en calidad de milicianos remunerados. Pero no eran más que soldados ruines, sedientos de botín y, enviados a saquear al-Zahira, no dejaron piedra sobre piedra. La residencia se entregó a cambio de que sus habitantes pudieran salvar la vida. No se respetaron ni los gineceos de Almanzor y sus hijos. A las mujeres que allí estaban y que eran de condición libre, se las dejó marchar, mientras que las que eran esclavas, pasaron a poder del nuevo califa. Al-Dhalfa fue tratada con todo respeto, pero ella, por si acaso, ya había puesto su fortuna a buen recaudo, en Córdoba.
   Al-Zahira cuando ya había sido despojada de todo, hasta de las vigas de madera, puertas o tazas de mármol, quedó reducida a escombros, de tal manera, que el tiempo se ha encargado de borrar de manera total, sin que nunca se haya encontrado el más mínimo vestigio de ella.
   ¿ Cuál iba a ser la reacción de Sanchuelo ?
Además de estar bien vivo, contaba con las fuerzas del ejército regular, con el que podría defenderse. Era de suponer que volviese, a uña a caballo, a recuperar su puesto y que la ciudad se aprestase a la defensa.  Para contar con las adhesiones de los más reticentes, Muhammad abolió varios impuestos y reforzó la medida, con que, desde el minarete de la mezquita, se lanzasen maldiciones contre el usurpador amirí.
   Estas noticias le llegaron a Sanchuelo estando en Toledo y en lugar de correr hacia Córdoba perdió el tiempo en recibir el juramento personal de todos los soldados que le acompañaban. Empezaron las deserciones. El jefe zeneta dijo que no se podía combatir a los cordobeses sin atraer la desgracia sobre sus familias que se habllaban en la ciudad. Muchos consideraban que Sanchuelo era demasiado mal musulmán para que le debieran lealtad... Se encontraba cada vez más desamparado. Desde Calatraba, tomó el camino a Córdoba y el 28 de febrero de 1009 llegó a dos jornadas de la capital. Hicieron noche y desertaron todos los beréberes. Sólo podía contar con el gobernador de Medinaceli, Wadith, pero no se sabe por qué no recurrió a él.


   Un conde cristiano, de la familia de los Beni Gómez de Carrión, que le acompañaba, le aconsejó volver a Medinaceli, pero Sanchuelo quería llegar a Córdoba. Es sorprendente que este conde cristiano no quisiera abandonarlo, cuando se veía que su aventura no podía tener buen final.
   En una nueva jornada llegó hasta Guadalmellato, donde murió su hermano, y en una quinta de placer que allí había, instaló a las sesenta mujeres de su harén que le acompañaban en la campaña. Él fue a pedir hospitalidad a los monjes del vecino convento mozárabe. Al día siguiente, el 3 de marzo, llegaron tropas enviadas por Muhammad con orden de apresarlo. Detuvieron a Sanchuelo, con un puñal que llevaba escondido, intentó quitarse la vida sin conseguirlo, y fue muerto al instante, al igual que el conde cristiano, que no pronunció una sola palabra. Sus cuerpos fueron expuestos en Córdoba, donde el populacho se cebó con ellos.

 

ABD AL-RAHMAN " SANCHUELO ".

 

ABD AL-RAHMAN " SANCHUELO ".

   A la muerte de Abd al-Malik, su hermano, Abd al-Rahman " Sanchuelo " se aferró al poder en Córdoba. Muy poco duró esta "regencia " del tercer amiri, tras la que se desencadenó una crisis política sin precedentes en al-Andalus. Duraría veinte años y produciría la caída definitiva del califato omyeya en Occidente. Estalló la guerra civil que se extendió hasta a las regiones más remotas de las Marcas. La sangre corrió a raudales, en una época de caos y de anarquía. La fitna, que es como designa en árabe la revolución andaluza de los inicios del siglo XI, destrozó al país y ya jamás volvería a recuperarse por completo.
   Sanchuelo nacido entre 983 y 986, era hijo de ibn Abi Amir al-Mansur, el Almanzor de las crónicas, y Abda, nombre árabe que adoptó una de las esposas del caudillo amirí, hija de Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca Fernández. Se dice que el parecido físico con su abuelo hizo que le denominaran Sanchuelo.
Era todavía muy joven, quizás unos 25 años, cuando decide que será el sucesor de su hermano. Almanzor sabía muy bien cómo era su hijo y nunca se hizo demasiadas ilusiones sobre sus aptitudes y sus capacidades. Era un ser mediocre y, como todos los mediocres, vanidoso y dado a la vida desordenada. Sin embargo, Hisham II y Sanchuelo parecían tener muchas cosas en común, y de hecho se entendían de


maravilla. Ambos eran de madres vasconas y esto parecía que era un nexo de unión entre ellos. Les gustaba divertirse juntos, en fiestas en las que se bebía en abundancia, entre danzantes, bufones e invertidos, y que duraban, a veces, días y noches enteras. Esta actitud disgustaba enormemente al pueblo que, además, cada día se sorprendía con las insólitas iniciativas del nuevo mandatario. Pero la mayor de estas sorpresas llegó cuando Hisham II, en un acta que contaba con todos los requisitos legales, designaba heredero del reino de al-Andalus a Sanchuelo.
   Ni Almanzor ni Abd al-Malik jamás se hubieran atrevido a tanto. Claro que la inteligencia política de ambos les había puesto en sobreaviso que, una medida así, podría muy bien soliviantar a toda la población musulmana que los respetaba. Sanchuelo carecía de ese talento, pero se aseguró el concurso de dos altos personajes del Estado que, hacía tiempo, estaban, de manera incondicional, al lado de los amiríes: el gran visir de la capital y el secretario oficial.
   Hisham II no tenía hijos que pudieran sucederle, pero parece que esta petición de Sanchuelo le causó tanto estupor como molestia, pero los alfaquíes, previamente comprados y elegidos cuidadosamente para que fuesen proclivea a los deseos de Sanchuelo, lograron disipar los escrúpulos del califa con respecto a una decisión tan grave para el porvenir de la dinastía omeya. Se redactó un acta de investidura y se leyó, solemnemente, en la sala de honor del Alcázar cordobés, siendo firmada por todos los dignatarios presentes.
   El decreto califal dice que deseando el califa despejar la incógnita de su sucesión, dando así tranquilidad a su pueblo, ha elegido a Abd al-Rahman Sanchuelo porque no encuentra a nadie tan digno como él para ocupar tan alto puesto. Su espíritu, que ha procedido a esta elección libremente, basándose en la inspiración divina, no le ha permitido elegir entre sus parientes marwaníes.


   Pero esta extraña elección no fue ratificada por el pueblo. Los descendientes de Abd al-Rahman III, que eran muchos, alimentaron el malestar que ya bullía en la población, esperando el momento oportuno para dar un golpe de Estado. Llegados a este punto, Sanchuelo hubiera podido obrar con discreción, intentando congraciarse con los descontentos, pero hacía todo lo contrario, con medidas ridículas, absurdas, preludio de la catastrófica situación que se avecinaba.
   La ocasión esperaba por los que se oponían a Sanchuelo y a la designación de Hisham no tardó en presentarse. Además, en la España cristiana se estaba al cabo de la calle de lo que sucedía en Córdoba, y Sancho García, el conde de Castilla, no ocultaba su desprecio por Sanchuelo, al que consideraba un verdadero inútil, según había podido comprobar personalmente. En pleno invierno, cuando los caminos estaban intransitables por las lluvias y el lodo, decidió Sanchuelo ponerse en campaña contra los cristianos, a pesar de las advertencias de los oficiales eslavos que tenían pruebas de que en Córdoba se preparaba alguna sublevación.

al-Andalus....libro de Concha Masiá.

 

miércoles, 20 de mayo de 2026

ALMOIXÁVENA

 

ALMOIXÁVENA

La influencia musulmana en España se aprecia en numerosos monumentos, pero también en su gastronomía. La almoixávena es un postre de origen árabe, típico de la comunidad valenciana, especialmente de las comarcas de Xàtiva y la Costera. Este postre también se conoce como almoixávena, monxávena o monjavina. Tradicionalmente se preparaba los jueves durante la cuaresma o el carnaval, pero hoy en día se elabora todos los jueves en cualquier pastelería debido a su gran popularidad.

 

Ingredientes

180 ml de agua

160 gr de harina

90 ml de aceite de girasol

5 huevos

60 gr de azúcar

1-2 cucharaditas de canela molida

Una `pizca de sal

Un poco de mantequilla-

 

Elaboración

En una cacerola con el agua a fuego medio con el aceite de girasol, llevamos ebullición.

Cuando el agua comience a hervir, añadimos toda la harina de golpe y una pizca de sal, removiendo rápidamente mientras retira la cacerola del fuego. Removemos hasta que la masa ya no este pegajosa y se despegue de los lados de la cacerola. Dejamos que se enfríe un poco y tu pasta choux estará lista.

Una vez que la masa se haya enfriada, agregamos los huevos de un en uno, revolviendo bien después de cada adición, hasta que estén completamente incorporados. Agregamos el siguiente huevo solo después de que el anterior se haya mezclado bien e integrado em la masa. El resultado será una masa suave y brillante.

Extendemos la masa sobre una bandeja para hornear forrada con papel vegetal. Usamos una espátula para que quede lo más fina y uniforme posible. Si quieres añadir manteca o mantequilla, colócalas en trocitos pequeños por encima.

Mezcla el azúcar y la canela en un recipiente y espolvorea la mezcla sobre la masa.

Colocamos la fuente con la masa de al almoixávena en el horno previamente calentado a 200º, y horneamos durante aproximadamente 20-25 minutos, hasta que la superficie esta dorada. Veremos aparecer las características burbujas de este postre.

Una vez sacado del horno, podemos verter salsa de chocolate por encima para que aun este mas deliciosa.

¡Buen provecho!

 

PATATAS MARINADAS GRANAINAS

 

PATATAS MARINADAS GRANAINAS

Estas patatas marinadas andaluzas. Conocidas como patatas marinadas granaínas, son posiblemente las patatas mas ricas que hayas probado. Tienen un sabor increíble. Ingredientes sencillos y cotidianos, y se elaboran en unos 40 minutos. Podemos servirlas como aperitivos o incluso como guarnición. En cualquier caso, es un plato que te llenara de satisfacción.

 

Ingredientes

1 k de patatas guarnición

5 dientes de ajo

1 pimiento rojo asado , puede ser en conserva

2 cucharadita de orégano seco

1 cucharadita de pimentón dulce

1 cucharadita de comino molido

1 cucharada de vinagre de vino blanco

120 ml de vino blanco seco

3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil fresco picado para decorar

 

Elaboración

Enjuagamos las patatas, luego las colocamos en una olla grande, todas en una sola capa, y llenamos con agua, la suficiente para cubrir. Sazonamos generosamente con sal y calentamos a fuego alto.

Mientras tanto, añadimos 4 dientes de ajo a un mortero, con un poquito de sal, junto con el pimiento rojo asado, el orégano, el pimentón dulce, el comino y pimienta negra recién molida. Majamos muy bien los ingredientes en el mortero, hasta que estén bien triturados y sea una pasta. Añadimos el vinagre y el vino blanco, mezclamos muy bien hasta su integración total con los ingredientes. Reservamos.

Aproximadamente 25 minutos después de cocción de las patatas , deberán estar bien cocidas, Podemos pinchar la con un palillo para asegurarnos de que están listas. Ern ese punto transferimos las patatas a un bol con agua helada para cortar la cocción.

Una vez que las patatas están lo suficientemente frías como para manipularlas, las pelamos con cuidado y las colocamos en un bol grande, y vertimos sobre ellas la marinada (majado) sobre las patatas y dejamos reposar durante 15 minutos.

En la misma olla a fuego medio añadimos el aceite de oliva virgen extra.

después de un par de minutos, agregamos 4 dientes de ajo picados gruesamente y mezclamos continuamente. después de 1 minuto, agregamos las patatas marinadas y salpimentamos al gusto, Agitamos suavemente la olla y cocinamos a fuego lento durante 5 minutos, o hasta que la marinada haya reducido a la mitad. Retiramos del fuego.

Transferimos las patatas y la salsa a una fuente para servir. Y decoramos con perejil muy picado.

¡Buen provecho!