miércoles, 23 de mayo de 2012

Historia crisol 3 culturas en al-Ándalus. Asi vivieron en al-Ándalus (Reseña)



ASÍ VIVIERON EN AL ÁNDALUS (RESEÑA)



Mucho es lo que se ha escrito sobre la historia de España en general, y concretamente sobre al-Ándalus, período comprendido entre los siglos VIII y XV, que abarca no sólo un periodo de concepción religiosa y política dentro de un área delimitada , sino, un Norte y referente cultural para los demás pueblos coetáneos.
Jesús Greus, gestor cultural del Instituto Cervantes de Marrakech y autor de Ziryab y el despertar de al-Ándalus(2006) y Laberinto de alfarafes (2008), publica ahora esta obra de acercamiento a la sociedad andalusí desde una perspectiva ignorada y, en muchos casos anhelada, ya que, a pesar de existir numerosa información sobre este periodo, bien por crónicas o archivos de la época, como por su impronta cultural aún hoy vigente, el retrato cotidiano de el estrato más plural y cotidiano se pasa, en muchos casos, por alto.


Al-Ándalus nos remite de forma inmediata a una arquitectura suntuosa y detallista, a la media luna y la cruz, a párrafos y párrafos de gestas y lamentos, a los populosos harenes y a jardines orgullos de sus fuentes. La realidad es que también había otras cosas. Se hace difícil encontrar una obra, con esas “otras cosas”, como lo presenta Greus, capaz de sintetizar los aspectos más concretos y usuales de la vida diaria de sus gentes, acompañados en todo momento de diversas ilustraciones e imágenes. Tras una muy breve introducción histórica, el autor nos abre las puertas y armarios andalusíes, nos muestra los ambientes callejeros y sus casas; como fue la vida familiar; sus vestidos y perfumes; sus máquinas e inventos; los artesanos; qué se compraba en los mercados; sus instituciones y funcionarios; sus jueces; sus guerreros y esclavos; sus fiestas; sus libros bibliotecas y universidades.




Debemos matizar que, al Ándalus fue una sociedad en constante cambio, ya bien, por el contacto con los cristianos de la marca superior como con los pueblos del Norte de África que intervinieron en la península. Por ello es necesario hacer hincapié en que los siglos de máximo esplendor se sitúan durante el período del Califato Omeya y hasta los siglos XII y XIII con Maimónides, Avenzoar o Averroes como guías del pensamiento europeo. Durante los reinos de Taifas en general (aunque existen tres períodos de taifas, en el siglo XI, XII, y XIII ) también se desarrolló el mecenazgo artístico y cultural, con el sentimiento de emular la grandeza de Córdoba, y ahora, sin un gobierno centralizado al que rendir tributos se hizo posible el desarrollo local, muestra de ello es el legado arquitectónico de algunas ciudades como La Aljaferia, Zaragoza,1047-1081 o la Mezquita de las Tornerías de Toledo.




Se puede decir que a partir del siglo XIII se inicia un ciclo en el que la luz con la que a al Ándalus iluminó durante tantos años al resto del mundo se iría apagando. En la Granda nazarí, bajo el reinado de Yusuf I y Mohammad V el arte, la ciencia y la cultura darían sus últimos coletazos con la figura de Ibn al Jattib, antes de que las guerras fraticidas contribuyeran a la inexorable caída del último reducto andalusí en la península.


“Los reyes católicos no interrumpieron ningún proceso cultural ni impidieron el desarrollo de ningún tipo de ciencia, porque no había nada que interrumpir ni que impedir. Tomaban posesión, junto con la materialidad de la arquitectura y las tierras de un pasado lleno de esplendor, fascinante aún, pero solo era ya un recuerdo” (pág.142) Camilo Álvarez Morales, (2000) Muley Hacén, El Zagal  Boabdil


A pesar de la distancia y las disidencias religiosas y políticas con Oriente, Córdoba siempre tuvo a Bagdad y su esplendor como referente cultural. Muestra de ello es la llegada a Córdoba en el siglo IX de Abu l-Hasan Ali Ibn Nafi, más conocido como Ziryab “el mirlo”. Este poeta bagdadí, cultivó la poesía, la música y la gastronomía entre otras artes. Su llegada produce la primera oleada de esplendor cultural andalusí, suponiendo una revolución social, que, en cuanto a las costumbres, salpicaría a todos los estratos. Una nueva concepción de la estética, con nuevos peinados, vestimenta y un refinamiento en la corte y la mesa hasta entonces inexistente. Estas nuevas aportaciones orientales serán muy bien recibidas en la corte Omeya de Abderramán II, que como conocido amante de las artes, contribuirá afianzar. Estas innovaciones perfilan, aún más, las diferencias entre el resto sociedades peninsulares:

“Abandonada la antigua rusticidad medieval que aún presidía las mesas de las cortes europeas, donde los platos se disponían en desorden y carentes de toda decoración sobre la mesa desnuda, o en el mejor de los casos, sobre un grueso lienzo. En las casas de los nobles y los poderosos de Córdoba se comía ahora sobre manteles del más fino cuero, se dormía en camas de jergón de cuero y se bebía en copas de vidrio transparente. Al placer de beber vino se había sumado el de poder contemplarlo a través del translucido cristal de copa, lo que supuso un nuevo motivo de inspiración pera los poetas (pág. 116)”


“En ningún momento, ni Roma ni París, las dos ciudades más pobladas del Occidente cristianos, se acercaron al esplendor de Córdoba, el mayor núcleo urbano de la Europa árabe-islámica” Charles-Emmanuel Dufourcq, La vida cotidiana de los árabes de la Europa medieval, 1990, Madrid (Pág.35)


La llegada de Ziryab a al-Ándalus supone un antes y un después en todos estos ámbitos ya mencionados, y como no, la música también sufrirá su influencia. Ziryab fundó un conservatorio en Córdoba creando una nueva metodología en la enseñanza musical, reformo el laúd árabe y fundó la escuela musical arábigo-andaluza.
Uno de los temas que más controversia ha causado y causa entre los arabistas entre los historiadores es la concepción idílica de la sociedad andalusí en cuanto a convivencia y tolerancia religiosa y cultural.


Los musulmanes que llegaron a la península Ibérica, trajeron consigo su religión, su cultura y su lengua como máximo exponente de estas. Así, el árabe clásico se convertiría en la lengua oficial de la corte y la administración de al Ándalus, desplazando al latín, que hasta entonces era la lengua de la administración y la cultura visigótica, aunque el pueblo hablaba un protorromance que posteriormente se denominaría mozárabe.


En el contingente musulmán encontramos diferentes pueblos, pueblos que se fueron sometiendo al Islam en su expansión por el norte de África, como es el caso de los beréberes, que también aportarían su dialecto y cultura dando el hispano-árabe o andalusí.


Muladíes, mozárabes, beréberes, judíos y árabes conforman el escenario étnico de al Ándalus, en el cual las diferentes comunidades son bilingües y en algunos casos trilingües. Esta asimilación de los diferentes dialectos es una consecuencia de la convivencia, pero en absoluto se produce de forma inmediata, se va afianzando con el paso del tiempo. Esta convivencia lingüística, tampoco estuvo, en algunos casos exenta de fricciones.


“Mis correligionarios se complacen en leer poesías y las novelas de los árabes: estudian los escritos de los filósofos y teólogos musulmanes, no para refutarlos, sino para formarse una dicción arábiga correcta y elegante. ¡Ay!, todos los jóvenes cristianos que se distinguen por su talento, no conocen más que la lengua y literatura de los árabes, reúnen con grandes desembolsos inmensas bibliotecas y publican dondequiera que aquella literatura es admirable. Habladles por el contrario de los libros cristianos, y os responderán con n precio que son indignos de atención. ¡Qué dolor! Los cristianos han olvidado hasta su lengua, ya penas entre mil de nosotros se encontraría uno que sepa escribir como corresponde una carta latina a un amigo; pero si se trata de escribir en árabe, encontrarás multitud de personas que se expresan en esa lengua con la mayor elegancia, desde el punto de vista artístico, a los de los mismos árabes” Manuscrito de Álvaro de Luna, La España Sagrada (Trad. Et ed. de Flórez), Págs. 273-275


Debemos matizar que a partir del siglo XI, con los almorávides y posteriormente con los almohades, la supuesta convivencia queda mellada. Pero durante el reinado Omeya, al margen de controversias podemos destacar la existencia de varias lenguas vehiculares en la sociedad andalusí como consecuencia inequívoca de un contacto y una asimilación.


Uno de los temas tratados por Greus en la obra es la educación y, ya que, este blog está compuesto en su mayoría por gente vinculada a la enseñanza, ya bien, por su condición de alumno como de profesor, voy a comentar alguna de los aspectos que definen y caracterizan la enseñanza en al-Ándalus.


Una de las características durante el período de esplendor Omeya, fue la baja tasa de analfabetismo entre la sociedad andalusí, incluso las mujeres musulmanas podían realizar sus estudios. Durante el mismo periodo, en el resto de Europa, la cultura estaba en manos de unos pocos, tan sólo los clérigos tenían acceso a esta.


Con la dinastía Omeyas, la cultura y la enseñanza se difundieron notablemente. Era habitual que los emires o califas trajeran algún sabio o maestro de occidente para dar lecciones magistrales a las que asistían cientos de personas. A pesar de esta difusión cultural, los libros resultaban un bien escaso de los que pocos alumnos se podían permitir el lujo, por lo que, la mayoría se veían obligados aprenderse los libros memoria.



La duración del curso era variable y eran los alumnos quienes elegían aquellas asignaturas que querían cursar, y cuando el profesor consideraba el momento, se le hacía entrega al alumnos de su licencia que le autorizaba, ya bien a practicar una profesión o a ejercer la docencia.




Las asignaturas más estudiadas en las mezquitas eran las religiosas (hasta el siglo XIV que Yusuf I fundó la universidad islámica de Granada, la enseñanza se impartía en las escuelas coránicas y mezquitas) aunque existían estudios de literatura con asignaturas como poesía clásica, historia, prosa rimada y tradición de cuentos. También se estudió gramática, lengua árabe, filología, geografía, medicina, astronomía y matemáticas entre otras.


Cada maestro extendía su pequeña alfombra en un rincón o columna, y en torno a él se formaba un corro de alumnos, que garabateaban apuntes en tablillas o pergaminos.” (pág. 104)


En cuanto a las diversiones del pueblo, no se hace muy difíciles de imaginar, ya que, a pesar de la riqueza de la nobleza andalusí, el nivel de vida de las clases humildes era muy bajo, muy inferior al de Oriente medio. Un jornal oscilaba entre 1,5 y 3 piezas de plata al día. En el siglo X, un trabajador humilde podía ganar hasta 6 dinares al año cuando una vivienda modesta podía llegar a las 10 piezas de oro. Esta precaria situación de la clase menos privilegiada fue caldo de cultivo para los prestamistas judíos que prosperaron. Así, entre las aficiones del pueblo encontramos la revista de tropas que los sultanes hacían antes de las aceifas estivales; los jóvenes, en la calle, maquinaban sus corredurías entre zocos y arrabales. También los espectáculos callejeros de juglares y encantadores de serpientes, contadores de cuentos, amaestradores de monos, prestidigitadores. La propia calle y los zocos ya eran de por sí un espectáculo.


En la granda nazarí, eran habituales los torneos entre caballeros, las peleas entre toros y perros. Tampoco podemos olvidar las tertulias en las tabernas acompañadas de una taza de té.





“En época de Taifas, Sevilla tuvo la fama de ser la ciudad más alegre de al-Ándalus. En las noches de verano surcaban el Guadalquivir barcas con farolillos y gente que cantaba y reía” (pag.95)


La caza y el ajedrez eran más habituales entre los cortesanos y clases altas.

Estos y otros temas han sido abordados en la obra de Greus Así vivieron en al-Ándalus, destinada tanto como para estudiantes, como para al inquieto amante conocedor de nuestra historia, ya que el autor, no olvida incluir una tabla cronológica y un glosario para aquellos que no están familiarizados con la terminología andalusí, con fin de hacer más fácil este acercamiento.


GREUS ROMERO, JESUS (2009) “ASÍ VIVIERON EN AL-ÁNDALUS, LA HISTORIA IGNORADA” GRUPO ANAYA, MADRID, 128 PÁGINAS





Raúl





Historia de los musulmanes en al-Ándalus. Umar Ibn Hafsún Ibn Chafs



'UMAR IBN HAFSÚN IBN CHAFS




 Entre los muchos personajes que tuvieron un papel destacado en el transcurso de los acontecimientos, quiero rescatar de las crónicas a ‘Umar ibn Hafsún (854-917), personaje al que la historia no ha tratado del todo como se merece. Las crónicas árabes le tachan de rebelde y de poco más que de maldito sin llegar a profundizar en el aspecto más humano. Por otro lado la historiografía más contemporánea no ha estado exenta de pinceladas con gran carga ideológica. Algunos historiadores han querido verlo como un héroe nacional, plasmando la visión ideológica de una época; icono de la resistencia autóctona frente a la ocupación extranjera, situándolo a la altura del mismísimo Viriato con su “terrorrum romanorum". Así, la interpretación de los textos, otorga diferentes concepciones de una realidad aún por descifrar. Lo cierto es que, este muladí (musulmán de origen peninsular) oriundo de Ronda, al igual que otros muchos, aportó su granito de arena al desarrollo evolutivo de la política y sociedad andalusí.


Con la Batalla de Guadalete en el año 711, empezaba una nueva etapa en la historia de la península Ibérica. El afianzamiento del Islam en la península ya estaba en marcha; su sociedad, política, cultura y como no, la religión acabarán gradualmente impregnando el estrato visigodo de Hispania para germinar en al Ándalus y el Califato Omeya como culminación. Pero esta instauración y consolidación no iba a está exenta de confabulaciones y disputas dinásticas por el control de las provincias o Coras y por el reconocimiento de la autoridad de Córdoba.






‘Umar ibn Hafsún fue con diferencia aquel que logró el mayor desgaste en todos los sentidos de la frágil hegemonía Omeya. Supo canalizar el descontento general de una población y fue capaz de mantener contra las cuerdas al mismo emirato durante 30 años. Aunque no todas las poblaciones tuteladas por ibn Hafsún abrazaron su causa por voluntad propia, sino más bien por la falta de respaldo Omeya en su incapacidad para sofocar la rebelión. Este muladí, obligó a Córdoba a mirar al sur, y mantener como máxima prioridad el contener la rebelión en las regiones más cercanas a ella. Aunque no este del todo claro si se trataba de un simple opositor al régimen sin programa, un rebelde, un salteador de caminos, un héroe, un libertador o como quieran llamarle, lo que está claro es que puso en muy serios aprietos al emirato y a la propia pervivencia de la Córdoba Omeya. Esta inestabilidad política y social queda plasmada en la incapacidad Omeya no solo de someter a las provincias en sus casi perennes agitaciones internas, como el caso de Toledo, sino la de salvaguardar a duras penas la dinastía.








Tanto en la Marca Superior (con Zaragoza como ciudad principal), la Marca Media (Toledo) y la Marca Inferior (Mérida) y Sharq al Ándalus (el levante peninsular) la agitación popular será una constante, objeto de contienda entre linajes de la zona por el control, sin que Córdoba pudiera hacer mucho para evitarlo hasta la llegada de ‘Abd al-Rahman III (912), que, una a una, someterá plazas fuertes, castillos y reductos.

El año 854 nace en Ronda, posiblemente en las estribaciones del Castillo de Antar, cerca de Parauta, el muladí que encabezaría un alzamiento de grandes dimensiones, llegando a dominar un vasto territorio en la franja meridional, y las ciudades de Écija, Archidona, Baeza y Úbeda. Su nombre completo era ‘Umar ibn Hafsún ibn Chafs; descendiente de nobles hispanogodos conversos al Islam, que como otros tantos, abrazaron el Islam en pro de su estatus y finanzas. Su primera manifestación de hostilidad hacia el régimen Omeya le ocasionó 50 latigazos al enfrentarse con los soldados del gobernador de Málaga. Quizás la humillación sufrida por la justicia, o quizás la impotencia ante lo que se está perfilando en al-Ándalus, lo cierto es que tras este suceso, ‘Umar ibn Hafsún decide marcharse a África, a la ciudad de Tahart, donde trabajó de sastre.

No se sabe cuál fue el motivo que le impulso a volver a la Península, la leyenda y los textos hablan de un anciano que le auguró un futuro como caudillo, pero el año 880 vuelve a Ronda, decidido a plantar cara a los Omeyas y no estará solo, ya que poco a poco se irán incorporando a su causa renegados y descontentos con la política Omeya de diferentes latitudes de la serranías del sur andalusí. Ibn Hafsún, junto con estos primeros adeptos, elige un lugar escarpado y de difícil acceso para crear lo que iba a ser su base de operaciones y corazón de la rebelión del mediodía hasta la caída del último de los hafsuníes en el 927: Bobastro, situada en el municipio de Ardales, en las mesas de Villaverde, aunque en este punto no se ha llegando a un consenso por parte de los historiadores y arqueólogos.


 


Nuestro protagonista no tardó en darse a conocer por la comarca y en Córdoba, hasta el punto que el emir Muhammad I se vio obligado a mandar algunas tropas para hacer frente a la provocación de unos proscritos y saltadores de caminos:
“los asuntos de husun construidos en estas regiones tomaron un mal camino” (Ibn Hayyan)

Tras el escaso éxito de las tropas del Emir ante este nuevo frente levantisco, no dudará en mandar un fuerte contingente militar, y esta vez, sí logrará someter al rebelde Omar, obligándolo a pactar y a unirse al servicio del ejército Omeya, aunque no lo hará por mucho tiempo. En el año 885, tras dos años de servicio en el ejército Omeya participando en razzias por tierras de Álava, decide volver a Bobastro y emprender su lucha con más fuerza que nunca contra el régimen Omeya, con la adhesión a su causa de cientos de partidarios muladíes y mozárabes (cristianos de al-Andalus).

“Desde hace demasiado tiempo habéis tenido que soportar el yugo de este sultán que os toma vuestros bienes y os impone cargas aplastantes, mientras los árabes os oprimen con sus humillaciones y os tratan como esclavos. No aspiro sino a que os hagan justicia y sacaros de la esclavitud”. Con este mensaje, ‘Umar ibn Hafsún logró la aceptación y reconocimiento de la población, dejando al margen en este primer momento el factor religioso para forjar un frente común ante los omeyas. También algunos fugitivos se adhirieron a Ibn Hafsún con ánimo de botín.

El férreo frente opositor que representaba Ibn Hafsún, al contrario que otros focos de oposición al régimen Omeya que pugnaban con el centralismo por la independencia de las provincias y la pervivencia de una dinastía en el poder, no mostraba ese carácter dinástico y urbano.
Según aclara el profesor Manuel Acién:

“Ibn Hafsún no es un hecho aislado ni se explica por motivos étnicos, regionalistas, nacionalistas o religiosos, sino integrándolo en la teoría discontinuista de las formaciones sociales, que, en este caso concreto se trata de una transición de la sociedad feudal a la sociedad islámica”

Ibn Hafsún atosigó al emirato desde la misma Córdoba y su séquito representaba un malestar popular que no pugnaba por una provincia. Algunos historiadores, en su visión interpretativa de la figura Ibn Hafsún, lo consideran como el esbozo de un endémico nacionalismo español.
Como apunta el historiador Claudio Sánchez Albornoz:

“Otra vez la raza hispana alumbró un gran capitán popular…que como otros guerreros españoles de todos los tiempos, que hubieron de pelear con fuerzas regulares, triunfó Ben Hafsún por su astucia, su bravura y su justicia (…) que los españoles, cristianos o musulmanes amaron con pasión”

Durante este periodo de la rebelión mozárabe-muladí, el elemento religioso parece jugar apriori un papel secundario, y digo aparentemente, por la existencia del descontento de una población mozárabe exaltada por el fundamentalismo de Eulogio de Córdoba, que veía como paralelamente a la centralización iba la institucionalización del islam con sus consecuencias más que evidentes para la población mozárabe. El concepto de una conquista se hace más que patente y aún con este período de profunda crisis interna y alzamientos prácticamente por todas las coras de al Ándalus, el emirato fue capaz, a duras penas, de aguantar el embiste desde varios frentes de oposición al establecimiento de la dinastía, que no sólo sobreviviría, sino que culminaría con el periodo califal.

Una vez de vuelta en Bobastro el año 884, toma Auta, Mijas, Comares y Archidona y establece pactos con otros descontentos, como los Banu Rifa’a, familia árabe que dominaba Alhama y su sierra. Los envites de las tropas del gobierno al mando heredero al-Mundhir, estuvieron a punto de acabar con la disidencia, pero la muerte del emir el 4 agosto del 886, obliga a Al-Mundhir a volver a Córdoba a hacerse con las riendas del Estado. 'Umar ibn Hafsún sabrá aprovechar esta coyuntura para reorganizarse y reclutar más apoyos entre los campesinos; apoyos necesarios para hacerse con el control de la toda la serranía de Ronda y Rayya y apoderarse de Priego e Iznájar, ciudades estas usadas como base para incursiones hasta Cabra y Jaén.

La presión obstinada y necesaria por parte del emir de acabar con el alzamiento de la serranía malagueña, estuvo a punto de dar su fruto. Se recuperó Iznájar y Priego y Archidona y se llevó a cabo una brutal represión. Como ejemplo queda la crucifixión entre un perro y un cerdo del jefe de los defensores mozárabes de Archidona. Al-Mundhir, decidido a acabar con Ibn Hafsún, lo asedia en Bobastro y le obliga a rendirse a cambio de una amnistía; una amnistía que duraría lo justo para sacarle brillo a la espada y tomar la retirada de las tropas del emir. Tras la ruptura de la efímera tregua por parte de Ibn Hafsún, al-Mundhir se propone no levantar el asedio hasta destruir Bobastro,



pero en el año 888, en pleno acoso al último reducto de resistencia hafsuní, el emir al-Mundhir muere envuelto en intrigas, y una vez más vuelven a levantar el sitio. 'Umar b. Hafsún lanza un ataque a las tropas que partían desperdigadas y al pequeño cortejo fúnebre, que es respetado por los hafsuníes a petición de ‘Abd Allah, hermano al-Mundir y nuevo emir.

Una vez más, la muerte de un emir permitirá a ibn Hafsún reorganizarse y esta vez, el nuevo emir ‘Abd allah, no tendrá el carisma y la contundencia de su hermano para impedir que el Estado quede sumido en una profunda crisis que se ve reflejada en la anarquía de las provincias.

Durante el reinado de ‘Abd Allah (888-912), la revuelta de los hafsuníes alcanzó el máximo apogeo; dominaba toda la serranía malagueña, desde el mar al Guadalquivir, llegó a tomar Écija, a tan solo a 50 kilómetros de la capital, incluso algunos jefes locales muladíes, como Ibn Shaliya, regente de


Somontín, reconocieron su supremacía.



 

En este periodo también Ibn Hafsún, sin llegar a tener un programa político claro, debió comprender la importancia de establecer alianzas y recabar apoyos, centrados en mejorar la organización y legitimación de su revuelta. Estableció, dejando al margen las confesiones, alianzas tanto con beréberes como con muladíes y cristianos. Pactó con los Banu Hayyay de Sevilla, reconoció la soberanía Idrisí de Marruecos, pactó con los Aglabíes de Qayrawan primero, para que mediaran por la legitimación de los abbasiés de Bagdad, y con la Shi’a de los fatimíes después. También establece contactos con el Alfonso III, aunque este aprovechará para organizar su reino e iniciar un fuerte empuje en la marca superior.


En el 891, ben Hafsún lanza un ataque a Córdoba sin éxito, ya que el emir, en el último momento pudo reclutar entre las filas a miles de voluntarios cordobeses formando un ejército de 14 mil hombres que fue capaz de repeler la acometida hafsuní. Este inquietante acercamiento a las puertas de Córdoba pone de manifiesto una vez más la debilidad del emirato.
Y, si hablamos de apogeo de la revuelta de Hafsún, es ahora el momento de referirnos al inicio del declive. Hay dos elementos importantes que marcan la trayectoria de la revuelta hasta que poco a poco, no sin esfuerzo, Abd Al-Rahman III logre sofocarla.



  


El primero es la conversión al cristianismo de ‘Umar ibn Hafsún, que desde entonces pasará a llamarse Samuel. Llevó un obispo a Bobastro y mandó construir las iglesias de Santa Eulalia y Santa María. No está claro del todo los motivos de su conversión, posiblemente ‘Umar, albergaba en secreto la fe de sus antepasados, pero lo que sí sabemos es que aprovechó esta conversión para solicitar algunos apoyos, como la legitimidad del rey asturiano.

Esta decisión supone una ruptura que le hizo perder considerables apoyos entre sus seguidores, al igual que la pérdida del compromiso de muladíes y beréberes que no vieron con buenos su apostasía. Con la conversión del enemigo número de uno de Córdoba, paradójicamente se va desarrollar un mayor impulso a la islamización. La familia árabe de los Banu Hayyay de Sevilla también rompe con él y desde entonces participan en continuas razzias contra él, tanto en verano como en invierno, otorgándole el carácter de Yihad a sus campañas. La pérdida de capacidad que supuso la conversión de Ibn Hafsún, permitió al Emir recuperar algunas plazas, llegando incluso a atacar Bobastro. Este nuevo enfoque rupturista de la rebelión, como apunta Pierre Richard, de cierto nacionalismo autóctono, adquiere con la conversión de Omar Ibn Hafsún, unos tintes religiosos nada ajenos a Córdoba.

El segundo elemento que marcará la cuenta atrás de la rebelión será el acceso al poder, tras la muerte de su abuelo, Abd Allah, del nuevo emir ‘Abd al-Rahman III (912-961), séptimo sucesor de su homónimo y fundador de la dinastía establecida en al-Ándalus desde el año 756. El nuevo emir, dotado de energía, capacidad y determinación, inicia un goteo de conquistas de castillos y de represión en las zonas disidentes marcando el restablecimiento del poder central y culminando con la instauración del califato Omeya.
Una de las primeras campañas que llevó a cabo el nuevo emir, fue la toma de Écija que aún estaba en manos de los rebeldes y que suponía por su proximidad un inquietante escollo que debía ser resuelto. El Muqtabis del gran historiador Ibn Hayyan recoge:

“El 14 de Diciembre 912-13 salió el chambelán Badr b. Ahmad con el ejército a la ciudad de Écija, zona rebelde de la cora meridional cercana a Córdoba, combatiéndola y conquistándola el jueves (…). El chambelán Badr entró en ella en la mañana del jueves citado y concedió el amán a la población y se ocupó de su gobierno, mandando destruir las murallas, que fueron echadas por tierra, pero conservando su ciudadela el alcázar para morada de gobernadores y cadíes: fue a primera ciudad conquistada en país disidente”

Tras la toma de Écija, el emir Abd al- Rahman III, llevará a cabo una primera incursión de pacificación en la cual logra tomar más de 70 plazas fuertes y 300 refugios fortaleza menores entre los cuales se encuentra la cora de Elvira, Baza y Salobreña, pero sin llegar asediar directamente Bobastro. Sevilla tampoco tardaría mucho en someterse al poder Omeya, exactamente el año 301/914.
De nuevo, encontramos referencias a este suceso en el Muqtabis V de Ibn Hayyan:

“Envió cadíes con diversos contingentes a todas las fortalezas (husun) de la cora de Rayyo, con orden de destruirlas todas, derribar sus muros y derruir sus alcazabas, quitándoles los cimientos y dispersando sus piedras, y obligando a sus moradores a bajar al llano y habitar en él en alquerías, como lo habían hecho cuando pertenecían a la comunidad”

El emir proseguía sin fatigarse el sometimiento de la región con sus tropas, atacando los centros de influencia de Hafsún, aniquilando a sus seguidores y organizando el territorio con la designación de gobernadores locales. También bloqueó la ruta con el norte de África, destruyendo los navíos con los que Ibn Hafsún abastecía su revuelta. Mientras tanto, veía cómo iba reduciéndose su influencia poco a poco hasta que el año 917-18 ‘Umar ibn Hafsún, muere de una enfermedad a la edad de 72 años, según encontramos en las crónicas de Ibn Hayyan:

“En este años hizo Dios morir al malvado ‘Umar b. Hafsún, germen de hipocresía, imán de perdición refugio de disensión, foco de sedición y refugio de rebeldes en su capital Bobastro”

A pesar de la muerte de Ibn Hafsún, la llama de la insurrección seguirá con su estirpe durante más de diez años, exactamente hasta el año 928 en el que su hijo Hafs ibn ‘Umar ibn Hafsún rinde el mítico reducto. Esta vez Bobastro caerá definitivamente. Abd al-Rahman III, en un intento de socavar los ánimos de los levantiscos andalusíes y castigar las conductas subversivas, manda desenterrar los cadáveres de Ibn Hafsún y de su hijo Chafar para ser expuestos ante los cordobeses.

“Esta maldita ciudad, nido de sedición, origen de disensión, madre de calamidades y causa catástrofe, había sido penosa para los hombres, insufrible para la fe, devastadora para el suelo cultivado, muerte de ciudades populosas, disgregación de la comunidad musulmana y apaño de herejes, morada y auxilio de politeístas, que no habían podido curar los emires ni tratar los sabios, hasta que Dios le dio en el califa an-Nasir (Abd ar-Rahman III) rápido final, dirigiéndole su atención e industria, combatiéndola personal y constantemente, mermándole fortalezas y quitándoles alfoces por doquier para debilitarla y disgregarla y levantando continuas construcciones que conmovieron sus mismas bases, pues nadie podía salir de ella ni entrar en ella sin ser visto e impedido por fortaleza o muro, no podía bajar espía que no fuese inmediatamente capturado. No se pudo agradecer bastante su conquista, que excedía lo deseable y de lo propiciable por la fortuna, siendo considerada la mayor de las alegrías, garantía de goce, fiesta única y ocasión de agradecimiento y loor a Dios que da y quita, glorificado sea”. (Muqtabis)

Este triunfo, ahora sí del Islam, animó a Abd al-Rahman III a adoptar el título de ‘Amir al Mu’minin- Príncipe de los Creyentes- y el de Abd ar-Rahman III, apodado al-Nasir li-Din Allah – defensor de la religión de Dios-, dando paso al periodo califal.

La caída de Bobastro que, por supuesto, supuso un acontecimiento decisivo para la forja del Califato, se convierte en todo un hito simbólico que connota el renacer de un poder cordobés desarraigado ya de sus fracturas internas y demostrando su capacidad y contundencia en la pacificación del territorio, pero también, la inquietante amenaza ante la proximidad del califato fatimí se asocia como factor determinante.

Por primera vez desde que los musulmanes pisaron la Península se puede hablar de un poder centralizado y legitimado por todos, en mayor o menor medida. Este hecho, es decir, la unificación del poder y la pacificación férrea del territorio llevada a cabo por el primer califa omeya, se puede interpretar como que fue entonces, y no en la mítica batalla de Guadalete el año 711, cuando se puede hablar de la conquista de al-Ándalus.


 Bibliografia:

Araboislamica. blogs

martes, 22 de mayo de 2012

Recetas. Empanada de manzana - nueces y pasas

Empanada de manzana, nueces y pasas


Ingredientes:

Masa dulce
3 manzanas reineta
100 g de pasas
100 g de nueces
1 huevo batido
2 c.s. de azúcar
Elaboración
Dejar las pasas 15 minutos en agua templada. Pelar las manzanas y cortar en láminas finas. Precalentar el horno a 180 ºC. Extender la mitad de la masa; cubrir una bandeja de horno. Colocar encima manzanas, nueces y pasas escurridas.
Cubrir con otra capa de masa, sellar los bordes, pintar con huevo, espolvorear azúcar y hornear 30 minutos.

Recetas. Empanada de ternera


EMPANADA DE TERNERA



Ingredientes:

Masa de pan
500 g de aguja de ternera picada
3 cebollas
4 dientes de ajo picados
1 pimiento rojo
2 c.s. de perejil picado
1 pizca de azafrán molido
100 g de jamón serrano picado
Aceite de oliva virgen extra
Sal

Elaboración


Dorar la carne en una cazuela con aceite. Salar y añadir el perejil, el ajo y el azafrán. Picar la cebolla y el pimiento y pochar 5 minutos. Incorporar a la carne con el jamón y cocinar 5 minutos.

Precalentar el horno a 180 ºC. Extender con rodillo la mitad de la masa, rellenar con la farsa, cubrir con otra capa y sellar los bordes. Hacer un agujero en el centro y hornear 40 minutos.


Cocina Judia. "Imqaret" (Pasteles de datiles)



'IMQARET' (PASTELES DE DÁTILES)





Ingredientes:


•1/2 kilo de harina de repostería
•110 gr de margarina
•50 gr de azúcar
•Anís
•Agua de azahar
•Helado de higo o vainilla para acompañar
Imqaret - Pasteles de dátiles



Relleno:


• ½ kilo de dátiles deshuesados
•25 gr de clavo en polvo
•2 limones
•2 naranjas
•50 gr de azúcar glasé
•Anís
•Agua de azahar


Elaboración




En un bol mezclar bien la margarina cortada en taquitos con la harina. Añadir el azúcar y seguir mezclando. Mojar la masa con el anís y el agua de azahar, hasta obtener una masa homogénea.

Por otro lado, cortar los dátiles y remojarlos en muy poca agua durante media hora. Después, cocinarlos durante 5 minutos y desechar el agua restante. Añadir el resto de ingredientes y mezclar bien hasta obtener otra masa homogénea.

Enrollar la masa de harina con un ancho de 10 cm. Mojar los bordes de la masa y añadir la masa de dátiles en el centro de la masa de harina. Cerrar la masa de harina de modo que el relleno de dátiles quede en el centro.

Cortar la masa en forma de rombos y freír en abundante aceite, escurrir bien y servir acompañado de helado de higo o vainilla.



Recetas. Flauta de aguacates y anchoas


‘FLAUTA’ DE AGUACATE Y ANCHOAS


Ingredientes


1 cucharada de aceite de oliva virgen extra

3 flautas (baguettes finas)
3 aguacates semimaduros
6 anchoas
3 cebolletas tiernas
3 tomates semimaduros
3 cucharadas de aceite de olivas negras

Elaboración

Preparar el aguacate trabajándolo hasta dejarlo como una mantequilla con el aceite de oliva virgen extra. Untar el aguacate en el pan previamente tostado. Poner la cebolleta en rodajas y las anchoas. Extraer las semillas de tomate y poner encima más anchoas. Terminar con el aceite.


Recetas. Crema de arroz con leche


CREMA DE ARROZ CON LECHE



Ingredientes


75 g de arroz
125 g de azúcar
1 rama de canela
1 clavo
1 litro y medio de leche
cáscara de limón
1 puñado de nueces

Elaboración

Cocer la leche con una rama de canela, un trozo de cáscara de limón y un clavo. Colar a otra cazuela, agregar el arroz e ir removiendo de vez en cuando hasta que el arroz esté tierno. Añadir el azúcar, dejar unos minutos más y retirar del fuego. Pasar por la batidora hasta que quede una crema. Servir con nueces por encima de la crema.
 

Recetas. Batido de platano


BATIDO DE PLÁTANO


Ingredientes

2 cucharadas de azúcar
canela en polvo
hielo picado
1/2 litro de leche
4 plátanos
1 piza de sal


Elaboración
 

1) Pelar y cortar los plátanos, reservando unas rodajas para adornar el batido.

2) Disponer en un recipiente alto el plátano cortado en trozos grandes, la leche, el azúcar, la sal y el hielo picado.

3) Batir todo bien y verter la mezcla en copas individuales.

4) Espolvorear por encima con la canela en polvo y adornar con las rodajitas de plátano reservadas.

5) Servir muy frío, inmediatamente después de prepararlo.


Recetas. Leche helada con canela


LECHE HELADA


Ingredientes

250 gramos de azúcar
1 rama de canela
1 litro de leche entera
La corteza de un limón


Elaboración

Ponemos la leche en un puchero a hervir junto con la canela en rama, la corteza de limón y el azúcar. Una vez que haya hervido lo dejamos en infusión hasta que esté fría. Lo colamos e introducimos en el congelador, moviéndolo cada quince minutos hasta que esté congelado.

ACABADO

Servimos en una copa espolvoreando
canela en polvo por encima.