viernes, 8 de mayo de 2026

GARBANZOS CON TOMATE Y PESCADO CRUJIENTE

 

GARBANZOS CON TOMATE Y PESCADO CRUJIENTE

Ingredientes

Para los garbanzos con tomate:

45 ml de aceite de oliva virgen extra

1 cebolla mediana picada finamente

6 dientes de ajos picados gruesamente

1 cucharadita de pimentón dulce

1 cucharadita de cilantro seco el cilantro seco

2 gr de comino molido

425 gr de salsa de tomate (1 lata)

60 ml de caldo de verduras

700 gr de garbanzos cocidos de bote

Sal

Pimienta negra recién molida

Para el pescado crujiente:

60 ml de aceite de oliva virgen extra

2 filetes de bacalao desalado de 225 gr cada uno

60 gr de harina

1 huevo grande

15 l de leche entera

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil picado para decorar

Elaboración

En una sarten grande a fuego medio calentamos el aceite de oliva virgen extra.

Después de un par de minutos, agregamos la cebolla y el ajo picado, mezclamos continuamente, después de 3-4 minutos y cuando la cebolla este ligeramente transparente, agregamos el pimentón dulce, el cilantro seco, y el dominio molido, mezclamos rápidamente, luego agregamos la salsa de tomate y el caldo de verduras y mezclamos para mezclar bien todos los ingredientes, luego agregamos los garbanzos cocidos , escurridos y bien lavados y sazonamos con sal y pimienta negra recién molida, mezclamos hasta que estén bien mezclado, luego tapamos y bajamos el fuego.

Para preparar el pescado crujiente: mientras los garbanzos se cuecen a fuego lento, colocamos los filetes de bacalao desalado sobre papel de cocina absorbente y lo secamos con palmaditas, luego lo salpimentamos por ambos lados y cortamos cada filete en 4 trozos de tamaño uniforme, para sacar un total de 8 trozos de pescado.

En un bol, agregamos la harían, cascamos un huevo en un bol aparte, agregamos la leche y salpimentamos al gusto, batimos muy bien.

Calentamos una sarten aparte a fuego medio y añadimos el aceite de oliva virgen extra.

Mientras tanto. Rebozamos los trozos de pescado, primero por harina y luego por huevo batido con la leche.

Una vez que tengamos el aceite bien caliente, agregamos los trozos de pescado, todos en una sola capa, y freímos durante 5-7 minutos o hasta que estén dorados y crujientes por todos lados, luego lo pasamos a un plato con papel absorbente de cocina para quitarles el exceso de aceite.

Tras cocer a fuego lento los garbanzos durante 10 minutos, retiramos la sarten del fuego, vertemos un poco de la mezcla en jun plato hondo o como yo, en una cazuelita de barro, y añadimos encima un par de trozos de pesca dio y rociamos con un poco de perejil picado.

Servir caliente.

¡Buen provecho!

 

 

LA EXPULSIÓN DE LOS OMEYAS DE CÓRDOBA. ¿ABOLICIÓN DEL CALIFATO Y FIN DE LA FITNA?

 

LA EXPULSIÓN DE LOS OMEYAS DE CÓRDOBA. ¿ABOLICIÓN DEL CALIFATO Y FIN DE LA FITNA?

En junio de 1027 la aristocracia árabe y personas notables de Córdoba entronizaron al omeya Hisham III, hermano de Abd al-Rahman IV refugiado en la Taifa de Alpuente. La fragmentación política de al-Ándalus, la inestabilidad y el hecho de que Córdoba ya no era una ciudad tan deseable hicieron que Hisham III no se decidiera a entrar en ella hasta finales de 1029. Su califato fue muy impopular porque se entregó a una vida de placeres y dejó el gobierno en manos de un visir.

Este ministro, que no era de alta cuna, ignoraba la voluntad de los notables cordobeses, lo que desató una conspiración liderada por un pretendiente omeya. Los rebeldes decapitaron al visir, y el califa Hisham III, al enterarse, huyó del alcázar y se refugió en la mezquita aljama, hasta que al día siguiente fue expulsado de la ciudad. El último califa omeya se acogió a la protección del gobernador de Lérida, Sulayman ibn Hud, donde murió pocos años después.

Emires y califas omeyas de Córdoba

Ese 30 de noviembre de 1031, los notables de Córdoba convencieron a los jefes del ejército de no apoyar la candidatura del omeya que había liderado el motín. En su lugar, los cordobeses acordaron no proclamar a ningún califa más, ni omeya ni hammudí, tras tantos años de soberanos nefastos. En los zocos se pregonó que nadie debía dar cobijo a un omeya, con el fin de expulsarlos definitivamente de la ciudad. Al final, los omeyas eran los tóxicos de la relación, y los cordobeses decidieron cortar. La época gloriosa de la dinastía omeya hacía décadas que había terminado.

Córdoba pasó a estar gobernada por un consejo de ministros liderado por Abu l-Hazm ibn Yahwar, cadí y ministro fundador de su propia dinastía taifa, irónicamente descendiente de uno de los clientes que apoyaron la entronización del emir Abd al-Rahman I. Con su estirpe, Córdoba se estabilizó e inició una tímida recuperación de su prosperidad, aunque siguió siendo una sombra de lo que había sido. En Córdoba se siguieron acuñando monedas, pero a nombre de Hisham II, el último califa de consenso en al-Ándalus.

Con esto surgen dos preguntas: ¿abolieron el califato en 1031? ¿Y terminó la fitna entonces? Pues la respuesta a ambas preguntas es que no. Los cordobeses no tenían ninguna potestad para abolir una idea o institución. Tampoco una Córdoba decadente tenía el derecho exclusivo a reconocer o dejar de reconocer califas, o a ser la capital de un califato. Desde el año 1023 Málaga se convirtió en la capital del Califato hammudí, un hito poco recordado en la historia local malagueña, pero de gran trascendencia para convertir a Málaga en una gran ciudad. También se puede considerar que Sevilla fue sede califal con el falso Hisham II a partir del 1035.

Plano de la Málaga musulmana superpuesta en la actual.

Las acuñaciones de oro califales tampoco terminaron en 1031. Desde la cultura material, los investigadores han percibido que en las taifas que reconocían el califato hammudí se mantuvieron estilos continuistas en monedas, epigrafía y decoración arquitectónica respecto al periodo omeya, en contraste con las taifas que no reconocían a esta dinastía idrisí. Por tanto, 1031 marca el fin de la dinastía omeya como familia reinante y el fin del Califato de Córdoba, que hacía años que era, en la práctica, una ficción.

Sin embargo, no dejó de existir un califato en al-Ándalus, pues existía el Califato hammudí. Los hammudíes no fueron unos reyes de taifa más con pretensiones califales, fueron unos califas reconocidos por varios poderes en al-Ándalus y el Magreb. Es revelador que se proclamase un falso Hisham II para contrarrestar el poder y legitimidad hammudí, y lo hicieron desaparecer al ser depuesto el último califa hammudí en el año 1056. Tras el fin del asedio de Córdoba, los califas omeyas de la fitna carecían de bases de poder propias y eran simples títeres en manos de soberanos de taifas. En cambio, los hammudíes siempre tuvieron bases de poder propias en el área del Estrecho de Gibraltar, lo que les permitió controlar el tráfico de oro y otras mercancías entre África y al-Ándalus.

Y sobre la cuestión del fin de la guerra civil, Ibn Hayyan escribió esto tras la deposición de Hisham III: “A partir de ese momento, la fitna se hizo más amplia y profunda. Cada uno saltó sobre el poder en su lugar, y los arráeces y señores levantiscos de al-Ándalus fueron dueños absolutos del territorio y de los castillos que tenían a su alcance, ambicionando cada uno de ellos lo de los demás.” El geógrafo al-Bakri, en 1068, también afirmaba que la fitna continuaba. Así, la fitna se prolongó hasta la reunificación de lo que quedaba de al-Ándalus bajo el Emirato almorávide, entre 1090 y 1116.

 

jueves, 7 de mayo de 2026

CUSCÚS DE VERDURAS

CUSCÚS DE VERDURAS


Ingredientes

1 taza de cuscús

1 taza de agua

2 dientes de ajo

½ pimiento rojo

¼ de calabacín

6 champiñones

2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

½ cucharadita de pimentón dulce

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil fresco para decorar

 

Elaboración

Poicamos finamente . los 2 dientes de ajo, cortamos en dados pequeños el ¼ de calabacín, cortamos ½ pimiento rojo en dados pequeños, y cortamos en laminas finas los champiñones.

En una cacerola a fuego medio, añadimos 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Cuando el aceite este caliente, añadimos el ajo picado, removemos unos 30 segundos, después añadimos el calabacín cortado en dados y los pimientos rojos cortados en dados y mezclamos todo.

Después de 5 minutos de cocción, agregamos los champiñones laminados, salpimentamos al gusto y mezclamos todo muy bien, cocinamos durante 2 minutos y luego agregamos ½ cucharadita de pimentón dulce, mezclamos muy bien todos los ingredientes y a continuación agregamos 1 taza de agua a la cacerola, sazonamos con un poco más de sal si fuese necesario y subimos el fuego a alto.

Una vez que hierva, agregamos la taza de cuscús a la cacerola, mezclamos ligeramente con los demás ingredientes, tapamos la cacerola y apagamos el fuego.

Después que el cuscús se cocine al vapor durante al menos 5 minutos, retiramos la tapa y esponjamos o removemos el cuscús con un tenedor.

Transferimos a un plato y servimos caliente. Decoramos con un poco de perejil fresco.

¡Buen provecho! 

TOSTADA DE ANCHOAS CON ESCALIVADA

 

TOSTADA DE ANCHOAS CON ESCALIVADA


Ingredientes

1 berenjena

1 pimiento verde

1pimiento rojo

2 tomates

2 cebollas

1 diente de ajo

8-10 anchoas saladas

Rebanadas de pan rustico

Aceite de oliva virgen extra

Ajo para frotar el pan

 

Elaboración

Primero preparamos la escalivada: Cocinamos Enel horno la berenjena, los pimientos, las cebollas y el ajo sin pelar, durante una hora en horno a 189º.ç

Cuando las verduras estén listas, dejamos enfriar. Una vez tibias, las pelamos y cortamos en rodajas muy finas. Mezclamos todo en un bol con un buen chorrito de aceite de oliva virgen extra y una pizca de sal. Dejamos enfriar esta escalivada hasta el momento de servir.

Cuando estemos listo para comer, tostamos las rebanadas de pan rustico y untamos con el tomate y el ajo restante de la lista de ingredientes. Agregamos la escalivada sobre las rebanadas de pan rustico tostado y unos buenos filetes de anchoas por encima.

Rociamos con un poco mas de aceite de oliva virgen extra para terminar.

¡Buen provecho!

 

SALMOREJO DE CEREZAS

 

SALMOREJO DE CEREZAS

Durante mayo, junio y julio, es época de cosecha de cerezas. Pero es en junio cuando la mayor cantidad de variedades alcanzan su punto optimo de maduración, por lo que es el mejor momento para recolectarlas.

Ahora que comienza el buen tiempo, no hay nada mejor que elaborar recetas refrescantes como el salmorejo de cerezas.


Ingredientes

440 gr de tomates

240 gr de cerezas

¼ de pepino

100 gr de pan rallado del día anterior

100 ml de aceite de oliva virgen extra

½ diente de ajo (o al gusto)

Sal

 

Elaboración

Picamos el tomate y el pepino y lo metemos en el vaso de a batidora.

Retiramos los tallos y los huesos de las cerezas y las añadimos al vaso de la batidora. .

Agregamos el ajo picado al vacío de la batidora, así como la sal. Licuamos hasta que todos los ingredientes queden muy bien triturados.

Pasamos la mezcla a un bol a través de un colador para quitar las cascaras y las semillas.

Añadimos el pan rallado del día anterior a la mezclade bol y lo dejamos en remojo un rato.

Cuando el pan se halla ablandado, comenzamos a mezclar los ingredientes mientras agregamos gradualmente el aceite de oliva virgen extra.

Si fuese necesario, lo podemos pasar por un tamiz.

Metemos en el frigorífico un buen rato.

Servir frio.

¡Buen provecho!

LAS DISPUTAS HAMMUDÍES Y OMEYAS POR CÓRDOBA

LAS DISPUTAS HAMMUDÍES Y OMEYAS POR CÓRDOBA

La alegría del califa Ali ibn Hammud duró poco. En 1017, el señor de la Taifa de Almería, Jayrán, alzó a un pretendiente omeya, Abd al-Rahman IV al-Murtada. Jayrán solo había apoyado a Ali para deshacerse del califa Sulayman al-Musta’in, quien había provocado el éxodo de muchos saqaliba de Córdoba. Jayrán deseaba que Hisham estuviera vivo para usarlo como títere, al igual que habían hecho los amiríes o Wadih. Al confirmarse su muerte, buscó a otro omeya. Ali preparó una expedición para apresar a Jayrán, pero tuvo que cancelarla debido al mal tiempo.

Ali ibn Hammud frente a Abd al-Rahman IV, por María Dolores Rosado Llamas.

Jayrán logró formar una coalición más amplia con el apoyo militar de Mundir ibn Yahya de Zaragoza, los reyes de la Taifa de Valencia y algunos mercenarios catalanes. Esto provocó un cambio en la forma de gobernar de Ali ibn Hammud. El califa hammudí empezó a temer por su posición, se volvió autoritario y abandonó su justicia imparcial para favorecer a los bereberes. Ordenó requisar armas de los civiles de Córdoba, impuso nuevos impuestos, llenó la ciudad de espías y confiscó propiedades a quienes sospechaba de conspirar contra él. Según el cronista Ibn Hayyan, que no veía con buenos ojos a los hammudíes, las calles de Córdoba estaban desiertas de día debido al clima de terror instaurado por el gobierno autoritario.

El ejército de los partidarios de al-Murtada avanzó por Jaén. Poco antes de que Ali pudiera salir con su ejército a enfrentarlos, tres sirvientes, probablemente sobornados por Jayrán, lo asesinaron en marzo de 1018 mientras se bañaba. No se sabe si ocurrió en Córdoba o en Jaén. Es destacable que el cuerpo de Ali ibn Hammud fuera enterrado en Ceuta, y no en Córdoba, como era costumbre entre los omeyas. Por las monedas que acuñó sabemos que Ali había designado heredero a su hijo Yahya, que gobernaba en Ceuta.

Sin embargo, los bereberes zanata del ejército hammudí ofrecieron el trono al hermano mayor del fallecido, al-Qasim, de 61 años. Es comprensible que quisieran llenar rápidamente el vacío de poder y buscar a alguien que ofreciera más garantías de seguridad y estabilidad que un veinteañero inexperto como Yahya. Además, al-Qasim estaba en Sevilla, mucho más cerca que Yahya, y el tiempo apremiaba en momentos de incertidumbre. No obstante, esta decisión de ignorar los derechos dinásticos de Yahya provocó más tarde disputas entre las dos ramas familiares hammudíes, lo que debilitó al Califato hammudí y facilitó su declive hasta su desaparición en 1056.

En su ceremonia de proclamación, al-Qasim declaró perdonar a todos los habitantes de al-Ándalus, independientemente de su color de piel, e instó a la población a regresar a la obediencia, advirtiendo que castigaría sin favoritismos a quienes no lo hicieran. Los cronistas, incluso los proomeyas, lo describen como un musulmán piadoso. Además, al-Qasim abolió un impuesto extraordinario que obligaba a cada hombre con ciertos recursos a equipar y mantener a un soldado. Por lo menos en Córdoba fue más querido que su hermano.

En 1018 o 1019 4.000 soldados teóricamente leales a Abd al-Rahman IV, antes de intentar asaltar Córdoba, se dirigieron a Granada para enfrentarse a los bereberes sinhaya liderados por Zawi ibn Ziri, el aliado más poderoso del califa al-Qasim. Al-Murtada quería que los sinhaya se unieran a su causa, pero Zawi respondió con aleyas coránicas rechazando la oferta. La batalla, sin embargo, fue puro teatro. Jayrán y Mundir ibn Yahya, en lugar de ayudar al califa que habían promovido, lo abandonaron en el campo de batalla, permitiendo que los 1.000 jinetes de élite de Granada masacraran a los soldados omeyas. Los contingentes catalanes huyeron en medio del desastre.

Para colmo, Jayrán envió hombres a Guadix que asesinaron al pretendiente al califato. No fue una victoria zirí por sus habilidades, sino por la traición de los supuestos aliados de al-Murtada. ¿Pero por qué lo traicionaron? Pues todo apunta a que Abd al-Rahman IV no era alguien dócil y los reyes de Almería y Zaragoza temían aupar a un soberano fuerte. Personajes como Wadih, Jayrán, o Muyahid solo quisieron repetir la jugada de Almanzor y usurpar el poder bajo un califa omeya títere, creando un estado dominado por los saqaliba, el equivalente andalusí a los mamelucos.

El cronista Ibn Hayyan habló con gran pesimismo sobre la muerte de al-Murtada, considerando que se esfumaron las esperanzas para restaurar el califato de los omeyas. No se equivocaba, pues todos los intentos posteriores de restauración omeya quedaron limitados a Córdoba, sin implicación de las taifas. Y es que este también fue el último intento serio de los saqaliba para restaurar el sistema de gobierno amirí. Además, en estas circunstancias los omeyas se dispersaron geográficamente y sufrieron la apatía y desdén de la gente, e incluso algunos fueron perseguidos en algunos lugares.

Zawi ibn Ziri envió un parte de victoria a al-Qasim, entregándole parte del botín y el pabellón de al-Murtada como trofeo de guerra. Al-Qasim exhibió el botín para que los cordobeses entendieran que los omeyas no iban a volver. Al-Qasim llegó a un acuerdo con algunos reyes de taifa para reconocer su dominio. Reconoció el gobierno de Mundir ibn Yahya de Zaragoza, así como de Jayrán en Almería y Murcia y al también saqaliba Zuhayr en Jaén, Calatrava y Baeza. Parecía que al-Qasim podía restablecer poco a poco la normalidad y la unidad del país.



Soldado califal ‘abid, combatientes generalmente africanos negros (las fuentes árabes los llaman sudan), por Sandra Delgado.

Sin embargo, dos hechos hicieron que al-Qasim perdiera el control de Córdoba. El segundo califa hammudí formó una guardia personal de negros, no se sabe si mercenarios o esclavos, para tener una facción leal, pero eso le hizo perder el apoyo de algunos grupos bereberes. Su sobrino Yahya ibn Ali no había ocultado hasta entonces que no estaba conforme con que se hubieran saltado sus derechos dinásticos, y había acuñado monedas en Ceuta y Málaga presentándose como heredero de al-Qasim hasta el año 1021. Su tío hacía oídos sordos y había designado a un hijo suyo como sucesor.

Yahya abandonó Ceuta y tomó refugio en Málaga, gobernada por su hermano Idris, para recabar apoyos y deponer a su tío. A mediados de 1021 se sublevó y derrocó a al-Qasim con la ayuda de ejércitos saqaliba. Los bereberes de Medina Sidonia, Morón, Arcos y Jaén no se movilizaron para apoyar a al-Qasim, así que este optó por irse de Córdoba sin presentar batalla y se retiró a Sevilla. Yahya, de 26 o 27 años, fue ampliamente aceptado en un principio en Córdoba en agosto de 1021. Rebajó a la mitad el impuesto del jarach, liberó a gente de las cárceles y mantuvo buenas relaciones con los ulemas.

Los cronistas presentan a Yahya como un patrón de poetas, el más valiente, generoso y sobresaliente califa de todos los hammudíes, aunque como defecto decían que era vanidoso. El linaje de Yahya no podría ser más noble, pues descendía de la familia del Profeta tanto por parte de padre como de madre. Sin embargo, pocos territorios reconocieron a Yahya aparte de las regiones que controlaba directamente. Sevilla, Algeciras y Tánger seguían en manos de al-Qasim, y Zaragoza y Valencia también lo seguían reconociendo, aunque con pocos efectos prácticos.

La guerra entre los hammudíes prosiguió. Sabemos que en febrero de 1022 hubo una batalla en Triana entre los soldados de al-Qasim y de Yahya, en la que los partidarios de al-Qasim perdieron. En 1022 al-Qasim de alguna manera apoyó a un nieto de Almanzor, que se hizo con el control de Jaén durante unos siete años y desplazó del poder a la dinastía bereber de los Banu Ifran. De este modo, al-Qasim debilitó a su sobrino, haciendo que aliados suyos perdieran territorios. Al-Qasim también estuvo vinculado con este hijo del háyib al-Muzaffar por el hecho de que su madre era una de las concubinas que fue pasando de harén en harén hasta llegar a al-Qasim, y fue esta madre quien financió la aventura jienense.

Los bereberes zanata volvieron a apoyar a al-Qasim, y es posible que los cordobeses también se alzasen contra Yahya y prendiesen fuego al alcázar en febrero de 1023. Así que Yahya tuvo que huir de Córdoba y refugiarse en Málaga. Según el cronista al-Maqqari, su hermano Idris le habría avisado de que notables malagueños contactaron con Jayrán de Almería para dejar de reconocerlo, así que es posible que Yahya prefiriera consolidarse en una ciudad costera orientada al Magreb en lugar de aferrarse a Córdoba con el riesgo de perderlo todo. Tras esto, al-Qasim regresó a la antigua capital de los omeyas.

La oposición de sus sobrinos hizo que al-Qasim durara poco en el gobierno cordobés. Yahya conquistó Algeciras, una plaza fuerte de al-Qasim que guardaba buena parte de sus recursos económicos. Por su parte, su hermano Idris se apoderó de Tánger, con lo que pasaron a controlar el estrecho de Gibraltar y todos los beneficios económicos y estratégicos que ello reportaba. Esto, sumado al maltrato de los bereberes hacia la gente del zoco, provocó una revuelta de los cordobeses en septiembre de 1023.

Los rebeldes cordobeses asediaron el alcázar y hubo un intenso enfrentamiento entre el pueblo y el ejército amazigh y de negros de al-Qasim. Al-Qasim salió de la medina de Córdoba, pero luego se atrincheró en los arrabales occidentales y asedió Córdoba durante varias semanas. Los cordobeses terminaron por salir y derrotaron a los bereberes leales al hammudí. Al-Qasim decidió huir de Córdoba e intentó nuevamente encontrar refugio en Sevilla con sus hombres.

Sevilla almohade desde el sur

Pidió a los sevillanos que desalojaran 1.500 viviendas para instalar a su ejército, pero los sevillanos, enterados de la derrota de al-Qasim, no querían que soldados magrebíes perturbaran la paz en Sevilla. Así que expulsaron al hijo de al-Qasim de la ciudad y cerraron las puertas de la medina. El líder de la revuelta fue el cadí de Sevilla, Muhammad ibn Ismail ibn Abbad, quien poseía un tercio de las propiedades y rentas de la ciudad y que se convirtió en fundador de la dinastía abbadí.

El primer soberano abbadí durante unos años reconoció a Yahya como califa y le entregó tributos y a su hijo de rehén, el que reinaría como al-Mu’tadid, pero los sevillanos rechazaron que entrasen en la ciudad Yahya y sus tropas porque no querían bereberes allí. Al-Qasim se refugió en Jerez, pero Yahya ibn Ali sometió la población a un asedio. Tras muchas bajas en ambos bandos, capturó a su tío en 1024 o 1025. Al-Qasim fue estrangulado en la cárcel de la alcazaba de Málaga más de diez años después.

Por su parte, los cordobeses amotinados se vieron en la necesidad de proclamar a un nuevo califa de la dinastía omeya. Para hacer la elección entre tres candidatos omeyas, se organizó un consejo, presumiblemente compuesto por alfaquíes y ministros, ante el pueblo llano y las élites. Un candidato parecía el favorito, pero entonces Abd al-Rahman V entró acompañado de un gran número de seguidores y soldados, con la intención de intimidar y demostrar que contaba con los apoyos necesarios para ser califa. Así fue proclamado en noviembre de 1023.

El gobierno de Abd al-Rahman V duró solo cuarenta y siete días debido a su persecución contra quienes habían apoyado la candidatura de otros omeyas y por colocar a jóvenes inexpertos en posiciones de poder. La hacienda estaba arruinada y, para compensar, se dedicó a expoliar bienes de la gente que se marchaba de la decadente antigua capital de al-Ándalus. No tenía ningún reconocimiento más allá de Córdoba. El detonante de la revuelta de enero de 1024 fue su decisión de dar la bienvenida a jinetes bereberes, lo que indignó a los cordobeses, que no estaban dispuestos a permitir que estos ocuparan posiciones de poder tras haber derramado tanta sangre para expulsarlos.

Califas de Córdoba de la fitna, 976-1031

Los cordobeses amotinados liberaron a represaliados de la cárcel, mataron a los guerreros bereberes acogidos por el califa y, al entrar en el alcázar, encontraron por casualidad a un príncipe omeya, a quien decidieron proclamar como califa. Así, auparon al poder a Muhammad III. Abd al-Rahman V intentó esconderse en los hornos de los baños, pero lo encontraron y ejecutaron. Las crónicas condenan que los guardias se repartieran a las mujeres del harén de Abd al-Rahman V y las violaran.

Sin embargo, este tipo de actos no era tan excepcional como se decía. La transgresión de normas sociales fue una constante durante la fitna del Califato de Córdoba, y en específico, la violencia contra las mujeres servía para humillar a los hombres enemigos. Por ello, en ocasiones, los propios hombres, al prever su derrota, mataban a sus hermanas, esposas, concubinas o hijas para evitar que fueran esclavizadas o violadas. Esta violencia específica contra las mujeres en contextos de guerra ha sido, y sigue siendo, una constante en la historia humana.

Muhammad III demostró ser otro gobernante incompetente y dado al libertinaje, alguien que no despertaba respeto y al que llamaban cobarde y gordo. Fue motivo de chascarrillos que ofreciera puestos de poder a personas del pueblo llano; estos, al principio, se ilusionaban creyendo que era un gran honor, pero luego terminaban queriendo renunciar porque no recibían ningún beneficio material debido a la bancarrota del tesoro omeya. La situación económica, ya de por sí penosa, se agravó con el gran terremoto de al-Ándalus de 1024.

Algunos cordobeses quisieron proclamar califa a otro omeya, pero se arrepintieron. En respuesta, Muhammad III encarceló al famoso poeta Ibn Hazm, lo que provocó que otros personajes que habían apoyado al califa anterior, como el poeta Ibn Suhayd, abandonaran Córdoba por Málaga y pidieran la intervención del califa hammudí Yahya ibn Ali. El descontento en Córdoba convenció a Yahya de que el ambiente era propicio para volver a ocupar la ciudad. Al enterarse de estos planes, Muhammad III huyó de Córdoba en junio de 1025 disfrazado de cantora. Sin embargo, sus acompañantes lo traicionaron, le robaron todo su dinero y lo asesinaron.

Yahya se tomó con calma el recuperar Córdoba y no entró en la ciudad hasta noviembre, lo que demuestra la poca importancia que tenía ya la vinculación de Córdoba con el califato. Yahya ibn Ali abandonó Córdoba por Málaga en marzo y dejó a un lugarteniente bereber de la dinastía de los Banu Ifran para que gobernara en su nombre. Sin embargo, a los dos meses un motín de cordobeses volvió a estallar, y según el cronista Ibn Idari, mataron a 1.000 magrebíes. Por petición de los cordobeses, Jayrán de Almería y Muyahid de Denia ocuparon la ciudad durante unas semanas, pero al no ponerse de acuerdo para establecer un gobierno estable, los cordobeses tuvieron que decidir por sí mismos su futuro.

  

miércoles, 6 de mayo de 2026

BARQUITAS DE PIZZA DE CALABACÍN

 

BARQUITAS DE PIZZA DE CALABACÍN

Ingredientes

1 calabacín grande

1 tomate grande

2 dientes de ajo

 

 

1 cucharada de aceite de oliva virgen extra

1 bola de mozzarella fresca

Albahaca fresca

Orégano seco

Sal

Pimienta negra recién molida

Elaboración

Precalentamos el horno a 210º.

Picamos los 2 dientes de ajo finamente, picamos el tomate finamente, los colocamos cada uno en un recipiente aparte y reservamos.

Cortamos el calabacín grande por la mitad horizontalmente; deberíamos obtener 4 trozos. Con una cuchara, quitamos las semillas de cada trozo del calabacín, dejando un borde de 0,5-6 cm en cada extremo.

Distribuimos uniformemente primero los tomates y luego el ajo en cada trozo de calabacín,  rociamos con un poco de aceite de oliva virgen extra sobre cada uno y sazonamos con sal marina y pimienta negra recién molida.

Distribuimos uniformemente 1 bola de mozzarella fresca en cada barquita de pizza, rompemos la mozzarella con las manos al añadirlas a cada barquita de calabacín y sazonamos con orégano seco por encima.

Colocamos las barquitas de pizza de calabacín en una bandeja para hornear forrada con papel sulfurizado y la metemos en el horno durante 18 minutos aproximadamente.

Una vez cocidas, retiramos la bandeja del horno y dejamos reposar las barquitas de pizza de calabacín durante unos 5 minutos.

Colocamos las barquitas de pizza de calabacín en un plato y la cubrimos con albahaca fresca picada.

¡Buen provecho!

WRAPS DE ESPINACAS MEDITERRÁNEO CASERO

 

WRAPS DE ESPINACAS MEDITERRÁNEO CASERO

Los wraps, son tan versátiles y se pueden rellenar con casi cualesquier ingredientes que se te ocurra. Normalmente compro wraps multigrano y siempre tenemos a mano en casa.

 

Ingredientes

3 cucharadas de hummus de pimiento rojo asado

1 rebanada de Salmon ahumado

2 cucharadas de cebolla picada

2 cucharadas de tomates picados en dados

Espinacas frescas

1 yogur griego

Sal

Pimienta negra recién molida.

 

Elaboración

En un bol, ponemos el hummus de pimiento rojo asado, la rebanada de Salmon ahumado, cortada en dados o tiras, las 2 cucharadas de cebolla picada, las 2 cucharadas de tomate picado en dados, las hojas de espinacas cortadas , el yogur griego y salpimentamos a nuestro gusto. Removemos bien para que todos los ingredientes estén bien integrados e impregnados del hummus y el yogur griego.

En una sarten para asar a fuego medio. Una vez caliente, cocinamos cada tortilla de wraps entre 30-45 segundos por cada lado. No las debemos cocinar demasiado o no las podremos enrollar.

Una vez las tortillas de wraps calientes, las vamos sacando de la sarten y las rellenamos y enrollamos.

¡Buen provecho!

HUMMUS CASERO DE PIMIOENTO ROJO ASADO

 

HUMMUS CASERO DE PIMIOENTO ROJO ASADO

No sabe igual el hummus casero, que el que compramos en los supermercados. El casero es mas natural, y lo mas importante que lo haces a tu gusto y con los productos que tienes más a mano.

 

Ingredientes

1 pimiento rojo

3 dientes de ajo

1 taza de garbanzos en conserva

1 cucharada de pasta de tahini tostada (lo encuentras en los supermercados)

1 limón

½ cucharadita de pimentón ahumado

1 cucharada de agua

¼ de taza de aceite de oliva virgen extra + para rociar

Sal

Pimienta negra recién molida

Albahaca para decorar

 

Elaboración

Precalentamos el horno a la temperatura máxima.

En una bandeja de hornear, colocamos el pimiento rojo, lo rociamos con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y sazonamos con sal. Envolvemos 2 dientes de ajo en papel de aluminio y agregamos también a la bandeja de hornear, lo introducimos en el horno entre 18-20 minutos.

En el vaso de la batidora agregamos la taza de garbanzos, enjuagados y limpios, agregamos también 1 cucharada de pasta de tahini tostada, el julio de 1 limón, ½ cucharadita de pimentón ahumado y 1 diente de ajo crudo.

Una vez que el pimiento y los ajos se hayan asados y enfriados, los pelamos y agregamos también al vaso de la batidora, junto con ¼ de taza de aceite de oliva virgen extra, 1 cucharada de agua, salpimentamos al gusto.

Trituramos todo durante 3-4 minutos o hasta obtener una pasta suave.

Agregamos el hummus a un cuenco o bol, lo cubrimos con film transparente y lo metemos en el frigorífico durante 1 hora aproximadamente, para que todos los ingredientes desarrollen todos sus sabores.

Cuando esté listo para servir rocía con un poco de aceite de oliva virgen extra y decora con unas hojas de albahaca y una tira de pimiento asado, o como mas te guste, la cocina es un mundo libre.

¡Buen provecho!