jueves, 25 de abril de 2024

¿TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A CÓRDOBA?

 

¿TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A CÓRDOBA?


Córdoba no fue la primera ciudad elegida como capital de al-Andalus. Los ejércitos de la conquista establecieron su sede en Sevilla, centro de la antigua provincia romana y visigoda de la Bética, con buenos enlaces con el resto de la península. Pero pocos años después la capital se trasladó a Córdoba. La ciudad alcanzó su apogeo en el siglo X bajo los califas ‘Abd al-Raḥmān III y al-Ḥakam II. Los geógrafos árabes de la época la elogiaron, situándola como el centro de una red de caminos que vinculaban la capital con el resto de la península. Sin embargo, tras la caída de los omeyas, el centro del poder se trasladó de nuevo a Sevilla. Tal vez los geógrafos hayan tergiversado algunos de los factores que ponen a Córdoba en una situación de desventaja, situación que desempeñó un papel en el declive de la ciudad

ANN CHRISTYS

Vista de Córdoba. Wikimedia Commons.


Entre los geógrafos que describieron al-Andalus algunos nunca visitaron la península. Ibn Juradadbih, jefe de los servicios postales de la corte abasí de Bagdad y Samarra hacia el año 900, incluyó una breve descripción de al-Andalus en su Libro de rutas y reinos (Kitāb al-masālik wa-l-mamālik). El geógrafo – probablemente refiriéndose a la época visigoda – comentó: ‘Toledo, donde vive el rey, está a veinte días de viaje de Córdoba’. Nos informó de que había un volcán activo en los Pirineos y explicó que a los autóctonos de la Hispania pre-islámica se les llamaba los Ispān por su origen en Isfahān en Irán. En el libro de Ibn Juradadbih, al-Andalus suena como algo raro, como un reino lejano, casi imaginario.  

No obstante, un viajero de Irán, Ibn Ḥawqal, llevará consigo un ejemplar del libro de Ibn Juradadbih cuando visitó Córdoba en 948. Ibn Ḥawqal incluyó una descripción de al-Andalus en su geografía del mundo islámico, la Descripción de la Tierra (Kitāb ṣūrat al-arḍ). Algunos manuscritos de este texto se ilustran con mapas, entre ellos un mapamundi, que presentaba una perspectiva islámica del mundo. Se puede comparar este mapa con la Tabla Peutinger romana que situaba Roma en el centro del mundo, y con los mapamundi cristianos medievales que se centraban en Jerusalén. La Tabla Peutinger incluía las rutas que conducían a Roma, no como guía para los viajeros, sino para mostrar que todos los caminos llevaban a la capital. En uno de los mapamundi de Ibn Ḥawqal, la tierra de los cristianos, desde Constantinopla hasta el extremo occidental de Europa, ocupa un pequeño rincón. Al-Andalus (señalado en el dibujo con una flecha) se encuentra en un rincón aún más pequeño. Constantinopla está marcada en el mapa, pero falta Córdoba. Se puede ver que el Occidente islámico – al-Andalus, el norte de África y Sicilia – tenía poca importancia para los lectores del Oriente islámico.



Ibn Ḥawqal, Kitāb ṣūrat al-arḍ, MS Ahmet 3346, Topkapi Saray Museum, Estambul.
Fotografía: Karen C. Pinto, Islamic Maps, p. 67.


Ibn Ḥawqal enumeró las fronteras y las principales ciudades de la Península Ibérica, así como los itinerarios que unían Córdoba con Sevilla, Toledo y otras ciudades importantes, con sus estaciones de paso, el tiempo de viaje entre ellas y unos pocos datos sobre las ciudades. Dice de Sevilla, por ejemplo, que ‘es una ciudad próspera, que tiene muchos vergeles y viñedos; produce sobre todo higos; está situada junto al río de Córdoba’. 

Determinaciones de los itinerarios de España: de Córdoba a Murad, una jornada de marcha – de Murad a Gargira, una etapa – de Gargira a Sevilla dos días – de Sevilla a Niebla, dos días; – de allí a Gibraleón, dos días – de Gibraleón a Lepe tres días – de Lepe a Ocsonaba cuatro días – de Ocsonaba a Silves seis días – de Silves a Alcácer do Sal cinco días – de allí a Almada, que está en la desembocadura de un río, tres días – de la desembocadura del río de Lisboa un día – de Lisboa a Cintra dos días – de Cintra a Santarém dos días – de Santarém a Aviz cuatro días – de Aviz a Juromenha dos días – de Juromenha a Elvas un día – de Elvas a Badajoz, donde se atraviesa el río, un día – de Badajoz a Qanṭarat [al-Sayf], cuatro días; de Qanṭarat [al-Sayf] a Mérida, un día – de Mérida a Medellín dos días – de Medellín a Trujillo dos días; de Trujillo a Cáceres, dos días – de Cáceres a Menaza, dos días – de Menaza a Majadat al-Balat, un día – de Majadat al-Balat a Talavera, cinco días – de Talavera a Toledo, tres días.1 

Ibn Ḥawqal también incluye una ruta directa de Córdoba a Toledo pasando por Caracuel, Calatrava, Malagón y Yébenes, que vamos a analizar con más detalle para ilustrar algunos de los problemas que plantea la información de los geógrafos árabes.  

La descripción de al-Andalus en la obra de Ibn Ḥawqal se centra en Córdoba:  

La ciudad más grande de [al-Andalus] …, que no tiene su equivalencia en todo el Magreb, más que en la Alta Mesopotamia, Siria o Egipto, por la cifra de población, la extensión de su superficie, el gran espacio ocupado por los mercados, la limpieza de los lugares, la arquitectura de las mezquitas, el gran número de baños y caravasares. Varios viajeros originarios de esta ciudad, que han visitado Bagdad, dicen que ella equivale a uno de los barrios de la ciudad mesopotámica. … Es una ciudad de un muro de piedra, provista de hermosos barrios y vastas explanadas. Hace mucho tiempo que el soberano de esta ciudad reina sobre ella y tiene su residencia y su palacio en el interior de la muralla que la rodea. …  La mezquita–catedral, que es muy bella y grande, se encuentra en la misma ciudad.2

Sin embargo, la relación entre lo que vio Ibn Ḥawqal y lo que escribió es complicada. Poco se sabe de los geógrafos árabes aparte de los manuscritos de sus obras, copiados en árabe o persa entre los siglos XI y XIX. No está claro a qué autor pertenecieron los textos y mapas, ya que el nombre del autor no siempre aparece en el título o en el colofón, sino a veces en inserciones como «Ibn Ḥawqal dijo». El manuscrito más antiguo atribuido a Ibn Ḥawqal que ha llegado hasta nuestros días se copió en 1086. Esta versión del texto contiene abundantes detalles sobre Sicilia, sobre todo de su capital; el autor decía que conocía todas las mezquitas de Palermo y que no había visto las de Córdoba. De hecho, el texto de «Ibn Ḥawqal» que leemos hoy es obra de editores modernos, que combinaron el manuscrito de 1086 con la descripción de Córdoba que acabamos de citar, procedente de un manuscrito posterior.   

Ibn Ḥawqal copió bastante información sobre al-Andalus de la obra de otro geógrafo iraní, al-Istajrī, que tampoco había visitado la península. Al-Istajrī incluyó catorce itinerarios, de los cuales diez comienzan en Córdoba; dice que el viaje a Toledo necesita seis días, pero no da información sobre la ruta. Uno de los ejemplares del texto de Ibn Ḥawqal describe, o imagina, un encuentro entre los dos geógrafos en el río Indo. Ellos compararon los mapas que habían dibujado. Al-Istajrī elogió algunos de los mapas de Ibn Ḥawqal, pero condenó su descripción del Magreb por «inexacta en su mayor parte». Es un comentario justo sobre el mapa del manuscrito de 1086, que incluye un río importante al sur del Guadalquivir y localiza muchas ciudades fuera de su sitio. Sin embargo, el texto de Ibn Ḥawqal sirvió a su vez como una de las principales fuentes para la descripción de al-Idrīsī de al-Andalus que recopiló para el rey Roger II de Sicilia en la década de 1160, aunque al-Idrīsī afirmó haber visitado muchos de los lugares que describía.  Como es bien sabido, los geógrafos encontraban gran parte de su información en sus bibliotecas, tanto si ellos mismos habían viajado como si no. 



Esquema e interpretación del mapa de Ibn Ḥawqal.


Al-Idrīsī emprendió un viaje río arriba desde Sevilla e incluyó su descripción. Es algo inusual, ya que los geógrafos musulmanes rara vez mencionaban los viajes por agua. Podía ser más rápido viajar en barco por la costa que por tierra, pero la primera referencia a un viaje de este tipo, de Almería a Valencia, data del siglo XI. En el siglo I de nuestra era, el geógrafo griego Estrabón había señalado que el Guadalquivir era navegable hasta Córdoba, pero sólo en pequeñas embarcaciones. Los historiadores árabes mencionaron inundaciones y sequías en el Guadalquivir que debieron afectar a la navegación fluvial, pero aún era posible el transporte fluvial hasta Córdoba tras la conquista cristiana de 1236. No cabe duda, sin embargo, de que la superioridad portuaria de Sevilla fue uno de los factores de su preeminencia sobre Córdoba tanto en el periodo preislámico, como en los siglos después la caída de los omeyas, hasta que el río comenzó a encenagarse en el siglo XVII.  

Los historiadores medievales registraron muy poca información sobre las rutas seguidas por embajadas, mercaderes y otros viajeros. Se sabe que muchos sabios musulmanes y algunos cristianos viajaron a Córdoba, pero se conservan pocos detalles de sus viajes. Juan de Gorze, en una embajada de Otón I a la corte cordobesa en 954, navegó por el río Ródano, donde el barco zozobró y perdió su equipaje, pero llegó sano y salvo a Barcelona y siguió su viaje por Tortosa y Zaragoza. Una embajada de regreso dirigida por el obispo Recemundo de Elvira tardó diez semanas en llegar a la corte de Otón en Fráncfort, pero no se nos dice qué ruta siguió. Las pasiones de dos cristianos que viajaron a Córdoba en la década de 920 y encontraron la muerte allí advertían de que «el camino de la vida es recto y estrecho, pero el que lleva a la perdición es ancho», un sentimiento que era más pertinente a los hagiógrafos que el camino real que recorrieron los mártires.  

Hace más de medio siglo Félix Hernández intentó dar cuenta de los itinerarios de los geógrafos árabes haciendo referencia a la geografía española y a las cambiantes realidades políticas. ¿En qué estaciones del año se podían vadear los ríos? ¿Seguían en uso las calzadas y puentes romanos? Consultó una amplia variedad de fuentes escritas, incluida una descripción de la península por Fernando, el hijo de Cristóbal Colón, así como mapas modernos e informantes locales, que arrojaron luz sobre topónimos oscuros en las crónicas y sugirieron razones por las que un viajero podría verse obligado a dar un rodeo. Hay referencias a las campañas contra el norte cristiano llevadas a cabo por los hijos de al-Manṣūr en 1003 y 1005, que siguieron una ruta directa de Córdoba a Toledo por Sierra Morena. Un cronista afirma que la primera expedición tardó 14 días en llegar a Toledo, pero es posible que esto incluyera retrasos para reunir a las tropas o para hacer frente a la oposición interna, ya que las puertas del norte de Córdoba estaban rodeadas de rebeldes. Los viajeros no militares, que viajaban en mulas, probablemente tomaran rutas distintas de las de los ejércitos. De hecho, Eneko López demostró a través de la herramienta SIG que el itinerario de menor coste entre Córdoba y Toledo es el de Ibn Ḥawqal en lugar de la ruta directa. Es posible que algunas de los itinerarios copiadas en las geografías se expliquen por cuestiones estratégicas que sólo se aplicaron durante un breve periodo, pero la información se siguió incluyendo cuando ya no era relevante.


Mapa de las principales carreteras romanas en Hispania. Wikimedia Commons.


Quizá podamos explicar algunos de estos itinerarios remitiéndonos a otro mapa: el de las calzadas romanas recogidas en el itinerario antonino del siglo III. Aquí Córdoba es sólo uno de los puntos nodales. La Vía Augusta unía Córdoba con Cádiz y Cartagena, y desde allí con Tarragona. Otra de las vías principales de Córdoba, la Vía Emérita, conducía a Mérida, punto nodal aún más importante. Para llegar a Toledo desde Córdoba había que pasar por aquí, desde donde la ruta principal hacia el norte y hacia Zaragoza pasaba por Toledo. Los cronistas árabes señalan que el puente romano de Mérida, como el de Córdoba, fueron reparados en época islámica, aunque no se mencionan otros puentes que pudieron caer en desuso. Un cronista comentó que quien partiera de Carmona para viajar a Narbona nunca tendría que abandonar «el camino empedrado», es decir, la Vía Augusta. Esta es una de las numerosas referencias a una calzada empedrada (balāṭ en árabe), origen del topónimo Albalate. Se puede reconstruir un plan más detallado de la red de calzadas romanas a partir de sus restos físicos y de los relatos escritos a lo largo de los siglos. De él se desprende que la Vía Emérita era la única vía romana que salía de Córdoba, aunque no existen ni pruebas arqueológicas ni testimonios escritos de que el tramo entre Córdoba y Mérida fuera transitable en el siglo X. Y el camino de Toledo a través de Mérida fue una de las rutas más importantes de la península durante toda la Edad Media, y no principalmente a Córdoba, sino a Sevilla. Alfonso VI de Castilla la recorrió con frecuencia y en mapas posteriores se la denominó «camino real a Sevilla».  

Los itinerarios que describieron los geógrafos árabes pueden relacionarse con la red de calzadas romanas. Pero la relación no es directa. Cabe dudar de que todas estas calzadas siguieran en uso en época omeya. Además, decir que Córdoba era su destino principal era ignorar el hecho de que Sevilla era más fácil de alcanzar tanto por tierra como por agua. Córdoba fue el centro del reino durante un periodo relativamente breve. Sólo a partir del siglo X, o para los que se remontan al Siglo de Oro de la capital, todos los caminos parecían conducir allí, aunque a veces hubiera que dar muchas vueltas. 

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NOTAS:

1.  Ibn Hawqal, Configuración del Mundo (fragmentos alusivos al Magreb y España), trad. M.J. Romani Suay, Valencia, 1971, p. 68.

2.  Ibn Hawqal, trad. Romani Suay, pp. 63-66, quien traduce al-Andalus como ‘España’ y la mezquita aljama (en la que se pronuncia del sermón del Viernes) como mezquita-catedral.

PARA AMPLIAR:

 

miércoles, 24 de abril de 2024

CHAMPIÑONES FRITOS

 

CHAMPIÑONES FRITOS

Ingredientes

500 gr de champiñones pequeños

1,5 Taza de harina

1 Taza de cerveza

2,5 Cucharaditas de sal

¾ de cucharadita de pimienta negra recién molida

¼ de cucharadita de ajo en polvo

¼ de cucharadita de cebolla en polvo

Aceite de oliva para freír

1 Cucharada de perejil fresco picado (opcional)

 

Elaboración

En una sartén profunda calentamos 2 cucharadas de aceite, cubrimos los champiñones con ½ taza de harina, sacudiendo el exceso.

En un bol mediano, mezclamos la taza restante de harina, cerveza, sal, pimienta negra recién molida, ajo en polvo, cebolla en polvo... Todo bien mezclado hasta formar una salsa bien espesita y homogénea.

Cubrimos cada champiñón con la masa, dejando que el exceso de masa gotee nuevamente en el bol.

Freímos 4-5 champiñones a la vez, hasta que estén dorados, aproximadamente 7 minutos.

Repetimos el proceso con los champiñones restantes. Poniéndolos sobre papel absorbente de  cocina para quitarle el exceso de aceite

Espolvoreamos con perejil picado (opcional)

Servir inmediatamente

¡Buen provecho!

JUDIAS BLANCAS CON ALMEJAS

 

JUDIAS BLANCAS CON ALMEJAS

Ingredientes

400 gr de judías blancas

500 gr de almejas

2 Cebollas

1 Copa de vino blanco

1 hoja de laurel

1 Guindilla

2-3 Dientes de ajo

Azafrán en hebras

Perejil fresco

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

La víspera, ponemos las judías blancas en remojo en abundante agua fría.

Horas antes de comenzar ponemos las almejas en u bol con agua con sal bien disuelta, con las almejas, para que suelten toda la arena.

Escurrimos y enjuagamos las judías blancas.

En una cazuela u olla, ponemos las judías blancas y cubrimos con agua fría, 1 dedo por encima. Agregamos una de las cebollas pelada y cortada por la mitad, la hoja de laurel, las hebras de azafrán (5-6) y un chorrito de aceite de oliva virgen extra, calentamos a fuego alto.

Para evitar que las judías se rompan durante la cocción, en cuanto comience a hervir, la asustamos, es decir agregamos un poco de agua fría para detener la cocción. Repetimos este paso hasta tres veces.

Tapamos la cazuela u olla y continuamos cocinando.  A fuego lento de 1,5 a 2 horas. Agregamos  agua fría según sea necesario para que no se sequen.

.Lavamos el perejil y picamos muy finamente las hojas.

Pelamos la cebolla restante y picamos en daditos muy pequeños.

Pelamos el ajo y picamos muy finamente.

En una sartén caliente con dos cucharadas de aceite de oliva a fuego medio , tan pronto como este caliente, doramos la cebolla con la guindilla partida por la mitad, unos 6-7 minutos, hasta que la cebolla este tierna y ligeramente traslucida.

Luego añadimos el ajo y mezclamos bien.

Escurrimos muy bien las almejas, lo mejor es  sacarlas con las manos del agua para  no arrastrar la a arena, y las vamos añadiendo a la sartén, con la copa de vino blanco.

Colocamos la tapa en la sartén y cocinamos a fuego medio alto hasta que las almejas estén abiertas, desechando las no abiertas.

Espolvoreamos con perejil picado, mezclamos y reservamos.

 

Para darle cuerpo a la salsa de las judías, mezclamos un cazo de judías con un poco del agua de cocción, habiéndolas machacados antes. Luego la volvemos a poner en la cazuela esta mezcla para darle cuerpo al guiso.

Por ultimo añadimos las almejas con todo el líquido que haya soltado durante su cocción, mezclamos bien.

Probamos y sazonamos al gusto con sal y pimienta.

Servir caliente.

Si os sobra guardar en el frigorífico una vez fría y estarán aún mejor.

¡Buen provecho!

 

 

ALCACHOFAS REBOZADAS

 

ALCACHOFAS REBOZADAS

Ingredientes

10 Corazones de alcachofas frescas

400 gr de carne molida

2 Rebanadas de pan de molde sin corteza

1 Huevo grande

Sal

Pimienta negra recién molida

Ajo

1 Cebolla pequeña

Perejil muy picadito

2 Huevos para rebozar

Harina

 

Elaboración

En un bol, ponemos la carne molida, el pan de molde mojado y escurrido muy bien, la cebolla y los ajos molidos en la trituradora, el huevo, la sal la pimienta negra recién molida, el perejil muy picado, removemos bien, para que todos los ingredientes se mezclen y formen una masa homogénea.

Con esta masa de carne, rellenamos los corazones de alcachofas, presionando bien para que el relleno no se salga.

Una vez rellenos los corazones de alcachofas, los pasa por harina primero, luego por huevo batido y harina nuevamente.

En una sartén  con aceite bien caliente, los vamos friendo en tandas para queden bien fritos por todos lados...

Servir caliente.

¡Buen provecho!

ENSALADA TIBIA DE LENTEJAS Y MANGO

 

ENSALADA TIBIA DE LENTEJAS Y MANGO

Ingredientes

300 gr de lentejas

1 Mango

2 Pimientos rojos

2 Chalotas

Tomillo

Laurel

Perejil

Algunas avellanas o nueces

3 cucharadas de aceite de girasol

Vinagre

Sal

Pimienta negra recién molida

 

Elaboración

En juagamos las lentejas, y las ponemos en una olla cubiertas con 1 L de agua, Agregamos tomillo y laurel, y llevamos a ebullición

Tapamos y dejamos hervir a fuego lento durante 30 minutos. Agregamos sal y pimienta negra  al gusto.

Limpiamos los pimientos  de pedúnculo y semillas, lavamos muy bien y cortamos en tiras.

Escurrimos muy bien las lentejas, quitando la hoja de laurel y el tomillo, y colocamos sobre un bol grande de servir o una fuente, extendemos los pimientos sobre las lentejas.

Cortamos el mango (pelado) en dados pequeños y agregamos a la preparación.

En un bol, preparamos la vinagreta: mezclamos el aceite de girasol con 2 cucharaditas de vinagre, agregamos las chalotas peladas y picadas, salpimentamos al gusto, batimos bien para la integración de los ingredientes en la vinagreta.

Rociamos la ensalada con la vinagreta

Servir con avellanas o nueces.

¡Buen provecho!

 

ARROZ CALDOSO CON CALAMARES Y MEJILLONES

 

ARROZ CALDOSO CON CALAMARES Y MEJILLONES

Ingredientes

150 gr de pimiento rojo

150 gr de pimiento verde

200 gr de tomate natural triturado

320 gramos de arroz

2 Dientes de ajos

300 gr de mejillones limpios

200 gr de  gambones o langostinos

500 gr de calamares pequeños

Perejil

1,5 L de fumet de pescado o marisco

Aceite de oliva virgen extra

 

Elaboración

En una olla, con 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, doramos un diente d de ajo picado, añadimos los pimientos rojo y verde cortado en daditos, rehogamos bien, y pasado unos minutos agregamos el tomate natural  triturado, removemos bien para su integración.

Añadimos los calamares, limpios y cortados en rodajas, menos los tentáculos, que los dejamos enteros y rehogamos unos minutos, removemos para que se integren bien  y añadimos el fumet, removemos bien, y llevamos a ebullición.

Vertemos el arroz, removemos bien y cuando lleve 12 minutos hirviendo, añadimos los mejillones y los gambones o langostinos pelados, dejamos hervir 3-4 minutos más, apagamos el fuego y dejamos reposar 5 minutos.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

martes, 23 de abril de 2024

MUSTAJLAS : EL PATRIMONIO PARTICULAR DE LOS EMIRES NAZARÍES

 

MUSTAJLAṢ: EL PATRIMONIO PARTICULAR DE LOS EMIRES NAZARÍES

El sultán era el legítimo representante de la Hacienda Pública. A título privado, contaba con su propio patrimonio particular, denominado mustajlaṣ. Las mujeres de la dinastía nazarí eran las principales transmisoras de bienes al mustajlaṣ de diferentes soberanos por la vía hereditaria

PAOLA LUQUE VARGAS
UNIVERSIDAD DE GRANADA



Vista de Granada de Joris Hoefnagel (1542-1601). Biblioteca Digital Hispánica.


En el Emirato nazarí de Granada, el sultán, como jefe de Estado y líder de la comunidad musulmana ―imām― es el legítimo representante de la Hacienda Pública y el máximo responsable de su gestión y administración. Esta institución, denominada en árabe Bayt al‑māl ―lo que literalmente significa “Casa del dinero”―, se ocupa de los fondos que deben emplearse en causas de interés público. A partir de trabajos publicados en las tres últimas décadas se ha consolidado la idea acerca de la existencia en la estructura financiera de al‑Andalus de otra entidad independiente, supervisada también por la figura del emir: Bayt māl al‑muslimīn (“Casa del dinero de los musulmanes”), encargada de los habices o fundaciones pías a favor de la comunidad de creyentes. En la actualidad, no obstante, hay evidencias suficientes para creer que se trate, en realidad, de una dependencia de la Hacienda Pública.

A título privado, los soberanos granadinos cuentan con su propio patrimonio particular, denominado por las fuentes árabes andalusíes mustajlaṣ. Este término se emplea, por extensión, para referirse a los bienes inmobiliarios adscritos a la hacienda personal de los sultanes, a las rentas generadas por los mismos y al espacio físico en que se depositan estas últimas. El vocablo se corresponde con el participio de un verbo que tiene como acepción principal la de “apoderarse” o “apropiarse de algo”, motivo por el que tradicionalmente se ha venido entendiendo la confiscación como la esencial vía de composición de esta hacienda. En efecto, las usurpaciones y confiscaciones están constatadas, como las que efectúa Muḥammad XI Boabdil durante la Guerra de Granada (1482-1492) sobre los bienes de sus adversarios, entre ellos numerosos heredamientos pertenecientes a sus hermanos Sa῾d y Naṣr ―hijos de la relación entre Muley Hacén y su concubina Soraya―. Existen, asimismo, otras formas de adquisición de propiedades con destino al mustajlaṣ bien atestiguadas, como la herencia y la compra, entre otras.



Escena idealizada de un sultán con bailarinas y músicos en una sala de la Alhambra. Les Almées, óleo de Paul Bouchard (c. 1893). Museo de Orsay, París. Wikimedia Commons.


En lo que a la herencia concierne, la persona del emir participa en la sucesión de sus familiares en los mismos términos en que lo hace cualquier otro sujeto de derecho, obteniendo una cuota variable en función de su categoría de heredero y del grado de parentesco con el causante. En relación con ello, cabe señalar que en el contexto del Emirato nazarí no se infieren abusos o prácticas que, encaminadas a aventajar a los sultanes en estos procesos, puedan concurrir en contra de lo establecido por el derecho islámico en materia de herencia. El estudio de la documentación disponible sobre este asunto

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permite arrojar otra información interesante en lo que al periodo señalado se refiere: las mujeres de la dinastía nazarí son las principales transmisoras de bienes al mustajlaṣ de diferentes soberanos por la vía hereditaria.  Por citar solo algunos ejemplos, según un documento conservado en cuyo contenido se remite a un pliego particional fechado en torno a 1431-1432, el emir Muḥammad IX “El Zurdo” participa como heredero de primer rango en la sucesión de una de sus esposas, Zahr al‑Riyāḍ, al igual que lo hacen también la hija de ambos, de nombre Umm al-Fatḥ, y la madre y los hermanos de la difunta. Otra fuente, el material de una pesquisa llevada a cabo a principios del siglo XVI, da noticia de cómo hacia el año 1483 Muley Hacén y su hermano Muḥammad XII “El Zagal” heredan de su tía Umm al‑Fatḥ numerosos bienes inmuebles, algunos de ellos en copropiedad.


Testimonio acerca del reparto de parte de la herencia de Zahr al-Riyāḍ, en el que consta cómo el sultán Muḥammad IX el Zurdo dona a su hija Umm al-Fatḥ la parte que le habría correspondido en esa herencia de la alquería de Ṣujayra (Zujaira). Biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes, CSIC, ms. 73. 1


Por otro lado, hay casos documentados de compras inmobiliarias por parte de los emires a propietarios particulares, como la hecha en enero de 1479 por Muley Hacén a un tal “Abyjafar Hamete” de dos hazas de riego sitas en la alquería de Ogíjares, la cual incluye también el dominio de dos balsas y media de lino. Con todo, resulta considerablemente superior el volumen de noticias relativas a inmuebles adscritos al patrimonio personal de sultanes o al de futuros sultanes mediante compra a la Hacienda Pública. En teoría, dado que pertenecen a la comunidad y todo individuo tiene derecho a una porción indivisa de los mismos, los fondos públicos son inalienables e intransferibles. Sin embargo, ante determinadas situaciones fruto de la coyuntura política y de las necesidades económicas del Estado, la normativa legal se ajusta de manera que permite la enajenación de estos bienes, siempre bajo el principio del interés comunitario y todo ello a través de unos procesos notarial y administrativo muy concretos. De esta forma, los contratos de venta de inmuebles de la Hacienda Pública cuentan, además de con las cláusulas y disposiciones propias de toda escritura de su tipología, con elementos específicos que, en cada caso, manifiestan el origen de la propiedad, certifican la aprobación de la esfera jurídica granadina y obligan al pago de cierto gravamen. En ocasiones, en estas actas se detecta la omisión intencionada de uno o varios de estos elementos en un modo de evitar obligaciones fiscales a la parte adquiriente; se trata de operaciones irregulares que dejan ver la preeminencia de los intereses personales y familiares de los soberanos granadinos sobre el beneficio a la Hacienda Pública. Así, en 1448, el ya citado emir Muḥammad IX “El Zurdo” adquiere para su patrimonio particular, libre de cargas fiscales, el baño de al‑Šawṭār; lo compra directamente a los fondos del Estado, a la sazón gestionados por él mismo. Luego, entre marzo de 1459 y febrero de 1460, sin que se haga constar en el contrato la obligación al pago de cierta obligación, el sultán Sa῾d vende a sus hijos Yūsuf y el futuro Muḥammad XI “El Zagal” numerosas tiendas propiedad del Estado ubicadas en el centro de la ciudad de Granada. Años más tarde, su hijo y sucesor Muley Hacén también busca favorecer con la enajenación de bienes de la Hacienda Pública a su familia, y no solo a la conformada con Soraya ―que tanto ha trascendido a través de historias y leyendas―, igualmente a los vástagos habidos con su primera esposa. Como ejemplo, en 1465, este monarca transmite la finca de El Nublo de los “heredamientos de la corona real” al patrimonio privado de sus hijos Yūsuf y Boabdil ―futuro Muḥammad XI―, quienes entonces son apenas unos niños.

Estas transacciones con trasvases de propiedades desde la Hacienda Pública al patrimonio personal de diferentes sultanes y otros miembros de la dinastía nazarí han generado un denso debate entre los especialistas estudiosos del tema, llegándose a plantear la idea de una situación de no delimitación entre ambas instituciones y sus fondos, resultado de la administración arbitraria y caprichosa de los sultanes al margen de las autoridades jurídicas. Al contrario, y aunque todavía queda mucho por hacer en este sentido, recientes investigaciones perciben en las fuentes estudiadas una conciencia real de la distinción entre la Hacienda Pública y el mustajlaṣ en el Emirato Nazarí de Granada. Paralelamente, como ha quedado reflejado ya en líneas previas, están demostrando la aplicación de una metódica burocracia en lo que concierne a la transferencia y gestión de bienes del Estado. Por otro lado, conviene saber que a veces la interacción entre las citadas entidades se produce de la manera inversa, constituyendo el patrimonio particular de los soberanos un apoyo eventual para la Hacienda Pública. En el año 1466, Sa῾d invierte el precio de la venta de cuatro tiendas de su propiedad privada ubicadas en la Alcaicería “en el pro de los moros y en las cosas de sus neçesydades y en labor de sus fortalezas y en el vien e pro comun general y espeçial de la vniversydad de ellos”. La disposición del monarca a favor de las necesidades de la comunidad de las 1.150 doblas de oro que recibe por estos inmuebles se inscribe en la línea de una política recaudatoria hacia las arcas públicas, las cuales se encuentran mermadas debido a los elevados costes de las treguas con Castilla, y, además, deben hacer frente a las deudas contraídas con diferentes servidores durante los periodos de guerra.



Plano de Granada árabe (1910), Luis Seco de Lucena. Archivo del Patronato de la Alhambra y el Generalife, Colección de Planos/P-006283


“No hay parte alguna de la muralla sin huertas, viñedos, ni jardines”

En el siglo XIV, durante los gobiernos de Yūsuf I (1333-1354) y Muḥammad V (1354‑1359 y 1362-1391) descuella en el Emirato nazarí la figura del secretario, visir y cronista ―entre otras muchas facetas― Lisān al‑Dīn Ibn al-Jaṭīb (m. 1374). Conocedor de primera mano del asunto, en varias de sus obras da cuenta de algunas de las propiedades pertenecientes al mustajlaṣ del emir y emite valoraciones de conjunto tan jugosas y excepcionales como la que sigue:

“Rodean la muralla de la ciudad vastos jardines y espesos bosques pertenecientes al mustajlaṣ, de manera que, detrás de esa verde barrera, las blancas almenas brillan como las estrellas en medio de un cielo oscuro. No hay parte alguna de la muralla sin huertas, viñedos, ni jardines. En la parte norte de la llanura hay unas almunias de majestuoso tamaño y extremado valor, que no pueden ser costeadas salvo por gente relacionada con el poder real, dado lo excesivo de su precio. Algunas de estas almunias producen unas cosechas al año por valor de quinientos dinares de oro, a pesar del bajo coste de las verduras en esta ciudad. Treinta de estas almunias pertenecen al mustajlaṣ. Las ciñen y se unen con sus extremos unas magníficas fincas, nunca esquilmadas, siempre fecundas, cuyas rentas alcanzan en nuestro tiempo los veinticinco dinares de oro. La Hacienda Pública es incapaz de saber el valor que pueden alcanzar estas fincas, debido a su extensión, el lugar envidiable donde se encuentran y la disposición de la que gozan. Todas ellas tienen casas magníficas, torres elevadas, eras amplias, palomares y gallineros bien acondicionados. En los alrededores de la ciudad, bordeando la muralla, se encuentran más de una veintena de fincas del mustajlaṣ. En estas fincas vive un gran número de hombres y de sementales de buena raza que se emplean para arar la tierra, para la agricultura; en muchas de ellas hay fortificaciones, molinos y mezquitas. En esta fértil posesión, que es el alma del campo y lo más selecto de este buen país, se entremezclan alquerías y poblados que están en manos de propietarios particulares”.

Desafortunadamente, no se hallan descripciones de este calibre más allá de las proporcionadas por el cálamo de este autor. También se vuelve imposible encontrar documentación de registro en la que se inscriban los inmuebles que conforman el patrimonio particular de los diferentes sultanes, aunque parece evidente que existe y debe de ser una parte indispensable en la administración y gestión de los mismos, sobre todo teniendo en cuenta el nivel de burocratización que se observa en otros aspectos en el contexto de la Granada nazarí. Sin ir más lejos, la Hacienda Pública cuenta con varios libros de registro, en función de la tipología de los inmuebles, en los que se recogen datos como el nombre y la ubicación del inmueble, los distintos cambios de titularidad que experimenta y los gravámenes que pesan sobre el mismo. De esto último se tiene constancia gracias a los informes de una pesquisa iniciada a finales del siglo xv por petición de los Reyes Católicos para averiguar la situación en la que se encuentran las heredades que les pertenecen en Granada, en virtud de lo establecido en las capitulaciones con el último monarca nazarí. Aquí se hace reiterada alusión al contenido de “los libros de la hazienda de los reyes moros”, que con objeto de la citada empresa se trasladan del árabe al castellano. Por su inestimable valor, estos documentos son susceptibles de haberse conservado concienzudamente, pero en la actualidad resulta todo un reto para los investigadores localizarlos en los fondos de algún archivo. En definitiva, la información disponible sobre el conjunto del mustajlaṣ, más aún sobre propiedades concretas, es fragmentaria y se encuentra muy dispersa en fuentes de diversa índole y naturaleza. A pesar de las dificultades, es posible identificar algunas de las propiedades adscritas al mustajlaṣ de distintos emires y, aun lamentando la disparidad cuantitativa y cualitativa de las noticias, conocer datos relevantes sobre las mismas.



Informe sobre las “rentas mal llevadas” de los Reyes Católicos en Granada, donde se hace referencia a “los libros de la hazienda de los reyes moros”. Archivo General de Simancas, Consejo Real, 651, fol. 9, pieza 11


La Huerta Alta de la Alcazaba Cadima

En árabe al-Ŷanna al-῾Ulyà. Se trata de una huerta con infraestructuras y edificaciones en su interior, sita en la antigua alcazaba de Granada, en lo más alto del actual barrio del Albaicín. Gracias a una copia de un contrato notarial de compraventa se pueden rastrear hasta cuatro cambios de titularidad de este inmueble remontando su propiedad hasta la noble señora Umm al‑Fatḥ, hija de Muḥammad V; luego, en un momento no precisado, la finca es heredada por su sobrino el emir Muḥammad IX “El Izquierdo”, anexionándose a su mustajlaṣ hasta que en marzo del año 1448 la vende por precio de 3.750 dinares de oro a sus hijas, las señoras, horras, castas, de elevado rango y benditas, ῾Ā’iša y Fāṭima, en partes iguales y proindiviso. Acto seguido, el monarca procura una permuta entre los bienes de ambas mujeres, cediendo a Fāṭima la cuota de propiedad de ῾Ā’iša sobre esta huerta, a cambio de la mitad de otra huerta que la primera posee en la misma zona de la Alcazaba Cadima, presumiblemente de similar valor y extensión.

Palacio de Daralhorra en Granada, detalle del interior, de Mechthild Brinkmann. Grabado 21/40; pertenece a la obra «Patios árabes. Granada. MCMLXXXIV. Cinco patios granadinos vistos por una pintora alemana”. Archivo del Patronato de la Alhambra y el Generalife, Colección de Grabados/0145.



Los detalles que ofrece el documento sobre la localización de la Huerta Alta ―sus “límites son al sur el camino y las viviendas del cementerio, al norte el camino que hay detrás del aljibe grande antiguo, a levante el camino y a poniente las viviendas del cementerio”―, permite plantear varias hipótesis sobre su posible ubicación en el plano de la ciudad de Granada; según una de ellas, la huerta de Fāṭima se situaría en el actual emplazamiento de la Placeta del Cristo de las Azucenas, al este del convento de Santa Isabel la Real, siendo el límite al norte el Aljibe del Rey, al este la calle Pilar Seco y al sur la calle Santa Isabel la Real. Respecto a la huerta propiedad de ῾Ā’iša, no se indican ni tan siquiera sus lindes, por lo que parece más difícil poder situarla, no obstante, hay quien la ubica al noroeste de la primera, correspondiéndose con el solar donde luego se levantan el palacio nazarí de Daralhorra y el convento mencionado y su iglesia.


Para ampliar:

  • GASPAR REMIRO, Mariano, «De Granada musulmana. El baño de la ruina ó del axautar». La Alhambra 9 (1906): 21-30.
  • LUQUE-VARGAS, Paola, “El mustajlaṣ nazarí: génesis, evolución y transmisión (siglos xiii-xvi)”. Tesis Doctoral. Universidad de Granada, 2023. Acceso el 1 de diciembre de 2023: https://hdl.handle.net/10481/83034.
  • MALPICA CUELLO, Antonio, y TRILLO SAN JOSÉ, Carmen, «Los Infantes de Granada. Documentos árabes romanceados». RCEHGR 6 (1992): 361-422.
  • MOLINA LÓPEZ, Emilio, «El mustajlaṣ andalusí (I) (s. VIII-IX)». RCEHGR 13-14 (1999): 99-189.
  • PEINADO SANTAELLA, Rafael, «El Patrimonio Real nazarí y la exquisitez defraudatoria de los principales castellanos». Medievo HispanoEstudios in memoriam del Prof. D. W. Lomax (1995): 297-318.
  • SECO DE LUCENA PAREDES, Luis, «La sultana madre de Boabdil». Al-Andalus 12 (1947): 359-390.
  • TRILLO SAN JOSÉ, Carmen «El Nublo. Una propiedad de los Infantes de Granada». En Homenaje al Profesor José María Fórneas Besteiro, 867-879. Granada: Universidad de Granada, 1995.
  • ZOMEÑO RODRÍGUEZ, Amalia, “Daralhorra en la Alcazaba Cadima: propiedades reales a finales del siglo xv”, en Bárbara BOLOIX GALLARDO (coord.), El palacio nazarí de Daralhorra, Granada: Patronato de la Alhambra y el Generalife, 2019.

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HUEVAS ALIÁS

 

HUEVAS ALIÑÁS

Para hacer este plato, se suelen  elaborar con huevas de merluza, bien sean frescas o congeladas.

 

Ingredientes

2 Huevas de merluza

1 Cucharada de vinagre

Sal

Pimiento rojo

Tomate

Cebolla

Aceite

Vinagre

Sal

 

Elaboración

 

En una cacerola, con abundante agua con sal y una cucharada de vinagre, ponemos al fuego las huevas a fuego moderado alto. El vinagre hace que no se deshagan y queden bien enteritas y duras.

Sacamos las huevas cuando estén cocidas y reservamos para que se enfríen a temperatura ambiente.

Hacemos un  picadillo con el tomate bien lavado y sin pedúnculo, el pimiento rojo sin semillas, ambos troceados en dados, lo colocamos en un plato o fuente  y sobre el colocaremos las huevas en trozos  y extendemos sobre el plato o fuente, y por ultimo lo aliñaremos con aceite vinagre y sal.

¡Buen provecho!