viernes, 22 de mayo de 2026

MACARRONES CON CHORIZO

 

MACARRONES CON CHORIZO


Ingredientes

300 gr de macarrones

100 gr de chorizo

1 loncha gruesa de jamón serrano

599-699 gr de salsa de tomate

1 cebolla

1 pimiento rojo mediano

1 pimiento verde mediano

1 cucharadita de pimentón dulce

Vino tinto

Queso rallado

Aceite de oliva

 Sal

 

Elaboración

Para ahorrar tiempo, cocemos los macarrones al dente. Mientras tanto, picamos finamente la cebolla y los pimientos. En una sarten con aceite de oliva, sofreímos la cebolla y los pimientos hasta que estén dorados y bien sofritos.

Añadimos el chorizo cortado en rodajas , el jamón serrano cortado en trozos pequeños (dados), el pimentón dulce, removemos bien y añadimos un vasito de vino tinto, cocinamos hasta que el vino se reduzca. Retiramos la cebolla y los pimientos de la sarten y, una vez escurridos los macarrones, los añadimos a una cacerola con un poco de aceite de oliva y salteamos 1 minutos . Por último, agregamos el tomate, el sofrito y mezclamos bien todos los ingredientes.

Servimos con queso rallado por encima.

¡Buen provecho!

 

EL FIN DE SANCHUELO.

 

EL FIN DE SANCHUELO.


   Los omeyas, que se habían visto relegados del trono, encontraron un aliado singular: la madre del difunto Abd al-Malik al-Muzaffar, llamada al-Dhalfa. Sospechaba la mujer que su hijo había sido envenenado a instancias de Sanchuelo y deseosa de vengar su muerte se alió con los descendientes de al-Nasir, prometiéndoles ayuda material, pues era inmensamente rica, si emprendian alguna acción contra el hijo pequeño de Almanzor. Eligieron para el golpe de Estado a un descendiente omeya, bisnieto de Abd al-Rahman III, Muhammad ben Hisham ben Abd al-Chabbar. A pesar de la nobleza de su linaje, Muhammad tenía un aire plebeyo y se encontraba a sus anchas entre el populacho más bajo de la ciudad de Córdoba. Tal vez por eso le eligieron para dar ese golpe de mano. Con el dinero de al-Dhalfa, se dedicó a comprar voluntades con lo que el número de sus adeptos se multiplicó. Sólo se esperaba que Sanchuelo llegase al confín más alejado, dentro de la Península, para proceder a desencadenar la revuelta.

   El regente había dejado al-Zahira a cargo de tres personas de toda su confianza: el visir, el secretario de Estado y el prefecto de su residencia. Pero lo primero que hizo Muhammad ben Hisham fue atacar el Alcázar, donde se encontraba el califa. El 15 de febrero de 1009, los correos trajeron noticias de que Sanchuelo entraba en territorio enemigo, lo que fue aprovechado por los conjurados para rodear el palacio califal. Las cárceles se abrieron y todos los condenados se unieron al movimiento de los sublevados.
   Hisham II comprendió que estaba en peligro y mandó cerrar las puertas del Alcázar, mientras se exhibía desde una terraza. Pensaba que su presencia, entre ejemplares del Corán, impondría respeto y cordura, pero fue acogido entre burlas. Se retiró a su oratorio privado, dando órdenes de que no se disparase sobre los amotinados. El jefe de la rebelión, por su parte, ordenó que el Alcázar se tomase lo antes posible. Con escalas sujetas a los muros, las masas fueron entrando en el palacio por los tejados, sin que nada contuviese su avance. Los asaltantes se hicieron con los depósitos de armas y comenzaron el saqueo. El califa, sintiéndose perdido, envió un mensaje a Muhammad por el que se comprometía a quitar el poder a los amiríes, devolverlo a los omeyas y designarle heredero. Muhammad, dueño de la situación, le hizo llegar a Hisham otro mensaje, en el que él imponía sus condiciones al califa, que no tuvo más remedio que aceptar. El Alcázar quedó abierto y Muhammad se instaló en el salón del trono, donde pasó la noche dictando consignas a sus ardientes partidarios.


   Estas noticias llegaron a al-Zahira, que se puso en sobre alerta para defender la residencia amirí. Los primeros revoltosos fueron rechazados por una salida de la guarnición, pero como anochecía, las hostilidades quedaron suspendidas hasta el día siguiente.
   Las primeras medidas que tomó Muhammad fueron muy acertadas. Hizo que la multitud abandonara el Alcázar y que se protegiese la entrada del harén. Envió un eunuco a Hisham, que continuaba refugiado en su oratorio privado, para invitarle a que abdicara en su favor. El califa lo aceptó y, esa misma noche, fueron convocados todos los altos dignatarios y todos los alfaquíes para que jurasen al nuevo soberano. Dos notarios recogieron la renuncia de Hisham II y se invistió a Muhammad con arreglo a la tradición, con el mismo ceremonial con el que se designaba a los califas. El nuevo califa adopto el sobrenombre de al-Madhí bi-allah, " el bien dirigido por Dios ".
   Al día siguiente Muhammad dio la oportunidad a toda la plebe de incorporarse al ejército, en gratitud por haberle ayudado a acceder al trono con tanta facilidad, en calidad de milicianos remunerados. Pero no eran más que soldados ruines, sedientos de botín y, enviados a saquear al-Zahira, no dejaron piedra sobre piedra. La residencia se entregó a cambio de que sus habitantes pudieran salvar la vida. No se respetaron ni los gineceos de Almanzor y sus hijos. A las mujeres que allí estaban y que eran de condición libre, se las dejó marchar, mientras que las que eran esclavas, pasaron a poder del nuevo califa. Al-Dhalfa fue tratada con todo respeto, pero ella, por si acaso, ya había puesto su fortuna a buen recaudo, en Córdoba.
   Al-Zahira cuando ya había sido despojada de todo, hasta de las vigas de madera, puertas o tazas de mármol, quedó reducida a escombros, de tal manera, que el tiempo se ha encargado de borrar de manera total, sin que nunca se haya encontrado el más mínimo vestigio de ella.
   ¿ Cuál iba a ser la reacción de Sanchuelo ?
Además de estar bien vivo, contaba con las fuerzas del ejército regular, con el que podría defenderse. Era de suponer que volviese, a uña a caballo, a recuperar su puesto y que la ciudad se aprestase a la defensa.  Para contar con las adhesiones de los más reticentes, Muhammad abolió varios impuestos y reforzó la medida, con que, desde el minarete de la mezquita, se lanzasen maldiciones contre el usurpador amirí.
   Estas noticias le llegaron a Sanchuelo estando en Toledo y en lugar de correr hacia Córdoba perdió el tiempo en recibir el juramento personal de todos los soldados que le acompañaban. Empezaron las deserciones. El jefe zeneta dijo que no se podía combatir a los cordobeses sin atraer la desgracia sobre sus familias que se habllaban en la ciudad. Muchos consideraban que Sanchuelo era demasiado mal musulmán para que le debieran lealtad... Se encontraba cada vez más desamparado. Desde Calatraba, tomó el camino a Córdoba y el 28 de febrero de 1009 llegó a dos jornadas de la capital. Hicieron noche y desertaron todos los beréberes. Sólo podía contar con el gobernador de Medinaceli, Wadith, pero no se sabe por qué no recurrió a él.


   Un conde cristiano, de la familia de los Beni Gómez de Carrión, que le acompañaba, le aconsejó volver a Medinaceli, pero Sanchuelo quería llegar a Córdoba. Es sorprendente que este conde cristiano no quisiera abandonarlo, cuando se veía que su aventura no podía tener buen final.
   En una nueva jornada llegó hasta Guadalmellato, donde murió su hermano, y en una quinta de placer que allí había, instaló a las sesenta mujeres de su harén que le acompañaban en la campaña. Él fue a pedir hospitalidad a los monjes del vecino convento mozárabe. Al día siguiente, el 3 de marzo, llegaron tropas enviadas por Muhammad con orden de apresarlo. Detuvieron a Sanchuelo, con un puñal que llevaba escondido, intentó quitarse la vida sin conseguirlo, y fue muerto al instante, al igual que el conde cristiano, que no pronunció una sola palabra. Sus cuerpos fueron expuestos en Córdoba, donde el populacho se cebó con ellos.

 

ABD AL-RAHMAN " SANCHUELO ".

 

ABD AL-RAHMAN " SANCHUELO ".

   A la muerte de Abd al-Malik, su hermano, Abd al-Rahman " Sanchuelo " se aferró al poder en Córdoba. Muy poco duró esta "regencia " del tercer amiri, tras la que se desencadenó una crisis política sin precedentes en al-Andalus. Duraría veinte años y produciría la caída definitiva del califato omyeya en Occidente. Estalló la guerra civil que se extendió hasta a las regiones más remotas de las Marcas. La sangre corrió a raudales, en una época de caos y de anarquía. La fitna, que es como designa en árabe la revolución andaluza de los inicios del siglo XI, destrozó al país y ya jamás volvería a recuperarse por completo.
   Sanchuelo nacido entre 983 y 986, era hijo de ibn Abi Amir al-Mansur, el Almanzor de las crónicas, y Abda, nombre árabe que adoptó una de las esposas del caudillo amirí, hija de Sancho Garcés II de Pamplona y Urraca Fernández. Se dice que el parecido físico con su abuelo hizo que le denominaran Sanchuelo.
Era todavía muy joven, quizás unos 25 años, cuando decide que será el sucesor de su hermano. Almanzor sabía muy bien cómo era su hijo y nunca se hizo demasiadas ilusiones sobre sus aptitudes y sus capacidades. Era un ser mediocre y, como todos los mediocres, vanidoso y dado a la vida desordenada. Sin embargo, Hisham II y Sanchuelo parecían tener muchas cosas en común, y de hecho se entendían de


maravilla. Ambos eran de madres vasconas y esto parecía que era un nexo de unión entre ellos. Les gustaba divertirse juntos, en fiestas en las que se bebía en abundancia, entre danzantes, bufones e invertidos, y que duraban, a veces, días y noches enteras. Esta actitud disgustaba enormemente al pueblo que, además, cada día se sorprendía con las insólitas iniciativas del nuevo mandatario. Pero la mayor de estas sorpresas llegó cuando Hisham II, en un acta que contaba con todos los requisitos legales, designaba heredero del reino de al-Andalus a Sanchuelo.
   Ni Almanzor ni Abd al-Malik jamás se hubieran atrevido a tanto. Claro que la inteligencia política de ambos les había puesto en sobreaviso que, una medida así, podría muy bien soliviantar a toda la población musulmana que los respetaba. Sanchuelo carecía de ese talento, pero se aseguró el concurso de dos altos personajes del Estado que, hacía tiempo, estaban, de manera incondicional, al lado de los amiríes: el gran visir de la capital y el secretario oficial.
   Hisham II no tenía hijos que pudieran sucederle, pero parece que esta petición de Sanchuelo le causó tanto estupor como molestia, pero los alfaquíes, previamente comprados y elegidos cuidadosamente para que fuesen proclivea a los deseos de Sanchuelo, lograron disipar los escrúpulos del califa con respecto a una decisión tan grave para el porvenir de la dinastía omeya. Se redactó un acta de investidura y se leyó, solemnemente, en la sala de honor del Alcázar cordobés, siendo firmada por todos los dignatarios presentes.
   El decreto califal dice que deseando el califa despejar la incógnita de su sucesión, dando así tranquilidad a su pueblo, ha elegido a Abd al-Rahman Sanchuelo porque no encuentra a nadie tan digno como él para ocupar tan alto puesto. Su espíritu, que ha procedido a esta elección libremente, basándose en la inspiración divina, no le ha permitido elegir entre sus parientes marwaníes.


   Pero esta extraña elección no fue ratificada por el pueblo. Los descendientes de Abd al-Rahman III, que eran muchos, alimentaron el malestar que ya bullía en la población, esperando el momento oportuno para dar un golpe de Estado. Llegados a este punto, Sanchuelo hubiera podido obrar con discreción, intentando congraciarse con los descontentos, pero hacía todo lo contrario, con medidas ridículas, absurdas, preludio de la catastrófica situación que se avecinaba.
   La ocasión esperaba por los que se oponían a Sanchuelo y a la designación de Hisham no tardó en presentarse. Además, en la España cristiana se estaba al cabo de la calle de lo que sucedía en Córdoba, y Sancho García, el conde de Castilla, no ocultaba su desprecio por Sanchuelo, al que consideraba un verdadero inútil, según había podido comprobar personalmente. En pleno invierno, cuando los caminos estaban intransitables por las lluvias y el lodo, decidió Sanchuelo ponerse en campaña contra los cristianos, a pesar de las advertencias de los oficiales eslavos que tenían pruebas de que en Córdoba se preparaba alguna sublevación.

al-Andalus....libro de Concha Masiá.

 

miércoles, 20 de mayo de 2026

ALMOIXÁVENA

 

ALMOIXÁVENA

La influencia musulmana en España se aprecia en numerosos monumentos, pero también en su gastronomía. La almoixávena es un postre de origen árabe, típico de la comunidad valenciana, especialmente de las comarcas de Xàtiva y la Costera. Este postre también se conoce como almoixávena, monxávena o monjavina. Tradicionalmente se preparaba los jueves durante la cuaresma o el carnaval, pero hoy en día se elabora todos los jueves en cualquier pastelería debido a su gran popularidad.

 

Ingredientes

180 ml de agua

160 gr de harina

90 ml de aceite de girasol

5 huevos

60 gr de azúcar

1-2 cucharaditas de canela molida

Una `pizca de sal

Un poco de mantequilla-

 

Elaboración

En una cacerola con el agua a fuego medio con el aceite de girasol, llevamos ebullición.

Cuando el agua comience a hervir, añadimos toda la harina de golpe y una pizca de sal, removiendo rápidamente mientras retira la cacerola del fuego. Removemos hasta que la masa ya no este pegajosa y se despegue de los lados de la cacerola. Dejamos que se enfríe un poco y tu pasta choux estará lista.

Una vez que la masa se haya enfriada, agregamos los huevos de un en uno, revolviendo bien después de cada adición, hasta que estén completamente incorporados. Agregamos el siguiente huevo solo después de que el anterior se haya mezclado bien e integrado em la masa. El resultado será una masa suave y brillante.

Extendemos la masa sobre una bandeja para hornear forrada con papel vegetal. Usamos una espátula para que quede lo más fina y uniforme posible. Si quieres añadir manteca o mantequilla, colócalas en trocitos pequeños por encima.

Mezcla el azúcar y la canela en un recipiente y espolvorea la mezcla sobre la masa.

Colocamos la fuente con la masa de al almoixávena en el horno previamente calentado a 200º, y horneamos durante aproximadamente 20-25 minutos, hasta que la superficie esta dorada. Veremos aparecer las características burbujas de este postre.

Una vez sacado del horno, podemos verter salsa de chocolate por encima para que aun este mas deliciosa.

¡Buen provecho!

 

PATATAS MARINADAS GRANAINAS

 

PATATAS MARINADAS GRANAINAS

Estas patatas marinadas andaluzas. Conocidas como patatas marinadas granaínas, son posiblemente las patatas mas ricas que hayas probado. Tienen un sabor increíble. Ingredientes sencillos y cotidianos, y se elaboran en unos 40 minutos. Podemos servirlas como aperitivos o incluso como guarnición. En cualquier caso, es un plato que te llenara de satisfacción.

 

Ingredientes

1 k de patatas guarnición

5 dientes de ajo

1 pimiento rojo asado , puede ser en conserva

2 cucharadita de orégano seco

1 cucharadita de pimentón dulce

1 cucharadita de comino molido

1 cucharada de vinagre de vino blanco

120 ml de vino blanco seco

3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta negra recién molida

Perejil fresco picado para decorar

 

Elaboración

Enjuagamos las patatas, luego las colocamos en una olla grande, todas en una sola capa, y llenamos con agua, la suficiente para cubrir. Sazonamos generosamente con sal y calentamos a fuego alto.

Mientras tanto, añadimos 4 dientes de ajo a un mortero, con un poquito de sal, junto con el pimiento rojo asado, el orégano, el pimentón dulce, el comino y pimienta negra recién molida. Majamos muy bien los ingredientes en el mortero, hasta que estén bien triturados y sea una pasta. Añadimos el vinagre y el vino blanco, mezclamos muy bien hasta su integración total con los ingredientes. Reservamos.

Aproximadamente 25 minutos después de cocción de las patatas , deberán estar bien cocidas, Podemos pinchar la con un palillo para asegurarnos de que están listas. Ern ese punto transferimos las patatas a un bol con agua helada para cortar la cocción.

Una vez que las patatas están lo suficientemente frías como para manipularlas, las pelamos con cuidado y las colocamos en un bol grande, y vertimos sobre ellas la marinada (majado) sobre las patatas y dejamos reposar durante 15 minutos.

En la misma olla a fuego medio añadimos el aceite de oliva virgen extra.

después de un par de minutos, agregamos 4 dientes de ajo picados gruesamente y mezclamos continuamente. después de 1 minuto, agregamos las patatas marinadas y salpimentamos al gusto, Agitamos suavemente la olla y cocinamos a fuego lento durante 5 minutos, o hasta que la marinada haya reducido a la mitad. Retiramos del fuego.

Transferimos las patatas y la salsa a una fuente para servir. Y decoramos con perejil muy picado.

¡Buen provecho!

 

MUHAMMAD B. AL-QASIM B. HAMMUD

 

MUHAMMAD B. AL-QASIM B. HAMMUD

Muḥammad b. al-Qāsim b. Ḥammūd, al-Mahdī. ?, p. s. XI – Algeciras (Cádiz), 440 H./16 junio 1048-4 junio 1049 C. Califa Ḥammūdí de Algeciras.

Rey de Taifa

Biografía

La dinastía Ḥammūdí tuvo dos ramas, derivadas de los hermanos ‛Alī y al-Qāsim. La principal, a la cual pertenecen la mayoría de los soberanos de la misma, fue la formada por los descendientes de ‛Alī. Como hijo de al-Qāsim al-Ma’mūn, Muḥammad pertenecía a la rama secundaria o menor, que sólo contó con dos representantes. Se ignora la fecha exacta de su nacimiento, pero sabemos que ya estaba vivo en ŷumādà II de 414/septiembre de 1023, cuando su padre fue expulsado de Córdoba, dirigiéndose a Sevilla donde, según narra Ibn ‛Iḏārī, estaban sus dos hijos, Muḥammad y al-Ḥasan, que fueron echados de la ciudad por los sevillanos.

Inicialmente, el designio de al-Qāsim había sido que su heredero fuese su sobrino Yaḥyā b. ‛Alī, pero cuando este se rebeló contra él, revocó su decisión y otorgó la sucesión califal a su hijo Muḥammad, tal y como consta a través de monedas acuñadas en 1022-1023 en las que se le da el título de “príncipe heredero”. Sin embargo, su voluntad no pudo cumplirse, ya que al-Qāsim fue finalmente derrocado en 1023 por Yaḥyā, quien lo encarceló en la alcazaba de Málaga, donde permaneció durante trece años. Allí murió finalmente asesinado en ša‛bān de 427/30 mayo-27 junio 1036 por orden del hermano del anterior, su sobrino Idrīs I al-Muta’ayyad. Su cadáver fue enviado a Algeciras, donde estaban desde su derrocamiento sus dos hijos.

Cuatro años después de haber derrocado a su tío al-Qāsim murió Yaḥyà b. ‛Alī, el 11 noviembre 1035. Sus dos primos, Muḥammad y Ḥasan, habían sido enviados a Algeciras cuando su padre fue encarcelado y allí permanecían bajo la custodia del gobernador de la ciudad, llamado Ibn al-Ḥaŷŷāŷ, según narra la crónica magrebí al-Mu‛ŷib. Los lazos familiares entre los primos estaban fortalecidos mediante alianzas matrimoniales, ya que Yaḥyā estaba casado con Fátima, hija del propio al-Qāsim, y la esposa de Muḥammad era hermana de Yaḥyā. Al parecer, cuando murió Yaḥyā, Muḥammad fue reconocido por la guarnición beréber como señor de la ciudad, si bien no adoptó la dignidad califal. En cualquier caso, ello suponía la escisión entre las dos principales ciudades peninsulares bajo dominio de la dinastía Ḥammūdí, cuya sede originaria había sido Málaga y que además había ejercido el control de Ceuta, logrando así un dominio estratégico de toda la zona del Estrecho.

La capacidad de gobierno de Muḥammad en Algeciras, sin embargo, no parece haber sido muy amplia, al menos a juzgar por el único dato que tenemos respecto a su actuación, relativo al intento de apoderarse de la ciudad protagonizado por Abū-l-Fawz Naŷā’ al-‛Alawī en 1042, que narra el cronista Ibn ‛Iḏārī. Éste había sido, junto al beréber Mūsà b. al-Baqannā, el más alto dignatario Ḥammūdí. Al morir envenenado el califa Ḥasan al-Mustanṣir, Naŷā’ se sublevó en Ceuta y trató de apoderarse de Algeciras, siendo entonces la madre de Muḥammad, Sabī‛a, la que salió a su encuentro y lo hizo desistir de su propósito, dirigiéndose entonces a Málaga. Dado que, como hemos visto, Muḥammad ya era un niño en 1023, su edad en este momento debía de ser, como mínimo, de veinte años. Puede que fuese, tal vez, esta bisoñez la que explique el protagonismo de la madre en este episodio.

Sin embargo, Muḥammad acabó adoptando el título califal, si bien debido a la fuerza de las circunstancias y no por propia iniciativa. Según narra el ya citado Ibn ‛Iḏārī, en el año 439/28 junio 1047-15 junio 1048 un grupo de caudillos beréberes, descontentos con el gobierno del califa malagueño Muḥammad b. Idrīs, que ostentaba el título desde el año anterior, acordó proclamar a Muḥammad b. al-Qāsim. Entre ellos se encontraban Isḥāq al-Birzālī, soberano de Carmona, Muḥammad b. Nūḥ, señor de Morón, ‛Abdūn b. Jazrūn de Arcos y el zīrí granadino Bādīs b. Ḥabbūs. Muḥammad decidió adoptar el título califal de al-Mahdī, el mismo que su rival malagueño, siendo invocado su nombre durante el sermón previo a la oración colectiva del viernes, uno de los símbolos de la soberanía en el Islam clásico. Ninguna fuente menciona la fecha exacta de su proclamación pero, al reseñar su muerte en 440/16 junio 1048-4 junio 1049, Ibn ‛Idārī afirma que su califato duró un año y ocho meses, lo que significa que debió ser elevado a la dignidad califal en 1047.

El título califal de al-Mahdī adoptado por Muḥammad b. al-Qāsim posee claras resonancias mesiánicas, ya que su significado es el de “bien encaminado” o “guiado por Dios”. Se trata de un concepto de tipo mesiánico y milenarista, que se basa en la creencia en una segunda intervención divina en la historia de los hombres. El mahdī es una figura escatológica que, en el momento del juicio final, deberá hacer reinar la justicia eterna. La doctrina islámica del mahdī se desarrolló originalmente en medios chiíes, ya desde el s. VIII, aunque se trata de un concepto también presente en ciertas tendencias sunníes (como los almohades), y ha habido mahdīs en diversos momentos de la historia del Islam.

En este preciso contexto, año 439/1047-1048, la crisis de la legitimidad califal había llegado a su momento más bajo en al-Andalus, pues había tres Ḥammūdíes que ostentaban dicha dignidad de forma simultánea: Muḥammad b. Idrīs en Málaga, Muḥammad b. al-Qāsim en Algeciras e Idrīs b. ‛Alī en Bobastro (Málaga). A ellos había que añadir un cuarto en Sevilla, el presunto Hišām al-Mu’ayyad, patrocinado por los Abadíes. Esta circunstancia provocó los lamentos de un legitimista omeya como Ibn Ḥazm, quien clamaba contra el escándalo que, a su juicio, suponía el hecho de que cuatro hombres que vivían en lugares que era posible recorrer en tres días pretendiesen ostentar el califato al mismo tiempo.

Tras ser proclamado y con la ayuda de quienes lo habían alzado al califato, Muḥammad pretendió unificar los dominios Ḥammūdíes y se dirigió contra Málaga, pero no tuvo éxito, debiendo regresar a Algeciras. Allí murió a los pocos días Muḥammad en 440/16 junio 1048-4 junio 1049, según la crónica al-Mu‛ŷib, que se hace eco de noticias que afirman que murió de tristeza, hemos de suponer que causada por dicha derrota. Por otro lado, aunque Muḥammad fue sucedido por su hijo al-Qāsim, se conservan cuños fechados entre los años 1051 a 1055 en los cuales sigue apareciendo el nombre y el título de su padre. Ello podría significar que la fecha que las fuentes narrativas dan de la fecha de la muerte de Muḥammad es incorrecta o, lo que parece más probable, que su hijo no llegase a proclamarse califa.

Bibliografía

F. Codera, “Estudio crítico sobre la historia y monedas de los Ḥammūdíes de Málaga y Algeciras”, en Museo Español de Antigüedades, VIII (1877), págs. 427-466

F. Guillén Robles, Málaga musulmana, Madrid, Imprenta de la Biblioteca Universal, 1880 (Málaga, Escuela de Estudios Árabes de Granada, 1957)

F. Codera, “Ḥammūdíes de Málaga y Algeciras”, en Estudios críticos de historia árabe española, Zaragoza, Andrés Uriarte, 1903 (Colección de Estudios Árabes, t. VII), págs. 301-322

A. Huici Miranda, Kitāb al-mu‛ŷib fī taljīṣ ajbār al-Magrib. Lo admirable en el resumen de las noticias del Magrib (traducción española), Tetuán, Editora Marroquí, imp. Cremades, 1955, págs. 58-63

L. Seco de Lucena, Los Ḥammūdíes, señores de Málaga y Algeciras, Málaga, Ayuntamiento de Málaga, 1955, págs. 39-40, 45-46 y 50-52

D. Wasserstein, The Rise and Fall of the Party Kings. Politics and Society in Islamic Spain, 1002-1086, Princeton (New Jersey), Priceton University Press, 1985

M.ª J. Viguera, Los reinos de taifas y las invasiones magrebíes, Madrid, Mapfre, 1992, págs. 119-120

F. Maíllo Salgado, La caída del califato de Córdoba y los Reyes de Taifas, Salamanca, Universidad, Estudios Árabes e Islámicos, 1993, págs. 119, 182-183, 192 y 204

M.ª J. Viguera (coord.), Los reinos de taifas. Al-Andalus en el siglo XI, Madrid, Mapfre, 1994

F. Clément, Pouvoir et légitimité en Espagne musulmane à l’époque des taifas (Ve-XIe siècle). L’imam fictif, París, L’Harmattan, 1997

M. Acién Almansa, “Los ḥammūdíes, califas legítimos de Occidente en el siglo XI”, en De Toledo a Huesca. Sociedades medievales en transición a finales del siglo XI (1080-1100), Zaragoza, 1998, págs. 45-59

Autor/es

  • Alejandro García Sanjuán

 

martes, 19 de mayo de 2026

ENSALADILLA RUSA

 

ENSALADILLA RUSA



Esta receta de  “ensaladilla ursa”, es una de tantas formas que podemos elaborarla, ya que como siempre digo ”la cocina es un mundo libre” y lo que cuenta es la imaginación y el placer al cocinar hacer algunas variaciones, aunque a veces no da el resultado apetecido, esta vez el resultado ha sido el deseado y deliciosa la ensaladilla rusa.

 

Ingredientes

3 patatas medianas

2 zanahorias

1-2 huevos cocidos

4-5 pepinillos pequeños

100 gr de atún en conserva

Aceitunas verdes sin hueso

1 pimiento del piquillo para decorar

1 lata pequeña de guisantes

Salsa alioli

Sal

 

Elaboración

Cocemos las zanahorias y las patatas en abundante agua con sal, durante 30 minutos o mas si es necesario. Una vez cocidas, sacamos y dejamos que las verduras se enfríen un poco, las pelamos y reservamos.

Hervimos los huevos en una cacerola con agua hirviendo durante 8 minutos. Una vez cocidos, enfriamos en agua fría y pelamos. Reservamos.

Escurrimos el atún, las aceitunas y los guisantes en un bol, para evitar el exceso de líquido en la ensalada.

Cortamos las patatas, las zanahorias y los pepinillos en dados pequeños y sazonamos con sal al gusto y agregamos al bol del atún, agregamos los huevos duros picados reservando un par de rodajas de decoración, los guisantes, las aceitunas en rodajas y el alioli casero.

Mezclamos bien todos los ingredientes. Para decorar, colocamos la ensalada en una fuente bonita y cubrimos con un poco más de alioli.

Decoramos con unas aceitunas unas rodajas de huevo duro y tiras de pimiento del piquillo.

¡Buen provecho!

 

 

lunes, 18 de mayo de 2026

POKE DE SALMÓN. AGUACATE Y GORGONZOLA

 

POKE DE SALMÓN. AGUACATE Y GORGONZOLA

Ingredientes

150 gr de quinoa cocida

150 gr de Salmon congelado

100 gr de Gorgonzola picante

100 gr de tomates Cherry

1 aguacate

Semillas de sésamo

Salsa de soja

Aceite de oliva virgen extra

Sal

 

Elaboración

Comprobamos que los filetes de salmón estén perfectamente limpios y sin espinas, y luego lo cortamos en dados para obtener un tartar grueso.

S

En un bol sazonamos el salmón con salsa de soja, cubrimos con papel film y dejamos marinar en el frigorífico durante una hora.

Cortamos el Gorgonzola picante en dados , así como el aguacate una vez quitado el hueso y la piel, lavamos los tomates Cherry y cortamos por la mitad.

Cogemos dos boles y colocamos los distintos ingredientes, la quinoa, el Salmon y el aguacate, los tomates Cherry y los dados de Gorgonzola picante.

Aliñamos con aceite de oliva virgen extra, salsa de soja y una pizca de sal. Espolvoreamos con semillas de sésamo .

Servimos bien colocados en plato de servir o fuente.

¡Buen provecho!

TORTILLITAS DE ATÚN

 

TORTILLITAS DE ATÚN

Una receta sencilla y perfecta para acompañar una ensalada, patatas cocidas. Etc.

Ingredientes

2 latas de atún

2 huevos

1 cebolla

Aceite de oliva

Perejil fresco

Cúrcuma, una cucharadita

1diente de ajo

60 ml de leche

90 gr de pan rallado

 

Elaboración

En un bol, colocamos el atún escurrido, el ajo muy picado, la cebolla muy picada, el perejil fresco muy picado, mezclamos todo muy bien.

Agregamos el resto de los ingredientes, y volvemos a mezclar muy bien hasta que todos los ingredientes estén bien integrados y formen una masa homogénea.

Formamos pequeñas tortillitas y freímos en una sarten con aceite de oliva hasta que estén doradas por ambos lados.

Es mejor que el aceite no este demasiado caliente para que se cocinen por completo.

¡Buen provecho!

,